De nuevo Harry Potter se encontraba frente a la puerta del lujoso departamento de Daphne para llevarla a una cita en el mundo muggle. Todavía se asombraba del interés que la rubia ponía a las escasas y torpes explicaciones que él le daba sobre la sencilla forma de vida muggle.
Llamó a la puerta y esperó pacientemente a que la puerta se abriera. Cuanto más tiempo pasaba más ansioso se ponía por verla, por fin la rubia le abrió la puerta y como siempre lo dejó con la boca abierta.
-Hola, pasa por favor, todavía no termino.- Se hizo a un lado para que el moreno pasara.
Harry admiró el lugar, era la primera vez que pasaba y pudo notar en cada rincón la elegancia y el dinero con el que estaba decorado.
Ante él podía ver un bonito salón a doble altura los colores iba desde el beige a un marrón suave que contrastaba con el marrón grisáceo del enorme sofá. Al fondo se podía aprecias una mesa de comedor en la que cogían bastantes comensales.
-Espera aquí.- Dijo refiriéndose al sofá.- Estás en tu casa.- Ambos empezaban a desear que esa afirmación fuera una realidad.
Harry la vio subir por las escaleras y se dispuso a curiosear el lugar, vio marcos de fotos, Daphne con una muchacha castaña, Astoria Greengrass, otra con sus padres, con Malfoy, Zabini, Nott... La última llamó su atención, en ella salían posando Daphne y Pansy en un acantilado ambas bronceadas y sonriendo sería una foto normal si la otra muchacha no fuera la siempre seria, gruñona y quisquillosa Parkinson.
Harry supo entonces que las amistades entre serpientes no eran tan frívola como él las imaginaba ni como el mundo mágico las describía.
Escuchó los tacones de Daphne bajar la escalera y se giró para recibirla con una sonrisa.
- No sé que te habrás hecho pero estas más hermosa que hace cinco minutos.- Se aproximó al pie de la escalera para ayudarla a bajar, despues besó su mano y mejilla.
-¡Qué adulador, señor Potter!- Dijo sonriendo divertida con mientras enarcaba una ceja.
Harry se encogió de hombros.- Uno hace lo que puede.- Dijo solemnemente haciendo reír a Daphne.
-¿Nos vamos? Supongo que me llevarás a cenar antes de ir a esa docoteca.-
- No me gusta corregir a una bella dama pero es "discoteca", y por supuesto que te llevaré a cenar.- Le ofreció su brazo y Daphne lo tomó encantada.
Salieron del departamento y bajaron a la calle donde comenzaron a caminar hacia la entrada más próxima al mundo muggle.
Harry una vez más la paseó por las calles del Londres muggle. Llegaron a un rústico restaurante italiano y disfrutaron de una deliciosa cena con una agradable conversación llena de risas y roces de manos.
Daphne nunca se había encontrado en una situación igual, Harry era tierno y tímido todo lo contrario a lo que estaba acostumbrada con sus anteriores citas y novios; ellos solían ser indiferentes y todo se reducía a lo mismo: su cuerpo, ya fuera para mostrarla como un trofeo por su belleza o por sexo, alguno había intentado ser detallista pero una vez que Daphne daba el "sí" ellos se volvían indiferentes. Por ello sentía que la compañía e interés de Potter era como estar en el paraíso y sólo podía desear internamente que aquello prosperara hasta convertirse en algo duradero y sincero.
Cogidos de la mano abandonaron el restaurante y por fin llegaron a la famosa discoteca, Harry nunca había estado, de hecho no tenía ni idea de la música que ponían ahí, todo había sido una recomendación de su primo Dudley, con quien hablaba ocasionalmente para saber de la familia.
- Hay mucha gente esperando.- Dijo Daphne sacándolo de sus pensamientos, efectivamente había una cantidad exagerada de gente haciendo cola si hubieran estado en el mundo mágico sólo tendría que haberse acercado y decir "eh, soy el Salvador de mundo mágico, Harry Potter" y entonces hubiera tenido el mejor sitio, la mejor atención y la mejor bebida.
Por alguna obra milagrosa del destino su primo asomó la cabeza por la puerta y lo vio, le indicó con gestos que se acercara pensando que estaba sólo, puesto que él no le había mencionado a Daphne en ningún momento cuando hablaron, la cogió de nuevo de la mano y caminóhacia la puerta donde su primo hablaba con el portero, éste asintió a lo que su primo decía y quitó el cordón rojo que impedía el paso y se hizo a un lado para que pasaran.
Dentro del antro Dudley lo recibió.
-Hola primo.- Dijo dándole un apretón de manos.
-¿Cómo has hecho que nos colaran?- Le preguntó Harry.
Dudley se encogió de hombros.- Mi padre reservó el local durante mi décimo octavo cumpleaños dejó un buen pellizco de pasta, desde entonces tengo ciertos privilegios.- Harry rodó los ojos estaba claro que su primo siempre sería un mimado de primera. Dudley carraspeó.- Y... bueno... ¿No nos presentas?- Dijo mirando descaradamente a Daphne, haciendo que Harry frunciera el ceño.
Harry acercó a Daphne a su cuerpo.
-Sí... amm... Daphne este es mi primo muggle Dudley y bueno, Dudley está es Daphne... amm... mi novia.- Tanto Daphne como su primo lo miraron con ojos desorbitados.- Y esta bien de cháchara.- Cogió la mano de la rubio y la arrastró a la barra lejos de su primo.
-¿Qué ha sido todo eso?, ¿Tu novia? Lo siento pero creo que me perdí la declaración.- Le dijo al oído por el volumen de la música. Harry se sonrrojó, ardió de furia cuando vio la forma en la que si primo miraba a Daphne, a partir de ese momento sólo él podría mirarla con deseo.
- Lo siento, es sólo que mi primo es un pesado de primera, te estaba haciendo un favor.- Daphne esbozó un sonrisa divertida, estaba celoso de su propio primo que por cierto tenía muy poco atractivo, estaría loca si se fijara en él desechando la oportunidad de tener a Harry.
-Muy bien, haré como que te creo, ahora pídeme una bebida.- Y se dio la vuelta para ir a la pista y comenzar a bailar atrayendo muchas miradas.
Harry intentaba que el camarero le hiciera caso cuando sintió la molesta presencia de su primo.
-¿Cómo has conseguido a una belleza como esa?, digo eres... tú.- Harry lo miró de reojo.
- No es una cosa, nos conocimos, nos gustamos y empezamos una relación, punto.-
-Pues me vas a tener que llevar a ese mundo tuyo porque yo también quiero un bombón como ella, ¿tiene una hermana?- Harry lo miro con extrañeza.
- Sí, la tiene, y te puedo asegurar que te escupiria en tal que te viera, no le gustan los muggles.- Dudley resopló.
-¿Irás a la cena familiar?-
- Todavía no lo sé.- Su primo no quiso presionarlo más, sabía que Harry sólo tenía contacto con él, y muy de vez en cuando su madre y él compartían alguna palabra.
Harry vio que Daphne lo llamaba y fue hasta ella.
-¿ Te gusta esto?-Le preguntó gritando. La rubia asintió enérgicamente.
-Gracias por traerme, esto es genial, pero me gustaría tomar algo de aire, hace mucho calor aquí.- Harry asintió y bebidas en mano los dirigió a la terraza del lugar. Se sentaron en unos sillones de mimbre para estar más cómodos.- Tengo que traer aquí a Pans, se va a volver loca.-
- No sé si le gustaría estar rodeada de tanto muggle.- Daphne hizo un gesto con la mano restándole importancia.
- A ella ya no le importa eso, realmente a ninguno de mis amigos ni a mi nos importa.-
- Eso es cierto al menos a Zabini no deben de importarle ya los prejuicios, sino no estaría con Ginny.- La rubia de le quedó mirando fijamente.
- ¿Te dolió?- Harry le devolvió la mirada.
- ¿Si me caí del cielo?, ese truco es un poco viejo Greengrass creí que tendrías algo mejor.- Daphne no pudo evitar reír.
- No me refería a eso tonto, quería decir que si te dolió cuando te enteraste de lo de Weasley y Blaise.-
Harry se quedó un momento pensativo y luego negó.- No, yo quise mucho a Ginny igual que ella a mi pero después de la guerra ambos quedamos muy heridos, sobre todo yo, me aislé en mi propia burbuja que sólo rompía en los entrenamiento de auror. Cuando me enteré de aquello me enfadé sí pero conmigo mismo, había alejado a un persona que me adoraba y quería sin darme cuenta que ella también necesitaba apoyo, así que cuando la vi delante de mí llorando después de confesarse no pide evitar entenderla y calmar su preocupación, tal vez no vea a Ginny como mi mujer pero la veo como mi amiga y hermana.- Daphne se sintió satisfecha con la repuesta y se acercó más a él para recargar la cabeza en su hombro.
-Harry Potter, ¿Me harías el inmenso honor de ser mi acompañante en una fiesta la semana que viene?- Harry sonrió genuinamente.
- Sólo si tú me haces el inmenso honor de acompañarme a una cena familiar, tengo que lucir a mi novia delante de mi odiosa familia.- Daphne rió sin poder evitarlo.
-Será un honor, estaba pensando en que ya he tenido suficiente por esta noche, ¿nos vamos?- Harry estuvo de acuerdo y tras una breve despedida a su primo se fueron paseando hasta un callejón oscuro donde pudieron aparecerse en el rellano de la rubia.
- Lo he pasado genial, gracias.- Harry sonrió y ella sin previo aviso juntó sus labios con los del moreno. Apenas era un roce pero poco a poco el beso fue tampoco mayor intensidad, pronto sus lenguas jugaban explorando la boca del otro, cuando tuvieron que separarse para respirar al sentir sus pulmones quemar la rubia volvió a hablar.
- Estaba pensando, ya es muy tarde, ¿no te gustaría quedarte?- El muchacho asintió sin pensárselo dos veces y volvió a besarla mientras Daphne tocaba la puerta con su varita para abrirla y sin separarse entraron para una larga noche.
Pansy había descubierto que los Longbottom reaccionaban a ciertos estímulos ocasionando momentos de lucidez, por ello la joven medimaga se encontraba en la habitación que el matrimonio compartía por petición de su sanadora. La primera vez que se volvieron a ver ambos tenían su mirada perdida, Pansy se pasó una hora y media en el fondo de la habitación sentada en una incómoda silla a la espera de alguna reacción por la presencia del otro, pero ese día no hubo un pestañeo siquiera, fue a los tres días que Alice giró la cabeza para mirar a su marido y Pansy pudo ver por un segundo como sus pupilas se dilataban, reconociéndolo. Con una ligera sospecha Pansy, con ayuda de enfermeros sentaron a Alice en un sillón junto a la ventana y la cama de su esposo, lo que pasó hizo que Pansy esbozara una sonrisa altanera de triunfo, Frank Longbottom miró de reojo a su esposa que se encontraba viendo a los pájaros volar, como pasó con Alice, Frank tuvo la misma reacción que su esposa, sus pupilas se dilataron cuando su ausente mirada se posó en la mujer.
Pansy volvía a estar sentada en la incómoda silla pero esta vez no se encontraba al fondo de la habitación, sino entre las dos camas tras ella una pluma encantada apuntaba todo cuanto sucedía.
-Bien, hoy no vamos a ver cosas desagradables, sino recuerdos bonitos.- Les explicó como si le estuvieran haciendo caso. Sacó un sobre y lo abrió, se lo había enviado la propia Augusta Longbottom, madre de Frank y abuela de Neville. Pensó en proponerle la idea al santurrón pero le había mandado un par de fotos más y se limitaba a ignorarla, cosa que divertía a Pansy al saber perfectamente que las veía.
Sacó una foto de Frank con sus padres y la puso delante de ellos y esperó. Nada. Ni siquiera pestañearon.
-Vale, probemos con otra.- Sacó una en la que salían ambos el día de su boda, repitió la acción y la puso delante de ellos. Esta vez si que pasó algo ambos centraron su mirada en la foto.- Sí estáis muy guapos, y me encanta tu vestido Alice se nota que tienes buen gusto.- Sacó una tercera foto en esta se podía ver a un niño regordete mirando a la cámara y sonriendo, esbozó una mueca divertida al suponer certeramente que se trataba del santurrón. Se la mostró al matrimonio y una vez más su mirada y atención estaban puestas en la foto. Cuando Pansy iba a cambiar de foto algo aún mejor pasó.
-Ne...ville.- La morena se levantó inmediatamente.
-¿Quién es él, Alice?-
-N-Nev...ille.- Dijo Alice sin quitar la mirada de la foto.
- Eso es, y ¿sabes quién es Neville?- Pansy no recibió respuesta de la mujer y supuso que por hoy estaba bien.
-Hi... hiiii...hijo.- Dijo esta vez Frank.
-Sí, eso es Neville es vuestro hijo, y está sano y salvo gracias a vosotros.- probó una última vez sacando una foto en la que estaba la Orden del Fénix al completo, la puso frente a ellos y tras un rato de mirarla el matrimonio esbozó una sonrisa en sus caras.
-¿Los reconocéis, verdad?, son vuestros amigos.-
-Ooo...orr...orden.- Dijo Frank, Pansy no supo a que se refería pero supuso que tenía que ver con la foto así que recibió la palabra como un gran logro, el matrimonio Longbottom estaba volviendo de los confines de su locura.
Hermione tan puntual como siempre estaba en el lugar donde la habían citado. Había dejado a Scorp echando la siesta bajo la supervisión de la señora Tutty.
Al llegar al punto de encuentro Hermione sonrió al reconocer a su buen amigo Viktor hacia tiempo que no se veían pero se enviaban cartas constantemente.
Cuando Viktor la vio corrió a abrazarla con el cariño que le profesaba, atrás había quedado su enamoramiento por ella, dejando un hermoso sentimiento de amistad.
- No sabes lo contenta que estoy de verte.-
-Yo también me alegro mucho de estar aquí.- Dijo con su pronunciado acento.- Hacía mucho tiempo que no te veía.-
Decidieron ir a tomar un café para ponerse al día.
Sentados y esperando su pedido empezaron a conversar.
- Cuéntame, ¿has conocido a alguien?- Preguntó Hermione.
- No hay nadie importante en mi corazón por el momento, aún que al llegar aquí vi a una rubia que me llamó mucho la atención por desgracia no me dio tiempo a preguntar su nombre ni sé cómo localizarla, así que intento no darle mucha importancia.-
- Que pena, tal vez te la vuelvas a encontrar, y estoy segura que no te dejará escapar.- Dijo Hermione con una sonrisa intentando darle ánimos.
-¿ Y tú?, ¿Cómo te va con Weasley?- Para nadie era un secreto que Ron no le caía en gracia a Viktor.
- Sinceramente no lo sé, de un tiempo para acá estoy muy confusa, Y creo que nuestra relación se está metiendo en un hoyo del que no creo que pueda salir, además aún que intenta ocultarlo lo miro raro con Scorpius. También he visto conductas de él en este último tiempo que no me están gustando para nada.- Por fin Hermione se había abierto a alguien exponiendo sus dudas y tormentos.
- Tal vez necesitáis un tiempo.- Hermione hizo una mueca y asintió. Viktor al verla tan atormentada decidió cambiar de tema y estuvieron hablando de trivialidades.
Ronald Weasley había decidido que se iría por un tiempo del mundo mágico con el dinero que había conseguido juntar a costa de sus dos mujeres. Pero antes de irse dejaría una huella de la que no se olvidaría, con ese pensamiento se dirigía a Azkaban.
Señores empieza el dramione.
