Capítulo veinte


En algún lugar de Ikebukuro

13 de agosto, 09:03

Perspectiva de Izaya

A la mañana siguiente, Izaya despertó más tarde de lo acostumbrado y, viéndose solo, se tomó unos momentos para desperezarse y no sabiendo a donde habría ido Shizuo o si acaso volvería, el informante llegó a rastras al baño, pensando que nuevamente vomitaría y, pese a que no fue así, Izaya pasó un largo rato en el baño, mojándose la cara una y otra vez. Se arrepintió de haber descansado un poco, pues cayó en la cuenta de lo mal que se sentía. Creyó encontrarse tan débil como cuando estuvo en el hospital: cada parte de su cuerpo parecía exigirle que reposara. Además, aunado a la falta de sueño, el monstruo de Ikebukuro, fiel a su palabra, le había dado sólo un par de pastillas durante la noche.

Pese a todo, muy en el fondo, en Izaya estaba esa sensación a la que no quería dar nombre. Esa sensación que se manifestaba al pensar en Shizuo, la cual lo desconcertaba, pero no trató de evitarla. Resignado, buscó todos sus teléfonos, decidido a continuar con el trabajo encargado por Shiki, no sabiendo que Shizuo había ido a buscar a Kiwa Hojo.

Calles de Ikebukuro

13 de agosto, 09:03

Perspectiva de Shizuo

Cuando el guardaespaldas encontró a Kiwa Hojo, en silencio, ambos avanzaron por los callejones hasta que ningún transeúnte pudo verlos más. Shizuo observó detenidamente a la mujer, queriendo recordar cada detalle suyo. Notó que era de la estatura de Izaya y probablemente tendrían también la misma edad. Incluso, hasta cierto punto, sus andares eran parecidos, pues mostraban una actitud de superioridad.

—Heiwajima Shizuo —siseó Hojo con aire aburrido. Al tiempo que habló, la mujer apoyó todo su peso en una pierna y se recargó de brazos cruzados, contra el muro, como si tuviera intenciones de prolongar la charla, puesto que la noche anterior no había podido hacerlo—. ¿A qué debo el honor? —quiso saber.

Shizuo, sin relajar su expresión, se acercó aún más a la mujer.

—No pienso repetirlo, así que escucha bien: te advierto que, si vuelven a dañar a cualquier persona de Ikebukuro, te arrepentirás. Me asegurare de eso —Hojo encontró difícil entender lo dicho por el guardaespaldas puesto que mantenía los dientes apretados. Aun así, replicó:

—Orihara-san es un monstruo que no merece ser protegido.

Shizuo no supo que responder.

Hospital de Ikebukuro

13 de agosto, 10:53

Shinra despertó en el hospital y, aunque no encontró a nadie con él, no le importó demasiado, pues sabía que Celty, pese a sus deseos, no podría estar a la vista. Sin embargo, otro asunto era el concerniente a Shizuo e Izaya. El médico se preguntó si acaso Shizuo habría dado con Izaya y si ambos se encontrarían a salvo. Sí ese era el caso, Shinra esperó que ambos fueran capaces de mantenerse al margen pues, en esos momentos, no estaba en posición de ayudarles… O eso pensaba. Shizuo no tardaría en ir a visitarlo porque, si bien quería saber cómo se encontraba su amigo, también querría cuestionarle sobre Izaya.

En algún lugar de Ikebukuro

13 de agosto, 10:53

—¡Joder! —gruñó Shizuo al retornar y darse cuenta de que la pulga estaba trabajando. Estuvo a punto de abalanzarse sobre él, para luego quebrar cada uno de sus teléfonos. Por su parte, Izaya encontró divertida la reacción de Shizuo, si bien no se creía con las fuerzas suficientes para pelear con él, de tal modo que permaneció en silencio, viendo como Shizuo se ponía rojo por la creciente rabia.

Izaya empezó a reír, dado que la risa era su último recurso para ignorar el dolor. Pero en vista de que no estaba dando resultado, no tardó en rendirse. ¿Qué importaba si Shizuo se enteraba de lo mucho que le afectaba lo que le había hecho? Después de todo, era bastante evidente: cuando estaba trabajando, Izaya recordó lo difícil que era contar sólocon un ojo. Además, estaba el dolor que no hacía más que ponerle enfermo pues no dejaba que pudiera ser él mismo. En definitiva, odiaba ese dolor que había sido producto de Shizuo Heiwajima.

—¿Pulga? —se atrevió a decir Shizuo con voz extraña, olvidándose por completo de su enojo inicial. Al hablar de ese modo, Izaya reparó en que estaba llorando. En verdad, lagrimas bajaban por su ojo izquierdo. Instintivamente, el informante hizo el ademán de limpiarlas, pero se detuvo. No tenía sentido alguno intentar no llorar. Estaba enojado, agobiado, lleno de sensaciones por completo humanas…

—Eh, Shizu-chan —empezó Izaya con la voz ligeramente descompuesta, si bien destilaba resentimiento—, ya te lo había dicho, no sientas lastima por mi... o cualquier cosa. Ni siquiera culpa.

Shizuo no respondió. Sólo siguió mirando a la pulga con ligero nerviosismo, pues nunca pensó que Izaya pudiera ser capaz de lucir… ¿triste? ¿lastimado? ¿enojado? No podía saberlo. Izaya estaba de pie, en frente suyo, con una mirada de los más extraña y con el ojo lagrimeando. Al parecer, él no estaba siendo de mucha ayuda. Cuando intentó acercarse, Izaya se apartó con brusquedad.

—¿Qué demonios sucede contigo? —gruñó Shizuo, sintiendo las mejillas enrojecer. No quería admitirlo, pero en verdad le había dolido que incluso la pulga pareciera temeroso de él.

—¿Por qué querrías saberlo? Yo no he cambiado en absoluto, pese a lo que hiciste. Si te sientes culpable, deja de hacerlo. Si eres o no un monstruo, no va a cambiar por mucho que estés detrás de mí. Yo seguiré haciendo lo que hago mejor y tú deberías hacer lo mismo.

—Je… serás… ¿no te importa quedarte tuerto? —Shizuo le miró sin poder creer en sus palabras, pero no tardó en arrepentirse cuando vio a Izaya levantarse del sillón. Esperaba verlo buscar una de sus navajas, pero la pulga no hizo tal cosa. En cambio, le dedicó una mirada cargada de enojo.

—¡Estúpido protozoario! —chilló Izaya, perdiendo lo poco que tenía de compostura—. Esto no tiene arreglo —dijo al tiempo que arrancaba el parche que cubría su ojo—. ¡Está destrozado! No importa lo que intenten, ya no tiene remedio… Si quieres sentirte culpable, por mi está bien... Sábete que todo el tiempo tengo dolor. ¡No puedo pensar con claridad! El otro ojo, el ojo sano ve borroso ¡Ni siquiera soy capaz de escribir! ¿Cómo se supone que observe ahora a mis humanos? ¿Cómo sigo jugando con ellos? Tú tienes la culpa de todo.

Shizuo intentó no apartar su mirada del ojo de Izaya, si bien era bastante impresionante. A punto estaba de replicar, cuando Izaya, pasando la mano por el rostro, se decidió a marcharse.

Bodegas de Ikebukuro

13 de agosto, 11:20

Kiwa Hojo daba vueltas por el sitio abandonado, al tiempo que su jefe le miraba sin prestar realmente atención a las quejas que daba. A diferencia de la mujer, sus intereses recaían principalmente en los beneficios que obtendría al debilitar al grupo Awakusu, lo que de momento estaba resultando como deseaba, pues su informante no había intervenido de forma notoria. Sin embargo, se mostraba receloso de Hojo pues, pese a que ella era excelente en su trabajo, parecía más que decidida a terminar con Orihara Izaya sin importar los costos. Así pues, tendría que poner mayor empeño en vigilarla pues temía lo que pudiera hacer.

Calles de Ikebukuro

13 de agosto, 11:20

Izaya siguió caminando hasta que se aseguró de estar ocultó en los callejones cercanos a su reciente "escondite". No se molestó en ir más lejos pues sólo forzaría a sus ojos, que dado su reciente arrebato, le ardían bastante. Se resistió a frotárselos, optando por quedarse recargado contra una pared de ladrillos.

Shizuo no tenía forma de adivinar todo lo que se arremolinaba en sus adentros. En realidad, nadie le creería. Puede que sus allegados atribuirán su comportamiento a su herida y nada más. Izaya pensaba que tal vez tendrían razón…

Tan absorto estaba que no se dio cuenta de que Shizuo había llegado. Cuando el guardaespaldas puso su mano sobre el hombro de Izaya, este dio un brinco… No le había escuchado. En realidad, no había esperado que el guardaespaldas fuera a seguirle. No supo muy bien el por qué, pero al verse sorprendido de esa manera, Izaya rompió a llorar. Shizuo vio como el informante se dejaba caer en el suelo y se cubría el ojo herido, pareciendo querer reír y llorar a un tiempo.

A sabiendas de que Izaya no querría mostrarle su rostro, Shizuo se arrodilló por detrás del informante y le abrazó y, pese a que el gesto resultaba algo incómodo, Izaya llevó sus manos al brazo de Shizuo que le mantenía cerca de él, rodeándole los hombros y el pecho. El guardaespaldas no se detuvo a pensar en lo que estaba haciendo, sino que permaneció en silencio, sirviéndole de apoyo a Izaya que siguió llorando hasta que el dolor del ojo le obligó a calmarse.

—Ah —se quejó Izaya secándose sus lágrimas—. Estúpido, Shizu-chan —el guardaespaldas quiso dejar escapar una sonrisa ante la mención de su apodo, en ese todo de burla y desenfado característico de la pulga, el cual le decía que todo estaba bien entre los dos. Pasados unos momentos, Shizuo no dijo nada, únicamente esperó a que Izaya se pusiera en pie por su cuenta. Izaya incorporándose siguió frotándose el ojo hasta que Shizuo le tomó por la muñeca para impedírselo. Después, le mostró el parche que llevaba en la mano e Izaya, sonriéndole, lo tomó para luego volvérselo a colocar. Al hacerlo, el informante reparó en que Shizuo también había traído su abrigo.

—Mmm… ¿estás bien? —preguntó Shizuo, levemente azorado, al tiempo que le tendía el abrigo.

—Sí, estoy bien —respondió Izaya, reparando en que mentía porque tenía la seguridad de que preocuparía a Shizuo. En verdad, el guardaespaldas se preocuparía por él. Si la culpa de Shizuo era el motivo por el cual se obligaba a comportarse de ese modo, a Izaya le tenía sin cuidado. En cambio, lo que realmente deseaba, era observar a Shizuo, pues tal parecía que el guardaespaldas era un excelente modelo para estudiar a sus adorados humanos. ¡Qué mejor que estar con alguien que era impredecible!

Por su parte, Shizuo no pensó que algún día estaría sintiéndose mal por la pulga. Ahora se daba cuenta de que nunca terminaría por entender a Izaya quien podía comportarse como un verdadero monstruo o como un humano cualquiera. Sin embargo, pese al reciente descubrimiento, lo que Izaya le diría al caer la noche, sería lo que realmente dejaría en desconcierto a Shizuo, que deseaba creer que era la carga de conciencia lo que le forzaba a estar con la pulga. Tenía que ser por eso…


N. del A. ¡Saludos a todos! Espero hayan tenido un buen fin de semana ;)

Y, como siempre, les agradezco que lean y dejen reviews.

¡Tengan una bonita semana! :D