Bienvenidos queridísimos lectores al capítulo veintiuno de mi historia.
Quiero agradecer a todos los que dieron favorito, comentaron y siguen esta historia.
También a aquellos que se interesaron en pedirme permiso para crear una versión de "Leyendo…", a los cuales le digo que espero con ganas sus actualizaciones.
Y por, sobre todo, a los que siguen desde el principio este relato. Quienes lo más seguro me insulten en momentos esporádicos debido a que publico un capítulo nuevo cada un mes más o menos.
No soy dueño de ningún personaje. Eso es trabajo de Rick Riordan.
Capítulo 21: Shape of my Heart
Deslizo parsimoniosamente las yemas de mis dedos por las cubiertas de pelo sedoso. Dejando que el aroma a naturaleza se difunda lentamente a través de mis heridos pulmones, relajando y despejando aquel dolor que sentí hace una hora…o son horas?
Estaba a punto de abrir los ojos, pero escuché una pequeña melodía que reconocí al instante. Tan armoniosa y llena de amor que me permití oírla por unos minutos más. Al menos hasta que una mano pequeña comparada con la mía empezó a correr algunos mechones de pelo que se hallaban en mi rostro, haciéndome cosquillas debido a su cariñoso tratamiento.
-Sé que estás despierto, Perseo- con su joven voz me habló, provocando que la comisura de mis labios atente a subir.
Abrí mis ojos, captando la bella silueta de Artemisa, quien me miraba atentamente con sus ojos plateados, recorriendo cada centímetro de mi mandíbula con su dedo índice mientras continuaba tarareando aquella nana que realizaba para Ethan y Zoe.
Pero hay algo extraño en ella…no debería de tratarme así incluso si salve la vida de su hermana en todo menos la sangre. Ella actúa con mucha familiaridad, tanta que me trae nostalgia.
-Tú fiebre está bajando y tu tos ha amainado un poco mientras dormías. Ya he avisado a Thalia y a las demás para que no se preocupen tanto. Necesitas algo, Percy? - …por qué me llama así? Ella solo se refería a mí de esa manera una vez que confesamos nuestros sentimientos…
Hago un esfuerzo por sentarme en la cálida cama de mi esposa, ignorando lo mejor posible las punzadas hirientes en mi pecho, solo para ser ayudado por mi amada. Su mano apoyándose en mi espalda, acomodando hábilmente las almohadas para que esté cómodo.
-Apolo ha estado viniendo a cada hora para ver si podía controlar tu fiebre, todas estábamos muy preocupadas…estabas teniendo un mal sueño? – todas? No comprendo…
-Tu hermano? Dónde está él? – no puedo sentir su presencia en ningún lado.
-Ha ido a buscar más medicamentos mientras llevaba a los niños…te encuentras realmente bien, Percy? Estás volviendo a sudar profusamente- dijo ella, mientras estiraba su mano para correr los oscuros mechones húmedos que tapaban mis ojos.
Los niños? Dijo los niños? Qué está pasando? No entiendo nada…
No me había percatado, pero estaba hiperventilando tan erráticamente que al parecer asuste a Arty. Ella se subió rápidamente a la cama, ubicándose a mi costado, abrazándome.
Empezó a dibujar círculos en mi pecho, susurrando palabras de calma en mi oído para luego besarme en la sien. No comprendo lo que está sucediendo. Es como si todo fuese una maldita broma retorcida…pero el calor y amor de Arty se siente tan real que ya no sé qué pensar.
-Percy! Percy! Maldito seas, Perseo! Reacciona! Has tenido una pesadilla debido a la fiebre! Estoy aquí! – tu calor es real, puedo sentirlo en tus caricias y tus besos. Incluso puedo percibir tu aliento y el perfume de tu pelo, Artemisa.
Me era incomprensible el hecho de que todo este tiempo haya sido solo un producto de mi estado febril. Era como un alivio después de esa pesadilla vívida que he tenido. No puedo evitar esbozar una sonrisa de felicidad mientras me dejaba abrazar por mi esposa mientras sentía como mis ojos picaban.
-Estás aquí…realmente estás aquí…y los niños también…- solo podía murmurar mientras sollozaba en el abrazo de Arty.
-Por qué lloras, amor? Acaso fue esa pesadilla que te hizo sufrir mucho? – tomando mi rostro entre sus manos me preguntó.
No respondo. No me fio actualmente de mi capacidad vocal. Tan solo atino a estirar dolorosamente mis brazos y rodear su delgada cintura, atrayéndola hacia mi enfermizo cuerpo, disfrutando el calor de su piel contra la mía helada.
Sentí como quería alejarse un poco, y un miedo me llenó por dentro, haciendo que con la poca fuerza que poseo en mi estado, la sostuviese vehementemente contra mí. Hundí mi nariz en su pelo, captando su fragancia a flores como las que ella cuidaba en la Isla de Delos.
-Te extrañé, mi amor. Por favor, no dejes que vuelva a dormirme mientras tenga fiebre…no quiero perderte ni a ti, ni a nuestros niños, ni a toda mi familia- si todo aquello fue una maldita pesadilla, entonces la fiebre debe de haber sido mortalmente alta para hacerme alucinar tales hechos dolorosos.
-Pe-Percy…tranquilízate, estoy aquí. Nuestros bebés están acá. Incluso mis hermanas están acá. No sé lo que habrás soñado, pero por favor, deja de temblar estoy contigo y no te dejaré- con su voz melodiosa me tranquilizó, corriendo sus dedos por mi mata de pelo desordenado.
-Sé que tienes trabajo con las niñas en la caza, pero es mucho pedirte que te quedes un rato más a mi lado? – le supliqué mientras me separaba de ella y recostaba en la cama.
Tenía los ojos cerrados, pero no me hacía falta tenerlos abiertos para saber que ella estaba sonriendo plácidamente, para luego golpearme una palmada en la frente livianamente. Fingí retorcerme de dolor por un momento, moviendo mis brazos de un lado al otro, solo para moverlos como serpientes en la maleza, infiltrándose entre los pliegues de las pieles que me tapaban y tomando a mi esposa por la parte posterior de sus rodillas y la parte baja de su espalda.
Un chillido femenino se oyó por un segundo, para que luego lo complemente un pequeño bufido por haber sido engañada…o a lo mejor sabía lo que iba a hacer y se dejó tratar? No lo sé, y nunca me importó, pero si ella mantenía esa brillante risa, yo estaba satisfecho.
Quiero sentir sus labios, realmente lo anhelo. No me es suficiente el calor embriagador de su piel contra la mía. En serio tengo tal deplorable estado físico? Tanto me ha afectado mi enfermedad durante mi sueño? Hay veces que me cuestiono si ellas desean continuar conmigo…
Arty vuelve a golpear mansamente mi frente, adivinando mis pensamientos como siempre lo hace junto a mis otras hermosas esposas.
-Oye! Acabo de despertarme de una horrible pesadilla febril y así me tratas? – amo cuando me retas, pues sé que siempre tienes razón junto a las demás chicas.
-Estabas pensando en tonterías…como siempre- dicho y hecho.
-Así que pensar en lo hermosa que es la mujer que está a mi lado es una tontería ahora? Eso es nuevo para mí…- repliqué juguetonamente, besando su nariz.
Trazó sus delgados dedos por mi pecho desnudo, al mismo tiempo que yo jugaba con su cabello de fuego. Podía oír ordenes de algunas cazadoras mayores a sus compañeras de menor edad, recriminándose entre ellas sobre a quién le tocaba lavar las mudas de ropa.
Ahogué rápidamente la risa que solté, debido a la punzada de dolor en el pecho, provocando que mi hermosa esposa reanudase con los mimos que me otorgaba, haciendo que me relaje.
-Estoy ansioso por ver a todos. No sabes cuánto tiempo pasó para mí mientras deliraba como un loco- años…años de sufrimiento que no se lo desearía a nadie querida…bueno, a los traidores quizás sí.
-No quisimos que los niños viniesen a verte algunos días, estabas llorando y gritando…Queríamos que te despiertes y nos regales una sonrisa tranquilizadora que todas adoramos, pero nos sentíamos tan impotentes al no poder hacer nada para ayudarte…- no. Hicieron bien, no debes avergonzarte querida. No me gusta que los pequeños sufran por mi estado.
-Están junto a mí. Eso es más que suficiente, desde el momento en que conocí a cada una de ustedes, han estado a mi lado. Ya sea física como mentalmente. Sin ustedes me hubiese derrumbado- como lo hice en aquella maldita pesadilla.
Deslizo mi mano de su cabeza en dirección a su espalda, trazando lentamente su columna, provocándole un pequeño escalofrío que me causaba gracia. Extrañaba hacer cosas así con ella. Extraño el aroma de sus cuerpos. El calor que emanan cuando dormimos uno al lado del otro.
Extraño los gritos de felicidad pura que producían nuestros bebés, sus caras regordetas y sus pies rápidos, los cuales me obligaban a perseguirlos alrededor de las habitaciones de nuestro hogar. Incluso cuando gateaban tenían que seguirlos a todos lados, pues según mis amadas, había heredado la búsqueda de problemas de mi parte.
-Arty, mi amor…puedo saber a dónde se dirigen esas escurridizas manos tuyas? – le pregunto a ella con una mirada acerada, haciendo que trague saliva. Amo estas pocas veces en nuestra intimidad, en donde puedo frenarlas antes de hacer algo indebido en el tiempo inadecuado.
-Te extrañé mucho, Percy…además, si Afrodita descubre que ya tienes fuerzas vendrá en menos de un segundo y te raptará- es cierto, pero no puedo negarle el amor que se merece. Después de todo es mi esposa y hace tiempo que quiere un hijo a quien malcriar…palabras de su propia boca.
-…Apolo vendrá en cualquier momento con Ethan y Zoe a cuestas, sin contar que Thalia es capaz de venir con todas las demás si están juntas, así que no es el mejor momento ahora. Además, si me presionas más, puede que tengamos que sellar la tienda y espantar a las niñas- replico lobunamente, volteándola, posicionándome encima de ella mientras su busto apenas rozaba mi pecho.
-Per-Per-Percy, espera, creo que tienes razón- ahora tartamudeas, mi luna? Es hilarante!
-Temes que alguien pueda descubrirnos con las manos en la masa. Eso es bastante gracioso viniendo de la mujer que robó mi castidad en medio de un bosque…atándome a un árbol- sonriendo torcidamente le contesté, gozando de sus mejillas ruborizadas.
Intentó escapar de su posición, solo para bufar y cerrar los ojos. Cuando los abrió, vi que sus facciones habían cambiado apenas. Sus orbes plateadas se oscurecieron unos tonos, junto a su cabello rojo. Sonrió triunfalmente mientras intentó nuevamente hacer fuerza para salir de donde se hallaba, solo para descubrir que yo no pensaba permitirlo.
Sonreí torcidamente, haciendo que su rubor empeore.
-Hola Diana, estás muy hermosa…te extrañé a ti también- no me importa si hay veces en que te peleas con tu parte griega, yo las amo a las dos por igual. Lo mismo va para su hermana y tías.
-Piensas dejar de estar enfermo, Alexander? Y deja de mirarme así, sabes que me gusta llamarte de esa manera. Oye! Te estás acercando demasiado! Oigo ruidos afuera! Alexander! – no importa cuánto grites Diana, me gusta cómo suena mi nombre saliendo de tus labios y ahora quiero comérmelos.
Sabía que Diana estaba diciendo la verdad, podía oír el ruido de pasos corriendo presurosamente hasta la tienda. Pasos pequeños, mientras que uno más grande los seguía desde atrás. Le sonreí a mi esposa de tal manera que ella comprendió lo que quería llevar a cabo, por lo que la abracé y empecé a besar cada milímetro de su rostro. Ubiqué mi cuerpo de tal manera, que quien entrase solo me vería con el rostro tapado por el pelo.
-Mami! Mami! – mis niños entraron gritando a coro, buscando a su madre quien trataba de contener la risa bajo mis besos.
No me hacía falta darme vuelta para saber que se habían quedado de piedra delante de Apolo, viendo como una masa de pelo negro estaba empezando a hacerle cosquillas a su madre. Miré con diversión a Diana, quien me guiñó un ojo y empezó a removerse entre mis caricias.
-Mis bebés! Ayuda, un monstruo me quiere comer! – amor…agradece que aún son pequeños y te creen aunque estés riéndote entre frase y frase.
Quizás se deba a lo largo que me pareció el tiempo en mi pesadilla, pues no recordaba con exactitud que podían tener los pies tan veloces cuando se trataba de rescatar a su madre del "monstruo".
-Deja a nuestra mami! Papi vendrá a castigarte, monstruo malo! – proclamaron Zoe y Ethan, con sus finas voces de niños de cuatro años.
Se me subieron de un solo salto a mi espalda, haciéndome sisear de dolor por lo bajo, pero dejándolo pasar debido a que estaba sumamente acostumbrado a la brusquedad juguetona que poseían. Emití una pequeña risita cuando sus manitas se aferraban a mi cabello y tironeaban con tal de que soltase a su madre.
Diana me miró de una forma que solo significaba más tortura para mí, ya que lo más seguro es que ayudaría a Zoe y Ethan en sus propósitos. Metió sus manos por debajo de la camiseta blanca que estaba utilizando, deslizando hábilmente sus dedos sedosos por mi abdomen y rascándolos con sus uñas, logrando que sucumbiese rápidamente en un revoltijo de risas y sábanas enredadas mientras tenía a tres personas sobre mí.
-AHHH! ES PAPI! MAMI, NOS MENTISTE! – así es mis bebés, mami les mintió! Ahora, atáquenla!
Como si hubiesen oído mi pensamiento, los pequeños me soltaron para moverse rápidamente en dirección a su madre, quien atónita intentó cubrirse con mi cuerpo, recibiendo más tirones de pelo y una que otra mordida en mis brazos.
Diana estaba riéndose sonoramente bajo mi cuerpo delgado, aprovechando para besarme con el simple fin de consolar mis dolencias. Por otra parte, su hermano estaba rodando por el suelo ante la vista, lo que le valió tres almohadazos para que deje de sonar como una hiena.
-Niños…niños! ...YA DEJEN DE MORDERME, REALMENTE DUELE! – dejándome caer como peso muerto sobre mi hermosa esposa, les dije a Ethan y Zoe.
Detuvieron sus ataques furtivos y se sentaron sobre mi espalda, provocando que Diana bufase debido a que estábamos encima de ella, por lo que oculté una sonrisa lobuna entre su pelo de fuego.
Relaje mi cuerpo por un momento, gozando de la situación. El calor de mi esposa debajo de mí. El calor de mis hijos sobre mí. La paz en el aire que me rodeaba como un velo de seda, adormeciendo cada extensión de mi persona. No puedo evitar el hecho de querer hundir aún más mi nariz en el cuello de Diana, aspirando su fragancia natural, mientras que mis manos se mueven hasta mi espalda, tomando las manitos traviesas de mis bebés.
-Oye Apolo, siendo honesto…puedes darnos unos minutos de privacidad? – shu! Vete y lleva tu brillo a tu noviecita la cazadora.
Reanudo mi sesión de relax bajo en encanto de mi luna, solo para percatarme que no escucho ningún ruido que me indique que mi cuñado haya dejado la tienda.
-Ya largo de aquí Apol…- levanto la cabeza para descubrir que él ya no estaba.
Los pliegues que daban al exterior de la tienda se movían lentamente como si un viento suave soplase en ellos, meciéndolos de manera ondulante. Dejando entrever lo que hay afuera.
O, mejor dicho, la falta de cosas…
Negro. Era todo lo que podía ver del exterior. Las solapas de la entrada de la tienda se mecían y solamente dejaban ver un vacío oscuro. Sin ningún sonido reproducible, ni una imagen que demuestre la vida que puede existir más allá de la tienda de campamento.
Me había despertado de una larga pesadilla, no? Entonces…por qué no puedo percibir lo que está pasando?
Volteo mi cabeza rápidamente en dirección a mi esposa, tratando de ahogar aquella corazonada que está matando mi pecho. La respiración se agita y mi vista entra a nublarse. Siento el sudor formándose en mi frente una vez más y el aliento caliente de mi boca escapándose al exterior, formando una nube de vapor que se diluye rápidamente.
Mi luna tenía los ojos cerrados y una sonrisa parsimoniosa en su delicado rostro. Corría mis dedos por su frente, alejando unos mechones. Pero después de haber hecho eso no pude reprimir un escalofrío al sentir que su piel estaba helada.
Sentí algo cálido humedeciendo mi pecho, al mismo tiempo que algo helado pesaba en mi espalda. Cerré los ojos fuertemente mientras lágrimas empezaban a formarse, escurriéndose por las comisuras de a poco, mojando como el principio de una llovizna la dormida forma de mi amada.
Traté con sumo cuidado los pequeños cuerpos de mis bebés, borrando en vano las diminutas manchas que mi tristeza dejaba en ellos. Sus lacios cabellos rojos con tintes azabaches hacían cosquillas entre mis falanges, depositando besos en sus frentes para luego ubicarlos a cada lado de Diana. Una flor carmesí se había aparecido en las plateadas ropas de ella, dándole el aspecto angelical más bello y triste que he tenido el asqueroso placer de ver por segunda vez en mi vida.
Duermen tranquilamente. Sin saber que son producto de mi fiebre. Lloro una vez más desconsoladamente. No me es fácil perder nuevamente a mi familia, aunque sea en un sueño. El sentimiento es desgarrador, cerrando mi garganta en el trayecto, inundando mi boca en un sabor metálico.
-…seo-
Clavo mis uñas en los antebrazos, rasgando insensiblemente la carne, dejando que fluya mi vida para poder dormir junto a ellos.
-…erta…seo-
Mis cuerdas vocales arden como si un fuego eterno estuviese quemándose morbosamente sobre ellas. Liberando un rugido de pena, sin importarme si alguien en algún lugar de esta vasta existencia pueda escucharme.
-…cy…dilla…erta-
El corazón se me detiene ante la vista de su sueño. Los pulmones se colapsan de sangre, saliendo a borbotones por mi boca. Siento mi cuerpo cansado y sucio, con el cabello largo y despeinado, en complemento con la debilidad de mis músculos.
-…vor…cy…erta…mí-
Definitivamente le tengo miedo a las pesadillas.
-POR FAVOR PERCY, DESPIERTA! POR MÍ! – estás llorando Arty? Incluso si ahora estoy realmente despierto sigo causando dolor en ustedes…
Sus ojos rojos se complementan con los plateados, dándole un aspecto que no me gusta a menos que hayan sido provocados por una situación feliz. El tono de voz desesperado llena mis cavidades auditivas, haciendo que me odie aún más por dejar que se ponga triste.
No presto demasiada atención a las palabras en sí, dejo que se desahogue mientras su cabello de fuego roce mi cara, la cual debe de estar blanca como la nieve que oigo caer afuera de la tienda de campiña.
Estiro mi mano izquierda hasta su mejilla derecha, borrando las marcas de lágrimas provocadas por mi culpa. Por qué llora por mí en esta época? No he hecho nada importante como para que cambie su forma de mirar a los hombres, solo sonreírle cada noche y darle galletas que tanto ama…
Un mechón pelirrojo se desprende desde atrás de su oreja, cayendo hasta mis labios. Deslizo mis dedos por la fina línea roja, tomándola al final y besándola, lo que provoca un sonrojo en la cara de mi luna.
-Lo siento…no era mi intención hacerte llorar…ni a ninguna de las demás- sé que Thals y Bianca se deben de haber preocupado…desearía que Zoe no despreciase mi persona solamente.
-No te disculpas solo por eso verdad? – no…
La miro fijamente por unos diez segundos, para luego voltear la cabeza y ver a través de la entrada a la carpa unas cinco cabezas asomándose con nieve cubriéndoles todo el cuerpo.
-El color plata realmente le sienta bien a Bianca- realza aún más su belleza angelical.
-Es ahora una de mis cazadoras. Te molesta? – no tienes que preguntarlo con un tono borde, amada…son sus decisiones, y si eso las hace felices, entonces yo también lo soy.
-De ninguna manera. Me pone alegre que encuentre un lugar a donde se sienta querida…me imagino que la dejarás ver a su hermano, no? Después de todo, aún es muy joven e inocente- es un niño. Nico se ve extraño con esa pequeña sonrisa pegada en su cara.
-Discutieron un rato, pero parece que se amigaron al cabo de un rato…debido a ti. Cómo te sientes? – como la mierda…
-Bien, ahora me levantaré de lo que creo que es, tu cama. Por cierto, también me alegra que aún conserves los peluches y la piel que te regalé- le dije, sonriendo suavemente mientras reía levemente en mi cabeza al ver como luchaba para no lucir avergonzada.
Me apiado de ella y procedo a levantarme de la cama de mi esposa, agradeciendo por lo bajo que nadie me ha quitado la ropa y ver mi pecho. Eso habría sido un tanto difícil de explicar.
Poniéndome el calzado que llevaba y la campera, camino hasta la mochila con un poco de dificultad, resintiéndome de las punzadas fantasmas que sufren mis pulmones, y saco una pequeña bolsa que había preparado en la mañana antes de salir de casa.
Sin pronunciar palabra alguna, me acerco a Arty y tomo su mano, obviando algún que otro grito de resignación de la gente que se ha reunido a espiarnos, depositando el paquete que ella mira con un brillo de glotonería adorable.
Su mano está caliente…no como en mi pesadilla.
Alcé la cabeza, viendo la nieve caer a un ritmo pausado sobre mí. Había calmado durante casi una hora los nervios de Thals y Grover, para luego mandar a este último a jugar con Nico a las cartas mientras me senté un rato en un tocón viendo como las niñas platicaban alrededor de una fogata improvisada, enviando miradas flagrantes a donde estaba…cosa que Thalia intentaba contraatacar con un brillo eléctrico malicioso en los suyos.
-Deja de contrariarlas, querida. Es natural para ellas que me miren con precaución- aunque me duela un poco ahora, recordando que cuidaba de ellas en la línea temporal anterior.
-Pero me molesta! Juro que voy a electrocutarlas si nos siguen mirando por los siguientes cinco minutos! – ya, ya, cálmate o te saldrán una úlcera…
Toso un poco, desviando mi cara para no mostrar sangre en caso de que escupa. Escucho un pequeño crujido de hojas detrás de unos pinos y no puedo evitar formar una sonrisa tranquila al ver que unas pequeñas cazadoras estaban espiándonos desde su lugar secreto, por lo que las saludo, cosa que las espantó y fueron a buscar refugio en la noviecita de Apolo quien aprovechó para fulminarme con la vista.
-Podrías terminar de toser muchacho? Es molesto…- quisiera poder complacerte Zoe, pero me es difícil. Lo siento.
-No fue mi intención, discúlpeme Srta. Nightshade. Perdone mi intromisión, pero no sufrió ningún percance durante la caída? – sé que como mucho tendrás un leve moretón, pero solo quiero estar seguro de tu salud.
Su piel se oscureció un poco, lo que me sorprendió. Siempre me pareció una joven bella y con una actitud envidiable, fue una lástima que me hubiese dejado cegar por las manipulaciones de esa traidora…de no haberlo hecho, tantas cosas serían distintas.
-Solo una pequeña marca que me dejó la Mantícora, y tú muchacho? Te desmayaste luego de evitar que ese monstruo me mate- Geez…perdón por hacer eso, no lo hice adrede para molestarlas…
-Estoy enfermo, es todo. Hice un sobreesfuerzo y el cuerpo me pasó factura. Lo siento si hice que se asustaran- respondí tanto para mis dos cazadoras como para Bianca y Arty que estaban escuchando a lo lejos, creyendo que no sabía que estaban ocultas.
Al menos mi enfermedad logró que ellas no peleasen tanto…quien lo pensaría.
-Hmp! – je! Te ves linda cuando finges que algo tiene poca importancia.
-Presumida insoportable…- murmuró por lo bajo Thals, por lo que tuve que morderme la lengua para no reírme de sus peleas. Como si no le bastase el discutir con Clar y Tia durante las primeras semanas luego de que despertase.
-Cómo me has llam…? – vamos Zoe, no empieces tú también…
-Paren de discutir y enfoquémonos en algo mucho más importante…díganme que Nico no ha estado en ese estado eufórico desde que me desmayé? – de seguro que casi vuelve loca a la mitad de las niñas con sus preguntas.
-Eufórico? Prácticamente estaba arrojando preguntas a cuanta persona se le cruzaba…de no ser porque despertaste, mi señora lo hubiese transformado en un Jackalope- conociéndola, no lo dudaría. Aunque en mi tiempo, solo lo hacía como castigo y luego les regresaba su forma humana.
Introduje mi mano en la mochila que cargaba, sacando los elementos necesarios de lo que recordaba de la vez anterior para un caso como este. Ellas miraban con suma atención a la bolsa negra de consorcio y la larga soga que ahora acarreaba.
-Siempre podemos decir que de alguna manera logró caer dentro de una bolsa, que se cerró y rodó hasta donde los lobos estaban rondando en busca de comida, no? – no dejaría que lo coman, pero que lo mastiquen un buen rato…
Por un momento pensé que las había roto, pero inmediatamente empezaron a reírse, subiendo el volumen lo que atrajo la atención de todos. Las más pequeñas empezaron a preguntarme, olvidando el temor que alguna vez aquellos bastardos les hicieron sufrir, para posteriormente unirse a Zoe y Thals.
Bianca trató de enfadarse, pero al cabo de un rato terminó rindiéndose mientras que Nico, quien oyó lo que había propuesto, estaba haciendo pucheros que Will hubiese declarado, con sus propias palabras, adorable.
Arty trata de ocultar su sonrisa tras su mano, intentando fruncir su ceño cada vez que la veo, pero sucumbiendo ante la contagiosa actitud de sus cazadoras, quienes la rodeaban y proponían que de alguna forma me convierta en una mujer pues mis ideas eran brillantes para ellas. Decir que palidecí ante la idea misma es un eufemismo, prácticamente me había mimetizado con el suelo níveo.
Estaba tratando de controlar mis bostezos y las veces que tosía delante de alguien, no quería generar ninguna preocupación, incluso si las niñas detestasen la presencia masculina podía ver en sus ojos que mi situación las había puesto alerta.
Atravesé silenciosamente el bosque, buscando un poco de serenidad tanto para mi cuerpo como para mi mente. No podía quitarme de la cabeza los rostros dormidos de mis bebés, así como el de Diana. Me temblaban los dedos de las manos al recordar la helada piel contra la cálida sangre.
Deseaba que el suelo me devorase, para así poder hacer compañía a mi familia, pero necesitaba despertarme y batallar este destino que voy a intercambiar.
El sol empezaba a filtrar sus rayos entre las ramas de los pinos, calentando mi rostro en secciones y convirtiendo la nieve depositada en mis hombros a su forma líquida. Llevé mi mano hasta mi pecho, masajeando sobre la ropa para tratar de amenizar el dolor…al menos hasta que Apolo deje de jugar a las escondidas y se decida a salir de atrás del pino que tengo a mi derecha.
-Eres tan disimulado como un elefante en una cristalería…- en serio, ya sal.
-Qué me delató? – eres una maldita luciérnaga con forma humana…cualquiera se hubiese percatado de tu presencia.
-La forma maravillosa con la que recitas tus haikus por lo bajo-
-Lo sabía! Sabía que te gustaban mis poesías! – si…supongamos.
Cabeceo cansinamente, corriendo las motas de nieve que aún estaban enganchadas a mi pelo tal como lucía Zoe antes de desmayarme. Me hubiese gustado poder sentir su cabello en mis dedos…
-Arty me dijo que te habías desmayado…en un mensaje iris…donde todos lo oyeron-
…Creo que voy a tener un dolor de cabeza, gracias por preocuparte querida pero ahora voy a tener a mi padre y tres mujeres más preocupadas por mi salud. Y pensar que quería mantenerlo en secreto.
-Geez…si te preguntan, solo diles que tuve una recaída debido a que estoy enfermo solamente- lo cual no es mentira, tan solo una verdad a medias.
-Cómo te encuentras realmente? – fantástico, tengo fuerzas como para correr siete maratones seguidas.
-Como miel sobre hojuelas-
-…Ya deja el sarcasmo y dime la verdad- menudo sentido del humor cuñado.
-Tengo ganas de desgarrarme el pecho con mis propias uñas para así tener un poco de alivio ante tanto dolor- es horrible la sensación.
-Tenías que ser tan brusco? – nada te viene bien, verdad?
-Tú preguntaste, así que nada de quejas. Suficiente tengo con que Zoe me asesinaba cinco veces en su mente antes de parpadear…juro que cuando vea al bastardo que la lastimó, lo descuartizo lentamente- y luego lo prendo fuego. Nadie lastima a mis amadas.
-No creo que sea para tanto- tú no viste su cara.
-Se enojó cuando tosí…así que imagínate cuanto esfuerzo he estado haciendo para no generar problemas desde que me echó en cara algo de lo que no la puedo culpar pues no se lo he contado a nadie excepto a ti- y tampoco es como su fuese de mi agrado ir tosiendo y dejando mis pulmones por la vía de la vida.
-Con el tiempo se dará cuenta que no lo haces adrede…espero, después de todo, ella no ve con muy buenos ojos a los hombres luego de lo de Hérc…- comenzó a decir Apolo, solo para que lo interrumpa bruscamente.
-No pronuncies su nombre por favor. El simple hecho de saber que aún está por allí vivo me pone más enfermo. En fin, por qué estás aquí conmigo y no con tu noviecita? – debe de estar esperando con ansias la llegada de su amor secreto.
Apolo se ruborizó un poco, volviendo a la normalidad luego de cinco segundos, lo que fue demasiado tarde para él pues había sacado la cámara que siempre cargo encima y le tomé una foto para el recuerdo. Hasta podría vendérselas a Hermes para futuro chantaje…me pregunto cuántos Dracmas sería capaz de pagar ella para tener la foto de su amorío?
-Dame esa cámara, Perseo- Ohhh! Me llamó por mi nombre, que miedo!
-Qué cámara? Estás bien Apolo? Acaso tienes fiebre? – empecé a mofarme a costa suya, cosa que siempre hacía junto a Arty antes de venir aquí.
Los pulmones me dolían a causa de la risa que me provocó el dios del sol tras arrojarse encima de mí, hurgando en los bolsillos de mi campera y pantalones. Estaba tan concentrado en buscar la cámara que no se dio cuenta cuando su hermana, junto a los demás cazadoras, amigos y novias/amores/esposas, llegaron. Dándome tiempo a poner una cara de susto y súplica, en compañía a los ojitos de foca que según Piper, siempre funcionaban.
Artemisa, Zoe, Bianca y curiosamente Thalia, empezaron a disparar flechas en dirección al dios que estaba sobre mí, quien huyó despavorido cuando al menos tres de esas cuatro flechas rozaron sus pelotas.
Incluso tuvo que resguardarse tras mi espalda cuando las más pequeñas empezaron a tirar bolas de nieve que terminaba derritiéndose antes de tocarlo.
Esbocé una sonrisa suave ante tal sentimiento de familiaridad, borrando poco a poco aquellas imágenes que inundaban cada resquicio de mi cabeza luego de despertarme de aquella infernal fiebre.
Mi pecho empezó a doler de nuevo cuando fui abrazado férreamente por mi esposa y mi ángel, lo que le valió un bufido de sus compañeras y…unas miradas de celos por parte de Arty y Zoe? Tan solo agradezco a Caos que puedo fingir tranquilidad en momentos como estos para no asustarlas.
Apolo había transformado su automóvil en un autobús escolar y no pude esconder la mueca de disgusto ante el recuerdo que tenía de esa cosa. Definitivamente tendría que ayudar a Thals a manejarlo o volvería a incendiar un estado.
Me había agotado el ver a Nico rebotar de un lado al otro, haciendo preguntas, algunas coherentes y otras incómodas. Bianca por momentos ocultaba su rostro con su gorra, tratando de esconder sus mejillas rojas mientras se posicionaba a mi costado inconscientemente. Grover parecía que había pasado por un maratón, pues se lo veía sumamente agotado de tanto llevarle la corriente al pequeño hijo de tío H.
Thalia seguía a mi lado, sosteniendo mi mano con fuerza, asegurándose de que no me desmaye o empiece a sufrir un ataque de tos. Masajeaba con su pulgar el dorso de mi mano, nuestras falanges entrecruzadas me permitían percibir el calor que ella emitía en conjunto a aquellas sensaciones de estática que siempre producía cuando estaba en un estado de ánimo agradable.
Tracé mis dedos sobre mi pecho, masajeando levemente para aliviar el dolor fantasma que aún tenía luego de comer un poco de ambrosia que Apolo me dio. Sabía que a Zoe le era una molestia mi presencia entre sus hermanas en esta época, y el simple hecho de estar enfermo no ayudaba mucho cuando las más pequeñas se me acercaban y me preguntaban por mi estado. Quería reír cuando la veía de reojo y su cara se ponía roja al momento de despeinar a las pequeñas mientras les sonreía suavemente.
-Venga. Todos, arriba- ordenó Apolo, intentando ayudar a las cazadoras con sus mochilas solo para ser recibido con gruñidos.
Zoe le dirigió una mirada asesina al dios cuando vio que trató de agarrar su mochila, pero se tranquilizó rápidamente cuando deposité una mano en su hombro derecho y le dije:
-Por favor Srta. Nightshade, permítame cargar su mochila a modo de disculpa- al menos déjame demostrarte que no soy como esa escoria que te hirió.
Oí el mascullar de Thals, lo que me hizo suspirar pues lo más seguro es que cuando llegue al campamento, no solo sea apropiado por las chicas, sino que empezarán a hacerme un interrogatorio con respecto a por qué estoy siendo cordial con alguien que detesta a cualquier macho que esté a dos mil metros de su posición.
-Yo…gracias por el ofrecimiento, muchacho. Pero no debes de esforzarte demasiado. Deja que yo haga ese trabajo- sé que te lo he dicho muchas veces en la noche, pero no me canso de repetirlo en mi mente…tienes una sonrisa preciosa.
Le devolví la mueca, soltando su cálido hombro y viendo como en su cara se dibujaba una muestra de disgusto por mi acción. No debió haber hecho eso, tan solo hará que la abrace y la bese aquí mismo.
Sentí como mi mano derecha estaba siendo estrujada, lo que me hizo pensar por un momento a aquellos sucesos donde mis esposas estaban dando a luz y mi pobre extremidad se debía sacrificar para calmar sus dolores.
-Sucede algo, mi amor? – duele, duele, duele!
-Eh? Oh, nada! Tan solo estaba viendo como coqueteabas con esa mujer- adoro cuando se ponen celosas…al menos cuando yo no sufro ningún percance de por medio.
-No estaba coqueteando, Thals. Tan solo estaba siendo cordial. No soy alguien que vaya a tratar mal a una dama solo porque ella actúa de "x" manera. Todo tiene un origen, y la mejor forma de superarlo es con ayuda, aunque no sea pedida- le explico a mi esposa. No me gusta ver que se peleen, ya que se ponen tristes y hasta hay veces que me obligan a elegir un bando, lo cual me es imposible. Las amo a todas por igual.
-Hmp! Lo que tú digas…- vamos, si sigo viendo ese puchero en los próximos cinco segundos te besaré delante de todos.
Tiré suavemente de su mano, haciendo que su cuerpo se balancee hacia mí, lo cual aproveché para depositar un casto beso y empujarla en dirección al autobús mientras mantenía una sonrisa boba en su pecosa cara.
Vi con diversión como cada uno de mis amigos y amadas subían al vehículo, hasta que finalmente quedábamos Arty, su hermano y yo. Masajeé el puente de mi nariz al escucharlos discutir, por parte quería reír ante las simplezas por las que discutían, por otra parte quería ordenar a Apolo a que suba a su carro y que me deje a solas con mi esposa que no me conoce bien en esta época.
-Hermanito. No pretendas echarles una mano a mis cazadoras. No las mires, no les hables, no coquetees con ellas. Y, sobre todo, no las llames "cariño"- puede que te haga casos, pero hay al menos una de esas chicas que él no te obedecerá.
Apolo extendió las palmas.
-Perdón. Se me había olvidado. Oye…y tú adónde vas? – a un lugar que odio con todo mi ser.
-De cacería. No es cosa tuya- si lo es querida, es tu hermano y yo tu esposo.
Viendo en retrospectiva lo que estoy a punto de hacer, hubiese deseado morderme la lengua…
-No quiero que vayas- solté en un susurro, llamando la atención de los dos que tenía delante.
-Perdón? Acaso me estás ordenando, muchacho? – por qué el desprecio? Qué he hecho para que me hables así? Es debido a que te fallé y a nuestros hijos?
-Lo-lo siento…no era mi intención decirlo en voz alta- quizás no pueda recibir el perdón de todas ustedes por lo que veo…quizás tú y Zoe me odien por representar a aquello que las lastimó.
El mundo se me ponía difuso y sentía como mi cuerpo transpiraba a pesar del frío clima. Mi respiración se agitaba y el pecho empezaba a darme punzadas cada vez más notorias. La boca me sabía a sangre, y con todo mi esfuerzo trataba de no toser.
Tan perdido estaba en mi dolor, que no sentí en un principio la pequeña y suave mano que se reposó en mi frente. Estaba tan fresca que no pude resistirme a gemir de alivio. Cuando levanté la vista, no pude sentirme más avergonzado pues Artemisa estaba frente a mí mirándome con preocupación.
-Por qué no quieres que vaya, Perseo? – por qué me hablas con suavidad? Me siento confundido y la fiebre no me haya a ordenar coherentemente mis pensamientos.
Desearía poder decirle que Atlas y Castellan la raptarían para obligarla a sostener el cielo. Desearía poder abrazarla y nunca soltarla. Desearía poder besarla y pedirle perdón por todas las veces que la hacía enojar. Desearía poder decirle que la amo.
-Siento que algo malo pasará…y no quiero verte lastimada- sufro cuando las veo a ti y a las demás heridas.
Sus mejillas se tornan unos tonos más brillantes, lo que hizo que Apolo se muerda la lengua para no reírse y ser sacrificado por su hermana. Sentí que estaba a punto de retirar su mano de mi frente, por lo que tan solo deposité una fracción de mi peso en ella, haciendo que deba sostenerme. No quiero dejar de sentir su amor.
Me relajé profundamente al sentir sus dedos finos masajeando mi pelo, solo para gemir de tristeza cuando finalmente quitó su mano. Aún podía oler el chocolate de las galletas que le había dado antes y lo más seguro que se las halla comido sin dudarlo dos veces. Mi hermosa luna era toda una glotona…
-Nos veremos para el solsticio de invierno. Por favor, cuida de mis niñas pues pueden ser un poco impulsivas. Espero con ansias muchas más galletas, Perseo- susurró por lo bajo, lo que me hizo abrir los ojos para luego sonreírle como a ella le gustaba, asintiendo con la cabeza.
Artemisa se arrodilló y examinó el suelo, buscando el rastro de Bessie para dar con él.
-El peligro es enorme. Hay que dar con esa bestia- no es una bestia, es un ser amigable que tiene que portar un difícil destino. A los niños les gustaba jugar con él en el tanque que Hefestos creó.
Echó a correr hacia el bosque y se disolvió entre la nieve y las sombras. Algo dentro de mí se fracturó al verla fundirse en la oscuridad del paisaje. Mi corazón se partió al ver a dos pequeñas figuras corriendo detrás de ella, casi como si una señal de mis recuerdos se presentase para recordarme que les había fallado una vez.
Apolo puso su mano en mi hombro, tratando de enviar emociones positivas, pero el daño que me afectaba era tanto físico como psicológico.
-Quieres ir corriendo tras ella, verdad? – no…
-Quiero tenerla en mis brazos, sentir su calor y respiración. Quiero verla sonreír con nuestros niños…pero nada de eso pasará. Al menos no esta vez para mí. Venga, vámonos- le dije, poniendo una sonrisa falsa en mi rostro cuando empecé a caminar hacia el autobús.
'Eres un tonto, Percy Jackson'
Sí, al fin y al cabo, ella tuvo razón. Solo soy hombre caminando por un largo pasillo.
Las cazadoras habían subido en tropel al autobús y se apelotonaron en la parte trasera para estar lo más lejos posible de Apolo, Nico y Grover, aunque por alguna extraña razón se sentían cómodas a mi alrededor, cosa que encontré graciosa porque dedicaban miradas de odio al mazo de Mitomagia que el pequeño futuro emo cargaba con orgullo. Quizás si se descuidaba lo suficiente, podría arrojarlas por la ventana y liberaría al mundo de un terrible dolor de cabeza.
Solo por momentos así desearía tener el Ojo de Horus en mi mano para convocar a Carter y obligarlo a jugar con mi primo…
Me tomé mi tiempo para explicarle pacientemente a Nico, así como a las cazadoras más pequeñas o curiosas, sobre el sol y los dioses que podían manipular su carroza.
-Hay veces que Apolo y Artemisa manejas las carrozas de sus respectivos dones. Otras, Helios y Selene. Todo depende de las situaciones y puntos de vista de sus seguidores- traté de decirle en palabras simples.
-Y cómo funciona? Yo creía que el sol era una gran esfera de gas ardiente- y lo es, hasta Arty lo dice siempre.
Apolo se echó a reír entre dientes y le alborotó el pelo.
-Eso deberías preguntárselo a Lady Artemisa, pero en fin…el sol en sí es el centro del sistema solar. Apolo y Helios por su parte son representaciones andantes de este. Así como lo es su hermana y Selene con la luna, la cual es un satélite en sí. Sus carros son simplemente manifestaciones de sus movimientos a los ojos de los mortales- todo depende el punto de vista…o si hay niebla incluida.
-Hay más gente que sean el sol y la luna? – inocentemente preguntó una pequeña cazadora, solo para taparse la boca y ser mirada fijamente por todas sus compañeras.
-Depende, antes había gente que creía en diferentes dioses debido a sus localizaciones geográficas. Ahora, si me preguntas si existen…pues la verdad no lo sé. Puede que sean meras historias…o como nuestro querido chofer, puede que sean reales- le sonrío y palmeo su cabeza, despeinándola. Deberían relajarse un poco más, nunca les haría daño.
Los dos cabezas de pájaro, el padre de Magnus en parte, o los hermanos que son perseguidos por los lobos en los cielos…ellos son muy reales.
-Bueno, considerando que mi hermanita me pidió encarecidamente que no me demore, es hora de irnos- sé por qué sonríes maldito desquiciado…pero quiero verte reír cuando lo sufras en carne propia.
-Puedo conducir? – no Nico, eres un niño y ni siquiera llegas al acelerador.
-No. Eres demasiado joven- sin contar que matarás de un susto a Bianca.
-Yo, yo! – Grover…te he visto intentar conducir una vez…prefiero morir por mi enfermedad en el mejor de los casos.
-Hmm… mejor no. Demasiado peludo- veré si puedo convencer a Juniper con las chicas para que te encerremos en la cabina de Dite y sus hijas te den un tratamiento de depilación completa.
Me pregunto si los Stoll querrán unirse a mi idea…
Mis labios se izaron sardónicamente cuando mi cuñado se enfocó en mi esposa. Oh, Caos! Voy a amar el momento cuando me venga a rogar ayuda por su estupidez. Lo siento Apolo, pero mi luna tiene razón contigo.
Tienes la cabeza llena de aire caliente.
-La hija de Zeus! El señor de los cielos. Perfecto- Apolo, estás asustando a mi amada con tu cara, serénate o te sereno a golpes.
-Uy, no. Muchas gracias- vamos amor, estoy aquí para ayudarte con tu fobia. Si lo lograste antes, puedes fácilmente repetirlo.
-Venga ya. Qué edad tienes? – preguntó curioso el dios del sol, lo que tuvo como consecuencia la suma atención de Zoe.
La delicada mano de Thals se apretó en mi pierna, sé que está confusa y tiene miedo en su interior. Pongo mi mano sobre la de ella y masajeo su dorso, haciendo que se relaje y se pegue más a mí. Apolo tembló un poco cuando le dirigí un vistazo feroz.
-No lo sé- si sabes, pero el hecho de estar en el pino distorsionó tu percepción del tiempo ya que tu cuerpo envejeció poco. Básicamente eres la envidia de cualquier mujer mortal, ser una anciana con el cuerpo de una jovencita muy sensual.
…Estúpidas hormonas juveniles! Y estúpido cuerpo con poca fuerza de voluntad a la hora de ver la belleza de mis esposas!
Apolo se dio unos golpecitos en el labio, lo cual hizo enrojecer a la cazadora que tiene un enamoramiento con él, y viceversa…aunque ellos no lo sepan aún.
-Tienes quince, casi dieciséis- físicamente sí, pero en realidad no.
-Tiene diecinueve, Apolo. Que haya estado en éxtasis físicamente no significa que su edad real también se detenga- así que básicamente la mayoría de mis esposas con mujeres puma…
Realmente tengo algo para las mujeres mayores, temperamentales y muy poderosas.
Un brillo en los ojos del dios sorprendió a todos, haciendo creer a la gran mayoría que él estaba enojado conmigo por llevarle la contra en su idea, pero en realidad Apolo acababa de percatarse que le es imposible a Thals cumplir la profecía. Lo que es un alivio porque no quiero verla en peligro…y también porque Chase no puede merodear a su alrededor tratando de manipularla.
-Entonces eso significa que cumplirá veinte dentro de una semana, más o menos- espero que le guste el regalo que voy a hacerle. No fue muy difícil que digamos el conseguir entradas para ese recital de Green Day.
-Es verdad, es mi cumpleaños! El veintidós de diciembre- lo que también significa que debo darte doble regalo ya que está próximo a la navidad.
-Lo cual significa que ya tienes edad suficiente para conducir con un permiso provisional- te vas a arrepentir mucho por esto Apolo, después no vengas llorando a pedirme ayuda.
-Y también que eres una anciana- con una sonrisa torcida le dije a mi esposa, lo que ocasionó unas risitas de las cazadoras.
Un solo choque eléctrico borró inmediatamente mi mueca, transformándola por unos segundos en una de dolor agudo la cual disimulé tras muchos años de práctica.
-Cómo me dijiste? – con una sonrisa que prometía muchísimo dolor cuando lleguemos al campamento.
-Yo? Qué eres como el vino…mientras más años mejor! – por favor, era una broma Thals, no te enojes, si?
-Lástima que tenga aspecto de vinagre por ahora…- susurró no tan bajo Zoe, lo que le valió un silencio abrumador mientras yo me esforzaba por no reírme, pero el dolor en mis costados estaba dificultando mi respiración.
Thalia se removió en su asiento, generando pequeñas luces debido a la estática que su enojo por Zoe eran infundadas. Era bastante entrañable el verlas discutir…un poco…pero demostraban estar tan vivas que no podía evitar ser feliz, cosa que Apolo notó y asintió con la cabeza, alegando que estaba olvidando de a poco la pesadilla de más temprano.
-Tú, mald…Hmp! – no, no. Nada de palabras sucias delante de los más jóvenes. Suficiente con que Tia se enojaba cuando maldecías a los cuatro vientos.
Al menos yo lo hago en mis pensamientos, y principalmente van dirigidos a aquellos que quiero matar.
Thalia intentó protestar mientras yo hacía fuerza para que no se escape de mi abrazo. Apolo no estaba dispuesto a tener una pelea en medio de su carroza, por lo que decidió cortar por lo sano e indicarle en voz alta a mi esposa que debía manejar. Pulsó un botón del salpicadero y en lo alto del parabrisas apareció un rótulo. Nico y Bianca me preguntaron que decía allí, por lo que tuve que contarles y de paso advertirles que cuando tuviésemos tiempo, les enseñaría a leer para que superen la dislexia que sufrían.
Trazaba con lentitud mi dedo índice sobre la tinta negra que dibujaban las amarillentas hojas del libro que siempre cargo. Podía oír la respiración agitada de una nerviosa Zoe que decidió sentarse a mi lado luego de ser convencida por el hermano de su maestra con la excusa de cuidar que no sufra ninguna recaída.
Mi hermosa esposa estaba haciendo un perfecto trabajo en manejar el autobús. Gritos de miedo se podían escuchar en todo el vehículo mientras se movían de un lado al otro, aferrándose a los bordes de los asientos, lo que mi cazadora de las estrellas también imitaba excepto que su brazo derecho estaba asiéndose a mi campera.
Apolo intentaba darle indicaciones a Thals sobre como conducir, pero gracias a su fobia a las alturas, todo consejo estaba llegando a unos oídos sordos…
Llevé mi mano hasta el puente de la nariz, masajeando ligeramente para que luego cierre de golpe el libro, asustando a Zoe que por poco me arranca un brazo del tirón que ejecutó.
-Auch…- comenté secamente, tratando de no toser debido a los movimientos erráticos del autobús.
-Quieres matarme de un susto, muchacho?! – no era mi intención.
-Lo siento, no fue adrede. Podrías dejarme espacio para pasar? – voy a solucionar este problema antes que Thals decida prender fuego alguna ciudad.
-Qué?! Acaso no ves lo que tu noviecita está haciendo?! – tranquilízate Zoe, si sigues frunciendo el ceño me veré obligado a besarte.
-Es por eso mismo que necesito el lugar para pasar. Ahora, Srta. Nightshade, si fuese tan amable…- le pedí con respeto, a lo que ella me miró con desconfianza para luego dejarme pasar por delante de ella, percatándome que en ningún momento soltó mi campera.
-Detén esta locura, muchacho- tus palabras son órdenes, mi amada.
-Perseo- replico con una sonrisa tranquila.
-Eh? –
-Llámame Perseo al menos, sé que Percy implicaría mucha confianza y yo respeto tu postura con respecto a los machos. Así que por favor dirígete por mi nombre- es bastante hiriente ser llamado "muchacho" a cada rato, es casi lo mismo que me pasaba con Tena y sus "engendros del mar".
-Entonces puedes llamarme Zoe, escucharte decir mi apellido con tanto respeto es un poco raro- con un leve rubor me confesó.
Sin darme cuenta, llevé mi mano hasta su cabeza y acaricié lentamente su pelo mientras le sonreí de manera torcida a forma de agradecimiento, cosa que ella respondió desviando la mirada y soltándome.
Logré acudir hasta donde Thals estaba, viendo con diversión las caras de todas las cazadoras mientras que Nico alzaba sus brazos, creyendo que iba en una montaña rusa. Vi también como mi cuñado había aprovechado para sentarse al lado de su noviecita, tratando de calmarla.
-Thalia, afloja un poco. Estás demasiada tensionada- poniendo mis manos en sus ojos, tapando su visión.
-Qué estás haciendo Percy! – ayudándote…
-Tranquila, respira hondo. Tira muy lentamente hacia tu pecho el volante hasta que te avise. Imagina que estás en una carretera asolada, no te preocupes porque nadie te sobrepase- le indiqué.
-Está bien…y ahora? – bien hecho, amor.
-Voy a dejarte ver. Pero no te asustes, estoy detrás de ti. No me iré de tu lado- nunca más…
-No estoy asustada- eres demasiada orgullosa. Es bueno aceptar tus temores.
-Si lo estás, no me mientas. Cuando lleguemos al campamento te ayudaré a superarlo, entendida? – presta atención por donde vas y deja de verme así.
-Puedes volar? – sip!
-Tengo mis trucos, pero eso es para más tarde. Ahora enfócate en el camino, estamos a punto de llegar a Long Island. Afloja el acelerador y ve empujando el volante de a poco, imagina que la carretera está empinada ahora- lo estás haciendo perfecto, siempre te tuve confianza.
-Ya lo he entendido, Percy- me respondió con una pequeña sonrisa, la cual siempre hace resaltar su pecas.
Thalia pisó lentamente el freno y el autobús describió un plano inclinado imaginario, logrando que se deslice como si estuviese en un tobogán. Pudo hacerlo estacionar frente al lago de las canoas, atrayendo la atención de los campistas por lo que pude ver a través de la ventanilla.
No me aguanté las ganas de voltear y burlarme de Apolo, regalándole una mueca sardónica mientras trataba de curar a las pequeñas cazadoras que sufrían leves náuseas.
Al menos esta vez, mi Thals, no incendió Nueva Inglaterra.
Miro por última vez por la ventanilla, solo para arrepentirme profundamente.
Tia y Clar estaban esperándome de pie a metros de la puerta…definitivamente voy a morir en los próximos minutos.
Espero que les haya gustado este capítulo que acaban de terminar de leer.
Les gustó la escena de la pesadilla? Tristes? Enojados? Confusos?
Creen que Percy la sacará barata cuando sea recibido por sus otras dos esposas?
Seguirá interactuando con Zoe y Bianca?
Por favor, déjenme sus comentarios y críticas, ya que con ellos podré mejorar de a poco.
Hasta la próxima!
