Minerva en Jaque

21. Adored

Cuando empezó todo el lío de la misión y Quistis, Seifer pensó en ello. Después las cosas se complicaron aún más y lo descartó, teniendo problemas más importantes de los que preocuparse. Sin embargo, como solía suceder cuando uno aplazaba problemas, este se le lanzó a la yugular mientras repasaba el informe de la misión en el vestíbulo del Jardín.

- Tenemos que hablar contigo, Almasy.

Eran tres cadetes, uno con gafas, uno de piel oscura y una chica, los tres con cara de haber estado oliendo mierda desde el día en que nacieron, en opinión del SeeD.

- Estoy ocupado. – gruñó él sin darles más importancia. No los había reconocido todavía.

- Es sobre la subcomandante.

'¿De qué iba a ser sino?' Pensó, cínico. Fuera donde fuera, el lugar era como un santuario donde el nombre de la rubia era nombrado a cada paso que daba. Pronto la beatificarían y le harían una estatua o algo. 'Trepies tenían que ser.'

- Tenemos motivos para pensar que has malinterpretado el entendible interés que una mujer como la subcomandante pueda tener por un compañero de equipo. – El tono de su voz era comedido, como si tratara de hablar con frialdad para minimizar el daño que pudieran hacer sus palabras. – Y más con uno con tu pasado y bagaje, pero…

Se cortó de golpe cuando Seifer se levantó lentamente para enfrentarlo. No parecía agresivo, pero la altura del rubio era de las mayores del Jardín y no dudaba en utilizar esa ventaja siempre que fuera posible. Sin embargo, solo hizo falta levantarse para hacer que el molesto parloteo terminara.

- Me muero de curiosidad por saber de que pasado y bagaje hablas. Pareces saber mucho al respecto.

- Usted estudió bajo el mando de la subcomandante Trepe. Y después traicionó su confianza y la del Jardín. – el aumento de deferencia no se le escapó a nadie. – T-Todo el mundo sabe eso.

- Está en cualquier libro de historia. ¿Pero y los detalles? Los detalles son importantes, amigo. ¿Qué sabes de ellos?

- ¿De qué detalles está hablando? – preguntó la chica, con voz nerviosa.

- No intente cambiar de tema con cosas sin importancia. – replicó el otro chico.

- Quistis fue mi instructora, pero… ¿Pensáis que solo era eso? – y la voz le salió de lo más insidiosa.

La incredulidad arqueó las cejas de los tres cadetes.

- Todo el mundo sabe que el comandante Leonhart y ella…

- No, nadie sabe nada. – cortó Seifer. – No estabas allí, solo has oído rumores. Y puede que estuvieran equivocados, no crees?

- Te está tomando el pelo, Miles. – el chico negro sacudió el hombro del muchacho de gafas, como para despertarlo. – Es evidente que Quistis Trepe nunca se interesaría en alguien como él.

'Alguien se está ganando una paliza.'Seifer dio un paso al frente, ahora claramente amenazante.

- Solo pensadlo. Trepe y yo compartíamos clases, instrucciones, pruebas de campo. Incluso os diré más… entramos al mismo tiempo al Jardín. Jóvenes e inexpertos como éramos. – Vio con satisfacción como sus palabras, inevitablemente, traspasaban la arrogante sensación de conocimiento que creían tener y sembraban la duda. – Solo pensadlo: Solos, ella y yo, en una clase. Y recordad mi moral dudosa y que ella está para mojar pan.

La última frase bastó para que lo miraran como si fuera un monstruo, indignados y horrorizados.

- Ella no te habría dejado, ¡puede dejar fuera de juego a cinco hombres!

Tenía razón, claro. Y más en esa época en la que Quistis no hacía más que estar pendiente o de Squall o de su honorable trabajo de instructora. Más de uno le había pedido para salir y había acabado con unas calabazas del tamaño del reactor principal.

- Nadie dijo que no fuera voluntario. – susurró, poniendo una cara de demonio lascivo que estaba seguro no iba a poder controlar mucho tiempo. Estaba a punto de morirse de risa. – Podría haber pasado en cualquier clase en la que toméis lecciones, ella tumbada en cualquier pupitre a merced de mi…

- ¡BASTA! – el chillido hirió las orejas de todos los demás cuando la chica se negó a seguir escuchando. Se tapó los oídos y lo miró como si le hubiera corrompido la infancia. – ¡Cállate ya!

- No me lo creo. – fue la tensa respuesta del chico de gafas. Sin embargo, Seifer contempló con deleite que estaba a punto de echarse a llorar.

'Madre mía, tendría que haber hecho esto antes'En aquellas épocas estaba demasiado ocupado tratando de lidiar con Squall y lo único que le despertaban los Trepies era pena e incomprensión. Si hubiera sabido lo fácil que era torturarlos…

Seifer dio otro paso al frente y comprobó que su plan había funcionado. Los Trepies dieron un paso atrás a cada paso adelante que él daba, claramente sin ganas de continuar la discusión. Seifer les había ensuciado la mente.

Cuando casi echaron a correr no pudo contener más las carcajadas.

.-.-.-.

Tocó la fina banda de metal con cuidado, como si le doliera. La mirada del SeeD con el que estaba hablando parecía preocupada, aunque Quistis agradecía de corazón el caso que todo el mundo le estaba haciendo desde que había vuelto. Era agradable sentirse tan arropada y querida.

Y más después de toda la problemática información a la que había tenido acceso estos días. Los nanomecánicos de F.H. seguían trabajando en su problema pero ahora tenía que pensar en Irvine y las posibilidades de su encuentro con LeBlanc. 'Malditos manipuladores'

- ¡Quisty! – la voz de Zell al fondo del pasillo la sacó de sus pensamientos. Rinoa caminaba a su lado, con cara de pocos amigos.

'Uh-oh.'Uno no quería tener cerca a Rinoa cuando estaba enfadada o molesta. No es que llegara a ser peor que Quistis en su mal humor, sino que sus razones podían llegar a ser tan absurdas que acababan con la paciencia del más pintado.

- Os veo ocupados.

- Ahora más que nunca. ¿Te han explicado ya lo de la fiesta?

- ¿Fiesta?

- En honor a vuestro regreso. Ya hemos avisado de que aún estamos en medio de una misión y en potencial peligro, pero la gente parece incapaz de contenerse después de haberos esperado tanto tiempo.

- Vaya, no esperaba tanto cariño por parte de los SeeDs. – no iba con ninguna mala intención. Un SeeD no dejaba de ser un mercenario, era habitual que se ocuparan de sus propios asuntos. – Pero creo que es una buena idea de todas formas, necesitamos un respiro.

'Aunque sea uno efímero'

- No te negaré que ha sido ese grupo de fanáticos de tu persona que ha presionado bastante. Y hablando de eso… - Zell se rascó la nuca y miró a Rinoa, incómodo. Era evidente que ella estaba poniendo morros. – Ha habido una curiosa petición de los organizadores de la fiesta…

Quistis arqueó una ceja como diciendo "No me digas".

- Verás, es una tontería, pero el sentimentalismo de vuestra llegada caló bastante hondo y han pensado que… en fin…

- Quieren que tú y Squall vayáis juntos como pareja. – resumió Rinoa.

Quistis la miró como si le hubieran salido dos cabezas. Zell trató de calmarla con un par de excusas pero era evidente que Rinoa estaba esperando su reacción. La miraba fijamente, como retándola. '¿A qué vienen esos celos a estas alturas del partido?'

La idea de ir a un baile con Squall habría sido un sueño hecho realidad no hace mucho tiempo atrás. Pero Quistis había cambiado.

- No va a poder ser. – hubo un silencio y aprovechó para elaborar. – Voy a ir con Seifer.

Mientras Zell ponía cara de haber tenido una apoplejía, la cara de Rinoa se iluminó. Era evidente que ambos habían llegado a una rápida conclusión aunque con diferentes reacciones.

- ¿Cómo te lo ha podido pedir? Nadie sabe todavía que se va a hacer.

- Oh, él todavía no lo sabe. – y sonrío levemente. No era típico de Zell hacerse el tonto aposta. – Pero vamos a ir juntos.

- Entonces… ¿Tú y él…? – Rinoa se tapó la boca, ocultando una risita que no pudo controlar. Era evidente que lo había esperado y se congratulaba a sí misma, como si todo fuera gracias a ella. Y en cierta forma estaba en lo cierto.

- Bueno, podríamos decir que…

- No puede ser Quistis. – Zell la cortó, serio y enfadado. Ambas chicas se lo quedaron mirando, sorprendidas.

- Zell, no hace tanto bromeabas con la posibilidad. – le recordó Quistis. Se habían burlado de ella en la enfermería, cuando el mero pensamiento parecía ridículo.

- Una cosa es bromear con algo imposible. Pero estamos hablando de Seifer. Y eso no es ninguna broma.

- ¡Zell! – le reprendió Rinoa.

- No pensaba que tu animosidad hacia él fuera tan grande. Pensaba que era la única que aún tenía reparos contra él por lo que había sucedido.

- Precisamente porque tú, que eres la persona con más sentido común del grupo, tenías reparos era lo que nos permitía no tenerlos a nosotros. Pero te ha convencido de lo contrario durante la misión, supongo. – Zell parecía tenso, como intentando averiguar que se había estropeado en Quistis para cometer semejante error. – Tu lo conoces bien, Quisty, sabes que no va a cambiar su naturaleza. Puedes ser compañera de misiones, incluso su amiga, pero dar un paso más…

- Zell, estás siendo injusto con Seifer. – Rinoa le echó una mirada a Quistis que claramente le pedía que se defendiera. – Ha cambiado, se ha reformado. Ahora es un SeeD como los demás.

- ¡Maldita sea vuestra memoria! – y apartó el brazo de la morena, como si le quemara. – No puedo entender que solo recordéis con claridad los últimos seis meses de vuestra vida, como si lo pasado hace años no contara. ¿Habéis olvidado que torturó a Squall en la prisión del desierto? ¿Qué lanzó a Rinoa a las garras de Adel sin pensárselo?

Quistis lo miró, claramente incómoda de que sacara a la luz esos hechos, largamente enterrados. No es que no hubiera pensado en el pasado de Seifer, cuando más de una vez se había culpado de lo sucedido.

- Lo que yo no puedo entender. – Rinoa frunció los labios, furiosa. – Es que seas incapaz de perdonarlo cuando es evidente que se arrepiente de sus faltas.

- ¡Ese no es el problema!

- ¿Y cuál es? – preguntó Quistis, con voz gélida.

- ¿Dejarás que un hombre como ese esté a tu lado Quistis? – y la mirada de Zell la traspasó. – Está muy bien que lo ayudemos, ¿Pero mezclarlo en nuestros asuntos? Pones en peligro hasta tu propia vida por algo que ni siquiera sabes si es amor.

- Zell voy a pegarte tal paliza que… - gruñó la morena, dispuesta a sacarle los ojos con las uñas.

- Las tías sois todas iguales. – espetó él. – Veis a un chico guapo reformado y ya se os van las bragas. Pero los tíos como Seifer no se reforman, se ocultan hasta que ha pasado el vendaval. Recuerdas muy bien como nos martirizaba en el orfanato. Estas cosas salen de dentro.

Rinoa lanzó un resuello de incredulidad antes de hablar.

- Por lo que sé, solo te tomaba un poco el pelo y se burlaba de ti. Estás sacando las cosas de quicio.

- ¿Tu qué crees Quistis? ¿Recuerdas lo de los fuegos artificiales? ¿Cuándo casi nos quemamos vivos dentro del orfanato?

La rubia tragó saliva, incapaz de comprender semejante animosidad. Estaba claro que Zell hablaba con la preocupación por una amiga, pero a Quistis le preocupaba la visión catastrófica a hechos que podían considerarse en el pasado lejano y olvidado. ¿Estaría perdiendo convenientemente la memoria como Zell la acusaba? Era fácil estar con Seifer si eso sucedía.

- Tú no crees que haya cambiado. – Quistis lo estudió con la mirada.- ¿Pero cómo vas a saberlo si no le das una oportunidad, Zell?

- Está en el Jardín, no?

- Eso no es más oportunidad que la que a mi me dieron al hacerme subcomandante del Jardín. Puedes aceptarlo y tenerlo vigilado toda tu vida esperando a que revele su malévola personalidad o puedes descubrirlo más fácilmente dándole una oportunidad.

- El problema es cuando dar una oportunidad implica ponernos en peligro a todos.

- De verdad que no entiendo esa vena catastrofista tuya… - empezó Rinoa.

- Volvió a por mí, Zell. Podría haberme dejado en la estacada pero volvió. Creo que eso le da derecho a que crea en él.

Era el asidero de Quistis para cualquier duda sobre esa cosa que estaba gestando entre Seifer y ella. 'Nunca podré olvidar el alivio al verlo aparecer en esa fiesta. Nunca.

Zell parecía tener más que añadir. Mucho más. Podría haberle dicho que Quistis había cumplido y salvado a Seifer más veces de las que él lo había hecho. Que estaba muy bien hacerse su amiga, pero otra muy diferente meterse en el pantanal de una relación.

Pero se calló. Quizás por deferencia a Quistis, que lo miraba casi implorándole. Quizás por Rinoa, que parecía a punto de estallar. Sin embargo, su mirada no dejaba lugar a dudas de lo que pensaba.

.-.-.-.-.

- No entiendo por qué tengo que ir, exactamente. – Seifer se miró en el espejo con ojo crítico. El uniforme de gala le hacía parecer demasiado joven para su gusto.

- Es una fiesta en honor a los dos. Y además, dije que vendrías conmigo. – la voz de Quistis desde el dormitorio cerrado sonaba divertida. – Y comprenderás que me harías quedar fatal si apareciera sin pareja.

- ¿Por qué? Todo el mundo quería que fueras con el tontolabas de Squall. – ante el silencio que sucedió, no pudo evitar una mueca de cinismo. - ¿Crees que no me enteraría? Se comenta por todo el Jardín.

- Ni Squall ni yo lo hubiéramos pasado bien yendo juntos.

- Y Rinoa te habría abierto en canal. – la risita que oyó detrás de la puerta le contagió una sonrisa. – Lo que no acabo de comprender…

- Tadá. – fue la sobria aparición de Quistis, aunque para Seifer podrían haber estallado fuegos artificiales alrededor.

De todos los grandes agobios de tratar con mujeres, el de la espera antes de estar totalmente arreglada era el único con el que Seifer siempre tenía una contradicción en vez de blasfemar directamente. Porque valía la pena ver a una mujer recién arreglada, sabiéndose perfecta. Algo brillaba en su rostro, en sus ojos. Y con Quistis no era una excepción.

Reconoció el vestido rojo que llevaba de inmediato y soltó un silbido de aprobación. Se le habían añadido unos faldones negros para volver a hacerlo largo y unas pequeñas perlas del mismo color cerca del cuello.

- ¿Por qué llevas el traje de SeeD? Nosotros estamos exentos. – se quedó quieta, un poco preocupada. – Vaya, estoy pensando si no sería mejor ponerme el mío entonces.

- Estás flipando. – Tomó su brazo y la sacó de la habitación antes de que la idea tomara fuerza y decidiera que era mejor quitarse tal maravilla de la costura. Como había esperado, el comentario la complació sobremanera.– Joder Trepe, a veces eres una mujer típica.

- Siempre sabes como destruir un cumplido con una frase desagradable. – Arqueó una ceja cuando él le aflojó el cuello del vestido sin decir nada. – Sorprendente falta de control para ser tan pronto, no?

- ¿Por qué sigue esa cosa en tu cuello? – le echó un ojo crítico al collar de destrucción mientras Quistis se volvía a arreglar el vestido para tapárselo. - ¿No llevan los nanomecánicos semanas revisándotelo?

El camino al salón de fiestas se había poblado de gente en traje de gala, con lo que las maniobras de esquivo evitaron que Seifer se diera cuenta de la súbita tensión en los rasgos de Quistis. Ella lo miró un instante con sufrimiento. Él no se dio cuenta.

- Te lo contaré después. – y forzó una sonrisa. – Ahora hay que disfrutar de la fiesta.

- ¿Cuándo has perdido tu profesionalidad? – dijo él, picándola.

- El mismo momento en que tú perdiste tu sentido de la diversión.

Para Seifer era más bien una tortura esa parada de vestidos y uniformes de SeeD y lámparas de lágrimas. Rogaba a Hyne todopoderoso que ni Cid ni Edea estuvieran presentes o tendría que dar media vuelta sin más.

Sin embargo, una parte de él se hinchó como un pavo al entrar en la sala con Quistis de su mano. 'Los Trepies, donde están, por Hyne, por Hyne, los Trepies. AH.'Y justo en el momento en que vio sus ojos de búho lanzó una risita y acercó a Quistis hacia él con la excusa de la gente. Las caras de los adoradores de la subcomandante se volvieron púrpura.

- ¿Qué te hace tanta gracia?

- Creo que venir a esta fiesta es la mejor decisión en mucho tiempo. – y sonrió aún más cuando Quistis lo miró con una sonrisa indecisa, sin saber muy bien a que se estaba refiriendo. La acercó más a él, casi respirando sobre su pelo.

Era agradable que las miradas que leía no fueran de rabia o suspicacia, si no de sorpresa, admiración e incluso cierta diversión. Por un instante se sintió ebrio de algo que parecía haber olvidado. Atención.

Fue ver la cara de Squall y pasársele de golpe.

- Y ahora qué.

- Bienvenidos a vuestra fiesta. – fue la tranquila respuesta del castaño que, una vez más, parecía dirigirse solo a Quistis y pasar bastante de Seifer. – Parece que pronto habrá que ponerse en posición, Quistis.

El tono festivo y alegre de su alrededor pareció un brusco contraste con la gelidez que se instaló en la rubia. Seifer se puso tenso por reflejo y sus instintos se expandieron, como buscando amenazas cercanas.

- ¿Dónde están?

- A dos días de aquí. Pero ya han enviado a alguien. – señaló con la cabeza a un grupo de personas que hablaban animadamente.

- ¿Quiénes son? – la voz de Quistis era ahora profesionalidad. Lejos quedaba el coqueteo y el brillo imaginario en su rostro.

- No son LeBlanc propiamente dichos. Pero antes hemos pinchado una conversación telefónica con Eshar.

- Eso los convertiría en LeBlanc puros y duros. – espetó Seifer.

- No, el teléfono de Esthar también estaba pinchado. Ellos no saben que están siendo utilizados.

- ¿Qué han contado entonces?

- Información general sobre los invitados. – Squall miró a la gente bailando con un muy bien estudiado aburrimiento. – Todos hemos sido nombrados y ha habido un intercambio acerca de F.H. Nada sobre los nanomecánicos, por eso.

Quistis frunció el ceño, preocupada. Las cosas se estaban acelerando y ella todavía no había planeado ninguna estrategia con los flancos que tenía abiertos. Si los LeBlanc se enteraban de que los nanomecánicos estaban trabajando con el Jardín, no les sería difícil deducir que Quistis ya sabía que hacía el collar exactamente. Y se darían prisa por ponerlo en funcionamiento.

- Vamos a bailar. – dijo Seifer, de golpe.

Squall y Quistis se lo quedaron mirándolo en silencio perplejo.

- ¿Qué? –no cabía duda que esa era la última frase en la Tierra que Quistis esperaría escuchar de su boca. - ¿Te parece este un buen momento?

- La información ha sido pasada y esa gente no supone amenaza directa para nosotros. Evita que vuelvan a llamar y listos. Si nos disculpas… – Sin una mirada más, tomó a Quistis por la cintura y casi la levantó del suelo solo para llevarla a la pista de baile.

- ¿Pero se puede saber que mosca te ha picado? – Quistis echaba chispas, aunque se movió enseguida que Seifer empezó a guiarla por la pista. - ¿Crees que es el momento de sacar estúpidas rencillas a colación mientras tratamos un tema tan importante?

- ¿Qué pasa exactamente con ese collar Quistis? – y la mirada de Seifer se le antojó fría tras los ojos verdes. Es evidente que cazaba las cosas al vuelo. 'Antes era más tonto'O puede que últimamente la conociera más. La tensión del cuerpo de Quistis solo hizo que frunciera el ceño. – Ya veo, encima es importante.

- Seifer, no empecemos de nuevo. Por favor.

- Squall lo sabe, no? – Giraron, aunque a una velocidad un tanto inusitada para un baile. Era evidente que el silencio de Quistis no le estaba gustando nada. - ¿Cuántos más? ¿Todo el puto Jardín excepto yo?

- ¿Alguna vez has pensado qué no todo gira alrededor tuyo? – y la expresión de Quistis fue de una angustia sobrehumana, como si al ser descubierta ya no pudiera seguir cargando con la fachada.

- Es evidente que no, pues no hago más que girar a TÚ alrededor. Haciendo de pringado llevanovias a un baile, siendo el último de enterarse de todo… - calló de golpe al leer la cara de la rubia, como si no pudiera esperarse semejante expresión. – Hyne bendito, ¿QUÉ COÑO pasa con ese collar?

Quistis tuvo un acceso de sangre fría al ver que la voz de Seifer empezaba a llegar a más oídos de los necesarios. Era inevitable llamar la atención siendo quienes eran, pero lo que allí se trataba era información altamente secreta. Y Seifer acabaría por despertar los rumores equivocados.

'Enderézalos entonces'

La mano enguantada reptó hasta la nuca del SeeD y lo obligó a inclinarse. Era evidente que no se esperaba que Quistis se pusiera a besarlo en medio de una pista de baile. Y mucho menos de manera tan abandonada. Si no hubiera perdido casi toda su vergüenza, Seifer se habría sonrojado por la manera en que ella tomó su cintura y lo pegó a ella.'Ostia, me estoy perdiendo.'

No entendía nada. ¿Era algún tipo de estrategia de distracción por su parte? ' Normalmente eso suele ser una batalla dialectal, no un morreo en toda regla.'Fuera lo que fuera, era casi imposible concentrarse del todo con todos los chillidos ahogados y el aumento considerable del volumen de las voces allí congregadas. Estaban dando un señor espectáculo.

La SeeD le mordió el labio inferior con más fuerza de la normal, casi como un castigo, antes de pegarse a él y acercar la boca a su oído.

- Llévame a mi habitación Seifer. – y ahí si que ya dejo de entenderlo todo. Lo había dicho lo suficientemente fuerte como para que los oyera media sala, tal y como tenían los oídos dirigidos. Estaba claro que se trataba de un ardid.

- Dime que tienes café para invitarme.

- El suficiente para mantenerte despierto toda la noche.

Ah, sí. Con eso darían que hablar hasta el fin de los tiempos. No pudo evitar una mirada hacia el rincón de los Trepies mientras Quistis se lo llevaba casi a rastras. Vio que un par se habían medio desmayado de la indignación. 'Aaaah, me esperan años de disfrute sin igual.'pensó, malévolo.

Salieron de la sala de baile con un par de risitas bien ensayadas, que pronto cambió en una mueca de advertencia por parte de Quistis. Estaba tan acostumbrado a su perfecta capacidad teatral que casi no se sorprendió.

- ¿Alguna vez conseguiré que no te pongas a hablar de información clasificada a gritos? – fue el tajante comentario 'Fue bonito mientras duró'pensó Seifer al ver la expresión adusta de la SeeD.

Afortunadamente, en los pasillos exteriores no había casi nadie, y solo hizo falta cruzar unos cuantos más para encontrarse en completa soledad.

- A mi me gustaría que dejaras de usar mi cuerpo para tus tejemanejes. Estoy empezando a sentirme hombre objeto, sabes?

- Oh, no me digas. – dijo ella, rodando los ojos. – Cualquiera diría que no vas buscando uno de tus famosos revolcones, aunque sea en medio de una pista de baile.

Sorprendentemente, el ataque directo no molestó a Seifer. Comprendió enseguida que era lo que se proponía al pegar de forma tan poco sutil en uno de los muchos puntos en los que chocaban. El hecho de que lo hiciera de forma tan agresiva solo hizo que reforzar su opinión de que Quistis realmente no quería contarle nada.

- ¿Cambiando de tema con un ataque Trepe? Pensaba que habíamos dejado el parvulario hacia tiempo.

Quistis se enderezó, estudiando a Seifer mientras las piezas de una expresión comedida encajaban en su rostro. Dejó escapar el aire lentamente, como ordenando sus pensamientos en el proceso.

- Has de saber que si no quería decírtelo era porque quería sortear lo que fuera que tuviéramos primero. – su voz era totalmente átona. – No quería que esto interfiriera, y te aseguro que lo habría hecho.

- Conmovedor. – le cortó Seifer, con una mirada tajante y alerta. No iba a dejarla irse por las ramas. – El collar.

"¿Dejarás que un hombre como ese esté a tu lado Quistis?"Las palabras de Zell reverberaron en su mente como bolas de billar en una carambola. Sin embargo, le sorprendió que la respuesta se le apareciera, en ese momento, tan clara y sin ambages.

'Sí'


CONTINUARÁ…


Notas:Tenía tantas tantísimas ganas de hacer esta parte, todas y cada una de las escenas de este capítulo. Como la vez con Selphie, ha sido interesante usar a Zell, un personaje que más bien parece un alivio cómico, como base para un poco de introspección. Y no hablemos del nuevo juguete que ha encontrado Seifer, a partir de ahora será el terror de los Trepies XD

La alusión a los fuegos artificiales es culpa de jheans y su Teh Box, que para mí ya es canon dentro del universo de MeJ. ¡No dejéis de leerlo!