NARRADOR (AKANE)

Se oían truenos. Una gran tormenta había empezado a caer y la lluvia mojaba las calles. El olor a humedad me recordaba a una tarde de verano en la que no te esperas una chaparrada. Alguien me llevaba a cuestas, mis manos completamente frías llegaban a palpar los hombros de una persona. Por su forma y fuerza, era claramente un hombre. Me sujetaba mientras corría sin parar, con la respiración entre cortada.

"¡Maldición! ¿Dónde está esa ambulancia?" La voz de Shin-sama me tranquilizó.

"¡Y yo que sé, la llamé hace ya media hora!"

Intenté recordar lo sucedido antes de desmayarme y entendí que la persona que corría a nuestro lado era Kirino-sempai. Mis ojos querían volver a cerrarse, parecía que lo que respiré de aquel pañuelo todavía tenía efecto en mi cuerpo. No quería volver a dormir, tenía mucho frío y sentía que si cerraba los ojos no los volvería a abrir.

"¡Shindou! Vamos al colegio, seguro que allí podremos resguardarnos y esperar en sitio cálido. Akane podrá descansar, si nos quedamos fuera cogerá una pulmonía." Dicho y hecho. Shin-sama cambió de dirección y nos adentramos en la escuela. Poco después, me tumbó en la cama de la enfermería y encendieron las calefacciones, no sé como.

"Con esto debería bastar…" Dijo Kirino quitándose la chaqueta que estaba completamente mojada. Shin-sama hizo lo mismo y las dejaron cerca del calor colgadas en una silla.

"Shindou, quítale la ropa."

"¿Qué?" Gritó él asustado por la propuesta de su amigo.

"Si la dejas con el cuerpo mojado no arreglaremos nada…" Shin-sama no parecía muy convencido. Sinceramente, no quería que me quitase la ropa, no en esa situación y con Kirino-sempai delante. Pero por otra parte, no podía evitar pensar en ello. Al menos, mis imaginaciones valdrían para coger calor esta vez.

"No creo que quieras que lo haga yo…"

"No serías capaz…"

Kirino-sempai se movió hacia mí desafiante, pero Shin-sama lo detuvo y le empujó hasta la puerta.

"Ya entendí, ya entendí. Tu solo llama a los demás y contacta con esa maldita ambulancia."

Cerró la puerta y la enfermería se lleno de tensión y nerviosismo. Cerré mis ojos o lo poco que lograba mantener abierto de ellos. Escuché los pasos de él y noté cómo me levantaba suavemente para quitarme los zapatos y calcetines. Luego, fue el turno de la chaqueta y cuando pensé que acabaría desnuda de verdad, paró.

"No puedo hacerlo…" Susurró.

Yo sonreí aliviada.

Me secó con una toalla de la enfermería e intento secar mi falda y camisa con cuidado sin tocar partes comprometidas. Después, me tumbó de vuelta en la camilla y me tapó con un par de sabanas calentitas.

"Espero que no tengas nada grave, tus mejillas están ardiendo." Tocó mi frente con su mano y la volvió a quitar lentamente. "No parece que te haya subido la fiebre, pero será mejor que lo tenga controlado hasta que vengan a por ti." Se sentó a mi lado y me tocó una mejilla con cuidado de no despertarme, aunque ya lo estaba. Cómo desearía pode decirle algo ahora, pero mi cuerpo me pedía descansar.

De verdad, ¿por qué tenía que pasarme algo con esto en este momento? Así no puedo pensar que lo que he vivido sea una mala experiencia… No del todo.


NARRADOR (KIRINO)

Llamé un par de veces más al hospital, pero nadie me contestaba. Cambié de hospital tres veces y al no cogerme, llamé a mis padres desesperado para pedir el número de algún médico privado. No hubo suerte, era como si todo el mundo hubiese desaparecido de repente.

Resignado, llamé al entrenador Kidou. No tuve que preguntar su número, Shindou tenía el número de todos guardado en la memoria del teléfono. Era la ventaja de haber sido capitán del equipo.

El teléfono sonó dos veces antes de que me cogiesen.

"¿Shindou?" Gracias a dios.

"¡No!, soy Kirino." Se oyó un suspiró por la otra línea.

"Kirino, escucha…"

"¡Espera! Entrenador Akane está mal, he intentado llamar a un montón de hospitales y nadie me coge, ni siquiera mis padres. Shindou y yo la hemos traído a al enfermería de la escuela, pero… ¡No entiendo nada! ¿Por qué nadie contesta? Además, en las calles camino al colegio no había nadie."

"¡Tranquilízate Kirino!" Callé dándome cuenta de lo nervioso e irritable que estaba. Tenía que pensar, dejar la cabeza en blanco y calmarme. "Atiéndeme, Endou, Haruna y yo estamos en el colegio también. Estamos en la sede del club, ahora vamos no so mováis."

"¡Déjame hablar con él!"Oí la voz del entrenador Endou por detrás. El entrenador Kidou le pasó el teléfono móvil a Endou.

"Kirino, llama a todos los del club, las gerentes incluidas. ¡Tenemos una reunión de emergencia!" El entrenador sonaba decidido, aunque pude notar su miedo en algún momento de la conversación.

"Entendido." Corté y me apresuré a llamar a todos, que por suerte cogieron. La mayoría daban gracias por escuchar mi voz y las indicaciones del entrenador. Otros gritaban nada más cogerme diciéndome que sus familiares habían desparecido por arte de magia. ¿Qué estaba pasando?


Ya tan solo me quedaba un nombre en la agenda al que no había llamado, Kariya Masaki. Tenía miedo de hacerlo, miedo de que no me contestase y de no poder hablar con él. Era la primera vez que me sentía tan asustado.

Toqué el nombre en la pantalla y llamé con esperanzas de que me cogiese. Sonó una vez, dos veces, tres veces, cuatro veces y ya empezaba a entrar en pánico... "¿Shindou-sempai? No estoy de humor." Por una vez, me alegre al escuchar su voz.

"¡Kariya!" Él dejó de hablar tan rápido como escuchó mi voz. Estaba claro que le sorprendí, no me extrañó para nada. Desde aquel abrazo no habíamos mantenido una conversación, ni una mirada inocente o una broma estúpida de las suyas.

"¿Kirino? ¡¿Sempai?!" Preguntó tropezándose con sus palabras.

"Escucha, no tengo tiempo de explicártelo, ¡tienes que venir al colegio, el entrenador Endou ha convocado una reunión de emergencia y Akane está muy mal!" Grité.

"¡Cálmate, más despacio! No puedo entender nada de lo que dices." Me había acelerado al intentar explicarle las cosas, no por la situación, era por otra cosa. ¿Felicidad? Quizá… Estaba verdaderamente feliz, de oír su voz.

"En todo caso, si no apareces ya aquí me aseguraré de contarle a todo el mundo que tienes una parte sensible." Le advertí.

"¡Ni se te ocurra, ya estoy llegando!" Se oyeron ruidos y golpes en el otro lado de la línea. Espero que no se le haya roto nada importante o tendrá una buena bronca a su vuelta. Al menos, había entendido la gravedad del asunto.

"¡Kariya!"

"¡Sí, sí, ya voy!" Exclamó él.

"Ten cuidado…"

"¿Eh?" Colgué.

Dejé mi cuerpo caer en el suelo arrastrando mi espalda contra la pared. Guardé el teléfono y me quedé allí sentado esperando a nada. Ni siquiera sabía por qué seguía allí sentado, pero no tenía fuerzas para levantarme. Mis manos temblaban y no era de frío exactamente. Encogí las piernas y cubrí mi cara con mis rodillas. Me sentía sobresaltado y la sensación de felicidad de cuando Kariya me contestó, no se iba.

"Kirino, no me digas que a ti… ¿Te gusta Kariya?"

No quiero admitirlo, pero...

"Puede que sí…"


NARRADOR (SOFI)

"¡Shinsuke, Tenma!" Les llamé desde el otro lado de la calle. Esos dos ya estaban llegando a la puerta del colegio. Parecía que no les importaba mojarse, porque ni siquiera traían un paraguas. Aunque yo estaba igual, mi paraguas salió volando en algún momento del trayecto y estaba mojada de pies a cabeza.

"¿También os ha llevado el viento el paraguas?" Dije al llegar hasta ellos.

"Algo así… A Tenma se le he roto por no hacerme caso."

"Ya te he dicho que si lo llevabas tu, yo me mojaría." Los dos pusieron un puchero y se miraron a los ojos.

"Dejando eso de lado, ¡vamos! ¡El entrenador nos espera!" Hikaru y Kariya aparecieron de la nada y comenzaron a empujarnos literalmente hacia el interior del instituto.

Desde la llamada de Kirino, estaba algo nerviosa. La desaparición de Allara no me ayudó nada, para cuando me quise dar cuenta, su presencia había desaparecido. Fui hasta su habitación y me sorprendí al encontrarme que ninguna de sus cosas estaban allí. Bajé decidida a preguntarles a los demás residentes sobre una mudanza o algo parecido, pero no había nadie. Las únicas dos personas que quedaban en la casa eran la señora Aki y el señor Kogure. No obstante, al preguntarles por Allara se miraron el uno al otro sin poder comprender mis palabras. Entonces, me di cuenta de que algo no andaba bien. Salí a la calle en busca de mi amiga y no la encontré, tampoco había nadie. En un principio, pensé que sería por la tormenta y luego me di cuenta de que no había luces en la mayoría de las casas, los árboles no se movían con el viento y los sonidos no tenían sentido. Si pasaba un coche, tardabas unos minutos en poder oír el motor.

Tenía que ser obra de los superiores, pero no llevaba conmigo el pendiente para poder preguntar. Cuando Allara me explicó lo que realmente era y la forma en la que podían controlarte con él, decidimos que lo mejor sería que yo no lo llevase puesto. Tampoco quisimos destruirlo, sabiendo perfectamente que era nuestra vía de transporte hasta el mundo real. Nunca sabríamos si nos haría falta en un futuro...

Aunque solo era una excusa, para algo como esto. Porque ya sabíamos que en algún momento se pondrían serios.


NARRADOR (AOI)

Tras ir a buscar a los entrenadores, a Shindou-sempai, Kirino-sempai y Akane-chan a la enfermería, entramos en la sede del club, donde normalmente nos reuníamos antes de un partido o para pensar en estrategias o reunir información.

Akane seguía dormida en lo brazos de Shindou, seguro que cuando se lo cuente no me iba a creer. El chico se estaba portando como un verdadero caballero y Midori me echaba miradas señalándomelos cada dos por tres, parecía emocionada por su amiga.

Los entrenadores hablaron entre ellos unos minutos más y nos dio tiempo a saludarnos entre todos y preguntar cosas cómo, ¿estáis bien? ¿Alguien sabe que está pasando? O ¿Para qué nos hemos reunido? Las preguntas iban la mayoría dirigidas a Kirino-sempai que no hacía más que decir que no sabía nada.

Yo estaba horrorizada. Nada más llegar a casa mi madre se esfumó en mis narices. No supe que hacer y hasta que escuche la llamada de Kirino estuve sentada en el sofá de mi casa intentando calmarme. Pensé en llamar a Tenma, pero no quería verle esfumándose a él también.

"Aoi, ¿estás bien?" Hablando del rey de Roma. Su mano tocó la mía suavemente y me miró preocupado.

"Sí, solo estoy nerviosa." Tenma me sonrió.

"Tranquila, todo va a estar bien. Ya lo verás." Típico de Tenma.


El tiempo pasó y los entrenadores al fin se decidieron a hablar. No sentamos en nuestros respectivos sitios y esperamos.

"Chicos…" Comenzó Endou "Ayer por la noche, recibí una llamada."

"¿Una llamada? ¿De quién?" pregunto Hamano-sempai.

"Del entrenador de la Teikoku de la última vez." Contestó Kidou.

"¿Ese entrenador que se metió con usted? Se merecía una lección y se la dimos." Dijo está vez Amagi-sempai.

"Exacto y por eso mismo quiere vengarse." Nadie dijo nada. El entrenador Endou prosiguió con la explicación. "Parece que no hubo manera de meterle en prisión después de lo que hizo. Según Goenji, hizo que la policía desapareciese y aún siguen buscándolos. No sabemos cómo se las ingenió, pero creemos que es mucho más fuerte de lo que dejó ver la última vez."

"¿La policía desapareció?" Pregunté yo muy preocupada. "Pero no es posible que se hayan perdido así como así, tiene que haber un truco."

"¡Pues claro!" gritó Ryoma-sempai "¡Seguro que es para meternos miedo!" Midori le pegó suavemente en la cabeza.

"Si fuese así no estaríamos aquí imbécil." Ryoma-sempai le puso mala cara y dirigió su mirada nuevamente hacia el entrenador.

"¿Qué tiene que ver esa llamada con nosotros?" Cuestionó Shindou-sempai.

"Me pidió que jugásemos un partido o más bien, me lo exigió." Presentía que esta situación se nos iba de las manos.

"Creo que las desapariciones de las personas de la ciudad también se deben a esta propuesta. Es demasiado raro que haya aparecido una tormenta así y la gente ya no esté, de un día para otro." Continuó Haruna-sensei.

"¿Gente desaparecer?" Dudó Kurama. "Quiere decir, ¿al igual que los policías?"

"Yo vi a mi madre desaparecer…" Dije yo y Tenma se giró rápidamente a mirarme. "Es posible que él pueda hacerlo, pero no está presente en el proceso."

"¿Qué quieres decir Aoi?" El entrenador Kidou no llegó a comprender.

"Que cuando mamá desapareció, solo estábamos ella y yo en la casa. Mamá me saludó y para cuando me di cuenta, solo quedaba una niebla que se desvanecía a gran velocidad." Nadie dijo nada, puede que estuviesen asustados o simplemente era una forma de guardar respeto.

"Si Aoi dice la verdad, la forma en la que podremos hacer que vuelvan es ganando el partido." Afirmó el entrenador Endou. "Estoy seguro de que si les ganamos, todo volverá a la normalidad."

"P-pero tiene que haber otra forma que no sea jugar. Además, ¡está claro que es una trampa!" Menciono Hayami-sempai, claramente preocupado.

"No la hay. Algo me dice que no la hay." Anunció esta vez Tenma. Hayami-sempai agachó la cabeza y se escondió detrás de Hamano-sempai cogiéndole de la camisa.

"¿Pero cómo sabremos que son ellos?" preguntó Sofi. "Cómo ha dicho Hayami-sempai es posible que sea una trampa y solo quieran eliminarnos a nosotros también."

"Me juraron que no harían trampas, pero estoy tan convencido como tú de que hay algo que no nos han dicho." Respondió Endou.

"¡Y no sé donde demonios se ha metido Allara! Espero que ella no haya desaparecido." ¿Allara?

"Yo la he visto…" Akane susurró desde los brazos de Shindou-sempai. Tan rápido como este se dio cuenta de que despertaba la dejó sentada en el banco y la ayudó a incorporarse.

¿A quién había visto? ¿Quién es Allara?


He decidido dejar esto aquí, porque se me ha hecho tarde y mañana empiezan las clases. ¡Desearme suerte! Sé que puede que se os haya hecho muy cortito, pero mañana cuando llegue a casa me pondré manos a la obra :D Pienso terminar entre mañana y pasado con el argumento principal y luego solo quedaran los extras.

Que penita… Bueno, ¡nos vemos!