¡Hola! ¿Cómo están?

Yo he andado un poco cansada, pues comprenderán que regresé a clases y para mí es un castigo tener que levantarme temprano xD En fin, les traigo este capítulo que está de impacto jajaja Y espero que les guste

Como siempre, agradezco sinceramente a cada una de las personitas que se toman la molestia de dejarme un comentario.

Aprovecho este espacio para pedir disculpas por los otros fics que no han sido actualizados, pero espero que sepan comprender mi demora.

Saludos y cuídense =D


Madness: Capítulo XXI

No tenía idea de cuánto tiempo llevaba llorando cuando Eiri hizo su entrada triunfal. Ni siquiera se tomó la molestia de mirarle y tampoco tenía ganas de hablarle: Shuichi estaba molesto, molesto por aquello que consideraba la peor traición del mundo. Así es. Eiri lo había traicionado con el sólo hecho de llevar a su ex novio. Y eso era imperdonable, aunque Eiri tuviera las mejores intenciones del universo conocido.

Sintió los pasos del médico y se estremeció, haciendo que su llanto fuese mayor. Su voz interna trataba de calmar sus pasiones y a la vez le avivaba para que buscara venganza, rogándole que no perdonara aquella vil acción. Sorbió la nariz buscando destaparla vanamente y, en continuas ocasiones, se llevó las manos al rostro para borrar las lágrimas. En aquel momento hubiese deseado estar solo, solo como siempre había estado. ¿Por qué Eiri tenía que estar allí, seguramente, riéndose de su deplorable estado? ¿Acaso le odiaba?

—Shuichi…—susurró inseguro, tanteando el terreno. Intuía que el pequeño estaba enojado con él, pero aún así quería intentar consolarle y sacarle más información.

—Déjame solo… —Su voz lastimera apenas llegó a los oídos del rubio. Quería gritarle que se fuera y que le dejara en paz, pero no podía. Su garganta sólo le permitía sacar un hilo de voz escasamente audible.

—Lo lamento, Shu. Yo sólo quise ayudarte.

—Vete, Eiri.

—No, no me iré. —Su voz suave y calmada trataba de transmitirle a Shuichi que sus intenciones eran más que buenas—. Tenemos muchas cosas de que hablar. Tal vez no sea el momento, pero necesitas desahogarte y quiero que sepas que yo estaré aquí para escucharte. Sé que fue un poco cruel de mi parte traer a Ryuichi hasta aquí, pero yo no tenía cómo saber lo que había pasado entre ustedes…

—¿Cómo lo encontraste?—preguntó con voz lastimera, dirigiéndole a Eiri una mirada tan dolida y angustiada que Eiri sentía como su alma era desgarrada.

—Ryuichi era novio de mi hermano: fue casualidad. —Shuichi se quedó callado como si analizara aquellas palabras, pero en realidad no sabía qué decir. Su pecho aún dolía y aunque su corazón comenzaba a llenarse de ese dulce sentimiento de venganza, su cerebro le recordaba que necesitaba un abrazo urgente. Un abrazo para desahogarse y borrar toda su angustia. Necesitaba sentirse amado, necesitaba sentir que no estaba solo: necesitaba a Eiri.

—¿Me das un abrazo? —Eso era, precisamente, lo que Eiri había estado buscando desde hacía rato. Deseaba estrechar entre sus brazos a su amado paciente y así hacerle saber que estaba con él. Quería borrar con sus besos aquel duro pasado, y con sus caricias deseaba hacerle olvidar todo aquello que le recordara a Ryuichi. Y es que debía admitir que estaba un poco celoso. Sí, celoso de Ryuichi.

—Ven aquí, bonito—le dijo, extendiendo sus brazos para acogerlo entre ellos. Shuichi se dejó querer y, como un niño pequeño, se acurrucó en el pecho de Eiri, apoyando su oído en él para escuchar sus latidos.

—Yo…deseaba tanto hablar con Ryuichi—murmuró con voz pausada—, porque siempre tuve dudas sobre el fin de nuestra relación. —Eiri acarició sus rosados cabellos buscando reconfortarle—. Fue muy duro para mí, porque yo lo amaba mucho: él lo era todo, él era la razón por la cual yo sonreía día a día. Sólo por él era capaz de ir a la escuela sin importarme lo que los otros dijeran de mí...

—No te esfuerces en recordar algo doloroso: no te hace bien—pidió—; además, no es necesario que me cuentes todo esto ahora.

—Entonces, ¿ya no quieres saberlo?—preguntó incrédulo, aún con la voz rasposa—. ¿No quieres saber cómo llegué aquí? —Sus llorosos ojos contemplaron el fino rostro del médico, haciéndole ver que no podía creer en sus palabras después de tantos esfuerzos por querer saber la verdad.

—No quiero forzarte a que me lo digas, porque, de todas maneras, me enteraré tarde o temprano—explicó siendo sincero, aunque también sentía cierta urgencia en exonerar su culpabilidad, aquel remordimiento por haber sometido a Shuichi a una tortura tan brutal como enfrentar un doloroso pasado—: no es necesario que hables ahora.

Sus ojos dorados contemplaron fijamente a Shuichi, perdiéndose en la profundidad de esos ojos violetas que tanto le enamoraban. Se sentía hipnotizado por ese hermoso color, siendo capaz de perder la noción del tiempo y del espacio...: en ese momento, sólo eran ellos dos, ellos y su amor prohibido. ¿Cuánto tiempo tendría que pasar para que pudieran estar juntos?

Antes de que Eiri pudiera percatarse, Shuichi había unido sus labios con los de él, mientras una de sus manitas se aferraba al blanco delantal. Aquel beso había sido tan inesperado que tardó en reaccionar, pero terminó cediendo a sus bajos instintos por el mero placer que sentía. Tenía tantos deseos de besar esos sensuales labios carmesí, que daba gracias a los dioses por hacer que Shuichi se le adelantara, pues él no habría sido capaz de hacerlo y habría reprimido sus deseos carnales una vez más.

Abandonándose completamente a sus instintos, abrió la boca y dejó que Shuichi metiera su suave lengua con una tierna torpeza, rozando la suya con cierto frenesí, dejando en claro que quería más contacto. Eiri profundizó aquel beso y dejó que sus manos viajaran a la cintura de su paciente. Quería acercarlo más, fundirse con él no sólo con sus bocas, sino que unir sus cuerpos desde un punto más íntimo. Así, abandonó los tibios labios que le cobijaban y posó los suyos sobre la tersa piel del cuello que Shuichi le ofreció inconscientemente. El aroma que desprendió su cuerpo resultó tan adictivo para Eiri como el tabaco mismo, convirtiéndose en una muda invitación para seguir avanzando. Aquellas feromonas comenzaban a subir su temperatura corporal, dando inicio a un leve cosquilleo en su vientre.

—Eiri—susurró, perdido en el aroma que se desprendía de los rubios cabellos.

—Shu…, te deseo—le dijo al oído, para luego aferrarse al menor con fuerza, mientras escondía su níveo rostro en el hueco que se formaba entre su cuello y hombro.

—Eiri, yo…—titubeó. Sus mejillas se sonrojaron un poco y sus ojos miraron un punto fijo en la pared. ¿Qué quería de Eiri? ¿Lo deseaba? ¿Lo necesitaba? ¿Lo amaba? Sin saber qué decir, se perdió entre sus pensamientos semidesordenados, abriendo inconscientemente la puerta hacia su mundo imaginario.

—¿Tú qué?—preguntó, separándose de Shuichi.

—Yo…te quiero, creo—dijo no muy convencido, imaginando que hablaba con el Eiri de sus sueños, quien le respondía con una dulce sonrisa y un sutil «haré que te convenzas», para luego darse un beso apasionado.

—¿Crees?—preguntó con el rostro desencajado. Esa respuesta no había sido de su agrado, al contrario.

—¿Eh? —Parpadeó sin comprender la molestia del rubio, aunque su asombro se debía a que él tampoco esperaba esa respuesta. Eiri suspiró. Al parecer su amado niño se encontraba viajando por el espacio infinito.

—Mejor me voy—dijo, poniéndose de pie—: parece que necesitas descansar. Es mejor que estés solo y duermas un poco.

—No, no te vayas. —Su rostro suplicante pareció comprender lo que había sucedido.

—Sí, me iré. Mañana nos veremos.

—Pero…

—Pero nada. Procura descansar, dormir harto y no hacer berrinches, mira que no quiero estar con un mocoso que se pasa el día entero soñando despierto.

—Lo siento…

—No, no te disculpes, pero trata que la próxima vez no suceda. —Shuichi asintió suavemente, un tanto entristecido por quedarse solo—. Nos vemos mañana.

Eiri se alejó y se esfumó por la puerta, sonriendo sutilmente ante el enérgico «Adiós, Yuki» que le dirigió su paciente. Los estados cambiantes de su niño se le hacían tiernos y raros a la vez, pero ya se estaba acostumbrando tanto a ellos que hasta le parecían «normales».

En fin. Agradecía que ese día se hubiese terminado, salvo por el hecho que al volver a casa se encontraría con su indeseable visita. Menos mal que llegaría a comer, a bañarse y luego, a dormir. No tenía intenciones de quedarse a charlar con su prometida ni por si acaso. Ni siquiera le importaba saber cómo le había ido en sus quehaceres.

Iba saliendo del hospital cuando su antipática y entrometida ayudante se acercó a él corriendo y gritando su nombre.

—Doctor Eiri, el Director Takahashi dice que quiere hablar con usted urgente—dijo con la respiración agitada, tratando de estabilizar su ritmo cardíaco haciendo presión con su mano en el pecho—. No sé por qué, pero está algo molesto.

—Ah, gracias. —Con una sonrisa forzada y con cero ánimos de enfrentar a ese anciano incompetente que el hospital tenía por director, Eiri se encaminó hacia la oficina del susodicho. Maiko se le quedó mirando con el ceño fruncido, preguntándose qué había hecho el médico para ganarse la molestia de la máxima autoridad.

Una vez que vio al rubio alejarse lo suficiente, ella salió al patio para hacer una llamada: tenía que hablar con cierto sujeto que le había prometido ayudar a Shuichi a salir de ahí y, de paso, expulsar al médico del hospital. Ni siquiera recordaba con exactitud cual era el nombre del sujeto, pero sí recordaba que le había causado miedo su enorme estatura y su grueso cuerpo.

—¿Hola?, soy Maiko, la enfermera de Shuichi—dijo una vez que le contestaron la llamada. Escuchó que el sujeto le pedía que esperara un segundo y, enseguida, otro hombre le contestó—. Llamaba para avisarle que el joven Shuichi recibió una visita hoy, autorizada por su médico. No pude ver quién era ni cómo era, porque venía una tanto cubierto como si no quisiera que alguien le reconociera, pero…, por lo que pude escuchar, su nombre era Ryuchi o Ryuichi, algo así. —Hizo una pausa para esperar la respuesta de su interlocutor—. Sí, estuvo en su habitación mucho rato. No sé de qué estuvieron hablando, pero creo que hubo gritos. —Escuchó que el hombre suspiraba con cierta rabia, pero luego su voz se suavizó—. ¿Eh? ¿Un favor? Claro, pero ¿de qué se trata? —Maiko anotó mentalmente el pedido de su «salvador»—. El médico no viene los domingos, los otros días de la semana es más difícil, porque el doctor Eiri tiene un horario un poco extraño. Es relativo su horario de entrada, ya sabe: él hace lo que se le da la gana, ¿entiende?—explicó—. Ajá, no se preocupe, yo le aviso, pero el domingo puede venir a la hora que guste, además es día de visita sólo para los familiares de los pacientes.

Tras unas breves palabras más, Maiko cortó la llamada y sonrió: faltaba poco para que ese médico engreído se largara del hospital…

Como era su costumbre, Eiri ingresó a la oficina del director sin anunciarse. Tenía prisa por volver a casa y descansar, aunque además se encontraba algo preocupado por un mensaje que Yoshiki le había enviado hacía sólo unos minutos. Dicho mensaje sólo decía que tenían que hablar con urgencia, y para Eiri eso sólo significaba que su amigo le tenía noticias sobre Shuichi: no podía ser otra cosa.

—¿Qué necesita, Director?—preguntó de mala gana, viendo como el hombre de edad avanzada le miraba de forma reprobatoria. Los sentidos del médico se pusieron en alerta y a la defensiva, pues su corazón intuía que algo no andaba bien.

—Explíqueme algo, Doctor Eiri—dijo alzando la voz de forma autoritaria—, ¿a quién le solicitó permiso para que su paciente tuviera visitas?

—A nadie. Mi autorización es suficiente—contestó, tajante. El anciano suspiró.

—Doctor, déjeme recordarle que éste es un hospital público y que usted no se manda solo. Aquí todo tiene un procedimiento por el cual se realizan las cosas: no puede llegar y dejar que un paciente como Shuichi tenga visitas sólo porque usted cree que es correcto.

—Ah, ya veo: está molesto porque no le avisé que vendría alguien a ayudarme con Shuichi, ¿no?

—No trate de engañarme, Doctor Eiri. Esa persona que usted trajo no es cualquier visita y me sorprende que no me mantenga al tanto de sus avances con el paciente.

—Ya le dije que estoy esperando los resultados de las pruebas psicológicas. Además, ¿a qué viene todo esto? ¿Acaso no fue usted el que me pidió que hiciera lo imposible para ayudar al paciente? —Eiri comenzó a alterarse, alzando la voz y olvidándose de que el hombre frente a él era quien le había contratado.

—¡Pero andar de arrumacos con el paciente no es la forma! ¿Dónde quedó su ética profesional, Doctor? ¿Desde cuando abusa de la inferioridad mental de su paciente? ¿O acaso acostumbra hacer los tratamientos con abrazos y besos incluidos? —El rostro de Eiri se desfiguró de horror y sorpresa: eso había sido inesperado. Estaba paralizado y aterrado. Sus piernas no le respondían y ni siquiera era capaz de articular una palabra. Quiso dar explicaciones, quiso mentir, quiso decir que amaba a Shuichi, quiso decir que todo era un malentendido, quiso echarle la culpa a su propio paciente. Quiso hacer tantas cosas y, al final, no fue capaz de decir nada coherente—. ¡Está despedido!—sentenció—. Y no sólo eso, levantaré un sumario en su contra y tendrá que enfrentar cargos por abuso.

—No… Espere…

—¡Salga de mi vista!—gritó.

—No, usted, no entiende…—trató de explicarse.

—Salga, dije.

Angustiado y sintiendo que el corazón se le saldría por la boca, le dio la espalda al Director y se dispuso a salir sin decir nada. Quería enterrar la cabeza en algún lado como las avestruces, o mejor aún, que la tierra se lo tragara. ¡¿En qué estaba pensando cuando dejó que algo así pasara?! Tal vez, ése era su problema: no estaba pensando cuando eso pasó.

Hecho un atado de nervios y echando fuego por la boca, salió del hospital maldiciendo incluso a las inocentes hormigas que se cruzaban en su camino. Estaba furioso consigo mismo, tanto como para desear morir en un horrendo choque en su largo camino a casa. ¿Cómo no pensó en las malditas cámaras de vigilancia? ¿Por qué cuando estaba con Shuichi se volvía un estúpido incompetente? ¿Qué rayos haría ahora que lo habían despedido?

—Maldición—masculló—. ¿Qué haré ahora? —Su voz se escuchó cansada y trémula. Apartó de su rostro los mechones de cabellos que le tapaban la visual, recargando su cabeza en el asiento. Suspiró—. Esto no se puede quedar así…, debe haber algo que me permita volver al hospital. ¡Ese maldito viejo incompetente no puede despedirme! ¿Qué rayos se ha creído?

El semáforo cambió de color y Eiri puso en marcha su automóvil. Quería llegar rápido a casa y hablar con Yoshiki sobre lo que había pasado: quizás a él se le ocurriera alguna idea para evitar que lo despidieran definitivamente. Es decir, por una cosa como esa, sólo podían separarlo de sus funciones por un tiempo, al menos por mientras se realizaba el sumario, ya que sólo con el resultado de éste podrían despedirlo. Aunque claro, si el anciano había visto las imágenes tenía todas las de perder, sobre todo si Maiko abría la bocota.

Con los ánimos por el suelo, entró al penthouse. Ayaka salió a recibirlo como si estuviera practicando para cuando se convirtiera en su esposa, mas Eiri la ignoró olímpicamente, pasando por su lado sin siquiera saludarla: ni siquiera estaba de ánimos para fingir amabilidad con esa niña. Yoshiki le estaba esperando en la sala de estar mientras se tomaba un café que Ayaka le había servido hacía bastante rato. Tenía las piernas cruzadas bajo su corta falda y su torso estaba cubierto por una blusa con estampados.

—Te estaba esperando, Eiri. ¿Por qué demoraste?—indagó, notando de inmediato que algo no andaba bien en su amigo.

—Vamos a mi estudio—dijo parcamente, sin detenerse a dar explicaciones. Yoshiki le miró con extrañeza, pero decidió seguirle al notar que el rubio caminaba en dirección a su estudio. Cogió su café y su bolso, y fue tras él.

—¿Qué está sucediendo, Eiri?—le preguntó a modo de regaño, una vez que entraron a la habitación.

—Me despidieron—dijo, al tiempo que se desplomaba sobre el sillón del estudio.

—¡¿Qué?!—exclamó sorprendida—. ¿Por qué? ¿Qué pasó? —Eiri suspiró. Necesitaba tomar aire y relajarse para poder contarle a Yoshiki, con lujo de detalles, todo lo que había sucedido ese día. Total, confiaba en su amigo.

—Es una larga historia—dijo—, así que siéntate: te contaré todo. —Haciéndole caso de inmediato, Yoshiki tomó asiento al lado de Eiri y se quedó mirándole atentamente—. Hoy llevé al ex novio de mi hermano al hospital, pues descubrí que él conoció a Shuichi antes de que fuera internado, así que pensé que sería buena idea que Shu y él se vieran. Resultó que este muchacho había sido novio de Shuichi, pero yo desconocía lo mal que habían terminado—explicó rápidamente sin dar detalles. Total, eso no era lo que interesaba—. El punto es que Shuichi armó drama y estuvo llorando desconsoladamente durante un buen rato, mientras yo llevaba a su ex hacia la salida. Y pues, cuando volví, no pude evitar sentirme mal por hacerlo llorar indirectamente, así que pensé que sería bueno consolarlo. Y…comprenderás que Shuichi no pudo resistirse y…me besó. —Yoshiki dio un alarido de emoción y sus ojitos brillaron con intensidad—. La cuestión es que el Director se enteró y me llamó a su oficina para restregarme en la cara que soy un abusador sexual de enfermos mentales y que levantará un sumario en mi contra para formularme cargos por abuso. En consecuencia, estoy despedido.

—Ay, Eiri, ¿qué haré contigo?—preguntó en tono dramático—. Te dije que te controlaras—le regañó.

—¡Pero si yo no hice nada! ¡Fue Shuichi quien me besó!—se defendió.

—¡No le eches la culpa a tu paciente, pervertido!

—Maldición, Yoshiki. ¡Te estoy contando para que me ayudes! Suficiente tuve con ese vejestorio incompetente que se cree muy genial sólo por ser el Director de un hospital público de mala muerte.

—Ya, calma, sólo te estaba molestando. No te pongas tan grave—dijo, restándole importancia al asunto.

—¿No lo entiendes? ¡No es bueno para mi imagen que esto salga a la luz! Y tampoco es bueno para Shuichi. ¿Qué le diré? ¿Que no puedo sacarlo del hospital, como le prometí, porque me despidieron por darle un beso? ¿Te das cuenta de que ahora no puedo volver al hospital?—ladró enojado.

—Estás en un grave problema, Eiri, pero lo solucionaremos. Ya verás. —Yoshiki trató de calmar sus ánimos sonriéndole acogedoramente. Tuvo ganas de abrazarlo para consolarle, pero era mejor no arriesgarse. Con Eiri nunca se sabía si era bueno o malo darle un abrazo.

—No sé que voy a hacer. —Su voz contrariada y su rostro apesadumbrado, componían un paisaje que rara vez era posible contemplar. Hasta Yoshiki se sentía sorprendida: eran contadas las ocasiones en las que podía ver a Eiri en ese estado de aflicción.

—Tranquilo, ya encontraremos una solución.

—Eso espero. —Suspiró—. ¿Y bien? ¿De qué querías hablarme? —Prefirió cambiar de tema, en una imperiosa necesidad por no recordar lo sucedido.

—¿Tú qué crees? Es sobre Shuichi—anunció sonriente—, aunque ahora que te despidieron no sé si te importe.

—Idiota, ¡claro que me importa!—ladró.

—Entonces, te tengo buenas noticias. En realidad, son muy buenas—dijo muy emocionada, para luego buscar en su bolso la carpeta en la que guardaba el notición.

—¿Eso quiere decir que Shuichi no está loco?

—Así es, pero mira sus dibujos—le dijo, extendiéndole las láminas en las que Shuichi había dibujado. Eiri las recibió con las manos temblorosas, sintiéndose ansioso por saber los resultados, ya que si, en verdad, Shuichi no estaba loco, podría chantajear al Director para que no lo despidiera. Podría hacer tantas cosas con ese resultado que hasta se comenzaba a emocionar, y es que eso significaba que podría sacar a Shuichi del hospital aún contra la voluntad de éste o del Director; pero lo mejor es que podría iniciar una vida junto a su amado niño.

—Son bastante normales—concluyó tras mirar los diseños.

—Sí y no—corrigió—, en realidad, Shuichi no está loco, pero eso no significa que esté bien psicológicamente: tiene algunos traumas. Al menos, puedo confirmar tus sospechas y decirte que, efectivamente, tiene un buen contacto con la realidad y está muy conciente de lo que sucede a su alrededor y de lo que hace. Pero hay cosas que no habíamos previsto como su Complejo de Edipo y su mala relación con su padre.

—¿Complejo de Edipo? ¿Problemas con su padre? —preguntó confundido. Algo no le cuadraba. Acaso, ¿no había defendido, férreamente, a su padre ante las acusaciones de Ryuichi?

—Eso es lo que yo vi en la entrevista y lo que se desprende de sus dibujos. Shuichi demuestra en ellos que la familia no funcionaba bien: tenían problemas, pero no sólo eso, se describe la presencia de un padre agresivo y el desprecio que Shuichi siente hacia él, siendo más cercano a su mamá. ¿Eso te dice algo?—preguntó al notar que Eiri hacía muecas extrañas, como si estuviese aplicando lo que ella decía a lo que él veía a diario en Shuichi.

—Sólo me explica el porqué llama mamá al conejo de peluche, pero lo del padre no me cuadra, sobre todo porque hoy estuvo defendiéndolo.

—Pero ¿qué hay de la voz que supuestamente escucha? ¿No será ésa la proyección que él realiza de su padre?—inquirió mordaz, para hacer pensar a Eiri, pues ella sabía algo que él no.

—¿Qué insinúas?

—¿Eh?, nada.

—No te creo, Yoshiki. ¿Hay algo que no me quieres decir?

—Yo sólo pretendo que pienses un poco. Sé que, tal vez, tu cerebro no esté funcionando bien en este momento, pero si te esfuerzas un poquito serás capaz de ver lo que yo quiero que veas. —Eiri arrugó la frente en señal de molestia, aguantándose las ganas de golpear a su amigo—. ¿Por qué crees que Shuichi escucha una voz? Ya sabemos que no está loco y, por lo tanto, no podemos sostener que sea una alucinación auditiva. Entonces, pregúntate: ¿qué es lo que escucha Shuichi? —Eiri se quedó en silencio, meditabundo.

—Yoshiki…—le llamó dubitativo, tras pensar por un rato—. ¿Shuichi ha estado jugando con todos sus médicos, incluso conmigo, durante todo este tiempo?

—Parece terrorífico, pero así es: un juego morboso y algo macabro—respondió—. Shuichi es más inteligente de lo que parece, y lo peor es que lo sabe. Seguramente, para él resulta entretenido, pues es su forma de matar el tiempo. Hasta se me hace que él podría estar haciendo un experimento o algo así.

—Pero ¿a quién en su sano juicio le podría gustar estar encerrado en un psiquiátrico?

—¡Quién sabe! Lo importante es que Shuichi ha estado fingiendo y ha tenido bastante tiempo para planificar cada uno de sus pasos. Me atrevería a diagnosticarle algún trastorno de personalidad, pero se me hace imposible sabiendo lo inteligente que es y lo conciente que está de cada uno de sus movimientos.

—Suenas como si Shuichi fuese alguna clase de genio.

—Y no me sorprendería si fuese así: por algo, la línea que separa a la genialidad de la locura es muy fina. —Eiri sonrió y, tras suspirar, volvió a centrar su mirada en los dibujos de su paciente.

—¿Hay algo más que deba saber?

—Pues, claramente, manifiesta una necesidad de afecto, aunque es extrovertido y extravagante. Sin embargo, es el tipo de niño mimado que no conoce el mundo. Es seguro y abiertamente homosexual.

—Eso último no me sorprende, ya lo he comprobado—dijo irónico.

—Quizás, pero pudo haber sido bisexual—refutó para molestar al rubio.

—¿Algo más?—preguntó, ignorando el comentario.

—Sí, sus traumas no vencidos. Es posible que algo haya ocurrido en su pasado que lo hace sentir culpable y le genera estrés: hay que averiguar de qué se trata para poder tratarlo.

—Comprendo… Shuichi dijo hoy que tuvo una depresión muy fuerte después de romper con su novio. Dudo que esa depresión necesite tratamiento a estas alturas, pero tal vez sea necesario terapias recreativas y grupales. Está claro que no necesita medicamentos.

—Shuichi necesita interactuar con otras personas; pero, por sobre todo, necesita mucho afecto. —Eiri sonrió.

—Gracias, Yoshiki.

—De nada, sólo hice mi trabajo, así que ahora es tu turno: ve a recuperar tu trabajo.

—Lo haré. Mañana iré al hospital a restregarle en la cara a ese viejo inmundo que logré mi cometido de descubrir qué tiene Shuichi. Más le vale que me regrese mi trabajo, porque, de lo contrario, me encargaré de destrozar su reputación y su maldito hospital. —Yoshiki sonrió complacida al ver que los ánimos volvían al cuerpo de su amigo y hasta se encargaban de iluminar su rostro.

—Bueno, entonces, te dejo los dibujos y el informe que redacté para que se los muestres a tu jefecito. Yo ya debo irme y parece que tú necesitas descansar, así que ve a dormir inmediatamente.

—Sí, ya vete—respondió de mala gana.

Yoshiki salió del estudio acompañada por Eiri, quien la despidió en la salida como si intentara asegurarse de que la mujer se fuera. Ayaka se mantuvo alejada y ajena a cada uno de sus movimientos, a pesar de que se sentía interesada por saber de qué estaban hablando. Sabía que Eiri no le contaría nada y, tal vez, lo mejor era no preguntar. Por mucho que ella quisiera, Eiri siempre era reservado con sus cosas, sobre todo con su trabajo.

Tras despedir a su amigo, Eiri ni siquiera se detuvo a mirar a su prometida, pasando de largo y yendo directo a su dormitorio. Tenía pensado darse una ducha, pero, en vista de que ya era tarde, decidió ponerse el pijama y acostarse. Lo mejor era dormir, sobre todo si consideraba que, al día siguiente, debía ir temprano al hospital para tratar de recuperar su trabajo. Así, esperó poder conciliar el sueño después de tan ajetreado día, evitando pensar en todo lo que había sucedido: ya tendría tiempo para exprimir su cerebro y terminar de resolver el caso de su paciente. Al menos ya tenía harto trabajo adelantado y con sus sospechas confirmadas todo se volvía más fácil. Sólo quedaba esperar a que Shuichi se dignara a cooperar.

En la mansión Seguchi parecía que aún era de día, a pesar que la señora Mika se había quedado dormida muy temprano. Algunos sirvientes terminaban sus tareas diarias para irse a dormir, mientras el dueño de casa yacía encerrado en su estudio hablando de algo muy serio con su inseparable asesor. Tohma mantenía sus puños fuertemente cerrados y apoyados sobre el escritorio, haciéndole ver a Ark que estaba más que furioso. Su dura expresión inspiraba miedo incluso en su asesor, y estaba claro que por su cabeza no pasaba ningún pensamiento lindo.

—¡Ese desgraciado!—exclamó iracundo—.¡¿Cómo se atreve a desobedecerme?!

—Señor, yo creo que…

—¡Cállate!—gritó—. Eres un incompetente. Te dije que debías deshacerte de él.

—Pero ¿qué fue lo que pasó, Señor?—preguntó Ark con un dejo de temor.

—¿Recuerdas que te pedí que amenazaras a cierta paloma?—preguntó irónico. Ark asintió—. Pues, resultó que ignoró mis advertencias e hizo justo lo que yo no quería que hiciera. Ese mocoso se atrevió a desafiarme y ahora lo pagará caro. Esta vez, asegúrate de que la paloma no pueda volver a volar. —Su semblante oscuro y su voz sombría, erizaron los cabellos de Ark, quien agradeció para sus adentros el no estar en los pies de ese pobre cantante.

—Sí, Señor—respondió inseguro, sin entender el enorme odio que su patrón sentía por ese muchacho.

—No me importa lo que tengas que hacer, Ark, sólo deshazte de él. —Su voz de ultratumba fue acompañada por una macabra sonrisa. Imaginarse el cuerpo sin vida de Ryuichi era un sueño que deseaba que se cumpliera, porque quizás esa era la única forma de salvar a su amado Shuichi. Si Ryuichi no existiera en este mundo, todo sería mejor, aunque se estaba olvidando de su nuevo obstáculo: Eiri.

¿Qué podría hacer para eliminar al médico? Claro estaba que no podía matarlo ni nada de eso: era parte de su familia, el hermano de su esposa y su querido cuñado. Sentía un cariño tan especial por ese joven que no podía deshacerse de él. A él le importaba y mucho lo que sucediera con el rubio, es más, lo consideraba casi como un hijo. Tendría que pensar en una forma inofensiva para alejarlo de su Shuichi. Tal vez, lograr que lo despidieran era su mejor opción y, si eso no resultaba, tendría que proceder a realizar algo más drástico. Total, siempre existía la posibilidad de que Eiri fuera víctima de un lamentable accidente…

Continuará…


Mandy: Jajajaja Qué bien, me hace feliz haber alegrado tu día =) Es grato para mí saber que te he sorprendido con el encuentro de Shu y Ryu, pero me quedó una duda ¿cómo pensaste que sería? Pues Ayaka no había aparecido en el fic, así que ya era hora que diera señales de vida. No tienes que preocuparte por ella, porque si bien será una piedra en el camino para Eiri, también será de ayuda ^^ Muchas gracias, Mandy. Espero que te guste este capi. Besotes!

Kami-haruka: Hola, chica. Qué bueno que el fic te ha gustado, me alegra mucho ^^ jejejeje Todas odian al pobre Tohma, pero qué se le va a hacer xD Gracias por leer!

Hudgens77: Jajajaja No, pobre Ryuichi, no lo odies por ser cobarde xD Qué bueno que te ha gustado la parte de la visita. Yo no le tenía mucha fe, pero con todo lo que me han dicho, veo que esa parte quedó mejor a como lo pensé =) Ayaka será una piedra en el camino para Eiri, aunque no será muy relevante para el fic (léase: la puse para rellenar). Espero que este capi te guste =) Cuídate mucho. Besos =D

00Katari-Hikari-chan00: Me alegra saber que te ha gustado el capi. Eso es lo que sabemos por ahora, pero aún falta mucho que no sabemos y sólo conocemos algunas versiones o puntos de vista, así que tampoco hay que dar por hecho ciertas cosas jejeje Hablando en serio, deberías contener tu odio hacia Tohma, por que él no es tan malo como crees(?) xD Respecto a Ryuichi, él actúo como todo adolescente jajaja Pero como dices, si no fuera por él, Shu y Yuki no se habrían conocido. Besos y cuidate!

Fran-shi: Gracias por tu comentario ^^ Espero que este capi te guste. Saludos =)

Yuki' de Lioncourt: Chica, te extrañé *-* Descuida, comprendo que hayas estado ocupada, lo sé perfectamente. Jajaja Uf, anduviste perdida harto tiempo, y eso que yo también he andado un poco desaparecida jajaja Me alegra saber que el fic te esté gustando y que encuentres que mejora. Hago lo posible por mantenerlo interesante capi a capi, aunque a veces creo que no me resulta xD Oh, no sabía que estudiabas psicología (¿o sí lo sabía?). Qué bien que se esté entendiendo esa parte, porque yo de psicología no sé nada y si no fuera por Mandy no se qué habría sido de este fic xD Muchas gracias, chica. Por ustedes hago todos mis esfuerzos para seguir mejorando y hacerles llegar algo más o menos decente. También te digo que no odies tanto a Tohma, te puedes llevar una pequeña sorpresa jejeje Ojalá algunas personas pensaran como tú, pero parece que a algunas les cuesta entender que escribo por mero gusto y aún así me esfuerzo para dar lo mejor de mi, siendo que mi especialidad y vocación no tiene nada que ver con la literatura. Pero bueno… Espero que este capi sea de tu agrado. Cuidate mucho y te mando hartos besos =) ¡Bye!