Mentiras Que Cambian Vidas
Disclaimer: Los personajes pertenecen a la grandiosa Stephanie Meyer, yo sólo juego con ellos, pero la trama es completamente de mi autoría, por favor digan no al plagio.
/*/*/*/*/*/*/
Capítulo 21* Reacciones y Enfrentamientos
— ¡Edward! ¡Llama a una ambulancia! ¡No te quedes ahí!— apresuró Esme a su hijo.
Ella de inmediato se puso en acción, tal vez no fuera doctora, pero las largas noches con Carlisle viendo una y otra vez Grey's Anathomy o de él contándole su día en el hospital le sirvieron de algo en esta ocasión; por el contrario, su hijo se había quedado atónito y no hacía más que observar a su padre.
Pero el miedo y desesperación en el tono de voz de su madre lo alertaron. Rápidamente tomó su celular y marcó el número del hospital donde trabajaba, una enfermera le contestó y él le ordenó que mandara una ambulancia a la casa del doctor Cullen.
— ¡¿Pero qué ocurrió, Esme?! ¿Cómo está mi hermano?— preguntó Carmen.
No habían pasado diez minutos desde que había colgado la llamada de su hermano, cuando el teléfono volvió a sonar, era Edward diciéndole que Carlisle había tenido un conato de infarto y que en ese momento estaban por irse al hospital.
Su familia se había retirado tras la llamada que Carmen tomó, de modo que tan solo estaban en la casa ellos, con Kate y la familia de Bella; así que Carmen les informó sobre lo ocurrido y dejaron a Kate a cargo de una muy dormida Carlie y ellos se marcharon al hospital.
—No lo sé, Edward entró a preguntar, tengo miedo Carmen... yo... no debí tocar el tema de Bella, tan solo hubiera pasado por alto las palabras de mi nieto... Carlisle estaría bien– contestó Esme entre lágrimas.
Pero Carmen se descompuso totalmente, Carlisle siempre había sido su pilar más fuerte, cuando tenía un problema acudía con él y su hermano siempre tenía una palabra de consuelo para ella y le afectó demasiado el que ahora la vida de su único hermano peligrara tan solo porque ella se encariñó con una bebé y la hizo pasar como suya. Sin detenerse a pensar en que algún día se sabría la verdad y lo que eso implicaría para las personas que los rodeaban.
Carmen jamás pensó que una mentira fuera a cambiar tanto sus vidas.
–No es culpa tuya, tan solo querías saber la verdad, todo esto comenzó por mí y mi necesidad de proteger a Bella... si tan solo hubiéramos hablado con la verdad... nada de esto estaría pasando– se culpó Carmen.
Pero Bella no estaba de acuerdo con las palabras de su madre.
—Tú no tienes la culpa de nada mamá, lo único que hiciste, que hicieron tú y mi padre fue quererme, y yo les agradezco eso infinitamente porque sin ustedes yo no sería la persona que soy ahora, sin ustedes, sin su cariño, tal vez hubiera muerto después de que Renée me abandonó, amo a mi tío Carlisle, bien saben todos que sí, pero esto no es culpa de nadie, nadie ve el futuro como para pensar que esto iba a pasar.
Carmen abrazó a su hija, sabía que sus palabras estaban llenas de razón, pero también no dejaba de pensar en que ella de una manera u otra fue la que inició todo ese problema. Si ella hubiera dicho la verdad desde el inicio… todo sería diferente.
Bella se mantuvo abrazada a su madre, a pesar de las suplicas y constantes insistencias de su marido y de su padre porque fuera a descansar por el bien de ella y de sus hijos; pero Bella no quería moverse del hospital hasta saber algo de su tío.
Fue así como entradas las primeras horas de la mañana, Edward y un médico de edad media, cabellos negros y vívidos ojos azules salieron a la sala de espera donde se encontraba la familia del doctor Cullen.
— ¿Cómo está mi marido?— preguntó Esme apenas vio aparecer a su hijo y al doctor que lo acompañaba.
—Carlisle está estable, ha tenido mucha suerte, el infarto que sufrió no fue fulminante, pero tiene que llevársela con calma, de preferencia podría pedir su retiro, tiene casi cincuenta y siete años, yo creo que dadas las circunstancias y su gran currículo lo tiene más que bien merecido– expresó el doctor.
— ¿Podemos verlo?– preguntó Carmen.
—Por el momento solo puede pasar la señora Cullen, Carlisle ha estado llamándola.
Esme asintió y caminó tras el doctor.
—Cariño, es hora de irte, yo me quedaré con tu padre y te llamaré si hay algún cambio— dijo Carmen a su hija.
—Quiero ver a mi tío, no quiero irme hasta verlo.
—Siempre tan terca como tu madre— comentó Eleazar —pero ahora no se trata solo de ti, tienes que pensar en mis nietos.
—Y Carlie despertará pronto, va a preocuparse si no nos ve ahí— dijo Enzo.
—Tienen razón, pero vendré más tarde, quiero ver a mi tío— reitero ella.
Todos aceptaron, sabían que habían ganado esa batalla al lograr que Bella se fuera a casa, pero la guerra aun no tenía vencedor.
—Anda, sube a darte un baño y a recostarte, yo iré a buscar a nuestra hija para llevarla al colegio y después vendré a hacerte compañía ¿De acuerdo?— sugirió Enzo, una vez llegaron a su casa.
—Está bien, solo porque me urge una ducha de agua caliente— aceptó Bella—Te amo.
—Yo también te amo, cariño.
Bella subió las escaleras rumbo a su habitación, mientras que su marido iba a la recamara de su hija por el uniforme y las cosas que la niña necesitaba para ir al colegio. Ella rápidamente se dio una ducha y se metió a la cama; no pasó mucho tiempo cuando se quedó dormida.
Habían pasado, para ella, tan solo unos minutos desde que había cerrado los ojos, cuando escuchó una voz muy familiar llamándola.
—Cariño, tienes que comer algo, ha pasado mucho tiempo desde que ingeriste alimento por última vez— decía Enzo.
Bella se restregó los ojos un par de veces, no sabía cuan cansada estaba hasta que llegó a su casa y no se preocupó por comer, pero ahora estaba famélica. Tras un minuto que utilizó para despertarse parcialmente, notó como su marido estaba recién bañado, pues el agua aun goteaba de su cabello.
— ¿Has dormido algo?— le preguntó ceñuda.
—No, primero tenía que preparar algo para que tres de mis amores comieran— contestó él.
Ella le sonrió, amaba que su marido tuviera ese tipo de gestos con ella, la hacían sentir amada.
—Gracias, pero tú también tienes que comer y dormir.
—Lo haré en cuanto terminemos la comida que preparé— indicó, dándose media vuelta y tomando de la mesita de noche una bandeja con comida para ambos.
Enzo había preparado un poco de tocino y una tortilla española para cada uno, además de fruta picada con un poco de miel y un vaso de jugo de naranja para cada uno. Como era de esperarse, el estómago de Bella rugió nada más ver lo que tenía enfrente y un ligero rubor comenzó a cubrir sus mejillas.
—Anda, come— dijo Enzo, cortando un trozo de su tortilla y llevándolo a la boca de una sonrojada Bella.
Ella aceptó el bocado que su marido le ofrecía y lo comió gustosa. Así ambos disfrutaron de un delicioso almuerzo y a continuación Enzo retiró la bandeja, ahora tan solo con platos y vasos vacíos, para que ambos pudieran descansar; no sin antes haber colocado una alarma que los despertaría para ir a recoger a Carlie del colegio.
Más tarde, ambos se despertaron con el sonido de la alarma proveniente del teléfono celular de Enzo, los dos se cambiaron por una ropa más cómoda, para poder ir a traer a su hija del colegio y posteriormente regresar al hospital.
Cuando se terminaron de arreglar, bajaron y se encontraron con Tanya. A Bella se le había olvidado totalmente la presencia de su hermana, no sabía cómo había llegado a casa la noche anterior.
—Tanya, lo siento… yo, surgió una emergencia y me olvide por completo que seguías en la casa— se disculpó Bella.
—No te preocupes, Charlie se ofreció a traerme y me dejó aquí algunos minutos después de que ustedes se fueron, quería quedarme con Carlie pero necesitaba mis cosas para ir a la Universidad, pero ¿Qué pasó?
—Carlisle tuvo un infarto anoche, fuimos al hospital con Carmen y Eleazar para saber de él, pasamos la noche ahí— explicó Enzo.
— ¿Carlisle está bien? No lo conozco mucho, pero las veces que he convivido con él, ha sido muy amable conmigo— preguntó Tanya.
—Sí, el doctor dijo que tuvo suerte, pero debe cuidarse— contestó Bella viendo la hora en su reloj —tenemos que irnos, Carlie está a punto de terminar sus clases.
—Yo puedo quedarme con ella, para que vallan al hospital a ver a Carlisle— propuso Tanya.
Enzo y Bella aceptaron que Tanya se quedara con Carlie, el hospital no era un lugar para niños, y mucho menos con el problema que estaba ante ellos.
Después de haber comido en su casa y dejado a Carlie con Tanya, Enzo y Bella fueron al hospital y al llegar ahí se dieron cuenta de que ya toda la familia sabía del infarto de Carlisle, pero aun no sabían si estaban al tanto del motivo por el que lo sufrió.
—Bella, ¿Y Carlie? ¿Dejaron a la niña sola?— preguntó Esme, pues fue la primera en darse cuenta de su presencia.
—Tranquila, ella esta con Tanya en la casa— respondió Bella — ¿Y mi tío?
—Él está bien, preguntó por nosotros, pero quería vernos juntas— informó su madre.
— ¿Podemos verlo ahora?— pidió Bella
—Por supuesto, Edward esta con él ahora, pero pidió que las hicieran pasar en cuanto llegaras— aceptó Esme.
Bella asintió con un casi imperceptible movimiento de cabeza, y de inmediato su mirada se fue a Enzo, él era su pilar, de él obtenía la confianza que muchas veces perdía, era su otra mitad, aquel que con tan solo una mirada le infundía todo el valor que necesitaba en situaciones como aquella.
—Anda ve, yo esperaré aquí con tu padre— la alentó Enzo.
Bella asintió y caminó a lado de su madre, ambas iban guiadas por Esme hacia la habitación de Carlisle. Esme se detuvo delante de la habitación 4 de terapia intermedia, y escucharon la voz exaltada de Edward.
— ¿Por qué me pides que haga eso? ¡Soy tu hijo! ¡Deberías apoyarme!
Y tras algunos segundos de silencio, Edward volvió a hablar.
— ¡Lo correcto! ¡Lo correcto es que Bella y Vanessa estén conmigo!
Esme no soportó escuchar más gritos por parte de su hijo, así que abrió la puerta de manera repentina, asustando a Edward e interrumpiendo a Carlisle.
—Cálmate Edward, tu padre acaba de sufrir un infarto, contrólate por favor— lo regañó
— ¡Está pidiéndome que haga cosas descabelladas!— se defendió
—Hablaremos después, Bella ha llegado y tu padre necesita descansar un poco de tus gritos, vámonos, necesitas dormir, comer y ver a Junior y Gianna, seguramente están preocupados porque no hemos llegado a la casa.
Edward resopló frustrado y salió de la habitación dando grandes zancadas.
—Lo siento— se disculpó Esme siguiendo a su hijo.
Bella y Carmen entraron a la habitación de Carlisle, y este las veía con un brillo de tristeza en los ojos. Pero a pesar de eso, extendió sus brazos hacia Bella, como lo hacía desde que era pequeña, para que ella se refugiara entre sus cálidos brazos.
Bella entendió lo que su tío le pedía, de modo que avanzó hasta él y lo abrazó.
—No importa lo que hayas escuchado, yo siempre te querré como un segundo padre, siempre te he visto de esa manera— susurró Bella.
Carlisle deshizo el abrazo y observó a Bella, ella siempre sería la pequeña que le robó el corazón, la pequeña hija de su hermana, su ojito derecho.
—Eso lo sé cariño, nada cambiará, la única diferencia es que ahora sé que Carlie es mi nieta de verdad— afirmó Carlisle, verdaderamente orgulloso —Aunque sea más Hamilton que Cullen —bromeó.
Bella también río de la pequeña broma de su tío, y se encaminó hasta donde se encontraba su madre, apoyada contra la pared de concreto. Sollozaba en silencio.
— ¿Estas bien, mamá?— preguntó Bella
Carmen solamente pudo voltear y abrazar a su hija.
— ¡Perdónenme! Si yo hubiera dicho la verdad… si no hubiera dicho mentiras hoy todos seríamos felices… Carlisle, perdón, por mi estás hoy aquí— lloraba la mujer.
—No es culpa tuya mamá— afirmó Bella.
—Esto solo es algo que tenía que pasar, no tienes la culpa Carmen… bueno, tan solo tienes la culpa de haber traído a Bella a nuestras vidas, nos diste una nueva luz— dijo Carlisle con una sonrisa, recordando el día que la vio aparecer por las puertas de desembarque del aeropuerto, con un pequeño bulto rosa que se convertiría en uno de sus tesoros— ¿Qué pasará ahora?— preguntó.
—No podemos decirle al resto de la familia, Athenodora se moriría si se entera que Bella no es una Denali— contestó Carmen.
—Athenodora no tiene porqué enterarse, tan solo contaremos la verdad a los Vulturi y a mis hijos, porque Edward necesita recuperar a Carlie, eso es en lo único que estoy de acuerdo con él, es mi hijo y a pesar de sus errores, tiene derecho a convivir con su hija— dijo Carlisle.
—Descuida, ni Enzo ni yo nos oponemos a que Carlie conviva con Edward o con ustedes— aseguró Bella.
—Pero Athenodora no puede enterarse de la verdad… ella se moriría…
—Lo sé mamá, pero es tiempo de decir la verdad, no es nada malo lo que ocurrió aquí, ya te lo ha dicho el tío Carlisle y yo misma— interrumpió Bella a su madre.
—Ellos sabrán comprender—la animó Carlisle.
—Está bien, pero será hasta que se halla llegado a un acuerdo con Edward, no puedo permitir que te haga pasar por otro disgusto— aceptó Carmen.
Aquella tarde Edward hizo caso a las palabras de su madre y fue la casa Cullen a ver a sus hijos, a comer y descansar durante algún rato. Su madre lo acompañó, alegando que quería cerciorarse de que sus nietos estuvieran en perfectas condiciones; en el camino del hospital hacia la casa, él iba pensando en lo que planeaba hacer.
Quería obtener la custodia de su hija, sabía que la ley amparaba a Bella, pero ella había disfrutado de Vanessa durante sus primeros años de vida, él apenas la estaba conociendo y necesitaba que la niña confiara en él, pensaba que la mejor manera de lograrlo era que vivieran juntos, como siempre debió hacer sido.
Cuando llegaron a la casa, los niños saludaron muy efusivamente a Esme, pero a él solo le dijeron un "Hola papá" como a un completo extraño.
Rápidamente comparó la efusiva manera de saludar de Vanessa, ella siempre era muy efusiva con Bella y Enzo, a él solo le brindaba un "Hola" ni papá, ni Edward. Y se sintió mal, le dolió que sus hijos preferían a su abuela que a su propio padre.
—Iré… iré arriba a darme un baño— informó a su madre, quien estaba por preparar algún platillo para que los cuatro comieran.
Esme asintió y siguió pendiente de sus nietos.
Una hora más tarde, los niños fueron a casa de Bella, ella había llamado a Esme, diciéndole que ahora que Carlisle estaba mejor, pero aun en el hospital, ella y Enzo podían cuidar de los niños mientras Edward y Esme estaban en el hospital. Esme aceptó encantada, quería estar al pendiente de su esposo y Edward no podría cuidar a los niños a causa de sus turnos en el hospital. Además de que esa noche, Esme quería ponerle un alto a su hijo y hacerlo entrar en razón.
Edward bajó las escaleras al escuchar el sonido del timbre, pensó que sería alguna vecina, buscando noticias de su padre, pero su sorpresa fue grade al ver a Bella y a Enzo en la puerta de su casa.
— ¿Qué hacen aquí?— preguntó de manera osca.
—Van a cuidar de tus hijos en lo que tu padre sale del hospital, tú tienes turnos y yo tengo que estar con mi esposo, Alice y Emmett también estarán con su padre— explicó Esme—Gianna, Junior, han llegado por ustedes— los llamó.
—Hola Edward— dijeron Bella y Enzo a la vez.
Los niños bajaron las escaleras corriendo, ambos llevaban una mochila, junior con sus cosas del colegio y Gianna con sus libros para colorear y sus crayones, pero no esperaban encontrarse con su padre, por lo que poco a poco frenaron su carrera.
—Denle a la abuela y a su papá un beso, mañana los pasaré a ver, estarán bien con Bella— les dijo Esme, al tiempo que besaba sus mejillas.
Edward se inclinó y besó la frente de su hija e hijo, y después su madre tomó un par de maletas y ayudó a Bella y Enzo a llevar las maletas y los niños se subieron de buen agrado al auto.
— ¿Por qué él tiene que cuidar de mis hijos? ¿No te parece suficiente con que tenga a mi Vanessa?— preguntó Edward enojado, una vez su madre entró a la casa.
—Él se llama Enzo, y no tiene nada de malo, tú no puedes cuidarlos, yo tampoco, entonces no le veo problema con que los niños pasen un unos días con su hermana en lo que su abuelo sale del hospital y yo pueda atenderlos— contestó Esme —Siéntate, vamos a comer.
De mala gana, Edward hizo lo que su madre ordenó, se sentía como un niño pequeño al que han pillado en una travesura, pero él no era ni un niño pequeño ni había hecho una travesura.
—Ahora si me vas a decir ¿Qué te pasa?— dijo Esme, inmediatamente después de colocar los platos vacíos de la cena en el lavaplatos.
— ¿A qué te refieres?— preguntó, aparentemente confundido.
—A Bella, a Carlie ¿Por qué no las dejas ser felices?
—Lo serán, cuando estén conmigo.
— ¿Y los bebés que está esperando Bella? ¿Te has puesto a pensar en esas dos criaturitas?
—Pueden quedarse con su padre una vez nazcan, o pueden quedarse con nosotros, ojo por ojo ¿No crees?
—De verdad que no te reconozco Edward, tú no eres el niño al que educamos Carlisle y yo, ese niño bueno que luchaba por lo que quería, pero no a costa de la felicidad de inocentes.
—Yo solo quiero que Bella y mi hija estén conmigo, voy a hacer lo que no fui capaz en el pasado.
— ¿Cómo? ¿Alejando a Carlie de su padre? De esa manera no vas a ganarte su cariño, tan solo conseguirás que te odie.
— ¡Él no es su padre! Su padre soy yo y tiene que aprenderlo
—Enzo es su padre, él la vio nacer, la ha visto crecer todos estos años, para Carlie, Enzo es su héroe. No puedes quitárselo.
— ¡Claro que puedo! Y voy a hacerlo, ya he visto a un abogado que me ayudará en el juicio, los tramites iniciarán pronto y Carlie vivirá conmigo y con sus hermanos.
—No puedes estar hablando enserio, ¡No puedes hacer eso, Edward!
— ¿Por qué no? Dame una razón para no hacerlo, dame tan solo una buena razón para no traer a vivir a mi hija conmigo.
—Si lo haces, ella te odiará por separarla de su madre, de su padre y de su familia.
—Nosotros también somos su familia.
—Pero ella está acostumbrada a los Denali y a Charlie. A nosotros nos ve esporádicamente, dos o tres veces al mes, solo en las reuniones familiares y ella siempre está jugando con Charlie o Jane.
—Puede acostumbrarse a nosotros.
—La vas a hacer sufrir Edward. Ella no lo merece.
— ¿Entonces qué hago?... Yo tan solo quiero que mi hija me ame— dijo Edward, derramando algunas lágrimas de impotencia.
Ya estaba cansado de hacerse el duro, su madre tenía razón, su hija no merecía sufrir por su insensatez, no lo merecía.
—Convive con ella, gánatela, pero no hables mal de su padre, él la quiere más de lo que te imaginas, la amó desde que estaba en el vientre de Bella, él tampoco sería capaz de dañarla.
— ¿Cómo puedes estar tan segura de eso?
—Estuve hablando con Carmen hoy, ella me contó lo que está pasando en casa de Bella, Carlie te tiene miedo, ella piensa que vas a alejarla de su familia; Bella quería alejarte de ellos, pero Enzo la convenció de dejarte pasar tiempo con la niña, tanto como Carlie lo deseara.
—Eso no puede ser, ¿Por qué haría algo así?
—Porque sabe que el amor que le tienen Bella y Carlie no cambiará aunque tu hayas aparecido en sus vidas, él esta consiente, y lo estuvo desde que Bella le contó la verdad, de que este momento llegaría, que tu regresarías y que querrías ver a la niña.
— ¿Él quiere ayudarme? No lo creo…— dijo con sarcasmo.
—Créelo porque es verdad.
/*/*/*/*/*/*/*/
¡Hola! ¿Me recuerdan? Ahora sí que no merezco perdón, mi única excusa es la escuela, que me tiene más ocupada de lo que yo quisiera, pero he venido a dejarles este capítulo ¡Cada vez nos acercamos más al final! ¿Algún comentario?
Promocional: Les recuerdo que podrán encontrar adelantos, fotografías y mucho más referente a este y a mis otros Fics en el grupo de Fb Bella Readers (link en mi perfil) ¡Ahora también tenemos grupo de WhatsApp a su disposición!
Besos desde México, Bella.
