Capitulo 21:

—¿Estás seguro, Severus?

La pregunta resonó en la cabeza de Snape durante unos segundos y se dio cuenta de lo mucho que le costaba al pelirrojo contenerse, pero aun así se había detenido antes de hacer algo que Severus no quisiera. Lucius nunca hubiera hecho aquello.

Los dedos de Snape se entrelazaron entre sus cabellos acercándolo más a él hasta sentir su respiración en el rostro y por un instante pensó que aquello podría funcionar.

—Sí.—Susurró y como si quisiera corroborar sus palabras asintió. Antes de que pudiera volver a alzar la cabeza los labios de Williams recorrían su cuello con ansia mientras sus manos no dejaban un solo rincón sobre la blanca piel de su compañero sin recorrer.

—Severus—susurró al notar como lo asía por su firme trasero.

Al principio la brusquedad de Williams la confundió atribuyéndola al brebaje, pero pronto empezó a atribuirla a algo más y al recordar que era virgen un dulce escalofrió recorrió su espalda.

El torso de Bill era puro acero que se deshacía entre sus manos y su amplia espalda se arqueaba de puro places al ser surcada por sus cortas uñas arrancándole profundos gemidos que reverberaban por toda la habitación.

Se sentía tan poderoso con Willimas reaccionando así sobre él que tuvo que contenerse para no ser el primero en terminar.

Severus no tardó en encontrar otras zonas muy sensibles a sus caricias en aquel cuerpo imponente que lo hacía estremecer. La lengua, experta y mordaz, del oscuro profesor lamió el cuello del más joven sin contenerse su ardiente deseo. Su olor era agradable e inundaba su nariz haciéndole querer que su aroma se pegara a su cuerpo como si aquello fuera a indicar que le pertenecía. Antes de alzarse para apartarse del cuerpo del pelirrojo aspiró profundamente llenando sus pulmones de aquella esencia de olor a mar.

La lengua de Snape volvió a ocuparse de la oreja donde llevaba el pendiente chupando aquel colmillo mientras le acariciaba los brazos torneados y comenzaba a descender para atender sus muslos. Sin abandonar sus juegos con el lóbulo de la oreja Severus se atrevió a hacerle una pregunta.

—¿Por qué yo? —Miles de respuestas se agolparon en su cabeza y sin embargo cuando el pelirrojo respondió lo hizo con otra pregunta que lo desarmó.

—¿Por qué no ibas a ser tu?

Los labios del pelirrojo fueron sellados por un profundo beso y mientras eso pasaba el mundo alrededor perdió toda importancia, tal vez por eso mismo Bill no supo como terminó boca arriba sobre la mesa sintiendo el peso de Snape sobre él, ni cuando exactamente aquella superficie de madera se convirtió en una cama.

Los finos muslos del más mayor se presionaban contra los más musculosos. Con cuidado mantuvo una mano sobre el firme pecho de Williams forzándole a disminuir aquel deseo que lo consumía y amenazaba con volverse peligroso. El torso se movía arriba y abajo con rapidez por la acelerada respiración y sintió la humedad de su transpiración en la palma de la mano. Con la izquierda trazó un sendero torturador hacia la parte interna de sus muslos. Snape sonrió al ver como el joven se obligaba a aguantar la espera con los dientes tan apretados que los gemidos pasaban aquella barrear con dificultad. Los dedos de Severus cosquillearon el muslo y esta vez Bill alzó las caderas con desesperación.

—Severus.—Jadeó extasiado.—Los ojos de Bill brillaron con intensidad mientras su ex profesor le separaba las piernas para abrirse paso.

—¡¿Qué?!—Exclamó Bill al sentir como un hechizó inmovilizaba sus manos a la altura de la cabecera y su espalda se pegaba más a la cama como si alguien hubiera colocado un peso sobre su pecho.

—Solo te sujetare durante un rato. Si sigues así nos acabaremos haciendo daño. Ya sé que es por el brebaje. No te dolerá.— En aquel instante bajo la tenue luz de la sala se dio cuenta de que había un par de moratones sobre su cuerpo. —Accio.—Murmuró el oscuro profesor y un pequeño frasco vino a él. Hundiendo un par de dedos en su contenido contempló al atlético hombre como si fuera una obra maestra a punto de ser culminada.

Aun confiando en la sinceridad de aquellas palabras Williams no pudo evitar tirar con fuerza con los brazos para soltarse. Deseaba saborear la piel de su amante, rozarla, oler su aroma, sentir su sabor salado...

—Severus—Gimió una vez más mientras su cuerpo temblaba anticipándose a lo que vendría. —Mmmm. Te nece…sito… Te…— Williams mordió sus labios con fuerza para no decir que lo amaba. Tenía miedo de que si lo hacía se fuera a marchar. Un poco de sangre escapó de la comisura de sus labios.

Despacio, Snape preparó la entrada de su ex alumno sin apartar sus ojos negros de aquellos vidriosos y marrones. Aun después de lubricar la zona sus dedos acariciaron su trasero cerca de la entrada. Hubiera continuado con aquel gesto por tan solo ver como el rostro del más joven se contraía con la desesperación de quien sabe que obtendrá algo que se resiste a llegar. Al principio se adentró en él con la suavidad del terciopelo y permaneció así hasta que sintió que el cuerpo de Williams se acostumbraba a su miembro.

—«Soy el primero»—Pensó y el peso de aquella responsabilidad hizo que se replanteara como proceder. No quería ser brusco, no quería herirlo… pero una vez que empezó a moverse en su interior dudó hasta quien era y a quien pertenecía. ¿Estar sobre aquel imponente cuerpo que suplicaba por otra caricia más de sus débiles manos era obra del brebaje? Si era así, ¿A quién demonios le importaba? Se dijo el oscuro profesor en aquel momento. Quiso creer en sus palabras de amor cuando estuvieron frente a la casa de los gritos, quiso pensar que eran ciertas y quiso que aquella relación fuera posible.

Poco a poco las ataduras de Wiliams fueron aflojándose para dejarle acariciar a Snape. En el momento en el que el oscuro profesor se vino dentro de Williams este sintió algo extraño, algo que cosquilleó su cuerpo hasta llegar a su vientre. Snape se apartó y ayudo a Williams a venirse.

Cuanod terminaron pasó mucho rato hasta que Williams consiguió relajarse presa de los efectos del brebaje y se durmiera al fin. Durante todo ese tiempo Severus estuvo entre sus fuertes brazos acariciándole y haciéndole sentir que podía protegerlo de todo.

Al cabo de las horas Snape lo miró dormir mientras pensaba en miles de cosas, pero una de ellas venia una y otra vez a su mente con mayor nitidez que el resto; todo lo ocurrido se debía a las manos negras de Sebastian, a alguna poción extraña que había hecho perder el control al más joven. La luz del día comenzó a entrar por las ventanas y eso dio un aspecto diferente a su joven ex alumno. ¿Qué demonios eran todas aquellas marcar sobre su cuerpo? ¿Quién…? Estúpidas preguntas con estúpidas respuestas que conocía bien. La marca del hombro la había visto el día anterior y aunque no había dicho nada también se había dado cuenta de que al sentarse hacia gestos de dolor… También sabía que el día anterior a su encuentro con Lucius en las caballerizas no tenía ninguna herida ni dolor aparente. Si no se alejaba de él Bill acabaría mal… muy mal.

Antes de que despertara Severus se marchó a su propia habitación dejando la puerta cerrada con un hechizó que permitiría a Williams salir, pero no dejaría entrar a nadie.

Cuando Weasley despertó el domingo casi había llegado a su fin, se había pasado un día entero durmiendo.

Williams se alzó dejando caer las sabanas a un lado. La sonrisa soñolienta de sus labios desapareció al darse cuenta de que estaba solo. ¿A caso había sido todo un sueño? No. Sentía su olor sobre su cuerpo, eso era real, muy real. Weasley se rodeó con los brazos como si pudiera sentir todavía las caricias de Severus. ¿Dónde estaba? Recordaba haber bajado en busca del antídoto…

—¡Sebastian!—Exclamó cabreado. Todo había sido por su culpa. Solo cuando trató de ponerse en pie se dio cuenta que sus piernas no tenían las fuerzas necesarias para sostenerle. Los brazos le temblaron al sujetarse a la cama para volver a subir. Hasta que consiguió recuperarse pasaron varias horas más. Transformó de nuevo la cama en una mesa y marchó decidido a matar a su 'amigo'.

Cuando por fin consiguió llegar a su cuarto no encontró a Sebastian ni ninguna de sus pertenencias, ni una nota, tan solo su túnica negra limpia sobre la silla. Aquel bastardo se había marchado sin tan siquiera decírselo. Si volvían a encontrarse lo destrozaría. Esta vez no iba a perdonarle. Había conseguido tener a Snape entre sus brazos pero qué pensaría de él. Pero si casi acaba restregándose contra el armario. Aun cansado se dejó caer en la cama. Sus manos sujetaron el frasco entre sus manos haciéndolo girar ante sus ojos. ¿Había tenido a Snape sólo por esto? Necesitaba verlo y hablar con él cuanto antes. ¿Qué tenían? ¿Qué había significado para él?