Hello! Esta vez les pude traer el capitulo antes del miércoles así que espero que lo disfruten. Me siento culpable por que creo que no les respondí ninguno de sus comentarios ¡PERDÓN!

Por otra parte les dejo mi twitter, por si a alguien le interesa: /DanydeCriss (Doy followback ;D)

No sé cuando tendré listo el siguiente capitulo, pero trataré de no tardar demasiado. Gracias por todos los reviews, los nuevos favoritos y los follows, y por el gran apoyo que recibo de ustedes. A los que leen "Odio amarte" el capitulo va a tardar un poco más en estar listo, sean pacientes :D

¡Que disfruten la lectura!


CAPITULO 21: A la distancia.

21:00 P.M. Domingo.

El morocho abrió los ojos y se incorporó con brusquedad. Casi al instante le recorrió un pinchazo de dolor en la cabeza, y se llevó una mano al golpe.

No recordaba cómo demonios había llegado a su habitación, y mucho menos porque le dolía la cabeza. Escuchó como unos pasos subían la escalera, y sonrió al pensar que era Kurt, pero su sonrisa decayó algo al ver a su mejor amigo con expresión preocupada entrar a la habitación.

- Blaine. – pareció sonar aliviado, se acercó a él, y lo empujó hasta que se hubo recostado nuevamente sobre las almohadas.

- ¿Qué sucedió?

- Eso era lo que iba a preguntarte. Me llamaste, pero no respondías cuando te hablaba así que le dije a Nick que me acompañara al departamento, entramos y no había nadie, los dos nos preocupamos, llamamos a Kurt pero no contestaba. Te fuimos a buscar, y te encontramos a tres cuadras, inconsciente sobre la vereda.

Blaine cerró los ojos, forzando a su mente a volver atrás para recordar que había pasado.

Se había levantado el domingo, y había recibido un mensaje de Kurt, así que había ido a su casa. Habían hablado de contarle todo a Burt…Burt….

Se incorporó de golpe, e ignoró el mareo y el dolor de cabeza. Jeff trató de que volviera a acostarse pero Blaine saltó de la cama y corrió a buscar su teléfono, que estaba sobre su cómoda. Marcó el celular de Kurt a toda prisa, temblando mientras esperaba a que contestara.

- Hola…

- ¿Kurt?

- …en este momento no te puedo atender, deja tu mensaje después del tono.

El morocho se pasó las manos por el pelo con nerviosismo. Se escuchó el pip del contestador.

- Kurt, ángel, dime que estas bien…yo…estoy con Jeff, no te preocupes por mí. Te prometo que solucionaremos esto… Llámame…por favor… Te amo. – susurró, al tiempo que espesas lágrimas caían de sus ojos.

Cortó y tiró el celular contra la pared violentamente. Jeff se puso en pie y lo tomó de los hombros, Nick subió las escaleras alertado por el ruido.

- ¿Qué sucedió? – preguntó el rubio. - ¿Kurt está bien? ¿Le pasó algo?

El morocho apoyó la cabeza en el hombro de su amigo, y dejó que las lágrimas le quemaran el rostro. Jeff lo abrazó, mientras le mandaba una mirada desesperada a su novio, que estaba igual de conmocionado que él.

- El padre de Kurt lo sabe…


El menor estaba acostado sobre su lecho tratando de ahogar los sollozos con la almohada. Se sentía como si le hubieran arrancado una parte vital de su cuerpo, como si le hubieran amputado las dos piernas y ya no pudiera caminar. Sabía que había sido Sebastian, iba a despedazar a la maldita zorra en cuando se lo volviera a encontrar, y esta vez no lo iban a parar. Pero eso no era lo que más le enojaba. No, lo que en verdad lo hacía era que su padre no le creyera, que le creyera a esa escoria y no a él.

- Flasback -

- Vete. – le urgió.

Blaine abrió la puerta, y él lo empujó fuera. Lo miró a los ojos por un segundo diciéndole "te amo" en silencio, Blaine correspondió el gesto, antes de salir corriendo.

Su padre se había estabilizado, y trataba de seguirlo, pero Kurt logró retenerlo el tiempo suficiente para que Blaine se perdiera de vista al doblar la esquina. No sabía en qué momento había empezado a derramar lágrimas, pero en ese momento era incapaz de detenerlas.

Su padre cerró la puerta de un portazo, y lo miró, para sorpresa del castaño, con preocupación.

- ¿Estás bien? – trató de agarrarlo, pero el menor retrocedió.

- ¿Cómo le pudiste hacer eso?

- Ya sé la verdad Kurt. Lo siento, debí protegerte mejor.

- ¿De qué demonios estás hablando? ¿Qué verdad?

- No tienes por qué temer, ese chico no se volverá a acercar a ti. – esas palabras le cayeron como plomo en el estómago. Burt se acercó al teléfono y lo descolgó.

- ¿Qué estás haciendo?

- Llamando a la policía.

Kurt no supo cómo había pasado, pero se vio a si mismo arrancando el teléfono y tirándolo al otro lado de la habitación.

- No…

- Kurt. – su voz sonaba seria.

- No voy a permitir que le pase algo ¿Fue Sebastian verdad? ¿Qué te dijo?

Su padre lo miró por unos instantes fijamente antes de contestar.

- Me advirtió de cómo Anderson te estaba usando.

- Hijo de… ¡Blaine no me está usando! Él no sería capaz de algo así. La zorra de Fabrey solo….

- ¿Quieres que piense que un hombre que es mayor de edad estaba contigo y no era para usarte?

- ¡¿Por qué demonios la edad tiene que significar tanto?! – Gritó, las lágrimas no dejaban de caer por su rostro. – Blaine me quiere, nunca me usaría. Él…

- ¿Qué te quiere?

- ¡Sí! ¿Por qué a todo el mundo le cuesta creerlo? ¿Tan despreciable soy que no tengo el derecho a ser amado por alguien?

- ¿Amado? Hijo creo que estas muy equivocado, que él te haya hecho tener sexo no significa que sea amor.

El menor empujó a su padre con brusquedad, llevado por la ira.

- ¿Crees que Blaine solo me quiere como objeto sexual? ÉL ME AMA, ya lo escuchaste perfectamente, nosotros no tenemos sexo, nosotros hacemos el amor.

- ¡Eres menor de edad Kurt!

- ¡YO LO AMO!

Se quedaron en silencio, los dos respirando violentamente.

- Eso es lo que él quiere que sientas, para después…

- ¿Poder usarme cómo, cuándo y dónde quiera? ¿Sabes? Él ni siquiera tiene que pedírmelo, yo pongo el culo con mucho gusto.

La cara de Burt se puso roja de ira. El castaño se dirigió a la puerta, pero su padre le bloqueó el paso.

- No irás a ningún lado.

El menor sentía como crecía su desesperación.

- Quiero verlo.

- No. Te prohíbo que lo vuelvas a ver.

El corazón le dejó de latir. Uno, dos, tres segundos en los que no respiró.

- No…

- Ve a tu habitación en este instante, y quiero tu celular.

Kurt sintió como todo su cuerpo temblaba. Se quedó allí inmóvil, por lo que parecieron horas. Sentía como de repente el collar sobre su cuello le quemaba la piel, y se volvía más pesado.

Debía verlo, debía saber como estaba, tenía que acariciarlo, ellos no se podían dejar de ver. Le había prometido pasar año nuevo con él, le había prometido besarlo a las doce, le había prometido que comenzarían el año haciendo el amor… le había prometido que no le iba a decir adiós.

-Fin Flashback -

No se había movido de su habitación desde las dos de la tarde, no había subido a comer, y había tirado la bandeja por todo el pasillo cuando Carole la había puesto en la puerta de su habitación. No tenía su celular consigo, y el teléfono había quedado completamente inutilizado.

Solo estaba ahí, acostado con la luz apagada, mirando la oscuridad como si fuera a morir de un momento para otro. Se sentía vacío, incompleto. Las lágrimas habían parado de caer, como si ya se hubieran acabado, pero la verdad era que no sentía nada. Era como tener un agujero en el medio del pecho, donde antes hubo estado su corazón.

Escuchó unos leves golpecitos en la puerta, y se tapó hasta la cabeza tratando de ignorarlos.

- ¿Kurt, puedo pasar?

El castaño se sorprendió al escuchar la voz de Finn. Con un suspiro se levantó de la cama, y abrió la puerta, que hasta ese momento había estado cerrada con llave.

Su hermanastro hizo una mueca de dolor al verlo en ese estado, se mordió el labio. Kurt lo fulmino con la mirada.

- ¿Qué quieres? – le dijo cortante.

El chico solo le tendió su celular con una media sonrisa en el rostro. Kurt tomó el aparato y sintió que volvía a la vida.

- Sólo regrésamelo mañana, para que nadie se dé cuenta. – dijo antes de irse a su habitación.

El menor estuvo tentado de abrazarlo, pero se daba cuenta de que estaba perdiendo valiosos minutos. Cerró la puerta con llave nuevamente, y encendió la luz.

Marcó con dedos temblorosos el número de Blaine, y esperó.


Jeff y Nick intercambiaron una mirada de preocupación. Blaine se había sentado en el sillón hacia media hora, y no le había sacado los ojos al celular desde entonces. Nick se puso en pie y fue hasta la cocina para hacer tres chocolates calientes, mientras que Jeff se sentaba al lado de su amigo.

- ¿No crees que le habrán quitado el celular? – Blaine se limitó a asentir. – Entonces no creo que te llame pronto.

Blaine bajó la cabeza con desanimo, y el rubio le pasó una mano por los hombros. En cuanto regresó Nick, los dos agarraron las tazas humeantes y permanecieron en silencio. De un momento a otro el celular de Blaine, que había sobrevivido milagrosamente a su ataque de ira, comenzó a sonar.

El corazón del morocho dio un vuelco al escucharlo, pero se decepcionó rápidamente al no reconocer el número. Soltó un suspiro, y atendió.

- ¿Hola? – su voz había sonado extrañamente apagada.

- Hola dulzura.

Saltó del sillón, sobresaltando a sus dos amigos.

- ¿Kurt?

- Sí. – ambos guardaron silencio por unos instantes. - ¿Cómo te encuentras? – tenía un tono realmente preocupado.

- Bien, algo adolorido. - Jeff y Nick se levantaron y se dirigieron a la cocina para darle espacio a Blaine. - ¿Qué…qué sucedió cuando me fui?

Kurt soltó un suspiro cansado.

- Me pelee con mi padre. Sebastian le dijo que me estabas usando, y él le creyó. No…no logré convencerlo para que me creyera, y eso me duele. Él me…me prohibió verte.

Blaine sintió como su corazón se rompía al escuchar eso. Trato de que las manos le dejasen de temblar, pero su cuerpo parecía incontrolable.

- Creo que debemos esperar.

- ¡No voy a permitir que nos separen!

- Nadie nos va a separar. Te lo prometo. Pero… tal vez lo mejor es esperar a que seas mayor y…

- Faltan seis meses. Seis malditos meses. No puedo estar dos horas sin extrañarte, ¿y tú quieres que esperemos seis meses?

- No claro que no quiero eso…pero ahora no veo otra salida.

Se quedaron en silencio. Ambos tratando de ahogar la voz partida.

- ¿Vamos a seguir hablando verdad? Y…vernos…de vez en cuando.

Blaine se abrazó las rodillas, y trató de no cortarse el labio, de lo fuerte que se mordía.

- Sí. No podría sobrevivir sin tocarte.

Permanecieron unos minutos en silencio, escuchando sus respiraciones.

- ¿Blaine? – lo llamó finalmente Kurt.

- ¿Qué sucede amor?

- ¿Me vas a seguir queriendo dentro de seis meses? – Blaine cerró los ojos.

- Sabes que yo no te quiero ángel, te amo. Y nunca voy a dejar de hacerlo. ¿Me prometes que si un chico lindo de tu edad te coquetea le vas a dar una de tus miradas fulminantes y le vas a decir que eres mío?

Kurt soltó una risita.

- Sabes que a mí me gustan grandes.

Ambos rieron quedamente.

- Yo…tengo que colgar. Es el celular de Finn, y...

- Entiendo.

- Te voy a extrañar.

- Yo también.

- Te amo, nos...vemos luego.

- Yo también te amo. Besos.

La llamada se cortó y el morocho escondió su rostro entre las rodillas. Sus amigos se acercaron y lo abrazaron, mientras intercambiaban una mirada preocupada.


21:00 P.M. Lunes.

El castaño estaba sentado en el silloncito de la sala con la mirada clavada en algún punto indefinido del suelo. A su alrededor estaban la mayoría del Club Glee que había ido a su casa para festejar el año nuevo. Se le habían acercado a preguntarle qué sucedía, pero él los espantaba con una mirada fulminante. A los únicos que dejaba acercarse eran Santana y Chandler, Quin parecía algo dolida de que la echara pero en ese momento Kurt no quería tener contacto con nada que le recordara al idiota de Sebastian.

La morocha lo había abrazado, y Kurt no se había movido de sus brazos en toda la noche. Chandler se mantenía sentado a su lado, con una mano agarrando fuertemente la suya, tratando de darle ánimos.

Sentía de vez en cuando la mirada de su padre, pero poco le importaba. En ese momento lo único que quería era dormir, o ver a Blaine, y dado que no podía hacer ninguna de las dos cosas se limitaba a estar de mal humor y odiar al mundo.


22:00 P.M.

Blaine trató de sonreír pero no lo logró. Cooper tenía los puños apretados sobre la mesa, y su madre trataba de alegrarlo. Los Warblers, que también habían ido a la casa de su hermano, estaban en un silencio extraño. Les había pedido que le contaran a su familia lo que había pasado porque él no se creía capaz de volver a vivirlo todo.

Cooper estuvo a punto de manejar hasta lo de Sebastian y decapitarlo, pero Elaine lo paró a tiempo. Sabía lo sobreprotector que podía ser Cooper con Blaine, y que era perfectamente capaz de matar al que era su amigo.

El morocho se puso en pie, incómodo ante tanto silencio y salió al exterior que estaba frío y húmedo. Se sentó sobre los rimeros escalones del umbral y soltó un suspiro dolido.

Tendrían que estar en su apartamento, tendrían que estar mandándose miradas coquetas sabiendo que era lo que vendría a las doce. Deberían estar tirados sobre el sillón escuchando alguna estúpida canción romántica, con Margaret entre ellos, mientras se sentían como una familia.

Pero no. El destino, y Sebastian habían querido que estén así. Separados.


23:00 P.M.

Carole se acercó a ellos con paso inseguro, les ofreció una bandeja con algunos sándwiches. Kurt no quiso comer, no tenía hambre.

- No as comido nada desde hoy al mediodía cielo. – El castaño trató de no revolearle la maldita bandeja a la cabeza. ¿A quién diablos le importaba cuánto había comido? - ¿Te sientes bien?

- No.

Carole miró a Santana en busca de ayuda, pero la joven solo se limito a apartar la mirada. Chandler apretó su agarre en su mano, y Kurt se lo agradeció.

La mujer volvió a la cocina con aire decaído. Finn lo miró preocupado, y se acercó a él.

- ¿Quieres que te preste mi celular?

Kurt estuvo tentado de decirle que sí, pero solo lo empeoraría todo. Además de que si su padre lo descubría, metería en problemas a su hermano. Negó con la cabeza, y el chico se fue nuevamente con Rachel.


23:58 P.M.

Faltaban dos minutos para terminar el año. Todos habían salido al exterior para observar los fuegos artificiales. Les había dicho a Chandler y a Santana que fueran, él no quería ir, porque ver como el cielo festejaba solo lo haría peor. Ellos se habían prometido hacer el amor a la luz de los fuegos artificiales. Iban a ir hasta el parque de Westerville que habían visitado en su primera cita, iban a llevar una mana, y almohadones al mismo claro y marcar ese lugar con sus gemidos.

Un minuto.

Su padre se acercó a él, y de forma inmediata se tensó.

- ¿No vas a salir?

- No.

- Vamos Kurt. Es año nuevo, es tiempo de empezar el año con tus amigos, tu familia.

La vista se le puso repentinamente roja. Levantó la cabeza, y clavó sus ojos fijamente en su padre.

- ¿Familia? – Hizo como que escudriñaba a su alrededor, como si buscara algo. – si año suevo es para pasar tiempo con tú familia ¿Dónde está Blaine? – Se levantó y empezó a caminar hacia su habitación. – Blaine, Carole y Finn son la única familia con la que quiero compartir este día.

Sabía que eso había sido un golpe bajo, un golpe doloroso e imperdonable, pero ni siquiera se acercaba a lo que él sentía en ese momento. Cerró la puerta de su habitación y se acostó es su cama, tapándose hasta la cabeza, tratando de ahogar el ruido de los fuegos artificiales estallar en el exterior.


24:00 P.M Martes.

El morocho soltó un suspiro, se acomodó sobre la madera, abrazándose a sí mismo.

- Feliz año nuevo ángel. – le susurró a la noche.

Se limpió la lágrima, mientras se ponía en pie. Entró en la casa, y se unió al brindis tratando de que no se le notara el vacío en el pecho.


11:00 A.M Miércoles.

El morocho se desperezó y agradeció poder salir a dar una vuelta antes de volver al estudio. Había sido avasallado a preguntas por parte de Sally acerca de su estado de zombi, y los de maquillaje casi se desmayan al ver sus ojeras.

No había podido pegar un ojo en toda la jodida noche. Pensar que estaba en el 2013, en el día en que se cumplían cinco meses de conocer al amor de su vida, y sin poder verlo, tocarlo, besarlo, o simplemente sentir su respiración contra su cuello, lo mortificaba.

Las grabaciones no habían resultado tan mal, siguió su papel, sonrió cuando tenía que sonreír, cantó cuando tenía que cantar y dijo sus líneas a la perfección, pero todos notaron que no era el mismo. La sonrisa no se veía falsa, pero en cuanto le veías los ojos podías ver claramente como tenía los ojos apagados, cantaba pero faltaba ese toque de sentimiento que siempre había estado, y las líneas simplemente eran dichas sin entusiasmo. Aunque claro, solo lo notabas si habías trabajado con él antes. Sally no paró de presionarlo, pero al ver que el chico se dividía entre abrazarla y llorar, o pegarle un puñetazo para que se largara, dejó de insistir.

Ahora tenía un descanso de veinte minutos, así que había salido al exterior, porque sentía que las paredes lo estaban ahogando.

Solo habían pasado dos días. Solo dos días en que no lo había visto y ese era su estado. La simple idea de saber que no lo vería por mucho tiempo lo deprimía.

- ¿Señor Anderson? - Blaine levantó la vista, y se encontró con uno de los chicos de seguridad. – Su sobrina lo está buscando.

El morocho frunció el seño. Santana raramente lo iba a visitar al set, y si lo hacía había sucedido algo importante. Fue a largas zancadas hasta la puerta, donde lo estaba esperando su sobrina. La chica le sonrió tristemente al verlo.

- Hola. – Lo abrazó, tal vez por unos minutos más de lo necesario. - ¿Cómo te sientes? – El morocho se encogió de hombros. – Kurt esa igual que tú. – Lo miró fijamente. – Él me pidió que te diera esto. – le alcanzó un sobre blanco. Blaine lo tomó con manos temblorosas. – Britt me está esperando para salir. – Se acercó y le dio un beso en la mejilla. - Adiós.

- Pásala bien. – Santana le guiñó un ojo, y se alejó.

Blaine sonrió ligeramente y se dirigió a un extremo vacío del estudio, se sentó sobre uno de los bancos que había por allí, y abrió el sobre. Sacó una hoja de papel, con la clara y prolija nota del menor.

1/01/'13

Blaine:

Hace cinco meses yo era un chico de diecisiete años que todavía no había tenido su primer beso. Entonces llegaste tú, y me hiciste sentir como nadie lo había hecho.

Un mes después, a pesar de que te dije muchas cosas, de las que hoy me arrepiento profundamente, tú no olvidaste que había pasado un mes desde que nos habíamos visto por primera vez. Me mandaste un ramo de flores, aún recuerdo su olor, y lo feliz que me sentí en ese momento.

Todos los meses, por muchas dificultades que tuvimos, tú tenías algo que decirme, una nota que dejarme, o algo para regalarme.

El primero de Diciembre encontré mi cuaderno rojo sobre la mesa de la casa de Cooper, era claro que lo habías tenido tú todo el tiempo, y lo único que pude pensar era en por qué no me lo habías dado en persona. Sentí que me estaba olvidando algo, algo importante. Pero no me importó. Nueve días después encontré tu nota, y me sentí la peor persona del mundo por tratar de ignorarte. En ella decías que deseabas que yo te entregara mi corazón, tal como tú me lo habías entregado a mí.

Ese día fue el momento más hermoso de toda mi vida. Ese día me entregué a ti, en cuerpo y alma. Ese día nos volvimos uno.

Tú mismo lo dijiste en navidad. La distancia no hace que nuestro amor se debilite, lo hace más fuerte, hace que sintamos que no podemos vivir el uno sin el otro, hace del reencuentro solo menos lejano, y más hermoso.

Sé lo mucho que significa el collar que me regalaste, durante esas dos semanas en la que casi no nos hablamos sentía tu mirada dolida sobre mi cuello vacío. Es como si hubieses puesto algo de ti en el collar, así lo siento yo, siento que donde sea que vaya te llevo conmigo. Así que quise darte algo que significa mucho para mí, y tiene una parte importante de mi corazón.

Blaine apartó los ojos rojos de la carta, y metió la mano en el sobre blanco, tanteando algo de metal en el fondo. Lo tomó y lo sacó, manteniéndolo colgando frente a él para observarlo mejor.

El anillo perteneció a mi abuela. Fue el anillo con el que mi abuelo le propuso matrimonio. Antes de morir, mi abuela se lo obsequió a mi madre, y ella nunca se lo quitaba. Tenía un gran valor para mi madre. Y lo tiene para mí. Es uno de los recuerdos más nítidos que tengo de ella. Recuerdo verlo brillar en su mano, mientras dibujábamos juntos.

Para mí significa todo, y quiero que lo tengas. Es una prueba de que no importa que suceda, nunca dejaré de amarte como lo hago hoy.

Te extrañaré, te amo.

Tu ángel.

El morocho sentía su cuerpo temblar, mientras las lágrimas le quemaban el rostro. No podía creer que Kurt hubiera hecho algo como eso. Guardó la carta celosamente en el sobre, y observó el anillo.

Era hermoso, delicado. Era de oro, con diminutos diamantes blancos incrustados en su contorno. Lo acarició con cariño por unos instantes, admirando como el escaso sol lo hacía refulgir.

Kurt no lo sabía, pero el collar en verdad tenía un gran significado para él. La "B" negra había sido un collar que le había obsequiado su abuelo, William, para su cumpleaños número diez. Él creía haberla perdido pero un día revisando entre las cosas viejas lo había encontrado, precisamente el día en que había conocido a Kurt. Cuando tenía planeado pedirle que sea su novio, había tanteado el redondel de plata en el fondo de su bolsillo, y simplemente la idea llegó a su mente.

Podría ser que algo tan valioso para él, como aquello no se lo daría a alguien que solo conocía hace poco tiempo, pero desde el primer momento, desde el momento en que había posado sus ojos en ese ángel, supo que Kurt iba a ser una persona que le cambiara la vida.

Los Warblers lo habían reconocido enseguida, y tal vez fue en ese momento en que entendieron la importancia de Kurt en su vida.

Cerró los ojos, y trató de deshacerse del nudo en su garganta. En cuanto abrió los ojos vio como Sally lo llamaba desde lo lejos. Le hizo una seña para hacerle saber que ya iba.

Soltó un suspiro, se ató el collar en el cuello, y lo metió dentro del traje de Dalton, se estremeció al sentir el oro frío contra su pecho. Tomó el sobre con delicadeza, y caminó de vuelta al edificio.

Los de maquillaje iban a matarlo al ver como tenía los ojos. Sonrió, y abrió la puerta.


9:00 A.M.

Kurt cerró su casillero con un suspiro, y se preparó para sufrir por dos horas. Ahora tenía matemática, y aunque por lo menos se sentaba con Chandler, la materia seguía siendo un asco. El rubio lo alcanzó en mitad del pasillo.

- ¿Cómo te encuentras?

- ¿Además de tener un vacío emocional? Bien.

Chandler hizo una mueca. Entraron juntos al aula, y se sentaron en los asientos de la última fila.

- Jeremiah me pidió que te avisara que el lunes terminan las vacaciones.

Kurt asintió con aire distraído, pero se detuvo y miró a su amigo con el seño fruncido.

- ¿y tú desde cuando hablas con Jeremiah?

El rubio se ruborizó y sonrió ligeramente.

- Pues, hemos tomado unos cafés juntos.

- No te hagas el tímido ¿Qué más sucedió?

- No mucho, bueno…es muy lindo, y…

- ¿Se besaron? – preguntó con una sonrisa. Chandler enrojeció más y asintió. – Me alegro mucho. – se rió, al tiempo que negaba con la cabeza. - ¿Ahora quien es el que sale con un mayor de edad?

- Bien, pero Jere tiene veinte, y yo cumplo dieciocho el mes que viene… - se cayó al ver como Kurt desviaba la mirada con ojos tristes.

La profesora entró al aula, y enseguida se enfrascó en una explicación, de la cual lo único que Kurt pudo deducir fue que iba a repetir de año sin Blaine.


13:00 P.M. Viernes.

- ¡Kurt! - El castaño cabeceó y se despertó bruscamente. – Es la tercer clase en la que te quedas dormido, y tienes unas ojeras horribles ¿No duermes?

- No puedo.

- ¿A qué te refieres? – preguntó el Chandler mientras recogían sus cosas, y salían al pasillo.

- Normalmente lloro hasta que me quedo dormido, y eso no es hasta las seis de la mañana.

El rubio miró a su amigo con pena. Esto se estaba yendo de las manos. Kurt se veía emocionalmente devastado, además de física, parecía que tuviera cien kilos sobre los hombros. Sabía que le estaba yendo mal en las animadoras, y había dejado de cantar en el club glee, ni siquiera le prestaba atención a la clase de francés y no había abierto su cuaderno de dibujo en toda la semana. Lo peor era que sufría un bloqueo mental cada vez que intentaba explicarle matemática, se desesperaba y terminaba con los ojos rojos, despeinado y con ganas de romperle la cara a alguien. El examen se acercaba y Kurt seguía sin entender.

Según lo que le había dicho Jeff, Blaine estaba prácticamente destrozado. También parecía que dormía poco, por las ojeras bajo sus ojos. Volvía del set como un muerto a acostarse en el sillón de su departamento a leer y releer una carta que le había mandado Kurt. El tiempo no parecía estar de su parte, la lluvia caía y caía toda la noche, y esa era una de las principales causas de su estado moribundo.

Había hecho una tregua con Jeff, como regalo de fin de año le había comprado un poni de peluche tamaño gigante, y entre los dos estaban tratando de idear un plan para juntarlos.


16:00 P.M. Miércoles.

Y él que pensaba que el dos había sido lo más bajo que se podía sacar. Ahora podría encuadrar el uno y agregarlo a su lista de "Boleto gratis para repetir de año." Entró a su casa como un tornado, y cerró la puerta con brusquedad, haciendo retumbar los vidrios de la casa.

No había dormido. No entendía el tema nuevo. Había desaprobado matemática. Y solo había pasado una semana sin verlo.

Cerró los ojos con fuerza. Lo peor es que no estaba triste, lo extrañaba como nunca, pero lo único que sentía en ese momento era ira.

Revoleó su morral con brusquedad sin importarle que sus cosas se esparcieran por el suelo de la sala, llevándose la mesa ratona de por medio.

Escuchó como su padre se ponía en pie y caminaba hasta la sala. Kurt lo miró con furia, antes de empezar a caminar hacia su habitación.

- Kurt. – lo llamó su padre en tono reprobatorio.

El castaño se volvió con enojo, estaba harto.

- ¿Qué? ¡¿Quieres seguir arruinándome la vida?!

Se dio media vuelta y cerró de un portazo en cuanto hubo entrado en su pieza se tiró en la cama sin importarle si la ropa se arrugaba o no, y encendió el reproductor de música poniéndolo a todo volumen, quería acallar hasta sus pensamientos.

"Mi ángel" comenzó a sonar y Kurt soltó un suspiro lastimero antes de cerrar los ojos y dejarse llevar por el piano, mientras trataba con todas sus fuerzas ignorar el dolor del estómago.


21:00 P.M.

Jeff se pasó la mano por el pelo una vez más. Blaine tenía una sonrisa en el rostro, que era claramente la sonrisa más falsa que le había visto expresar en su presencia. Estaban en su departamento, escuchando a Wes hablar de vaya a saber qué, y Blaine parecía estar a punto de estrangularlo, mientras pasaba una botella de cerveza tras otra.

Jeff miró desesperadamente a los otros, y Thad fue el primero en reaccionar.

- ¿Les conté de mis avances con Sam? – dijo con una sonrisa de oreja a oreja. – Últimamente estuvimos saliendo más, y tuvimos roces. Muchos. Y Besos.

Los tres lanzaron una exclamación de felicidad, y Nick le palmeó la espalda a su amigo que estaba rojo. Thad tenía los ojos clavados en Blaine, que no había hecho ninguna expresión de alegría y se limitaba a juguetear con la botella de cerveza vacía.

El morocho se dio cuenta del escrudiño de Thad, y sonrió de forma tensa. Dejó la botella sobre su nueva mesa ratona, y se puso en pie.

- Me alegro de que ustedes si puedan ser felices.

Se marchó a su habitación, dejándolos en un silencio triste.


2:00 A.M. Jueves.

Blaine bajó las escaleras, se sentía muy cansado pero aún así no lograba conciliar el sueño. Se extrañó al ver la luz particular de la cocina prendida, un ruido en el baño lo alertó. Segundos después apareció Thad con cara de recién haberse levantado. El morocho abrió los ojos, pero no se sorprendió mucho de encontrar a uno de sus amigos en su departamento.

Thad le sonrió, y se apresuró a hacer café.

- ¿No puedes dormir?

- ¿Muy obvio?

El morocho se encogió de hombros, y minutos después le alcanzó un café humeante.

- ¿Cómo te sientes?

- Bien. Lo extraño, y… no creo soportar estar seis meses sin verlo. ¡Dios! Solo pasó una semana y mira mi estado, Santana me dijo que Kurt está igual y… no puedo hacer nada. Me siento inútil. – Hizo una pausa para tomar un sorbo de café. – Tal vez si lo viera una vez más, solo una vez, para poder hablar tranquilamente, besarlo, y tenerlo en mis brazos hasta que se tuviera que marchar, no sería tan malo. – Su amigo lo miró con cara triste. – Perdón por lo de ayer a la noche. En verdad me alegro que te este yendo bien con Sam, es solo que mi humor…

- No tiene por qué disculparte Blaine, entiendo que estés mal. – le palmeó la espalda con una sonrisa de ánimo. – Además no eres el único que lo extraña.

Blaine sonrió, y bajó la mirada a los pies de Thad donde Margaret jugueteaba con el dobladillo del pantalón de su piyama.

Se gachó y la labradora corrió a él al instante. Le acarició la cabeza con cariño.

- ¿Tú también lo extrañas no? Kurt te malcriaba mucho.

Tomó a la perrita entre los brazos y subió a su habitación, dándole las buenas noches a Thad.


11:00 A.M. Viernes.

El morocho se despertó, y bajó a la cocina a prepararse un café con tostadas. En cuanto estuvo todo hecho se sentó sobre la barra, dispuesto a comer. Escuchó como Margaret le ladraba a la puerta.

Se levantó con cara cansada, otro día en que apenas pudo conciliar el sueño, y se acercó a la puerta. En cuanto la abrió su vecina del piso inferior, la que le llevaba haciendo ojitos desde hace una semana, le entregó un sobre blanco.

- Llegó a mi casa por error.

- Gracias. – dijo al tiempo que tomaba la carta. La chica le sonrió, y Blaine se contuvo de rodar los ojos. – Adiós. – dijo, tratando de no sonar muy cortante.

Le cerró la puerta en la cara antes de darle tiempo a contestar y volvió a la barra. Abrió la carta sin darle mucha importancia, mientras tomaba un sorbo de café. Leyó la primera línea con el seño fruncido, y se atraganto. Dejó el papel arriba de la mesa, mientras trataba de respirar normalmente.

En cuanto el aire volvió a sus pulmones y las manos le dejaron de temblar, agarró el papel nuevamente, releyendo la primer línea, sintiendo como el corazón se le salía del pecho.

Estimado Blaine Anderson:

Nos complace anunciar que su solicitud ha sido aceptada por el comité de admisión a la escuela de artes, Julliard…

- Flasback -

Blaine susurró un gracias al castaño, pero el chico ya estaba fuera de la habitación. Soltó un suspiro, y guardó la carpeta azul, que contenía la partitura, entre los libros.

Si Kurt le había llevado el desayuno tal vez no lo odiara tanto. Aunque estaba seguro de que su sobrina lo había hecho hacerlo. Dejó que sus manos revolotearan por algunos lomos de los libros.

Había sido un idiota, había perdido a Kurt, al único hombre que había llegado a amar realmente. Chandler podía hacerlo feliz, él también quería al castaño, y Kurt parecía detestarlo, así que él no pintaba nada en su vida.

Cerró los ojos, antes de abrirlos nuevamente y mandarle una mirada fija a la hoja de papel que había estado ignorando hasta el momento. Tenía uno de sus más grandes sueños al alcance de su mano, solo tenía que rellenar la carta de aceptación. Si lo aceptaban estaba a un paso más cerca de cumplir su sueño, de ir a Nueva york, de estudiar con profesionales, de ser una estrella en la música. Pero si lo hacía iba a estar a un paso más lejos de Kurt, si lo aceptaban no iba a volver a verlo, no iba a saber cómo le había ido en el colegio, no iba a poder oler su perfume, o a volver a rozar su piel.

Pero Kurt no lo quería tener cerca, no quería verlo, no quería hablarle, no quería tocarlo. Simplemente no lo quería.

Trató de ignorar el ardor sobre su pecho, ese ardor que lo había estado mortificando desde que le había contado la verdad al ojiazul. Con un suspiro, agarró la hoja, una lapicera y la apoyó sobre el piano.

Si Kurt lo quería lejos, él iba a tratar de alejarse de él. De dejarle el paso libre a Chandler, para que lograra hacerlo feliz.

Se estremeció y miró él único espacio en blanco que faltaba rellenar. Se mordió el labio, y firmó.

- Fin Flashback -

El morocho tenía la vista repentinamente borrosa. No lo podía creer. Era simplemente imposible. La carta la había mandado cuando Kurt estaba enojado con él, como una segunda opción, cuando pensaba que ya no tenía mucho por lo que quedarse en Ohio, cuando la idea que había tenido el día en que Kurt había despertado de la golpiza le parecía lo mejor, pero interiormente no pensaba que realmente lo aceptaran. La repentina felicidad lo abandonó en un segundo.

Kurt.

Las cosas habían cambiado. No podía dejarle, no ahora. Tal vez estarán separados, pero ahora que sabía que el castaño sentía lo mismo, ahora que ambos se habían entregado completamente al otro, no podía marcharse. Y tampoco podía contarle. Sabía lo que Kurt le diría, sabía que él le instaría a cumplir sus sueños, y si esas palabras salían de la boca del castaño, Blaine no iba a ser capaz de negarse.

Cerró los ojos.

¿A quién engañaba? Julliard no era nada comparado con Kurt. Tal vez si esperara un año, podrían ir ambos a Nueva York. Juntos. Kurt entraría en NYADA, o en alguna otra universidad, que estaba seguro no pensaría dos veces en aceptarlo, y él iría a Julliard.

Ambos cumplirían sus sueños, mientras vivieran juntos, en un pequeño departamento.

Él no iría a Nueva York. No sin su ángel.


7:00 A.M. viernes.

El castaño se despertó con una pulsante erección en los pantalones. Maldiciendo a su subconsciente por pensar en Blaine, se destapó y fue directo a la ducharse con agua fría. No tenía el ánimo suficiente como para encargarse de su excitación, así que le dejó todo el trabajo al agua.

No era la primera vez que le pasaba. Su cuerpo, que todavía tenía las hormonas medio revolucionadas, lo hacía despertarse con su miembro erecto necesitando la boca de su novio con urgencia. No era solo eso, extrañaba hasta la sensación de verse ampliado, mientras sentía como la dureza de Blaine se movía dentro y fuera de él con un vaivén seductor.

Se lavó el pelo y salió del baño solo con su bóxer. Revolvió su cómoda en busca de ropa sin mucho entusiasmo, no tenía a nadie a quien impresionar con sus vestimentas, así que no le importaba mucho como se vestía. Eligio sus pantalones blancos, y una remera manga corta gris, algo ajustada. Hizo su ritual de cremas, y agarró su morral.

En cuento entró a la cocina, ignoró completamente a su padre, estaba furiosamente enojado con él, saludó a su hermanastro y a Carole. Tomó algunas tostadas y las comió con lentitud, incómodo ante el silencio.

Desde que su padre los había encontrado juntos, era él el que lo llevaba todos los días al colegio. Kurt lo detestaba, no solo se sentía enojado, también dolido, porque su padre no le creía, y tampoco le daba una oportunidad de explicarse.

- ¿Tenemos que pasar por Quin? – el castaño se limitó a negar con la cabeza. - ¿Están peleados? Hace mucho que no la pasas a buscar antes de ir al colegio.

- La razón por la que no quiero pasarla a buscar, es porque no quiero que me vea cuando le rompa la cara a la zorra de su hermano, por joderme mi vida y la de mi novio. – contestó con una leve sonrisa falsa, mientras lo miraba a los ojos. Se puso en pie, y caminó unos pasos. – Voy a estar en la sala.

Se sentó en el sillón, y se llevó la mano al collar automáticamente. Ese día ya se cumplía el día número veintiocho sin Blaine. Casi un mes. El primero cumplían seis meses de conocerse, y otra vez iban a estar separados. Para colmo el clima no mejoraba, y cada vez se juntaban más nubes de tormenta en el cielo. Acarició la B negra con las yemas de los dedos. Si lo pudiera ver una vez más, poder hablar con más tranquilidad, y besarlo con suavidad, tal vez el resto de los meses no fueran tan malos.


14:00 P.M.

El rubio estaba hablando de cómo Jeremiah lo había invitado a salir el tres de febrero, para festejar su cumpleaños número dieciocho. Kurt estaba feliz de que Chandler hubiese podido encontrar a alguien quien le correspondiera sus sentimientos. Porque estaba muy claro que el rubio se estaba enamorando del trabajador de GAP, aunque él lo negara fervientemente, Kurt lo conocía lo suficiente como para saber que sentía algo intenso.

Se masajeó el hombro con una mueca mientras lo escuchaba parlotear de lo que harían. El rubio lo miró con una ceja alzada.

- ¿Qué te pasó? – Kurt le frunció el seño. – En el hombro, desde ayer que estas masajeándotelo, como si te doliera.

- Oh, es que el viernes me caí de la sima de la pirámide, en el entrenamiento.

Chandler conocía a Kurt, y por lo que había escuchado de las demás porristas, eso no le había pasado nunca. Él era uno de los que estaban en lo superior de la pirámide, y nunca fallaba.

- ¿Cómo no te rompiste algo?

- Había unas colchonetas en la base que me amortiguaron la caída. – dijo encogiéndose de hombros.

La verdad era que le estaba poniendo poco ánimo a las rutinas. Entre que apenas dormía a la noche, su cuerpo estaba insatisfecho, y se sentía vacío al no poder ver a Blaine, su mente había vagado fuera de su cerebro. Tenía demasiado cansancio tanto físico como mental, y no había visto donde apoyaba el pie.

Hacía semanas que sus rutinas habían decaído hasta un estado lamentable, y la práctica de animadoras se había vuelto una especie de castigo. Soltó un suspiro, y bajó la mirada, mientras Chandler volvía a hablar de Jere, creía que para distraerlo.

Se mordió el labio y vio como Sue pasaba por su lado, gritándoles a algunos estudiantes de paso, y se metía en su oficina. EL timbre resonó por el corredor.

- ¿Vamos? – le dijo el rubio.

Kurt se limitó a seguir mirando la puerta por la que había desaparecido su entrenadora.

- Ve tú, yo tengo que hacer algo.

- Pero tenemos matemática.

- Como si la profesora me fuera a extrañar.

Chandler lo miró reprobatoriamente, pero se fue caminando hasta el salón. Kurt dio media vuelta y se dirigió a la oficina de Sue. Golpeó y la mujer le dijo que pase.

- Porcelana ¿No deberías estar en clase?

- Quería hablar con usted.

Sue hizo un gesto para que tomara asiento.

- ¿Quieres hablar del deterioro de tus notas, y también de tu entrenamiento?

Kurt soltó un suspiro entrecortado.

- Quiero dejar las animadoras.- Sue alzó una ceja, pero por todo lo demás se mantuvo impasible. Kurt tomó aire, y lo soltó lentamente. – Mi rutina es un desastre, y mis notas bajaron, prefiero irme yo antes de que me eches otra vez por mis calificaciones.

- ¿Sabes que no puedes andar yendo y viniendo como si nada? Es tu última oportunidad de estar en las animadoras.

El estómago de Kurt se achicó. Amaba estar en las animadoras, era algo que había deseado desde siempre, y por eso le afectó tanto que Sue lo echara. Pero en ese momento no se sentía capaz de estar a la altura del uniforme, y prefería salir que quedar mal delante de la escuela, o hacer perder a su equipo.

Sabía a ciencia cierta que Santa y Quin lo matarían, pero no lo iban hacer cambiar de opinión.

- Lo dejo. – murmuró con voz apagada.

Sue se lo quedó mirando fijamente por unos incómodos segundos.

- ¿Qué sucedió? Pensé que ser parte del equipo significaba algo importante para ti. - El castaño bajó la mirada. - ¿Hay algo más importante ahora?

- Alguien, en realidad. Mi padre no me deja ver a mi novio.

- ¿Por alguna razón en especial?

- En mayor de edad.

Se levantó del asiento y antes de irse se volvió nuevamente.

- ¿Pedo conservar el uniforme?

Sue asintió, y el castaño se dirigió a la clase de matemática, con la mirada baja, y menos animado.


3:00 A.M. Jueves.

El cielo parecía ser el reflejo de su humor en ese momento. Tormentoso, con rayos, truenos, y una lluvia imparable que no paraba de caer.

Kurt se removió inquieto y se limpió las lágrimas del rostro. Salió de su habitación, y se dirigió directamente a la cocina, donde se hizo un té para calmarse los nervios.

Blaine debería estar histérico. Se mordió el labio con fuerza, y fue a la sala a sentarse sobre el sillón. Se hizo una bolita sobre este, y trató de ignorar la forma en que se movían los vidrios de la casa.

Blaine debería estar acostado en su cama, tapado hasta la cabeza y temblando por la tormenta. Seguro se despertaría jadeando cada vez que había un trueno, y él no estaba allí para calmarlo. Recordaba cómo se despertaba todo sudoroso a mitad de la noche, y él lo abrazaba, y lo volvía a acostar, con la cabeza sobre su pecho, mientras Blaine calmaba su respiración escuchando el latido de su corazón.

Extrañaba hasta eso. Extrañaba despertarse a mitad de la noche con Blaine con cara asustada, y arroparlo cerca de su cuerpo. Extrañaba acariciarle el pelo, mientras veía como el morocho volvía a quedarse dormido. Extrañaba su calor.

Se acercó a la ventana y se estremeció al casi no poder ver la calle, por tanta tormenta. Se abrazó a sí mismo, con preocupación. Blaine estaría pasándola muy mal.

Escuchó cómo se acercaban unos pasos por el pasillo y se volteó al tiempo de ver entrar a Finn con cara preocupada.

- ¡Que tormenta! – exclamó. Kurt se limitó a asentir y volver su vista a la ventana. Su hermanastro se acercó a él. - ¿Estás bien?

- Blaine le teme a las tormentas. – contestó.

Finn miró al exterior y luego a su hermano, que parecía estar sufriendo interiormente. Soltó un suspiro y se pasó las manos por el pelo.

- ¿Te llevo a lo de Blaine?

Kurt abrió los ojos como platos, y lo miró con un brillito de esperanza.

- Pero…

- Volveremos antes de que se den cuenta. Vamos, apúrate.

El menor agarró su abrigo, y corrió escaleras abajo a buscar sus botas. En cuanto volvió a la sala, Finn lo esperaba abrigado, y con las llaves de su auto listas. Corrieron lo que los separaba de la calle, empapándose en el camino. El mayor encendió el auto, y le mandó una mirada divertida a su hermano, que parecía volver a tener ese brillito en sus ojos que tanto lo caracterizaba.

Manejó las siete cuadras con lentitud, la lluvia le dificultaba la visión y hacía todo más difícil. Kurt tenía las uñas clavadas en el asiento del auto, y una leve sonrisa, que se intensificó al ver el edificio donde vivía su novio.

Finn se estacionó y antes de que le pudiera decir algo, lo cortó.

- Vete.

- ¿Qué?

- Vete, me voy a quedar con Blaine. La tormenta no va a pasar hasta mañana a la mañana.

- Pero si Burt….

- Después me arreglo yo con mi papá. – lo miró a los ojos. – Por favor…

Finn lo vio fijamente. Kurt parecía estar desesperado por irse.

- Bien. Pero ten cuidado…- sonrió algo avergonzado. – y usa protección.

- ¡Finn! – le gritó Kurt abochornado, con las mejillas rojas. Le dio un ligero empujón. – Gracias por traerme. – le susurró.

El mayor asintió. Kurt bajó del auto, y corrió hasta la puerta del edificio, subió por el ascensor hasta el pent-house, y buscó la llave que Blaine había dejado detrás de una maceta, sobre la entrada.

Abrió la puerta y enseguida un sentimiento a hogar lo llenó. Sonrió como si no hubiera mañana cuando la labradora de pelaje dorado se acercó corriendo a él, meneando la cola alegremente. Cerró la puerta, y la sostuvo en brazos, sosteniéndola contra su pecho con firmeza. No fue hasta unos segundos después, cuando escuchó un ruido escaleras arriba, que la dejó de vuelta sobre el suelo, y corrió hasta la habitación de Blaine.

El morocho estaba tapado hasta la cabeza, y Kurt podía ver como temblaba. Se sacó toda la ropa, quedándose solo con sus bóxers, y se metió a la cama. No pudo evitar soltar un suspiro de satisfacción al sentir el calor del cuerpo de Blaine.

Lo destapó para poder verlo, y sonrió al ver la expresión que se debatía entre tristeza y miedo en su rostro dormido. Le acarició la mejilla con suavidad, y lo acomodó, para que su cuerpo quedara sobre el suyo.

El morocho, que hasta ese momento estaba tenso, pareció relajarse ante su cercanía. Le pasó la mano por los rulos azabache, apartándole unos mechones de la frente.

- Shh…Dulzura. Ya estoy aquí. –le susurró.

Blaine lo abrazó, aún dormido, y sonrió levente.


¡Espero sus reviews!