Enmendar los errores requiere identificar las causas por las que se han cometido. Es esencial analizar si detrás de ellos se esconde un pasado sinuoso. Podemos arrepentirnos por haberlos hecho o volver a repetirlos, pero nunca borrarlos, porque gracias a ellos aprendemos algo nuevo. Nada justifica las faltas graves, pero que vuelvan a ocurrir no es una opción.
Poco a poco un corazón congelado comienza a derretirse. Éste es capaz de atravesar los obstáculos que se han generado en su camino, pero una persona puede ser la clave para que ocurra un verdadero cambio en él. Sólo basta una oportunidad.
Disclaimer: En general todo pertenece a Disney y a los respectivos creadores de la historia, todo aquello que reconozcan no me pertenece. Siéntanse libres de dejar una queja si el empleo de ellos no es el correcto.
Aclaraciones: Post-Frozen. Pre-Fiebre. Helsa-Hansla-Iceburns. Leve mención de Kristanna. Trato que los personajes sean lo menos OoC posible. ¡Disfruten!
"Hasta que no te reconcilies con lo que eres, nunca estarás contento con lo que tienes" - Doris Mortman [Autora estadounidense]
Paso a paso
Capítulo 20
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Día 357
El verano traía un aire más cálido que las otras estaciones, haciendo que el jardín fuera el lugar perfecto para pasar un momento disfrutando no sólo de la brisa sino del colorido paisaje que con tanto esmero mantenían los dos jardineros del castillo. A pesar de ello, Hans era el único ocupante de uno de los espacios más importantes del hogar de la familia real de Arendelle.
Después del beso con Elsa, ella se había mantenido ocupada durante lo que restaba de la tarde, así como durante el comienzo de esa mañana. El pelirrojo no había tenido tiempo de mantener una importante conversación con ella, pero sí para pensar detenidamente.
Se sentía el hipócrita más grande -si no lo había sentido mucho antes-, le había dicho que no podía amar a otra mujer después de su madre y un solo suceso le hizo darse cuenta que sí pudo hacerlo.
Que lo hacía desde mucho antes.
El temor de verla morir superó a aquel miedo de lo que podría hacer quererla.
Elsa era elegante, bella, protectora, cariñosa, atenta, misteriosa, de corazón bondadoso, inteligente, juguetona, cálida, y muchos adjetivos más. Le gustaba estar con ella, se sentía feliz en su presencia, era capaz de sonreír, de pensar detenidamente, de hacer a un lado una parte de su orgullo y arrogancia, de tomar en cuenta a los otros, ella le daba la vida que no vivió en el pasado.
En retrospectiva, no sabía cuándo se había enamorado de Elsa, pero por lo más sagrado, cómo agradecía haberlo hecho.
"Es lo único realmente bueno que has hecho en tu vida".
Aunque nunca fuera capaz de merecerla.
Irónico, había superado un obstáculo, sólo para caer en otro, mucho más grande. Él intentó matarla, si no lo hubiera hecho podría haber sido una historia diferente. No le haría daño por el hecho de quererla, sino porque su acción del pasado.
Cortó una de las muchas flores que había en el lugar.
Elsa se encontró con Hans en el jardín del palacio, finalmente había podido obtener información sobre la presencia del sobrino de Weselton; él sólo llegó allí para matarla, su tío había enfermado meses atrás y sufría a 'causa' de los sucesos provocados por la bruja -ella-. Era muy claro de dónde provenían sus ideas, pero no le daba alguna clase de importancia, afortunadamente él había confesado ser el único que creía en las palabras de su querido tío y lamentaba que alguno de sus familiares no siguieran sus pasos de vengarlo.
Miró al pelirrojo sentado en la banca de piedra y avanzó con lentitud hasta acomodarse a su lado, no sabía qué era lo que iba a ocurrir, una parte de ella albergaba esperanzas y la otra se atenía a lo que ocurriría.
Tenía el presentimiento que la decisión de Hans no cambiaría.
Él tomó su mano y le depositó una flor blanca, para comenzar a acariciar su palma con completa suavidad sin decir palabra alguna durante los primeros momentos.
-Estoy enamorado de ti, Elsa, sólo Dios sabe cuánto -expresó Hans con voz llena de emoción, mirándola de reojo antes de enfocar sus ojos esmeralda en los azules de ella-. Sé que no te quise desde el momento en que nos vimos, ni el primer día o el segundo… -rió sin gracia-, pero lo siento, pasó tan lentamente que no me di cuenta cuando comencé a quererte, sólo ahora sé que no podré querer a nadie más, que viví mi vida hasta el momento de encontrarte y casi lo pierdo, por mi propia mano. Quiero que sepas que te quiero Elsa -calló y ella supo que vendría lo peor-, pero no podemos estar juntos.
-¿Qué? -no pudo evitar preguntar. Él tomó su cara y pegó su frente a la de ella.
-Elsa, amor mío, no soy digno de ti, no creo poder serlo nunca y por eso debo partir, yo te valoro y te admiro, pero mereces a alguien que no te haya hecho un gran daño, y ese no soy yo, no planeo hacerlo nunca más, pero el pasado está ahí y eso, amor, me pesará hasta el día en que abandone este mundo -besó su frente antes de volver a juntarla con la de él.
Ahí estaba, lo había dicho y dolía, demasiado. Era una clase de dolor diferente a la pérdida de su hermana, claro que no llegaría hasta ese nivel porque eran amores distintos, pero dolía.
Se le escapó una primera lágrima y Hans la borró.
-Lo siento tanto -susurró él y también comenzó a llorar, sus ojos verdes se mostraban apesadumbrados.
-Yo también -musitó débilmente.
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Día 358
-Sabes que si deseas regresar puedes hacerlo, Hans -le dijo Gerda al pelirrojo mientras lloraba al abrazarle, había cambiado tanto aquel joven prepotente y estirado, que detestaba todo y a todos; se iría en el amanecer cuatro días después y desde el comienzo de la semana la mujer ya sufría con que se fuera.
También su niña Elsa sufría por la partida del joven de cabellos rojizos.
-Muchas gracias, Gerda, por todo -manifestó el joven palmando su espalda, no le importaba la poca expresividad que mostraba con ella, sabía que era muy distinto con la reina.
-Te extrañaremos todos por aquí, Hans -comunicó Kai apoyando una mano en el hombro del chico-, a pesar de todas las dificultades que se presentaron.
-¿Los dos estarán ahí para la reina? -preguntó el de ojos esmeralda.
-No tienes que pedirlo -dijeron en unísono.
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Día 359
La joven de cabellos anaranjados se acercó a Hans mientras éste leía una carta en la biblioteca, Elsa se encontraba en el jardín con expresión pensativa y en compañía de Olaf, por lo que tenía la oportunidad perfecta para hablar con el pelirrojo.
Se sentó en el sillón frente a él, que alzó la mirada dirigiéndole su atención.
-Anna -saludó él doblando la misiva.
-Es muy extraño encontrarnos en la situación de ahora, ¿no es así? -él asintió.
-Es bastante irónico -el otro realizó una sonrisa ladeada.
-No vengo por una oferta de paz -aclaró y Hans rodó los ojos-, sólo estaba pensando que el rumbo que tomaron las cosas fue para mejor, no me agrada lo que está ocurriendo y te detesto por hacer sufrir a mi hermana, pero quiero agradecerte.
-¿Agradecerme? -cuestionó él escéptico-, ¿de qué habrías de agradecerme?
-No seré cruel al decir que te agradezco por engañarme, pero ése fue el comienzo, sino que lo hago porque me has devuelto a mi hermana -dijo con ojos brillantes-, ahora yo estoy cerca de ella, pero tú has llegado mucho más profundo que yo y quiero agradecerte el tener a la hermana de mi infancia, la que debió haber crecido sin el gran peso de sus poderes sobre sus hombros. Aun cuando ella no se haya dado cuenta que ha regresado. Gracias, Hans. Es una pena que debas irte, y lo digo en serio.
-No tienes que agradecerme, me hace feliz saber que contribuí a hacerlo, sólo quiero pedirte algo.
Asintió, creyendo conocer la petición.
-No dejes que se aparte de nuevo -pidió él con seguridad.
-Buen viaje, Hans -y así finalizó la relación con quien fuera su prometido.
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Día 360
Elsa se sentó tras su escritorio y comenzó a redactar las palabras que cerrarían un capítulo en su vida. Uno casi tan doloroso como la separación con su hermana y la muerte de sus padres.
Lentamente trazos negros aparecieron en el papel.
A su Majestad, el Rey Iain Westerguard de las Islas del Sur
Muy orgullosamente me dirijo a usted con espléndidas noticias, nada equiparables a las de hace un año.
Me complace comunicarle que su hermano Hans Westerguard ha concluido satisfactoriamente con su castigo por los actos cometidos en el pasado. No ahondaré en los detalles de los sucesos ocurridos a lo largo de estos días, siéntase satisfecho de saber que su hermano ha cumplido sus obligaciones para con el Reino de Arendelle y sus habitantes, principalmente con esta servidora.
Deseo fervientemente escuchar los progresos del ciudadano de las Islas del Sur, mas no se sienta obligado a ello.
Tengo esperanzas puestas en el hijo menor de su familia Real.
Iain -disculpe el atrevimiento por dirigirme a su persona de tal manera-, el hombre que llega a usted es muy valioso, gracias por encomendarme la tarea de ser yo quien lo descubriera. Ha sido un gran placer para mí.
Sin otro asunto que discutir,
eliminando la formalidad, Elsa de A.
Con lágrimas en los ojos dejó ir al hombre con el que aprendió un amor muy diferente al fraterno.
Uno que no sentiría con nadie más, estaba segura.
Para algún otro, su rendición parecería que se debía a la falta de amor, pero no era así. Ella podría haber luchado hasta el cansancio y, sin embargo, ¿qué habría después de él?
Llegar hasta el punto de agotarse significaba que lo habría dado absolutamente todo pero, ¿qué podría ofrecer cuando la lucha haya terminado? Su rara lógica parecía carecer totalmente de sentido mas un solo hecho era cierto, no se puede decidir por alguien más.
Una parte de ella entendía que Hans quisiera irse, ella lo hizo un año atrás. No era tan distinto a lo que ella enfrentó, en realidad era muy parecido. Podía comprender que se alejara para no dañarla, sólo esperaba que no debieran pasar trece años para que él volviera.
O quizá nunca lo haría a ella.
Tal vez debía ser así.
No siempre el primer amor es el que perdura.
Dejarle ir no era cobarde, era enfrentar, con madurez, el hecho de que el amor no trabaja solo.
Enfrentándose a aquellos pensamientos, agitó su cabeza provocando que unas lágrimas brillantes se apartaran de su rostro y con lentitud tomó el anillo con el sello real para aplastarlo en el lacre. Débilmente lo separó y lo acercó a la misiva que acababa de doblar.
Aunado a sus sollozos, el sonido ligero provocado por su mano resonó en la habitación.
El contacto entre el papel y el anillo fue un peso duro sobre la mesa.
Y su corazón.
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Día 361
Ebba le abrazó con fuerza, tal como el primer abrazo que le dio tiempo atrás, que marcó una gran diferencia en su vida. Hans estaba soportando enormemente los anhelos de llorar, pero hasta ese día sólo Elsa había sido capaz de verlo y no creía llegar a mostrar sus lágrimas frente a otra persona.
-Te quiero mucho Hans -le dijo ella y tuvo las fuerzas suficientes para regresarle el afecto.
-Yo... también, pequeña -expresó a su amiguita, que si bien juró estaría en el puerto era mejor despedirse un día antes para no retrasar más la partida.
-Ya no te pediré que regreses, sólo piénsalo detenidamente -rió al escucharla-. Prométemelo -pidió de la misma forma que lo haría la reina.
-Te lo prometo.
-¡No es justo! -exclamó Olaf-. Incluso Anna no quiere que te vayas, aunque no te lo dirá -aseguró en confidencias.
Su amigo de nieve miró sus dedos.
-¿Me recordarás?
-Claro que sí, Olaf, no podría olvidar al muñeco de nieve que le gusta la playa -comunicó Hans sonriendo.
-Y los abrazos -completó el pequeño alzando su mano.
-Tampoco los abrazos -Olaf se acercó a él y le abrazó.
-Que tengas buen viaje, Hans -le deseó afectuoso.
-Que disfrutes de muchos veranos.
Hans cerró el segundo baúl que llevaba sus pertenencias, ése era el que le habían realizado los carpinteros, el primero se trataba del único con el que arribó a Arendelle un año atrás. Escuchó el ruido de la puerta y dirigió su mirada a ella, desde meses atrás Elsa no entraba por las noches.
-Hola -saludó.
-Hola, vengo a darte la carta que entregarás a tu hermano el rey -susurró ella extendiéndole una misiva, se la mandaría a Iain en el siguiente correo, porque definitivamente no volvería todavía a las Islas del Sur.
Agradeció en voz baja y la colocó encima del baúl.
-Supongo que entre tantas despedidas no pudimos pasar tiempo de calidad para que yo te diera la mía -dijo ella afectuosamente. Era la despedida que más temía.
-Supongo que no -concedió-. Pero creo que ya no queda más tiempo.
Ella asintió sin continuar.
Rebuscó bajo su camisa y se quitó el listón que rodeaba su cuello para colocárselo a Elsa en su mano.
-¿Hans?
-No creas que estoy rechazando tu regalo Elsa, no necesito la prueba de que soy aceptado aquí, ahora lo sé. Si me la llevo sentiré deseos de volver y no puedo hacerte eso Elsa.
-Será mucho peor si me lo quedo yo -argumentó ella.
-Lo sé, soy un poco cruel al pedírtelo, es mi naturaleza -sonrió sin gracia-, pero no me atrevería a lanzarlo al mar. Puedes quedártelo y guardarlo donde no te acuerdes de su existencia, quizá dentro de muchos años lo encuentres y recuerdes vagamente este año. Te recordará lo buena que eres y lo mucho que puedes hacer por una persona. Gracias a ti he encontrado mi verdadero yo, gracias por llegar a mi vida Elsa… No pude haberme enamorado de alguien mejor. En verdad espero que llegue el día en que pueda creer que tú te enamoraste de quien soy yo. Tú tienes sentimientos muy puros, Elsa. Sé que llegará el hombre que te merezca, no creas que no lo hará. Te deseo lo mejor.
-No tienes que irte Hans, en verdad que no -él rió melancólico.
-Debo de hacerlo, me duele pensar que te estoy haciendo sufrir, pero sufrirás más si me quedo. Pareciera que sólo pienso en mí como siempre lo hago, pero eres mi mayor preocupación. No quiero ser egoísta y retenerte a mi lado.
Acarició sus cabellos rubios, que por primera vez se encontraban sueltos.
-Agradezco tanto haberte encontrado, Elsa -declaró en voz baja.
Sus brazos la apretaron con fuerza.
-Pero esto es el adiós -susurró Elsa.
Y se abrazaron como nunca lo habían hecho.
-No pretendo presionarte ni exigirte nada, pero te escogería ti, si tuviera que decidir el hombre con quien casarme tú serías el indicado.
-Sólo no te encierres en ti misma, prométemelo -pidió, sin poder responder a las palabras pronunciadas por la rubia.
Ella asintió y él inclinó su cabeza.
Se besaron por última vez, con un beso que sabía a despedida, sus labios buscaban los del otro tratando de memorizarse ante la separación del futuro. Se besaban de forma pausada, con cariño, afecto, pero principalmente amor.
Estaban diciendo el adiós.
Sabiendo que sus caminos habrían de partir.
Sus engaños y ambiciones finalmente le hacían pagar, a pesar de que el amor era recíproco.
-¿Su Majestad sellaría mi puerta por última vez? -preguntó con una pequeña sonrisa, acariciando su cara con suavidad antes de soltarla y dar un paso atrás.
-Buenas noches, Hans -respondió ella acercándose a la ventana para congelarla, lentamente, para alargar el momento.
-Buenas noches… su Majestad- y la puerta se cerró.
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Día 362
Elsa había dicho quince días y él no faltó a sus órdenes, aunque podría haberlo hecho.
El amanecer comenzaba a notarse y en unos momentos partiría, los tripulantes sólo esperaban la indicación de su parte, el barco de Arendelle le llevaría a un puerto donde él decidiría cómo continuar, quizá iría a reportarse a la marina o pasaría desapercibo, en el camino tomaría la decisión -aunque estaba procrastinando demasiado, aplazando en gran medida cuando sabía que no debía, pero era algo humano postergar las cosas sólo porque el fin no es el más deseado-.
Rió en voz baja, bajó la mirada y sus ojos verdes se encontraron con la ropa que portaba. Vestido con las prendas con que llegó, partía.
Alzó su rostro y se permitió una de las últimas imágenes que tendría de Arendelle.
Ebba y Olaf se ubicaban a un costado de Kristoff y Anna, que a su vez se encontraban con los otros sirvientes del castillo, ellos sabían que no era obligatoria su presencia pero querían despedirse de él al verle partir.
Asintió en dirección a todos ellos, le dio la mano a Anna y también estrechó la del rubio.
-Kristoff -le dijo por primera vez.
-Suerte -deseó él.
Ebba le abrazó con fuerza y Olaf le dijo adiós con la mano, aunque se estaba haciendo el fuerte. Sin embargo, su sonrisa le daba fuerzas, porque él estaría con la rubia.
Finalmente llegó a Elsa, tomó su mano y la besó.
-Por lo menos esta vez no hay balde -bromeó, soltándola con lentitud.
La rubia sonrió, asintiendo, de su trenza se soltaron las hebras de cabello habituales.
-Adiós Elsa -pronunció lentamente-. Cuídate.
-Tú también… Adiós Hans -correspondió ella.
Empezó a elevar la mano con intención de apartar el mechón de cabello, pero supo que no estaba bien hacerlo y la empuñó mucho antes de que el gesto se notara. Todo comenzó por el anhelo de querer ser rey y llegó hasta el estúpido impulso de sostener la espada sobre ella; aunque habría repetido lo primero una y otra vez sólo para haberla conocido, para tener la oportunidad de enamorarse. La primera vez que la vio no reparó en quién era sino hasta la segunda, en que se permitió conocerla verdaderamente. Tuvo que pasar por mucho para encontrarla.
Subió a la embarcación y dio la señal a los tripulantes que muchas veces estuvieron con él durante ese año. Comenzaron a avanzar y a alejarse de Arendelle, Olaf agitaba su mano y los sirvientes también lo hacían.
Era increíble que alguna vez se preguntara qué debía aprender.
Una larga lista de cosas respondía aquella pregunta realizada por una persona aparentemente diferente, pero no, él había cambiado sólo lo que realmente era malo, todo lo que hizo en el pasado le serviría para el futuro, no tenía algún caso borrarlo porque no había sentido en ello. Trabajaría día con día para que no se repitieran esos errores.
Tal vez las pesadillas le aquejarían en algún momento, pero despertaría y vería que ya no estarían presentes en la realidad. En otros momentos se reprocharía lo que había hecho y lamentaría enormemente sus decisiones, pero no abandonaría su decisión de cambiar para bien. No podría hacerlo por su familia, por Elsa… pero tampoco por él.
Aquel reino le había dejado cosas muy buenas que atesoraría por largo tiempo.
Había reído.
Había sufrido.
Había llorado.
Se había arrepentido.
Había perdonado.
Había recuperado a su familia.
Había trabajado duro.
Había hecho amigos.
Había disfrutado.
Había temido.
Había sentido el orgullo de alguien más por él.
Había analizado su pasado, y dado la cara por el mismo.
Había descubierto quién debía ser.
Había entendido que hay batallas que no se enfrentan solos, aunque también algunas debían lucharse por su cuenta.
Se había enamorado.
Había ganado y había perdido.
Había vivido por vez primera después de muchos años.
La lista era interminable, pero aun existían cosas que no había analizado y otras que debía aprender.
Sin embargo, todo eso fue gracias a un año en Arendelle, a la oportunidad que sus hermanos, la reina… la vida le habían brindado.
Pero no era ingenuo.
Arendelle… fue el comienzo.
-Eso es el amor -dijo Olaf al ver el barco partir.
-¿Eh? -preguntó Elsa con lágrimas sin derramar.
-Amor es pensar en la felicidad del otro en vez de la tuya… Vale la pena hacer ciertas cosas por las personas que amamos -expresó de manera suave.
-Pero mi felicidad está a su lado -replicó ella.
-Entonces sólo basta que él se dé cuenta -objetó el muñeco de nieve llevando su manita a la punta de su nariz.
-Y yo qué debo hacer, ¿quedarme esperando? -cuestionó con una sonrisa. Recordó que el primer día deseó no equivocarse con él y no lo había hecho.
-Sólo tú sabes la respuesta -dijo Anna posando una mano en su hombro.
El barco desapareció en el horizonte.
Con el tiempo encontraría su respuesta.
Hans observó desaparecer las tierras de Arendelle. Miró hacia el cielo e introdujo su mano en el bolsillo interior de su chaqueta. Extrajo la miniatura del cuadro que pintó el artista.
Elsa lucía hermosa.
El pintor pudo captar sus ojos brillantes, la sonrisa alegre, la elegancia de su porte y la sinceridad que le caracterizaba. Todo en un pequeño retrato. Que permanecería así durante años, a diferencia de la persona que sirvió de modelo y que no vería. Suspiró.
Acarició con detenimiento el rostro de la imagen.
"Adiós amor".
Sin duda, la partida era difícil.
"Debí haberte encontrado diez años antes o diez años después. Pero llegaste a tiempo. […] No fuiste antes ni después, fuiste a tiempo… A tiempo para que me enamorara de ti"
Jaime Sabines [Poeta mexicano]
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Procrastinar es postergar - me gustan los sinónimos :3
¡Hola!
Bueno, bueno, llegado a este punto les digo que decidí no hacer taaaaaan sentimental el final, pero sí con sabor a despedida -no planeo sonar arrogante ¡eh!-. Primero que nada, ¡viernes! ¡oh yeah!
Decidí no publicar el epílogo junto al último capítulo -porque aquí es de madrugada, mejor tomo mi tiempo- sino ése junto al capítulo que cierra Fiebre, que no tardará en ser subido.
Les confieso, una de las cosas que más amo es juntar frases, si pudiera las colocaría en cada una de las historias que hago o escribiría una por cada frase que tenga -no pregunten el número de frases/fragmentos/diálogos que tengo, porque no lo sé, pero me acuerdo de la mayor parte o lo reviso-, por lo que aquí me pareció agregar una de autoestima -la de hasta arriba- y un fragmento de un poema de un paisano -sí, soy mexicana :D-, llamado 'Llegaste a tiempo'.
Sigo con el capítulo, podrán haber muchas dudas, pero creo que el fanfiction está para todas aquellas historias que nos dejan con intriga -aprovecho eso por si algo faltó, tal vez alguna se aclare en el otro fic, no lo sé-. ¿Qué les puedo decir? Comenzó con la declaración que faltaba y continúo con despedida, despedida y despedida. Aunque la que da sorpresa es la de Anna, ¿o no?
¿Quieren saber la mínima sorpresita triste de mi alma exagerada? Quedó en 3-6-2 días, ósea que no fue un año de lo que se dice año completo, se pueden dar cuenta que soy exagerada, pero sigue con el comienzo del epílogo, que sirve para suspirar un rato, pero da tristeza pensarlo.
Creo que sólo les dejo con todo eso, porque después escribiré lo que falte, ahora aproveché que me tenían despierta los mensajes instantáneos de mis amigas XD.
Un gran saludo, disfruten todos y cada uno de sus días, sonrían porque ya terminó la historia ;)
Cuídense, un abrazo de mi parte,
HoeLittleDuck
