::: Complicaciones :::
Perdonen las faltas de ortografia y la tardanza. Disfruten el capitulo. Espero sus comentarios. besitos.
(Segundo día de guerra) Tomoeda, 1:24 Pm
Se lo habían dicho. En medio de gritos de euforia. Sin anestesia. Ignorando completamente los consejos de la castaña líder Yunokichi. Ambas dragonas le habían soltado la bomba a Meiling sin siquiera tantear el terreno. Tan solo le habían gritado a la cara que eran sus madres y que los Li las habían mantenido cautivas, y al margen, toda su vida. Que Mei Boncarter había estado presa debajo de la mansión Li y que Zafira Black nunca dejo de buscar a su otra madre por todo aquel tiempo. Que tenía un abuelo ansioso de conocerle y que un reino entero de dragones le pertenecía por herencia de ambas. ¿El resultado? Lo primero fue el shock. Meiling ni siquiera había asimilado a primera instancia el hecho de que aquellas dos mujeres eran sus madres. Era hija de dos dragonas. Por consiguiente ella era un dragón. ¡Un jodido dragón! Tenía familia que la amaba y un legado propio. Estaba fuera del alcance de la matriarca Li y sus planes a futuro para ella. Era libre. Y después vino el enojo. La ira. Años y años de se menospreciada por los miembros del clan Li sin saber la razón de ello. Todos lo habían adjudicado a su falta de poderes mágicos. Pero todo era mentira. No es que no los tuviera, es que la magia de los Li no era su elemento. La magia de los dragones Boncarter era magia de luz, mientras que la magia de los dragones Black era magia de oscuridad, es por ello que se había acoplado mejor a la magia de las Yunokichi, ellas usaban ambas magias por igual, no importaba si eras de la clase Luna o Sol, te enseñaban todo por igual.
Sobrepasada por su propio enojo, Meiling ni siquiera noto el momento exacto cuando su brazalete mágico se rompió, ni mucho menos escucho los gritos desesperados de Sakura por hacerla entrar en razón antes de que fuera demasiado tarde. Sus recién reencontradas madres tan solo la observaban, con miradas orgullosas en sus rostros y lagrimas de felicidad surcándoles las mejillas. Y Meiling solo podía sentir ira. Su nebulosa mente ni siquiera noto el cómo su cuerpo era envuelto por bruma negra, cambiando sus facciones y haciéndola crecer de estatura. Dejando a su paso, por sobre su piel, escapas de un negro carbónico sumamente llamativo y hermoso. Sus manos y pies se habían transformado en garras completamente capaces de rasgar el acero mientras en su espalda aparecían un par de alas enormes, lo último en transformarse fue su cabeza. En menos de treinta segundos Meiling había desaparecido, dejando a su paso una dragona adolecente y sumamente encabronada que ansiaba la sangre de la familia Li.
En un intento por calmarla, Sakura había optado por intentar someterla un poco, restringiéndole los movimientos con cadenas mágicas, una muy mala idea. Lo único que logro fue encabronar mas a su amiga, quien en un arrebato se soltó de la cabeza y por poco le da una mordida. Sakura, asustada pego un brinco hacia atrás asustada de la dentadura suamente filosa en las fauces de su amiga morocha. Las exclamaciones extasiadas de las madres de la amiga de Sakura fungieron como el distractor necesario para que Meiling se soltara. Sakura resoplo fastidiada mientras pateaba el suelo y murmuraba maldiciones hacia las dragones o sus estúpidas expresiones. Habiendo separado su vista de las madres de Meiling, Sakura busco con la mirada a la dragona por los aires, logrando localizarla dando vueltas por la ciudad, como buscando algo o a alguien, maravillando a sus ciudadanas o aterrándolas en la misma medida. Basto un segundo para que Sakura comprendiera que es lo que buscaba la dragona, o mas bien, a quien, Li Saya. La cual no se encontraba en la ciudad escondida. Y la que por cierto era sumamente peligroso despertar antes de tiempo.
Vio con horror como Meiling tomaba rumbo hacia la entrada principal de la ciudad y sin pensarlo siquiera convoco su armadura nuevamente y fue tras ella. Olvidándose de sus padres y las dragonas, madres de su amiga, en el lugar. Lo único que importaba en ese momento era detener a Meiling. Por fortuna logro detenerla, agarrándola por la cola y lanzándola lejos, justo antes de que atravesara el portal. Ganándose una llamarada de fuego que logro esquivar por poco, aunque el bosque no había tenido la misma suerte, Sakura sonrio vistoriosa y alegre. De alguna forma se estaba divirtiendo. En un primer momento considero cerrar la puerta, pero aun había un centenar de Yunokichi´s fuera de la ciudad, en Tomoeda, por lo que descarto la idea. Las únicas formas que se le venían a la mente eran razonar con Meiling hasta hacerla entender, o noquearla. Opto por ambas. Lucharía con Meiling mientras intentaría razonar con ella. De no lograrlo estaría en problemas.
Lucharon a base de fuego entre ambas, lanzándose llamaradas de aquel elemento incansables veces, una tras otra, sin descanso, evitándose mutuamente y chamuscando el bosque y evaporando las aguas de la entrada principal a la ciudad. Basto un segundo de distracción para que Sakura fuera lanzada fuertemente al suelo por obra de un coletazo de Meiling a su costado. Un segundo que la dragona aprovecho para adentrarse en lo que quedaba de las aguas de lago, yendo directamente hacia Tomoeda.
Sakura tardo alrededor de diez segundo en ponerse de pie y seguir a su amiga hacia el otro lado de aquella puerta. La encontró en el cielo dando vueltas mientras escupía fuego a todos lados, rumiando de cólera. Típico de una dragona adolecente, según había leído. La castaña, sabiendo que el cuerpo de Li saya se encontraba resguardada por sus cartas, no temió mas por que la enojada dragona la despertara antes de tiempo y se dedico a pincharla para que dejara de buscar a su presa y peleara con ella. Sakura no sabía si alegrarse o temer cuando Meiling por fin decidió hacerle frente con lo que se asemejaba a una sonrisa draconiana en los labios y sin más la lucha recomenzó. El fuego era lanzado a diestra y siniestra, a veces dando en el blanco pero este siendo desviado, otras fallando y chamuscando alguna casa, árbol o vehículo. Los zarpazos y coletazos nos hicieron esperar, la mayoría dándole en los costados a la castaña, quien los recibía de lleno con una media sonrisa en los labios. Alegre de tener la atención de Meiling como para que esta no buscara mas a Li Saya.
Sakura había caído al suelo con la velocidad de una bala y había formado un agujero en el suelo tras un último ataque y se había quedado un segundo de mas ahí puesto que enseguida un coletazo de Meiling la hundió mas en la tierra, dejándola desorientada. Recobrando la lucidez, Sakura noto la mirada burlona de su amiga. No soporto aquella mirada, no con la oscuridad cerniéndose sobre su alma. Con espíritu renovado, y cargado de cierto resentimiento, Sakura se levanto del cráter y arremetió en contra de Meiling con la velocidad de un rayo, impactándole un puñetazo, cargado con una insana cantidad de magia, en el escamoso estomago. Haciendo que la dragona perdiera el aire por completo. Poco después, mucho antes de que la dragona se recobrara la tomo por la cola y comenzó a azotarla con las pareces del escudo de Tomoeda. Haciendo que su amiga soltara alaridos desgarradores de dolor que podrían haberla hecho desistir de sus acciones de no estar ella posea por su oscuridad. En un rápido acontecer, Meiling se había soltado y ahora miraba mas allá del escudo de Tomoeda, donde se alzaba el campamento enemigo, y pareció que una pequeña luz de raciocinio alumbro su mente, porque de inmediato se abalanzo contra este intentando salir de la ciudad rumbo al campamento enemigo. Sakura ni siquiera necesito analizarlo para saber que Meiling quería la cabeza de la matriarca Li. Y golpe tras golpe de aquel colosal cuerpo contra el escudo fue escuchado por todos los rincones de la ciudad y resentido en los núcleos mágicos de las herederas de la Luna, quienes preocupadas se habían llamado entre todas preguntando por lo sucedido. La respuesta no les llego por la castaña. Lo único que les llego de parte de su líder fue la explicita orden de no meterse. Aceptaron obedecer a regañadientes.
Meiling, frustrada por no poder llegar a su destino, lanzaba fuego por sus fauces hacia el escudo, algunas llamaradas logrando escapar por este, otras ni siquiera le hacían ni un solo rasguño a la protección. La castaña sumamente divertida por la frustración de la joven dragona.
Y al cabo de unos minutos mas de batalla, fuego, arboles chamuscados y golpes, Meiling Boncarter Black, la imponente dragona, perdió sus fuerzas y callo desmayada por los aires mientras perdía su transformación y regresaba a ser una "simple humana". Sakura, entristecida por haber perdido a su compañera de juegos, fue tras ella para impedir que se lastimara. No quería que las madres de la morocha se pusieran histéricas. Llegando al suelo la observo detenidamente, ni un solo rasguño en la piel, pero su ropa estaba poco más que inservible. Ya le mandaría otro uniforme cuando despertara. Cargándola como un costal de papas, y ante la incrédula mirada de todas las Yunokichi que habían presenciado el espectáculo, Sakura desapareció de la escena del crimen, dejando detrás de sí, una zona de desastre que tardarían un buen par de minutos en arreglar las Yunokichi encargadas de la reconstrucción de Tomoeda.
Afueras del escudo de Tomoeda, 2:27 Pm
El campamento estaba casi en sepulcral silencio. Todos los heridos, o al menos los que podían permanecer de pie, estaban fuera de sus catres de descanso, sus compañeros, aquellos que apenas tenían rasguños superficiales en sus cuerpos, les ayudaban a mantenerse erguidos. Todos miraban embelesados la cúpula que protegía la ciudad a la que habían ido a invadir y conquistar. Sus líderes, aquellos hombres y mujeres que debería estar planeando un contra ataque, estaban casi tan quietos y asombrados como sus esbirros. Todos casi ensordecidos por el eco de aquellas explosiones mágicas y los rugidos encolerizados de alguna criatura que solo podría ser algún dragón. Li Hieran, líder del clan de su mismo apellido, permanecía sumamente inmóvil y con la expresión completamente contrariada; el tono de su piel, ligeramente lechosa, ahora se asemejaba mas a la blancura azulada de quien acabase de morir, o de quien acabase de ver un fantasma.
Desde sus posiciones, a menos de cinco kilómetros de los escudos de Tomoeda, podían vislumbrar claramente las explosiones y las ráfagas de fuego que amenazaban con arremeter en contra de su campamento. En algunas ocasiones lograban escuchar y ver la figura de un gigantesco dragón de escamas negras golpear su cuerpo en contra de dicho escudo, incluso, cuando aquella criatura se tornaba iracunda por sus constantes fallos, rugía al cielo su aliento ardiente, el cual en algunas ocasiones lograba traspasar el escudo que protegía Tomoeda. Y así como había empezado aquel escándalo, se fue. No se debía ser un genio para saber que aquella criatura, sea quien fuera, porque todos sabían a ciencia cierta de que era un dragón Black, había sido apaciguada.
Poco a poco, todos retomaron sus actividades. Los heridos regresaron a sus catres, los encargados de curarles tomaban sus tablillas de datos y enseres necesarios para atender a sus pacientes. Y los lideres de clanes y lugartenientes de pelotones regresaban a sus tiendas para seguir planeando el contra ataque, todos menos Li Hieran, quien aún seguía petrificada viendo hacia aquella cúpula. Su semblante había menguado con el pasar de los segundo hasta el punto de haberse quedado en una mueca de horror levemente disimulada. Todo el que pasaba por su lado, se quedaba intrigado por su expresión. Algunos de los líderes de clanes, aquellos que estaban mínimamente enterados de algunos secretos de la familia Li, podían imaginarse vagamente el porqué de dicha expresión en el rostro de aquella mujer. Y como respuesta tan solo se reían de la tragedia de aquella familia.
Tal parece que por fin han decidido cobrarles la factura a su familia, Hieran-san. – murmuro Luther Shwarts con burla, un líder alemán de poca calaña que apenas había aportado menos de cincuenta hechiceros a la causa y ningún suministro valioso para la manutención de sus esbirros.
Como respuesta a la broma, la matriarca Li frunció el seño, dio media vuelta y lanzo un pergamino de fuego a la espalda de aquel desaliñado hombre de innoble familia. Los esbirros en los alrededores se carcajearon de risa mientras el hombre rodaba por el piso maldiciendo en su lengua natal a la causante de su percance. Iracunda como nadie le había visto, la matriarca Li se fue a dar un paseo por los alrededores, mas específicamente, cerca del escudo que protegía Tomoeda, con la esperanza de ver atreves de este lo que sea que pudiera ayudarles a introducirse en la ciudad. Por su mente desfilaban las miles de posibilidades y un millar de planes, unos lo suficientemente ridículos como para ponerla en vergüenza con ella misma. Además de ello, también la preocupación por su familia se hacia un espacio en sus pensamientos, ya no solo su único hijo varón estaba fuera de su alcance y vigilancia, sino también sus hijas se hallaban desaparecidas por lo sucedido en Hong Kong. Por lo menos sabia donde se encontraba su hijo, justo detrás de aquel maldito escudo azul-violáceo mientras que sus hijas, ellas simplemente se habían esfumado en la nada, así, sin más. No había rastros de ellas, nadie las había visto poco antes de la invasión a la mansión Li, ni mucho menos después de ello. Todos los demás residentes de la mansión habían sido hallados y resguardados en las instalaciones militares más cercanas, o al menos la mayoría de ellos. Desafortunadamente, según de como lo viera, sus hijos políticos, esposos de sus hijas, habían sido encontrados muertos en las cercanías de la mansión, los cuatro completamente desnudos en compañía de los cuerpos de por lo menos diez mujeres diferentes entre sí. La noticia le enervo los nervios en sobre manera, pero aun porque le fue comunicado en compañía de algunos líderes de clanes aliados, los cuales, por supuesto, se burlaron quedamente de la situación.
Había caminado alrededor de aquella cúpula por lo menos una hora cuando decidió volver al campamento. No podía vislumbrar nada más que bruma más allá de un metro en los adentros del escudo sin que sus ojos dolieran por el esfuerzo. Cansada de todo aquello, en su mente divagaba en la posibilidad de salirse de aquel intento de guerra, la que obviamente estaba destinada al fracaso, antes de que las consecuencias la alcanzaran a ella y su familia. Pero después de meditarlo un segundo, se recordó a si misma que la única razón por la que había aceptado unirse a la alianza era precisamente por su familia, por todos sus hijos. Su pequeño lobo se había adentrado en terreno enemigo en busca de arrebatar un corazón que ya pertenecía a otra persona, a su vez, buscaba la cabeza de la líder del clan Yunokichi para deshacerse de un matrimonio que había sido impuesto como pago a una falta que una de sus hijas había cometido en contra de su actual hija política. Ella, como líder había dado su palabra de que su parte del botín, obtenido tras la derrota de las Yunokichi, lo dejaría a disposición de sus consuegros, a cambio de otorgarles la liberación a sus hijas de sus respectivos matrimonios, obviamente.
Su caminata de regreso al campamento fue interrumpida estrepitosamente cuando el ambiente a su alrededor cambio. El aire pesado y nauseabundo, el ambiente cargado de una esencia que se sentía viscosa, fría y repugnante, como quien piza una babosa con los pies descalzos. Una presencia cercana, demasiado cercana, diferente a cualquiera que hubiera sentido antes y por sobre todo, poderosa, hacia acto de presencia por todas partes. El dueño de dicha presencia cargando su mirada en ella con toda la alevosía y satisfacción de saberla sola. Li Hieran, líder del clan Li, dudaba que aquella presencia le perteneciera a alguna Yunokichi, no al menos a las vivas. Pero esta era completamente diferente a la de Yin Goldsmith.
Hermoso espectáculo el de anoche. Les aplaudo sus acciones. – murmuro una voz cercana, justo por detrás de su espalda mientras el eco de los aplausos anunciados inundaban sus tímpanos. El cuerpo de la mujer ni siquiera podía responderle adecuadamente ante aquel ser, quien jocoso soltaba algunas risitas mientras aplaudía. – no solo perdieron su única posibilidad de adentrarse en la ciudad el día de ayer, sino también fueron tomados por sorpresa por un grupo de mocosas estudiantes. Bellísimo.
¿Quién eres? . – murmuro Hieran quedamente apenas tomando el aire suficiente para respirar. Sus ojos vagaban por todos lados a la busca de su interlocutor.
¿Quién soy? ¿importa mucho? No, a usted y los suyos no les incumbe. – murmuro con cierto tono arrogante, como si la matriarca Li no fuera digno de que le dirigiera la palabra. – ustedes tenían a mis objetivos cautivos. – el gélido vahó en la nuca de Hieran logro hacerla temblar de pánico. Para satisfacción y risa de su interlocutor . - y ahora ellos están del otro lado de ese insípido y estúpido escudo al cual no pueden traspasar. – el tono burlón nunca abandonaba a aquella presencia, regodeándose del fracaso de la alianza en contra de las Yunokichi. - yo les daré la oportunidad de ello. – sentencio aquel ser. De inmediato, una bruma negruzca se arremolinó lentamente alrededor de la matriarca LI. Paseando lentamente por sobre el cuerpo de la misma, sacándole espasmos mal disimulados que oscilaban entre el asco y miedo. – Lo único que pido a cambio es que entretengan a las Yunokichi mientras yo recupero a mis presas.
Un segundo después, la presencia desapareció por completo, llevándose consigo el asqueroso ambiente que había creado y la bruma negruzca que había rodeado a la mujer. Para satisfacción y alivio de esta última. Li Hieran, junto toda la dignidad que aún le quedaba y se obligo a si misma a seguir caminando hacia el campamento de la alianza. Ignorando todo a su alrededor, inclusive a aquellos ojos borgoña y rasgados en las pupilas que le seguían a una distancia prudente. Metida en sus cavilaciones, tratando de analizar las palabras que aquel ser le había dirigido, llego al campamento sin percatarse siquiera de ello. Apurada como nunca, fue donde los demás líderes para relatarles lo sucedido. Mas sus pies fueron detenidos cuando la exclamación de sorpresa de los esbirros en general fue escuchada. Nuevamente, justo como hacia solo un par de horas atrás, todos salieron de sus catres y abandonaron sus quehaceres para observar el cielo, donde una inmensa nave flotaba por sobre sus cabezas.
Coliseo Yunokichi, Cámara secreta, 3:23 Pm
Dos jóvenes mujeres se encontraban observando concienzudamente los pilares que se alzaban frente a sus ojos. La más alta abrazando por la espalda a su novia y prometida, la otra reposando sus brazos por sobre los de su amada. Ataviadas con un simple pijama de dos piezas y descalzas como de costumbre en esa mansión. Ambas tenían el seño fruncido, como quien intenta penetrar con la mirada al objeto frente suyo para descubrir todos sus secretos. A su alrededor, donde estaban los escritorios y libreros de los diez pilares, había un reguero de papeles y libros, la mayoría en el suelo, otros tantos más afortunados habían quedado en los escritorios. Habían ido ahí en busca de respuestas, aun en contra de los deseos de la castaña. Habían violado la privacidad de su escritorio, el de ella y el de su esposa, Tomoyo. Aunque claro, no habían encontrado nada, absolutamente nada, y eso las molestaba en sobre manera. Es por ello que en ese instante se encontraban frente a los pilares, analizándoles concienzudamente, como si estos pudieran verles y se burlaban de sus problemas. Ellis, quien era la única que podía comunicarse con los objetos aparentemente inanimados, había intentado entablar comunicación con los pilares, justo como hacía con la mansión, sin resultado alguno, si es que estos de verdad poseían conciencia alguna, estaban férreamente puestos a no soltar palabra alguna.
Permanecieron en ese lugar, en esa misma posición por lo menos tres cuartos de hora, cada una sumida en sus pensamientos. En algunas ocasiones lograron escuchar el llamado de sus hermanas herederas preguntando por su paradero. Todas ya estaban en plena forma, completamente recuperadas de la sincronización de aquella mañana, y fueron a atender sus respectivos asuntos. La loba de cobalto encerrada en su laboratorio, haciendo quien sabe que cosas. El trió demoniaco pedido por algún lado, muy seguramente planeando alguna de sus ya conocidas estrategias mientras tomaban Té. Las princesitas muy seguramente estarían en la biblioteca y paseando por los alrededores de los parques de la ciudad. Y Tomoyo, ella simplemente se había retirado a Tomoeda a checar a las patrullas de vigilancia y a lidiar con sus demonios. Pero muy en el fondo de ellas misma, todas sabían que estaban haciendo lo mismo, investigando.
Estoy preocupada. – murmuro la rubia mientras se pegaba mas al cuerpo de su prometida. Sus ojos cansados y levemente rojizos por el llanto reprimido, producto de la desesperación, comenzaban a pesarle. Por las venas de su cuerpo corría la sangre hirviente de rabia, típica de alguien que esta por perder la paciencia.
Todas lo estamos. – respondió la ex–cazadora mientras se encorvaba lo suficiente para que su cara quedara escondida en el cuello de la rubia. – sea lo que sea que se libere al abrirse ese candado, presiento no será agradable. – y tras esas palabras ambas miraron nuevamente al candado dentro del que representaba al "Primer Pilar Principal Estelar", el cual se movió ligeramente, como si este estuviera vivo y quisiera apretarse contra el cuerpo de la joven castaña y lastimarla con las series de púas, la cual por supuesto ya no estaba entre sus cadenas. Ambas fruncieron el seño, aun manteniendo fresca en su mente la recién pequeña emergencia a la cual se les había negado asistir.
Tienes razón. – el tono de Ellis fue demasiado serio, presintiendo lo mismo que su prometida. - ¿Has logrado sacarle algo a tu One-san? . – inquirió dudosa y resignada, sabiendo cual sería la respuesta de su novia.
No logre nada con respecto a esto, en cambio con lo otro, me comento que fue una pequeña discusión entre Meiling-san y Sakura-chan . – la oji-azul escondió su rostro en el cuello de la rubia nuevamente, apoyando su frente en el hombro de la menor mientras soltaba un suspiro cansado. Ambas ligeramente desconcertadas por el hecho de que las amigas hubieran tenido una discusión de tamañas proporciones hasta el punto de terminar luchando en Tomoeda – También he hablado con Hime-miko-sama, Kaon-sama y Saeko-sama; tal parece que las One-sama´s saben algo, mas ni una sola quiere decírnoslo. – poco a poco, su voz comenzó a sonar casi estrangulada. – y su semblante al hablar de ello… Ellis, temo por la seguridad de Sakura-chan y Tomoyo-san. – su voz quebrada fue el detonante para que las lagrimas de Ellis fluyeran silenciosamente, así mismo la ex–cazadora ya había mojado la pijama de su novia con gotas de agua salada.
Me siento una completa inútil. – susurro la rubia, exteriorizando las mismas palabras que pasaban por la mente de su prometida, mientras se volteaba para poder abrazar a esta, intentando clamarse entre ellas o por lo menos reconfortarse lo suficiente como para regresar al exterior.
Mansión del cerezo, biblioteca principal, 3:02 PM
Montones de libros estaban esparcidos por todos lados; alguno en la alfombra, abiertos o cerrados, algunos en montones, e incluso uno que otro deshojado. También en los escritorios, en la misma situación que sus compañeros en la alfombra. Las estanterías estaban casi completamente vacías, muy pocos libros se habían escapado de aquel curioso destino. Algunos otros, mas suertudos que los demás, habían quedado suspendidos en el aire cuando una de las princesitas les tiraba tal cual bola de papel sin siquiera mirar hacia donde caerían, y habían sido atrapados por la magia de la mansión, quien consciente de la importancia de "ellos" los había salvado de cualquier daño irreparable. La mansión no les culpaba. Las jóvenes aun estaban alteradas tras enterarse de que su amada líder había tenido una batalla con un dragón, o mas bien, una dragona adolecente en medio de Tomoeda y se había negado en rotundo a que ni una de sus hermanas herederas le brindara ayuda.
Apuradas como pocos días, incentivadas por su irritación, ambas chicas miraban libros como si estuvieran posesas por algún espíritu, desechando libros al menor indicio de estos carecer de la información que requerían. Habían llegado ahí apenas Aoi, hermana de línea de vida de Nagisa, había simpatizado con la causa de su Imouto, consciente de que había caído en el mismo truco que usaba ella misma con su Shizu-chan cuando quería algo, les insinuó lo mas ambiguamente que pudo que la solución no estaba en su poder, mas sin embargo la causa estaba descrita en algún libro u manuscrito perdido en algún lado de la mansión. Agradecidas como nunca, la abrazaron, le mostraron sus respetos y salieron a buscar dicho documento.
Llevaban ahí casi una hora y un cuarto, completamente sumidas en su investigación, completamente ignorando el hecho de que la mansión estaba reacomodando los libros que tiraban al suelo y que ya habían tomado por lo menos cinco veces un mismo libro sin percatarse de ello. Una en la planta alta y la otra en la baja. Ambas habían acordado no adentrarse a la parte mas delicada de la biblioteca, donde e resguardaban los tomos más antiguos y poderosos, esos que podían enseñarte a, incluso, robar la magia de otro ser mágico, o crear criaturas a partir de un espíritu protector, así como el Guardián del Sol, Kerberos. Por mutuo acuerdo habían decidido ir a esa sección juntas, y faltaba poco para que los libros de la sección regular terminaran por ser revisados sin resultado alguno, o al menos de su completa satisfacción.
Hastiadas de tanta información innecesaria, ambas se juntaron en la entrada a la sección de estantería de libros poderosos y delicados. Tomadas de la mano, vestidas con pijamas y , como ya era común, descalzas, se adentraron por aquel oscuro pasillo que apenas era iluminado por alguna que otra ocasional vela, la cual estaba hechizada para no terminarse nunca, mientras que el suelo de madera estaba encantado para mantenerse siempre prolijo y reluciente. El lugar era hasta cierto punto, tétrico, pero tenía un encanto único que las hacía sentir en casa, como su hubieran nacido en alguna biblioteca y hubieran pasado ahí sus primeros años de vida. El aire se lleno de nostalgia mientras ambas rememoraban alguno que otro recuerdo agradable en compañía de sus progenitores. No hubo demasiados de esos. A cambio, solo lograron adentrarse en la amargura de recuerdos tristes y dolorosos que les dejaban un cierto sabor amargo en la garganta. Ante tales pensamientos, ambas se aferraron a la mano de la otra, buscando un ancla a la realidad de sus nuevas vidas. Eran felices en la actualidad, lo único que opacaba dicha alegría era la situación de su pequeña líder, a la que curiosamente ni una podía ver como tal al cien por ciento.
Aquellos pasillos estaban plagados de un misticismo embriagante, tal que incluso les llamaba tomar cada uno de ellos y leerlos concienzudamente hasta el punto de aprender cada palabra en ellos, pero no había tiempo, así que procurando no tocar ni uno solo se dedicaron a observar los títulos, con la esperanza de encontrar uno que les ayudara o les llamara especialmente la atención. Su instinto era pieza clave en esa sección, así se los había dicho su castaña líder la primera vez que habían ido a aquella biblioteca a investigar un hechizo para una clase. Así es como terminaron en lo más recóndito y oscuro de aquel pasillo. No había nada que le diferenciara de los demás excepto una cosa, aquellos libros habían sido anteriormente pergaminos de los tiempos de los primeros pilares, los padres de la actual líder del clan.
Al final del pasillo, en un estante, en solitario había un grueso libro. En la tapa no había ni un solo título, a cambio de este, había un símbolo grabado en oro, la representación del bien y el mal. Ying y Yang. Guiadas por su instinto se acercaron a este y acariciaron la tapa con sumo cuidado, sonrieron casi al instante y procedieron a cambiar páginas, extasiándose con la suavidad del papiro y de la caligrafía perfecta y estilizada que había en ellas. Miraron los dibujos de algunas páginas con suma avidez, deleitándose con los colores tan vividos y con los relieves perceptibles al tacto. Llenaron sus mentes con aquel conocimiento milenario mientras pasaban página tras página. Leyeron sobre el origen de los primeros pilares y lo sucedido con ellos, la desaparición de Gaia y Urano, la creación de los multi-universos y las líneas de vida.
Fascinadas por todo lo que estaban aprendiendo, devoraron poco más de un cuarto de libro en menos de una hora. Pero su euforia pasó a segundo plano cuando, al cambiar una pagina mas del libro, encontraron el sello mágico de su pequeña líder, solo que, en ese dibujo había algo detrás de él, la sombra de un sello, como si fuera una marca de agua en un papel. Lo habrían pasado por alto de no ser por un insignificante detalle. La magia. La magia que impregnaba aquella hoja era diferente. Podían palparla con la punta de sus dedos y sabían que algo no estaba bien en ese dibujo. Era extraño. Era, nuevo. El dibujo se sentía reciente. Poderoso pero resiente, y además de ello había un matiz oscuro que muy a duras penas se podía captar puesto que el sello de enfrente, el que pertenecía a la líder del clan Yunokichi, eclipsaba el poder del sello de marca de agua. Como cuando había un eclipse de Sol. Podrá oscurecerse el día, pero aun así leves rayos de Sol podrán verse por las orillas. Así era en este caso; el sello de Sakura eclipsaba a la marca de agua, y aun así podía sentirse la magia oscura emanando de aquel dibujo.
Ambas tomaban turnos para apreciar a detalle dicha página, pero hubo algo curioso, cuando ambas la tocaban juntas, la marca de agua parecía tomar más nitidez. Curiosas por este hecho acercaron sus rostros y sin haberlo previsto, aquella marca de agua se torno tan negra como la noche y corrompió el sello de la primera estrella, justo cuando el sello rosáceo se torno negro, el dibujo se desfiguro así mismo, como si la tinta impregnada en el papel se volviera liquida, formando un pequeño charco en la hoja. Este, se movía por todos lados, formando picos por sobre la hoja amarillenta, hasta que, segundos después, se detuvo completamente. Ambas chicas miraban de manera atenta dicho acontecimiento a menos de medio metro de este, curiosas por lo que sus ojos veían, obviamente, nadie les había dicho que, "la curiosidad mato al gato".
Un segundo después de que la mancha se hubiera detenido completamente, salto hacia las desprevenidas jóvenes, quienes no pudieron hacer nada para evitar que aquella mancha se les pegara a los ojos. Cegadas por la pegajosa pintura en sus rostros, cayeron al suelo mientras gritaban por ayuda a la otra, sin saber que su compañera estaba en la misma situación. Accidentalmente tiraron algunos libros de sus estantes, y uno de ellos, uno pequeño, del tamaño de la palma de una mano y de color blanco como la leche, de alguna forma termino bajo la mano de ambas, y al instante, lo que dura un parpadeo, ambas se encontraban en un remolino. Ciegas y dando vueltas tal cual trompo, tan solo lograron tomarse de las manos. Cuando el estomago se les revolvió lo suficiente como para querer devolver el almuerzo, sus cuerpos cayeron pesadamente sobre alguna superficie pastosa. Ambas se levantaron tan lentamente como pudieron, procurando estabilizar sus sentidos y calmando a su revuelto estomago que aun quería sacar todo lo que habían injerido a medio día. Después de unos minutos intentaron abrir sus ojos, y sorpresivamente todo rastro de viscosa pintura había desaparecido, y habrían celebrado este hecho de no ser porque se habían percatado de que ya no estaban en la biblioteca.
Ambas observaron aterradas a su alrededor. No había luz suficiente como para ver más allá de un metro de distancia delante de ellas, de hecho no había luz alguna mas la que irradiaban sus cuerpos por ser las herederas del Sol. Más allá de lo que su propia luz iluminaba no podía verse nada, tan solo una espesa neblina. Debajo de sus pies había un pasto curiosamente bañado en cenizas que crujía a cada paso que daban. Caminaron a ciegas por varios minutos, los cuales se les antojaron a varias horas pues no había sentido del tiempo en ese lugar, la ceniza que se levantaba a cada paso que daban bolada por sus alrededores haciéndolas toser cuando esta llegaba a sus fosas nasales. En sus pensamientos no había cabida mas que para llamar a sus respectivas novias telepáticamente para pedirles ayuda, pero la conexión estaba cortada. Nunca les respondieron. Cuando la desesperación hizo acto de presencia, en sus mentes repetían incansablemente el lema de su amada líder castaña, "Pase lo que pase, todo estará bien", un mantra que las alentaba a no perder la esperanza y les daba ánimos para seguir caminando en busca de la salida de aquel lugar. Cansadas de tanto caminar sin sentido, ambas se dejaron caer en el pasto cubierto de ceniza, importándoles poco si ese polvillo manchaba la blancura de sus pijamas de seda. Sus garantas resecas les pedían un poco de agua para aliviarles el escozor de tanto toser a casusa del polvillo entrando por sus narices, pero a falta del vital liquido tenían que soportar el ardor y las molestias que este les provocaba.
Intentaron hablar entre ellas varias veces, pero el resultado había sido anfractuoso, con la garganta escocida por el ardor y la falta de líquido les era difícil pronunciar palabra alguna. Además del hecho de que desde un principio la comunicación era completamente nula. Sea donde estuvieren, el sonido era algo completamente inexistente, o tal vez era solo su sentido del oído que estaba afectado por la magia de ese lugar, la cual, por cierto, no les dejaba a hacer ningún hechizo propio. Estaban atadas de manos en ese asunto. Sentadas en aquel pastizal plagado de polvillo, miraban a todas partes intentando vislumbrar lo que sea aparte de oscuridad. Fue Himeko, quien pasmada por lo que creía ver, soltó un grito ahogado, el que por cierto, no se escucho en lo absoluto, y llamo la atención de su compañera dándole un jalón a su pijama.
Ambas se quedaron quietas mirando el horizonte, donde una pequeña luz había aparecido y se hacía a cada segundo más grande. Y se habrían quedado tranquilas de no ser porque aquella luz no era blanca, sino negra. Pasmadas como nunca en su vida, lograron ver el momento en que aquella luz iba creciendo y en sus adentros un ser humanos, en posición fetal, se iba formando. Para su sorpresa y desconcierto, una pequeña niña de larga cabellera castaña, no mayor de estatura a la que tendría una criatura de diez años se fue formando. Basto que esta tocara sus piecitos en el cenizo pasto para que estas le reconocieran de inmediato. Ataviada con un vestidito blanco, manchado de negro por algunos lados, y descalza de sus piecitos, una pequeña Sakura de ojos tristes se les quedo observando detenidamente. Ambas intentaron acercársele, mas sus intentos fueron en vano. Apenas daban un paso, la pequeña retrocedía tres, y es por ello que optaron por permanecer inmóviles. Ambas se sentaron al ras del suelo nuevamente, a la espera de que la pequeña hiciera algo o diera indicios de querer comunicarse con ellas. Pero no fue así. La pequeña tan solo se dedico a mirar a la nada, casi como si ni siquiera las viera a ellas. Pasados unos segundos tomo asiento en el cielo mientras con sus deditos hacia dibujos en el sucio y gris pasto, ignorando a las presentes, si las notaba era obvio que las estaba ignorando deliberadamente. O quizá, por algún motivo, no podía verles, mas si podía sentir su presencia. Aunque eso no explicaba el porqué se alejaba de ellas. ¡Eran sus hermanas, por el amor de dios! Jamás la lastimarían. Sea como fuese, la pequeña seguía en su mundo jugando con las hojitas de pasto entre sus dedos, o al menos eso hacia hasta que de repente se tumbo al suelo y se hiso bolita, para espanto de las herederas del Sol, quienes asustadas intentaron socorrerla, pero apenas sus dedos toaron aquel cuerpecito, este se volvió intangible. Vieron con espanto como su espalda comenzó a sangrar de la nada y como esta hacia un charco de aquel liquido en el pasto bajo sus pies. Aterrorizadas llamaban una y otra vez a la pequeña, intentando que sus voces traspasaran el hechizo que les imposibilitaba hablar en aquella zona. Sus intentos fueron inútiles. Vieron como ante sus ojos la pequeña copia de su amada hermanita se desangraba por heridas invisibles en su espalda, la sangre brotaba tan lentamente que era un suplicio ver como los sollozos de aquella criatura eran aguantados por la misma, quien en un intento de parecer fuerte, se mordía los labios para acallar los alaridos de dolor que muy seguramente estaría pegando de no ser tan terca.
Largos y tortuosos minutos pasaron para que la pequeña castaña dejara de temblar presa del dolor, minutos en los que las jóvenes herederas del Sol querían arrancarse los pelos por no poder ayudar a la pequeñita. Cuando el aparente dolor de la chiquilla fue disminuyendo, notaron como el charco de sangre se arremolinaba detrás de ella, formando con cada gota otro ser idéntico a la chiquilla castaña, ambas de la misma complexión y estatura, solo que la otra, poseía el cabello corto, justo como se sabía que la castaña Kinesuki lo poseía a la tierna edad de diez años. La pequeña niña, idéntica a su hermanita, fue revestida con un vestidito negro, tan oscuro como la noche mientras el vestidito de su contra parte perdía completamente cualquier vestigio de ultrajes en el. Ambas parecían temblar al mismo tiempo, el dolor de una era el de la otra y el miedo era compartido por ambas. Pronto, tan rápido como el aleteo de un colibrí, una cadena apareció en la muñeca de ambas, uniéndolas por completo. Al mismo tiempo, la pequeña vestida de negro se levanto iracunda de su sitio, observando a su contraparte con ojos tan gélidos como la muerte misma, casi clavándole dagas al cuerpo con solo la mirada, y sin mas, la pateo. En innumerables ocasiones le dio patadas a los costados, haciendo rodar a la chiquilla de blanco por el pasto cenizo de aquel lugar, ignorando los gritos de las otras dos presentes quienes rogaban se detuviera de inmediato. La única respuesta que obtuvieron de ella fue una sonrisa sádica. En un arrebato de cólera, la pequeña niña se poso sobre la otra, imposibilitándole el movimiento mientras le daba puñetazos en la cara, haciéndole sangrar el rostro a la chiquilla de larga cabellera, importándole poco que ambas compartieran el dolor. Cuando el rostro de la pequeña de blanco estuvo irreconocible, la de negro se levanto satisfecha por su labor, dio una ultima patada a su contra parte y se le quedo observando. Mientras los minutos pasaban, y las herederas del Sol intentaban por todos los medios de socorrer a su pequeña hermanita, las heridas de ambas chiquillas fueron curándose lentamente, muy para el fastidio de la pequeña de negro, quien frunció su ceño en señal de inconformidad. Cuando las heridas de ambas estuvieron sanadas, la chiquilla nuevamente se acerco a su desmayada contraparte, se sentó a un lado de ella y la observo concienzudamente de pies a cabeza. Con las jóvenes herederas del Sol del otro lado de la pequeña de blanco, observando impotentes lo que la otra le hacía a la pequeña de limpios ropajes.
Un segundo. Eso es lo que basto para que la niña de cabello corto atravesara el cuerpo de la otra con la velocidad de un rayo. Y en un fugaz movimiento saco su extremidad del pecho de la otra chica, con la sangre brotando de aquel cuerpecito y le último suspiro de la pequeña niña escapándosele por los labios. La escena las horrorizo tanto que ambas dejaron de respirar casi al instante, e incluso algunas gotas de la sangre de la pequeña les habían salpicado la cara. La mocosa de negro, quien en su mano esposada, al otro cuerpo, poseía el corazón de la otra chiquilla, miro aquel motor de vida humano entre sus dedos, lo observo como si de comida se tratara por lo menos un minuto entero, y después, le dio una mordida. Sus labios se regodearon con la sangre de su víctima y sus dientes machacaron la carne del corazón de la pequeña Sakura. Y bocado tras bocado, el corazón desapareció. El cuerpo de la castaña de larga cabellera se torno pálido y poco a poco, comenzó a desaparecer en la nada. Pequeñas lucecitas comenzaron a inundar el ambiente, iluminando todo cuanto podían, desapareciendo la neblina que les imposibilitaba la vista, y es así que lograron ver donde se encontraban, justo frente suyo, a menos de cinco metros se podía ver claramente el gran árbol de cerezo, el cual estaba en el jardín principal de la mansión y el que no podía ser visitado por nadie mas que por los diez pilares. La otra criatura, la que había ingerido el corazón de la chiquilla de blanco, se había erguido completamente y ahora les observaba directamente con una sonrisa sínica en los labios, sus ojos carentes de vida les habían provocado un sinfín de escalofríos por todo el cuerpo y aquel semblante tranquilo les provoco tal terror que tan solo atinaron a dar un paso atrás, lejos de la pequeña. Esta, divertida por lo sucedido tan solo negó con la cabeza y dio media vuelta y camino rumbo al árbol de cerezo, cuando hubo alcanzado sus raíces se sentó en ellas y las miro de nueva cuenta.
Hubiera preferido al trió demoniaco, pero ustedes estarán bien. – susurro melódicamente la niña con un timbre de voz mucho mas grueso que la castaña Kinesuki. – ahora, bienvenidas al lado oscuro de sus almas, princesitas.
Y por arte de magia, ambas herederas vieron como un par de espejos aparecían frente a sí, y reflejados en ellos estaban ellas mismas, justo en la biblioteca de la mansión del cerezo, viéndose la una a la otra y es ahí donde se percataron de lo que sucedía, tanto con la castaña verdadera, como con ellas mismas. La estrella principal había caído presa de la oscuridad de su alma, y esa misma oscuridad les había tendido una trampa a las herederas, ellas habían caído en dicha trampa. Un escalofrió les recorrió el cuerpo cuando se vieron a si mismas sonreír atreves de ese espejo, aquella sonrisas estaban cargadas de tal malicia que lo único que pudieron hacer fue arremeter en contra de aquel cristal mientras gritaban desesperadamente. Lagrimas de frustración recorrían sus rostros manchados de ceniza. Una sensación de vértigo las abordo cuando notaron como aquellas copias comenzaron a caminar sin saber su destino final.
Laboratorios Yunokichi, Estancia "Despertar" 2:55 Pm
Kuga Natsuki, la joven doctora e investigadora mas talentosa, desde su hermana mayor, se encontraba recluida en su laboratorio. En su escritorio había un reguero de informes médicos y tablas de estadísticas, en una esquina de él, había una computadora portátil encendida donde se reproducían en cámara lenta todas las grabaciones que había de las batallas de Kinesuki Sakura. A su alrededor, al menos una docena de pantallas de cristal mostrando la silueta de la castaña, la mayoría acompañada de tablas de datos mostrando sus niveles de magia y el flujo de ella por las vías de distribución a todo su cuerpo, ritmo cardiaco, niveles de glucosa, etc. Algunos papeles se encontraban en el suelo, la mayoría hecho bolita alrededor de un bote de basura completamente repleto de estos mismo. Algunos otros, se encontraban en mesas con material químico encima y otros tantos pegados en una pizarra con anotaciones en ellos. El lugar era un caos, un revoltijo que solo la dueña de dicho laboratorio podía entender. En otra mesa mas apartada, cerca de la pantalla principal de aquel laboratorio, se encontraba la joven doctora, viendo atreves de un microscopio una muestra de sangre de su líder mientras escribía en un block de notas amarillo. En una esquina, en una canasta acolchonada, se encontraba su pequeña mascota jugando con una pelota mientras veía a su ama trabajar. Desde que habían llegado al laboratorio, su ama se había enfrascado con su investigación. Le había dado comida, agua y una pelota para que se entretuviera él solito. Por lo regular Cobalt permanecía en casa o con su otra ama, pero la oji-esmeralda hoy tenía ganas de llevarlo consigo y el pequeñín también tenía ganas de pasar el día con su señora de cabellera oscura. Quizá había recibido demasiada "luz solar" o quizá estaba cansado de que su otra señora lo agarrara como muñeca cada que estaba aburrida. Sea como sea, estaba mucho más tranquilo y divertido jugando con su pelotita recostado en su cómoda canastita en aquel, sorprendentemente, agradable laboratorio.
La princesa de hielo había estado en su recinto por más de una hora encerrada. No había despegado sus ojos de los documentos y pantallas más que una sola vez, cuando sintió la perturbación de magia en el ambiente y le fue notificado sobre la pelea amistosa entre Li Meiling y Sakura-san, ante la petición de esta ultima de no intervenir, simplemente hiso un ademan de resignación y siguió con lo suyo. Constantemente le eran mandados reportes sobre los movimientos de los enemigos de la organización por parte de su hermana y las generales Yunokichi. Le tranquilizaba ligeramente que estos siguieran reagrupándose, tratando a sus heridos y encargándose de sus caídos. En sus observaciones a las muestras de sangre y magia de su líder había anotado en su block curiosidades acerca de la muestra, haciéndola creer que las muestras habían sido contaminadas o que quizá ella estaba demasiado cansada y estaba teniendo alucinaciones. Por milisegundos, una ligera capa de magia oscura se interponía entre la lente del microscopio y las muestras que la loba de cobalto observaba. Lo había notado por mera coincidencia, cuando en un momento se había adentrado en sus pensamientos por más de un minuto sin parpadear siquiera y había sido sacada de su letargo al ver por la lente él como la muestra se oscurecía para después volver a tomar el color original que debía poseer. Guiada por la curiosidad había analizado todas las muestras, una por una, detenidamente. Cuando estaba analizando la ultima, demasiado enfrascada en su observación, no se percato de como todas las muestras comenzaban a gorgotear y se salían de sus recipientes, juntándose en una pequeña masa inconexa que lentamente se acercaba hacia la joven doctora. Cobalt, quien había observado todo desde el inicio, dejo de jugar con su pelotita y comenzó a caminar lentamente hacia su señora, tratando no hacerse notar por aquella presencia maligna que estaba por atacar a su despistada señora. Cuando la masa estaba a menos de diez centímetros de la joven, el cristal de la muestra en el microscopio se rompió, exaltando a la joven, quien desconcertada se aparto del aparato. Un segundo después se encontraba en el suelo con CobaltShadow, en su forma adulta, lanzando fuego negro por sus fauces, intentando deshacerse de aquella masa de sangre y magia oscura que había intentado atacarle. Cuando la loba de cobalto se recupero de la impresión, invoco sus armas y comenzó a disparar con la mayor cantidad de magia que le fue posible. Entre todo el ajetreo destruyeron la mayoría del laboratorio. Aquella masa se escabullía por todas partes haciendo que la puntería de ambos fallara. Fastidiada por la situación, Natsuki invoco su arma más poderosa, la que su hermana de línea de vida, Kruger Natsuki, le había regalado. Al ver el arma, la masa inconexa retrocedió lentamente, como si supiera el alcance de destrucción que poseía dicha arma. Natsuki sonrió para sus adentros al saber que aquel encuentro lo había ganado ella. En un segundo CobaltShadow se había fusionado al arma y su ama había apuntado el arma directamente a la masa de energía oscura.
Has hecho de que mi laboratorio quedara hecho pedazos. – susurro Natsuki lúgubremente mientras se tronaba el cuello en busca de liberar tención. – Cobalt, carga cartucho de fuego plateado. - aquellas palabras fueron pronunciadas quedamente, casi con sorna por la loba de cobalto.
Al instante el arma brillo intensamente y Natsuki jalo del gatillo. Dicho disparo se escucho por toda la ciudad. Alterando en sobre manera a las herederas, las líderes y a los antiguos pilares. Como resultado del disparo, la masa de magia oscura había desaparecido, la estancia "Despertar" ahora tenía una entrada alterna a un lado del lago de la mansión del cerezo, y Natsuki había perdido la mayor parte de su investigación. Al notar todo ello soltó su arma, está al caer al suelo se separo de Cobalt, quien regreso a ser un cachorro, y desapareció de nuevo a su lugar de reposo, el armario de armas en la habitación de Natsuki y Shizuru. La loba de cobalto apenas se ponía a pensar en las repercusiones de usar el arma en una estancia cerrada tan pequeña y las consecuencias de haber enfrentado a un hostil dentro de su laboratorio. Observando a su alrededor noto solo muebles, pantallas y aparatos, todos completamente destruidos. Cientos de hojas de papel chamuscadas y destrozadas en pedazos aun volaban por todos lados. Además de todo aquello, sus ropas se encontraban en un estado deplorable; la bata de laboratorio rasgada por todos lados, manchada de tierra, ceniza y químicos, así mismo como sus pantalones y blusa, había perdido un zapato y su cabello estaba hecho un nido de pájaros, tenía algunas gotas de sangre propia por algunos lados y dolor en la mayor parte de su cuerpo. De ahí en fuera, estaba completamente sana y salva.
Una serie de apariciones la habían asustado a tal grado de ponerse en guardia con sus armas regulares en ambas manos con su mascota gruñendo y adoptando la misma posición que ella. Al ver a las recién llegadas ambos se tranquilizaron. La mayoría de sus hermanas herederas se encontraban ahí en compañía de la primera y segunda estrella, todas con expresiones confundidas en sus rostros mirándole como si de una loca se tratara
¿Qué rayos a pasado aquí?. – inquirió Nadie inquieta mientras observaba a la oba de cobalto, exteriorizando la misma pregunta que rondaba en la cabeza de casi todas. Ni una se percato de como la castaña Kinesuki miraba disimuladamente al cachorro de Akita, el cómo este al notar dicha mirada tan solo asintió con su cabeza y salió de la estancia, como quien acabase de recibir una orden y había ido a cumplirla.
Una cosa ha intentado a tacarme. – respondió sumamente alterada Natsuki mientras intentaba arreglar su cabello y gesticulaba muecas de frustración en su juvenil rostro, muy para la diversión de su novia. – Cobalt me ayudo a derrotarle, pero esa cosa era demasiado escurridiza así que use el BlazeMaster fusionado con CobaltShadow y le dispare. – culmino su explicación con una sonrisa victoriosa mientras hacia el ademan del triunfo con albas manos. La reacción de todas fue tan solo negar con la cabeza mientras soltaban suspiros. La gran amatista, observadora como ninguna, comenzó a escanear la estancia en busca de algo, su amada castaña lo noto y comenzó a hacer lo mismo.
¿Dónde están Himeko-san y Nagisa-san?. – pregunto Tomoyo con semblante curioso. Al instante todas comenzaron a buscar en la estancia, desconcertadas por la ausencia de las princesitas.
Todas comenzaron a llamarles telepáticamente apenas notaron su ausencia. No hubo respuesta alguna. Cuando la histeria comenzaba a embargar las voces de Shizuma y Chikane, la alarma en la ciudad comenzó a sonar estrepitosamente mientras el suelo bajo sus pies comenzaba a temblar ligeramente, un segundo después las herederas de la Luna y el segundo pilar sintieron un golpe darles en las entrañas, justo donde se alojada su núcleo mágico. Basto un milisegundo para entender que estaban bajo ataque, el cual estaba siendo lanzado al escudo de Tomoeda con una fuerza casi brutal, lo suficiente para hacerlas trastabillar al no estar preparadas para esa case de ataques. Sakura, Shizuru y Ellis intentaban socorrer a las demás, haciendo que tomaran asiento en el suelo y echándoles un poco de aire mientras desesperadas preguntaban ama medio mundo lo que estaba sucediendo, pero nadie parecía estarles haciendo caso, o al menos así fue por eternos dos minutos, donde una completamente alterada Asakura se apareció en una pantalla de comunicación.
¡Sakura, chicas. Himeko y Nagisa están poseídas! ¡Nos han encerrado, quien sabe cómo, en el cuartel y hechizado a las generales! ¡Están atacando el escudo de Tomoeda y diezmando a nuestro ejército! ¡Vallan y deténganlas! ¡Como sea, pero háganlo!
Al instante, todas invocaron sus armaduras y desaparecieron de aquel laboratorio destruido.
Tomoeda, 4:15 Pm
Las princesitas del Sol, ambas aun ataviadas con pijamas blancas, sobrevolaban los cielos de la ciudad de Tomoeda. Sus cabellos habían perdido brillo y sus ojos se habían oscurecido hasta el punto de parecer dos perlas de carbón incrustadas en sus cavidades oculares. Ambas sonreían divertidas mientras docenas de Yunokichi´s arremetían en contra de ellas intentando detenerlas sin lastimarlas en ningún grado de lo posible. Sus compañeras estudiantes, les observaban desde las calles de Tomoeda, aterradas de lo que sus ojos veían, siendo testigos del poder y sadismo que estaba escondido en los aparentemente frágiles cuerpos de aquellas niñas que nunca imaginaron siquiera rompiendo un plato. Algunas habían visto el momento exacto cuando habían aparecido de la nada en medio del cielo y juntas habían lanzado una llamarada de fuego negro al punto ciego del escudo, ese que se había fortalecido un poco gracias a la magia del segundo pilar y las herederas de la Luna. Sus glóbulos oculares se habían agrandado en cuanto vieron como ese golpe mágico había desestabilizado por un segundo aquel poderoso escudo. Muchas se resguardaban de los hechizos perdidos que las Yunokichi de elite y sus discípulas lanzaban y no daban en su blanco, y aun asi, mas de alguna fue presa de algún hechizo paralizador o de sueño perdido en medio de los ataques. Muchas Yunokichi caían del cielo y se estrellaban en los edificios por la fuerza con la que las princesitas lanzaban sus ataques, dando en el blanco y lastimando en sobre manera a sus amigas, compañeras y subordinadas. Cada guerrera presente intentaba, inútilmente, de hacer entrar en razón a las jóvenes, a cambio solo recibían burlas y más ataques de fuego negro. Como misión principal, las guerreras se habían autoimpuesto alejar a las chicas del punto débil del escudo la mayor parte del tiempo posible, o al menos hasta que alguien les dijera que carajos estaba pasando y revertir lo que sea que hubiera pasado con las princesitas del Sol. Media docena de Yunokichi´s de elite estaban inconscientes, bañadas en sangre en enormes cráteres de roca fundida; y otras veintisiete de ellas estaban mal heridas, tiradas en algunas partes de la ciudad en medio de escombros intentando mantenerse consientes. Las Yunokichi de elite en entrenamiento trabajaban juntas para mantener ocupadas a las princesitas mientras llegaban los refuerzos. Muchas de ellas sumamente cansadas y con heridas múltiples por todos lados por debajo de sus armaduras. La mayoría de ellas con dos quintos de sus jemas mágicas activadas, y aun así no podían hacerle frente a las princesitas. El alivio les embargo cuando vieron aparecer en la lejanía a las demás herederas y a los dos primeros pilares, las ocho vestidas con sus armaduras. Lo cual fungió como distracción para que las princesitas también dejaran de atacar. Se les habría antojado tomarles una foto de no ser porque la situación no se prestaba. La imagen de aquellas ocho poderosas entidades, juntas, vistiendo las Dead Master Yunokichi mientras flotaban en los cielos de Tomoeda bajo el sol de la tarde, era sencillamente sublime. El ligero viento ondeaba las túnicas con la denominación de su casa bordada en la espalda, y todas, sin excepción alguna tenían sus cascos debajo de uno de sus brazos y sus respectivas armas a la espalda. Todas ellas con una larga katana atada a la cintura, juguete nuevo que la loba de cobalto había agregado recientemente.
La líder del clan, sería como ningún otro día, intento acercarse a las princesitas, pero sus intentos fueron frenados por la mano de su esposa en su pecho, imposibilitándole avanzar ni un solo centímetro más sin sufrir las consecuencias después. Cuando la castaña busco la mirada de su esposa y hermanas, noto como todas las demás herederas se le quedaban viendo acusatoriamente. Al parecer aun no la personaban por no dejarlas ayudar con el asunto de Meiling. Suspirando derrotada, retrocedió y les hiso un ademan para que fueran ellas las que solucionaran aquel problema.
Fueron Chikane y Shizuma quienes se autoimpusieron la misión de hacer entrar en cordura a sus princesitas. Avanzaron hasta estar a una considerable distancia de sus novias, intentando que no fuera demasiada como para que no las escucharan claramente sin gritar y ni muy corta como para tener tiempo de ponerse en guardia ante algún arranque de ira de alguna. Ante la cercanía de las herederas del tercer y séptimo pilar, las Yunokichi de elite en entrenamiento bajaron a tierra firme a que les curaran las heridas y les dieran pócimas revitalizantes. Mientras todas veían a el cuarteto intercambiar palabras, o gritos, en dado caso, la primera estrella se dedicaba a observar a todos lados, checando que el escudo estuviera estable y que las Yunokichi lastimadas estuvieran siendo atendidas; también dio un vistazo a las cuerdas que mantenían a flote los fragmentos de alma que aun estaban bajo si vigilia y que no tardando, en ese mismo día, soltaría finalmente, pero eso lo haría de una por una, así su cuerpo no sufriría el reajuste de su alma de golpe. Debía delegar esa carga. Ya.
Pronto miles de hechizos comenzaron a ser lanzados por parte de las princesitas. Las demás herederas tan solo se dedicaban a esquivar los hechizos mientras Tomoyo se encargaba de que ni uno solo de ellos les diera a las ciudadanas Yunokichi que estaban en tierra firme siendo curadas de sus heridas. Todas, las que no estaban en una batalla con sus novias, fueron sacadas de su mundos cuando vieron como la castaña Kinesuki flotaba lentamente hacia un lado den especifico, ignorando completamente a todas mientras fijaba su mirada mas allá del escudo de Tomoeda. Su semblante, claramente en shock, intrigo lo suficiente a sus hermanas y esposa como para que estas buscaran lo que sea que había puesto tan pálida a su líder. Sus reacciones fueron muy similares a la de su pequeña hermanita. Todas soltaron sus cascos, los cuales se desintegraron antes de tocar el suelo, de la impresión. Un leviatán de los cielos. Del otro lado del escudo, por encima del campamento enemigo se alzaba un Leviatán de los cielos, una nave que había sido diseñada por el trió demoniaco, y cuyos planos y maquetas habían desaparecido sin dejar rastro hacia ya un tiempo. La idea había surgido apenas se juntaron por vez primera a tomar el Té y se habían realizados los planos para el termino de ese mismo día. Eso ocurrió las primeras dos semanas de haber llegado a esa dimensión. Nunca lograron hallar los planos originales pero habían hecho una copia mas y le habían añadido cosas nuevas con el pasar del tiempo. El término de dicha nave estaba próximo, nadie fuera de los diez pilares sabía sobre aquel proyecto. Nadie.
Y ahí, frente a sus ojos, se encontraba la joya del trió demoniaco, su primera creación, su pequeño retoño. O al menos una imitación basada en los planos originales. Un gigantesco armatoste de metal, rodeado de electricidad y magia recubriéndole por completo, haciéndole poseer, ligeramente, la dureza de un diamante, con fauces puntiagudas cuyo en el centro, donde debería estar la garganta de la bestia había un núcleo de cristal, el cual habría sido previamente llenado de magia, y este fungiría como el corazón de la bestia. Dichas fauces estarían protegidas por una red de relámpagos que se accionarían por movimiento cercano. Pero la bestia no era el problema en sí, sino lo que llevara dentro de ella.
La idea original había sido llenar al Leviatán con armas, las cuales habían sido diseñadas por la heredera del noveno trono, quien tuvo la inteligencia y astucia suficiente como para nunca revelarle a nadie donde se encontraban dichas armas y sus respectivos planos. Poco después se abandono la propuesta. El Leviatán termino fungiendo como un tanque de guerra, o nave nodriza, cuyo núcleo había sido creado a partir de la sangre de los diez pilares, y el cual era del tamaño de una canica y estaba resguardado en la cabina principal de mando; las armas mágicas de plasma, diseñadas por la novena estrella, habían sido añadidas y escondidas por todo el revestimiento de la bestia, y la "piel" de la misma había sido fabricada con el mismo procedimiento que las Dead Master; los códigos de defensa y ataque eran parecidos a los diseñados por Kuga Natsuki, modificados por ella misma para el proyecto; la bestia podía recoger la magia del ambiente, acumularla y reenviarla en forma de cualquier tipo de hechizo por las cavidades alrededor de su "cuerpo". Con el tiempo le fue creada una conciencia artificial a partir del alma y esencia del segundo pilar, a la que llamaron, "Artemisa". Las princesitas habían añadido a los planos algo de su propia creación, un rompedor de escudos infalible y poderoso; basadas en las propiedades mágicas de "Sword", carta mágica que podía atravesar y romper cualquier cosa, a sabiendas de que la carta no estaría con ellas todo el tiempo y que solo podía ser utilizada y convocada por los dos primeros pilares. Era mejor tener un As bajo la manga en dado caso de que ni una de las dos estrellas principales estuviera presente. Como aditamento extra, la primera estrella había añadido un potente hechizo de invisibilidad a conciencia, sumando a la ecuación las propiedades de "Dash" y "Time", convirtiendo aquella nave en la mas rápida del universo, cuya velocidad alcanzaba el Warp 10. Y entre todas, lograron poner la mayoría de las trampas que protegían los camarotes, cabinas principales y almacén, en dado caso de que hubiera una infiltración. Toda Yunokichi, o ciudadano de la ciudad escondida, estaba registrado en el banco de datos de "Artemisa", quien no estuviera en esa base de datos, la que solo podía ser cambiada por los diez pilares al mismo tiempo, sufriría los horrores del infierno a base de los poderes de la mayoría de las cartas mágicas de la primera estrella. Con respecto al tamaño, "El leviatán de los cielos infinitos" tenía la suficiente capacidad en sus adentros para alojar a toda la población de la ciudad Yunokichi cómodamente, mientras que por fuera, su tamaño podía cambiar a conciencia hasta la envergadura de una abeja, si así les placiera.
Ver aquel proyecto base frente a sus ojos les dejo un sensación amarga en la boca. Incluso las princesitas poseídas, por quien sabe que espíritu maligno, se habían percatado de la presencia del Leviatán y habían dejado de pelear con sus parejas. La ira comenzó a burbujear bajo la piel de las diez estrellas. La base de su preciado proyecto en conjunto había sido usurpado y en ese mismo instante estaba por se utilizado en su contra.
Todas estaban distraídas observando el Leviatán en la lejanía, lo suficientemente distraídas como para no notar como las manos de las otras dos princesitas del Sol hablaban en lenguaje a señas y pedían desesperadamente que dejaran de tenerles consideración a sus cuerpos y les golpearan el núcleo mágico con una descarga de magia de Sol lo más pronto posible. Incluso las Yunokichi en el área veían pasmadas a la enorme nave enemiga con la boca abierta. Fue Miyuki quien, desde su posición en tierra firme y completamente pendiente de sus líderes, leyó claramente el mensaje, a través de un hechizo de visión, y le susurro a su novia Shion, alumna de la clase del Sol, lo que había leído en manos de ambas princesas. Renovada por una valentía y coraje inigualable, además del hecho de estar sumamente cabrada por que la oscuridad se las había apañado para corromper el alma de Nagisa, reunió a todas sus compañeras y les pidió le otorgaran un poco de la magia que aun poseían. Intentaría realizar lo pedido por las princesitas antes de que la oscuridad recuperara el control de sus cuerpos. Sin embargo, aunque habían reunido el poder suficiente para un pulso de magia en el núcleo, había dos contrincantes, necesitaba una compañera que poseyera su misma velocidad y sigilo. Kagome fue la elegida.
Animadas silenciosamente por sus compañeras, ambas se deslizaron sigilosamente fuera del alcance de visión de las diez estrellas principales. Se agazaparon detrás de un automóvil abandonado y comenzaron a reunir toda la magia que les habían prestado en la palma de sus manos, a la espera de la señal de la otra para cumplir su deber. Cinco segundos fueron suficientes para reunir la energía y concentrarse en su objetivo. Cuando voltearon nuevamente al cielo, notaron como poco a poco relámpagos mágicos comenzaban a surcar el cielo, el cual se había nublado repentinamente. Varios de esos centellas estrellándose con las diez estrellas principales, haciendo que sus armaduras recibieran la energía y al resguardaran para darle mejor uso después. Y en el caso de las princesitas, estos solo les golpeaban sin mas. Al ser ellas hechiceras de luz, los rayos eran completamente inofensivos para sus cuerpos. Sincronizadas como pocas Yunokichi, Kagome y Shion dieron un salto hacia una casa cercana y de ahí tomaron impulso hacia las princesitas.
Todo sucedió en un segundo. Al chocar sus palmas en los núcleos mágicos de las princesas y liberar el pulso mágico de Sol, amas chicas gritaron adoloridas, el sonido de un espejo rompiéndose se escucho estruendosamente por todos lados. Un relámpago impacto a las princesitas, iluminando su silueta y haciendo que tanto Kagome y Shion salieran desprendidas del lugar, cayendo a tierra firme, donde fueron atrapadas en el cielo por sus compañeras. Las demás herederas y los dos primeros pilares, observaron impactadas la realización de dicho acto, maravillándose con la velocidad con la que aquellas dos jovencitas habían actuado. Shizuma y Chikane, pasmadas en sus lugares, tan solo intentaban distinguir la silueta de sus novias en medio de tanta luz. Alrededor de aquellas dos niñas se había formado una cúpula ovalada de luz amarilla que lentamente había sido revestida de oscuridad. Y de repente un puño enguantado con la Dead Master Yunokichi Solar salió de entre toda aquella negrura en uno de los "óvulos", rompiéndola como si de cascara de huevo se tratara. Cascaras que se volvían polvillo al instante. Con puñetazos y patadas, emergió de aquella cúpula una muy cabreada Nagisa, quien estaba ataviada con la armadura del Sol de pies a cabeza; de la boca le escurría un liquido negruzco que le supo a basura. Tosiendo como posea, saco de su sistema más de un litro de aquella porquería, escupió los residuos que le habían quedado en la boca y soltó un suspiro entre cansado y agradecido mientras miraba en tierra firme a sus amigas y les gesticulaba su agradecimiento con una enorme sonrisa.
Del otro "huevo" emergió la Katana del Sol, atravesando la cascara negra para un segundo después moverse tal cual torbellino y terminar haciéndola picadillo. Cuando los pedazos se hicieron polvo completamente, Himeko guardo su Katana en la funda y se inclino apoyando sus manos en las rodillas mientras vomitaba toda la oscuridad que llevaba dentro. Cuando si sistema estuvo limpio, fijo su mirada a sus salvadoras y les agradeció con un ademan de cabeza.
Pasado el peligro, todas suspiraron de alivio. Las novias de las princesitas fueron a su encuentro y las abrazaron como si su vida dependiera de ello, asegurándose de que el golpe que les habían dado no les hubiera lastimado en lo mas mínimo, o muy seguramente tendrían una "charla" con aquellas chicas.
Habiéndose liberado de la oscuridad, Himeko y Nagisa liberaron a las antiguos pilares de su confinamiento y levantaron el hechizo de sueño sobre las generales Yunokichi, mientras se disculpaban con sus hermanas, novias y lideres, para poco después vislumbrar nuevamente el Leviatán del otro lado del escudo, el cual comenzaba a moverse lentamente en dirección hacia la ciudad. Lo cual preocupo en cierta medida a las diez estrellas.
¿Alguna posibilidad de que esa… "cosa" se adentre en la ciudad? – a falta de un calificativo más adecuado, el cual no insultara en demasía el trabajo de sus hermanas, Natsuki prefirió denominarlo despectivamente como algo impersonal. Las muecas de desagrado por parte de sus hermanas no se hicieron esperar. No las culpaba.
Siendo el diseño básico. – secundo Chikane mientras veía detenidamente todas las características de "eso". – ninguna. – sentencio mientras analizaba todas las posibilidades.
De ser posible tal hazaña, la estructura no resistiría el peso del escudo. – opino Nadia mientras en su mente intentaba rememorar todos los puntos débiles de aquella estructura de hierro.
El núcleo ni siquiera está lo suficientemente lleno como para lanzar un "Demoledor de ciudades" . – opino Himeko mientras jugaba nerviosamente con los dedos de su novia.
Hay algo raro en esa "cosa". – comento Nagisa mientras fruncía el ceño e intentaba potenciar mas su visión con magia. Ante sus palabras todas intentaron ver aquello que las inquietaba.
¿Eso en la re vestidura, es sangre? . – pregunto dudosa Tomoyo mientras su pálido rostro se tornaba aun mas anémico.
Es sangre…. ¡Es sangre de Dragon! .- exclamo escandalizada Shizuru mientras la sangre de su sistema la abandonaba.
¡Esa cosa puede entrar a Tomoeda! . – gritaron todas a la vez mientras observaban como aquella cosa estaba a punto de chocar con su escudo atravesarlo.
Ante su horror, vieron como aquel armatoste se arremetía con el escudo y lentamente, en medio de rayos y un escandaloso rechinido de metal, se adentraba lentamente a la zona de Tomoeda. Por un segundo, solo por un segundo, lograron ver como una silueta de dragón se arremolinaba en el núcleo del Leviatán. Solo eso les basto para entender que los planos robados habían parado en manos de un dragón que se había aliado con el enemigo. Lo cual les había tomado por sorpresa.
Ciudad Yunokichi, Cuartel general. 4:29 Pm
Recién habían restablecido la comunicación en aquella sala y se habían comunicado con sus hermanas, avisándoles del comportamiento de Himeko y Nagisa. Habían batallado un par de minutos en restablecerla puesto que unas muy inteligentes princesitas se las habían apañado para lanzar un hechizo que interrumpía las señales en toda aquella habitación. Nada que una muy indignada Tomoko pudiera resolver en tiempo record. Habiendo hecho lo propio, buscaron como rayos salir de ahí. Desconocían los hechizos que habían usado para mantenerlas encerradas y lo peor de todo, sin poder hacer mas magia de la que una Yunokichi de primer nivel pudiera hacer. Indignante.
Con la comunicación restablecida, y guiadas por el deber, se dedicaron a restablecer las imágenes de vigilancia exterior. No les agrado en lo mas mínimo lo que vieron. Las princesitas, poseídas por algún ser maligno, sepa dios donde lo habrán encontrado en esa ciudad, habían lastimado a su ejército, algunas habían caído mas grabes que otras, mientras que unas pocas afortunadas solo estaban agotadas de tanta magia que habían utilizado. Afortunadamente las doctoras y enfermeras ya les estaban curando y proporcionándoles medicación mientras restablecían sus energías. Casi quisieron llorar de frustración cuando vieron que ni Chikane ni Shizuma tenían la intención de ponerles una mano encima a sus novias, pero aun, se habían impuesto la hazaña de hacerles frente y creer que las "convencerían" de regresar a la luz. En ocasiones como esas entendía la necesidad de su hermanita menor por hacer las cosas ella misma. Nunca mandes a la batalla a una princesa de la Luna a enfrentar a una princesa del Sol, es inútil y desesperante. El resultado era inconcluso. Todas, pasados unos segundos, habían dado con la solución al problema, y de no ser porque aquellas jóvenes se creían lo suficientemente sabias entenderían que en ocasiones como esas, el amor no era la solución. El amor de las princesas de la Luna por las princesas del Sol, eclipsaba su buen juicio y echaba a la basura todos los conocimientos que habían adquirido. Era ridículamente exasperante el ver como su hermana planeaba ignorar la situación, o al menos eso es lo que creía Asakura, para entretenerse mentiras observaba a su alrededor. Ni siquiera podían comunicarse con las chicas puesto que las comunicaciones aun no estaban restablecidas con la ciudad de Tomoeda al cien por ciento. Escucho a Hime-Miko y Aoi lanzar maldiciones, algo sumamente extraño, hacia las hermanas de línea de vida de sus esposas, suceso que dejo paralizadas a Kaon y Shizu, quienes nunca habían presenciado el momento en que sus princesas soltaran palabrotas tal cual marinero lépero en medio de una pelea. Pero todo mundo quedo en silencio cuando vieron lo que tenía a la castaña Kinesuki menor tan embobada. Fuera del escudo había un armatoste que les ponía de nervios por alguna razón. Entre las diez intentaron analizar aquella "cosa" sin llegar a un resultado acerca de lo que era. Pero si notaron algo. Aquella cosa, lo que sea que fuese, era parte de la legión de enemigos que tenían delante y que, aparentemente, aquella "cosa" estaba recubierta completamente de sangre de dragón. En medio del pánico no se percataron del momento exacto en que las princesas del Sol habían sido liberadas del espíritu oscuro, pero eso poco les importo. Intentaron comunicarse de nueva cuenta con sus hermanas, fallando estrepitosamente. Enojadas como pocos días salieron de aquella habitación con la firme intención de ayudar con lo que fuera necesario. Pero sus intentos fueron detenidos cuando sintieron un mareo abordarles. Agobiadas se dejaron caer en medio del pasillo mientras intentaban recuperar el aliento. Un segundo después, cuando un mal presentimiento se instalo en la boca del estomago de todas, intentaron hacer un poco de magia nuevamente. Ni una sola gota de magia emergió de sus cuerpos. Su magia se había sellado. Horrorizadas se miraron unas a otras mientras se tomaban los rostros, maldecían por lo bajo y golpeaban las paredes de aquel pasillo con rabia. Segundos después, en medio de su rabieta, sintieron el escudo de Tomoeda ser penetrado. La alarma roja se encendió en toda la ciudad.
Próximo capitulo: Explosiones y Despertares
