Nop, aún Saint Seiya no es mío (si lo fuera, SS Omega nunca habría pasado). Y sigo sin ganar nada con esto.
Comentarios de la Autora
¡Qué horror! Hace mil años que no actualizo…. Pero, bueno… por si había duda alguna, sigo viva… por el momento ;)
En fin… empecemos de manera más formal… ejem
Quiero agradecer a todos aquellos maravillosos lectores que han seguido esta historia y otras más de las que he escrito.
Pero quiero en especial agradecer a aquellos que se han tomado unos minutitos y han dejado sus maravillosos comentarios: que las estrellas siempre iluminen su camino, así como sus lindas palabras iluminan el mío :) porque eso sí, siempre estoy atenta a sus bellos comentarios.
Por cierto, antes de continuar, quisiera mencionar que me han llegado algunos mensajes de lectores que me comentan que por ahí hay algunos autores que están plagiando ideas de mis historias… la verdad no podría afirmar o negar nada porque no tengo el tiempo suficiente para leer otras historias (tristemente, porque se ve que hay muy buenas e incluso me han recomendado algunas.)
Al respecto sólo diré lo siguiente: no me molesta que tomen algo de mis historias, al contrario, pero sí pido que si alguien va a trabajar con algunas de mis ideas, sólo mencionen de dónde provienen y mencionen la fuente, después de todo, mi trabajo me cuesta y son como mis hijas… Sólo piensen si a ustedes como autores les gustaría que les plagiaran.
Dicho lo anterior, y sin más preámbulo… les dejo con la historia (que sigue sin ser yaoi… sólo amistad…) :)
Capítulo XX: Sombrías Confesiones
La lluvia que había comenzado esa noche, luego de una breve pausa al atardecer, había recobrado fuerza y ahora azotaba al Santuario de Atena, enfriando el ambiente y provocando que los numerosos caballeros y aprendices que se habían reunido (los primeros abiertamente, los otros de manera clandestina) buscaran presurosos el refugio de sus viviendas.
Incluso en las Doce Casas se podía observar la lluvia torrencial que estaba azotando al lugar, mientras que a cuatro caballeros dorados apuraban el paso de Géminis a Cáncer, aunque tanto como Cáncer, Piscis, Escorpio y Acuario estaban ya bastante mojados como para querer evitar mojarse aún más.
Y aun cuando habían tomado la ausencia de Saga y Kanon como un augurio incierto, no pudieron evitar sentir un leve alivio por los dos griegos con quienes los cuatro tenían asuntos que resolver y que nadie quería hacerlo en presencia de terceros.
Así que, al llegar a Cáncer y mostrando una sensibilidad que nadie creyó posible (incluido Piscis), Máscara de la Muerte invitó (aunque la invitación más pareció burla) a los otros tres a esperar a que la tormenta pasara, aunque todos comprendieron la verdad tras esa invitación: Cáncer les ofrecía un refugio temporal a sus compañeros para poder evitar al resto de la orden dorada cuyo cosmo podían sentir en las Casas siguientes, todas ellas ocupadas menos Sagitario y Libra y las pertenecientes a los que se encontraban en Cáncer.
Y ni que decir, los tres aceptaron de inmediato, pues tan sólo de pensar en cruzarse con Leo, con Capricornio o con el mismo Virgo les despertaba molestia y un humor taciturno.
Así que pronto la pequeña sala privada de Cáncer se vio cálidamente iluminada por unas cuantas velas, mientras que los cuatro jóvenes se mantenían de pie secándose un poco el cabello y sus ropas con las toallas que el italiano les había prestado.
Cuando Ángelo y Aphrodite se dirigieron a la cocina para preparar café para Camus, Milo y el propio italiano y té para Piscis, muy disimuladamente Milo y Camus comenzaron a mirar a su alrededor sin poder evitarlo, tratando de imaginar si los rostros de los que el Cuarto Templo era famoso unos años antes también habían adornado la parte privada de Cáncer.
"No hay de que alarmarse" dijo súbitamente la voz socarrona del albino y para crédito de Escorpio y Acuario ninguno de los dos mostró sobresalto, aunque su sorpresa fue grande y fueron descubiertos en algo que preferían mantener sólo entre ellos.
"Los rostros humanos nunca salieron de la parte central de mi Templo" siguió el italiano sabiendo cuáles habían sido las inquietudes de sus compañeros y aunque la burla seguía presente en el tono de Máscara de la Muerte, los otros pudieron también percibir otra emoción, aunque ninguno la supo especificar.
"Ya veo" se limitó a decir Acuario, pero un incómodo silencio cayó sobre los presentes, y fue así que Aphrodite los encontró unos momentos después cuando salió de la cocina con las bebidas.
Sintiendo la tensión en el ambiente, el sensible caballero de la Doceava Casa supo que algo había pasado entre el italiano y los otros dos, e intuyendo que se relacionaba con el pasado de Cáncer, sintió como un peso inmenso caía sobre sus hombros.
Porque ese peso tenía que ver con su propio pasado y el de Escorpio durante la víspera de la llegada de Atena al Santuario con los Caballeros de Bronce.
Sintiendo entonces que había llegado el momento de revelarle a Milo su participación en la masacre de la Isla de Andrómeda, pues el sueco no veía cómo poder seguir estrechando lazos con Milo al tiempo que ocultaba semejante secreto, Piscis dejó las bebidas en la mesita central y miró a Escorpio directamente a los ojos.
Sorprendido, Milo le regresó la mirada, aunque inmediatamente su sexto sentido le hizo elevar la guardia y Camus respondiendo a la energía de su mejor amigo hizo lo mismo, más por solidaria intuición que por sentirse amenazado.
"Bueno, no era el momento que hubiera elegido para esto, pero creo que el momento se eligió por sí mismo." Rompió el silencio el sueco, con una profunda tristeza oculta bajo un tono de despreocupada liviandad.
Cáncer frunció el ceño sabiendo la confesión que su amigo iba externar, después de todo conocía la congoja que el asunto le provocaba al hermoso guardián, pero no podía creer que el rubio hubiera elegido justamente ese momento para hacerlo. Sin embargo, por respecto decidió dejar al otro continuar sin interrupciones.
"La verdad es algo que quería confiarte hace tiempo Escorpio" comenzó Piscis " Y que por azares del destino sólo ahora puedo hablar abiertamente al respecto"
Al darse cuenta que la situación sólo involucraba a los dos rubios Camus dio un paso atrás y dejó que el griego estuviera frente a frente con el sueco, pero siempre con su fría y tranquilizadora energía dando apoyo a aquel que consideraba un hermano.
Irónicamente, al mismo tiempo Máscara de la Muerte hizo lo mismo con Aphrodite, pero en lugar de una energía helada y calma, lo que Piscis sintió fue la reconfortante presencia de un familiar cosmo lóbrego y misterioso, pero ya sin malicia alguna.
Sintiendo el cambio en el ambiente, Milo no pudo sino asentir para que el otro continuara.
"Lo que te voy a confesar tuvo lugar al final del gobierno del falso Patriarca, por lo que te pido que lo tomes en cuenta cuando juzgues la situación" comenzó el sueco.
"Pareciera que te estás justificando" dijo Milo inquieto, aunque su tono más parecía molesto, no porque así se sintiera, sino porque siempre había detestado momentos como ese.
"Calla y escucha Escorpio. Tú sabes que Ares, manipulando a Saga, llevó a cabo una serie de planes para quitarse de encima a todos aquellos que pudieran acercarse a la verdad y para eso utilizó a varios caballeros, incluso caballeros dorados." Siguió Piscis.
"Aunque algunos de nosotros obedecíamos porque creíamos en él. No por estar coludidos con él" dijo irascible el guardián de la Octava Casa, pues el hecho de que él hubiera sido uno de los más engañados le dolía tanto en su ego como en su alma.
"Estas misiones eran secretas, claro está" continuó Aphrodite ignorando a Milo, pues ahora que había comenzado a hablar sentía que ya no podía detenerse o explotaría ahí mismo, pues ese era un tema que siempre le había acongojado, ya que, órdenes de Ares o no, había interferido con un compañero de orden, con otro caballero dorado. "Y esos secretos se generaban a costa de la confianza entre los miembros de la Orden."
"Piscis, no has dicho nada de lo que no esté enterado, así que ve directo al asunto o déjalo por la paz" interrumpió nuevamente el griego y una mirada rápida a Camus le hizo comprender al guardián de la doceava casa que lo que quisiera decir lo tenía que hacer de inmediato o perdería la atención (y la disposición)de Milo.
"Milo, no fuiste el único que Arles envió para castigar la rebelión de los caballeros de la Isla de Andrómeda. Yo te seguí en las sombras por orden del falso Patriarca y asesiné a varios caballeros, entre ellos al Caballero de Cepheus." Soltó abruptamente Piscis y tan repentina fue su confesión que hasta Máscara de la Muerte hizo un gesto de dolor. Definitivamente no era como el albino imaginaba que su amigo hubiera querido revelar su participación en la ruina de la Isla.
Súbitamente y antes que Cáncer o Acuario pudieran reaccionar, Milo se abalanzó hacia Aphrodite, quien no hizo movimiento alguno para defenderse, por lo que el sueco pronto sintió las manos de Escorpio cerrarse dolorosamente alrededor de su cuello.
Pese al dolor que el agarre de Milo le provocaba, así como la tristeza de haber acabado con la única posibilidad de entablar una relación amistosa con el guardián de la Octava Casa, Aphrodite no pudo dejar de notar que Milo, aun cuando quería hacerle daño, estaba conteniendo más de la mitad de su fuerza. De otra forma, Caballero dorado o no, el cuello del hermoso rubio ya se hubiera quebrado.
Camus se alarmó un poco, sobretodo temiendo que Milo hiciera más daño de lo que pretendía dado su carácter impulsivo, pero recordando la reacción que Escorpio había tenido cuando le creyó traidor a Atena en la guerra de Hades, el pelirrojo se forzó a tranquilizarse, y sobre todo a no intervenir.
Inseguro, sin embargo de lo que Cáncer pudiera hacer, miró abiertamente al albino.
"Esto no es de nuestra incumbencia" dijo el guardián de la Cuarta Casa.
"No, no lo es" estuvo de acuerdo Acuario y tácitamente salieron de las estancias privadas de la Cuarta Casa, dejando a Aphrodite y Milo solos sin que ninguno de los dos rubios se percataran de su ausencia.
Cáncer y Acuario se dirigieron a la salida del Cuarto Templo, pues temían que la turbación del cosmo de Milo podría alertar a más de uno de sus compañeros, pero sabían que ni Aries ni Tauro intervendrían en algo que consideraban privado y con Géminis vacía, la intromisión sólo podía llegar de los Templos más adelante.
Así que, con la lluvia acompañándolos con su canción triste y fría, los dos se recargaron en unas columnas y permanecieron en silencio a esperar.
SS SS SS
Kanon, sentado en la playa, miraba el mar intempestivo, que se agitaba salvaje bajo la tormenta que cada vez tomaba más fuerza. La oscuridad era casi completa, pues las nubes cubrían a las estrellas y Géminis se encontraba lo suficientemente alejado de la parte habitada del Santuario como para encontrar fogatas o antorchas que le iluminaran.
Mientras contemplaba a las olas romper en la costa, a veces incluso salpicándolo de agua de mar que se fundía en su cuerpo con el agua de lluvia, el hermoso griego se perdía en sus pensamientos ¿qué estarían haciendo en el Reino Marino?
Shion había comentado que era muy probable que Poseidón y sus Generales Marinos ya hubieran terminado con las reparaciones de Atlantis, en cuyo caso el hermoso lugar habría recobrado toda su gloria y esplendor.
Porque cuando Kanon había usurpado el lugar de Dragón Marino, aunque había hecho lo posible por reestablecer el Reino Marino, Atlantis estaba en ruinas y pronto sus planes se interpusieron en la reconstrucción del lugar.
Pero ahora, imaginar toda la gloria del reino de Poseidón con su príncipe directamente involucrado, le hacía estremecerse con una emoción que no lograba identificar.
Regresando sus pensamientos al Santuario, dirigió su mirada a un tenue puntito de luz en la lejanía que Kanon sabía era el Templo Principal. ¿Qué estaría haciendo Saga? ¿Estaría hablando con Aioros por fin o sería Sagitario quien estuviera siendo el que hablara?
El menor de los gemelos podía sentir la emoción de Saga, así como su confusión y esperanza y se sentía feliz por él. Tal vez ahora sí su hermano pudiera estar completo y dejar atrás el pasado. Sólo esperaba que Sagitario hubiera aprendido de sus errores y fuera un mejor amigo que la última vez.
Si tan sólo Aiolos se hubiera percatado de que Saga no estaba bien, tal vez todo el drama de hacía más de una década hubiera sido diferente.
Sacudiendo enojado sus rubios cabellos con manos temblorosas por el frío, el cansancio y la tensión, Kanon resopló molesto. ¡Ahora estaba culpando al Caballero que menos debía! Tendría que tener cuidado con que Saga no se enterara que estaba albergando esos pensamientos, porque de otra manera las cosas se complicarían entre ellos.
Ya de por sí se habían complicado. Sintiendo una presión en el corazón que no tenía nada que ver con un dolor físico, Kanon emitió un suspiro que más se escuchó como un sollozo al recordar el abrazo de los dos griegos hacía unas horas.
No podía evitarlo, se sentía relegado y su mayor temor era que Saga efectivamente se olvidara del pasado, pero no de aquel pasado doloroso que vivió durante su posesión, sino del pasado que le unía a su hermano gemelo.
Después de todo ¿quién no elegiría un futuro brillante al lado de un hombre ejemplar a un futuro amargo al lado de un traidor?
Y la verdad era que Kanon quería que su hermano encontrara la paz y la satisfacción de vivir y el menor de los gemelos sabía que Sagitario podría ayudarle, mientras que él….
"La lluvia cada vez es más fuerte, muchacho y el mar está ganando terreno. " dijo una voz a sus espaldas que le sacó de tan funestos pensamientos y de pronto Kanon se percató que la oscuridad había cedido momentáneamente debido a un pequeño faro que la persona detrás de él llevaba.
Kanon reconoció la voz de inmediato. Había intercambiado sólo unas cuantas palabras con ese Caballero durante la guerra contra Hades mientras ambos se dirigían al Inframundo, dejando atrás a un Santuario devastado, pero aunque por breves momentos, el Caballero de Libra le hizo sentir parte de la Élite Dorada y no lo juzgó de ningún modo. Por ello, esa voz le producía una vaga tranquilidad.
"La lluvia es cada vez más fuerte" asintió el gemelo con su voz profunda, pero carente de esa arrogancia que la caracterizaba "Pero igualmente tú estás aquí"
"Bueno, no es que un poco de agua me moleste" respondió Dokho tomando las palabras del griego como una aceptación a su presencia. Sin embargo, no se acercó a Kanon.
"Después de Rozán, supongo que esto es ya familiar para ti" dijo Kanon regresando su mirada hacia el insondable mar.
"Algo así" asintió Libra. "¿Y tú? ¿Extrañas el Mar?"
"No" la respuesta de Kanon fue tan contundente que el chino frunció en entrecejo.
"Curioso lugar para venir a perderte en tus pensamientos entonces"
Kanon se encogió de hombros. Por varios momentos ninguno de los dos emitió palabra alguna, pero para asombro de Kanon, el silencio no pesó entre ambos.
Dokho se percató que el griego temblaba levemente y frunció aún más el seño, aunque Kanon no se dio cuenta de ello.
"Kanon…" empezó el chino, pero el menor no se inmutó, habiéndose perdido en sus sombríos pensamientos nuevamente, pese a la presencia del otro caballero. Suspirando, Libra dejó el farol que llevaba consigo en el suelo y se acercó al rubio, sentándose finalmente junto a él.
"Fue al Océano, se sumergió entre las olas y rezó a la Oscuridad para que se lo llevara. …" empezó el Caballero de Géminis, con una voz distante, melancólica y perdida, como si se hubiera olvidado de la presencia del otro dorado y hubiera caído en trance "…Luchó por respirar el aire que no estaba ahí, y finalmente permitió que el mar le consumiera" [1]
Dokho lo miró con sus sabios ojos abiertos de par en par. Las palabras de Kanon le habían conmovido profundamente y Libra pudo sentir por un momento en carne propia toda la tristeza, desesperación y angustia del menor.
Por un solo instante, esas palabras habían revelado el alma de Kanon de Géminis, el traidor que se había redimido heroicamente ante su diosa.
Cuando el chino sintió dos brazas esmeralda mirándolo fijamente, se dio cuenta que Kanon había dirigido su atención hacia él, lo que le sorprendió bastante, pues podría haber jurado que Géminis se había olvidado completamente de que no estaba solo.
Pero Dokho no había vivido más de doscientos años por nada, y logrando ocultar sus emociones, le regresó una mirada calmada y amistosa, pero sin ningún atisbo de lástima
"No sé por qué te dije eso… " admitió Kanon en un susurro que casi se llegó a confundir con las olas que rompían en la playa.
"Es lo que piensas, más importante aún, es lo que sientes" le respondió dulcemente Libra.
"Tal vez" le evadió el menor.
"Sé que hay ocasiones en las que pareciera que no existe salida Caballero, que no tenemos a dónde ir porque estamos atrapados de manera irremediable en nuestras circunstancias y que la única forma de escapar es negar el dolor y la desesperación, permitiendo que éstos nos consuman por dentro. Créeme, lo sé." A medida que Libra hablaba, su voz enronquecía por la emoción.
Kanon parecía una estatua de arena y sal, inmóvil, sin aliento y sin expresión.
"Pero Kanon, nada es para siempre. Lo bueno y lo malo, para bien o para mal, no son para siempre."
Kanon cerró sus ojos y dos lágrimas recorrieron sus mejillas, pero éstas fueron rápidamente lavadas por la lluvia que caía fuerte y densa.
SS SS SS
Mientras que la tormenta seguía con su rítmico y triste cantar y algunas veces el horizonte era iluminado por rayos resplandecientes que enfatizaban la atmósfera gris y húmeda, Aioria había seguido el consejo del Caballero de Libra y se había dirigido hacia Virgo, para buscar tranquilizarse bajo el influjo del pacífico cosmo de Shaka.
Cuando el indio había sentido a Leo esperar un poco indeciso a la salida del Sexto Templo, él mismo había salido a su encuentro, invitándole una caliente taza de té y especias, frente al fuego reconfortante dentro de la pequeña cocina.
Aioria había aceptado agradecido, pero como aún estaban frescos esos sentimientos de confusión y desdicha por las circunstancias con su hermano, con los Caballeros de Géminis y en general con toda la orden dorada, permaneció sumido en sus pensamientos, agradeciendo el silencio que Shaka respetaba sin molestia o incomodidad.
Fue así que Leo cada vez le daba más vueltas a las palabras de Libra, pero con una imagen fija en su mente: el abrazo de Aioros y Saga.
Y justo cuando parecía que el joven griego estaba a punto de dar con la respuesta que tanto necesitaba, aparecían Shura y Kanon y entonces Aioria recordaba el daño que le había hecho al segundo y la mirada perdida del primero y se sumía en un torbellino de auto recriminación e incertidumbre bajo los cuales la ausencia de Marin terminaba por aumentar ese sentimiento de perdición y angustia.
Shaka vio una y otra vez desfilar todas esas emociones en los verdes ojos de su compañero, pues el rubio aún no se atrevía a llamarle amigo. Y cuando percibió que los pensamientos de Leo habían llegado a un punto peligroso por su contenido autodestructivo, decidió intervenir.
Sentados frente a frente en la mesita de la cocina del Sexto Templo, Virgo extendió su brazo para posar su mano suavemente en la de Leo, llamando así su atención.
Sorprendido al haber sido arrancado de sus pensamientos , pero de manera letárgica, Aioria parpadeó unas cuantas veces para recordar dónde estaba y con quién. Cuando Shaka vio que tenía la atención del griego, retiró su mano y retuvo la verde mirada de Leo con la suya propia.
"Aioria, ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos. [2]"
"Yo no…" comenzó Leo, pero los penetrantes ojos turquesa de Virgo, que tenían unos destellos dorados aun cuando el rubio estuviera sereno, le llegaron al alma y le hicieron pensar en las palabras de Shaka.
Nuevamente un silencio rodeó a los dos caballeros por un largo tiempo, pero finalmente Leo fue quien lo rompió.
"¿Sabes? Últimamente la incertidumbre que nos rodea se ha vuelto tan pesada que me ha llevado incluso a dudar de mi naturaleza.
Hace tiempo, tú lo sabes mejor que nadie, cuando mi cabello era del color del fuego como mi ira, me comportaba como un muchacho insolente y brusco, pero ni siquiera entonces había provocado una sola injusticia y estaba orgulloso de eso.
Pero ahora, parece que cometo error tras error, todos ellos rodeados de agravio y arbitrariedad y están dañando a terceros de tal forma que ni siquiera soy capaz de vislumbrar completamente en qué se ramificarán las consecuencias de esos actos.
Puedo estar incluso derramando la semilla del mal sobre inocentes."
Shaka lo miró fijamente por unos segundos, tras los cuales se levantó y se dirigió hacia donde el otro estaba sentado, mientras que el griego lo seguía con la mirada, sus ojos verdes turbados por el dolor.
Parándose frente a él, Virgo colocó ambas manos en las mejillas de Aioria y lo forzó a mirarlo totalmente, provocando que Leo recibiera todo el poder de esos ojos turquesa que reflejaban la eternidad.
"Aioria, todas esas acciones te están perjudicando más a tí que a otros" dijo finalmente Virgo, dulce y suavemente " Uno mismo hace el mal, uno mismo lo sufre; uno mismo se aparta del mal, uno mismo se purifica. Pureza e impureza son cosas de uno mismo." [3]
Y entonces Aioria comprendió.
¿Cómo comportarse con Saga, con Kanon, con Shura? ¿Cómo hacerle frente a la situación con la Orden Dorada? ¿Cómo renunciar al miedo de la posible distancia con su hermano?
Recordándose a sí mismo. Recordando quién era en lo más profundo de su ser. Recordando a aquel muchacho que había sido aceptado por la Armadura de Leo.
Si hubiera recordado eso, jamás habría actuado impulsivamente con Kanon, no se hubiera envenenado tanto con el abrazo de Aioros y Saga, no hubiera ignorado las circunstancias de Shura y no se hubiera sentido tan abrumado por la ausencia de Marin.
Lo que es más, si hubiera recordado eso, podría haberse acercado con sus compañeros y estar aprovechando esa nueva oportunidad de vida en lugar de lamerse sus heridas en soledad, logrando sólo infectarlas cada vez más.
Eso era lo que Dokho había querido decirle, eso era lo que el Patriarca esperaba de él, eso era lo que su hermano daba por sentado que pasaría y eso era lo que Shaka le había estado insinuando, pero que sólo ahora llegaba a comprender.
Nada estaba perdido, al contrario. En esa noche lluviosa y fría, el guardián del Quinto Tempo había dado el primer paso para sanar y ahora la vida, brillante y majestuosa se abría ante él con infinitas posibilidades.
"Uno mismo hace el mal, uno mismo lo sufre; uno mismo se aparta del mal, uno mismo se purifica. Pureza e impureza son cosas de uno mismo. [3]" Volvió a escuchar las palabras de Shaka, aunque Leo no sabía sí el rubio las había pronunciado nuevamente o sí sólo estaba recordando.
Pero, eso no importaba ya.
Shaka por su parte, se había retirado unos pasos, para darle a Aioria su espacio y respetar su intimidad y el rubio ahora miraba sosegado por la pequeña ventana de la cocina que daba a unos acantilados, esperando a que su compañero saliera de sus pensamientos, esta vez por sí mismo.
Por ello cuando súbitamente Leo se levantó de su asiento, el rubio giró para ver al griego, quien se acercó a él y sorpresivamente le abrazó fuertemente.
"Gracias" dijo Leo con su fuerte voz un poco cortada. "En verdad, muchas gracias, amigo"
Totalmente asombrado, Shaka permaneció inmóvil, sin saber, por una vez, qué hacer. Nunca se había acercado a nadie como para recibir semejante muestra de afecto, algo que para el expresivo griego era natural.
Y Aioria estaba consciente de ello, por eso, alargó el abrazo más de lo que hubiera hecho con otro, como con su hermano.
Leo, mostrando una paciencia no muy usual en él, estaba dando tiempo a Shaka de responder.
Y eventualmente su paciencia fue recompensada, pues al tiempo que las facciones de Virgo se suavizaban, pasando de la sorpresa a la simpatía, quien una vez fuera el caballero más distante de toda la orden dorada regresó el fraternal abrazo de aquel al que ahora sin reservas podía llamar amigo.
SS SS SS
Mientras tanto en la parte privada del Cuarto Templo, a Aphrodite cada vez le costaba más trabajo llevar aire a sus pulmones, pero aunque Escorpio no le hubiera soltado, tampoco había incrementado la fuerza de su agarre.
Sin palabra alguna, Milo miraba colérico al hermoso rubio, quien había cerrado sus celestes ojos no pudiendo soportar la vergüenza de encontrarse frente a la verde mirada de aquel al que había agraviado con su intervención.
De pronto, cuando Piscis creyó que iba a perder el conocimiento por la falta de aire, Escorpio le soltó bruscamente, con lo que el sueco cayó al suelo, tratando de respirar.
Sin una sola palabra, Milo dio la media vuelta y salió de la habitación, dirigiéndose hacia la salida del Templo de Cáncer, donde encontró al italiano y al francés sumidos en una especie de solidario mutismo bajo un desasosiego que los mantenía alerta.
Mirando de reojo a Camus, Escorpio pasó rápidamente entre los dos caballeros y comenzó el ascenso hacia el Octavo Templo, nuevamente sin palabra alguna, pero con un destello colérico en sus vivaces ojos que hacía que sus manos temblaran de furia.
Cuando Milo se perdió en las escalinatas que llevaban a Leo, Camus se separó de la columna donde estaba recargado y tras comprobar vía cosmo que Piscis estuviera relativamente ileso, se dispuso a seguir a su amigo, pero no sin antes mirar a Cáncer.
"Se siente traicionado" dijo en francés el pelirrojo, sabiendo que Ángelo le entendería "Traicionado tanto en su orgullo como en sus sentimientos, pues aun cuando pareciera tener un carácter despreocupado y abierto, para Milo no es tan fácil acercarse a otros.
Lo mismo sucedió en la Guerra contra Hades. Cuando pensó que habíamos traicionado a Atena por el príncipe del Inframundo, el Caballero de Escorpio también cerró sus manos atormentadas alrededor de mi garganta culpable"
"¿Por qué me dices esto?" respondió Cáncer en el mismo idioma.
"Porque no quiero que esto se preste a malos entendidos. A diferencia de Milo, yo sí veo la posibilidad de que se todo esto se entienda erróneamente. Este acercamiento entre ustedes y nosotros me interesa lo suficiente como para no permitir que una equivocación termine con el camino que hemos recorrido.
Y sé que Milo, cuando mire fríamente la situación, estará de acuerdo conmigo, aunque de ninguna manera pretendo hablar por él." Terminó Acuario impacible.
"Comprendo" dijo Cáncer y sin más ambos caballeros tomaron direcciones opuestas: el pelirrojo hacia Leo, el albino hacia el interior del Cuarto Templo.
Porque Cáncer en realidad comprendía. Después de todo, él Piscis tenían un entendimiento similar.
Fue así que Cáncer, preocupado por su amigo, pero respetándolo lo suficiente como para no demostrarlo y herir su orgullo fue a buscar a Aphrodite.
Cuando Máscara de la Muerte entró a la parte privada de su templo, tuvo que contener una maldición en italiano, al ver a Aphrodite aún en el suelo.
El caballero de la Décimo Segunda Casa aún respiraba trabajosamente, tratando de recuperar la respiración pese al dolor que le provocaba por su garganta lastimada, pues las finas y blancas manos del sueco descansaban en su níveo cuello adornado con oscuros moretones en forma de dedos.
Sin mediar palabra alguna, Máscara de la Muerte se acercó a su amigo y extendió su mano para ayudarle a levantarse, lo que el otro aceptó agradecido (aunque hubiera preferido morir antes de admitirlo)
Cuando estuvieron frente a frente, Cáncer tomó a Piscis de los hombros y le forzó a mirarlo, consciente de la vergüenza que el rubio reflejaría en sus ojos azules.
"Acuario dejó en claro la situación" dijo Ángelo en sueco y pudo ver cómo Aphrodite se preparaba para lo peor "No todo está perdido, pero debemos dejar que las cosas pasen. Debemos esperar"
Aphrodite abrió los ojos por la sorpresa y se mordió en labio, pero cuando habló su voz tenía la misma suavidad indiferente por la que era característica y que era su fora de protegerse del mundo cruel que muchas veces le rodeaba. "Nunca has sido muy paciente" comentó en sueco.
"Siempre hay una primera vez y como mencionó Acuario, el asunto me interesa lo suficiente como para hacer una excepción" Cáncer se encogió de hombros "Si tú puedes esperar, entonces yo también… y ¿quién sabe? tal vez el extraño caballero de Aries quiera esperar con nosotros."
Piscis entornó una media sonrisa que no llegó a sus ojos, pero con la mención de Mu de Aries, el hermoso rubio sintió una cálida esperanza en su corazón.
Tal vez, no todo estuviera perdido aún…
Afuera la lluvia caía con mayor vehemencia.
Continuará…
No olviden dejar comentarios…
[1] Este es un poema que hace algún tiempo encontré en Internet y que siempre me llamó mucho la atención, pero lamentablemente nunca he podido encontrar al autor (a) del mismo, por lo que si alguien sabe quién lo escribió, por favor díganme.
Las palabras me parecen muy poderosas y de alguna forma, muy apropiadas para Kanon en un momento de melancolía como el que está viviendo en este capítulo.
La versión original está en inglés, pero la traducción es mía, con algunos pequeños arreglos para que se acoplen mejor a la situación de Kanoncito. El poema original es como sigue:
"She went to the Ocean
And jumped in the waves
And prayed the darkness would take her away
She gasped for air that wasn't there
And let the sea consume her"
[2] Una de las frases de Buda.
[3] Otra frase del Gran Maestro.
