Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, cuya historia y personajes han inspirado este fanfic.


No sabes lo que tienes… hasta que lo pierdes.

XXI

—¿El miércoles pasado?

—Si, me llamó y me preguntó si podía recogerle del colegio y llevármele al parque con May. Le recogió en mi casa hacia las 7.

—Ya... —miré por la ventana hacía el jardín de Alice, estaba cuidado hasta el más mínimo detalle, todo la extensión del patio gritaba Alice por los cuatro costados.

—Me llamó hace un par de horas, pero fue nombrarte a tí... y bueno me dijo que no hacía falta que hoy fuera a por él al final.

—¿Hoy también?

—Sí. Le pregunté si todo va bien, y me dijo que sí, pero el miércoles la vi muy... alterada. Y hoy parecía nerviosa.

—Le preguntaré a Edward si le ha llamado a él.

—Bueno... me dijo que no os dijera nada —Alice y yo nos miramos unos segundos en silencio. Las dos muy serias—. ¿Qué?

—¿Te pidió que no me dijeras que te ha llamado? Alice es casi lo primero que me has dicho cuando he entrado por la puerta.

—Pensé que debía hacerlo. Tania esta haciendo algo obviamente a vuestras espaldas, al menos algo que no quiere que sepáis, todos los miércoles, y ¿encima me pide que me lo calle? ¿No fue hace 3 miércoles cuando te llamó a tí?

—Alice, eso no dice mucho de tí... y si... hace 3 miércoles.

—¡Oh, por favor! Solo lo hago con ella... nunca diría nada a nadie si tú me lo pidieras.

—Eso espero.

—Bueno... total, qué sé que es Rose quién va a recoger a Sean esta tarde. Me llamó para decirme si quería acercarme con May, y tomar algo.

—¿Sean, esta en casa de Rose?

—¿Cuanto hace que no le ves?

—Mes y medio casi... siempre organiza nuestro fin de semana para coincida cuando yo no estoy, ya sea porque he ido a Nueva York o a Forks a ver a mis padres. Edward lo odia, pero ya le digo directamente que la avise de cuando no voy a estar, porque lo que no voy a permitirle es que deje a Edward y Sean sin verse por mi.

—Su postura es muy infantil. Y, perdona que te lo diga, pero mi hermano y tu sois tontos —miré a Alice con una mirada retadora—. Vamos Bella, si fuerais listos le diríais que no vas a estar, y después te quedarías y pasaríais el fin de semana los tres juntos y ella no tendría por qué enterarse.

—Te olvidas de un pequeño detalle.

—¿Cual?

—Sean.

—¿Qué quieres decir?

—No le podemos pedir a Sean qué mienta a su madre, eso, no está bien Alice.

—Pues ella lo hace. El miércoles pasado mientras ella y Sean iban hacía el coche, le oí perfectamente cuando le dijo a mi sobrino que no le podía decir a su padre que había estado conmigo esa tarde.

—¿Qué?

—Ya me has oido.

Suspiré.

—Aún así, no estaría bien, Alice.

—¿Por qué no vamos a casa de Rose?

—No.

—Pero...

—No Alice, no. Y créeme me muero por hacerlo, pero no, no arriesgaré que Edward no vea a su hijo, por un capricho de Tania.