Cerca de la Verdad

¿A qué se debe?
Que sienta tanto por ti…

¿Será al olor de las flores
o el color del carmín?

Tal vez, son tus ojos
verdosos y olivos.
Llenos de esperanza y paz.

A lo mejor, no es nada
físico.


Sí, a lo mejor,
Es la ternura
de amor
en tu Alma
.

Reflexionó y saboreó el nuevo sentimiento de estar encima de su cuerpo. ¿Cuán necesaria era la cercanía¿Qué tan requerido era el toque? ¿Cómo aficionada era la caricia de un mortal? Parece que para los konacksus, bastante.

Era tan tierno y respetuoso su toque. Suave como una lágrima y cuidadoso como una flor, siempre reverente de su ser.

Risa lo miró. Absorbió, con sumo detalle, su mirada. Sus ojos olivos como la fauna en pleno grosor y la ternura de su sonrisa era la Navidad mortal. La voz humana sólo lograba escucharla a plena distancia.

---"…isa!"---

---"Risa!"---gritó Bulma desesperada.

La bermudiana se tornó hacía la mujer sobrecogida.---"Ah! Bulma, perdón!"---exclamó. Preocupada por el rostro de Bulma se dio una última vuelta a su parejo y lo miró apenada. Tomó de su mano fuertemente y la acarició. Tapion la contempló entristecido y sereno.---"…estoy bien, Risa."---dijo, sonriendo con su mirada liviana y tranquila. Intentando reconfortarla.

Rápidamente, bajando de su enorme cuerpo y con sumo cuidado a la vez, no queriendo irse, Risa caminó hacía donde estaba Bulma, mirándola desconcertada.

La humana, quien aún mantenía un rostro rojizo y los ojos todavía aguados. Caminó hacía el konackjin. Hablándole a Risa con gravedad.---"Esto que ocurrió no fue algo normal. Aún para ti, Tapion."---admitió la humana. Comenzando a sellar algunas heridas que, en el frenesí, el guerrero había vuelto a abrir.

---"Lo sé, Bulma. Discúlpame…"---murmuró el guerrero serio. Se enderezó mientras la humana le aplicaba un tipo de crema helada en la pierna y le dio una sonrisa apenada a Risa, quien la ayudaba con las vendas.---"…esto quiere decir lo que más temía."---comentó con gravedad el konacksu.

La mujer elevó la mirada hacía él. Se escuchó una afirmación de la humana a su lado.

---"¿Qué significa?"---cuestionó Risa preocupada. Su corazón empezaba a latirle agitadamente y sintió las bandas que sostenía en sus manos comenzando a deslizarse. Miró a Tapion fijamente y luego a Bulma.---"¿Qué va a pasar?"---

Un silencio mudo predominó el lugar.

---"Quiere decir…"---habló Tapion con temblorosa tristeza.---"Que Hirudegarn está por salir…"---

Sintió como su corazón se caía. Como sus venas reventaban más sangre y los pulmones se estrechaban con ardor. Movió su cabeza.---"No."---musitó apartada. Estaba lejos, muy lejos, se sentía tan lejana. Se aferró de la venda.---"No!"---exclamó enfadada.

Si Hirudegarn estaba por salir, quería decir que Hoi vendría por él, quería decir

---"Tapion!"---susurró, la mujer enfadada.

…que habían perdido.

---"Risa!"---comentó Bulma, colocándole ambas manos en sus hombros. Intentando calmarla.

La bermudiana removió inconscientemente las manos de la mujer y contempló al guerrero furiosa. Sus ojos dorados llorosos. Repentinamente, la habitación había tomado un papel frío e injusto, tal y como, había sido el día de su llegada a la Tierra.

Tapion solamente la miraba apenado. Avergonzado.---"Risa…"---comentó, intentando vanamente en confortarla.

Pero, Risa no estaba ahí. Risa se había ido.

Corriendo por el pasillo y derramando lágrimas. Odiaba a los humanos, odiaba a Hoi! Odiaba la esperanza de haberse ilusionado…y en su interior, intensamente, amaba a Tapion.

Los pasillos le transmitían un cierto temor. Diferente. Cierta inseguridad de que alguien la seguía, de que estaba siendo asechada.

Como por un inmenso sabueso. Más en su corazón sabía en realidad, quién era. Sus oídos debieron captarlo todo. Como ella estaba, como respiraba! Hasta las lágrimas que en su huída derrumbaba.

Se dejó caer, su rodilla le volvió a fallar y la maldijo fuertemente.---"Odio todo esto…!"---gritó, agarrándose el cabello dorado y oscureciendo con sus manos el débil brillo que transmitía al anochecer.---"Lo odio! Lo ODIO!"---lloró. El "ki" del konacksu acercándose más a ella. Seguramente debía estar muy preocupado y peor, aún, muy enfadado y decepcionado.

Ya no estaba allí. Ya no era ella. Un alma vacía había posesionado su corazón y un corazón negro lo aguardaba. Se sentía sola…tan sola y maldita. Ya no era ella! Esto la horrorizaba y aquellas pisadas, sus fieles pisadas, más todavía.

Se encontraba en uno de los rincones ovalados del pasillo llorando, la podía escuchar. Estaba tan débil, su cuerpo como su alma. Más tenía que seguir, ella estaba a sólo unos pasos de él. Tenía que abrazarla, tenía que decirle que todo iba a estar bien. La necesitaba a ella, como ella lo necesitaba a él.

Removiendo varias lágrimas de su rojizo rostro bermudiano, tomó nuevamente el impulso para continuar y temblorosamente se volvió a caer.

No sabía a dónde iba, no sabía por qué; pero, sentía que debía correr. No abandonarlo, jamás; pero, tener unos minutos, unos exhaustivos segundos…para recomponerse. Vergüenza, de cómo lo había tratado en el aula comenzaban a dominarla…y aquellos pasos, aquella presencia de ser seguida la estremecían.

Dejó escapar un fuerte gemido de dolor y con la misma fuerza que lo gritó, se puso de pie y comenzó a caminar, lentamente, a correr, rindiéndose ante el dolor y la debilidad, prosiguió a caminar con lentitud.

Hasta que encontró una puerta de cristal, dos puertas de cristal, que daban salida a un balcón alargado. Estaba muy oscuro el balcón y , seguramente, ella lo pudo ver gracias al curioso don de sus ojos.

Empujó la puerta y con sumo cuidado la cerró. Respiró la fría brisa nocturna y se sintió refrescada; pero, tan vacía y congelada. Miró a su alrededor y vio que un enorme jarrón con una larga planta verdosa y amarillenta dentro de él brotaban de uno de los rincones del balconcillo. Se deslizó al lado de éste y escondiéndose de todo, de la luz, de la esperanza y la ilusión que la había engañado…se abrazó y permaneció allí.

Con sus manos heladas y abrazadas sobre su pecho. Su rodilla, todavía latiendo de dolor y sus lágrimas corriendo por su pesado rostro, musitó perdida---"Nunca debí de haber sobrevivido aquel ataque…"---comentó muerta.---"Debí de haber muerto con el resto de los habitantes!"---gimió, escondiendo su rostro sobre sus rodillas.

Sintió una presencia cálida.

De repente sintió que su espalda ardía de calor mortal.

Se quedó helada, con sus ojos abiertos mirando hacía el abismo de lo que ahora era un frío alejando. De lo que era una escarcha de nieve derritiéndose. Escuchó una voz:

---"No…digas eso, por favor…"---sintió comoalgo la abrazaba por detrás. —-"No pienses así, tampoco…!"---murmuraba desesperado.---"Si hubieras muerto…hubiese preferido que Hirudegarn saliera desde antes. Que me hubiera matado antes de haber llegado hasta aquí, antes de haber decidido ser su prisión."---comentó con su rostro ensombrecido bajo la noche.

La había seguido hasta allí. Había sido él. Lo sabía, era él. Su mano se elevó hasta los guantes suyos y la acarició desesperada.---"Tapion…!"---llamó desolada.

---"Es por eso…"---continúo el konacksu.---"…es por eso, que te pido, Risa, que no pienses así."---su abrazó se fortificó y la acarició con desesperación.---"Por que aunque ya no te quieras…siempre voy a estar yo, amándote."---susurró. Cubriendo su mudo rostro debajo de la espalda de la mujer.

Y Risa no pudo escuchar más. No emitió otro sonido más. Comenzó a sentir como mansamente su espalda era empapada por calladas gotas de dolor, de desesperación. Su konacksu, su Tapion lloraba de desesperación. Intentando, por una maldita tradición machista ocultar su sufrimiento.

Se tornó rápidamente hacía él. ¿Cuántas veces había sufrido solo¿Cuántos instantes había deseado que lo abrazaran, que lo escucharan, nada más? Llevó su rostro a su pecho, permitiéndole anclar allí. Pasar, aunque fueran unos segundos, desbordando su pánico, su necesidad. Permitiéndole desahogar todo lo que había mantenido oculto por miles de siglos.

Sintió que agarraban su cintura con amparo. Como un niño buscando refugio. Ya no hacía frío; pero, tampoco calor. Era un estado indeterminado y detenido. Distinto. Hermoso y doloroso, a la vez.

Escuchaba los leves murmullos de dolor, retirándose de él, apagándose de una vez por varios instantes más. Los gemidos masculinos sólo permitidos para ser escuchados por ella. La tenue respiración de alivio y cansancio, por fin, surgiendo de su cuerpo. Como el legendario ave de fuego…volviendo a renacer.

Lo fue acariciando lentamente, trayéndolo del abandono nocturno a un refugio, que ella esperaba que aceptara. Fue elevando su pálido rostro hacía el de ella, intentando que encontrará esperanza en sus ojos. Tal y como él se había vuelto hace unos segundos.

El rostro de Tapion estaba empapado, más miraba a Risa, sin vergüenza alguna, la contemplaba entristecido. Apenado. Decidido a que, cualquier palabra que surgiera de sus palabras ahora, significaría una cambiante decisión en su destino. Destino que iban forjando en ese presente, en esos mismos instantes. Espero preocupado. Aferrándose de ella y queriendo abrazarla a la vez. Confortarla, al mismo instante.

---"Es por ti, que he aprendido a mirar…de una forma positiva, aún llena de luz, a la vida."---comentó la mujer, aún temblorosa, no le gustaba verlo así, preocupado.---"Es por ti, que si algo he sobrepasado…ha sido mi inseguridad y mi temor al pasado."—Continúo, hundiendo su rostro pálido al mismo frente que el suyo.---"Es por ti…"---comentó, acariciando su cabello rojizo.---"…que aprendí a quererme más."---sentenció sollozando.

Tapion la acarició lánguidamente. No pudiendo transmitir palabras. Recorrió su cabello, su cintura, sus brazos. Queriendo aferrarla a él y los dos hallar el conforte y la seguridad que el otro le transmitía.

Risa lloró bajo su rostro y a su mismo lado. La noche los acurrucó por lo que pareció ser miles de siglos.

Logrando romper el silencio que lo encadenaba, Tapion, volvió a mirar a Risa. Removiendo un cabello dorado que se había rodado a sus ojos. La observó.---"Intentaremos vencer…a Hirudegarn, Risa."---comentó inseguro de que ella aún estuviera apta para luchar. Preguntándole entre sus frases.---"Como todos los demás demonios que vendrán a separarnos…"---murmuró con ternura.---"O intentar separarnos."---

La guerrera arropó uno de los hombros del konacksu con su mano.---"Lo venceremos…"---dijo.---"Como hemos vencido hasta ahora."---comentó con seguridad.---"Los venceremos"---afirmó con serenidad.

---"Sí"---respondió Tapion, sus ojos radiando al contemplarla. Volvía a tener esperanzas de que todo era posible. Volvía a pensar que esta vez, sí, Hirudegarn no volvería a existir.

Instantes pasaron y se volvieron minutos. Tanto que, Bulma, comenzó a preocuparse y surgió a ver el paradero de los dos guerreros. Al notar que ambos yacían en las afueras de su balcón les concedió unos instantes más. A lo que seguro llevaría a su despedida.

Puesto que Risa, no había dicho, si pensaba quedarse en su hogar o no. La humana estaba bastante segura que se iría esa noche a su cabaña.

Los amados pasaron unos instantes más. Conversando sobre Hirudegarn, diseñando estrategias para vencerlo. Rogando que no pudiera escucharlos dentro del cuerpo de Tapion. Risa logró admitir que había cierta cosa que le incomoda de la bestia:

--- Si tú desarrollaste fuerza y agilidad telekinética en tu estado dormido. ¿No es posible que Hirudegan también haya desarrollado la misma fuerza y agilidad tuya, Tapion?"---preguntó con cierta preocupación.

Tapion observó el terreno que había bajo de ellos. El patio donde hace unos momentos atrás había entrenado. Parecía tan lejos ya.

---"Es posible"---le dijo a Risa. Serio.

---"De acuerdo."---comentó la bermudiana. Intentando no dejarse cegar por la probabilidad de fuerza y velocidad de Hirudegarn. La cual sería la misma o el doble que la de Tapion.

---"No importa que nos derrote, Risa."---murmuró el guerrero serio y calmado. Llevó una mirada serena a su compañera.---"La verdad es que, sería un gran honor morir a tu lado."---concluyo.

Risa lo miró sorprendida y curiosamente, sonrojada, llevó una mano por debajo del brazo del konacksu. Aún esperanzada y sentenció.---"Y a mí, un gran honor vivir al lado tuyo."---

El guerrero sonrió. Mirando hacía el nublado cielo y sonrió con confianza.---"Entonces, así será."---

Soñolienta y con muchas esperanzas Risa asintió.---"Sí."---

Las caminatas momentáneas de Bulma y el rostro soñoliento de Risa, le dieron a entender que ya era muy tarde para seguir torturándola con palabras.

Se retiró lentamente de la baranda y miró a Risa.

La tomó tiernamente por los hombros.---"No tienes que quedarte."---le comentó sereno.---"No quiero que te sientas obligada o incómoda."---añadió sincero.

La guerrera dio unos pasos hacía él y se acurrucó sobre su pecho. —-"Lo sé."---dijo, sonriendo y tranquila. Llevó sus dos manos alrededor de la cintura de éste y apreció como un leve escalofrío invadía ambos de los sistemas.

Tapion se hinchaba de la sorpresa y desapareció el rostro bajo el cabello de Risa. Hundiéndose en sus amarillentas danzas de colores.---"Te extrañaré…"---le suspiró sonrojado.

La bermudiana volvió a inhalar enaltecida.---"Y yo a ti…"---le respondió. Apretándole fuertemente.---"No sabes cuanto."---

Elevó una mirada a él y Tapion tomo su quijada tiernamente. Brindando sus labios a los de ella, la besó por unos instantes, dándole sutiles besos repentinos e inesperados como gotas de lluvia y sal. Luego, inadvertidamente, invadió sus rosados labios y su boca con su lengua.

Risa sintió como algo muy debajo de su ser brincaba y la trasladaba directamente al firmamento. Selló sus labios con los de Tapion y mantuvo cautivo ese ser, esa sensación pura y ardiente que sólo en unos instantes se podía deleitar.

Tapion la abrazó como una melodía, peinando y despeinando su cabello con una mano libre, mientras con la otra la sujetaba en su nirvana. Habían segundos en los que no podían respirar y perdían todo el aire posible, más seguían allí, unidos, los dos, como dos cometas ardientes circulando el universo.

Se hubieran quedado así, gozando de una efímera unión, si unos pasos distantes no hubieran adelantado la despedida.

Se fueron apartando, se besaron, por una vez más y al sentir el "ki" indiscutiblemente a su lado, se separaron con recelo. La sombra conocida, surgía por la puerta de entrada, detrás de ellos.

Risa se sonrojó, seguramente, la figura que los invadía tuvo que haber presenciado, aunque fuese algo de su entrega nocturna.

La humana carcajeo.---"Entonces, es cierto lo que dice Trunks, ustedes necesitan un cuarto."---habló la mujer con una sonrisa pícara. Vestía su pijama de colores sólidos y suaves.

---"Bulma!"---exclamó Risa sonrojándose, más aún, al verla.

La mujer de cabello corto y azul sólo le sonrió picantemente a Risa. Como si le enviará un código secreto de una mujer a otra.

---"Ah, sentimos que hayas tenido que ver."---comentó Tapion, aún abrazando a Risa y ella tiernamente acariciándole la mano. Tan rojo y sorprendido como su amada.

Claro que había escuchado los pasos de la humana caminando; pero, no le había prestado la más mínima atención. Tanto él como Risa hicieron un ademán de disculpa. Igual de asombrados y expectante del a reacción de la humana.

Bulma caminó hacía ellos y sonrió.---"No se preocupen por eso."---comentó como si nada hubiera ocurrido…o visto.---"Las despedidas son unas de las cosas más duras por las que hay que pasar."---dijo, mirando hacía la distancia. Detrás de las casas vecinas, los edificios de la cercana ciudad y finalmente, atravesando las colinas. Su mirada era algo nostálgica y melancólica. Como si se estuviese guardando algo para ella misma.

Risa sabía a quién se refería.

---"Bulma…"---la llamó seria y apenada.

La humana miró a la guerrera y le sonrió reafirmante. Mirando al amado de Risa y asintiéndoles con alegría.---"Ahora, ustedes tienen toda la libertad de despedirse como quieran. No les quitaré nada de eso."---

Tanto Risa como Tapion se contemplaron.

Fijos y serios, sentían que debían estar agradecidos por muchas cosas y que, puramente, no había forma alguna en la que pudieran expresar su gratitud.

Un último beso y el tenue susurro de las buenas noches, selló la promesa y los dos guerreros se despidieron. Melancolía, necesidad y nostalgia, acompañándolos por la noche entera.

(Este capítulo merece ser escuchado con Skywards de Elvenking.) Su lírica es real, su melodía perfecta y con tantas subidas y bajadas como las emociones y situaciones de estos dos.

Un saludo,
Jetta Knex :)