Bueno, ante todo, mereceis una explicación respecto a porqué he tardado tanto en actualizar. Primeramente, pensé en dejar este fic, porque lo comencé de broma con una amiga y llevó meses sin saber nada de ella asi que no estaba de humor.
Luego, seguidamente, me rompí un pie con lo que mi depresión fue a más y más. Estaba nerviosa porque no sabía si perdería mi trabajo al darme de baja. Todo ha sido muy complicado. Pero vi muchos comentarios preguntandome si iba a continuar la historia y he decidido continuar. Lamento la espera y cruzo los dedos porque os guste el capítulo.
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Un escalofrío le recorrió el cuerpo. El mismo que sentía cuando salía del baño después de haber tenido un poco de intimidad y su madre le esperaba fuera con aquella mirada inexpresiva. Era como si sintiese que se estaba acercando. No, no podía ser eso. Era muy tarde y ella estaba muy lejos.
Petra parecía mover los labios mientras se secaba la mano con una toalla. Había dejado de oír nada después de aquella frase que le había dejado en un estado similar al coma.
La puerta de la entrada se abrió con sigilo para volverse a cerrar. El sonido del cerrojo al echarse desde fuera le sacó de su trance. Hanji y el profesor había desaparecido: estaban solos. De nuevo aquella incomodidad sin saber qué hacer o qué decir.
¿Terminarían enterándose aquellos dos cotillas de su accidente? No, Petra no se lo contaría. Pero Hanji... Hanji seguramente lo haría, y se reirían de él durante semanas. Maldita sea, ni siquiera sus compañeros de clase se burlaban tanto de él. Pero aquellos tres...
- Auruo, Auruo. Venga, vamos, quítate la ropa de una vez – interrumpió la voz de su novia de nuevo – Llevo un rato esperando.
- P-pe-pero... - ¿porqué tenía que sonar así de nervioso? De aquella manera nunca conseguiría mostrarse como realmente quería delante de ella.
- Vamos, no va a pasar nada. Pero si no te quitas la ropa no podré limpiarla. Voy a poner la lavadora.
- P-pero l-la... - malditos balbuceos – La última vez no tenías nada para qu-que me pusiese.
- Ya, sí. Lo siento, no puedo prestarte nada. Pero date prisa, y quitate la ropa de una vez – inquirió extrañamente nerviosa.
- P-pero... me... me quedaré...
- ¿Desnudo? Sí, ¿y qué importa? - a veces, en aquellos momentos en los que se mostraba tan tímido no sabía si pegarle o casarse con él. ¿Por qué tenía que ser tan tonto?
- …...
- ¿Te da vergüenza desnudarte delante de mí? - se acercó peligrosamente hacia él mientras sonreía con suficiencia.
- N-no. ¡No! P-por supuesto que no. Tche. No soy tan idiota... – escupió sin confianza.
- Si yo me quitase la ropa también, ¿estarías más tranquilo? - intentó sonar lo suficientemente sensual. Ahora estaban a solas, y no dejaría que huyese esa noche.
- …... - definitivamente no, no estaría nada tranquilo.
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Sin saber como había degenerado todo aquello, se vio envuelto en su extraño complot. Desnudo dentro de la cama de ella y envuelto en las sábanas, controlando su respiración para no ponerse más nervioso. Sentía como si mancillase aquellas finas capas de tela al dejar que cubriesen su inmundo cuerpo. Pero, por otro lado, ¿cuántas veces habían arropado aquellas sábanas el cuerpo de Petra?
Volvió a suspirar mientras oía en la lejanía como golpeteaba los botones de la lavadora. Aún estaba lejos. Y vestida, aún estaba vestida. No había dicho que fuese a hacerlo. Tal vez solo había sido una broma.
Como las que solía gastarle Hanji y que cada vez le gustaban menos. Rezó internamente para que la constante cohabitation con aquella extraña mujer durante tanto tiempo no hubiese hecho que se le pegase alguna de sus excentricidades. Aunque, por otro lado, ¿si no le decía nada perdería la oportunidad de avanzar con ella?
Aquello que tanto deseaba hacer... No, debía aguantar, no era aquel indeseable que la había forzado hasta el punto de... No, él no era así.
Procuró enrollarse aún más en las sábanas cuando notó que la luz se apagaba. Tal vez si fingiera estar dormido... Cerró los ojos intentando olvidar la conversación de hacía un rato. Tal vez si ella no recordase lo que había dicho no tendría porque hacer nada y pudiese pasar tranquilamente la noche.
Pero, al igual que cada día que pasaba junto a ella, dar algo por hecho era imposible.
- ¿Qué haces enrollado en mi edredón? - aquel tono tan parecido al de su madre - ¿Tienes frío?
- N-no.
- Eres tan tonto... - le acarició la nuca notando como se tensaba.
- Comenzáis a cansarme con ese mote... - se agazapó más contra la pared dándole la espalda.
- Aún no has respondido a mi pregunta... - se introdujo entre las sábanas intentando despegarlas de la piel del chico que tiraba con más fuerza en aquella especie de rollo que había hecho de sí mismo.
- …... - ¿sobre sí quería que se quedase desnuda? Creía haberle dejado claras las intenciones cuando le tiró su ropa a través de su puerta cerrada – No recuerdo de que me estás hablando... - se esforzó en disimular.
Intentó sopesar la situación tranquilamente, su novio, el chico más inocente y estúpido que conocía, muerto de vergüenza y desnudo en su cama. Quizás sonase algo egoísta, pero no pensaba dejar que pasase esa noche sin avanzar otro paso en esa caótica relación. Pero, necesitaba algo para relajarlo, y tal vez sería mejor que ella también cediese un poco.
Se ajustó a su lado e intentó coger su mano temblorosa y sudada. Sin forzar y descansando la cabeza justo al lado de su hombro. Cubierto por sus sábanas de algodón estampadas.
- Cuando tenía 16 años, Hanji llegó a mi casa en una extraña motocicleta. Nunca averigüé de dónde la había sacado. Y tampoco sé donde ha terminado, hace años que no la veo. Pero tenía un brazo sangrando y sonreía como si no le doliese nada de nada.
- ¿Se había peleado? - Hanji siendo una gamberra en su juventud, no sabía porqué no le extrañaba.
- Algo así. Me dijo que se había ido al zoológico para estudiar a un león que habían traído recientemente. Como no le dejaban acercarse, saltó la valla y se coló en la jaula.
- ¿L-le mordió el animal?
- No, no. Por lo visto se mostró dócil. Pero ella se rajó el brazo al huir de los guardias.
- No se porqué no me extraña.
- Ese día, Hanji apareció por la puerta de mi casa sangrando, se metió en mi cuarto y se desvistió y me pidió que le ayudase a curarse las heridas. Decía que si su madre la veía así le regañaría y no quería preocuparla. E-esa fue la primera vez que la ví desnuda. Me sorpendió su falta de pudor. Menos mal que mi padre trabajaba y no tuve que explicarle el porqué de una chica desnuda y cubierta de sangre en mi habitación.
- Me extraña que siendo como es aún no la haya visto yo también... - añadió sin querer.
- ¿¡Prefieres ver a Hanji desnuda antes que a mí!? - gritó alarmada.
- ¡N-n-no! ¡Prefiero mil veces verte a tí que a ella! ¡Miles de veces más! - contuvo el aliento un momento – Q-quiero decir...
- ¿Sabes cuando me vio ella a mí?
- No estoy seguro de querer conocer esa historia...
- Fue cuando Kabei y yo...en fin... Él se fue aquella tarde sin decirme nada. C-cuando terminó. Así que como no podía volver a casa de mi padre, fui a que me consolase. Hanji me llevó hasta el baño y comenzó a quitarme la ropa. P-para lavarme. Para que mi padre no me viese así. Y me dijo que si se daba cuenta de algo, diríamos que había ido con ella al zoo a colarnos en la nueva jaula del tigre amazónico.
- Creo que ese hijo de puta acaba de añadir otra cosa más a la lista de razones por las que quiero matarlo.
- Escucha. A mí me daba vergüenza, pero Hanji ni se burlaba ni nada. Estaba seria, como pocas veces la he visto. Me prestó ropa suya y llamó a mi padre diciendole que me quedaría con ella esa noche. Fue muy gentil.
- Tendré que agradecerle eso cuando la vea... - sin darse cuenta se giró hacia ella para peinar aquel mechón rebelde que solía escaparse para tapar su cara.
- Auruo... - se acercó más rozando sus labios.
- Dime... - cerró los ojos lentamente enfocandose en besarla.
- Has bajado la guardia.
- ¿Qué?
Antes de que pudiera recordar las intenciones de Petra, la sábana que tan afanosamente había enrollado alrededor de su cuerpo le abandonó dejándole totalmente expuesto. La ligera brisa que emitía el trozo de tela al volar sobre su cuerpo le hizo sentir como si estuviese en la Antártida.
Silencio. Solo silencio. No tuvo tiempo de reacción ni para taparse aquella zona que no deseaba que ella viera. Y menos tras lo sucedido antes. Pero Petra se limitaba a mirarle sin decir nada. De arriba hacia abajo, deteniendo su mirada en ciertas partes. Mientras le examinaba tan exhaustivamente, él solo podía hacer esfuerzos para no volver a cometer el mismo error. Concentrarse pensando en otra cosa.
No sabía si agradecía el que Hanji no estuviese en la habitación de al lado riendose. O que su madre no supiera que estaba completamente desprovisto de ropa con su pareja a su lado examinándole como si de un espécimen se tratase. Intentó relajarse recordando que ella era doctora. No había nada en su cuerpo que debiera sorprenderle.
Y si quería que, aquello que sus últimos años de adolescencia tanto le habían hecho ansiar, pasase, tenía que perder ese estúpido nerviosismo. Pero nada, ella se había quedado atascada en el responsable de haberla manchado antes. El cual, para su desgracia, se mostraba más obediente ahora que antes, cuando realmente lo necesitaba calmado.
-...- ¿por qué tenía que estar callada tanto rato? - N-no es nada del otro mundo. Creo...
- Auruo, tienes 18 años, ¿cierto?
- Sí - ¿a qué venía eso ahora?
- ¿Sabías que los hombres pueden crecer hasta los 21 años? O incluso más.
- Agh. Mi madre se quejará si me vuelvo más alto. Dice que ya es un fastidio que no pueda compartir ropa con mi padre.
- ¡I-idiota, no estoy hablando de tu estatura!
- ¿Qué? No entiendo.
- Es igual – cambió de tema repentinamente – ¿Qué te parece...si igualamos esto?
Sus dedos corrieron más que su mente sujetando el pequeño jersey que cubría su delicado busto y reteniendolo cubriendola completamente. Se quedó pensativo un momento mientras reunía fuerzas para no despreciarla inútilmente.
Fijó su vista en ella sin pestañear, de una manera tan masculina y madura como pocas veces lo había visto. Sonrió con cariño mientras apartaba sus manos de el delicado trozo de tela que protegía su cuerpo. Los ojos de Auruo se cerraron con fuerza forzándose a sí mismo a no mirarla.
Sentía su delicado aliento acariciando las perlas de sudor de su frente. Y luego sus labios rozando su cabello despeinado mientras le instaba a abrir los ojos.
- Se que no es tan bonito como aquel dibujo que hiciste... - aquellas palabras sonaban tan dolidas que no pudo evitar abrir sus párpados para contemplarlo.
Aquella delicada piel expuesta le hizo sentirse tremendamente patético. Que toda aquella autoconfianza que había desarrollado tras años y años de afanoso dibujo no habían servido para nada. Ni una sola línea parecida a las que tenía en su imaginación. Comparada con sus toscos trazos, las suaves líneas de su cintura continuando en su pecho parecían brochazos hechos por un niño.
- Soy el peor dibujante del mundo – susurró mientras acariciaba su espalda desnuda – No conseguí hacerte justicia.
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Unos pasos apresurados, varios golpes contra las paredes. Sí, esa era su manera tan característica de aparecer. Hizo un repaso a su nuevo mobiliario. Por el bien de su nómina esperaba que no rompiese nada esta vez.
La puerta se abrió con brusquedad seguida de un portazo para cerrarse. Un hombre joven de baja estatura entró y se sentó en el pequeño sillón que quedaba frente a su escritorio sin decir nada pero mirándole con aparente enfado.
- Buenos días a tí también, Rivaille.
- No me vengas con esas mierdas. ¿A qué ha venido ese mensaje?
- Supongo que no pretenderías escaquearte este año también. Llevas cuatro años seguidos evitandoles. Creo que por un año podrías comportarte bien.
- Tche, no puedo ir. Tengo planes.
- Eso llevas diciendo todos los años. No puedes marcharte todas las navidades. Tienes una serie de responsabilidades con tu familia y-
- He dicho que tengo planes, Erwin. Me dan igual tus excusas. No voy a ir. Y no tengo ganas de verlos.
- ¿Planes con quién? - interrumpió una voz femenina a su espalda.
- Maldita sea...
- Buenos días Hanji, pensaba que estarías en casa. - musitó amablemente el hombre de cabello rubio.
- Oh, no, estaba con el idiota de tu hermano. He venido a la biblioteca a buscar libros y ha desaparecido de repente dejándome sola.
- Disculpa, lo he llamado yo, tenía algo que comentarle y-
- Me da igual Erwin. Te he dicho que no quiero ir así que deja de insistir.
- ¿Insistir en qué? - continuó la conversación la chica.
- Nada interesante Hanji, vámonos a casa.
- …. - por unos instantes contempló la posibilidad de usar a aquella extraña mujer a su favor. No sabía como, pero si ella lo pedía, el problemático chico aceptaría – Verás, Hanji...
- Ni se te ocurra Erwin, es una pesada. Vámonos, Hanji.
- … Resulta que nuestros padres querían que pasasémos la navidad juntos, pero Rivaille... - continuó ignorándole.
- Erwin...
- ¡Cállate, quiero oírle!¡No seas aburrido!
- Mierda...
- A pesar de todo lo que hemos aguantado todo este tiempo con todos los problemas que nos ha dado – continuó su relato enfatizando la palabra "problemas" - Aguantando todas las disputas que ha tenido con numerosos compañeros. Las peleas... A pesar de ello se niega a pasar el día de navidad con nosotros. Y teníamos pensado organizar algo ya que es el aniversario de su nacimiento...
- Entiendo – se giró hacia el hombre el cual buscaba una manera de liberarse de lo que se le acontecía – Ve a pasar tu cumpleaños con tu familia.
- No me da la gana.
- He dicho que vayas.
Erwin se recostó hacia atrás en su sillón sabiendo que su plan tendría éxito. Como era de esperar la disputa no tardó en iniciarse. Tomó lentamente su habitual taza de café mientras observaba a ambos jóvenes discutir. De alguna manera extraña tenían un comportamiento similar al de una pareja recién casada.
Recién... Algo extraño y brillante llamó su atención. Cubriendo el dedo de Hanji. Exactamente su dedo anular. Dirigió su vista hacia el dedo homónimo del hombre descubriendo un anillo similar, en el mismo dedo. No le era familiar. Absolutamente inesperado.
Recordaba varias semanas atrás ver a Rivaille con un extraño anillo de plástico que asoció a una broma de Hanji durante aquel viaje de dos semanas en el que se escaqueó de su trabajo. Agudizó la vista y observó junto al nuevo anillo el otro de plástico. Ambos lo llevaban. ¿Aún?
Entonces, ¿qué significaba el nuevo? Tratándose de aquellos dos sería algún tipo de apuesta. O probablemente otro de sus juegos extraños y complicados que nunca llegaría a entender.
- Arreglado Erwin, Rivaille será un niño bueno e irá a casa en navidad.
- Gracias Hanji, mis padres te lo agradecerán. Y yo también.
- Un momento Hanji – interrumpió Rivaille - ¿Me vas a dejar solo con esos tres cuyo significado de la diversión es hablar de facturas?
- Tu sentido de la diversión es peor. Para tí pasarlo bien es hacer limpieza primaveral.
- Me da igual, si me obligas a ver a los padres de Erwin, tú vendrás conmigo.
- ¿En navidad? Yo suelo pasar las navidades con Petra y su padre pero... Espera, tengo una idea.
- No, sea lo que sea no. Tú vendrás a pasar esta tortura conmigo y punto. - exclamó preveyendo sus intenciones y leyendo la sonrisa misteriosa y triunfal de Erwin.
- Podemos organizar una fiesta en tu casa y...
- No, Hanji. No.
- ….Invitar a los padres de Auruo, sus hermanos, tus padres, Erwin, el padre de Petra, Erd, Gunter...
- ¿Se puede saber dónde vas a meter a toda esa gente en mi casa?
- ¿Eso es un sí?
- Eres tan insoportable...
- Decidido pues Erwin, el cumpleaños de Rivaille lo celebraremos con él. Me aseguraré de hacer un pastel rico – reflexionó unos segundos algo pensativa – Me aseguraré de que Petra haga un pastel rico – rectificó.
- Voy a odiar durante el resto de mi vida que ambos os hayáis conocido... - farfulló con desgana mientras observaba a ambos intercambiar ideas para el evento.
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Un escalón. Otro. Otro más. Era tan cansado subir tantas plantas por las escaleras... Miró con cansancio a la pequeña figura tras de sí. Por ella tenía que subir aquellos escalones. Conocía bien su miedo al verse encerrada en un espacio cerrado. Y no pensaba en absoluto agravar más ese miedo.
La chica parecía algo nerviosa y confusa, probablemente porque había tomado algún tipo de desición que aún no estaba segura de hacer. O simplemente estaba agotada de subir tantos pisos. Fuera lo que fuese, la había arrastrado hasta allí sin explicarle nada.
Se detuvo en alto y se giró hacia la chica sorprendida por su reacción. Bajo varios escalones hasta estar a su misma altura y la miró seriamente esperando una explicación para su actitud callada y pensativa. Una actitud que se había repetido durante las últimas semanas. Desde el día en que decidió brindarle un poco de intimidad con aquel torpe chico.
Por más que le había insistido no había querido contarle en que desembocó aquel día. Solo se limitaba a sonreír en voz baja y cepillarse el pelo con los dedos. El chico, por su parte, se quedaba embobado durante horas como si viese a través de la ropa de Petra. Por unos instantes pensó que tal vez hubiesen dado ya aquel paso que Petra deseaba tanto. Pero, al observar el nerviosismo del chico, no tardó en deducir que no habían llegado a ese punto.
Continuó mirándola fijamente mientras Petra le esquivaba la mirada. No daría su pie a torcer si no la provocaba. Afortunadamente para ella, convencerla de algo era más sencillo que convencer a su pareja para celebrar su cumpleaños rodeado de 20 personas.
- Venga, dílo. No me moveré hasta que lo digas.
- Hanji... No seas quejica, solo sigue subiendo peldaños y enseguida llegamos.
- Dejame que adivine... - se acercó más a ella como si examinase un espécimen comprobando cada uno de los rasgos en su actitud – Últimamente vosotros dos os esquiváis las miradas. Y no habéis salido mucho juntos.
- A-Auruo está de exámenes y...
- Mentira. De hecho, mañana Rivaille iba a ponerle un exámen sorpresa y seguramente se lo habrá dicho a Auruo para que estudie. Si va a estudiar hoy, ¿qué hacemos aquí? ¿No estabas evitandole para que se concentrase en estudiar?
- Yo...
- Además, ¿qué hago yo aquí? Cuando Rivaille está ocupado con sus cosas aburridas de profesor prefiero no pulular a su alrededor. Había conseguido una entrada para el jardín botánico e iba a ir con Erd, pero debido a tu insistencia en que te acompañase tuve que darle mi entrada a Gunther.
- P-perdón. P-pero necesito tu ayuda...
- ¿Ayuda para qué?
- De acuerdo te lo contaré – la actitud de su amiga cambió repentinamente colocándose más cerca y escuchando con atención – Auruo y yo... nos vimos desnudos...
- Eso ya lo supuse. Cuando llegué al día siguiente su ropa aún estaba dentro de la lavadora. Bueno cuentame, te dije que no estaba mal, ¿a qué no?
- …... - avergonzada por haber sido tan fácilmente descubierta, aunque no sabría si decir si más nerviosa por el hecho de que su mejor amiga había visto desnudo a su novio antes que ella. - S-si tuviera que comparar a Kabei y Auruo...
Hanji la miró confundida. Petra parecía extrañamente contenta y sus mejillas se tornaban rosadas cada vez más. Levantó un dedo meñique de una mano y cerró el puño de la otra, poniéndolas una al lado de otra.
- Jajajajajajaja. Sabía que Kabei era patético hasta para eso. – rió con ganas.
- No es la única diferencia. Auruo es más cariñoso y entregado. Y me trata mejor. No hay comparación entre ambos. Pero... a este paso no se cuando podré llegar hasta el final con él...
- Ya veo... Has visto el envoltorio y ya quieres el resto del regalo.
- N-no lo digas de esa manera, me haces parecer una pervertida. ¿Acaso no pensaste tú lo mismo cuando viste al profesor?
- No hizo falta. La primera vez que lo vi desnudo Rivaille y yo hicimos preliminares al sexo. Era la primera vez que veía a un hombre correr-
- Gracias, pero no necesito más detalles – la interrumpió antes de que continuase la frase. - Aquel día yo intenté... a Auruo...
- Masturbarle.
- …. - igual que siempre, sin pudor – S-sí, pero no estoy muy segura de volver a intentarlo de esa manera. Él se pone muy nervioso con el tema del sexo. Me miente y me dice que no, pero cuando intento tocarle se pone tenso y... Y no consigo que hagamos nada. Así no avanzamos...
- Pues pídele a él que te haga algo.
- Ah, bueno. Eso... Yo...No es que no quiera... Pero... Quiero decir... - ¿a qué venía esa actitud tan esquiva?- Kabei nunca... nunca hizo nada así... por mí.
- Pues ya que Auruo es un chico entregado, dudo que se niege. Vale, de acuerdo. Me llevaré a Rivaille para dejaros a solas.
- Espera, ¿c-crees que podrás convencerlo? Te he traído por puro instinto, pero si el profesor se va a cabrear no es necesario, ya lo intentaré poco a poco. Aunque sea dentro de cinco años... - comentó algo asustada mientras Hanji se acercaba a la puerta de entrada y golpeaba con los nudillos la fibra de madera.
- Oh, sí. Le conozco bien. Ahora me detesta por obligarle a celebrar su cumpleaños, solo hay una cosa que hará que se le pase ese cabreo.
- ¿El qué?
La puerta se entreabrió mostrando a un pequeño hombre con rostro enojado. Antes de que pudiese cerrarla de nuevo al ver a sus visitantes, Hanji se interpuso y se tiró encima de él derribándolo al suelo.
- ¿No te ibas a ver plantitas? Dejame en paz, tengo que preparar un examen.
- Bah, ya tendrás tiempo para suspender a toda la clase. Ahora necesito que me acompañes a comprar algo.
- Si quieres volver a comprar anfibios para diseccionarlos ya te dije que no me interesaba. Conformate con los insectos que encuentres en la pocilga que llamas habitación.
- No seas aburrido y ven conmigo a comprar. - si quería ganar una batalla tendría que perder antes una guerra. Suspiró en voz baja mientras se repetía mentalmente que aquel sacrificio era por el bien de su mejor amiga – Quiero ponermelo el día de tu cumpleaños.
- ¿Ponerte el qué? ¿Un disfraz absurdo y estúpido? Si vas a presentarte ese día así te relegaré a la mesa de los niños.
- Te arrepentirás de haber dicho esas palabras cuando me veas con él puesto.
- Si planeas ponerte un traje de mitocondria no me impresionarás demasiado. Es típico de tí. ¿O no será aquella bobada del disfraz de perrito caliente que gritabas hace varios días? En ese caso, no pasarás por la puerta de mi casa.
- No es un disfraz, tonto. Voy a comprarme un vestido.
- …... - ¿impactado tal vez por la noticia? - Un vestido – repitió – Tú. Un vestido.
- Sí – se acercó a él susurrando – Muy, muy corto.
- …... - se giró hacia atrás dirigiendose a la habitación de invitados – Mocoso, salgo un momento. Más te vale que la casa esté igual sin una mísera mota de polvo cuando vuelva.
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Volvió a mirar el reloj impaciente. Llevaba allí más de media hora. El tiempo se le acababa. Hanji se lo había pintado de manera muy sencilla, pero a la hora de la verdad, no sabía de que manera abordarlo. Sentada sobre su cama, mirando su coronilla mientras él repasaba algún tema.
- ¿D-de qué es el examen?
- A-anatomía. El profesor dio hace varios días una clase sobre la evolución de los órganos reproductores, p-pero como no le prestaron mucha atención... Se enfadó y...
- Quiso poner un examen.
- S-sí.
- …. - se acercó por detrás hacia él mientras seguía pensando de que manera seducirlo o convencerlo para dar un paso más. - Es una lección muy importante si quieres ser ginecólogo. Cuando yo estudiaba, el profesor trajo un día un molde para que pudiesemos estudiar mejor. Pero las chicas se pusieron celosas y cabreadas y lo pintaron.
- Ya veo...
- Es una pena porque te hubiera venido bien. No se como vas a ser ginecólogo si tienes tanta timidez frente a la zona inferior de una mujer... - intentó encauzar el tema.
- N-no soy tímido.
- Lo eres.
- No lo soy.
- Oh, venga. No seas cabezota. Aún recuerdo cuando te desmayaste ante aquella mujer mayor en la consulta del doctor Hawk.
- Agh, confiaba en que hubieses olvidado aquello...
- ¿Por qué iba a olvidarlo? Fue tan tierno...
- No fue tierno, fue patético.
- Si tienes alguna duda, puedes contar conmigo – terminó de sugerir.
- No hace falta. Tampoco es un tema tan difícil. Solo tengo que memorizar conceptos y-
- No hablaba del examen.
- ...¿Qué?
- … Hablaba... - tragó saliva antes de anunciar lo que llevaba media hora pensando – De la práctica.
- …. ¿P-práctica?
- Para cuando seas doctor. Puedes practicar conmigo, si quieres.
- E-esas b-bromas le pegan más a Hanji o a Erd.
- No estoy bromeando...
Y de repente, antes de que pudiese apartar la vista de ella, sus manos recorrían el pequeño cierre de su falda. Luego esas medias que recorrían sus pequeñas y esbeltas piernas. Y después... Todo se volvió negro mientras intentaba no perder la consciencia.
De nuevo la hermosa imagen de su cuerpo desnudo frente a él. Los nervios le recorrían el alma. Aunque intentase tragar saliva notaba la garganta tan seca que dolía el hacerlo. Se sentó delante de él acariciandole la cabeza. No podía apartar su vista de aquella zona que vio hace semanas.
Quizás era un idiota o comparado con aquella mujer enferma, esa zona íntima era la cosa más bonita que había visto nunca. Intentó mirar hacia arriba, notando como sus mejillas ardían a cada momento. Petra parecía reírse de él. No, no podía ser tímido.
- M-muy …...muy sana – finalizó intentando ser profesional – N-no hace falta ningún tipo de exploración exhaustiva. Podemos concluir que es una chica... sana.
- Auruo... hazlo... - comentó dulcemente.
- ¿El qué? - las piernas de Petra se cernieron sobre su nuca acercándole peligrosamente. Podía sentir ese extraño olor que no sabía porqué le encantaba.
- C-con la boca...
-...
Aquello que temía y ansiaba. No conocía demasiado de aquello. Debido sobre todo a la poca información aportada por sus progenitores y a sus pocas ganas de escuchar a su madre relatándole cómo se hacía.
Ella respiraba alterada. ¿Estaba haciendo algo más? Quizás la presión de su nariz en los muslos de ella intentando moverse le dolía. Pero aspirar su aroma a flores y jabón no le permitía relajarse. De nuevo la garganta seca. ¿Que tenía que hacer? Tal vez tocarla... ¿pero cómo?
Quizás todas aquellas veces que su madre intentaba contarle todas las veces que "hablaba" con su padre cuando era joven no habrían sido tan malas. Al menos era una fuente de información. Se impacientaba, podía notarlo en la piel desnuda de sus muslos al temblar.
Petra se sentía avergonzada por intentar de esa manera tan poco romántica que él diese el paso. Lo notaba tenso y pensativo. Seguramente pensando que ella estaba desesperada o que era patética. Comenzaba a impacientarse y a pensar en una manera de fingir que era una broma cuando la mirada de él cambió.
Se acercó aún más a ella y frunció los labios pegandolos a aquella zona tan conflictiva. Tardó unos segundos en comprender que estaba haciendo. ¿Un beso? ¿Le había dado un beso? ¿Ahí? Contuvo la respiración unos segundos, tal vez solo quisiera ser cariñoso.
Pero seguía callado y sin hacer nada. Tal vez más avergonzado que ella.
- S-sigue... - alcanzó a decir intentando que continuase aquella labor.
Más silencio. Y de nuevo el tacto de sus labios... besándola de nuevo. Parpadeó incrédula. Pasaron los minutos y su excitación disminuía debido a aquellos tiernos besos. Era como si no supiese como seguir. Deshizo el nudo contra su nuca y se sentó de nuevo. Había olvidado algo importante.
Quizás él fuese un adolescente normal con deseos similares a los de otros chicos, pero se había criado rodeado de niños. Su experiencia con el sexo era nula, y dudaba que hubiese tenido demasiado acceso a ningún tipo de información relativa a todo lo que precedía al acto en sí. No es que dudase que supiese como hacer el amor, pero quizás aquellas caricias "especiales" escapaban de su entendimiento.
- ….. - el chico parecía nervioso debido a aquel repentino cambio de actitud por parte de ella - ¿H-he hecho algo mal?
- Creo que será mejor que volvamos a estudiar. E-el profesor podría volver en cualquier instante.
Parecía … ¿decepcionada? Aquello le bajó la moral. Su primera experiencia con el sexo había sido nefasta. Su novia parecía evitarle mientras se vestía de nuevo fingiendo que oía ruidos en la puerta, como si temiese que el dueño de aquella casa volviese. A pesar de que sabía que no existían tales ruidos.
Dirigió perezoso la vista hacia su libro de estudio. Aquellos dibujos tan horribles y distintos de lo que acababa de ver. Quizás fuese preso del cariño que sentía hacia ella, pero incluso aquella zona de piel depilada le parecía una de las cosas más bonitas que había visto en su vida. Y había algo que podía hacer para complacerla.
Solo tenía que aprender. Se prometió a si mismo que la próxima vez que la viese sabría exactamente como darle placer a la chica que quería, aunque tuviese que soportar una charla de cuatro horas sobre preservativos de su madre. Aunque claro, si podía elegir, no sabía si prefería oír durante cuatro horas a Erd y Gunther riendose de él por no saber hacer aquello.
Suspiró en voz baja. Charla o risas. Solo podía elegir entre esos tres. Aunque... Mierda. Sería la segunda vez que le preguntase algo a ella. Que le pedía consejo. La última vez que le preguntó a Hanji algo relativo a mujeres terminó colgando a varios metros del suelo en una cornisa a punto de desprenderse.
Sus únicas soluciones eran: que su madre le hablase sobre procreación y embarazos no deseados, que Erd y Gunther se burlasen de él durante el resto de su vida o que el novio de Hanji le partiese las piernas.
- Necesito nuevos amigos – susurró en voz baja.
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Rebuscó por quinta vez en el cajón. Cada día notaba más su presencia en su casa. Todo estaba más desordenado que de costumbre. En la cómodo no encontraba ni una sola de sus prendas habituales. Dónde solía guardar su ropa interior encontraba camisas y sujetadores de Hanji. ¿Qué hacía su ropa allí?
Por alguna extraña razón no le molestaba abrir la puerta de su armario y encontrar unos pantalones de ella. O abrir una caja de zapatos y que fuesen de mujer. Pero seguía sin estar allí definitivamente. Un cepillo de dientes. Ropa suya colocada de cualquier manera en un cajón.
Y su asfixiante aroma a desinfectante debido a sus constantes disecciones de insectos. Aquel olor impregnaba ahora su habitación. Y ahora estaba pegado a su cama. Era lo único que le permitía dormir cuando ella no estaba fuera. Solo hacía dos noches que no había tenido el peso de su cabeza sobre su brazo durante toda la noche, pero de alguna manera lo echaba en falta. Y deseaba poder sentirlo todos los días.
El sonido de la ducha le recordaba que estaba allí, a pocos metros de él. Solo diez minutos atrás había llegado cubierta de barro y con una extraña sonrisa. Probablemente había ideado alguna de sus estupideces que terminarían en una larga conversación con un policía intentando convecerlo de que solo pretendía averiguar alguna de sus extrañas investigaciones.
El agua paró de golpe y comenzó a oír su risa mientras se enrollaba en su albornoz. Se sentó impaciente en la cama mientras la oía reírse. Parecía vivir en un halo de buen humor constante que en raras ocasiones se transformaba en una mirada intensa y determinada. A veces creía que su yo auténtico era aquella chica seria y fingía cuando había personas a su alrededor.
Su risa parecía disminuir conforme se acercaba a su habitación. Seguramente abriría el pomo de la puerta y comentaría alguno de sus disparates absurdos. O quizás propondría alguna extraña idea que acabaría con ellos dos en algún lugar perdido del bosque buscando crisálidas de escarabajos.
Pero, no llegó a abrir la puerta. En lugar del agudo chillido de la bisagra al abrirse, oyó un enorme chillido de un hombre procedente de otra puerta que se abría. Ante semejante escena, ella. Esa extraña y alocada mujer a la que no sabía porqué quería retenerla a su lado el máximo tiempo posible. Sí, a esa mujer solo se le ocurrió contestar de una manera cuando el joven chico con el que convivía su pareja llegaba y la veía solamente envuelta en un albornoz.
- Hola, Auruo, bienvenido. ¿Qué tal el día?
- N-nada de bienvenido. ¿¡Qué haces medio desnuda en la casa del profesor!? ¡Vistete ahora mismo!
- Ah, es que acabo de salir de la ducha. Hoy estuve en el taller del padre de Gunther, hemos estado arreglando un coche que nos encontramos en un desgüace hace días y poniendolo a prueba. La próxima vez tienes que venir, te enseñaremos a conducir.
- …... ¿Qué?
- No ha quedado tan mal y corre bastante bien. Gunther estaba nervioso porque como no tiene aún matrícula no podemos conducirlo legalmente y-
- Me da igual el coche, ¡vistete! ¿No te da vergüenza?
La chica miró hacia abajo viendo su piel desnuda cubierta por el albornoz oscuro y continuó hacia sus piernas desnudas que goteaban y dejaban un pequeño charco junto a sus pies. Levantó la vista de nuevo para encontrar a su pareja mirándole enfadado desde detrás a punto de noquear al joven chico.
- Ni se te ocurra – le detuvo – Deja en paz a Auruo.
- ¿P-profesor?
- He dicho que te estés quieto – amenazó al hombre bajito que había comenzado a sujetar del cuello al joven chico – Déjalo tranquilo, no va a hacerme nada. Para eso tiene a Petra.
- C-claro profesor, no voy a hacerle nada a Han...- dubitó – Un momento... ¿Qu-qué sabes?
- Todo, por supuesto – sonrió como si no comprendiese el alcance de sus respuestas.
- …... C-creo que me voy a la biblioteca a estudiar...
- Sí, eso, vete mocoso. Vuelve en un par de horas y haz la compra.
- No. Espera, no tienes porqué tener vergüenza. Yo también tenía dudas cuando comenzaba con ese pequeño uraño que te amenaza con cortarte el cuello pero aprendí bastantes cosas. Sabes que si necesitas consejo puedes preguntarme y-
- Deja al mocoso que se largue, Hanji.
- …... - estar en ese momento en la misma habitación que el hombre que era capaz de tirarlo por el balcón no le alicientaba a hablar de relaciones personales con Hanji. Y el hecho de que ella se riese mientras le proponía cosas como practicar con ella le ponía la piel de gallina. Eso prefería no practicarlo con nadie.
- Ya está, tengo una idea para que aprendas todo lo que necesites saber – esa frase le heló hasta el más ínfimo ser de su alma. Cada vez que ella tenía una idea dormía al raso o peligraba su vida.¿Que le tocaría esta vez? - Veamos una película porno – Y entonces le quedó claro que eso sería lo último que oiría en vida.
- Empiezo a creer que mi vida es una comedia – fue lo último que dijo antes que la peor de sus pesadillas se hiciese realidad.
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Uff, cuanto tiempo sin actualizar. Perdonad de nuevo. Espero ir poco a poco actualizando. El próximo capítulo promete ser divertido. Al menos tal y como lo tenía planeado.
