Midnightblue1
Total Eclipse of the Heart
Act II
Shadow Attack
"Al fin se ha quedado dormida." Darien se levantó de la cama con cuidado, tratando de no hacer ningún movimiento que pudiese despertar a su novia. Abrió la puerta con lentamente y la cerró lo más silenciosamente posible detrás suyo. Él también deseaba poder descansar un poco tras el día tan terrible que había vivido, pero su mente no dejaba de llevarlo a Rini. Resuelto a que no podía pasar un segundo más sin poder hablar con ella, decidió partir en su búsqueda.
Cruzó varios pasillos y habitaciones antes de dar al fin con ella. Se encontraba sentada frente a una mesa, en el jardín trasero del palacio. Darien logró acercarse hasta sólo estar a unos pasos de su hija antes de que ella se percatara de su presencia.
Rini dio un pequeño salto de sorpresa, pero trató de disimularlo al poner una cara de hastío antes de voltearse para seguir contemplando el cielo. "Me alegra mucho verte sana y salva." Comentó Darien a manera de saludo sin darse por vencido tras aquél recibimiento tan poco cálido. Rini fingió no escucharlo. "Tuve tanto miedo de no volver a verte."
Al no obtener respuesta de Rini, Darien posó una mano sobre su hombro. Rini tembló de pies a cabeza y apartó la mano de Darien de un golpe. Darien retrocedió sorprendido. "¡No me toques, no me hables, no quiero verte!" Gritó histérica volcando la mesa de manera que quedara entre ellos. "¡¿Para qué han venido? Ya nada pueden hacer!"
"Rini, nosotro-"
"¡No me hables con tanta familiaridad!" Cortó Rini furiosa. "¡Tú ya no me conoces, no sabes lo que he pasado aquí, todo lo que he vivido mientras ustedes eran felices en el pasado!"
Darien corrió hacia Rini y la rodeó en sus brazos. Rini forcejeó para soltarse pero le fue imposible. Al cabo de unos segundos dejó de intentarlo y se limitó a llorar en los brazos de Darien. "Tienes razón, no sé por todo lo que has vivido, pero haré lo imposible por devolverte una sonrisa al rostro." Le prometió abrazándola más fuerte.
Se quedaron así por lo que parecieron ser horas hasta que un destello los hizo separarse. Ambos voltearon al cielo y vieron como cuatro estrellas fugaces se acercaban a la Luna y caían delante del palacio. Un gran resplandor surgió en la parte delantera del edificio. Darien y Rini corrieron a la entrada a ver de qué se trataba.
Serena despertó al sentir una potente luz en los ojos. Los abrió e inmediatamente después fue cegada por aquella luz. Al abrirlos se dio cuenta de que se encontraba en una habitación extraña y Darien ya no estaba con ella. Sin pensarlo mucho, decidió que lo más importante en ese momento era encontrar y proteger a Rini de lo que fuese que había llegado a la Luna.
Darien y Rini llegaron a las puertas principales del palacio. El hombre se puso delante de la muchacha para protegerla en caso de que se tratase de un enemigo, pero Rini lo apartó y jaló ambas puertas, abriéndolas con facilidad. Ante ellos se encontraba la Princesa Kakyuu, escoltada por las Sailor Starlights.
"¡Princesa Kakyuu!" Exclamó sorprendido Darien al verla. Ella saludó con una inclinación de la cabeza, su rostro portaba una sonrisa, aunque Darien no pudo evitar sentir que era forzada. "¿Cómo han logrado llegar aquí? Creí que la Luna estaba rodeada de una barrera de energía puesta por la Neo Reina Seren…" Cayendo en cuenta lo que había sucedido con la Neo Reina de Tokio de Cristal, calló un momento, tratando de absorber esa revelación. Sin poder evitarlo, echó una mirada de reojo a Rini, quien parecía no haber reaccionado ante aquello y en cambio veía fijamente hacia el frente.
"Así que al fin han venido." Dijo a manera de saludo la muchacha, sus ojos escrutinando los rostros de las cuatro recién llegadas.
"Hemos venido a erradicar el mal." Respondió la Princesa del Planeta Kinmoku.
"¿Han venido a ayudarnos?" Preguntó Darien, ignorante a lo que había acontecido antes de la batalla, cuando en ese mismo palacio ella se había negado a comenzar una nueva guerra.
Las Sailor Starlights se miraron unas a otras, sin saber qué responder. Rini alzó una ceja escéptica, sin despegar su mirada de la de Kakyuu. El silencio se hizo absoluto hasta que una nueva voz se unió a la reunión improvisada.
"¿Seiya?" Llamó Serena sin poder creerlo. Sailor Star Fighter volteó sorprendida y no pudo evitar sonreír al verla. De reojo vio el rostro de su princesa tensándose, por lo que de inmediato dejó de sonreír. "Princesa Kakyuu, Taiki, Yaten, ¿ustedes han venido a ayudarnos?"
"Hemos venido a erradicar el mal." Repitió la Princesa Kakyuu observando detenidamente a Serena.
"Lo mismo me da a lo que hayan venido." Dijo Rini con un tono indiferente. "Pueden quedarse si quieren, siempre hay habitaciones libres para cobardes." Terminó viendo rápidamente de reojo a Serena.
"¡¿Qué has dicho?!" Exclamó airada Sailor Star Healer dando un paso hacia a delante.
"¡Rini!" Exclamó Darien sorprendido por la irrespetuosidad de la muchacha.
La Princesa Kakyuu extendió un brazo frente a ella, haciéndola detenerse. "Gracias por tu amable invitación pero no es necesario, de cualquier forma, sólo serán unos pocos días a lo mucho." Replicó tratando de sonar cortés, pero su tono había sido glacial; las palabras de la muchacha realmente le habían herido el orgullo.
"Eso significa que somos aliados… ¿o enemigos?" Preguntó Serena recordando la discusión entre las Starlights y las Sailor Scouts del futuro.
"Ni aliados ni enemigos. Nuestra única misión es acabar con el mal en el universo, no dudaremos en eliminar a quien se interponga en nuestro camino." Respondió Kakyuu mirando duramente a Serena. La rubia correspondió la mirada, y después observó a las Starlights, quienes miraron a otro lado en cuanto ella posó sus ojos sobre los de ellas.
El mayordomo del Palacio Lunar observó la escena desde lo alto de una escalera y corrió de vuelta a su cuarto.
Kage observó como un pedestal aparecía en el centro de su habitación, en la cima de éste brillaba un objeto. "¿Qué querrá ese inepto ahora?" Se quejó mientras el cristal se acercaba a ella.
"Ha llegado aún más gente al palacio."
"¿Quiénes son ahora?" Preguntó intrigada, aún no podía creer que hubiera gente que se atreviera a ir a la Luna sabiendo el peligro que representaba relacionarse con los que ahí habitaban.
"Se trata de la Princesa Kakyuu."
"Ya veo…" Asintió recordando la conversación que había mantenido con ella hacía tiempo. "¿Algo más que deba saber?" Preguntó queriendo dar por terminado aquella conversación.
"No, no ha sucedido nada más."
"Está bien, entonces comunícate inmediatamente en cuanto algo importante suceda." El mayordomo del otro lado del cristal hizo una pequeña reverencia y desapareció.
"Así que Kakyuu cumplirá su parte del trato." Comentó para sí misma una vez que la transmisión hubo terminado. A su mente vino aquel día en que la Princesa llegó a su palacio. Le había prometido ayudarla a conseguir el cristal del cosmos y a combatir a sus enemigos, específicamente a las Guerreras de la Luna, a cambio de salvar a su planeta. Hasta ese momento, Kakyuu se había mantenido al margen de la batalla pero su llegada a la Luna sólo podía significar que mantendría su promesa. "En verdad es ingenua." Continuó con una sonrisa maligna formándose lentamente en su rostro. "Mientras mis enemigos restantes se distraen con ella, yo llegaré y aniquilaré a cada uno ellos."
"¡Sailor Chi, Sailor Phi!" Llamó sin perder tiempo. Un instante después, las gemelas aparecieron frente a ella, las dos hicieron una reverencia al unísono. "¿Ya está todo listo?"
"Sí, su Majestad." Anunció Sailor Chi.
"Las tropas están esperando su orden." Agregó Sailor Phi.
"Perfecto. Den la orden, el día de mañana invadiremos la Luna." Sailor Phi y Sailor Chi asintieron, se despidieron con una reverencia y desaparecieron. "¡Al fin, el Cristal del Cosmos, será mío!" Río malignamente.
Sailor Star Maker salió de una pequeña casa a las afueras del castillo. Sobre la puerta principal se encontraba el mismo símbolo que poseía la Princesa Kakyuu en su frente. Afuera Fighter y Healer montaban guardia.
"Es increíble como aún en medio de tanta destrucción, la Luna aún no ha perdido su belleza." Escuchó decir a Sailor Star Fighter mientras contemplaba el cielo nocturno.
"Es una lástima que el Cristal de Plata no haya podido detener al mal." Replicó Sailor Star Healer pateando una pequeña piedra lejos de ella.
"Es verdad, no importa lo ocurrido en el pasado, esta vez no podemos tener fe en que Sailor Moon o el Cristal de Plata lograrán vencer al enemigo." Agregó Maker haciendo que las dos voltearan. Healer asintió lentamente y Fighter clavó su mirada en una de las habitaciones del segundo piso del palacio. Desde la ventana podía apreciar a dos personas de pie. Gracias a la luz de la habitación, pudo darse cuenta que se trataba de Darien y Serena.
"Parece ser que esta vez seremos nosotras quienes tendremos que salvar al universo." Comentó Healer jugando con su broche en forma de estrella. "Además, si la Princesa Kakyuu logra obtener el Cristal Supremo, nuestro planeta evitará el camino de destrucción que Kage ha creado."
"¿Pero a qué precio lograremos salvar a nuestro planeta?" Preguntó Fighter mientras observaba como Darien salía de la habitación y dejaba a Serena sola. "¿Lo protegeremos a costa de la vida de las personas que nos ayudaron en el pasado?"
"Ya hemos discutido esto antes." Respondió autoritariamente Maker. "Tenemos confianza en la Princesa y en que sus decisiones serán las mejores para el futuro de todos."
"Aún si tenemos que terminar con amigos y conocidos con nuestras propias manos." Agregó Healer. "Y eso incluye a-"
"Lo sé." Cortó Fighter. Vio como la luz del cuarto de Serena se apagaba y se corrían las cortinas para evitar ver al interior y comenzó a caminar en dirección a su ventana.
"¡Fighter!" Llamó Maker sorprendida al ver lo que hacía. "¡No estarás pensando en ir a ver-"
Sailor Star Fighter alzó una mano para que guardara silencio. "No he olvidado nuestra misión, pero si puedo evitar más muertes y sufrimiento, lo haré." Sin decir más, comenzó a correr en dirección a la ventana de Serena. En el camino, sufrió una transformación y volvió a ser Seiya. Un instante después, se encontraba en el pequeño balcón de Serena.
Serena escuchó un golpe en la ventana. Primero pensó que había sido el viento, y trató de conciliar el sueño, cosa que le resultaba imposible. Al escuchar ligeros golpes por segunda vez, decidió que no era obra del viento y se levantó. Corrió las cortinas y ahogó un grito de sorpresa al ver a Seiya del otro lado del cristal. Rápidamente quitó el seguro a la ventana y la abrió de manera que ya no hubiera nada entre ellos.
"¡¿Qué haces aquí?!" Fue lo único que alcanzó a decir Serena en su sorpresa.
Seiya sonrió por un instante y saludó a su vez. "¿Es esa la forma de saludar a una estrella de la música, Bombón?" Observó divertido como Serena parecía contener su enfado al escuchar ese sobrenombre. "¿No me invitarás a pasar?" Serena asintió y se quitó del camino para que Seiya pudiera entrar. Ambos se sentaron en la cama.
"Seiya…"
"Serena…"
Los dos dijeron al mismo tiempo. Ambos se sonrojaron y guardaron silencio. "Por favor, tú primero." Pidió Serena sin saber que otra cosa decir, sintiendo como sus mejillas ardían.
"No, tú." Cedió Seiya con una sensación similar a la de Serena.
Serena se negó y Seiya no tuvo otra opción que comenzar. "¿Por qué han venido desde el siglo XX (1) hasta aquí?"
"Muchas cosas han sucedido en el pasado." Respondió Serena tratando de no dar demasiados detalles.
"¿También fueron atacados?"
"Sí."
"¿Y sólo tú has venido?" Preguntó Seiya intrigado. "Bueno, y Darien." Agregó tratando de no sonar extraño al pronunciar su nombre.
"No, las chicas vinieron también, pero-" Serena no logró finalizar. Las lágrimas le vinieron a los ojos.
Seiya comprendió claramente lo que había sucedido con ellas y prefirió no continuar.
Serena logró controlarse después de unos momentos. "Aún recuerdo la última batalla. Tú me dijiste que mientras creyera en mí, nunca estaría sola." Dijo al fin.
Seiya se sorprendió pues ya no recordaba eso, para él eso había sucedido hacía siglos mientras que para Serena sólo habían pasado un par de años.
"También recuerdo que ustedes creían en mí." Agregó. "Dime Seiya, ¿aún es cierto eso?"
"Sí." Seiya contestó antes de poder pensar en lo que decía. Serena sonrió con pesimismo ante tal respuesta.
"Sin embargo, no pelearás a nuestro lado." Serena clavó la mirada en los ojos de Seiya. Sus ojos brillaban de una manera tan intensa que Seiya no pudo hacer otra cosa que desviar su mirada.
"Nuestra misión es acabar con el mal." Repitió Seiya lo que tanto le había escuchado decir a la Princesa Kakyuu. "A toda costa."
"Pensé que dirías eso." Dijo Serena levantándose de la cama. "No quiero pelear contra ti, Yaten, Taiki o contra la Princesa Kakyuu. No quiero que más vidas sean sacrificadas en esta batalla. No quiero perder más seres queridos."
Seiya guardó silencio. En el fondo, él sentía lo mismo, sin embargo, no podía darse el lujo de pensar tan positivamente: el resplandor de más estrellas desaparecería.
"Pero…"
Seiya salió de sus pensamientos al escuchar el cambio de voz en Serena.
"Si alguien pone en peligro la seguridad de Darien o Rini, no dudaré en hacerle frente, quien quiera que sea." Dijo con determinación viendo su rostro en un espejo que la reflejaba de pies a cabeza, después, como para dejar el mensaje claro, clavó los ojos en Seiya.
Seiya asintió sorprendido por la seguridad con que lo había dicho. Sin duda aquella mujer frente a él no era la misma que había conocido hacía ya tanto tiempo. Ella, como él, tenía una prioridad, y haría lo que fuera para asegurarse que saldría victoriosa.
Serena se volteó de nuevo hacia el espejo. Desde ahí contemplaba el rostro de Seiya, esperando cualquier cosa que pudiera terminar con aquella conversación. Repitió las palabras en su mente, juzgando si había sido demasiado directa o no. Sus ojos fijos en su reflejo. Repentinamente, su rostro en el espejo le sonrió.
Serena retrocedió con un grito ahogado, tratando de esconder su sorpresa de Seiya. Su rostro en el espejo poseía ahora una sonrisa maligna. Su pelo, también notó, había oscurecido, dejando solo las puntas de un color plateado. "¡Selene!" Susurró asustada.
"¿Qué sucede?" Preguntó Seiya al sentir el repentino cambio en la rubia. Serena recargó su espalda contra el espejo y negó con la cabeza sin saber que otra cosa podía decir. Lo único que le importaba era cubrir la repentina aparición de Selene de los ojos de Seiya.
"¿Lo dices en serio?"
Serena escuchó sorprendida la voz de Selene detrás suyo, como si le hubiese susurrado en el oído.
"¿Serías capaz de eliminarlo?"
Serena trató de controlar su miedo puesto que Seiya se encontraba aún en el cuarto y al parecer se había percatado de que algo malo sucedía. "¿Sucede algo malo, Bombón?" Preguntó Seiya poniéndose en pie. Serena negó con la cabeza pero sentía como sus manos temblaban.
"¡Serena, eres una pequeña mentirosa!"
Serena escuchó la risa de Selene como si estuviese parada justo detrás de ella. "¡Serena, detrás de ti!" Seiya exclamó al ver como unas manos salían de la superficie del espejo. Serena trató de voltear pero las manos la apretaron fuertemente contra el espejo. Una sensación gélida le corrió por el cuerpo entero.
"Parece que le tienes mucho afecto, ¿no es cierto? ¡Jamás serías capaz de hacerle ningún daño! Pero no te preocupes…"
Serena sintió como una barbilla se clavaba en su hombro. "Yo lo mataré por ti." Seiya escuchó también aquello y se puso en guardia. Ambos escucharon el sonido del espejo fragmentándose lentamente. Una grieta se había formado a lo largo de toda la superficie. El espejo emitió un resplandor que cegó a Serena y Seiya. Inmediatamente después, miles de cristales volaron en todas direcciones. Serena y Seiya se protegieron el rostro de los pedazos del espejo roto.
Serena dejó de sentir el peso sobre su hombro y volteó de un lado a otro. Primero vio a Seiya quien a toda vista parecía encontrarse bien, después, aterrada por lo que podía encontrar detrás de ella, giró lentamente para toparse cara a cara con Selene.
"Ahora… ¡muere!"
TBC
Author Notes:
(1) La serie terminó en el año 1996, por lo tanto, si la historia toma lugar un par de años tras la batalla contra Sailor Galaxia, lo más lógico es que aún sea el siglo XX y no el XXI.
