Disclaimer: Todos los derechos le pertenecen a J K Rowling, esto es pura fantasía y diversión. Consigan palomitas que este capítulo me ha resultado un poco largo.

Edmund se distraía contemplando una especie de rara planta con brotes de variados colores con expresión concentrada, pero ello no impidió que oyera perfectamente cuando la puerta del invernadero se abrió y unos vacilantes pasos se acercaron hasta detenerse a un par de metros de distancia. Esbozó una sonrisa irónica sin volverse.

- Esa planta es carnívora, ¿sabes?- dijo la voz que esperaba oír.

- ¿En serio?- inquirió él con sorpresa.

- Por supuesto, es una calandra venenosa; podría intentar arrancarte un brazo a la primera oportunidad, ¿cómo puedes no saberlo?- la joven se oía ligeramente exasperada.

El hombre se dio vuelta entonces con los brazos cruzados y una sonrisa propia de alguien pillado en falta.

- Lo siento. El profesor Dumbledore me dio clases de Herbología, pero fueron exclusivamente teóricas; mi padre hubiera perdido la poca compostura que le quedaba si hubiera llevado una de estas a casa; casi se vuelve loco con un boggart. Buenos días, Hermione. – saludó él con un gesto.

- Buenos días. Pero la verdad es que los libros deben describir de manera fiel a estas plantas, sino imagínate cuántas personas podrían resultar lastimadas, y sólo por no saber…lo siento, no pretendía darte un sermón.- se disculpó ella apenada.

- Descuida, lo agradezco, como también el que hayas venido, reconozco que tuve mis dudas.- apreció Edmund.

- Bueno, debía hacerlo, ¿verdad? Pareció importante, al menos eso me diste a entender en tu nota. Por cierto, ¿acaso todos los profesores están dispuestos a prestarte sus áreas de trabajo para que puedas hablar conmigo?- preguntó la joven, viendo a todos lados, como esperando que la maestra Sprout estuviera escondida oyendo detrás de una maceta.

- Sería lo ideal, qué más quisiera, pero no es el caso. La maestra de Herbología, a quien no tengo el gusto de conocer, debía atender unos asuntos personales, según oí, y aproveché la oportunidad para citarte aquí.- explicó el hombre con sencillez.

- ¿Y cómo es que estás enterado de tantas cosas?- insistió Hermione perspicaz.

- No puedo revelarte eso, constituye mi mayor virtud, el poder enterarme de ciertas cosas. Además, forma parte del trabajo.- bromeó Edmund, aparentemente muy divertido.

- Bien, si tú lo dices. Supongo que entonces debes de saber que tengo poco menos de una hora antes de que deba ir a mi próxima clase; así que lo mejor será que me digas de qué se trata ese asunto tan importante que debes discutir conmigo.- pidió Hermione con seriedad y algo de nerviosismo que intentó ocultar.

- Muy bien, siempre tan directa. ¿Te parece si nos sentamos?- preguntó Edmund, señalando unas largas bancas.

- Claro.- aceptó la joven, ocupando la que estaba más lejos de las plantas carnívoras.

- Buena elección.- apreció el hombre, sentándose a su lado.

- ¿Y bien?- insistió la Gryffindor.

- Veamos, por supuesto resultaría ridículo siquiera suponer que ya has tomado una decisión. Espera, sé que dije que te daría el tiempo que necesites y así será; pero no puedes culparme por tener ese anhelo.- indicó el hombre con una ligera sonrisa.

- Edmund…-empezó Hermione, pero fue interrumpida.

- Para serte sincero, una parte de mi espera que no hayas decidido todavía.- confesó Edmund.

- ¿En serio?- no pudo evitar extrañarse la joven.

- Sí; porque estoy en franca desventaja en cierto sentido. Te he contado muchas cosas acerca de mí, más de lo que casi nadie está al tanto, pero no me conoces muy bien, apenas si hemos podido hablar. En lo personal, siento como si hubieras formado siempre parte de mi vida, pero sabemos que eso no es suficiente.- explicó el hombre.

- Es verdad que no hemos tenido oportunidad de hablar, pero ha habido muchas razones, la mayoría por decisión tuya.- coincidió Hermione algo esquiva.

- Cierto, tienes toda la razón, pero creo que nunca es tarde para enmendarse. Obviamente, y como sabes, no puedo tratar contigo en la escuela; este encuentro y el que tuvimos en la oficina del Director fueron excepciones muy especiales, pero no puedo abusar de ellas, así que he pensado en algo que nos permitiría conocernos un poco mejor. Si estás de acuerdo, claro.- dijo Edmund.

Hermione lo veía con indecisión. Por un lado, hubiera deseado poder decirle que no le interesaba en lo absoluto conocerlo y correr de vuelta al castillo; pero hubiera sido una mentira, y como le dijo a Luna, pensaba afrontar las cosas con entereza, ya había tenido suficiente de huidas.

- ¿De qué se trata eso en lo que has estado pensando?- preguntó la joven sin verlo directamente.

- Bueno, como he oído que acostumbras pasar la temporada de fiestas de fin de año en casa de tu amigo Ronald Weasley, me preguntaba si tienes los mismos planes para este año.- inquirió Edmund.

- No lo sé, su madre me invitó, es siempre muy amable conmigo; pero le envié una carta a mis padres para saber qué opinan al respecto y aún no han contestado. Tal vez prefieran que pase esos días con ellos en casa, no estoy segura.- contó la muchacha algo confusa, se preguntaba a dónde quería llegar él.

- ¿Y qué es lo que te gustaría hacer a ti?- insistió el hombre.

- Quiero pasar tiempo con mis padres, claro, pero también me divierto mucho en casa de los Weasley.- se limitó señalar la joven con un encogimiento de hombros.

- Es natural. ¿Me permites hacerte una sugerencia?-propuso Edmund con cierta vacilación.

- Sí, claro.- aceptó Hermione.

- Hasta donde sé, tus vacaciones duran dos semanas, ¿cierto? Bien, entonces pasa una en casa y otra con tus amistades.- indicó el mago.

- Es algo que ya había pensado, pero ¿Qué tiene eso que ver contigo? ¿Me llamaste para hablar de ese tema?- se extrañó la joven. ¿Y a él en qué podía afectarle lo que hiciera en sus vacaciones?

- Tiene todo que ver conmigo; no hay ni una pizca de desinterés en mi sugerencia. El tiempo que pases en casa de los Weasley lo compartirás con Harry, y está bien; no me agrada la idea en lo absoluto, pero supongo que es lo más justo. Ahora, me gustaría que la semana que te quedes con tus padres, permitas que pueda pasar algún tiempo contigo, tal vez salir y conversar tan sólo; sería una oportunidad excelente para que pudiéramos tratarnos un poco más.- terminó su exposición Edmund.

- ¡Oh!- atinó a decir tan sólo la Gryffindor.

- ¿Y qué opinas de mi idea?- preguntó Edmund, después de permanecer unos minutos en silencio.

- No sabría decirte; a lo que me refiero es a que no se me habría ocurrido algo así.- balbuceó Hermione.

- Mira, ¿porqué tan sólo no lo piensas un poco? Cuando tengas una idea más clara y hayas recibido respuesta de tus padres, escríbeme. Si te inclinas por pasar todas las vacaciones en casa de los Weasley, comprenderé; y si optas por aceptar mi sugerencia, no negaré que me harás muy feliz. Lo que decidas, házmelo saber con una carta y entrégasela al director, él me la hará llegar al momento.- le indicó Edmund con una sonrisa alentadora.

- Yo…está bien, pensaré en eso y te haré saber en cuanto me decida.- aceptó Hermione.

- Perfecto. Me encantaría que pudiéramos quedarnos aquí, con plantas carnívoras o no, pero creo que no tienes mucho tiempo antes de volver al castillo para tu próxima clase.- observó el hombre.

- ¡Merlín! Tienes razón.- la muchacha se levantó como impulsada por un resorte luego de comprobar la hora en su reloj.

- Tranquila, llegarás a tiempo, no te preocupes.- intentó calmarla Edmund, en tanto se incorporaba también y acompañaba a Hermione a la salida del invernadero.

- Bueno, aquí nos despedimos entonces.- dijo la Gryffindor, con la mano en el pomo de la puerta.

- Espera.- la detuvo Edmund.

Apoyó la mano en su mejilla y se inclinó hacia ella buscando sus labios, pero Hermione reaccionó asustada tropezando con su bolso que llevaba arrastrando, por lo cual Edmund terminó dándole un cálido beso en la mejilla, soltando una suave risa divertida.

- Ve, luego podremos hablar con más calma.- indicó, separándose de ella y abriendo la puerta cediéndole el paso.

- Adiós.- susurró Hermione, corriendo tan rápido como podía rumbo al castillo sin atreverse a voltear.

- Hasta pronto, Hermione.- dijo Edmund a su vez en voz alta, seguro de que ella le oiría, y permaneciendo algunos minutos más viéndola alejarse.

././././././././././././././././././././././././././././././././././././././././././././././

Ron y Harry acababan de sentarse en su banco de costumbre, viendo como la profesora McGonagall acomodaba algunos libros en tanto esperaba que la campana indicara el inicio de la clase. Era una mujer extremadamente puntual, y siempre se preocupaba de que la lección empezara y terminara a la hora exacta.

Los chicos sostenían una charla respecto a lo que harían durante las vacaciones, si podrían convencer a los gemelos de que se quedaran con ellos esos días y dejaran a sus ayudantes a cargo de la tienda para poder formar un par de equipos de Quidditch más o menos decentes, como mencionó Ron.

Harry expresaba su conformidad, y parecía muy atento a todo lo que su amigo decía, pero su mirada se desviaba con frecuencia hacia el banco de al lado, en donde se sentaba Neville, que lucía algo desconcertado. El joven tenía una idea del motivo. Hermione. Las últimas clases ella había compartido el asiento con él, ya que se la había pasado tratando de evitar sentarse con Harry o verlo de frente, suponía que por su última conversación; pero aún así, si bien podía lucir algo distraída, ella nunca se ausentaba y en los siete años que llevaban en Hogwarts no podía recordar que llegara tarde alguna vez. ¿Le habría pasado algo?

El aula estaba prácticamente completa, sólo faltaba ella, y el timbre sonaría en cualquier momento. Ron pareció darse cuenta apenas del motivo por el que veía para todos lados con cierta inquietud y dejó de lado sus posibles alineaciones.

- ¿En dónde está?- preguntó a media voz.

Harry tan sólo se encogió de hombros, intentando no parecer demasiado preocupado.

Ron puso los ojos en blanco y estaba a punto de hacer algún comentario sarcástico, cuando dos cosas ocurrieron en simultáneo.

El timbre sonó, haciéndolos saltar en sus asientos, y Hermione, corriendo como si la persiguiera el diablo, atravesó la puerta, apresurándose a sentarse al lado de Neville sin siquiera saludarlo y manteniendo la vista al frente. Su compañero de banco la vio como un hipnotizado por sus maneras tan poco delicadas, que no tenían mucho que ver con ella, pero se guardó cualquier comentario y prestó atención a la clase.

Harry apenas si la vio de reojo, pero cuando Ron iba a decir algo, no le hizo ningún caso y se concentró en tomar notas. El pelirrojo ahogó un resoplido y frunció el ceño, pero dio la impresión de que no hablaría más.

Hermione pasó toda la clase tamborileando sobre el pupitre con los dedos, y apenas oyendo lo que la profesora McGonagall decía. Neville la contemplaba a ratos nervioso, deseando con toda el alma saber qué le ocurría. Ron le había contado cuando Harry no los escuchaba que en el desayuno ambos se habían portado casi normales, y que si bien aún parecían algo incómodos, él pensaba que las cosas podían mejorar; además, estaba la conversación que Luna y ella compartieron la noche anterior. Aún no sabía de qué había tratado exactamente, pero debió de servir para ayudarla y seguro por eso cambió su conducta con Harry. Que ocurrió para que él pensara igual, no tenía ni idea, pero le alegraba. Sin embargo, Hermione ahora llegaba tarde, no veía a nadie y se comportaba de lo más extraño. ¿Y ahora qué podía haber ocurrido?, pensó con desaliento.

La joven, por su parte, no podía dejar de pensar en su última conversación con Edmund. ¿Y ahora qué hacía? La sugerencia de Edmund le parecía lógica, muy sensata, justo como ella era; pero no sabía si lo correcto era hacerle caso. Por un lado, la seducía la idea de tratarlo un poco más y él tenía razón en que en la escuela eso resultaba imposible, pero se sentía al borde de un abismo en lo que a Harry se refería.

Edmund había sido claro, la esperaría; y además, le daba la opción de pasar algo de tiempo con él, para conocerlo y saber qué era exactamente lo que sentía por él, aún conociendo de su confusión, de que no estaba segura de si lo quería a él o a Harry. Tal vez no hubiera actuado siempre de la mejor manera, pero le estaba mostrando una comprensión que ella no podía dejar de valorar.

En cambio, con Harry, no sabía qué hacer. Sabía que lo había lastimado, pero como le dijo a Luna, jamás lo hubiera hecho adrede, y luego de varios días de sentirse miserable por su indiferencia y rabia, de pronto hoy empezaba a mostrarse otra vez aunque fuera un poco receptivo a ella. Hermione albergó entonces la esperanza de que podrían hablar y contarle todo lo referente a Edmund. Sabía que no le gustaría, pero quería ser honesta, aunque casi podía adivinar la reacción de Harry. Si más temprano la angustiaba tener que confesarle que la noche que fue a la oficina de Dumbledore se encontró allí con Edmund y hablaron tanto tiempo, la sola idea de hacerle saber de la sugerencia de Edmund de pasar las vacaciones entre su casa y la de Ron, para poder darse la oportunidad de tomar la decisión correcta, le daba espanto. El no lo comprendería; por mucho que lo quisiera, sabía como podía actuar a veces, y eso él no lo iba a entender.

Pero no había opción, pasara lo que pasara, ella y Harry tendrían que hablar. Si después de que le contara todo lo ocurrido no quería saber más de ella, pues no podría hacer nada. Le dolería terriblemente, pero era algo de lo que se había prometido no huir, ya no más. Tenía que hacer lo correcto, sin importar cuánto doliera y estuviera en juego.

Seguía pensando en todos los escenarios posibles para tener una conversación con Harry, cuando sintió un suave golpe en su hombro y volteó a su izquierda para encontrarse con el rostro preocupado de Neville.

- ¿Qué pasa?- preguntó la chica, saliendo de su ensoñación.

- La campana ya sonó, Hermione. ¿Vas a quedarte?- replicó su amigo, viéndola con cautela.

- ¡¿Qué?! ¿Cuándo?- se sorprendió Hermione, alzando la voz.

- Hace unos minutos. La profesora McGonagall ya se fue, y creo que la mayoría también.- contestó Neville

- ¡Ay, no! Me perdí toda la clase.- exclamó la joven, volteando a ver como los pocos alumnos que permanecían allí empezaban a guardar sus cosas.

- No te preocupes, tomé apuntes y te los puedo prestar.- ofreció su amigo con amabilidad y mostrando un pergamino.

- Gracias, Neville. Y, dime, ¿hace mucho que Harry y Ron se fueron?- preguntó ella.

- Apenas sonó la campana, unos diez minutos; pero seguro que sólo fueron al comedor, creo que voy a hacer lo mismo, tengo hambre.- indicó Neville, ordenando sus apuntes y poniéndose de pie.

- Voy contigo.- se apresuró a decir Hermione, tomando los libros con los que había jugado distraída durante toda la clase.

Ambos jóvenes salieron del aula rumbo al Comedor; Hermione hacía preguntas respecto a cuál había sido el tema que trataron en clase, si la profesora McGonagall hizo muchas preguntas, y lo más importante, si serían materia de estudio para los Éxtasis. Neville le contestó con toda la precisión que pudo, aunque su compañera al final le dijo que no se preocupara, porque luego iría con la profesora para disculparse por su distracción y a pedirle algún trabajo adicional que pudiera serle de utilidad.

Cuando faltaba poco para llegar al Comedor, Hermione calló y miró a su compañero de casa algo inquieta.

- Neville, ¿puedo preguntarte algo?- inquirió la chica.

- Seguro.- contestó el muchacho con curiosidad.

- Tú sabes todo lo que ha ocurrido entre Harry y yo, ¿verdad?- preguntó.

- ¡Ah, eso! Bueno, pues…algo.- aceptó el joven ruborizado.

- ¿Sólo algo?- insistió la joven, sonando incrédula.

- Supongo que se podría decir que bastante.- reconoció el muchacho.

- Sé que Luna y tú se preocupan mucho por nosotros y que nos han ayudado aún sin saberlo.- mencionó la chica.

- Sí, puedes decir eso, creo. No es que seamos unos fisgones, en serio, es sólo que nos preocupamos por ustedes.- dijo Neville a modo de defensa.

- No lo dije para acusarte, al contrario, estoy muy agradecida con ustedes; son maravillosos amigos.- apreció Hermione con sinceridad.

- No tienes nada que agradecer, lo que hemos estado haciendo fue sólo por ayudarlos; aunque no siempre han salido bien las cosas.- comentó él con tristeza.

- Todo ha resultado tan…extraño, Neville; para todos. ¿Sabes? Es curioso que algo que debería parecer tan sencillo pueda terminar convirtiéndose en la situación más complicada de mi vida; y como tú y otras personas de un modo u otro se han visto involucradas.- reflexionó Hermione.

- Supongo, no lo había pensado. Mi abuela dice que lo que parece más común, lo que aparenta ser sólo una situación ordinaria más del día a día, puede resultar siendo la experiencia que nos dejará marcados de por vida.- indicó el muchacho.

- Esa es una manera de ver las cosas muy inteligente.- admiró la joven.

- Pero no es cosa mía, te dije que se lo escuché a mi abuela.- deslindó Neville con las mejillas arreboladas.

- Pero es muy bueno que lo recuerdes. Neville, ¿puedo pedirte un favor?- indicó Hermione cambiando su rostro a uno de seriedad total.

- Sí, claro, sólo dime.- aceptó él sin dudar.

- Bueno, es que no sé si estarás de acuerdo, pero no se me ocurre a quién más recurrir. Ron no va a querer, lo conozco, y no creo que Luna pueda.- habló la joven sin mucho sentido, como siguiendo sus pensamientos.

- Si puedo ayudarte lo haré con gusto, en serio.- afirmó el chico.

- Lo que ocurre es que necesito hablar con Harry.- indicó finalmente la joven.

- Pero eso está bien; ¿o le vas a decir algo malo?- exclamó Neville, pasando del entusiasmo a la preocupación en un segundo.

- No puedo decírtelo, Neville; sólo que es momento de que él y yo tengamos una conversación muy importante.- dijo ella.

- No quise sonar como un curioso, disculpa; pero, si quieres hablarle, ¿porqué no se lo dices y ya?- comentó su amigo con naturalidad.

- Es que no estoy segura de que vaya a escucharme. Los últimos días han sido difíciles, Neville, seguro que lo has notado. Y hoy, por alguna razón, él parece más…no sé, tranquilo, pero aún así no me atrevo a ir y buscarlo. Lo que quiero decir es que no sé en qué momento o lugar hablarle, porque tal vez me rechace y se vaya; y si está con Ron, como siempre, resultará aún más incómodo. Es allí donde necesito tu ayuda.- explicó la joven con voz suplicante.

- Si has pensado en algo, cuéntame.- dijo Neville.

- Tenía una idea…-indicó Hermione con voz vacilante.

- Vamos, puedes confiar en mí. Si puedo ayudar, lo hago. ¿De qué se trata?- insistió el Gryffindor.

- Está bien.- aceptó la joven.

- ¿En qué has pensado?- preguntó nuevamente Neville cuando estaban a la puerta del Gran Comedor.

- ¿Crees que el secuestro es una medida extrema?- inquirió la chica a su vez con expresión de duda.

Neville se le quedó viendo boquiabierto y se hubiera tropezado si su amiga no lo sujeta por la túnica con firmeza. Hermione no lo soltó, sino que empezó a guiarlo hacia la mesa de Gryffindor en la que Ron y Harry ya estaban sentados. El muchacho apenas si pudo hacer una mueca temblorosa a modo de sonrisa para corresponder el saludo del pelirrojo, antes de ocupar el asiento a su lado. Hermione tomó la siguiente silla y mientras se inclinaba a tomar una fuente de ensalada, se inclinó para susurrarle un último comentario que lo hizo ponerse aún más nervioso.

- Luego ultimamos detalles.- alcanzó a decirle.

Su amigo apenas si atinó a cabecear en señal de afirmación, para luego tomar un largo trago de jugo de calabaza. ¿Qué rayos acababa de aceptar?

././././././././././././././././././././././././././././././././././././././././././././././././././

Harry y Ron entraron al aula de Adivinación con el tiempo justo, ya que se entretuvieron hablando con Dean y Seamus del último partido de Inglaterra, válido para las Eliminatorias al Mundial de Quidditch. En lo concerniente a deportes mágicos y muggles, esos dos estaban al tanto de las noticias más recientes, de modo que cuando la campana sonó, los chicos debieron correr para llegar antes de que se cerraran las puertas.

Como era habitual, Firenze apenas si los saludó, hizo que se recostaran en los árboles o quienes lo prefirieran podían usar el suave césped para contemplar las estrellas y escuchar su monótono discurso acerca de la insignificancia del ser humano y como no tenía sentido preocuparse por nada, ya que el futuro estaba escrito desde el inicio de los tiempos y no había manera de cambiarlo.

Harry debía reprimir a veces sus deseos de refutarle eso con las muchas evidencias que había obtenido por experiencia; pero, la verdad es que resultaba mucho más cómodo quedarse acostado viendo el techo encantado y usar la hora con ideas más útiles.

Este día en especial tenía mucho en qué pensar. No estaba seguro de si estaba actuando de la manera correcta con Hermione; sólo sabía que de ningún modo podía continuar ignorándola, sin importar cuán dolido se sintiera. Él sabía que muchas veces reaccionaba sin medir las consecuencias; sus amigos lo conocían, y aunque no lo tomaban muy bien, tampoco hacían un gran drama de eso y lo dejaban pasar.

Pero este caso era totalmente distinto. Tenía que calmarse por difícil que resultara; no quería, no podía permitir que Hermione se alejara de él y darle ventaja a Edmund para que la "consolara". Rechinó los dientes y tomó una profunda bocanada de aire para reprimir la rabia que le inspiraba ese pensamiento.

Era tan frustrante, pensó arrancando un pedazo de hierba; no saber qué hacer. Estaba molesto con Hermione, no podía evitarlo, aunque ahora más calmado reconocía que sin duda ella no le mentiría para lastimarlo; pero, aún así, le había ocultado demasiadas cosas. Le daban ganas de mandar todo al diablo y dejarla hacer lo que quisiera, él no iba a ir detrás de ella, ya había hecho mucho para que le correspondiera y nada había pasado. En parte eso fue lo que estuvo haciendo los últimos días, actuar como si ella ni siquiera existiera, como si le importara muy poco lo que decidiera.

Pero entonces había aparecido Edmund y todo el miedo de perderla volvió a golpearlo como un rayo. Ese tipo era la prueba palpable de que en serio Hermione podía decidir no quedarse a su lado y eso lo ponía frenético. Una cosa era hacerse ideas y otra muy distinta tener a su adversario en carne y hueso prácticamente desafiándolo a luchar por Hermione. Edmund no podía saber lo cerca que estuvo de recibir una maldición imperdonable sin previo aviso.

Y pensar que tuvo el descaro de decirle que la amaba, a "su" Hermione, y que además estaba dispuesto a dejarle ser feliz con otro si así lo decidía ella. ¿Acaso era idiota? ¿O sólo pretendía mostrar su caballerosidad? Entonces Harry no tenía nada de caballero porque la idea de verla con alguien más lo enfermaba. De ninguna manera podía quedarse tranquilo.

Harry la amaba también, pero quería que estuviera con él, sin importar qué tan egoísta pudiera parecer. ¿Entonces qué hacía? No podía obligarla a que lo quisiera, pero tampoco se iba a quedar de brazos cruzados; y además, algo le decía que Hermione sentía mucho más por él de lo que ni ella misma se había dado cuenta. Sólo había un camino y ese era luchar; no estaba seguro del cómo, pero algo tenía que hacer. Fue por eso por lo que trató de portarse algo más tranquilo durante el día. Debía hacer un esfuerzo, contar hasta mil si era necesario y hacerle ver a Hermione que no había nadie mejor para ella que él, sin importar que tan perfecto aparentara ser Edmund.

La cuestión era cómo lograr eso. Suponía que intentar ser más amable y entablar una conversación decente podría ayudar. Recordaba cómo Sirius le contó que sus padres no empezaron a salir hasta que estuvieron en séptimo, James maduró un poco y Lily lo vio con otros ojos. Bueno, él sabía que de carácter era más parecido a su madre; y se le podía acusar de muchas cosas, pero inmaduro no era, no con todo lo que había pasado; aunque en lo que al amor se refería…de acuerdo, en ese aspecto andaba en pañales; pero eso era porque nunca había estado en una situación como la actual. Jamás había amado tanto a nadie como a Hermione, haciendo que la idea de perderla le resultara insoportable. Estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de tenerla a su lado; eso con seguridad hacía madurar a cualquiera, ¿o no?

De pronto, la habitación se iluminó cegándolo un momento y haciéndole notar que la clase ya había terminado y sus compañeros estaban casi todos de pie, salvo contadas excepciones, como Ron, que se había quedado dormido apoyado en un árbol. Si no ocurriera en todas las clase, habría resultado gracioso. Harry lanzó un suspiró y rodó los ojos al acercarse y sacudirlo del hombro con poca amabilidad.

- Despierta, bella durmiente.- le dijo burlón.

- ¡Oye! No me digas así.- lo reprendió el pelirrojo desperezándose.

- Es una broma muggle y…oh, olvídalo. Tienes suerte de que Firenze sea tan tolerante.- comentó Harry al tiempo que se levantaba.

- Más que tolerante, yo diría que realista. Seguro entiende que con semejante discurso que se manda media clase va a dormirse y no se preocupa demasiado.- comentó Ron con desfachatez poniéndose también en pie.

- Como sea. Será mejor que vayamos a cenar, el día ha estado muy pesado.- indicó Harry, tomando su mochila y saliendo del aula.

- Ni que lo digas, aunque ese descanso me ha venido muy bien.- dijo su amigo, sofocando un bostezo.

Harry no le contestó, sólo esbozó una sonrisa y siguieron el camino en silencio. Cerca del Comedor, fueron interceptados por Neville, que venía en dirección contraria y parecía algo nervioso, aunque les sonrió con su amabilidad habitual al acercarse.

- ¿Qué tal muchachos? Saliendo de clase, ¿no? ¿Qué tal estuvo? - saludó el joven sonando demasiado entusiasta.

- Como siempre, ya sabes. No entiendo porqué la dejaste; puedes dormir todo lo que quieras y Firenze nunca deja deberes, es perfecta.- dijo Ron con voz soñadora.

- Supongo que para ver estrellas tengo bastante con Astronomía; además, siempre se puede usar ese tiempo libre en algo útil.- mencionó Neville encogiéndose de hombros.

- ¿Cómo seguir averiguando de especies raras de plantas?- deslizó el pelirrojo sin malicia, pero sin poder evitar la ironía.

- Sí, claro, si se puede.- aceptó su amigo con naturalidad.

- Vamos a cenar, Neville, ¿nos acompañas?- terció Harry.

- Bueno, la verdad es que venía a buscarlos porque necesito pedirte un favor, Harry.- indicó el muchacho.

- ¿Qué clase de favor?- preguntó Ron.

- Creo que está hablando conmigo, Ron.- lo reprendió Harry.

- Pero también soy su amigo y puedo ayudar.- replicó el pelirrojo.

- Te lo agradezco mucho, Ron, pero me gustaría hablar con Harry en privado si no te importa.- explicó Neville.

- ¿En serio? ¿Y en qué puede ayudarte Harry que yo no?- preguntó el chico mostrándose ofendido.

- En nada; lo que ocurre es que ustedes saben que no me gusta hablar mucho de mí mismo, pero ahora necesito un consejo y pedírselo a dos personas se me hace demasiado, con Harry es suficiente.- habló el joven atropelladamente.

- Eso no tiene ningún sentido.- refutó el pelirrojo incrédulo.

- Lo tiene para mí.- se apresuró a decir Neville.

- Ya está bien, Ron, entiende a Neville y deja de hacerte el ofendido, ¿quieres? Comprendo lo que dice. Anda al comedor, ahora nos reunimos contigo.- le pidió Harry con firmeza.

- De acuerdo, como quieran. Los dejo para que compartan sus secretos o lo que sea.- replicó Ron pareciendo fastidiado y dirigiéndose al comedor sin voltear.

Neville lo vio irse con expresión culpable. Iba a tener que ir a buscarlo luego y ofrecerle disculpas, pero aún tenía algo que hacer.

- No te preocupes, Neville, ya sabes como es; el enfado no le dura mucho tiempo.- lo tranquilizó su amigo.

- Sí, claro.- aceptó el chico.

- ¿Y bien?- preguntó Harry.

- ¿Qué? Ah, sí, ¿podemos hablar en otro lugar?- sugirió Neville.

- Seguro, no hay problema. ¿Es algo muy serio?- inquirió Harry algo preocupado mientras seguía a su amigo.

- Podría decirse.- se limitó a contestar el joven.

- ¿Tiene algo que ver con una chica?- insistió su compañero intentando ayudarle a hablar.

- En gran parte.- reconoció Neville cabeceando.

- ¿Se trata de Luna?- siguió adivinando el chico.

- ¿Qué? ¿Qué tiene que ver Luna con esto?- preguntó Neville muy extrañado al tiempo que doblaba en uno de los corredores.

- Dijiste que era algo relacionado con una chica, y ella es la única con la que te veo siempre. No entiendo cuál podría ser el problema, ustedes hacen una buena pareja, no es que sea un experto, claro, pero…. ¿qué? ¿Por qué me estás viendo así?- se sorprendió Harry con la expresión alucinada de su amigo.

- ¿Luna y yo? ¿Cómo se te ocurre?- balbuceó el muchacho enrojeciendo hasta las orejas.

- No tendría nada de malo, es muy buena chica. Oye, Neville, ¿sabes que por aquí vamos a las cocinas?- Harry se mostró contrariado.

- Claro que es una excelente chica, pero de allí a pensar eso…vamos, Harry, ya casi llegamos.- lo apuró su amigo saliendo del estupor que le produjo la suposición de Harry.

- Te digo que por aquí están las cocinas, allí adelante, ¿ves el cuadro de la fruta?- repitió el Gryffindor, aunque siguió caminando.

- Ya lo sé.- replicó Neville.

- Pero si vamos a comer, ¿no hubiera sido mejor que lo hiciéramos en el comedor?- preguntó Harry empezando a ver a su compañero intrigado.

- Es que no vamos a las cocinas. ¿Sabías que hay una especie de habitación que los elfos usan como almacén y para reunirse?- preguntó a su vez Neville, intentando hablar con naturalidad.

- Sí, claro, ya lo sabía. Pero es un secreto, ¿cómo te enteraste?- se extrañó Harry.

- Lo escuché por ahí y creo que sería un buen lugar para poder conversar, es tranquilo y muy poca gente lo conoce.- explicó el chico encogiéndose de hombros.

- Ya, pero pudimos entrar a cualquier aula vacía, ¿Porqué aquí?- insistió el Gryffindor empezando a verlo con algo de desconfianza.

- Se me ocurrió. Mira, acabamos de dejar las cocinas allí atrás, y tienes razón en que deberíamos comer algo. Voy a regresar para pedirle a uno de los elfos algo, ya sabes lo buenos qué son. ¿Por qué no vas entrando? Vuelvo en un minuto.- le dijo Neville cuando ya estaban frente a la puerta escondida.

- ¿Qué? ¿Porqué no lo dijiste antes? Acabamos de pasarla.- reclamó Harry exasperado.

- No me tardo, anda buscando un par de sillas, regreso enseguida.- aseguró Neville, sin darle tiempo de contestar porque ya había corrido dando vuelta al corredor.

- Neville…más vale que sea importante.- masculló el joven entrando al lugar y buscando la varita para encender alguna vela.

- ¡Expelliarmus!- dijo una voz demasiado familiar desde un rincón cogiéndolo desprevenido.

El impacto fue mínimo, apenas si lo hizo retroceder un par de pasos, pero lo dejó muy desconcertado y buscando en la penumbra a la dueña de la voz, al tiempo que oía cerrarse la puerta tras de sí.

- ¡Pero qué rayos!- exclamó Harry.

- ¡Accio varita! ¡Lumus!- pronunció la voz, haciendo que el lugar se iluminara y la varita de Harry volara lejos de él.

La culpable de semejante emboscada se encontraba sentada al final de la mesa en el centro de la habitación. Tenía su varita y la de Harry en las manos y lo miraba con una sonrisa temblorosa.

- Hola, Harry.- saludó con nerviosismo.

- ¡Hermione! ¿Te volviste loca? ¿Qué diablos es esto?- farfulló el joven aún impactado.

- Es que me gustaría que conversáramos.- indicó la chica con timidez.

- Podrías haber preguntado. No puedo creer que me hayas lanzado un conjuro.- el chico no salía de su estupor.

- Fue un Espelliarmus de poca potencia, no pretendía hacerte daño, sólo quería sorprenderte.- intentó explicarse ella.

- Buen trabajo.- replicó Harry con sarcasmo.- Ahora devuélveme mi varita.

- Lo siento pero no la necesitamos para hablar. En todo caso, si prometes quedarte hasta que terminemos de conversar, lo haré.- ofreció la joven con sencillez.

- ¿Sabes qué? No importa, quédatela y tal vez cuando hayas recuperado la razón podremos hablar, ahora me voy.- declaró Harry dirigiéndose hacia la puerta.

- No la vas a poder abrir, está sellada y también insonorizada, así que lo mejor será que te sientes y escuches, no creo que tome demasiado tiempo.- le dijo Hermione.

- ¿Y en qué momento hiciste eso? ¡Neville!- gritó el joven furioso.

- No te molestes con él.- pidió la chica.

- ¿Que no me moleste? ¡Lo voy a matar!- exclamó Harry dando vueltas al pomo de la puerta en vano.

- Sólo intenta ayudar; es un buen amigo y lo sabes. Me costó mucho convencerlo de esto, en serio lo lamento, no pretendía ser tan dramática.- explicó Hermione.

- Pero te salió muy bien, mira que urdir semejante trampa, ¿en qué pensabas?- preguntó Harry, aún alterado.

- Ya te lo dije, quería que habláramos y no creí que fueras a aceptar, ¿o si?- replicó ella.

- Tal vez sí, o no, no lo sé. Primero me engañas y luego me secuestras.- espetó el muchacho cruzándose de brazos.

- ¡Nunca te he engañado, deja de decir eso! Y secuestro es una expresión muy fea.- se defendió la joven, olvidando que así lo llamó en primer lugar.

- Llámalo como quieras, no deja de estar mal. ¿Y de qué quieres hablar con tanta desesperación? – preguntó Harry al fin.

- De nosotros, claro.- indicó ella.

- ¿Nosotros? ¿Ahora hay un nosotros?- bufó el muchacho.

- Siempre lo ha habido y siempre lo habrá, Harry. No importa lo que pase, nada cambiará eso y ni se te ocurra decirme lo contrario. Hay muchas cosas que quiero decirte. Es verdad que no te he mentido, pero si te he ocultado cosas, las mismas que ya te encargaste de descubrir por tu cuenta. Ahora no quiero que sea igual, quiero ser yo quien te diga lo que ocurra. ¿Me oirás?- pidió Hermione con gesto humilde.

Harry guardó silencio y vio sus zapatos mientras daba vuelta a sus ideas. ¿Acaso no estuvo pensando las últimas horas en esto? ¿En hablar con ella y tratar de dejar atrás su actitud de chiquillo ofendido? Pero…y si lo que le iba a decir no le gustaba, ¿qué hacía? Porque sospechaba que no le iba a gustar nada. Se preguntó mentalmente si valía la pena oírla y cada rincón de su cerebro le gritó que sí, que debía hacerlo aún cuando no le gustara lo que tuviera para decir.

- Está bien, dame mi varita, no iré a ningún lado.- aceptó al fin, sentándose al otro extremo de la mesa.

- Gracias.- apreció Hermione con una sonrisa y enviándole de vuelta su varita con un sencillo hechizo.

- ¿Vas a decirme que estás enamorada de él?- preguntó Harry directamente.

-No, eso no ha cambiado desde la última vez que hablamos. Aún estoy…confundida y han pasado algunas cosas últimamente.- dijo al chica a media voz y fijando la vista en sus manos.

- ¿Qué clase de cosas?- insistió Harry.

- ¿No te molestarás sin importar lo que diga?- preguntó ella a su vez.

- No puedo prometerte eso.- rechazó tajante el muchacho.

- Ya lo imaginaba. Bueno, tendré que correr ese riesgo. Tú sabes que conocí a Edmund durante las vacaciones y que no lo volví a ver hasta la otra noche en Hogsmeade, ¿verdad?- indicó ella.

- Sí.- respondió escueto Harry.

- Bien, yo no sabía mucho acerca de él, quién era realmente y cuáles eran sus intenciones. Hasta ese día yo no tenía idea de que fuera un mago, si bien estuve haciendo algunas averiguaciones cuando recibí ese anillo para mi cumpleaños, y con el libro. ¿Recuerdas el libro que compré en el Callejón Diagon antes de volver a clases? Él hizo que llegara a mí, pertenece a su familia y quería que yo lo tuviera para que por medio de él investigara a quién pertenecía realmente y lo relacionara con su apellido. Me costó, pero me enteré de algunos datos y él los corroboró, además de darme más detalles.- empezó a explicar Hermione.

- ¿Cuándo fue eso? Creí que en la salida a Hogsmeade no alcanzaste a hablar con él.- dijo Harry mostrando interés y algo de inquietud.

- Verás, esa es una de las cosas que deseo contarte. La otra noche hablé con él.- reconoció la joven en voz baja.

- ¿Cuándo?- preguntó Harry con los ojos entrecerrados.

- Hace varios días, las circunstancias no importan. Me pidió que escuchara sus explicaciones y acepté; era lo justo, Harry, lo sabes.- dijo Hermione a modo de defensa.

- Perdona que no pueda ser imparcial en esto.- refutó él, retomando el sarcasmo.

- Lo entiendo, la verdad que sí. Bien, como te decía, oí todo lo que tenía para decirme. Me contó de sí mismo y de su familia, también las razones por las que no se había mostrado hasta ahora. No puedo hablarte de eso porque me lo dijo en confianza y no estaría bien que yo lo divulgara, pero quería que lo supieras.- dijo Hermione mordiéndose el labio con nerviosismo.

- ¿Te dijo lo que siente por ti?- preguntó Harry muy serio.

- Sí.- contestó Hermione, al cabo de un momento de silencio.

- El sabe de mí, lo que dije que sentía por ti, y espera que te decidas por uno de los dos.- afirmó más que preguntó el joven.

Hermione se limitó a asentir.

- ¿Y qué has decidido?- insistió Harry con la boca seca.

- No tengo las cosas tan claras como quisiera, lo que sé es que voy a enfrentar esta situación, Harry. Te quiero mucho, pero no sé exactamente qué es lo que siento por Edmund y mientras sea así, no voy a estar tranquila, ¿entiendes?- pidió la joven con voz suplicante.

- Entonces todo está igual, no tienes idea de a quién amas.- resumió Harry con acritud.

- No, no lo sé, pero voy a averiguarlo- refirió Hermione intentando sonar muy segura.

- ¿Y cómo lo lograrás?- preguntó Harry.

- Primero me gustaría saber algo, es muy importante.- indicó Hermione.

- ¿Qué?- replicó el chico.

- ¿Aún me quieres? ¿A pesar de todo? Si no es así, lo entiendo, tendrías todo el derecho.- inquirió ella al fin.

Harry alzó la vista para contemplarla en silencio, dispuesto por un segundo a decirle que no, que tantas vueltas e indecisiones lo tenían harto y que podía irse con quien prefiriera, pero no pudo; al contrario, sólo consiguió esbozar una mueca triste.

- ¿Realmente piensas que habría puesto en riesgo nuestra amistad por un enamoramiento que desaparecería de buenas a primeras? Pensé que me conocías un poco mejor que eso, Hermione. Dije que te amaba y eso no puedo cambiarlo con facilidad; sin importar que en algún momento lo haya querido así, no puedo.- la confesión del joven sonó como un lamento.

- Harry, odio lastimarte, lo juro, pero tenemos que encontrarle una solución a esto y voy a hacerlo.- le prometió la chica secándose unas lágrimas con ademán furioso.

- ¿Cómo?- preguntó el muchacho con voz cansada.

- Eso es algo más de lo que debo hablarte. Te pido que me escuches con atención y me dejes terminar antes de decir algo. Está bien. Vi a Edmund nuevamente luego de esa conversación. Lo vi hoy en realidad, por eso llegué tarde a Transformaciones; no preguntes cómo, no puedo decírtelo porque no me corresponde, pero eso no tiene tanta importancia, sino lo que me dijo. Escuchaste que en el desayuno mencioné que no sabía si iba a pasar las fiestas de fin de año en casa o con la familia de Ron. Bueno, Edmund quería preguntarme lo que había pensado para esas fechas y le dije la verdad, que aún no estaba segura. Él me sugirió que pasara una semana con mi familia y otra en La Madriguera.- contó la muchacha.

- ¿Y eso porqué?- preguntó Harry, mostrándose atento.

- Dijo que podría tomar una decisión más justa y segura si los trataba a ambos. Quiero decir que tú y yo nos conocemos muy bien, pero no ocurre lo mismo con él y me pidió que le permitiera tratarlo un poco más pasando algo de tiempo juntos durante la semana que me quede en casa con mis padres.- reveló Hermione al fin sin atreverse a levantar la mirada.

- Muy buena jugada, pero por mí él puede decir lo que quiera. ¿Qué piensas tú de eso?- inquirió Harry sin cambiar su expresión.

- No estoy segura, pero creo que tiene lógica. Por favor, no te molestes, es sólo que será la mejor manera de saber qué siento por él, porque no conozco otra solución.- le dijo ella.

- Lógico, sí claro. Una idea lógica y sensata, exactamente como eres tú. Ustedes tienen mucho en común, ¿sabes?- mencionó Harry con amargura.

- Eso no importa. Necesito saber si estás de acuerdo con esto.- explicó Hermione.

- ¿Cómo quieres que entienda esta locura, Hermione? ¿Crees que voy a poder estar tranquilo sabiendo que estás con él? Lo siento, pero no esperes que te diga que está bien para mí.- indicó Harry levantándose y apoyando las manos sobre la mesa; parecía más abatido que molesto.

- Tengo que tratar, Harry, necesito acabar con esto ya. No puedo seguir así. Está bien que no entiendas, pero te pido que no me dejes sola en esto, por favor. ¿Qué sentido tiene si no puedo contar contigo?- le dijo la muchacha, poniéndose también en pie y acercándose a él.

- No puedes pedirme esto.- repicó Harry, fijando sus ojos en ella.

- Sé que no tengo derecho, pero déjame ser egoísta esta vez. Necesito estar segura de que estarás allí para mí, que pase lo que pase no voy a perderte; eso no podría soportarlo.- le dijo Hermione posando su mano en la de él con suavidad.

- Hermione, sería una tortura.- expresó él con voz sofocada.

- Lo sé, pero no hay otra salida- suspiró la joven.- Por favor, Harry, no me abandones.

- Entonces ya estás decidida, pasarás una semana con él.- replicó Harry retirando su mano.

- No, estaré con mis padres, pero es cierto que pasaré algo de tiempo con él.- reconoció Hermione.

- Ya.- dijo Harry, metiendo las manos en los bolsillos.

- Me gustaría pasar la Navidad con ustedes, en La Madriguera, ¿estás de acuerdo?- preguntó la chica con timidez.

- Haz lo que consideres mejor, Hermione. Supongo que debo agradecer que estés siendo honesta conmigo.-le Harry comentó con una mezcla de tristeza y amargura.

- Te dije que iba a serlo, que ya no iba a ocultarte nada; pero tú aún no me has contestado. ¿Estarás conmigo?- preguntó ella nuevamente.

- No sé cómo contestar a eso, así que mejor te digo lo que siento. Te amo, no quiero que pases un minuto con ese hombre y siento mucho miedo.- reconoció Harry con la cara gacha.

- Yo también tengo miedo, pero nunca hemos escapado por eso, ¿verdad?- le recordó la joven con una sonrisa temblorosa.

- No, creo que no.- aceptó el muchacho.

- De acuerdo, eso haremos entonces; sólo…todo saldrá bien.- dijo ella intentando sonar convencida.

- ¿Tú crees?- preguntó Harry con una mueca.

- Sí, así es. Gracias por oírme, Harry, no soportaba que pasáramos tanto tiempo sin poder hablar.- le dijo Hermione.

- A mi tampoco me hace mucha gracia, pero debes entender que no podemos actuar como siempre, hemos llegado a un punto en que eso es imposible, aún más ahora que me has dicho lo de las vacaciones.- le hizo ver el muchacho.

- Lo entiendo, de verdad, pero aún así no puedo evitar pensar que si estás conmigo, si no me odias, todo tendrá solución.- insistió Hermione.

- Veremos qué ocurre. Si ya dejamos esto en claro y no tienes más que decir, creo que mejor será que salgamos de aquí o perderemos la cena. Además, supongo que Neville debe de estar en el Comedor soportando el interrogatorio de Ron.- comentó Harry.

- Lo imagino. ¿Crees que podremos dejar esta charla entre nosotros?- pidió la joven.

- Será lo mejor.- concordó el muchacho.

Harry se acercó a la puerta y pronunció los contra hechizos necesarios para poder abrirla. Tomó el pomo y lo hizo girar para salir y dejar que Hermione lo siguiera. Una vez en el corredor, volteó a ver porqué no estaba a su lado y notó que la joven continuaba parada en el umbral; se le veía triste y las lágrimas corrían por sus mejillas.

- Harry, ¿puedes hacer algo por mí?- dijo con voz entrecortada.

- Dime.- contestó el muchacho.

- ¿Puedes abrazarme y decirme que todo estará bien, aunque no lo creas?- pidió Hermione suplicante.

- De acuerdo.- aceptó Harry, acercándose a ella.

La envolvió en sus brazos con suavidad y apoyó el mentón en su cabeza, aspirando el olor que despedía su alborotado cabello. Ella se aferró a él con todas sus fuerzas, mojando con sus lágrimas la camisa del chico, pero a él no le importó.

- Todo estará bien, Hermione, y pase lo que pase, nunca voy a odiarte.- le dijo besando sus rizos.

- ¿Lo prometes?- preguntó ella entre hipidos.

- Lo prometo.- contestó Harry con solemnidad y sin soltarla, fijando la mirada en la pared tras ella y deseando con todo su corazón que hubiera algo de verdad en esas palabras.

./././././././././././././././././././././././././././././././././././././././././././././././././.

N.A. Lamento como no tienen idea la tardanza, por lo menos he intentado hacer el capítulo más largo de la historia del fic para compensarlos, pero no ha estado en mí, no hace falta entrar en detalles. Pensé en dejar la conversación entre Harry y Hermione para el próximo capítulo, pero eso hubiera sido un poco sádico y yo no soy así (sí, ni yo me lo creo).

Bueno, aquí ha pasado de todo. ¿Alguien imaginó lo que Edmund le iba a pedir a Hermione? Al comienzo yo no, en serio. ¿Estará haciendo lo correcto? Lo dejo a su opinión. Me dio mucha risa poner en semejante embrollo a Neville, pobre, voy a tener que hacer algo para que me perdone todo lo que le hago pasar. Harry tuvo una reacción dentro de todo bastante aceptable, me gustó mucho la referencia a sus padres cuando estaba pensando en clase y que al final se viera a Hermione tan frágil. Escribí la parte más emotiva de la charla de esos dos oyendo Pale de WT, por si alguien es igual de masoquista que yo. Parece que se vienen cosas muy interesantes para nuestra amiga Gryffidor. Ya veremos qué ocurre.

Ahora, respuestas a los reviews y comentarios:

Caro: Hola, amiga querida, qué hay de nuevo. Imagino que este capítulo te debe de haber gustado porque vimos a Edmund y a Harry y eso siempre cae bien. Quien estuviera en la piel de Hermione xD ¡Qué injusticia! Ya me contarás qué opinas de este desbarajuste mental, espero que estés bien y saber de ti, yo siempre atenta a tu próxima actualización. Mil besos, cuídate muchos, nos leemos pronto.

Nocturnal Depression: Me atrevo a pensar que debes estar odiando a Edmund más que nunca, no te culpo, pero en parte es lo mejor, como señalaste antes, tienen que tratarse y ver si pueden llegar a algo. Por otra parte, la reacción de Harry ha sido muy digna y madura sin dejar de ser él y eso me gusta mucho. Ya me contarás qué opinas de este embrollo, cuídate mucho, saludos, hasta pronto.

Noelhia: ¿Bien despierta? Genial, entonces debes estar o muy molesta o entusiasmada, voto por lo segundo porque ha estado movido el capítulo, sé buena y concédeme eso. No me amenaces bla bla bla, mi computadora sufre bla bla bla :) Bueno, a ver qué te ha parecido todo esto, por favor. Cuídate mucho e insisto, métete a yoga. Un besote, nos leemos pronto.

Magdal: ¡Dios es grande! No estoy tan negada para la tecnología como pensaba, pude enviar un mensaje con éxito. Espero que aquí también haya podido hacerle honor a las personalidades de los chicos, mira que fácil no es, me encantó que Hermione intentara parecer tan fuerte como nos tiene acostumbrados pero al final se quebró un poquito y Harry estuvo ahí para ella. No vimos a Luna, pero Neville ha tenido un papel importantísimo, empiezo a hacer colecta para forjarle un monumento, pobrecito. Edmund está en todas, qué bárbaro. A ver qué me dices de todo esto. Cuídate mucho, gracias por la buena vibra, un beso, nos estamos leyendo.

Alastor: ¿Notaste que Edmund intentó besarla? Yo también ando pensando en eso, ya veremos si se da, aunque lo hago y Harry me corretea a cruciatus por todo Lima y yo no tengo varita. No hubo Luna, pero sí Neville a montón, que también es lo máximo. Qué gusto saber siempre de ti, espero que estés bien, cuídate, nos estaremos leyendo pronto, un beso.

Pam: ¿Puedo llamarte sólo Pam? Supondré que sí, soy más fresca. Hemos podido ver qué pasa por la cabeza de Harry y cómo decidió dejar su actitud un poco inmadura y afrontar lo que se viene, aunque no le guste, ese es nuestro héroe, ojalá que siga así. A ver si me paso a leer algo de lo tuyo, mira que es difícil hacerlo, yo entiendo. Gracias por las buenas palabras, espero poder actualizar pronto y no dejarte con la intriga o en todo caso que este sea un fic por el que valga esperar un poquito. Bueno, cuídate mucho, un beso, nos leemos.

Alexa: Mi amiga maravillosa, siempre es bueno saber de ti. Espero que este capítulo te haya gustado. Harry ha estado pensando, eso siempre es bueno y creo que ha decidido no dejar la batalla, eso lo ha dejado claro, aunque creo que va a ir actuando según cómo ocurran las cosas. ¿Qué tal la movida de Edmund? Inteligente, hay que concederle eso. Aquí pueden pasar muchas cosas, a ver si las musas me acompañan, le he tomado tanto cariño a esta historia. Bueno, ojalá podamos saber de ti pronto y que todo vaya bien por allí, cuídate mucho, mil besos y buenos deseos. Es bueno saber que tengo a tu patronus disponible a préstamo, gracias, hasta pronto.

Fabi: Bienvenida, mil veces bienvenida. Como no sé a dónde responderte lo haremos por acá. Muchas gracias por tus encantadoras palabras. Pensar que te has enganchado así con la historia me ha dejado tan feliz, yo también he hecho eso de amanecerme leyendo un fic y pensar que el mío es merecedor de eso me da una ilusión. Nunca pensé en que Edmund fuera así, no lo planeé, sólo fue saliendo y me encanta. No quiero que sufra, es mi príncipe encantado y debe tener un final apropiado, estoy de acuerdo en eso y no te preocupes, también puede ser tuyo, total, ya he comentado que si no se queda con Hermione, lo subastamos entre todas. Espero que este capítulo te haya gustado; por cierto que me pasé por el fic que me recomendaste y todavía no lo puedo leer, pero me pasé por el perfil de la autora, me he hecho una idea de la historia y me parece que me va a fascinar porque tiene todos los elementos que me gustan: Harry Potter, ángeles, intriga y además a la escritora le gusta Super Natural; o sea, me va a encantar de hecho, a ver si aunque sea la imprimo para leerla en el trabajo, ya lo he hecho y así aumento mi fama de antisocial, dejaré un review pronto:). Antes de que me olvide, no sé cuántos capítulos tenga este fic, no creo que lleguen a treinta la verdad, ya veremos porque escribo sobre la marcha y las musas mandan. Gracias de nuevo por la buena vibra, te pasaste, cuídate mucho, nos leemos pronto.

Sandy: ¡Qué bonito tu nick! Gracias por pasar, sé bienvenida, es maravilloso que nuevas personas aparezcan y más si traen tan buena vibra como tú. Verdad que este es un dramón, como te dije, pero es una partecita de la vida innegable; de todos modos voy a tomar en cuenta tu sugerencia a ver si por allí insertamos algo. Gracias de nuevo, cuídate mucho, nos estamos leyendo pronto y espero que este capítulo te haya gustado, un beso.

Saludos para Miqa, espero que estés bien.

Ahora sí, descanso para mis dedos, no sin antes agradecer también a quienes leen y no dejan review, vamos, no sean tímidos. Bueno, cuídense mucho, nos estamos leyendo pronto, un beso.