Capítulo beteado por Mónica León, Beta Élite Fanfiction.

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Derechos: Los personajes le pertenecen a S.M, quien es la que nos hace soñar con cada uno de ellos. Cualquier otro personaje que no sea identificado, es totalmente mío, como la historia.

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Capítulo XXI

Un nuevo comienzo

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"En la mañana, las cosas se ven con más claridad"

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Bella POV.

Nunca nadie me había intimidado y esta no iba a ser la primera vez. Detrás de esa mujer estaba parada Esme, comandada por el miedo.

—¡Bellis! —gritó Alice. Ella salió de la casa y con una sonrisa en grande, avancé pasos rápidos para poder abrazarla, al pasar al lado de Tanya procuré no pisar ni su sombra—. ¡Te estábamos esperando!

—¡Oh, Alice! —La abracé—. ¿Tiene tiempo aquí? —susurré en su oído para que nadie escuchara.

—No, ha venido junto contigo. A mí también me sorprendió —susurró de regreso—. Bellis, te he extrañado. ¡Qué bueno que ya no te irás! —Prácticamente gritó. Me había olvidado que aún quedaba algo de la adolescencia en ella—. Pero… ¡Mira esta hermosura! —Caminó hasta donde estaba Edward de pie con mi hija entre sus brazos. Se la entregó, haciendo que Carlie comenzara a hacer pucheros.

—¡Papááááááááááá! —Lloró. Edward estaba estático. La miró y sonrió, pero no le estiró los brazos para ella.

—¡Ven con mamá! —Cogí a mi niña entre mis brazos—. Está con hambre. —Esme, Alice, Rosalie y yo entramos a la casa. La pañalera estaba en el auto de Emmett, pero no quería salir a buscarla—. Mi amor, quédate con tía Rose. Voy a buscar el biberón. —Ella volvió a llorar y negó con la cabeza.

—Yo iré. —Se ofreció Rose—. ¿Quieres solo la pañalera o algo más?

—Solo eso. Gracias. —Sonreí. Acomodé a mi niña entre mis brazos, alcé la mirada para encontrarme con Esme, quien sonreía mientras veía a su nieta. En un rincón del living, estaba un corral. Apostaba todo lo que tenía a que ese niño que estaba con un chupón en la boca, dormido, era Anthony.

Me levanté y caminé hacia el lugar. Efectivamente, era Tony. Estaba dormido. Sus cabellos rubios se pegaban a su frente y las manitas las tenía hecha puño. Carlie abrió los ojos al darse cuenta del niño y comenzó a sacudirse para poder llegar a él.

—Shhhh. —Acerque mi dedo a su boquita—. Tu hermanito está durmiendo—. Me moría de curiosidad por saber lo que estaba pasando afuera.

—Afuera se ha armado la guerra —comentó Rose con una sonrisa en sus labios.

—Creo que es mejor que vaya a casa. —Me levanté del mueble con mi hija entre mis brazos—. Adiós, Esme. Hablamos luego. —Le di un beso en la mejilla, pero, ¿cómo me iría a casa? ¿En un taxi? Mordí mi labio mientras fingía que buscaba algo en la pañalera y lograba pensar como ir al departamento.

—No es necesario que te vayas, Bella. — Rose colocó su mano sobre la mía para detenerla—. Aquí la que se debería ir es Tanya.

—No, Rose. —Sonreí—. La verdad es que ansiaba llegar a casa. Estoy cansada y Carlie necesita dormir.

—Es lo mejor que Bella puede hacer —contestó Esme con una sonrisa—. No expongas a la niña en problemas que no son su culpa. —Asentí. Por la misma razón quería irme. Enfrentaría a Tanya como sea ,pero no ahora. Mi hija estaba presente y yo no le daría ese espectáculo a ella.

—Por lo menos deja que te lleve. —Me acordé de que las llaves del departamento las tenía Edward.

—Está bien. Ten a Carlie. —Le pasé mi hija a Rose—. Voy a pedir las llaves.

—Suerte. —Saltó Alice con una gran sonrisa en su rostro.

Le sonreí y caminé hasta la puerta de salida, donde se habían quedado Edward y Emmett "hablando" con Tanya.

¿Dónde carajos estabas, cuando ocurrió eso? —preguntó Edward. Su voz destilaba furia—. ¿Cómo vas a dejar al niño con una desconocida? ¡Por Dios, Tanya! ¿Qué clase de madre eres? ¡Pensé que te importaba tu hijo! Pero veo que las cosas no son así…

¡El que debería estar al lado de su hijo eres tú! —Le cortó Tanya—. Pero en lugar de eso, vas y te revuelcas con esa mujerzuela. ¡¿Te importa más la bastarda que tu propio hijo?!

—¡Mira bien a quién te refieres! —No pude contenerme al escuchar cómo se refería a mi hija—. Te lo advierto, con mi hija no te metas. Te las verás conmigo, ¿entendiste? —Los ojos de Tanya estaban abiertos como platos. No sabía en qué momento, me había acercado a ella, acechándola como a una presa y la había acorralado contra la pared—. Cuando se meten con mi hija, soy capaz de cualquier cosa. Si el nombre de mi hija sale por tu sucia boca, te acordaras de mí. Siempre.

—¡Todo el mundo sabe que eres la amante de Edward! —gritó. Los peatones que pasaban voltearon a ver lo que sucedía—. La niña de oro, la que no hace nada, la mejor calificación en las escuelas, la chica modelo, la mejor egresada de la escuela de medicina, una de las mejores investigadoras de neonatología, dos títulos en una sola carrera. ¿De qué sirve todo eso cuando te convertiste en su puta? —Ella intentaba intimidarme, pero nada podía hacerlo. Cuando alcanzaba mis límites, mi nivel de furia subía—. Porque eso eres, una puta. ¡Puta! —No lo evité y mi mano fue a parar en su mejilla.

—¡Dime puta todo lo que quieras! —le grité—, pero nadie me puede catalogar como una mala madre. Yo quise a mi hija desde antes que existiera, he dado mi vida, mi carrera por mi hija, no ha importado el lujo, si no está mi hija conmigo. Y, ¿tú? ¿Qué has hecho por el tuyo? ¡Nada! ¡Has intentado deshacerte de él! ¿Qué peleas? ¿Un hombre? ¿No está casado contigo? ¿Qué dudas? —Levanté mi rostro, desafiándola—. ¡Quédatelo! ¡No me interesa! —Estiré mi mano hacia Edward para que me diera las llaves del departamento.

Él estaba estático. Su boca formaba una "o". Estaba sorprendido de lo que había dicho. Rogaba internamente que él no se creyera lo que le dije a Tanya. En modo automático, metió su mano al bolsillo del pantalón y depositó el llavero en la palma de mi mano.

—¡¿No te interesa?! —Rodé los ojos al escuchar la voz chillona de esa mujer—. ¿Qué son estas fotos? —De la cartera sacó un sobre amarillo. Se cayeron algunas fotos, pero una me llamó la atención. Estábamos en la cocina el día del cumpleaños de Carlie, cuando Edward se acercó a darme un beso. Parpadeé un par de veces. Luego había otra foto donde estábamos muy pegados, según lo que percibí que fue en el momento del concurso.

¡Ella tenía las fotos del fotógrafo que habíamos contratado!

Pero lo más importante, se había delatado. Solita, sin presiones, ni nada. Sola había arrojado la bomba y la había hecho estallar en su rostro, sin perjudicarnos porque daba gracias que tuve tiempo para vacunarme contra cualquier lengua viperina.

Y si las cosas eran así; ella fue la que mandó a robar mi auto y a seguirme durante casi un año.

—¿Sabes que te puedo denunciar por violación de la privacidad? —Enarqué una ceja, cruzándome de brazos.

—Querida, eso no existe- —Se mofó.

—En realidad, Tanya. Lamento informarte que sí existe. Tendrías que pagar una indemnización millonaria si llega a ganar y es lo más probable, teniendo todas las pruebas— interrumpió Emmett. Ella se asustó. Me dedicó una mirada asustada. Parecía que el león que había llegado reclamando, rugiendo y gritando, se había convertido en un inofensivo gatito.

—Me voy. —Di media vuelta para entrar a la casa y poder despedirme.

—Bella, espérame. —Edward me rogaba en sus ojos que lo hiciera, pero yo no podía quedarme, necesitaba estar en mi terreno. Sentirme segura.

—No, Edward. Tienes asuntos que arreglar. —Una mueca como intento de sonrisa salió de mis labios—. Y que te quede claro. —Señalé a Tanya, antes de abrir la puerta—. Yo no me estoy defendiendo, estoy defendiendo a mi hija. Métete conmigo, no con ella porque verás rayos y centellas si no me haces caso. —Amenacé antes de entrar.

*.*.*.*

El camino a casa fue total silencio.

Antes de salir, habían llegado Carlisle y Jasper. Este último solo me abrazó, regalándome buenas energías, como él decía. Me sentí mejor al estar en mi tierra, con mis amigos, a los cuales siempre he considerado mi familia.

Rose aparcó en el lugar indicado para el departamento y me ayudó a sacar a mi hija que estaba dormida en la silla de coche. Ella bajó lo más importante del auto, la pañalera y mi bolso de mano.

—La habitación que era de Alice, es la de Carlie —me indicó. Agradecí, mis brazos me estaban matando—. Aquí dejo tu bolso y la pañalera. Las maletas siguen en el auto. Cuando llegue Edward, dijo que él las bajaría. Descansa, Bella. —Se acercó y depositó un beso en mi frente—. ¿Dónde quedó la Bella tímida? —bromeó—. Me gusta esta, eh. —Le sonreí, mientras veía como se perdía en la puerta.

Suspiré. Veía a mi hija que sus ojitos se le cerraban y estaba peleando por mantenerlos abiertos. — ¿Papá? —preguntó en medio de un bostezo.

Ya me imaginaba el motivo por el cual quería mantenerse despierta: Edward. Lo peor era que ni sabía si vendría esta noche a casa, él debería estar con Anthony. De este modo comenzaba mi "nueva" vida.

Me levanté para ir a la habitación de Carlie. No me fijé en el decorado ni en nada. La senté en el cambiador para quitarle la ropa y poder bañarla; antes de que pidiera su biberón y solita se quedara dormida.

El baño fue tranquilo, ninguna de las dos estaba para juegos. Aproveché que estaba en el baño para ducharme junto a mi bebé. Al salir con una sola toalla nos envolví, agarré otra para ponerla encima de la cama y que no se mojara mientras me vestía con pijama.

El bolso lo había olvidado en el living y salí en carrera a buscarlo, junto a la pañalera. Encontré a Edward sentado en el sofá con un inquieto Anthony intentando caminar. Él se reía de cada caída que se daba. Con ayuda de las manos de su padre, se levantaba y volvía a intentar dar pasitos.

Edward no se había percatado de mi presencia, pero Tony sí, ya que cuando alzó su cabeza, sonrió y sus hermosos ojos verdes se encontraron con los míos.

—¡Pero mira quien está despierto! —Edward me miró y sonrió—. Ahora será difícil que se duerma.

—Así dijo, mamá. Ha dormido desde la tarde y se levantó en el camino. —Se encogió de hombros—. ¿Carl se durmió?

—No. La dejé en su cama para venir a ver los bolsos. —Me acerqué con el pretexto y mis labios se encontraron con los de él—. Quería que supieras que es mentira lo que dije. Me interesas mucho. —Volví a depositar un beso en sus labios.

—Me tranquiliza mucho escuchar esas palabras de tu boca —susurró—. Jasper me las dijo todo el camino, pero las necesitaba de ti.

—Nunca dudes, Edward. Te amo demasiado como para dejar que esa se salga con las suyas. — Cogí el bolso y la pañalera, caminando hacia el pasillo de las habitaciones. Contoneé mis caderas más de lo normal, estaba más que segura que Edward estaba mirándome de arriba a abajo.

En la habitación encontré a mi nena acurrucada en un rincón dormida. La arrastré hasta mí, tratando de no despertarla con movimientos bruscos mientras la vestía con su pijama. Sus cabellos estaban húmedos y no lograría desenredarlos estando ella dormida. La acomodé en la cuna, tapándola y dejando la luz de la puerta del baño encendida.

Caminé hacia mi vieja habitación y al abrirla me di cuenta que no sería la mía. Las paredes estaban pintadas de azul cielo y una cama-cuna estaba en el centro, con sábanas blancas y ositos bordados. No era necesario preguntar para quién sería, eso estaba más que claro: Anthony.

Fui a la vieja habitación de Rose. Las paredes de esta estaban pintadas de blanco, las sábanas, cobertores y sobrecamas eran azul eléctrico con filos blancos. Un gran escritorio caoba en el rincón. El clóset y la puerta del baño.

El departamento era más pequeño que la casa que tenía en Ecuador, pero el simple hecho de estar aquí, cerrar los ojos y acordarme todo lo que había vivido, en cada rincón, me hacía sentir en casa. Era como si hubiese salido de donde mis padres para irme a mi lugar.

Dejé el bolso encima de un sofá que estaba a los pies de la cama. Desanudé la toalla que tenía envuelto mi cuerpo, la dejé caer y busque un pijama, me vestí y senté para pasar una toalla seca por mis cabellos, tratando de secarlos un poco.

—¿Bella? —Edward estaba parado en el marco de la puerta—. ¿Puedes quedarte con Anthony? Voy a subir las maletas, necesito un baño. —Anthony estaba recostado en el pecho de Edward que lo estaba sosteniendo entre sus brazos—. Tony, anda con Bella.

Sonreí y estiré mis brazos hacia él. No se necesitó una segunda orden porque el bebé se lanzó a mis brazos, riendo. También estaba próximo a caer inconsciente. —¿Tienes pijama? Mientras tú subes las cosas, yo puedo cambiarlo de ropa. Voy a preparar un par de biberones ya que Carl se durmió sin cena.

—Gracias. Aquí está su pañalera. —Me entregó el bolso azul marino—. Yo hago los biberones cuando termine de subir las cosas.

Senté al bebé en la cama, quité sus ropitas dejándolo en pañal. Era muy inquieto y tenía cosquillas por todos lados. Pasé unos pañitos húmedos para quitarle el sudor. Según la nota que había dejado Esme, ya estaba bañado. Cambié el pañal y el pijama.

Me senté en el sofá, acunándolo entre mis brazos para arrullarlo y que durmiera. Lo mecí de un lado a otro, cantándole. Sus ojos se cerraban y él, tal como Carlie, se negaba a dejarlos cerrados hasta que ya no pudo abrirlos y se sumergió en el mundo de los sueños.

*.*.*.*

—¿Edward? —lo llamé al verlo sentado en el sofá con su rostro cubierto por las manos. Me senté a su lado—. ¿Vamos a dormir?

—En realidad, Bella. —Sus ojos verdes estaban apagados. No había querido tocar el tema sobre qué pasó después de que me fui, pero ahora me daba cuenta que era necesario—. Prefiero ver una película.

—Entonces, te acompaño. —Me recosté en el sofá, dejándole espacio para él—. ¿Qué veremos?

—¿No te llegó el mensaje? —Frunció los labios—. Quiero estar solo, Bella. —Oh, no. Todo iba marchando sobre ruedas y en cinco minutos se derrumbaba.

—Parece que al que no le llegó el mensaje, fue a ti. —Me crucé de brazos—. No te dejaré solo. Soy demasiado egoísta como para permitirte pensar en otra mujer, estando yo aquí.

—No estoy… ¡Arg! Bella, por favor. —Sus ojos eran un ruego, pero no lo dejaría pensar.

—Ni por favor, ni nada. —Me senté a ahorcadas en sus piernas—. Vamos a la cama, Edward. Ahora de nada sirve que te desveles. Hemos llegado de un viaje cansados, rogando meternos en una cama para poder dormir.En la mañana, las cosas se ven con más claridad. Ven conmigo—. Me levanté y estiré mi mano para que la tomara, pero en vez de eso, jaló de mis caderas, haciéndome sentar en sus piernas.

—Mejor veamos una película. —Me acomodé entre sus piernas, con mi espalda apoyada en su pecho y sus manos trazando círculos en mi abdomen—. Si te duermes, te llevo a la cama —susurró en mi oído.

Estábamos viendo Pretty Woman. No íbamos ni diez minutos que comenzó y mis ojos estaban pesados. El cansancio me vencía y yo parecía Carlie queriendo mantener los ojos abiertos.

Sentí un tacto frío jugar en uno de mis pechos. Abrí los ojos para encontrarme con las manos de Edward coladas por debajo de mi blusa. Pasaba sus dedos de manera distraída en forma circular por mis pezones. Atrapé la mano que posaba sobre mi vientre, bajé mi mano junto a la suya, haciendo que entrara por la pretina del short, luego, él solo siguió el camino. Abrí mis piernas para darle acceso.

Sus manos frías chocaban con mi calor corporal. Se sentía exquisito. El masaje en mis senos aumentó a medida que él iba deslizando su mano por mi entrepierna, acariciando cada rincón con delicadeza. Lo sentí ronronear en mi oído cuando se dio cuenta que no tenía bragas puestas.

Su erección golpeaba la parte de atrás de mis caderas. Sus dedos empezaron a deslizarse por mi sexo. Instintivamente, moví mi cadera, chocando con su mano, haciendo presión. La otra mano estaba haciendo un gran trabajo masajeándome los senos.

—¿Bella? —Detuvo sus movimientos.

—¡¿Qué?! —Chillé. Su aliento golpeó la parte trasera de mi oreja.

—No seas impaciente. —Suspiró—. Vamos a la habitación. —Me mordí el labio. Yo quería seguir no quería moverme, no quería detenerme. Moví mi cadera para que chocara con su mano.

—No, Edward… Hay que aprovechar que aún permanecen en sus camas. —Una risita se escapó de sus labios.

—¿Eso es una promesa, Dra. Swan? —Las caricias aumentaron.

—Es una promesa, Dr. Cullen. —Me puse a ahorcadas, besándolo en todos los lados que alcanzaba, pasando mis manos por todo su cuerpo. Quería agarrar todo, tocar todo, saborear todo.

—No puedo catalogar lo nuestro por… —Puse mi dedo índice en su boca, provocando su silencio.

—Nosotros no necesitamos catalogar lo nuestro, ¿o sí? —Edward negó—. Tú mismo lo has dicho: yo soy tu mujer, tu eres mi hombre; no existe un enamorado, novio, comprometido, esposo. Y no me interesa, lo único que realmente importa es un: Edward y Bella, y lo que nosotros, en nuestros corazones. —Puse la palma de mi mano en el lado izquierdo sobre su pecho—. Sabemos lo que somos.

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¡Hoooooooooola! Amé escribir este capítulo, para todas las que querían a una Bella que defienda lo suyo con garras y dientes. Isabella Gata Fiera Swan... es corto pero me pareció lo ideal.

¿Qué piensan de Tanya? Fue a bombardear y salió bombardeada.

Gracias a todas las personas que me han agregado a las alertas, favoritos y dejado sus huellitas en un review.

¿Me dejan saber si fue de su agrado o no?

Besos…

MelLutz (L)