Nota de la autora;

Primero que nada, mil disculpas por tardar tanto con este capítulo. Solo quería que quedara bien y ha sido difícil para mí encontrar tiempo para escribir, además de que cuando tenía un poco de tiempo libre estaba demasiado cansada. En fin, espero no tardar tanto con el siguiente capítulo. Ojalá os guste.

Capítulo XX — El roce de tu cuerpo

Después de una rápida escapada de Malfoy Manor y de que Hermione les enseñara Grimmauld Place a los recién liberados, todos permanecían en un incómodo silencio.

Se las habían arreglado para preparar un poco de té para todos y todos sorbían de manera inquieta de sus tazas. No hacía demasiado tiempo, quizás sólo unos cinco minutos, desde que el reloj había marcado las seis de la mañana.

Narcisa observaba todo a su alrededor con nostalgia, como si todo estuviera igual que hace tan solo unas cuántas décadas. Su esposo, Lucius Malfoy, permanecía rígido a su lado. El señor Malfoy había optado por no tomar nada, quedándose serio durante toda la estancia.

Hermione tenía miedo de hablar. Quería sugerir que todos deberían descansar, pero sentía que no recibiría otra cosa que hostilidad. A Pansy no le caía bien desde que estaban en Hogwarts, y Daphne no la soportaba. Probablemente el señor Parkinson y el señor Greengrass no la conocieran, pero era una hija de muggles y ellos ex mortífagos. Los padres de Draco... Bueno, Lucius siempre le había tenido asco. Eso era notable para ella, era amiga de Harry Potter y encima una sangre sucia. Con Narcisa solo había tenido contacto una vez, cuando Hermione todavía estaba en sexto curso. A excepción de Draco y Blaise, se sentía bastante violenta.

Y de todas formas... Draco...

Recordó el semblante frío que él había adoptado, y como ni siquiera la había mirado, recordó cómo no le había temblado la mano al levantar la varita y torturar a un hombre, recordó su mirada oscura y las palabras venenosas que habían salido de su boca.

Suspiró ruidosamente y se sonrojó furiosamente al notar como varios de los presentes se giraban a observarla sin descaro, y para su sorpresa, Draco la miró disimuladamente. Fue suficiente para que el rubio notara el gesto cansado de la rizada, por lo que carraspeó.

— Bien, es bastante tarde y ha sido una madrugada larga. Es mejor, ir a dormir —anunció —. Por suerte, la casa de los Black es lo suficientemente grande para que todos podamos dormir cómodos.

— Yo no me pienso separar de mi padre —masculló Daphne, aferrándose al asiento de la butaca en la que estaba sentado Tom Greengrass.

— Podéis dormir en la misma habitación, Daphne — respondió Zabini cansinamente, como si no tuviera ganas de llevarle la contraria a la rubia —. Pansy, ¿tú qué quieres hacer?

— Oh —la morena pareció pensárselo durante unos pocos segundos, antes de responder — yo creo que estaremos bien separados, ambos necesitamos descansar.

El señor Parkinson asintió en acuerdo.

— Madre, padre, vosotros podéis dormir en la habitación matrimonial —dijo Draco acercándose a sus padres, hablando entre susurros. Los señores Malfoy estuvieron de acuerdo, por lo que aquel tema parecía arreglado. Todos comenzaron a subir las escaleras, dejando atrás a Hermione, Draco y Blaise.

— ¿Nosotros como dormiremos? —preguntó Blaise, observando a los dos jóvenes que tenía enfrente.

— Yo dormiré en la habitación de Sirius —replicó Hermione, encogiéndose de hombros. Draco chasqueó la lengua.

— Yo en la de Regulus —se apresuró a decir el rubio. Quería estar cerca de Hermione, no sabía porqué. Parecía extraño pensar en que hace tan solo unas horas, ellos se habían estado besando en aquella misma habitación.

— Supongo que no me queda otra que dormir en la habitación restante —se resignó Zabini.

ooooo

No había sido difícil para Draco conciliar el sueño. En aquel rellano de la casa, solo estaban las habitaciones de Regulus y Sirius, por lo que echó una mirada que Hermione le devolvió antes de entrar y tirarse en la cama de dosel verde.

Apenas dos minutos después ya dormía.

Abrió los ojos, sin embargo, se sorprendió al notar que no estaba en la habitación de Regulus. Si no en un bosque, tenebroso y con un ambiente palpablemente intranquilo.

De repente, un grito rasgó el silencio absoluto. Era un grito horrible.

Y sin embargo, gritaba algo familiar. Gritaba su nombre.

— ¡Draco! — volvió a gritar. Draco palideció, era la voz de...

— ¡Hermione! —gritó, respondiendo. Desesperado, miró hacía todos lados, buscando algo que lo guiara. Aquel grito no era normal, acaso ¿alguien estaba haciéndole daño? Oyó a lo lejos otros gritos, llamándolo, era ella.

Draco, Draco, Draco, Draco, Draco, Draco, Draco.

Comenzó a correr como lunático, agitándose en seguida. Las piedras y ramas se clavaban en la planta desnuda de su pie.

Y como era de esperar, finalmente Draco tropezó, cayéndose bruscamente contra el suelo. Comenzó a sollozar y cerró los ojos.

Al instante, todo se mantuvo negro y en calma. Segundos después, respiraba agitado y sudoroso. Estaba bien, estaba en la cama donde había caído dormido. Miró el reloj de aguja sobre el escritorio de madera de Regulus. Siete menos cuarto. No había dormido tanto, tal vez Hermione estaba durmiendo.

Era una idiotez lo que iba a hacer, pero sentía la necesidad. Se levantó y sintió cómo se mareaba ante aquel brusco movimiento. Caminó hacía la puerta, tocando el pomo, lo giró y se adentró en la oscuridad del rellano. Todo estaba en un silencio sepulcral, lo cual no lo extrañaba, todos estaban durmiendo. Draco giró su cuerpo hacía la derecha.

Respiró profundamente durante unos pocos segundos, antes de abrir aquella puerta y cerrarla silenciosamente detrás de él. Por la pequeña luz que se colaba de entre las ventanas, veía el pecho de Hermione subir y bajar, al vaivén de su respiración.

Cuando dormía, era preciosa. De una manera fascinante. Sintió un alivio inundarlo al comprobar que ella estaba sana y salva, durmiendo.

No sabía cual había sido el preciso instante en el que se había enamorado de Hermione Granger, la sangre sucia, pero lo había hecho.

Draco era patoso en ese sentido. No era un chico extremadamente popular en Hogwarts, era el típico payaso de la clase. Nunca había tenido una novia seria.

Nunca había estado tan cerca de una mujer como lo estaba con Hermione, tanto emocional... como sexualmente. Se avergonzaba, de desearla tanto.

Quería tomarla. Ella... era suya, y tenía que serlo completamente.

Si él la perdía, también se perdería a sí mismo, en todos los sentidos. Se odiaba por eso, pero desde que había llegado a su vida en aquel momento tan poco oportuno. Es extraño como el amor surge en los tiempos más difíciles.

No quería despertarla pero...

Se sentó en un costado de la cama, esperando ¿algo? Ella parecía tan tranquila, angelical, que no quería arruinar eso. Pero... necesitaba escuchar su voz, abrazarla, besarla.

Hermione comenzó a removerse en las sábanas rojas de Sirius. Pareció sorprenderse al ver a Draco allí.

— ¿D-Draco? — preguntó con una voz temblorosa y somnolienta.

El rubio levantó su mano y comenzó a rozar con su pulgar el rostro de la castaña.

— Me estás asustando – dijo Hermione, incorporándose en la cama.

— ¿Puedo dormir contigo? —preguntó Draco. En aquel momento, Hermione sintió cómo se derretía lentamente. Draco parecía vulnerable, en la palma de su mano.

— Sí — replicó Hermione, se movió hacía atrás y dejó un hueco para el rubio. Este se introdujo en el hueco y dejó que Hermione lo envolviera con sus brazos.

No quería dejar escapar esa oportunidad, Hermione acarició cuidadosamente el pelo rubio de Draco y susurró en su oído.

— ¿Qué ha pasado? — inquirió Hermione, con un deje de curiosidad.

Después de unos segundos de silencio, la castaña finalmente pensó que Draco no se iba a dignar a responderle.

— He soñado contigo, y no ha sido precisamente bonito —murmuró Draco, como si temiera hablar muy fuerte —. Quería asegurarme que todo estaba en orden.

Di que te importo, Draco pensó Hermione

— ¿Qué pasaba en tu sueño?

— ¿De verdad quieres saberlo?

— Es por algo que pregunto.

— Tú... estabas gritando. Y yo intentaba buscarte, pero corrí mucho y aún así no te encontraba. Parecía que te hacían algo horrible. Entonces me caí —le relató Draco brevemente.

La boca de Hermione se formó en una pequeña o. Si leía entre líneas, eso significa que ella importaba a Draco Malfoy. El mismo que la odiaba hace años. Él.

— Draco, date la vuelta —ordenó Hermione.

El Slytherin se dio la vuelta y ambos quedaron cara a cara. Como si sus respiraciones se mezclaran, y sus pestañas hacían cosquillas al rozarse.

— Estoy bien, no tienes de que preocuparte —le dijo Hermione, sonriendo débilmente.

Draco permaneció serio en aquella posición, quería preguntarle a Hermione algo lo cual no dejaba de martillearle la cabeza.

— ¿Qué va a pasar cuando termine todo esto? — preguntó Draco con un deje de amargura en la voz. Ambos sabían a que se refería el rubio, a todo este tormento con los Nott, cuando ellos dos volvieran a su vida normal. Y posiblemente él fuera encerrado en... Azkaban.

Hermione tragó saliva lentamente. Se quedó sin aliento, aquella pregunta era algo que ni ella misma había atrevido a preguntarse.

— No quiero alejarme de ti, después de todo lo que hemos pasado — comenzó a decir Hermione, tenía miedo de asustarlo poniendo etiquetas entre ellos.

La mano derecha de Draco, que reposaba en la mandíbula de Hermione, bajó hasta su nuca y la atrajo hacía él.

Dejó un pequeño beso húmedo y lento sobre la comisura de los labios de Hermione. La castaña había cerrado los ojos ante este contacto, entre abriendo sus labios.

Draco notó como los labios de Hermione volvían a establecer contacto con los suyos, en un beso lento y casi frágil, algo que Draco podría llegar a calificar hasta de romántico.

Pegaron sus cuerpos, a su lado, Hermione estaba fría. De una forma u otra, la combinación perfecta. Ellos dos lo eran.

En pocos segundos, el beso subió de intensidad, dando lugar a sus lenguas. En una especie batalla fogosa, Hermione rodó hasta ponerse a horcajadas encima de Draco, revolviendo su cabello rubio entre sus dedos. Las manos grandes del rubio, en cambio, acariciaban por debajo de su camiseta la cintura de Hermione.

Hermione ya había estado en varias situaciones parecidas con Ron, sin embargo, esta vez se sentía cómoda y segura. Quería hacerlo. Ella era suya y él era suyo.

Lo quería.

Y por extraño que pareciese, Hermione Granger se había enamorado de Draco Malfoy, mortífago y creyente de la pureza de la sangre. Y cuanto más pensaba en el hecho de que Draco estaba luchando contra todos sus principios y creencias, por estar de aquella forma con ella, más sentía amarlo.

Se detuvieron durante unos pocos segundos, en los que Hermione se deshizo de su camiseta y después, se miraron fijamente.

— ¿Estás segura? —preguntó Draco. Hermione asintió en silencio, en la penumbra del cuarto. Ayudó al rubio a quitarse su ropa, quedándose en ropa interior. Pronto, ella hizo lo mismo con su pantalón.

— Hermione... —murmuró el rubio, mientras pegaba su nariz a la de ella —. Nunca he estado tan cerca de otra persona... En todos los sentidos. Vas a ser la primera.

Hermione, sorprendida por su confesión, dejó escapar un deje de aliento. Y después, bajó la mirada al antebrazo de Draco, donde descansaba la marca tenebrosa. Rozó con la yema de sus dedos la tinta impregnada en la piel de Draco.

— Te quiero —susurró. Era completamente diferente al del día anterior. Esas dos palabras, se habían vuelto más puras, más sinceras.

Sabía que Draco no iba a decirle lo mismo, lo conocía lo suficiente como para saber aquello.

Volvieron a besarse, y lentamente, los labios de Draco comenzaron a bajar por el cuello de Hermione, dejando un reguero de besos. Hasta llegar a los senos de la castaña, donde deslizó su sujetador, dejándolos libres. Lamió uno de sus pezones, y con su otra mano, acarició el restante con su pulgar.

Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Hermione, haciendo que su vello corporal se erice.

Draco permaneció ahí, succionó con la boca aquel pezón, provocando un pequeño gemido por parte de la castaña.

Las manos de Hermione recorrieron la espalda desnuda del rubio, sentía como la notable humedad de su entre pierna crecía. Quería más.

Sostuvo el rostro de Draco entre sus manos, haciéndolo que la mirara, para darle un pequeño beso. Movió sus manos y bajó la ropa interior del rubio, dejando libre su notable erección.

Draco hizo lo mismo con las bragas de Hermione, dejándolas caer lejos de ellos.

Se puede decir, que aquella madrugada, sucedió algo mágico entre ellos dos.

oooooo

Draco abrió los ojos. Esperando encontrarse solo, se alivió de hallar a Hermione durmiendo a su lado. Ambos estaban desnudos, entrelazados. Sonrió casi imperceptiblemente.

Observó la hora en el reloj que Sirius tenía en una de sus mesillas de luz. Eran casi las doce de la tarde.

Zarandeó levemente a Hermione para despertarla, después de unos breves instantes, la castaña abrió los ojos y se giró.

— ¿Qué pasa? —preguntó.

— Tenemos que bajar —respondió Draco. Le hubiera gustado haberse quedado así para siempre, pero no podían.

Ambos comenzaron a vestirse y Hermione trató de acomodar su salvaje cabello, pero sus rizos parecían un caso perdido.

— Déjalo, así está bien —dijo Draco, y para sorpresa de Hermione, se acercó a ella sonriendo y dejó un beso en su frente — Baja tú primero.

— Está bien —respondió Hermione. Se había levantado de buen humor y al parecer, Draco también.

Salió de la habitación y bajó las escaleras hasta llegar a la cocina, donde se encontraban Blaise y el señor Malfoy, al parecer, tomando más té.

— Buenas tardes —dijo la rizada, acercándose a la encimera para servirse una taza.

Draco esperó unos minutos antes de bajar y reunirse con Hermione en la cocina, donde al parecer, también estaban Blaise y su padre. Cuando entró, no se dignó a decir nada, con semblante serio, cogió un vaso y se sirvió agua fría. Miró a su padre durante unos segundos.

— ¿Dónde está madre? —preguntó.

— Estaba cansada y dijo que iba a quedarse un rato más en la cama — respondió Lucius a su hijo. Se parecían tanto, ambos tenían ese porte elegante y petulante, además de que fruncían el labio cuando adoptaban un gesto serio.

— Iré a verla — replicó Draco. Sin esperar respuesta por parte de nadie, salió de allí y subió las escaleras, pasando por varios rellanos, hasta llegar el último rellano, donde se encontraba la habitación matrimonial. Tocó la puerta dos veces, pero al no obtener una respuesta, la abrió. No había rastro de su madre allí. Extrañado, cerró la puerta y permaneció de pie y pensante durante unos segundos.

Una habitación con la puerta abierta le llamó la atención, pues desde su perspectiva parecía completamente vacía. Decidió entrar y para su sorpresa, su madre estaba allí. La habitación tenía unas paredes tapizadas de verde y con hilos dorados, parecían formarse lo que parecían árboles genealógicos.

— ¿Madre?

Narcisa se giró levemente sorprendida. Tenía la mano puesta sobre una parte específica del tapiz, en la cual ponía 'Draco Malfoy'.

— ¿Qué es esta habitación? — preguntó Draco, mirando a su alrededor.

— Es el árbol de nuestra familia — respondió la mujer —. Probablemente mi tía te hubiera quemado de él, al igual que lo hizo con mi hermana Andrómeda.

— ¿Por qué? —replicó el rubio con curiosidad.

— Eres un traidor a la sangre, pero aún así, no tengo nada que reclamarte. Yo también lo sería por estar de acuerdo con tus acciones, Draco —murmuró, acercándose a su hijo y acariciando un mechón de cabello platino.

— ¿A qué te refieres, madre?

— Sé que tienes algo con esa chica, Hermione Granger, es una impura. Y sin embargo, no estoy en desacuerdo en que tengáis... algo. Creo que los prejuicios han hecho suficiente daño en esta familia, sobre todo a ti, y no dejaré que nada te impida estar con esa chica, si te hace feliz — declaró la señora Malfoy. Draco la miró con admiración y se acercó para abrazarla como un niño pequeño, a lo que Narcisa lo envolvió con sus brazos.

— Gracias mamá —susurró el rubio. Hacía mucho tiempo que no la llamaba así. Además, de que había extrañado demasiado a sus padres, el no saber dónde estaban lo había preocupado en exceso.

Al cabo de unos segundos se separaron. Draco se sorprendía de lo bien que lo conocía su madre.

— Vamos, hijo, tu padre debe estar esperando —dijo Narcisa. Y ambos salieron de aquella habitación.

ooooooo

Hola! Mil perdones mis amores. Este capítulo iba a ser más largo, todavía faltan varias escenas pero tenía ganas de publicarlo ya. ¿Qué opinais? Me siento realmente mal e irresponsable por tardar tanto en publicar. Ojalá os guste, ha sido un capítulo especialmente centrado en el dramione jajaj. Besos.