¿Hola?
Me temo que pedir disculpas va a sonar un poco a vacío a estas alturas. Sé que he vuelto a tardar un mes en subir el capítulo y os puedo asegurar que me siento fatal por ustedes, que siempre están dejándome sus maravillosos reviews e interesándose por la historia. De verdad siento mucho el retraso pero la falta de rutina durante las vacaciones hace que también pierda la rutina de escribir un poco todos los días.
Los agradecimientos especiales son para: barbiiie, Caroone, jesica-haruzuchia, Pabel Moonlight, mariapotter2002, memoriesofkagome, LuciaUchiha, Aglaia Callia, sayu, Serena Princesita Hale, luna-maga, E., Astoriamdq, Dafrosia17 y Paatry26. Miles de gracias por la espera y por hacerme llegar su opinión.
No les entretengo más y les dejo con el capítulo.
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Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer pertenece a J.K.
No recordaba cómo había regresado de nuevo allí, pero tampoco le importaba demasiado.
Su mente solo estaba centrada en rememorar una y otra vez las palabras hirientes que Draco le había regalado.
El dolor sentimental era tal que lo sentía como si fuese físico. Le dolía al respirar y no era capaz de hallar una postura en la que estuviese lo suficientemente cómoda para poder dormir y evadirse, aunque fuese tan solo unos minutos, de la desagradable realidad que estaba viviendo.
Había comprobado en primera persona cuan cierto era aquello de que nunca pienses que las cosas no pueden ir a peor porque ocurrirá algo que lo hará posible.
Y eso era lo que le había sucedido a ella.
Había pasado unos días en completo letargo en los que se había limitado a ir a clase, comer y dormir, queriendo buscar con ello una rutina que la apartase de la realidad. Le dolía estar apartada de Draco. Le dolía no saber cómo se encontraba, no saber si de verdad la echaba de menos tanto como ella a él o simplemente saber si había tenido un buen día. Pero a aquella sensación de vacío había que añadirle la preocupación que la embargaba al no saber si volvería a reunirse con los mortífagos o desecharía la idea al razonar que era una completa locura.
A pesar del daño que le había causado al catalogar como pérdida de tiempo a los momentos que habían pasado juntos, se seguía preocupando por él, le seguía queriendo.
Pero todas sus esperanzas a que las cosas volviesen a la normalidad quedaron totalmente sepultadas minutos atrás cuando la había tratado como si fuese una cualquiera. ¿Con qué derecho se creía para tratarla así? Si tan solo se hubiese detenido un par de minutos para que ella le explicara…
Pero no.
Era mucho más fácil reaccionar de aquella manera, dedicándole palabras hirientes y crueles. Imprimiendo en cada una de ellas un odio que Hermione solo recordaba de cuando aún la trataba de sangresucia.
Cuando Draco desapareció del pasillo sin ni siquiera mirar atrás, notó como Dan a su lado se acercaba a ella intentándole brindar un poco de apoyo. Pero se negó a aceptarlo. Nada de lo que le pudiesen decir en aquellos instantes la haría sentirse mejor por lo que optó por volver sobre sus pasos y regresar a la Sala de los Menesteres donde nadie pudiese molestarla.
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Estaba jodido como no lo había estado en toda su puta vida.
La ira bullía por sus venas arrasando todo a su paso.
Una vez llegó a su torre, destruyó todo cuanto encontró a su paso. Pero no utilizó nada de magia. Se dedicó a golpear sillones, mesas, muebles, todo cuanto estaba a su alcance para desahogar toda la frustración que lo carcomía por dentro.
No se había sentido más imbécil y vulnerable en toda su vida.
Había ido a buscarla, con la buena intención de hablar con ella, de buscar una solución juntos a todo aquello porque Blaise había tenido razón en sus palabras. No tenía sentido estar separados si con ello lo que conseguían era hacerse aún más daño.
Pero para nada había tenido en cuenta la posibilidad que se había planteado ante sus ojos. Callahan y Hermione juntos, en un maldito pasillo desierto. ¿Qué cojones se creían esos dos? ¿Qué podían tomarle el pelo a él? ¿A Draco Malfoy?
Aquello era simplemente increíble.
Mientras que él buscaba desesperadamente recuperar a Hermione, ella no había perdido el tiempo y había ido en busca de Callahan. En busca de aquel imbécil por el que casi muere aquella noche en el Bosque Prohibido, en busca de aquel sobre el que él mismo le había advertido y que aún así volvió a acercarse a él.
Pero lo que estaba claro era una cosa, el que tenía la culpa de todo aquello era él.
Si no hubiese accedido ante las súplicas de Granger por dejarla ayudarle, si hubiese sido capaz de mantener los límites entre ambos, él no habría acabado enamorado como el peor de los gilipollas de nada más y nada menos que de Granger. Y encima para no ser correspondido de la peor de las maneras.
¿Cómo la buena y noble de Hermione Granger iba a enamorarse de un maldito hijo de mortífagos? ¿De aquel que durante años se había dedicado a insultarla y a hacerle la vida imposible?
Había sido un completo iluso.
Casi podía ver al cararajada con la comadreja riéndose junto a ella de cómo había conseguido embaucarlo para luego dejarlo tirado como a la peor de las escorias.
Ahora que sabía que para Granger él solo había sido un juego, ignoraría por completo el asunto de Nott y no caería en su chantaje. Podía hacer lo que quisiera con ella porque él no pensaba regresar junto a los mortífagos.
No iba a arriesgar su vida por alguien que para nada merecía ese riesgo.
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Con una lentitud pasmosa, el fin de semana llegó a su fin.
Durante los dos días, Hermione se había mantenido encerrada en la Sala de los Menesteres aislada de todo y de todos.
Miró su reloj de pulsera. Aún faltaba un par de horas para la cena por lo que podía disfrutar un poco más de su soledad. A la mañana siguiente se vería obligada a retomar las clases, tendría que enfrentarse al odio y frialdad de Draco y a las miradas interrogadoras de Harry.
El único que la había visitado con cierta regularidad en aquel tiempo había sido Dan. A la hora del almuerzo y la cena, se acercaba por el lugar para llevarle algo de comida envuelto en una pequeña servilleta. A penas hablaban y Hermione se lo agradecía infinitamente. No le apetecía tener que responder preguntas incómodas ni sentir la compasión de los demás.
El chico se limitaba a llevarle la comida y a hacerle compañía de manera silenciosa. Después se despedía y se iba sin cruzar ninguna palabra más hasta justamente aquella tarde.
Dan le había traído un par de muslos de pollo y un poco de tarta de melaza para almorzar. Como siempre, Hermione lo había comido en completo silencio y después de unos minutos en los que ambos estuvieron sumidos en sus propios pensamientos, la chica habló.
—Muchísimas gracias, Dan — murmuró — Por todo.
Durante unos instantes el chico la miró con aquella mirada verde tan transparente como pocas veces lo había visto y luego sonrió débilmente.
—No se merecen, lo hago con mucho gusto.
Ella le devolvió la sonrisa de manera tímida pero gracias a ella se sintió un poco mejor después de tanto tiempo. Dan le estaba demostrando con creces que sus palabras sobre recobrar su amistad eran sinceras y no dejaba de poner empeño en ello.
—Esta noche iré a cenar al Gran Comedor — le informó la chica con naturalidad.
—¿Estás segura? — preguntó con cierta preocupación en su voz — A mí no me importa traerte la cena hoy también.
—Ya lo tengo decidido — insistió con resolución — No puedo quedarme aquí encerrada de manera permanente, tengo que hacerle frente a mis problemas y mientras antes lo haga, antes pasaré el mal trago.
Durante el tiempo que había estado allí había tenido tiempo de sobra para pensar y meditar y había llegado a una clara conclusión.
No iba a ser una cobarde.
Draco le había hecho muchísimo daño pero no iba a ganar nada escondiéndose y recreándose en su miseria. Iba a seguir con su vida, con sus clases, con sus amigos, intentaría que las cosas volvieran a la normalidad lo antes posible. Por mucho que un nudo se originase en su garganta al ver a Malfoy o que sus ojos se inundasen de lágrimas, haría de tripas corazón y pondría todo su empeño en seguir adelante.
—Me alegro de que pienses así — admitió Dan.
Ella sonrió de nuevo.
—Yo también.
Pero las cosas no resultarían tan sencillas como ella creía.
oOo
Cuando aquella noche regresó a su torre tras la cena y se encerró en su habitación pensó que las cosas no habían ido mal, es más, podían haber ido infinitamente peor.
Hermione entró en el Gran Comedor con la cabeza bien alta y se sentó en el extremo más cercano a la puerta de la mesa Gryffindor. Notó varias miradas posadas en ella pero no se entretuvo en averiguar a quien pertenecían. Con naturalidad se sirvió la cena y comenzó a degustarla.
A penas llevaba allí unos minutos cuando alguien se sentó junto a ella. Con sorpresa se giró para ver quién era el recién llegado puesto que desde hacía mucho tiempo, ella se sentaba allí más apartada del resto de alumnos. Unos ojos verdes escondidos tras unas gafas redondas le devolvieron la mirada, una mirada que según pudo leer Hermione escondía bastante enojo.
—Hola, Harry — lo saludó sin despegar su mirada de él.
—¿Dónde te has metido todo el fin de semana? — la cuestionó con cierta agresividad ignorando su saludo — No te hemos visto desde el almuerzo del viernes.
La chica retomó su cena y sin mirarlo le respondió.
—Quería estar sola.
Durante unos segundos Harry se limitó a mirarla con una clara mueca de sorpresa dibujada en su rostro. No reconocía a la chica que tenía sentada frente a él. Hermione era fuerte, decidida y siempre se crecía ante las adversidades. Pero ahora parecía querer huir de la realidad para no tener que enfrentarse a ella.
—Estamos preocupados por ti.
—¿Tú y quién más, Harry? — le respondió con ironía —Hasta ahora el único que realmente se está interesando por mí eres tú.
—Sabes que Ginny y Ron también lo hacen aunque no lo demuestren — intentó justificarlos, pero la verdad era que incluso él mismo estaba sorprendido por la actitud que habían tomado los hermanos. Incluso él, al que le costaba muchísimo tratar este tipo de temas, había sido capaz de acercarse a hablar con ella — Si les das tiempo…
—Mira Harry, entiendo que los defiendas, pero tú no puedes hacer nada más en todo esto. Que hagan lo que quieran.
De nuevo el silencio se instauró entre ellos mientras Hermione continuaba cenando. Durante unos instantes pudo vislumbrar un pelo rubio unas mesas más allá pero no quiso retener su mirada por más tiempo en aquel punto. Con tan solo un pequeño vistazo el nudo ya se había formado en su garganta.
—Hermione — la llamó Harry a su lado mientras sujetaba una de sus manos y la apretaba cariñosamente —No puedes dejar que todo el asunto de Malfoy te afecte tanto, tú no eres así.
La chica lo miró y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. Harry la conocía tan bien que había llegado a la misma conclusión que ella unas horas atrás. De verdad quería a ese chico de ojos verdes que en aquel momento estaba haciendo un gran esfuerzo por tratar aquel tema con ella cuando, a todas luces, le resultaba tremendamente incómodo.
—Lo sé, Harry. Pero no te preocupes, ya he tomado una decisión. Las cosas volverán a la normalidad.
El chico la miró fijamente durante unos instantes intentando descifrar a través de su mirada si aquellas palabras eran ciertas o simplemente las utilizaba para que él dejara de insistir sobre el tema.
—Si eso es cierto, regresa con nosotros a la torre Gryffindor — le pidió — Sabes que siempre tendrás allí tu sitio.
Hermione negó suavemente con la cabeza.
—Eso sería huir.
—Hermione…
—Harry, que las cosas vuelvan a la normalidad no significa volver a la torre Gryffindor con vosotros — replicó con convicción — Mi vida seguirá como hasta ahora, no pienso cambiar mi rutina para nada.
Ante la seguridad de las palabras de su amiga, el chico no volvió a objetar nada y esperó junto a ella a que la chica terminara de cenar para después despedirse de ella y quedar en verse a la mañana siguiente.
La cosa continuó siendo relativamente fácil al llegar a su torre y encontrarla vacía. Al parecer Malfoy continuaba en el comedor o también estaba haciendo un esfuerzo por ignorarla.
Pero las cosas no iban a continuar así, ella sabía que tarde o temprano se cruzaría cara a cara con Draco Malfoy y se vería obligada a enfrentar todo lo sucedido en los últimos días.
oOo
No es que a él le importara.
Porque desde luego que no lo hacía.
Así que sin pretenderlo, notó de pasada que Hermione había desaparecido durante todo el fin de semana. Una parte de él bullía en rabia al pensar que estaba con Callahan. Porque sabía que estaba con él. La otra parte se enfurecía consigo mismo por continuar dándole una importancia que ella no se merecía.
Él había arriesgado demasiadas cosas como para que ella se lo hubiese pagado de aquella manera. Quien iba a decir que la mojigata de Gryffindor iba a resultar ser así.
Y con esas mismas palabras, se lo hizo saber a Blaise la tarde del sábado que ambos pasaron en uno de los árboles más apartados de todos los jardines. Poco a poco el sol primaveral se deja entrever entre las últimas nubes grises que aún descargaban alguna que otra nevada. Pero aquel ambiente no se parecía en nada a como se sentían los dos Slytherin.
Zabini había vuelto a ser llamado pero esta vez presentía que sería para tatuarle la marca en el brazo y ser de manera definitiva y oficial un mortífago. Puede que ya hubiese matado y torturado y que llevase mucho tiempo mentalizándose para ello, pero saber que el momento había llegado y que una vez que tuviera la marca en su piel ya no habría marcha atrás, lo llenaba de una congoja que no había sentido jamás.
Por eso en parte agradeció hablar de temas algo más banales para distraerse de ello. Malfoy estaba completamente fuera de sus casillas y no dejaba de soltar insultos contra Hermione con una rabia y odio tales que parecía que fuese a escupir fuego por la boca de un momento a otro. Pero las peores palabras se las dedicaba a Callahan al que, según había asegurado con bastante convicción, le partiría la boca en cuanto le diera el más mínimo motivo para ello.
Ante tal espectáculo, una pequeña risa escapó de la boca de Blaise.
—¿Y tú de qué cojones te ríes? — le espetó Draco fijando en él sus ojos fríos cual estacas de hielo.
—Sufres un estúpido ataque de celos — le respondió con claridad y seguridad el aludido.
Pero aquellas palabras solo consiguieron avivar aún más su enfado. ¿Celoso? ¿Él? El significado de esa palabra no lo había conocido en su vida y mucho menos ahora. Lo que le quedaba, que Zabini se pusiera de su lado.
—Deja de decir gilipolleces, si estoy así es por tu jodida culpa, por decirme que fuera con ella.
—Que estés así es solo culpa tuya — le aclaró Blaise adquiriendo un tono más serio que antes — Mi consejo fue el correcto, eres tú el que la está jodiendo de nuevo. ¿Has dejado acaso que se explique? ¿Qué te diga que es lo que pasó aquel día?
No se lo había dicho abiertamente y menos después de ver el enfado que Draco llevaba consigo, pero Zabini no creía que Hermione fuese de ese tipo de chica. Nunca jamás en los años que llevan en Hogwarts se la ha relacionado con alguien, solo durante el Torneo de los Tres Magos cuando fue con Krum al baile. Granger siempre había sido una chica recatada, tachada de sabelotodo por andar siempre tras un libro. ¿Por qué ahora después de haber arriesgado tanto por su relación con Draco iba a actuar de esa manera? Por mucho que dijese Malfoy, no eran más que disparates y teorías sin fundamento.
—¿Para que cojones iba a querer que se explicara? — respondió de manera agresiva el rubio — ¿Para darle la oportunidad de volver a engañarme? Ni hablar. Puede quedarse con el imbécil de Callahan. Será idiota. Seguro que se la entrega a Nott en vez de protegerla de él.
—¿Ahora te importa una mierda si le ocurre algo? — preguntó con asombro y algo de sarcasmo — Vamos, Malfoy.
—Ni siquiera voy a asistir al llamado de Voldemort cuando éste se produzca. Imagínate si me da igual lo que le suceda.
Tras esas últimas palabras, Zabini sí que adquirió una clara mueca de asombro. Draco debía estar muy dolido para pensar así. Cuando se alejó de ella lo hizo con la intención de protegerla, volvería al bando equivocado arriesgando descaradamente su vida si con eso conseguía que nadie se atreviera a ponerle un solo dedo encima a Granger. Y ahora, aún sabiendo lo peligroso que puede resultar Nott, decide olvidarse del asunto.
—Callahan no podrá protegerla de Nott, lo sabes. No tiene ni idea de cómo es ese chico…
—Me importa una mierda — le cortó. No le estaba gustando en absoluto el tono de regaño que el moreno estaba usando con él — Ella sola se ha buscado todo esto.
—Te vas a arrepentir de tus palabras — afirmó Blaise con total seguridad, como si estuviera constatando un hecho.
Draco le regaló una mirada cargada de resentimiento pero prefirió no pronunciar palabra. Porque en el fondo, muy en el fondo, sabía que en las palabras de su amigo había algo de verdad.
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A la mañana siguiente, durante el desayuno en el Gran Comedor, las cosas ocurrieron en la misma línea que la noche anterior. Hermione consiguió bajar sin encontrase con nadie que pudiese perturbar su paz. Pero cuando llegó la hora de las clases, las cosas se complicaron notablemente. Aquella mañana compartía clase con las serpientes y por consiguiente debía compartirla con él.
A toda costa, la chica lo que pretendía era retomar la rutina que había llevado a cabo antes de que todo lo relacionado con Malfoy sucediera, por lo que tras leer el profeta y desayunar su café con tostadas, salió de la estancia unos minutos antes de que la clase comenzara para poder ir a su torre a por sus cosas y elegir un lugar privilegiado en el aula de Historia de la Magia.
A penas llevaba unos pasos andados cuando alguien se situó junto a ella y se acomodó a su ritmo.
—Buenos días, Dan — lo saludó.
—¿Qué tal va tu enfrentamiento a la cruda realidad?
—Mejor de lo que yo podía pensar — confesó — pero aún queda lo más difícil de todo.
—Eres fuerte — afirmó Dan con seguridad buscando animarla — Cuando te des cuenta todo habrá pasado.
Palabras como aquellas se las repetía Hermione a sí misma de manera constante en el último tiempo. Quería creer que era lo suficientemente fuerte como para pasar página y continuar con su vida, quería creer que iba a ser capaz de hacer borrón y cuenta nueva.
A veces incluso ella misma lo pensaba, que iba a ser capaz de hacer eso y más. Pero aquella noche que durmió en su torre después de días, se dio cuenta de que aquella no era la auténtica verdad. Por dentro se sentía vacía, hueca, intentaba mantener la mente en otro sitio porque al menos así la sensación de dolor se disipaba un poco pero cuando los recuerdos la agolpaban y no contaba con nada que la distrajera, las lágrimas corrían a agruparse en sus ojos y la sensación de angustia volvía a apoderarse de ella.
Pero había algo que tenía claro.
No dejaría que Malfoy la viera débil frente a él.
En su último encuentro, lo único que el chico buscó fue hacerle daño y humillarla y ella no podía darle la satisfacción de ver conseguido su trabajo.
Dan la acompañó hasta su torre para después despedirse de ella y asegurarle que continuarían manteniendo el contacto. Ambos sabían que no era correcto que los vieran juntos. Ahora que Callahan no debía acercarse a Hermione por ninguna misión, se le acababan las escusas para poder pasar tiempo con ella y lo que menos necesitaban ambos era que Voldemort se enterase de aquello.
Cuando la chica llegó al aula de Historia de la Magia, tan solo Neville y un par de alumnos de Slytherin se encontraban allí.
—Hermione, hola — la saludó el muchacho en cuanto la vio entrar en el lugar y le hizo señas para que se sentara junto a él.
Con una pequeña sonrisa, Hermione aceptó su invitación y ocupó el sitio libre junto al muchacho.
—¿Qué tal estás Neville?
—Todo lo bien que se puede estar un lunes a primera hora — se quejó el chico antes de dar un enorme bostezo que se apresuró a tapar con su mano — Lo siento — se disculpó — Menos mal que pronto llegarán las vacaciones de Pascua y podremos sacar un poco de tiempo para descansar.
—Neville, los ÉXTASIS están a la vuelta de la esquina — le recordó con ese tono de marisabidilla que salía a flote en situaciones como esa — No deberías relajarte tanto en Pascua.
Automáticamente el chico se sonrojó ante las palabras de Hermione y la chica se sintió culpable. Ya le costaba a Neville muchísimo esfuerzo aprobar las asignaturas como para que ella le reprochase el querer tomarse las cosas con más calma durante las vacaciones.
Fue a disculparse pero las palabras murieron en sus labios antes de ser pronunciadas.
Los alumnos que esperaban en la puerta iban entrando en el aula viendo próxima la hora en la que el profesor Bins haría su aparición a través de la pizarra.
Distinguió a Harry y Ron entre el pequeño grupo de alumnos, el primero le dirigió una pequeña sonrisa que ella le devolvió, también vio a Dan, que se dirigió directamente hacia su pupitre no sin antes mirarla durante unos efímeros instantes y entre los últimos chicos que entraron en el lugar, pudo ver a Draco.
Su pelo de color rubio resaltaba sobre los demás. Su andar aristocrático y superior era difícil de pasar por alto. Y por mucho que ella se hubiese mentalizado para aquel momento, por mucho que se hubiese asegurado a sí misma que sería capaz de ignorar su presencia como si no existiese, sus ojos quedaron completamente prendados de su figura.
Quiso despegar su vista de él, de verdad que era lo que más quería, pero cuando su mirada gris se posó en ella, le fue totalmente imposible. En el momento en el que sus miradas chocaron, el tiempo se detuvo durante unos efímeros instantes para Hermione. Recuerdos de su primer beso, de cuando él se había preocupado por ella, de cuando había recurrido a ella para desahogar su maltratado espíritu, se apresuraron a llegar a su mente, uno tras otro, creando un nudo tan enorme en su garganta que creía que acabaría cayendo inconsciente por culpa de la falta de respiración.
Pero los sentimientos que destilaban los ojos de él la trajeron de nuevo a la realidad. Enojo, ira, desprecio. Esos eran los sentimientos predominantes en aquel mar gris pero también pudo distinguir, a pesar de los esfuerzos por parte de él por ocultarlo, un dolor escondido pero igual de profundo que el resto de sentimientos.
El contacto visual apenas duró un par de segundos, pero fueron más que suficientes para que Hermione sintiese de nuevo aquel enorme vacío en el pecho que tanto se había esforzado en ignorar.
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Con una lentitud pasmosa, casi que parecía que las manecillas en vez de avanzar retrocedían, aquella primera semana después de aquel desafortunado encuentro entre Draco y Hermione llegó a su fin.
La chica se esforzaba por seguir una rutina que mantuviera su mente ocupada. Su día a día pasaba entre las clases y la biblioteca. Un par de días, Harry pasó la tarde con ella, estudiando juntos, pero realmente no creía que al chico le apeteciese estudiar (para él aún quedaban años luz para los ÉXTASIS), sino que más bien parecía que se sentía un poco culpable por no pasar tiempo con ella. Ya habían hablado sobre el tema. Ella le decía que no pasaba nada, que en aquellos momentos aquella soledad era precisamente lo que necesitaba y que sabía, sin necesidad de demostraciones, que aquel chico de pelo negro revuelto y ojos verdes iba a estar para ella cada vez que lo necesitase.
También pasó parte de la tarde del jueves con Dan en la Sala de los Menesteres. El chico le hizo llegar una nota en la mañana para ver si podían verse. Pasaron poco tiempo juntos, apenas una hora, pero en aquel tiempo intentaron no tocar el tema de Draco. El muchacho intentó distraer a Hermione, conversando sobre los momentos que habían pasado juntos cuando se conocieron o que en la próxima salida a Hogsmeade, que coincidiría con la semana de Pascua, para volver a su pequeña casa apartada del mundo. La chica agradeció la idea pero no quiso adelantarse, las cosas irían surgiendo poco a poco.
Pero a parte de aquellos momentos puntuales en los que estuvo acompañada por los dos chicos. El resto del tiempo lo pasó sola. Sola en el Gran Comedor, en su torre o en la biblioteca. No se quejaba, de hecho era algo que ella había querido, pero se estaba dando cuenta de que la situación la superaba. Cuando hacía una semana aseguraba que iba a sobreponerse a lo sucedido y que no dejaría que la afectara más de lo recomendable, no pensó que la situación iba a venirle tan enorme. Se sentía terriblemente agotada de actuar frente a todos haciéndoles creer que todo estaba bien. Estaba cansada de tener que retener las lágrimas cada vez que algún recuerdo indeseado se colaba en sus pensamientos sin ella pretenderlo. Y se sentía moralmente hundida.
Cuando no compartía el mismo espacio con él, la situación se hacía más llevadera, conseguía meter en una caja fuerte sus emociones y olvidarse de ella pero cuando lo veía, todas esas barreras que se autoimponía no le servía de absolutamente de nada y sus sentimientos salían a borbotones para llenarla por completo.
Tan sumida estaba en sí misma y en cómo conseguir sobreponerse a lo sucedido que no se percató de cómo alguien la observaba muy de cerca y que, a juzgar por la sonrisa ladeada que se dibujaba en su rostro, le agradaba bastante lo que sus ojos veían.
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Si le preguntabas a algún alumno de Hogwarts, fuese quien fuese y de la casa que fuese, que sabía acerca de Theodore Nott, no sabría que responder. Como mucho diría que es taciturno y que siempre permanece solo por los pasillos del colegio, pero poco más.
Y es que Theodore Nott sabía perfectamente que él no necesitaba amigos en Hogwarts. Se había criado solo como hijo único y una vez que llegó a Hogwarts, continuó con la misma dinámica. Trataba con sus compañeros de casa lo mínimo, no queriendo entablar con ellos una relación más profunda que la simple cordialidad.
Era una persona que era plenamente consciente de sus virtudes y no necesitaba de nada ni nadie más para hacer su vida.
Una de sus virtudes más destacadas, junto al pasar desapercibido cuando la situación lo ameritaba, era ser observador. Le gustaba observar a las personas, sus reacciones, sus comportamientos, para luego ser capaz de obtener un patrón de conducta que posteriormente le serviría cuando le fuese necesario acercarse a esa persona en cuestión.
Y últimamente Hermione Granger se había convertido en el centro de toda su atención.
Cuando Malfoy le hizo saber que su relación con Granger había finalizado, sintió cierta satisfacción al ver cumplido su objetivo. Al principio pensó en dejar apartado el tema hasta que su señor creyera necesario de nuevo su participación en él. Pero viendo el cambio tan brusco que hubo en la actitud de la pareja, decidió indagar un poco más en el tema. Malfoy no le importaba demasiado, su señor ya se encargaría de él, pero Granger sí que suscitaba su interés.
En los últimos días la estuvo observando. Se dio cuenta de cómo su aspecto cada vez estaba más demacrado y se mantenía en un estado de aislamiento constante que la convertía en una presa bastan débil.
Por eso ignoró por completo el trato hecho con Malfoy de que se mantendría alejado de ella si ambos rompían su relación, por eso esperó al momento oportuno para acercarse a ella y convertirla en su nuevo entretenimiento.
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—Maldita sea — se quejó Hermione en apenas un murmullo y en cuanto se dio cuenta de que había maldecido se reprochó a sí misma su actitud.
Había pasado toda la tarde del viernes en la biblioteca. Había estado preparando su nuevo horario de estudio para los ÉXTASIS y se había dedicado a recopilar casi toda la bibliografía recomendada para los exámenes. Podía parecer una tarea sencilla pero había que aclarar que ella no entendía como lectura recomendada la lista de ejemplares que el profesor daba a principio de curso, no, sino que ella la ampliaba para poder tener todas y cada una de sus dudas completamente resueltas.
Cuando vio que ya casi no llegaba a la hora de la cena y que debía seleccionar que libros leería primero porque, obviamente, no podía cargar con todos hasta su torre. Salió de la biblioteca habiendo pasado ya la hora de la cena por mucho, tanto que seguramente los alumnos ya irían casi por el postre.
Con un hondo suspiro salió del lugar, sabiendo que aquella noche no cenaría, y se dirigió hacia su torre. Con un poco de suerte llegaría antes que Malfoy y podría meterse en su habitación sin encontrarse con él.
Pero la suerte no parecía estar precisamente de su parte.
Llevaba más libros de los que podía cargar por lo que a mitad de camino varios de ellos acabaron en el suelo deteniendo su camino. Maldijo para sus adentros y se agachó para poner un poco de orden, pero entonces unos pasos haciendo eco en el lugar llegaron hasta ella. Con rapidez alzó la vista y escudriñó entre la semi penumbra reinante en el lugar, pero no vio a nadie. Un poco confusa volvió a dedicarse a su tarea creyendo que a lo mejor habían sido imaginaciones suyas, últimamente anda un poco paranoica, pero entonces el sonido llegó hasta ella de nuevo. Sintiendo las pulsaciones latiendo en sus sienes, una vez más intentó encontrar el origen de aquel sonido pero el resultado volvió a ser el mismo.
Ya estaba empezando a ponerse nerviosa por lo que se apresuró a recoger sus cosas y largarse de allí. Pero apenas hubo tocado la cubierta de uno de sus libros cuando sintió como alguien la sujetaba con muy poca delicadeza y la obligaba a permanecer de pie contra una de las frías paredes del pasillo.
Al principio, debido al movimiento tan brusco, se sintió un poco mareada y tardó unos instantes en enfocar la vista pero en cuanto lo hizo, automáticamente su cuerpo se tensó e intentó zafarse de aquel acorralamiento pero no lo consiguió.
—Tranquila, Granger — susurró aquella voz con suavidad a la vez que sacaba su varita y apuntaba con ella a la chica en el cuello — No queremos formar un escándalo ¿verdad?
La sonrisa que se formó en el rostro de Nott hizo que un escalofrío recorriera la espina dorsal de Hermione.
—¿Qué es lo que quieres?
Durante los primeros instantes a la pregunta no obtuvo respuesta alguna. El chico parecía disfrutar observando el terror en los ojos de Hermione, al parecer la chica había sido avisada respecto a él.
—¿Qué pasa, Granger? ¿Me tienes miedo?
La chica entrecerró los ojos y lo miró con fijeza. No podía dejar que Nott sintiera su miedo o si no estaría perdida. Pensó en coger su varita que se encontraba guardada en el bolsillo de su túnica pero desechó la idea de inmediato, debía evitar a toda costa un enfrentamiento con él.
—No te temo en absoluto.
Una pequeña carcajada cargada de ironía emergió de la garganta de Nott.
—¿Ah, no? Cualquiera lo diría por el leve temblor que te sacude — dijo con una exasperante lentitud mientras acariciaba con la punta de su varita el rostro de Hermione —Ahora no tienes a Malfoy dispuesto a defenderte ¿no? Vuelve a sentir el mismo desprecio de antes hacia ti ¿no es cierto? — los ojos de Hermione se abrieron con sorpresa ante aquellas palabras y la sonrisa de Nott se ensanchó aún más — ¿Qué se siente ante eso? ¿Qué se siente al sufrir por alguien que solo siente asco hacia ti?
No sabía como él podía saber aquello, como había podido saber que Draco volvía a actuar con ella como antaño pero en aquel momento era la menor de sus preocupaciones. Estaba siendo cruel con ella, quería hacerla sufrir con sus palabras para debilitarla. Y por mucho que ella se estuviese esforzando por no caer en la trampa, sus propios sentimientos la estaban traicionando. Además de que tener la varita de Nott apuntándola tan directamente no la ayudaba a serenarse.
—¿Qué quieres de mí? — insistió por segunda vez.
—La gente como tú me da verdadero asco, me repugnáis — le respondió con la misma tranquilidad que antes — Y no pararé hasta que estéis en la posición que os merecéis, muy por debajo de los sangre limpia, los sangresucias como tú no se merecen el privilegio de tener una varita ni de estudiar en un colegio como éste.
—Gracias a Merlín no todos piensan como tú — le cortó la chica con el desprecio marcado en cada una de las sílabas pronunciadas.
—No deberías cantar victoria tan pronto, Granger. Alguien tan inteligente como tú debe saber que no todo acaba como empieza y que ya se están produciendo los primeros cambios — pronunciaba cada palabra disfrutando de los efectos que tenían sobre Hermione, que cada vez tenía los nervios más a flor de piel — Y tú serás una de las primeras en sufrir estos cambios.
Un pequeño murmullo llegó hasta ellos de manera lejana, indicándoles que la cena había llegado a su fin y que dentro de poco aquel pasillo estaría abarrotado de alumnos en dirección a sus salas comunes.
—Ten mucho cuidado, Granger. Estaré vigilándote y cuando menos te lo esperes tendremos otro encuentro como éste, aunque no te aseguro que sea tan benevolente como lo he sido hoy.
Y justo cuando el primer grupo de alumnos giraba el recodo del pasillo, lo último que Hermione alcanzó a ver fue la capa oscura de Nott perdiéndose en el extremo opuesto del corredor.
Cuando los niños que pasaron por allí se la quedaron mirando con cierta curiosidad en sus ojos, Hermione reaccionó. Estaba en mitad del pasillo con los libros y su mochila desperdigados por el suelo y ella lejos de intentar recogerlos, se encontraba pegada a la pared rígida como la misma.
Con rapidez se agachó y sujetó los libros sin tener el mismo cuidado que habría tenido si las circunstancias hubiesen sido otras, y cuando tuvo consigo todas sus cosas, se apresuró a llegar a su torre.
Durante el trayecto, las lágrimas que había conseguido mantener alejadas de sus ojos durante su conversación con Nott, volvieron a aparecer pero ella no tuvo intención de apartarlas. Había pasado verdadero miedo como hacía mucho que no lo sentía pero aquello no fue lo único que le afectó, también fueron aquellas palabras de burlas respecto a ella y a Malfoy. Si ella sola lo estaba pasando mal con aquel asunto, que alguien viniera a regodearse en su dolor, pisoteando sus sentimientos, tan solo había sido el remate que le quedaba a todo aquello.
A toda su lista de problemas, ahora debía de añadir otro más con nombre y apellidos porque al parecer Theodore Nott hablaba muy en serio al afirmarle que la vigilaría muy de cerca. ¿Acaso Merlín se había confabulado aquel año en su contra para que nada le saliese bien?
Si tenía alguna duda respecto a ello, todas quedaron respondidas cuando entró en la sala común de su torre y se encontró con Draco en ella. Tan ensimismada iba en sus pensamientos que no barajó la posibilidad de que, al haber acabado ya la cena, el chico se encontrase allí.
Hermione quedó completamente paralizada sin saber cómo reaccionar. Sentía el corazón latir a miles de pulsaciones por minutos por el cúmulo de sensaciones que había sufrido en los últimos minutos. Al parecer su aspecto dejaba entrever todo aquello porque la mirada de Draco la observaba con cierta curiosidad aunque sin dejar de mantener su orgullo por delante.
La chica abrió y cerró la boca un par de veces queriendo decir algo pero sin saber muy bien el qué.
Era un momento realmente tenso entre ambos pues era la primera vez que se encontraban a solas después de lo sucedido, pero aquel instante no duró mucho. Antes de dejar entrever sus verdaderos sentimientos, Draco endureció la mirada y se dirigió escaleras arriba dejando a la chica completamente sola.
Quizás si hubiese tardado un par de segundos más en encerrarse en su habitación, habría escuchado el sollozo que escapó de los labios de Hermione.
oOo
¿Qué les pareció? Soy plenamente consciente de que este ha sido un capítulo de transición para mostrar los sentimientos y reacciones de cada uno de los personajes, pero aún así espero que les agradara.
Besos y achuchones.
