21. el poder de la magia blanca
Ginny, con un movimiento de varita, hizo volar hasta sus manos un juego de cartas. Blaise la siguió hasta un saloncito de té, pintado en tonos verdes y amarillos, bastante acogedor. Ella cerró la puerta e invitó al chico a sentarse en la mesita de madera tallada que había a un lado. La pelirroja se sentó frente a él.
-se… que estás molesto conmigo – comenzó ella – y creo que una partida a los naipes explosivos de los gemelos Weasley puede ayudarnos a arreglar nuestras diferencias.
-¿y cómo puede ser eso? – preguntó Blaise entre curioso e intrigado.
-estos – dijo Ginny sacando las cartas – no son unos naipes explosivos corrientes. Nos ayudarán a sincerarnos, pues cuando alguien saca un naipe explosivo, no se puede mentir delante de él si no quieres que te explote en la cara. – sonrió la chica.
-vaya… eso es muy interesante. – Blaise estaba satisfecho, pues en esa ocasión había sido la chica la que había ido a buscarle y la que pretendía hacer las paces. No todo estaba perdido. – así que cuando tenga una carta con la bomba, puedo preguntarte cualquier cosa, y no te estará permitido mentir ¿es así?
-bueno, puedo mentir, solo que sabrás que lo he hecho cuando mi cara esté llena de ceniza. ¿Jugamos? – preguntó ella.
-reparte – dijo el chico sin más.
El chico sonrió satisfecho. Entre sus ocho cartas de mano, dos de ellas eran bomba. Aguardó el mejor momento para tirar su primera carta "anti mentiras"
-bien jugado – reconoció Ginny - ¿Qué quieres saber?
-¿por qué me has invitado a jugar a este juego? – preguntó Blaise con una sonrisa interesada en el rostro.
Ginny se recogió el pelo tras la oreja antes de contestar.
-creo que no me he portado bien contigo estos días. Te culpaba de algo que no tiene nada que ver contigo y me sentía mal. – Ginny lo miró a los ojos – en cambio, me siento bien cuando estás cerca y quería arreglar lo que sea que nos ha pasado. – se sinceró – además, también quería dejar solos a Hermione y Malfoy.
El moreno solo asintió lentamente analizando sus palabras.
El juego continuó, y esta vez fue la pelirroja la que consiguió la oportunidad de hacer una pregunta al chico.
-¿por qué siempre estás tan pendiente de mi? – quiso saber.
-simplemente porque me atraes. Me gusta tu carácter fuerte, tu valentía y tu personalidad. Me pareces preciosa y me encanta tu pelo. Pero sobre todo, me gustan tus pecas. Están perfectamente repartidas por tu nariz y tus mejillas y sería capaz de quedarme mirándote por horas solo para conseguir contarlas. – el chico no parecía nada cortado al explicarle todo eso a su compañera – y es por eso que estoy tan pendiente de ti, porque me gustas tanto que quiero que toda tu atención sea para mí. – a continuación sonrió al tiempo que colocaba su otra carta bomba sobre la de ella – contraataque, doble oportunidad. Lo que supongo que quiere decir dos preguntas.
Ginny, que se había quedado bastante alucinada tras la declaración del moreno, sonrió.
-Supones bien. Adelante – dijo cruzándose de brazos, pero de buen humor.
-¿estás enamorada de él? – preguntó – de Potter – terminó aclarando.
-si… - contestó ella borrando su sonrisa.
-¿eso quiere decir que le seguirás esperando?
-he esperado mucho por él. Desde prácticamente cuando le conocí comencé a esperarlo. Lo hice durante seis años, pero creo que no puedo hacerlo esta vez. – Ginny tragó saliva, supondría que el tema iba a salir, pero no se sentía a gusto hablando de sus sentimientos por Harry con Blaise Zabini – no puedo parar mi vida. No ahora que ni siquiera sé lo que puede durar.
-en lo que a mí respecta ninguna maldición se acercará a ti si es que puedo evitarlo. – le dijo el chico seriamente. – nada más me importará que conseguir que llegues a ser una viejita encantadora.
-gracias Blaise – le sonrió ella.
Normalmente no le gustaba que hablaran de defenderle, pues ella se sentía completamente capacitada para defenderse sola, pero en esta ocasión algo era distinto. Blaise hablaba de ella, exclusivamente. No había plurales en sus palabras. Ella era la única que ocupaba sus oraciones cuando estaban juntos. Eso no le pasaba con Harry, el cual debía proteger a todo el mundo.
Continuaron jugando. La siguiente oportunidad fue de Ginny.
-no creas que no he oído hablar de ti. Has salido con muchísimas chicas en hogwarts ¿algo me diferencia de ellas, o solo soy una más con la que entretenerte?
-las otras chicas me buscaban. Buscaban mi atención y mis favores – sonrió él – en cambio tu me rechazaste desde el principio. Fui yo el que me gané tu confianza y tu amistad. Además, se que no buscas ni mi posición ni mi dinero, porque sabes perfectamente que ahora mismo no tengo nada. – Blaise frunció el ceño – la guerra me ha hecho reflexionar. En el tiempo que nos quede quiero estar cerca de alguien autentico y que me proporcione algo sincero. Algo que nunca haya sentido.
-¿Cómo qué? – quiso saber Ginny, aun a riesgo de que él no contestara, pues la pregunta de la carta ya había sido gastada.
-algo que quiero ganar de ti y que ahora mismo le pertenece a otra persona.
Ginny notó como sus mejillas se encendían. Pudo verlo también reflejado en el rostro del chico, pues ensanchó su sonrisa.
-bueno, creo que nos hemos sincerado bastante, podemos continuar con la relación que teníamos hasta ahora. ¿volvemos allí?
-¿justo antes de lo del cobertizo? – quiso saber Blaise.
Ginny lo pensó.
-me gustó que vinieras a consolarme, y la historia que me contaste sobre la primera vez que me viste. Quizá podamos dejarlo justo antes de tu última frase en el cobertizo. – propuso la pequeña Weasley.
Blaise recordó cuales fueron sus palabras.
"bien, entonces eso quiere decir que todavía lo quieres, a pesar de todo…"
-Me parece bien – aceptó.
El silenció reinó entre Draco y Hermione durante largos segundos.
-has estado llorando – lo rompió Draco de pronto, levantándose para sentarse en la cama junto a la castaña.
-oh… no fue nada, solo estuve recordando lo pasado con las chicas y… bueno, me puse sentimental.
-nunca me he disculpado por cómo te he tratado todo este tiempo atrás. – dijo Draco mirando sus manos sobre sus rodillas.
-en mi historia eras el héroe, Draco – intentó sonreír ella.
-¿entonces por qué me siento un cobarde? – preguntó mirándola a los ojos. Verdaderamente buscaba una respuesta – ni siquiera soy capaz de olvidar algunos roces colegiales con tus amigos por mantenerte conmigo. Hermione, ya has pasado por bastante, no necesitas que yo te lo haga pasar mal ahora…
-yo no debí enfadarme por eso. Es una tontería que no tienen nada que ver con nosotros – Hermione apartó la mirada de la acero del rubio, que la miraba con intensidad – aun así, no sé qué es lo que estamos haciendo. Estamos en mitad de una guerra, no necesitamos complicarnos con… - Hermione buscó una palabra que no llegaba – con esto.
-oh, vamos – Draco se levantó de la cama. De repente se sentía completamente enfurecido. ¿Acaso esa chica le estaba diciendo que no le iba a volver a besar? ¿Qué no se volverían a ver a escondidas? ¿Qué no volvería a sentir su cuerpo entre sus manos? ¿sus caricias? Draco sintió que esa chica pretendía arrebatarle algo importante. – si algo he aprendido de toda esa chorrada de la historia de Potter, es que la última guerra acabó gracias al amor. Al amor que su madre depositó en él.
-¿amor? – preguntó Hermione confundida, pues lo que la había estado atormentando eran precisamente el saber sobre los sentimientos reales del rubio hacia ella.
-Hermione – le dijo enfrentándola, y tirando de ella para que se levantara de la cama y así poder tenerla a su altura – no puedo decir que esté enamorado de ti. Ni siquiera soy capaz de ver un futuro más allá de esta estúpida guerra, joder – realmente al rubio le costaba decir aquello – no puedo prometerte que esto que tenemos ahora no se va a acabar nunca, porque no lo sé. Lo único que sé es que… ahora mismo te necesito.
-me siento más segura cuando estás conmigo – reconoció la castaña. Él la tenía cogida por las manos y le gustaba que no la soltara – y… me siento sola cuando no lo estás.
-¿estás dispuesta a vivir el presente? – le preguntó él, dejando sus manos para coger su cintura y acercarla a su cuerpo.
Ella solo asintió antes de acercarse a los labios del chico, que la recibieron con ansias y fuerza. Como si quisiera castigarla de alguna forma por haberse mantenido alejada, aunque un castigo dulce y placentero que estaba dispuesta a recibir.
Hermione se separó un poco para hablarle.
-les he contado a las chicas lo nuestro – reconoció. Pensaba que se enfadaría, y por sus ojos grises pasó una chispa irreconocible.
-mis amigos hace mucho que piensan que me he enamorado de ti, aunque lo he negado hasta la saciedad – después le preguntó - ¿pretendes hacerlo público?
-¿acaso no te importaría que la gente se enterara? – preguntó la castaña sorprendida.
-ya no hay demasiadas cosas que me importen – reconoció el rubio con pesar – de que sirve cuando ya no habrá nada una vez pierdas tu varita en la batalla. El mortífago que me apunte no me preguntará si he estado contigo antes de matarme.
Hermione le abrazó con fuerza. Draco ya se estaba acostumbrando a los abrazos de la chica, como si de esa forma pudiera protegerlo de algo invisible.
-no me gusta que pienses de esa forma – le dijo. Él solo abrazó su cintura y se dejó hacer – dejemos solo que las cosas sigan su curso. En parte tienes razón. No merece la pena preocuparse por cosas tan banales como lo qué pensarán los demás cuando el futuro es tan incierto.
Lo malo es que ella estaba casi segura de poder hablar de amor respecto a Draco, aunque eso no se lo diría por el momento.
Luna sentó a Theo en una butaca cerca de la ventana de una de las habitaciones libres de la mansión. El chico solo se dejaba hacer, pues siempre tenía curiosidad de lo que iba a hacer su nueva amiga.
-ya tengo seis amigos, contandote a ti ¿sabes? – le dijo Luna haciendo aparecer algunas pinturas acrílicas y un lienzo en blanco – pero a Hermione y a Ginny las quiero especialmente. ¿Cuántos amigos tienes tu?
Theo sonrió.
-amigos verdaderos, solo dos: Blaise y Draco. – le contestó.
-¿es que acaso se pueden tener amigos falsos? – preguntó Luna realmente sin entender las palabras del chico. Se sentó delante del lienzo con un carboncillo.
-por supuesto, los amigos falsos son los que se acercan a ti para conseguir algo a cambio – le explicó – quieren tu dinero, tu posición, tu protección… pero realmente no estarán contigo cuando las cosas se pongan feas.
Luna asintió pensativa, alternando la vista entre Theo y su nuevo dibujo.
-¿el resto de los mortífagos eran tus amigos falsos? – preguntó Luna intentando entender.
-no… los mortífagos son un grupo para seguir a quien tu sabes. Entre ellos no suele haber ningún tipo de amistad – Theo reflexionó un momento – no creo ni siquiera que sean capaces de sentir algo como la amistad.
-por eso yo sabía que no eras uno de ellos. La verdad es que me sorprendió ver tu nombre en la lista de mortífagos, porque tú me ayudaste una vez con mis zapatillas. Eres bueno – contó Luna con una gran sonrisa – pero… - la rubia se quedó callada, y Theo sabía que estaba pensando si decir lo que quería decir.
-¿Qué quieres saber? – le animó.
-¿tienes la marca? – le preguntó al fin, algo temerosa, seguramente por si el chico se enfadaba con ella. O quizá solo temía la marca y lo que significaba.
El moreno respiró profundamente. No le gustaba enseñar la marca a nadie y siempre la mantenía oculta, pero en esa ocasión solo se levantó la manga de la túnica para mostrársela.
Luna dejó lo que estaba haciendo para acercarse al chico e inspeccionar la marca más de cerca. Theo pudo observar como sus grandes ojos azules recorrían su antebrazo.
-¿te duele? – le preguntó.
-solo cuando él quiere que duela – contestó él sin poder dejar de mirar el rostro de la chica. Necesitaba ver sus reacciones.
-¿me dolerá a mi si la toco?
-¿para qué quieres tocarla, Luna? – le preguntó él.
-quiero aliviar tu dolor – dijo Luna agachándose en el suelo frente a él, haciendo que su cara quedara más o menos a la altura de su brazo. – seguro que es lo que hacen las hadas.
Theo se sintió tan conmovido por las palabras de ella que fue incapaz de contestarle, por eso le sorprendió, que aun a riesgo de que a ella pudiera dolerle como pensaba, acariciara con las yemas de sus dedos el recorrido que hacía la marca.
-por esta marca he hecho cosas horribles – se sinceró el chico – he antepuesto mi vida al sufrimiento de otras personas. He sido un cobarde, y por eso quiero enmendarlo uniéndome a la orden. Quiero salvar a las personas que he condenado. – se sentía terriblemente mal de estar al lado de una persona tan buena y sentía que debía justificarse de algún modo.
Luna se levantó del suelo. Theo olvido cualquier tipo de pensamiento oscuro cuando ella se sentó sobre sus rodillas para envolver sus brazos alrededor de su cuello.
-solo tenías miedo, no debes culparte de nada – le consoló desde su abrazo – lo que no debes olvidar es que eres una persona buena. Y ahora estas en el buen camino.
El chico solo atinó a coger su cintura y cerrarla en un abrazo torpe y avergonzado. Disfrutó de su mente en blanco, la cual solo intentaba averiguar a qué tipo de fruta olía el pelo de Luna.
Después de la cena, Remus Lupin acompañó a los chicos a la habitación de estos, que ya se habían decidido.
Iba acompañado de Draco y Theo, pues Blaise no se había encontrado bien para bajar a cenar y en el momento en que entraron en la habitación salía del baño, con solo los pantalones del pijama puestos y frotándose con una toalla, acababa de salir de la ducha.
-¿te encuentras mejor? – le preguntó Draco.
-sí, Gracias. Solo fue el estómago– dijo sentándose junto a sus amigos, sin molestarse en acabar de vestirse. Estaba más interesado en lo que el hombre pudiera decirles.
-me alegro mucho de que hayáis decidido estar de nuestro lado, muchachos. Es la mejor opción que podíais haber elegido. – les dijo el viejo profesor – supongo que sabéis que vuestras intenciones deben ser sinceras.
-son sinceras, señor – se apresuró a decir Blaise.
El hombre lobo solo asintió, pidiéndole la muñeca a Blaise.
-formar parte de la orden del fénix significa luchar por la paz mágica contra toda magia oscura. Pertenecer a la orden significa sellar vuestros labios por la seguridad de vuestros compañeros. Al recibir la marca juras proteger todo lo que significa esta organización – Blaise asintió con decisión a las palabras del mago, y fue cuando este hizo aparecer la estrella en su muñeca derecha.
Blaise dio un respingo cuando la estrella comenzó a formar un camino de luz. - ¿qué es esto? – preguntó algo asustado. Los presenten observaron el camino de la luz blanca que la pequeña estrella producía, subiendo por su antebrazo derecho, recorriendo su pecho, iluminando su corazón por un momento, para a continuación bajar por su brazo izquierdo y envolver la marca tenebrosa, que fue desapareciendo poco a poco de su antebrazo. Cuando la luz se apagó, allí solo quedaba su piel achocolatada.
-¿Qué ha pasado? – preguntó el joven impresionado.
-La marca ha comprobado la sinceridad y la bondad de tu corazón. Cuando aceptas la magia blanca, no hay cabida para la magia negra, por lo que esta borra todo rastro de ella. –le explicó Lupin antes de darle unas palmadas amistosas en el hombro – eres un buen chico, Blaise.
Theo levantó su túnica, mostrando su muñeca al hombre.
-por favor, señor – le pidió. Necesitaba comprobar si realmente las palabras de Luna eran ciertas y él realmente era bueno.
Al igual que con su amigo, la luz se perdió por la manga de su túnica hacia la parte superior de su cuerpo. Sintió algo cálido en su pecho, donde debería estar su corazón. Con prisa se levantó la túnica de su otro brazo a tiempo de ver como la brillante luz envolvía la marca haciéndola desaparecer hasta que su piel quedó limpia.
-maravilloso – comentó distraído.
Lupin miró a Draco. Por la cabeza del rubio pasaban miles de ideas a gran velocidad. Había decidido unirse a la orden por ella, así podría seguir protegiéndola y demostrarle que no era un cobarde como había sido toda la vida, que estaba dispuesto a cambiar. Pero ¿y si en su corazón había oscuridad? Él siempre se había comportado mal con los demás, y solo cuando las cosas se pusieron serias con la guerra empezó a replantearse seriamente las cosas. Aun así, no estaba completamente seguro de que su marca pudiera borrarse. Era un Malfoy, y en su familia había demasiada maldad.
-Draco, te conozco bien – le dijo Blaise a su lado – no tienes de que preocuparte.
-debes confiar en ti – le animó Theo.
Se sintió estúpido al mostrar su brazo tembloroso e intentó controlar su miedo por todos los medios. Agradecía tremendamente que Hermione no estuviera allí ahora, pues no quería decepcionarla si las cosas no salían como esperaba. Sintió el cosquilleo en su muñeca y cerró los ojos, sintiendo claramente en su piel el recorrido de la luz, hasta perderse en su corazón. Después de eso no fue capaz de sentir nada más.
Apretó los ojos y los labios con fuerza. Sentía un nudo en la garganta, como si fuera capaz de echarse a llorar, cosa que no haría por nada del mundo. Estaba totalmente seguro de que la marca del señor tenebroso continuaba en su brazo y no se atrevía a comprobarlo.
Por suerte, contaba con la impulsividad de Blaise, que se levantó para arremangar y dejar al descubierto la piel completamente limpia del antebrazo del rubio.
-todo ha ido bien, Draco – le dijo su amigo. Fue solo entonces cuando se atrevió a abrir los ojos e inspeccionar su brazo. Allí no había rastro de marca alguna.
-bienvenidos a la orden del fénix – dijo Remus Lupin realmente satisfecho.
hola a todas! espero sinceramente que os hayan gustado los acercamientos entre los protagonistas, y sobre todo el momento en que los chicos se unes a la orden. a mi me encantó escribirlo.
muchas gracias a todas por vuestros reviews las que me habéis escrito, y al resto os animo a hacerlo, lo que a su vez me animará a mi a seguir escribiendo, que voy un poco falta de tiempo y de imaginación.
muchos besitos! os leo pronto ¡se os quiere!
