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Narcisa Black
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Narcisa fue la última en marcharse de Malfoy Manor poco después del divorcio, incapaz de soportar la soledad y sensible aun por la humillación que le había hecho pasar Lucius al pedirle la anulación de ese matrimonio que le había costado los mejores años de su vida y una cantidad enorme de lágrimas y sufrimiento.
Ordeno que se cubrieran todos los antiquísimos y lujosos muebles, las pinturas de las paredes y los ornamentos que embellecían las habitaciones, pero se negó en rotundo que los sirvientes colocaran hechizos para protegerles del tiempo. Deseaba con todo su corazón que todo se consumiera, que la gloria que alguna vez mostro la ancestral Mansión de los Malfoy se mostrara como realmente debía ser, que se notara la decadencia de ese inmundo lugar, que cada piedra que formaba ese imperio se callera a pedazos.
Cuando Narcisa estaba a punto de irse se detuvo en el umbral de la puerta principal. Todos, incluso la servidumbre se habían ido, solo por eso se tomó el tiempo necesario para apartar el resentimiento que la embargaba para mirar con nostalgia el interior de esa mansión que alguna vez estúpidamente había considerado su hogar.
Cerro los ojos para que estos no se inundaran de lágrimas, después de todo se había prohibido a si misma llorar. Aspiro con fuerza, llenando sus pulmones de aire antes de atreverse a abrirlos de nuevo, haciendo que el nudo en la garganta se deshiciera poco a poco. En ese momento no se atrevió a cerrar la puerta por el contrario, entro de nuevo, obligándose dar un paso y luego otro.
-¿Alguna vez fui feliz? –Se preguntó en voz alta, sin esperar respuestas, tratando de encontrar en su interior una contestación a sus dudas.
Al principio, como un remolino regresaron sus memoria mas reciente y no hubo felicidad en ello, solo terror y miedo, lagrimas silenciosas en las noches, la incertidumbre de un futuro incierto y el innombrable en algún lugar de la mansión esperando su momento y aun deliberando si su familia debía vivir para adorarle o morir por sus últimos fracasos.
Tuvo que sostenerse con fuerza de un muro cercano golpeada por tan funestos recuerdos, sin embargo, como un eco débil que poco a poco va tomando más fuerza escucho la risa infantil de Draco retumbando por las paredes tapizadas. Levanto la vista hacia las escaleras y casi podría jurar que lo veía bajando a tropel los escalones a sabiendas que Lucius no estaba.
Se casó sin amor, entregándose a su destino, dispuesta a cumplir con sus deberes, sin esperar siquiera en algún momento enamorarse, esos eran sueños estúpidos que no podía permitirse. Pero contrario a lo que esperaba, se encontró disfrutando su vida conyugal y aprendió a querer a Lucius, llegando a un punto muy cercano al amor verdadero.
Sí, fue feliz. Entre los altibajos de su vida, tuvo sus momentos de dicha. Odiaba esa Mansión pero se mentiría a si misma si negara que entre toda la mierda que vivió entre aquellas paredes, también tuvo cosas buenas, su hijo era una de ellas.
No fue capaz de llegar más allá de la estancia, no le quedaban fuerzas para mantenerse firme, por eso salió sin volver a mirar atrás temiendo que un golpe de nostalgia la hiciera quedarse.
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Esa fue la última vez que alguien había estado en la mansión y ahora Lucius y Draco estaban forzados a regresar para enfrentarse por primera vez a su pasado juntos, para intentar salvar a Scorpius y Antares.
Se abrió la puerta con un fuerte rechinido, le hacía falta aceite a las bisagras, ese era un símbolo de que no habían sido abiertas desde hacía más de 11 años. El aire se respiraba pesado y la luz no lograba entrar por las ventanas que fueron clausuradas con gruesas tablas para que nadie pudiera entrar.
Volver a Malfoy Manor, no era una tarea sencilla, era bastante complicado, ninguno de los dos esperaba volver a poner un pie en aquel lugar tan lleno de fantasmas, sin embargo, ahí estaban.
Cruzaron la puerta conteniendo el aliento, cada uno intentando contener los escalofríos que le causaba estar ahí de nueva cuenta. Los años que pasaron lejos de esa Mansión les permitieron darse cuenta lo mucho que habían deseado siempre abandonar aquel asfixiante lugar.
Los mueble estaban cubiertos por largas telas que en algún tiempo debieron ser blancas, en el aire flotaban los desagradables aromas de sus recuerdos, ahora mesclados también con el olor a polvo y humedad.
Lucius dio el primer paso para cruzar la estancia, caminando todo lo firme que podía usando como apoyo su bastón con empuñadura de plata, su pierna no había sanado de manera correcta y ahora debía emplear de manera utilitaria aquel bastón que alguna vez fue un accesorio. Y a pesar de todo de ninguna manera parecía débil, seguía siendo imponente como siempre.
Draco era tan alto como Lucius, con una complexión física similar, aun cuando tenía ciertas características de los Black era innegable que era casi una copia al carbón de su padre. Muchas veces el rubio había maldecido en varios idiomas por ese hecho, detestaba parecerse tanto a su progenitor.
Caminaron en silencio, cada uno lidiando con sus propios monstros, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad para intentar ignorar esos recuerdos que les susurraban al oído que el pasado de mierda estaba tocando a su puerta para arrebatarles lo único bueno que ambos tenían.
No cruzaron palabra alguna en su trayecto a los sótanos pero ambos sabían de los demonios que los asechaban. Fue imposible evitar un escalofrió recorriendo su espina dorsal cuando pasaran a grandes zancadas por afuera de la habitación donde Bellatrix torturo a Hermione, todavía incluso podían escucharla gritar. Siguieron sin detenerse hasta el comedor principal, todo parecía tan reciente que temieron levanta la vista y encontrar sentado a la cabecera al señor oscuro. Draco apretó los puños y los dientes al pasar a un lado del lugar donde había visto como Nagiri mataba a una de las profesoras de Hogwarts.
Apresuraron el paso intentando dejar atrás esos recuerdos, pero era una batalla que tenían perdida de antemano, les bastaba caminar por esos mismos corredores por los que pasaron infinidad de veces escoltando a sus prisioneros para traer de vuelta sus suplicas, sus ojos llenos de pánico, tenían ese sabor amargo en sus bocas por hacer cosas que no deseaban realmente.
Pasaron por las celdas donde alguna vez estuvieron Lovegood, Ollivander, Potter y Weasley mas no se detuvieron, siguieron caminando hasta que las celdas terminaron y llegaron a un muro de piedra solida donde terminaban aparentemente los sótanos.
-Apártate. –Le dijo con voz monocorde a Draco, mientras el mismo daba unos pasos atrás y levantaba su varita apuntando al muro. -¡Bombarda Maxima! –Conjuro con firmeza y una gran explosión destrozo el muro.
El menor de los Malfoy hubiera esperado que apareciera alguna entrada que les diera acceso al lugar donde estaba escondido el libro negro, hasta que recordó que su padre le menciono que su bisabuelo había tomado todo tipo de precauciones para que nadie encontrara ese lugar.
Esas precauciones incluían emplear los conocimientos y servicios de los muggles que tanto detestaban para hacer una construcción que al final mando tapiar para que no quedara visible a ojos curiosos.
La magia era fácil de rastrear cuando se es un mago medianamente competente, seguir el rastro de algún conjuro de protección era de las primeras cosas que aprendían los aurores dentro de la academia, por tanto emplear artilugios mágicos que escondieran una entrada secreta no era garantía alguna de que personas indeseables se acercaran a sus preciados bienes. Por tanto, se valió del ingenio muggle para que construyeran dentro de las entrañas de la mansión una bóveda inspirada en las cámaras egipcias con el fin de salvaguardar el libro negro sin emplear ningún tipo de magia que pudiera ser rastreada.
La edificación era un complejo construido con laberintos y trampas suficientes para que solo lograr pasar aquellos que merecieran estar en aquel lugar. Cabe señalar que después de terminada esa obra de la ingeniería y creatividad muggle Brutus Malfoy se encargó de matar a cualquiera que supiera de la existencia de ese lugar para asegurar que solo sus descendientes tuvieran conocimiento sobre ella.
Lucius nunca había estado en ese lugar, sin embargo, su padre Abraxas se encargó de aleccionarlo lo suficientemente bien para saber exactamente que tenía que hacer para salvar cualquiera de los obstáculos que se le presentaría ahí adentro. A pesar de todo saberlo no le garantizaba sobrevivir pues era una empresa demasiado peligrosa y hacia quizás más de 100 años que esa cámara no había sido abierta.
-¿Estás seguro? –Pregunto con simpleza, sabiendo la respuesta.
-Si. –Fue todo lo que pronuncio Draco, cuadrando los hombros.
Lucius sonrió. –En ese caso sígueme y has exactamente lo que te indique.
Ambos entraron sin tener la seguridad si saldrían con vida, pero decididos a darlo todo por conseguir lo que buscaban.
Cuando llegaron al final lo único que los separaba del libro negro era un nuevo muro con inscripciones grabadas sobre la piedra. Draco dio un paso al frente con varita en mano dispuesto a ofrecer hasta la última gota de sangre para abrir la puerta, pues sabia gracias a Lucius que un pago debía hacerse para tener acceso a la sala, era la única salvaguarda mágica que sus bisabuelo coloco para que solo un legítimo descendiente de los Malfoy pudiera tener acceso a su más grande tesoro.
-Espera. –Lo detuvo. –Debe de ser mi sangre.
-¡Mentira! –Acuso con desconfianza, pues aunque había mencionado alguna vez que la sangre Malfoy era lo único medio para abrir la cámara, nunca le había indicado que fuera de alguien en específico.
-Sigo siendo de mayor jerarquía, mientras viva es mi derecho estar sobre ti. Y quita esa cara que yo no puse las reglas, se espera que tú me sucedas hasta mi muerte no antes.
El rubio menor apretó los dientes. –Solo buscas seguirme humillando.
-Te equivocas. –Contesto con brusquedad. –Quiero que los encuentres tanto como tu, acepte traerte aquí porque de otro modo no me dejarías en paz, pero desde un principio debiste saber que solo yo podría hacer uso del libro.
-Ahora dirás que mis hijos te importan. –Soltó con burla.
-Me importan.
-Seguramente te importan porque son hijos de Granger.
-Lo mismo me importarían si fuera alguien mas su madre, Scorpius y Antares son tus hijos, pero también son mis nietos.
-Ya has hecho suficiente, no quiero tu ayuda.
-¿Vas a dejar que tu orgullo reduzca las posibilidades de encontrarlos con vida?
Lucius no espero respuesta con su varita conjuro un hechizo que le hizo una herida en la palma de la mano izquierda y dejando fluir la sangre empapo el muro que tenía delante de ellos.
La última salvaguarda de la cámara era un simple hechizo de sangre que ligaba el libro negro con la persona que entregara su sangre. De esa manera Lucius se aseguraba que solo el tendría el control total del libro, por esa razón había mentido, para que fuera su sangre la que fuera entregada, era la única manera de proteger a Draco de los alcances del libro.
Un leve mareo lo hizo tambalearse, tuvo que sostenerse con mayor fuerza del muro de piedra que comenzó a moverse haciendo un ruido sordo.
Cuando al fin pudieron entrar Lucius estaba palido. Con un simple hechizo cerro la herida en la palma de su mano y tratando de permanecer lo mas firme posible entro detrás de Draco ocultando su debilidad.
-¡No lo toques! –Ordeno. –Solo yo puedo tocar el libro.
El libro negro era un gran volumen forrado de piel oscura, tan grande que necesitaba estar apoyado en un atril para poder sostenerlo. A penas toco el libro Lucius, se abrió y las hojas comenzaron a moverse como si tuvieron vida propia.
No era necesario buscar el hechizo que les fuera de ayuda, el libro sabía exactamente que buscaban. La magia que contenía era sumamente poderosa de alguna manera parecía que tenía vida propia. La debilidad por la pérdida de sangre se fue en el mismo momento en que toco la pasta de piel y las hojas dejaron de moverse.
-Hechizo de búsqueda y rastreo. –Leyó en voz alta el patriarca de los Malfoy.
-¿Eso servirá?
-Según lo que dice el hechizo nos dará la ubicación exacta de todos los miembros de la familia por su sangre.
-¿No importa que no sean de sangre pura?
-Mientras por sus sangres corra sangre Malfoy el resultado será el mismo. Ellos son los legítimos herederos de nuestra familia.
-Comprendo. –Le dijo sacando de su bolsillo el pañuelo y ofreciéndole el mechón de cabello Antares y el diente de Scorpius.
Lo que Lucius no menciono a su hijo era que el libro le pedía ligar su sangre de manera permanente con uno de los miembros de la familia, no estaba dispuesto a condenar a sus nietos a llevar sobre sus hombros un estigma como aquel y tampoco estaba dispuesto a pedírselo a Draco bastante lo había arruinado ya como para joderle mas la vida. Había una salida y lo sabía.
…
Despidieron no salir de la cámara para realizar el hechizo. Marcaron sobre el piso de piedra un pentagrama con tiza blanca, los símbolos del escudo familiar fueron puestos al centro junto con las posesiones que habían sido de los jóvenes Malfoy.
Lucius corto nuevamente la palma de su mano para derramar sobre estos un poco de su sangre mientras recitaba un hechizo en latín antiguo y se derramaba una poción para formar un charco de un líquido plateado que le daba la apariencia de un espejo.
Conforme se escuchaban la voz de Lucius recitar el hechizo sobre la superficie de la poción fueron apareciendo imágenes de los gemelos en los momentos justos en que entregaban a su madre el mechon de cabellos y el diente que mandarían por carta a Draco.
Las imágenes se sucedían unas a otras con una velocidad sorprendente, era como ver una película de las vidas de Scopius y Antares. Lo último que les mostro fue a los dos junto a Amelia en la estación de tren en Hogsmeade, después una corta sombra antes de aparecer un enorme bosque y una mansión escondida entra la espesura de los árboles, un sótano y a los dos hermanos amarrados de pies y manos.
-¿Sabes que lugar es ese? -Pregunto Draco tratando de contener la furia vibrante que se sacudia en su pecho al ver a sus hijos presos y atados como si fueran animales.
-Lo se. –Contesto con aspereza apretando los dientes con molestia. –Y también ya se quién fue el desgraciado que se los llevo.
-¿Quién?
-Greenglass
-Lo matare como a un perro. –Amenazo Draco con los puños apretados.
-Tenemos que darnos prisa, conociéndolo como lo conozco a estas alturas ya estará pensando en la manera de deshacerse de ellos.
Salieron de la mansión sabiendo que no disponían del tiempo suficiente para esperar ayuda, lo haría por tanto como en los viejos tiempos, solo y sin esperar que los aurores fueran capaces de llegar a tiempo.
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Hermione
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Caminaba de un lado a otro con desesperación, se frotaba con fuerza las manos intentando calmarse. Aparentemente nada podía hacer en esos momentos más que esperar.
Todas sus esperanzas estaban puestas en Draco. Por alguna razón sabía que su repentina salida significaba que algo se le había ocurrido para encontrar a sus hijos.
No le fue difícil llegar a las mismas conclusiones a las que llego Draco, el o los secuestradores eran algún enemigo del pasado de los Malfoy y por tanto sabía que si alguien podía encontrar a Antares y Scorpius era alguien con la experiencia y los conocimientos de un ex mortifago.
Llamaron a la puerta, el sonido del timbre la hizo brincar, tenía los nervios completamente crispados. Con varita en mano se apresuró a abrir la puerta, en cuanto lo hizo se llevó una gran sorpresa.
-Pasa. –Le invito haciéndose a un lado con una voz que aparentaba ser tranquila.
El invitado no hablo, se limitó a seguirla.
-Puedes sentarte si quieres. –Indico señalando el sillón frente a ella. – Si buscas a Harry no esta aquí.
La miro con calma, con cierto anhelo presente en el brillo de sus ojos azules y una sonrisa triste que ocultaba sus nostalgias.
-Han pasado muchos años desde la última vez que nos vimos.
-Sí, quizás demasiados.
Abatido por la respuesta se sentó frente a ella y tuvo que desviar su mirada avergonzado. -¡Lo siento!
Hermione sonrio sin alegría. –Sientes que fueran tantos años o lo que me dijiste la última vez que nos vimos. –Su voz se volvió triste y el reproche se hizo evidente en el tono en que le hablo.
-Supongo que ambos, pero creo que de lo que me arrepiento mas es de lo que dije. Debes comprender que estaba molesto.
-Molesto por que rehiciera mi vida cuando tú ya la tenías hecha. –Acuso.
-Se que fui muy egoísta y lo lamento, petro todavía no entiendo porque lo elegiste a el.
-Quizás el me eligió a mi. –Dijo sin interés, conteniendo las lágrimas. –Tome el cariño que me ofrecieron y no me arrepiento.
-Comprendo. Pero aun no puedo evitar odiarle.
-Lo se. Supongo que es algo inevitable que lo odies, yo también lo hago en ocasiones pero también lo quiero.
-Debimos terminar juntos. –La miro de nuevo con anhelo. –Asi debieron ser las cosas.
-Tomamos decisiones que nos llevaron por caminos distintos. Tu seguiste tu camino sin mí, yo tuve que seguir adelante sola hasta que Draco llego a mi vida.
-Perdiste todo por el, tus amigos, tu familia.
-En eso te equivocas Ron. Mi familia siempre estuvo conmigo, al igual que mis verdaderos amigos, además gane un gran tesoro, mis hijos y solo por ellos volvería a tomas las mismas decisiones.
Ron se quedó en silencio un momento, sin apartar sus ojos de Hermione. –Yo también tengo dos hijos.
-Lo se, Harry me lo conto. Me alegro de que formaras tu propia familia.
-Me gustaría decir lo mismo pero sigo pensando que pudiste encontrar un mejor padre para tus hijos.
-¡Ya basta! ¿A que has venido? En estos momentos lo menos que necesito es que vengas con cosas que ya pasaron. El hecho es que te casaste y yo segui mi vida, me comprometí con el hombre que amaba y aunque las cosas no funcionaron no me arrepiento de nada y por si te interesa saberlo lo sigo amando igual o mas que entonces.
Nunca imagino que esas palabras le siguieran doliendo, pero lo hacia, era como le clavaran un puñal en lo hondo de su pecho con tal saña que incluso le robo el aliento.
De manera instintiva se levantó del asiento donde se encontraba para alejarse de ella, como si con ello pudiera alejarse de las palabras que le acababa de soltar a quemarropa. Se giró para que no viera el dolor que seguramente sería más que visible en su rostro y se tomó unos pocos minutos para hablar, buscando que la voz no le fallara.
Se reprendió a si mismo, después de todo ¿Qué esperaba? Que se lanzara a sus brazos o que le dijera que lo arrepentida que estaba por tomar el camino al que el mismo la había empujado.
-Lo siento. –Se disculpó. A pesar de sus esfuerzos su vos temblaba.
-Sigo sin enteder que haces aquí, mas cuando debes saber por lo que estoy pasando. Me parece cruel que vengas precisamente ahora a escarbar en un pasado que hace mucho tuvimos y de lo cual ya no queda nada.
-No es eso.
-¿Entonces?
-Perdón me he dejado llevar. –Le dijo recomponiéndose y sacando del interior de su chaqueta un pequeño frasco con un líquido plateado. Se lo ofreció.
-¿Qué es esto? Un recuerdo –Afirmo reconociendo lo que le ofrecía.
-Mi hija mayor Rose estudia con tus hijos, incluso me atrevo a decir que son amigos. –Le explico con un gesto un tanto raro en el rostro. –El punto es que los vio mientras esperaban abordar el expresso, porque habían quedado en abordar juntos para compartir el mismo anden.
Hermione comprendió al instante que Ron le estaba ofreciendo el rostro de los secuestradores, teniendo en cuenta lo que ese gesto significaba se lanzó a sus brazos agradecida.
-Gracias.
-Pensé en llevárselo a Harry al ministerio pero crei que era mejor que el viniera para aca, tenemos que ser discretos hasta saber quiénes están involucrados. No es mucho pero espero que sea suficiente para tener alguna pista del actor intelectual. –Le dijo sin aliento correspondiendo al abrazo, sintiéndola tan cerca como antaño y por primera vez la dejo ir sin culpas.
-Gracias. –Repitió, besando sus mejillas. Tenía los ojos llorosos y apretaba con fuerza el pequeño frasco entre sus dedos.
-Hermione, yo de verdad lo siento. –Dijo suavemente por todo.
Ella sabía muy bien a que se refería. Muchas noches se había preguntado que le habría traído la vida si Ron no le hubiera dejado por seguir a aquella chica, hermana de su cuñada Fleur. A veces incluso se podía imaginar una vida a su lado pasando todos los domingos en la madriguera rodeada de pelirrojos, o las tardes contemplando la caída del sol desde la ventana del pequeño departamento que compartía con Ron. Incluso si esforzaba un poco podía imaginarse a un par de niños pelirrojos con las mejillas sombreadas con pecas y eso eternos ojos azules de Ron.
Pero lo cierto era que llegado a ese punto no podía menos que sentir que no seria correcto. Quizás su vida al lado de Ron hubiera sido más sencilla, pero no podía siquiera imaginar una vida donde no estuvieran Scorpius y Antares. Por tanto tenía que agradecer a Ron que se hubiera alejado pues de no ser asi, ella hubiera seguido adelante con esa vida que la alejaría para siempre de sus amores.
-Lo siento. –Repitió y quiso agregar algo más pero Hermione lo impidió poniendo sus dedos contra sus labios.
-Todo esta olvidado. –Dijo con sinceridad.
Ron sonrió aun con la sombra de la nostalgia tintineando en sus ojos.
En poco tiempo llego Harry a la casa de Hermione acompañado por Adan quien había puesto al tanto al pelinegro de la desaparición de Amelia Anderson. Para cuando llegaron la castaña tenía preparado el pensadero para ver juntos lo que había visto Rose.
Desde la perspectiva de Rose vieron a Scorpius y Antares hablando con Amelia, aunque estaban demasiado lejos para escuchar lo que discutían, los jóvenes parecían incomodos, pero la chica parecía aún más molesta, no estuvieron demasiado tiempo juntos pues pronto se les acercaron dos hombres que les dijeron unas cuantas palabras y fueron escoltados aún mas lejos.
Después de eso Rose los perdió completamente de vista pero al menos había visto con claridad el rostro de los dos hombres que se habían llevado a los tres.
-¿Los conoces Hermione? –Pregunto Harry a su amiga.
-Me temo que no. –Dijo con angustia.
Aron se había quedado callado tratando de recordar porque uno de los hombres le resultaba familiar.
-¿Qué ocurre Aron?
-Estoy seguro que uno de esos dos magos trabaja para Adolpus Greenglass. Después del altercado que tuve con ese tipo uno de ellos fue a amenazarme para que no hablara sobre lo ocurrido.
-Tiene que ser el entonces quien se los llevo. –Afirmo Harry
-¿Pero por qué? Que razones tendría ese señor para hacer algo como esto.
-Vengarse. –Dijo con simpleza Hermione poniendo a trabajar su cerebro para pensar más claramente. –Astoria estuvo comprometida con Draco por mucho tiempo, su rompimiento significo muchas pérdidas para su familia, no solo económicas, sino de estatus social.
-Comprendo.
-Y tomando en cuenta el enfrentamiento que tuviste con él por proteger a la nueva prometida de Draco, eso debía avivar sus ansias de vengarse de los Malfoy.
-Que mejor forma de lograrlo que a través de los miembros más jóvenes y vulnerables. –Completo Aron con un nudo en la garganta por sus conclusiones.
-En ese caso debemos darnos prisa, tratara de deshacerse de ellos lo más pronto posible para evitar que sospechen de el. Pero debemos ser discretos su familia es sumamente influyente en el ministerio, alertar al departamento de aurores para hacer una redada solo complicaría mas las cosas y nos haría perder la esperanza de recuperarlos vivos.
-Entonces que propones. –LE pregunto con cautela Harry a Hermione.
-Lo tenemos que hacer nosotros solos.
-De acuerdo cuentas conmigo Hermione. –Dijo con convicción el pelinegro.
-Y conmigo. –Se sumo Ron.
-Ya sabes que are lo que me pidas. –Secundo Aron sin poder apartar de su cabeza a Amelia.
Hermione aparto como pudo el miedo para poder pensar con la cabeza fría y tomar las mejores decisiones, de ello dependía la vida de los dos seres que más amaba en el mundo.
-Harry, tu y Ron vayan al ministerio sean discreto e investiguen sobre las propiedades de la familia Greenglass, los espero en dos horas aqui –Indico la castaña.
-¿Qué van a hacer ustedes?
-Visitaremos la Mansión Greenglass.
-No crees que sea peligroso.
-Dudo mucho que Adolpus se encuentre ahí.
-Entonces que pretendes.
-Hablare con su esposa a ver que podemos averiguar. –Dijo tajante, sin dejar lugar a replicas.
Los cuatro se marcharon de inmediato.
