Los personajes en su mayoría son de Stephenie Meyer, salvo algunos cuantos que salieron de mi alocada cabecita. La historia es completamente mía.
– Capítulo 20 –
LAS LÁGRIMAS NO SE SECAN SOLAS
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No quería ver a nadie, no quería que la vieran llorar porque eso la hacía sentirse débil, no lo soportaba, pero en cualquier momento las lágrimas comenzarían a salir sin control. Tenía mucho tiempo que no sentía algo como lo que experimentaba en esos momentos, ese dolor agudo en el pecho que no la dejaba respirar, que la consumía por dentro.
Corrió tan rápido como pudo con dirección a aquel lugar privado que solía vistitar en repetidas ocasiones, el lugar que se había convertido en su favorito desde que puso un pie en ese edificio. Y se quedó allí, dejando que su dolor saliera desde lo más profundo de su interior.
Paul salió en su encuentro, al principio tenía el semblante molesto pero al verla no pudo más que suspirar sacando todo el aire que contenía. Se sentó al lado de su prima, no sabía qué decir ni cómo comenzar a hablar pero sentía la necesidad de decirle algo.
—Tenía la intención de echarte la bronca del siglo por lo que hiciste, ahora sé que no serviría de nada.
Ella negó.
—No quiero un sermón ahora Paul, por favor.
—No voy a darte un sermón pero tampoco esperes que te felicite por tu gracia. Espero que comprendas lo que has hecho y todo lo que has perdido que no es poco.
La voz de su primo era tranquila aunque contenía un cierto deje de reproche que habitualmente no estaba ahí, Bella no lo podía culpar por sentirse decepcionado de ella.
—¿Estás enojado conmigo?
—¡¿Y cómo no estarlo?! – medio gritó antes de respirar hondo para calamarse –. Acabas de tirar tu carrera a la basura, intenté protegerte la primera vez pero ahora ya no puedo hacer nada para ayudarte.
—No quiero que lo hagas, no me defiendas. Es hora de que afronte las consecuencias de mis actos, solo me alcalza con que estés allí para mi – murmuró.
Quería tomar las responsabilidades, pensó Paul sintiéndose repentinamente muy orgulloso de ella, quería hacer lo correcto incluso a riesgo de perderlo todo. Esa era una cualidad rara de encontrar en las personas, y una que Paul admiraba bastante más de lo imaginable.
—Por supuesto que estaré contigo, no haría otra cosa. Espero que a partir de ahora tomes las decisiones con más... cuidado – buscó el termino minuciosamente pero ambos sabían que "cuidado" no era la palabra que quería usar.
—Sé lo que piensas pero quiero que sepas que no me arrepiento de lo que hice, tal vez si de la forma en la que terminaron las cosas pero no de haberme involucrado con Edward. No puedo hacerlo cuando con él pasé varios de los momentos más felices de mi vida.
Incluso a pesar del enojo de su primo, ella sentía que con él podía hablar libremente sobre sus sentimientos ahora que no había marcha atrás.
—Ese hombre no se merece esto – comentó con frustración –. Edward Cullen no te merece, y eso es lo que más me molesta de todo este asunto. Renunciaste a todo, a toda una vida, por alguien que ni siquiera valora el sacrifício que haces.
—Se siente engañado Paul, imágina estar en su lugar – argumentó ella defendiéndolo.
—No intentes justificarlo. Arriesgaste todo al tratar de protegerlo, incluyendo tu propia vida, ¿y él cómo te paga? Abandonándote, gritando a los cuatro vientos que eres la peor mujer que conoció, la persona más vil del planeta. Discúlpame Isabella pero eso no es amor, no del bueno.
La muchacha lo miró con sorpresa.
—¿Cómo sabes lo que hablamos?
—Escuché su "intercambio" en la sala de interrogatorios. Estuve a punto de entrar para partirle la cara a ese imbécil por todas las estupideces que soltó pero después comprendí que un enfrentamiento entre nosotros solamente iba a complicar más tu situación.
—Deja las cosas como están Paul, no quiero que lo lastimes pero tampoco quiero que te arriesgues. Es mejor para todos acabar con esto de una buena vez.
Paul parecía reacio pero finalmente terminó aceptando la petición de su prima.
—Tengo que irme ahora pero te veré pronto Bella, llamamé si necesitas cualquier cosa.
Ella asintió para después observarlo marchar. Guió su mirada nuevamente a la inmensidad de la cuidad soñada pensándo en lo que haría a partir de ese momento cuando la felicidad nuevamente había escapado de sus manos y nada podía hacer para recuperarla.
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En el momento en el que escuchó la voz de Chelsea diciéndole que Jenks quería verla de inmediato Bella no tuvo que pensar mucho para darse cuenta de lo que ocurría, estaba bastante claro en realidad. Incluso mientras bajaba de la azotea por las escaleras, no le apetecía usar el asensor en esos momentos aunque fueran seis pisos, formaba en su mente todos los posibles escenarios que podría encontrar, aunque todos ellos desembocaban en el mismo final. Y estaba preparada para afrontar a su superior. Pero para lo que no estaba preparada era para afrontar lo que le ocurrió tan pronto como abrió la puerta que daba al piso.
Con su cuerpo paralizado en medio del corredor enfrentó las miradas acusatorias de Abigail Dwyer, Tyler Crowley, Tanya Denali y Riley Biers, más atrás de ellos se encontraba una Jessica Stanley que parecía no saber de que forma reaccionar ante la escena. Bella se quedó allí siendo bombardeada por todos aquellos ojos escrutadores hasta que un cuerpo menudo se estrelló contra el suyo y unos brazos firmes la abrazaron como si no pretendieran soltarla nunca jamás.
—Jessica... – murmuró sin saber qué más decirle.
—Los amigos siempre se apoyan unos a otros, ¿recuerdas, Bella? No voy a abandonarte ahora.
Inevitablemente sollozó al oír esas palabras y su cuerpo aceptó el consuelo que la pequeña pelirroja le brindaba. Pero claro que los demás no se lo tomaron de tan buena gana.
—¡Jessica! ¡¿Qué rayos estás haciendo?!
La chica soltó a su amiga para encarar a su novio. Desde el momento en que vio a Bella ahí parada supo que tenía que elegir, y lo había hecho, para bien o para mal.
—Le brindo mi apoyo a una amiga en el momento en el que más lo necesita, eso es lo que hacen los amigos.
Se sentía dolida, por un momento tuvo la esperanza de que todos pudieran entender las motivaciones que llevaron a Bella a actuar de esa forma. Comprendió entonces con pesar de que eso no sería así.
—¡ESA MUJER ES UNA MENTIROSA! – chilló Tyler sacándo su instinto protector a favor de su mejor amigo – ¡Por su culpa que Edward está en prisión! ¡¿Cómo puedes llamarla "amiga" después de eso?!
—¡No es su culpa! ¡Ella no tiene nada que ver!
Jessica también parecía estar saliéndose de sus casillas, razón por la cual Bella apoyó una mano en su hombro para calmarla.
—No sigas con esto, lo útimo que quiero es causarte problemas Jess.
Entonces la pelirroja la miró de nuevo, y su decisión tomó más fuerza en su interior.
—Es mi elección – le aseguró –. La vez anterior era demasiado pequeña para notar lo que en realidad estaba sucediendo y no lo vi hasta que fue demasiado tarde. No cometeré el mismo error dos veces, Bella.
Y a la castaña se le llenaron los ojos de lágrimas al comprender lo que estaba oculto trás esas palabras.
Jessica tenía once años cuando ocurrió lo de Ángela, y entonces era demasiado pequeña para comprender lo que en realidad sucedió. Sus padres habían tratado de simplificar todo el asunto asegurándole que la niña de la casa contigua tuvo un "accidente" que resultó fatal. Ninguno de los adultos parecía querer aceptar que en realidad un asesino había atacado en su pequeño y apacible pueblito, y que ese pueblito que antes solía ser un refugio para sus habitantes ahora ya no lo era más.
La pelirroja recordaba a Bella en su ventana mientras jugaba en el jardín de su casa bajo la mirada de águila de su madre. Igualmente ese niña ya no era la misma de antes, ya no sonreía ni hablaba de no ser necesario. No salía a jugar sino que pasaba todos los días leyendo en el porche de su casa, eso cuando salía afuera pues la mayoría de los días ni siquiera se la veía. Se alejaba de la gente, tanto la que conocía como la desconocida, sobre todo de sus amigos a los que se negaba a recibir sin importar cuanto ellos insistieran. Jessica la vio perderse en sí misma hasta que un día simplemente dejó de verla. Semanas después el doctor Swan y su familia abandonaron Forks en un desesperado intento de huír del dolor.
La muerte de Leah volvió a reencontrarlas, doce años después de aquel día. Y ella no pudo identificar de ninguna forma a la fría mujer que tenía delante con la Bella dulce y compasiva que recordaba. Al menos no hasta meses después cuando descubrió que Nessie Masen se parecía mucho más a esa niña que la propia Isabella Swan. No podía permitir que ella se perdiera de nuevo, no cuando recién comenzaba a reencontrarse consigo misma luego de tanto.
—Ustedes dos ya se conocían, ¿no, Jessica? – interrumpió su novio súbitamente –. Es esa la razón por la que te comportabas tan extraña cuanto las presenté, ¡Dios santo, soy un verdadero imbécil! ¡Siempre supiste quién era ella y lo ocultaste!
—¡NO! ¡Jessica no podía decirlo! Por ley, si mencionaba alguna cosa sobre mí sería acusada de obstaculizar una investigación federal, tal vez incluso de cómplice.
—Eso es correcto – confirmó Abigail pero parecía confundida –. Pero, ¿por qué continúas apoyándola cuando nos mitió y te obligó a mentir?
—Nadie me obligó a nada, fui yo quien decidió mantener el silencio.
—Detente, solo te complicarás la vida Jessica. Yo sé por qué te lo digo.
—¡Claro que no! Ninguna persona en este lugar tiene el derecho o la moral para juzgarte – prácticamente gruñó, comenzaba a enojarse de verdad.
—Creo que yo si lo tengo.
Todos voltearon rápidamente al escuchar esa voz, Edward Cullen se encontraba parado a unos cuantos metros escuchándo callado la conversación que tenían hasta que no se pudo aguantar. Él se veía más serio, más frío, de lo que nunca antes lo habían visto.
—No se lo merece – aseguró Tyler mirándola casi sin parpadear.
—No puedo imaginar una persona en el mundo que se merezca lo que ustedes le están haciendo a ella... y es así que dicen ser sus amigos.
Tanya carraspeó, hasta el momento había permanecido en silencio pero creyó que era lo mejor intervenir antes de que todo resultara peor.
—Deberíamos irnos.
Tyler no habló sino que solamente siguó a Tanya rumbo al asensor, Edward les envió una fría mirada tanto a Bella como a Jessica para después seguirlos junto con Abigail. Por otro lado, Riley se quedó parado mirándo a su novia como si nunca antes la hubiese visto.
—¿No piensas decir nada?
—¿Qué quieres que diga? Nunca imaginé que me engañarías Jessica, de todas las personas tú eras la última que creía me mentiría – negó con abatido y a ella se le encogió el corazón.
—Nunca quise mentirte, o traicionarte, yo te amo – le confesó –. Pero por mucho que te ame tengo que serme fiel a mi misma, a mis valores. No puedo quedarme de brazos cruzados y permitir que comentan una injusticia.
Él no le contestó sino todo lo contrario, se alejó de ella sin mirar atrás. Jessica se quedó observándolo hasta que desapareció de su vista completamente, y entonces se abrazó nuevamente a Bella dejándole paso al dolor.
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Cuando cruzó esa puerta no se sentía nerviosa, más bien resignada. No podía cambiar nada de lo sucedido, solamente le quedaba aceptar lo que viniera de aquí en más. Tomó asiento bajo la miráda de águila del hombre moreno que no parecía muy feliz, ella no lo culpaba.
—Imagino que sabes por qué te mandé llamar – comenzó él.
—Eso creo.
—¿Tienes alguna cosa más que agregar?
—Nada de lo que pueda hacer en este momento cambiará en algo mi situación. Soy responsable de mis actos y como tal pienso aceptar las consecuencias de ellos.
—Está bien, hablaré yo. Primero que nada dejame decirte que me siento decepcionado de tu comportamiento, nunca esperé esta clase de actuación por tu parte. Por otro lado, creo que también tengo un grado de responsabilidad ya que fui yo quien te involucró en el caso y porque también fui yo quien te entrenó. Cometiste un error, eso es válido pero aquí no podemos permitirnos esa clase de errores, ¿me comprendes?
—Si, señor.
—No me queda otra opción que despedirte. A partir de este momento ya no trabajas más en la OCF.
—Lo entiendo.
Ella se paró de su silla, sacó el arma de reglamento que llevaba oculta en su espalda para dejarla sobre el escritorio. Tomó la placa de su cinturón y la observó por un minuto antes de colocarla también con la que era su arma. Habían sido cuatro años llevándola, cuatro interminables años que acaban de terminar.
—Tienes el resto del día para vaciar tu oficina... Bella – ella lo miró instintivamente porque él nunca la llamaba Bella, solo Isabella, nada más –, fue un placer trabajar contigo.
—El placer fue mio, señor... muchas gracias por todo.
El rumor se esparció con rapidez, una hora después todos sabían lo que había sucedido aunque no el por qué. Sus compañeros, Jacob inclusive, se reunieron para despedirla con la tristeza pintada en sus rostros. Después de todo, eran muchos años trabajando juntos, compartiendo algo más que un ambiente laboral. Para varios de ellos perder a un compañero era como perder a un miembro de su familia, no estaba bueno.
—¿Qué es lo que vas a hacer ahora? – cuestionó Alice después de darle un largo abrazo.
—No tengo idea, lo único seguro en este momento es que necesito un tiempo para pensar.
Alice asintió comprensiva, Bella necesitaba buscar una forma de superar todo lo que le estaba pasando, meditar sobre su vida de ahora en adelante porque ya nada sería igual. Lauren también se adelantó para abrazarla, parecía costarle mucho trabajo aceptar que desde el día siguiente ya estaría más en la oficina todo el tiempo, incluso aunque solo fuera para conversar de nada.
—¿Sabes que estamos aquí, verdad? A una sola llamada de distancia.
—Claro que lo sé.
Se sintió extraño abandonar el edificio ya no siendo la agente Swan sino Isabella, solo Bella. Pero no era del todo un sentimiento negativo, al menos no en ese momento pues si bien la OCF fue su hogar durante muchos años, de un tiempo para acá, sentía que ya había dejado de serlo.
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Paul aparcó en la esquina del bar, el mismo lugar que ocupaba cuando iba con los demás por unos tragos. Steve lo había llamado hace poco más de media hora y si Steve llamaba siempre era importante.
Suspiró incluso antes de salir de coche, seguramente lo que ocurriera a continuación no iba a ser agradable. James estaba bebiendo y cuando James bebía no era bueno pues el hombre nunca bebía en exceso. Paul imaginó que estaba así por la situación con su prima, sobre todo porque llevaban más de una semana sin hablar el uno con el otro.
Está bien, era consciente de que las cosas se salieron de control entre ellos: una situación díficil, personas con carácter fuerte y las palabras erroneas en el momento equivocado. No era la mejor convinación, lo sabía pero nada podía hacer para mitigar el temperamento de esos dos. De alguna forma también se sentía entre la espada y la pared. Ella era su prima, su familia, pero él era su amigo y camarada. Le era muy difícil ponerse del lado de uno sin sentir que estaba defraudando al otro. Los quería a ambos, y le molestaba muchísimo la situación.
¡Si incuso fue él quien los presentó! Todavía podía recordarlo tan claro como si hubiese sudecido ayer.
Conoció a James después de mudarse a Washington D.C., en una época en la que no la estaba pasando bien. Sus padres acababan de morir en un accidente de tránsito y él no sabía cómo afrontarlo. Entonces tomó la decisión de marcharse lejos de todos, de su familia, su prima y su tío Charlie, e intentar recomenzar en otro lugar. Durante esos años que pasó en D.C. le tocó trabajar muchas veces con el escuadrón anti-bombas y James Witherdale era uno de los miembros esenciales de ese equipo.
En aquel tiempo no eran propiamente amigos pero entre ellos existía un compañerismo y una camaradería que con otros no tenía. También fue por él que entró en la OCF. Paul lo recomendó y sus intachables referencias hicieron el resto. Así la amistad entre los dos hombres se formó.
Pero nada lo preparó para encontrarse allí con su prima Isabella, la chica rebelde que dejó atrás cuando tenía quince años ahora era un preciosa muchacha de dieciocho cuyo corazón parecía rodeado por una coraza de hierro. Paul comprendió en ese momento el error que cometió al abandonarla aquella vez, al dejarla sola con un padre que no era capaz de comprenderla o de ayudarla. Igualmente, eso ya era parte del pasado. La Isabella, Bella, que tenía delante distaba mucho de lo que fue aquella adolescente voluble.
La relación entre ellos tardó un tiempo en rearmarse pero lograron volver a lo que una vez habían sido: amigos, confidentes, casi hermanos. James también la notó y no solo como la prima de su buen amigo, o como una compañera de trabajo más. Él la vio de verdad como una mujer, desde entonces puso todo el empeño en captar la atención de esa mujer. Ella también lo vio con curiosidad pero esa coraza no le permitía al hombre acercarse demasiado. En contra de todas las expectativas James fue rompiendo una a una las barreras que Bella le colocaba para alejarlo, tanto así que se dio cuenta de que a él realmente le importaba su prima pues estaba tomando muchas consideraciones con ella.
Y un día, solo pasó. Paul nunca entendió por qué o qué fue lo que James hizo para cambiar la actitud de la chica pero lo aceptó. Desde ese primer acercamiento los dos habían avanzado muchísimo, cada vez más unidos, cada vez con más confianza. James se convirtió en su mejor amigo, en su otro confidente, y en su consciencia.
Paul no se sintió desplazado por James, ni siquiera cuando notó que la relación entre los dos se volvía cada vez más íntima. Aunque Bella no le contó esa parte, su amigo tampoco lo hizo, él lo compredió. Incluso pudo sentir admiración por ese hombre que le era fiel a su prima y le dio un voto de confianza a lo que parecía el comienzo de una relación.
Esa es la más importante razón, la razón por la que se sorprendió muchísimo al saber que Isabella estaba involucrada sentimentalmente con Edward Cullen.
Apresuró el paso hacia el bar, el frío de la noche ya se podía sentir en el aire. Tan pronto como entró sintió el cambio de temperatura y también el cambio de ánimos. Unos cuantos hombres charlaban y reían en una mesa del fondo, otro grupo de hombres se encontraba en compañía de tres féminas sonrientes, en la barra algunos solitarios bebían sus tragos tranquilamente mientras que otros se preocupaban más por ligar con las chicas. Paul los ignoró a todos y se acercó a Steve, el dueño del bar, un viejo conocido con el que todavía mantenía contacto.
—Esperaba que llegaras, tiene horas bebiendo sin descanso.
Entonces él, con un movimiento de cabeza, le señaló la esquina del bar en donde podía verse a claramente a James con su vaso en la mano.
—¿Te ha dicho algo?
Steve negó.
—Ni una palabra, pero eso es un lío de faldas. He visto muchas veces esa manera de tomar.
Imaginaba que si, se despidió de él con un asentimiento anter de ir donde James. Él rubio sintió que alguien se sentaba a su lado en la barra pero no miró, ya sabía quién era y por qué estaba allí.
—Supongo que Steve te llamó.
James miró el whisky, sacudió el vaso haciéndo girar el líquido dentro y finalmente lo apuró de un solo trago. Sabía que el hombre se preocupaba por los clientes de su bar pero esta vez se había extralimitado, después de todo él no estaba borracho.
—Dame uno – pidió al chico que atendía señalando el trago de su amigo.
—Que sean dos.
Cuando los tragos estuvieron sobre la barra, Paul lo encaró.
—¿Estás bien?
—¿Por qué no iba a estarlo? ¿No deberías estar con Bella? – James vació el vaso con rapidez antes de pedir otro más, tal vez si perdía la consciencia podría olvidar por unas cuantas horas la mierda de vida que tenía.
—Ella está con Lauren, eres tú quien me preocupa más ahora.
No mentía, desde la semana anterior que James había estado alejándose de él. Creía que era porque pretendía darle a Bella su espacio, pero no lo compatía porque también necesitaba a alguien con quien hablar.
—Tu prima te necesita – contestó sin mirarlo. No quería ponerlo en contra de ella, estaba más que claro que el lugar de Paul era con Bella.
—Mi prima sobrevivirá una noche sin mi – entonces su semblante se endureció – ¿Qué te está sucediendo, James? Dime la verdad.
El hombre pareció meditarlo unos segundos antes de decidirse a hablar con su amigo.
—Soy un miserable, eso es lo que pasa. Bella no quiere hablarme, no quiere saber nada de mi y me lo tengo merecido por la forma en la que la traté.
Paul no lo negó, estaba de acuerdo en que James se había pasado un poco, incluso él se pasó de rosca, pero es que la situación los tomó a todos por sorpresa.
—Sigo sin entender, ¿qué ustedes dos no estaban saliendo?
El rubio lo miró evidentemente consternado, él nunca insinuó nada sobre ese asunto y dudaba que Bella lo hubiese hecho.
—¿Tú...? ¿Cómo es que sabes?
—No soy un idiota, los conozco bien a los dos. Hace tiempo que sé lo que pasa entre ustedes, solo estaba esperando a que uno de los dos se dignara a contármelo.
—Lo siento.
—Nada de eso importa ya... lo que me gustaría saber es qué pasó para que las cosas terminaran de esa forma.
No había ninguna pisca de enojo en su voz, eso le dio a James el valor de continuar.
—No se suponía que sería así, lo nuestro era sólo sexo... – sonaba estúpido cuando lo decía así –. Ambos lo acordamos, entregarnos sin amor... era nuestra regla de oro. Incluso tampoco éramos exclusivos, así no teníamos forma de complicarlo.
Él asintió, empezaba a comprender por dónde venía el asunto.
—¿Entonces...?
—Rompí la regla.
James volvió a meterse el líquido ambarido de un solo golpe mientras que Paul lo miraba sin cambiar su expresión.
—Estás enamorado – aseguró y aunque no fue una pregunta el rubio asintió.
—Totalmente... soy el único culpable de eso, me siento como una mierda, traicionado... no está bien.
—Claro que si.
—No, no lo está Paul. Yo también me acosté con otras mujeres, ella lo sabe y nunca me reclamó nada.
—¿Pero, por qué dormiste con otras si estás enamorado de Bella?
—Cuando me di cuenta de que me pasaban cosas con Bella no supe cómo afrontarlo. Todo el tiempo quería estar con ella, besarla, hacerle el amor, y sin importar cuánto lo intentara no podía sacar eso de mi cabeza. Traté de involucrarme con alguien más pero nada funcionó, solamente ella estaba en mi mente y eso me volvía loco.
—¿Y qué vas a hacer ahora?
Él intentó pensar en algo pero no podía hilar siquiera un pensamiento.
—No lo sé, no tengo derechos sobre ella pero no quiero perderla. Isabella Swan es lo mejor que me pasó en mucho tiempo.
En sus ojos Paul vio la suplica, ese era probablemente el hombre más frustrado que había visto en mucho tiempo.
—Dale tiempo, tú también eres importante para ella. No tienes por qué perderla.
—Ya la perdí... tu prima está enamorada de ese imbécil – y esas fueron, seguramente, las palabras más difíciles de pronunciar en su vida.
—Ella cree estar enamorada – le corrigió.
Al levantar la cabeza James casi pudo ver una idea trabajando en la mente de su amigo.
—¿Qué quieres decir?
—Demuéstrale que no es así, que está equivocada.
—¿Cómo?
Para ese momento Paul ya había despertado la curiosidad y el interes del joven, irremediablemente el moreno sonrió astutamente.
—Conquístala, eres una de las personas que mejor la conoce James... haz que eso te sirva de algo.
Terminó su trago tranquilamente dejándo atrás el tema de una vez por todas, pero James no pudo olvidarlo tan facilmente. El agente le dio vueltas al asunto una y otra vez en las siguientes horas, si Paul tenía razón y existía aunque fuera una pequeña posibilidad de ganarse el corazón de Bella Swan él pensaba aprovecharla, o morir en el intento.
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¡Hola a todos! Las cosas no parecen ir bien para esta gente, ¿no? Riley dejó a Jessica, Bella fue despedida, Edward no la quiere ni ver y James daría todo por no perderla... ¿qué podría suceder ahora?
Muchas gracias por todos su comentarios, alertas y favoritos... en fín, por leer y estar siempre ahí, muchas gracias. Hasta el otro capítulo, Lila.
