¡Hola a todos!
Si, sé que no tengo perdón por dejar esta historia abandonada, es solo que no tenia inspiración y cuando logre terminar el capitulo... estuve ocupada.
Pero no crean que no los tengo en mente, Healed es una de mis prioridades a la hora de escribir.
Espero que disfruten del capitulo n.nLos derechos de Gintama le pertenece al gorila sorachi.
Comentario:
Melgamonster: en este fic no morirá Kouka, Kagura ya perdió a alguien mas (?) xD Aquí ya se vera como avanza la relación aun mas, como también falta muy poco para que Kagura empieza sus planes para conquistar al sádico :'x
Hearts 21:
No podía prestar atención a su alrededor, en su mente el sueño aun persistía y perturbaba su sentimientos. Se encerró a su mundo una vez más.
¿Por qué había aparecido en su sueño? ¿Qué es lo que quería decirle con esa mirada de preocupación? La imagen de su hermana tan débil que no se podía sentar de su cama apareció en su mente, atormentando lo aún más la poca tranquilidad que había conseguido. No le importó salir en medio de la segunda clases, ni la amenaza del profesor por desobedecer su orden; solo deseaba estar sólo una vez.
Sintió un deja vu al llegar a la azotea para encontrar paz una vez más. Aunque esta vez se sentó en la reja, lejos de la puerta y se quedó observando el cielo una vez más. Las lágrimas no salían a pesar de sentir el dolor en su pecho, era como si una fuerza le impidiera a seguir soltando lágrimas por su querida hermana.
Se sintió el peor hermano del mundo por ese hecho.
El castaño estaba tan ensimismado de su problema que no se dio cuenta que alguien lo siguió y que lo observaba con preocupación. Para luego irse del lugar y dejarlo solo con su pesar.
Evitó a toda costa estar rodeado, de que vieran su patética mirada y su lado debil. En esos momentos no estaba para sentir lástima de los que lo rodeaba, aunque a quien más deseaba evitar era a la chica de cabello bermellón, por eso en el momento de descanso y del almuerzo se escondió en la bodega.
No deseaba ver esa mirada de compresión, ni lástima por parte de Kagura. Deseaba que le mostrara esas miradas infantil y prepotente que normalmente tenía, era suficiente que ella fuera cómplice de aquel momento en que se conocieron.
También se había saltado de las demás clases, sin importarle mucho el futuro castigo que le harían. Solo cuando se sintió más calmado y con sus sentimientos controlado es que decidió bajar.
Ni siquiera se había dado cuenta que el tiempo había pasado bastante, de que era tiempo de algunos fueran a sus clases extra curriculares como para ir a su casa.
Solo el golpe de una mochila a su cara lo hizo detenerse al pasar por la sala de su curso.
—Por fin apareces, sádico –esa voz mostraba lo molesta que estaba esa chica con él.
—¿Qué mierda te pasa china? ¿Acaso estás en tu día? –preguntó con total fastidio mientras se sobaba la parte que fue golpeado por su propia mochila que había sido lanzado.
—Eso debería decirlo yo bastardo –Es que sus manos en la cintura hacía notar mucho más lo molesta que estaba Kagura con él. Incluso, parecía que en cualquier momento y a saltar para reclamar su vida. —¿Por qué me estás evitando?
—¿Quién dijo que te evitaba? –una parte de él odiaba como Kagura podía leerlo tan fácilmente, que fuera tan perspicaz cuando él intentaba ocultar algo.
—Claramente que lo haces, ¡No puedes engañar a la gran gura, bastardo!
—Nunca pensé que serías tan idiota como para hablar en tercera persona –se estaba inquietando demasiado, sobre todo ver esa seguridad en esos ojos azulados que parecía leer su alma le hacían querer escapar. —Además, la que me estaba evitando eras tú. –aún en su mente estaba fresco como Kagura lo había estado evitando en la mañana, incluso recordaba perfectamente el golpe que le dio sin merecerlo.
—¡E-ESO FUE POR O-OTRA COSA! –el sonrojo en su mejilla denotaba la vergüenza de la bermellón, aunque el castaño no podía notar que había algo más, era como si no pudiera ver esos brillos que delataban claramente los motivos de Kagura —Y veo que te afecta que no te tome atención ¿Acaso caíste en los encantó de la gran gura? –ahora una sonrisa altanera apareció en el rostro de Kagura aunque su mejilla seguía adornada por el sonrojo.
—¿Quién caerá en los encantos de una gorila como tú? –menos mal que estaba atento a los movimientos de la bermellón, o si no, su rostro hubiera conocido el sabor de la pared —Simplemente no tenía ánimo, china.
—¡Hay varios chicos detrás de mí! Que tú seas un ciego que no veas la belleza de la gran gura no es mi culpa –quería reírse y burlarse por su intento de defender su feminidad con altanería, pero decidió callarse para evitar que se largara más la conversación —No era necesario que te escondieras. –reclamó.
Sougo no podía creer lo que presenciaba en este momento, ver a Kagura mirando hacia otro lado mientras hacía puchero; era algo que nunca se imaginó que pasaría alguna vez. Un escalofrío sintió por tal escena tan confusa para él.
—Parecieras que te preocupas por mí –se burló con la intención de que Kagura se enojara con él. Se sentía demasiado incómodo con esa actitud por parte de la bermellón.
—Claro que sí, idiota —aquella sinceridad no lo esperaba. Debía ser demasiado notorio su sorpresa como para que la bermellón sonriera con burla hacia él —Eres mi rival, pero también eres mi amigo y entre amigos se cuidan.
Y ahí estaba otra vez esa calidez que solo ella le podía otorgar. Recordó el día de ayer, cuando hablo con la madre de su compañera y admitió que la veía como una amiga. No pudo evitar sonreír mientras agachaba un poco la cabeza, rememorando las palabras recientes de la bermellón.
Era cierto, eran amigos si se podía decir. No importaba como era su interacción, ellos siempre terminaban sentado al lado del otro, disfrutando de la tranquilidad o el resultado de sus bromas. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que se sintió así tras escuchar la palabra amigo? La bermellón no lo dejaba sorprenderlo.
Esta vez no podía negar sus palabras, ni tampoco deseaba hacerlo.
—Tienes razón, somos amigos. —el solo decirlo en voz alta hacía que sus hombros se sienta mucha más ligero a como lo sentía ayer.
—Siempre tengo la razón, sádico. —el orgullo y la arrogancia siempre sería sinónimo de la bermellón.
—Por eso apenas y puedes pasar las pruebas china —Tuvo que esquivar la patada de la bermellón y huir de su furia.
De esa forma salieron de la escuela, molestándose entre ellos como lo han hecho desde su segundo encuentro. Pero el castaño sabía que ahora era diferente, que había alguien tan idiota como para acercarse a él y hacerse su amiga.
Una parte de él se sentía aliviado, pero había otra parte que le hacía sentir inquieto. De sentir que no debía ser así las cosas, pero el castaño prefería ignorar y sentir aquella seguridad que la bermellón le estaba dando. Disfrutar esa calidez que ella transmitía con su personalidad extrovertida y que le hacía olvidar de sus problemas cuando estaba a su lado.
El sonido de dos sillas chocando se escuchaba en la sala. El castaño miraba a su contrincante con la determinación de ganarle, disfrutando ver su cara de fastidio que le daba cada vez que bloqueaba sus ataques. Los dos ignoraban los gritos de preocupación, aliento y de enojo por partes de sus compañeros, encontrando más divertida la pelea aunque fuera peligrosa por si le llegaba el golpe al otro.
Solo el golpe de un enojado profesor los hizo detenerse, ganándose otra vez un castigo en el camino.
—Estúpido Gin-chan, por su culpa no podre ir a comprar mi manga favorito –reclamaba su compañera de castigo, quien ahora estaba acomodando los escritorios y las sillas.
—Deja de quejarte y termina con el trabajo, no eres la única que se pierde una serie –Estaba usando toda su voluntad para no usar la escoba como arma y empezar otra pelea. No se podía perder la serie de m*nt*s cr*m*n*l*s.
—¡Cállate! ¡Tú fuiste quién empezó la pelea en primer lugar! –El castaño sonrió con sadismo al recordar la causa de que tuvieran esa pelea y que estuvieran castigado en estos momentos.
—China, no es mi culpa que te guste un traidor –no podía negar que era satisfactorio ver cómo aún se molestaba por el suceso.
—¡Gl*n no es un traidor! Me niego a aceptar que él traicionara a su reina –el que se escuchará las patas de la silla chocar en el suelo demostraba la molestia persistente de la bermellón.
¿Quién se iba a imaginar que leían el mismo manga?
—ya china, las sillas y el suelo no tiene la culpa de lo que pase en B*k*r* n* k*s*k*. –debía detenerla antes de que aumentará el castigo a los dos.
—Lo que sea –El castaño miro como la bermellón se calmaba a pesar de mantener su malestar.
Realmente era divertido meterse con ella.
El ánimo crecía cuando veían que ya estaban por terminar el aseo. Los dos estaban algo cansado después de tanta discusión y de que el profesor Ginpachi lo viniera a vigilarlo a cada rato con la amenaza de aumentarle el castigo.
—Oi, sádico –escucho a su compañera llamarle.
—¿Qué pasa, china?
Se quedó mudo a ver qué llevaba unos lentes que por obviedad le pertenecía a otro compañero que de seguro se le olvido en su deseo de irse a la escuela, o tal vez del propio profesor a cargo. Kagura parecía muy orgullosa de usarlo, aunque lo más curioso era la postura que estaba ese momento.
—No soy china, soy el profesor Ginpachi, Souchiro-kun. –incluso puso la voz bastante gruesa para hacer más real su imitación.
Era tan hilarante observa aquella imitación barata hacia el profesor Ginpachi que no pudo evitar a reírse con fuerza. No dudó de demostrar lo divertido que era la actuación de la bermellón.
Era una risa llena de sinceridad y diversión, sin ningún sadismo o altanería en sus fracciones.
El castaño no se dio cuenta de cómo Kagura se sacaba los lentes para observarlo mejor. No se dio cuenta como su risa provocaba un revuelo en el sentir de la bermellón.
Ni siquiera se dio cuenta después de dejar de reír, ni cuando terminaron de limpiar la sala.
—Nos vemos china –ni siquiera se daba cuenta que le había dado una sonrisa sincera como despedida.
Dejando a una Kagura con el pulso de su corazón descontrolado, con la mejilla sonrojada y con el deseo de ver esa risa y sonrisa una vez más.
Solo fue en ese instante, en que mientras miraba como el castaño se alejaba, es que Kagura por fin entendió sus sentimientos.
Definitivamente, se había condenado al enamorarse del castaño.
Y Sougo no se daba cuenta de aquella revelación por parte de su rival y amiga.
