Capítulo 21: Estiércol de comadreja.

Su cuerpo estaba tan sensible que hasta el más leve toque de Draco la hacía temblar. El rubio había cumplido con creces su promesa y ahora ella se debatía entre la conciencia y la inconciencia. Los párpados le pesaban y el movimiento de la mano del rubio sobre su abdómen era una hipnótica sensación que le invitaba a cerrar los ojos y relajarse totalmente, pero se negaba a hacerlo.

Draco sonrió al darse cuenta que su chica estaba más que cansada. Tenía la espalda de ella pegada a su pecho. Recorría su cuerpo con suaves caricias, subió la mano hasta uno de sus senos y lo rodeó, amasándolo suavemente, robándole pequeños suspiros.

Hermione se estiró hacia atrás, buscando incrementar el contacto. Notó como Draco lamía sugestivamente su cuello, se permitió gemir levemente, no tenía fuerzas para más pero no quería parar, quería sentirlo en ella una vez más. Volvió a estirarse y las comisuras de sus labios se arquearon en una pícara sonrisa al sentir la erección del rubio rozándole. Tomó la mano de Draco y se la llevó a la boca, mordiéndole suavemente el dedo.

El muchacho jadeó en respuesta. Acababa de darle a Hermione la sesión multiorgásmica más espectacular de la historia y ella aún quería más. La volvió a acariciar con ternura, con suaves movimientos y Hermione se pegó más a su cuerpo, moviendo lentamente las caderas de forma que su erección quedaba totalmente pegada a ella.

La castaña envió hacia atrás un brazo y rodeó el cuello de su amante, acariciándole la nuca con suavidad, hundiendo los dedos en el sedoso cabello de Draco, haciendo que la boca de él quedase directamente en su cuello. Subió la pierna derecha sobre la cadera de él, permitiéndole el libre acceso a su zona íntima.

Draco bajó la mano hasta la entrepierna de ella y se deleitó unos instantes haciéndola gemir levemente mientras le acariciaba los pliegues casi sin tocarla. Hermione volvió a mover las caderas apresando entre sus piernas su erección, y ella misma bajó la mano libre hasta allí, haciendo que se unan una vez más.

"Hermione.." Susurró entre jadeos el muchacho. ¿Esa era su voz? Sonaba tan desesperada, tan necesitada de ella.

Se movieron lenta y acompasadamente, como si no tuvieran prisa. Amándose sin tiempo. No había embestidas fuertes ni gruñidos salvajes, eran solo ellos y la increible unión sumamente delicada de sus cuerpos.

No necesitaba decirle cuánto lo amaba por que estaba segura que él lo sabía. Cerró los ojos abandonándose al placer y mordiéndose suavemente el labio inferior para retener los pequeños gemidos que de vez en cuando se escapaban de su garganta.

Draco estaba como ido. Ella era todo lo que él necesitaba, lo que siempre necesitó. Tenerla en sus brazos y hacerle el amor con tanta entrega era tal vez una de sus maneras más concretas de decirle que la amaba más que a su propia vida.

Depositaba leves besos en el cuello de ella, le mordía ligeramente el lóbulo de la oreja, sin detener en ningún momento la penetración de su miembro en ella. Con completa suavidad entraba hasta el fondo y volvía a salir como si nadie lo apurase, como si quisiese sentir hasta el último centímetro de la estrechez de su mujer.

La castaña comenzó a temblar una vez más, anticipándose a su orgasmo, apretando los músculos vaginales y por ende ahorcando con fuerza a su miembro. Tanto ella como él gimieron con la acción. Draco no aceleró las embestidas, sino que posó la mano en el vientre de ella, sintiendo mediante el tacto como se estremecía.

Hermione lo apretó más contra sí y susurrando su nombre se corrió una vez más. Tal vez ese fuera el más tranquilo de todos los anteriores orgasmos que el rubio le había provocado, pero sin duda el más sentido, el más especial. Todos sus nervios dejaron de trabajar por un instante y la mente se le volvió completamente blanca, lo único que pudo sentir fueron espasmos y que Draco aún no dejaba de penetrarla.

Él supo que ese era su lugar para toda la vida, que había nacido para tenerla a ella entre sus brazos, para amarla por siempre. Ella era su hogar, su vida, su todo. Su cuerpo mezclándose, fundiéndose en uno era el momento para el que había sido creado. Supo que la mujer que estaba gimiendo su nombre sería la culpable de sus suspiros y sus razones de seguir por el resto de su vida. Supo que era allí donde quería estar para siempre, a su lado, al lado de la mujer que tenía -literalmente- su corazón en las manos.

El orgasmo lo envolvió en una nube placenteramenre relajante, haciendo que descargase su esperma directamente dentro de ella. Sintió el líquido caliente saliendo de su cuerpo y llenando a Hermione.

Acarició con ternura el vientre de la ojimiel y deseó con todas sus fuerzas que aquellos fluidos suyos se instalasen en las entrañas de ella y creasen una nueva vida, fruto de ese momento de entrega total, de amor infinito.

Se quedó unos segundos más dentro de ella y luego se separó. Le besó el hombro y se inclinó hacia ella. "Te amo Draco" escuchó que ella le decía, sin soltar el agarre de su cuello.

"Yo también te amo, cielo" Susurró él y dejó un último beso sobre su mejilla, dejándola rendirse al fin y entregarse al sueño. Con devoción admiró una vez más su cuerpo desnudo, sus formas y medidas perfectas, su piel ligeramente tostada por el sol, las pecas que adornaban graciosamente el costado de su nariz, sus labios rojos y tentadores, sus pestañas abundantes. Todo en ella era perfecto. Todo.

Al día siguiente nadie pudo dejar de notar como la pareja parecía resplandecer por sí sola. Sus rostros reflejaban una paz completa. Narcissa sonrió al notar que la piedra del anillo de su hijo brillaba sin cesar. Estaba hecho, se habían entregado el todo, el uno al otro. Era hora de darle a su nuera el libro que celosamente guardaba entre sus pertenencias, razón por la cual los elfos no lo encontraban y no podían entregárselo a Draco para que se lo diera a su mujer. Apenas Hermione estuviese sin problemas le daría el antiguo libro de secretos Malfoy, donde explicaba todo acerca del valioso tesoro que traían en sus dedos.

Snape les informó que la poción había salido perfecta y que estaría lista en unos días más. Kingsley había llamado a Hermione mediante la red-flu y le había dicho que los cuerpos de sus padres estaban listos para ser derivados a la morgue muggle, ella le agradeció y le dijo que se encargaría de darles sepultura.

El Ministro prometió pasarle una carpeta detallada del caso apenas estuviera lista, en donde se nombraba como autor intectual del crimen a Ronald Weasley, quien debía ser enjuiciado definitivamente durante el siguiente mes. Le contó además que la autopsia había revelado que las torturas a los que fueron sometidos sus padres no duraron mucho tiempo, podría decirse que habían tenido una muerta dolorosa pero rápida. Y por sobre todo le aseguró que el caso estaba siendo manejado con el mayor hermetismo posible, la prensa no tenía conocimiento de nada.

Jane y Charles Granger fueron enterrados en el cementerio de Londres esa misma tarde. A la ceremonia asistieron todos los de Grimmauld Place, ménos el doctor Adams quien se quedaba cuidando a Lucius. Y la pequeña Ara, a quien los elfos tenían una extraña adoración y se encargaban de no dejarla sin atención ni por un instante, incluso Kreacher.

Hermione no lloró como pensó que lo haría una vez que estuvo frente a los ataúdes de sus padres. Se había encargado de avisar a un amigo de la familia sobre la noticia y él había sido quien avisó a todos los hermanos, amigos y colegas de la pareja. La castaña sabía que sus padres, quienes siempre habían sido algo excéntricos y muy sociales, les hubiera gustado que la última vez que se reunieran en su nombre estuviesen presentes la mayoría de sus conocidos.

Draco se quedó a su lado en todo momento, apoyándola y siendo su sostén. Todas las personas se acercaban a saludarla y a darle sus condolencias, ella recibía a todos con la misma expresión fría y vacía.

Tanto Narcissa como Severus se quedaron juntos y comunicándose mediante legeremancia, intercambiando opiniones sobre la familia de la castaña. Algunos parecían ser de la misma clase social de la chica, en cambio otros serían como los Weasley muggles. Los dos notaron como Hermione apreciaba más a unos que a otros, y a todos los que preguntaban por Draco ella lo presentaba como su prometido, sorprendiendo a más de uno.

Una vez que todo había terminado, Draco pensó que tendría que quedarse acompañando a una llorosa Hermione arrodillada frente a la tumba de sus padres negándose a levantarse hasta altas horas de la noche cuando ya una tormenta cayese sobre ellos. En cambio nada de esto ocurrió, la ceremonia terminó y fueron los últimos en retirarse, tan solo veinte minutos después que todos los demás.

La castaña sabía que probablemente si estaba sola hubiera negádose a retirarse del cuerpo de sus padres, que hubieran tenido que sacarla los bomberos o en todo caso los Weasley mediante algún hechizo. Sonrió triste ante la realidad, o tal vez no tan triste. Los Weasley ya no estaban en su vida, ahora en su lugar se encontraban los Malfoy y eso era algo que le agradaba bastante. Se sentía segura y contenida con Draco abrazándola posesivamente y rodeándole la cintura, Harry tomándole de la mano con fuerza, y sintiendo la presencia de su suegra, su amiga Luna y hasta el profesor Snape.

Un vehículo los llevó de vuelta a la casa, pues Hermione no estaba en condiciones de aparecerse en ningún lado. Cuando llegaron a Grimmauld Place y se metieron dentro, Narcissa quiso admirar por última vez el automóvil que los había transportado y que le había llamado tanto la atención. Se acercó a la ventana y se fijó que un vehículo de menor porte se estacionaba detrás del que los había dejado. Con curiosidad comentó esto a Hermione, quien se colocó junto a ella para ver de quien se trataba.

"Es el albacea de mis padres" Dijo la castaña al reconocer al hombre bajito y pelado. "De seguro nos siguió. No puedo recibirlo aquí, es un muggle,no sabe nada de la magia" Se desesperó.

"Llámalo por el móvil y dile que te espere en la mansión de Belgravia" Decidió por ella la rubia, sintiéndose mal al instante por haber ordenado de esa manera a Hermione, tomándose quizás libertades que no le correspondían.

"Oh, Cissy ¡Eres genial!" Dijo la castaña sorprendiendo a Narcissa, quien se sintió más tranquila en el acto y se dió cuenta que su lazo era mucho más íntimo de lo que imaginaba. La joven sacó el móvil e hizo como su suegra le había dicho.

Una hora después Hermione se encontraba firmando todos los papeles correspondientes, siendo ella nombrada como heredera universal de los bienes de sus padres y el albacea le entregó en una jaula al animal que había quedado a su cuidado. Crookshanks volvía con Hermione.

Ya de vuelta en el número doce, se puso a completar el formulario de permiso de traslado y cambio de vigilante que Harry le había conseguido del Ministerio esa mañana. Fue bastante detallada en las descripciones y la dirección de la mansión Belgravia. No quería por ningún motivo que los del Wizengamot le negaran la petición. Una vez que hubo terminado la envió mediante lechuza al ministerio.

Dos días después Kingsley decidía sobre el asunto.

El ministro volvía de un agradable almuerzo con la orden, en la Madriguera. Solamente Harry, Hermione y Snape eran los ausentes, las recientes razones eran obvias. Los pelirrojos le dijeron que entendían la postura de los «hermanos» respecto a Ron, y que no se preocupaban, que pronto se les pasaría el enojo -o la vergüenza- y que volverían «a casa». Molly no dudó en conversar con él respecto a la convivencia de los Malfoy con sus «hijos de corazón» "Podrían ser infiltrados que tratarán por todos los medios de atacar de nuevo, valiéndose de la más débil que obviamente es Hermione. Lo primero que harán será tratar de separarla de Harry, recuérdalo" Le había asegurado la mujer.

Fue en el Ministerio que se encontró con el formulario completado por la castaña.

Le parecía correcta la decisión que cambiasen de casa, él entendía que ahora eran más que un grupo de personas conviviendo, eran una familia y necesitaban privacidad. Pero no le gustaba nada el hecho de que quisieran cambiar a Harry de su puesto de vigilante. Así que se comunicó con ella para avisarle que estaría en Grimmauld Place para la hora de la cena.

Cuando el hombre llegó se encontró con que ya todos lo estaban esperando. La cena trascurrió en completa armonía, sin que se tocase ningún tema en la mesa.

A Kingsley le pareció sumamente interesante este hecho, pues estaba seguro de que si fuesen los Weasley en lugar de los Malfoy, ya hubieran estado discutiendo del tema entre patas de pollo y puré de patatas. En cambio con los Malfoy la cuestión era diferente, los negocios o temas importantes se trataban en el salón principal o el despacho, con té o en todo caso whisky de fuego.

Se le encendió la lamparita y recordó que Hermione ya era uno de ellos. La miró mientras comía y reparó en el detalle de como tomaba los cubiertos, como se llevaba delicadamente los alimentos a la boca. Quiso saber si siempre había sido así o solamente desde que los Malfoy aparecieron en su vida, no ménos de tres semanas atrás. ¡Era obvio que siempre había sido así! La clase y la elegancia no se aprendían de la noche a la mañana.

Llegó a la triste conclusión de que los Weasley siempre habían opacado la verdadera forma de ser de la joven, y eso le dolió, porque él sentía muchísimo cariño hacia los pelirrojos, en cambio los rubios, aunque los respetaba no es que tuviesen un lugar importante en su corazón, bah, ni un lugar siquiera. Es más, le hubiera gustado mucho más compartir una cena igual con los Weasley, que con los Malfoy.

Snape, quien había notado como Kingsley se quedaba contemplando a Granger (no se le quitaría la costumbre de llamarla así), no pudo resistirse a leerle la mente. Al encontrarse con las ideas del ministro se asustó un poco y decidió que tendría que hablar urgentemente con Albus y Narcissa sobre eso.

No podía dejar que Kingsley estuviese en contra de los Malfoy, eso significaría que cuando llegase el momento en que la bomba de la relación de los jóvenes explotara, y fueran los Weasley los primeros en pegar el grito al cielo, el ministro corría el riesgo de ser arrastrado por ellos y ser convencido de sus ideas anti-Malfoys.

El pocionista entendía que Kingsley amaba a Hermione como a una hija y que quería lo mejor para ella, y por esa razón aceptaba que su ahijado estuviera con ella. Pero lo malo era que el ministro, en ese amor fraterno, pensaba que los Malfoy no eran buenas personas en cuanto a bondad respecta y que, los Weasley eran mucho mejores.

Aquella era una verdad que no se podía ocultar. Él mismo lo sabía. Los pelirrojos tal vez fueran lo que fueran pero eran mucho más cariñosos y bondadosos que los fríos y altaneros adoradores-de-la-pureza-de-la-sangre. Por ende comprendía que Kingsley quisiese a alguien parecido a las comadrejas para pareja de Granger. Pero él tenía que hacerle entender algo al ministro ¡Draco no era una comadreja! ¡Era un Malfoy y Granger lo había elegido a él! Y Kingsley tendría que aceptar eso.

Pasaron, como el ministro pronosticó, al salón principal. Luna y Adams se retiraron, ante la atenta mirada del ojiverde, el cual hervía de rabia al ver que se dirigían en la misma dirección. Kingsley pidió hablar solamente con los héroes de guerra, obviando a Snape.

"Su petición de cambio de casa fue aceptada, les enviaré en unos días la fecha en la que se mudarán. Sin embargo no estoy de acuerdo con que Harry abandone su puesto de vigilante por lo cual la rechazo completamente" Lanzó de sopetón el ministro descolocando al mencionado y a Hermione.

"¿Por qué?" Chilló la castaña.

"Porque no" Dijo el hombre como si fuera la explicación más detallada del mundo. "Me gustaría saber la razón de tu decisión, Harry" Pidió.

"Hermione y Malfoy irán a vivir a la mansión de ella...si es que no está en desacuerdo con eso también" Dijo Harry con los ojos entrecerrados. Ésto mas la escapadita de Luna y el doctorcillo completaban su mal humor.

"A mí me gustaría saber sus razones para oponerse al cambio de vigilante" Dijo Hermione con los brazos cruzados.

"Mis razones son totalmente válidas, Herms" Fue todo lo que respondió a la castaña. "Ahora explíquenme qué tiene que ver el cambio de domicilio con que Harry no pueda seguir en su puesto"

"¡No voy a dejar a Narcissa viviendo con Harry mientras su hijo y yo vivamos en una mansión!" Chilló Hermione con los ojos encendidos de rabia ¿Qué rayos con Kingsley? ¿No era que los apoyaría?

"Aún no encuentro la razón" Continuó el ministro, mirándose las uñas. "Harry podría acompañarlos"

"¡No iré a vivir con ellos!" Dijo un indignado Harry. "¡Tengo mi casa! ¡Mi vida! ¡Yo también necesito mi privacidad!"

"Yo les pregunté bien sobre esto cuando les hablé del cargo que les ofrecía. Les dije que podría acarrear problemas y ustedes lo aceptaron de buena gana, absteniéndose a las consecuencias" Les dijo lentamente. "No se comporten como críos ahora. Quieren vivir una vida de adultos ¡Compórtense como tales! Asumieron una responsabilidad, no pueden deshacerse de ella así de fácil".

Los hermanos de corazón se miraron entre sí con confusión. Hermione le había contado a Harry sobre la ayuda de Kingsley en Australia. Esto los dejaba totalmente confundidos ¿No era que contaban con su total apoyo?

En las escaleras se encontraban espiando Draco, Narcissa y Severus, quienes compartían la misma mirada que los jóvenes. "Aquí sucedió algo" Siseó Narcissa.

"Y huele a estiércol de comadreja". Completó el pocionista.

Kingsley se negaba a darle sus razones a Hermione y Harry. ¿Qué les diría? «Lo siento Hermione pero no confío en los Malfoy y no puedo permitir que Harry deje de vigilarlos» Ya se lo había dicho Molly cuando almorzaron "Los Malfoy no serán de fiar jamás, ni en esta ni en la otra vida, aunque se dediquen a hacer caridad, nunca".

"Les propondré algo" Dijo el ministro al notar las miradas asesinas de los jóvenes. "He estado pensando y primero quiero saber. ¿Volverás al colegio, Harry?" Se dirigió al elegido.

"No lo sé" Dijo Harry encontrándose con un tema que aún no se había planteado.

"Mira, te propongo lo siguiente: Podrás ingresar directamente a la Academia de Aurores, sin necesidad de volver a Hogwarts ni presentar los Extasis" Los ojos de Harry brillaron de emoción. Él sabía que era su mayor sueño. "Pero, con la condición de seguir siendo el vigilante de los Malfoy...los fines de semana" Completó.

"¿Cómo es eso?" Se interesó el moreno. Hermione entrecerró los ojos.

"De lunes a viernes podrás ir a la Academia, tal vez hasta te envíen a misiones especiales, y cuando vuelvas podrás venir a tu casa. En cambio, los fines de semana irás a casa de los Malfoy. En síntesis, de lunes a viernes te olvidarás de ellos, pero los tendrás contigo el sábado y el domingo"

Hermione frunció el ceño. Algo se le escapaba. Kingsley definitivamente había cambiado su forma de pensar de la noche a la mañana. No podía ser tan fácil.

"Ah..y un detalle más" Continuó el ministro, ganándose la completa atención de la castaña. "Deberás volver a las reuniones de la Orden, tienes a los Weasley muy abandonados"

Algo hizo «¡CLIC!» en el cerebro de Hermione. ¡Kingsley estaba siendo influenciado por los Weasley! Sintió su interior arder de furia.

"Es que Molly dice que te extraña" Siguió el ministro, ajeno al volcán que estaba por estallar en la chica. "A tí también te extrañan, Hermione. Molly dice que la trataste muy mal la últim..."

"¿QUE YO QUÉ?" Explotó la chica. "¡Ella vino a insultar a Narcissa! ¡A nada más y nada ménos que a Narcissa Malfoy! ¡En la casa de Harry, por ende mi casa! ¿Qué se supone que hiciera? ¡Ya estaba con Draco! ¿Quería que la aclame y que le aplauda alentándola a seguir?"

Kingsley arrugó la nariz. "Creo que tienes en muy alta estima a los Malfoy, Herms, en un pedestal que no les corresponde" Dijo sin pensar. "Te estás olvidando que los Weasley fueron los que te dieron todo durante muchos años y los Malfoy los que se dedicaron a hacerte la vida imposible" Declaró al fin, diciendo lo que tenía atorado en la garganta desde el discursito de Molly.

Harry y los que estaban oyendo afuera, no pudieron esconder la sorpresa ante las palabras del mago y tensionaron los músculos esperando el vómito verbal de la castaña, los gritos, insultos y hasta esperaron intervenir por si maldecía al ministro. En cambio, lo que dijo y como lo dijo fue peor que cien howlers.

"¿Los Weasley me dieron «todo»?" Siseó con odio, pareciéndose muchísimo al Draco Malfoy del colegio. "¿Qué fue lo que me dieron? ¿Una cama y comida durante las Navidades cuando mis padres estaban de viaje? ¿Suéteres hechos a mano? Si es éso, pues sepa que nunca lo necesité. Siempre pude ir a dormir a cualquier hotel muchísimo mejor que la casa donde vivían y comprarme ropa por mí misma. ¿Qué más? ¿Molly me dió cariño de madre? Creo que no fue eso lo que recibí en cuarto año cuando se creyó la estúpida historia de que era novia de Harry. ¿Ron me brindó siempre su amistad y apoyo? Me parece que no hace falta que le recuerde, Sr. Ministro, quién intentó violarme y luego mandó a asesinar a mis padres" Terminó, caminando altivamente hasta la puerta "Decide lo que te parezca mejor, Harry" Le dijo al moreno, sabiendo que el chico aceptaría. Eso no le molestaba, es más, le alegraba la oportunidad que le brindaba Kingsley a su amigo. Lo que le indignaba era que el ministro se hubiese dejado llenar la cabeza de ideas absurdas que estaba cien por ciento segura, tenía que ver con Molly.

Puso la mano en el picaporte de la puerta y lo dobló, haciendo que quienes se habían acercado para escuchar mejor se apartaran con rapidez.

"Una última cosa, señor" Dijo antes de salir. Harry tragó grueso, Hermione enojada era de temer. "Siempre, toda la vida, hasta que muera, tendré en muy alta estima a los Malfoy, porque son mi familia, la que yo elegí. Por más daño que hayan hecho en el pasado, han cambiado y son personas nuevas. En cambio los Weasley siguen siendo las mismas prejuiciosas y corrientes comadrejas. Admiro muchísimo más a Narcissa que a Molly, es más, amo a mi suegra por el solo hecho de ser la madre de mi esposo, por lo tanto respeto también a Lucius, por más mortífago despiadado que haya sido. Mi suegra, ante todo, se ha ganado en ménos de dos horas el cariño que Molly nunca pudo ganarse en mi corazón. Y sepa usted que, le duela a quien le duela, estaré en guerra con todo aquel que esté en contra de los Malfoy, por que ahora yo soy una de ellos, por si ya se le olvidó" Y salió al pasillo, dejando a Kingsley con los ojos desorbitados y el corazón latiéndole irregularmente.

El Ministro se quedó mirando al vacío por unos minutos, en los que Harry se puso a pensar y a plantearse todo lo que le había propuesto.

"Acepto" Dijo después de un tiempo.

Kingsley levantó la mirada. "¿Qué?" Preguntó sin entender de qué hablaba el ojiverde.

"Acepto seguir siendo el vigilante de los Malfoy, pero no prometo nada sobre visitar a los Weasley. Tengo problemas personales con ellos" Le aclaró.

El mago quiso preguntar cuáles eran esos problemas «personales» pero calló ante la fiera mirada del muchacho. "Bien, necesito que tengas en la mira a los Malfoy, Harry" Le pidió.

El moreno frunció el ceño. "Reconozco que los Malfoy no son santos de mi devoción, Kingsley. Y no sé qué es lo que le dijeron para de repente desconfiar tanto de ellos, pero sepa que jamás dejaría que Hermione tenga nada con malas personas. Si ahora yo estoy de acuerdo con la relación y el raro matrimonio de esos dos es porque confío no solamente en Malfoy, sino que en Hermione también. Y porque creo ciegamente en que los Malfoy han cambiado".

Kingsley suspiró derrotado. Definitivamente no tenía que haber dejado que las ideas de Molly le llenasen el cerebro. Se despidió de Harry y utilizó la red flu para ir a su casa. No se despidió de los demás, evitando así el discurso que Snape ya le tenía preparado.

Hermione se encontraba en su habitación, con Draco. Estaba muy cabreada, el solo hecho de recordar la manera en la que Kingsley se había referido a los Malfoy, como si ellos no valieran nada, le ponía los pelos de punta.

"Debes tratar de tranquilizarte, cariño" Le dijo el rubio. "Sabíamos que causaríamos todo tipo de reacciones, ésta solo es la primera".

"¡Pero es que...es Kingsley! Lo esperaba de cualquiera, ménos de él" Chilló la chica.

"Cariño" Le dijo el rubio acercándose y masajeándole los hombros "No importa lo que piense, su opinión no es importante"

"Es importante, Draco" Insistió ella con esa tonadita de sabelotodo tan conocida por él. "Es el Ministro".

"Podemos asesinarlo y poner a otro en su lugar, a Snape por ejemplo, él nos apoya" Bromeó.

"Estás loco" Le dijo ella poniendo los ojos en blanco. "Esto no es un juego, cielo"

"Sé que no es un juego, pero ya estuviste muy estresada por hoy, déjalo pasar" Le susurró besándole el cuello. "Déjame relajarte" Le dijo, enviando escalofríos al cuerpo de ella.

Un llanto suave los sacó del momento que empezaba a formarse. Voltearon a ver y se encontraron con que Ara exigía su atención desde la cuna.

"Princesa" Le susurró Hermione tomándola en brazos. La niña se calmó al instante.

La castaña observó a su hija y reparó en detalles que no había notado antes, tal vez por que no estaban allí. Los ojos de Ara parecían dos gotas de mercurio líquido, tan iguales a los de Draco que asustaba. La piel blanca tan delicada como el muchacho y el cabello un poco más claro de lo que lo tenía antes. Hermione sonrió, su hija era una Malfoy en toda regla, pero con las facciones tan iguales a las de ella. La mezcla perfecta.

Unos días más tarde, el ambiente en Grimmauld Place se había calmado bastante. Kingsley había cumplido con su promesa de enviar la carpeta del caso de Ron y la fecha en la que podrían cambiarse de casa. El juicio y la mudanza tenían la misma fecha, tres semanas más adelante.

El cumpleaños de Draco sería al día siguiente, Hermione y Narcissa se encontraban en la biblioteca charlando sobre la sorpresa que estaban preparando para su hombre.

"¿Crees que le gustará?" Preguntó la castaña.

"Le encantará, ya lo verás. Conozco a mi hijo, incluso se emocionará" Dijo alegre la rubia.

"¿Y crees que yo...?" Preguntó de vuelta Hermione.

"Ya me he ocupado de eso, querida. Está todo más que perfecto" Le aseguró. "Te esperarán hoy en la noche para ultimar detalles, yo me encargaré de que Draco no se de cuenta de tu partida"

Entre risas y llamadas a diferentes tiendas muggle, fue que casi ocurrió.

Narcissa se llevó la mano al pecho y apretó con fuerza. La castaña se percató y se apresuró a ayudarla.

"¿Cissy?" Preguntó.

Narcissa negó con la cabeza y miró con desesperación a los ojos de Hermione. "¿No puedes hablar?" Preguntó la castaña, la rubia negó una vez más.

Hermione había leído sobre eso, era uno de los síntomas de las crisis más peligrosas. Pérdida del habla, mareos, taquicardia, manchas rojizas en toda la piel... Miró a Narcissa, por lo ménos aún no presentaba las manchas.

Llamó a Draco a los gritos y entre ambos ayudaron a la rubia a llegar a su habitación. Snape los siguió y rápidamente se puso a recitar los hechizos para mantenerla despierta.

La rubia se obligaba a no dejarse llevar por la silenciosa invitación que le hacía la muerte. Los ojos se le cerraban pero ella trataba de mantenerlos abiertos, por sobre todo de atender hasta el último sonido a su alrededor, para no perderse. La mancha que tenía sobre el corazón parecía estar ardiendo en llamas, y ella sentía como iba expandiéndose. El tatuaje en la cadera lanzaba constantes y dolorosas puntadas que le recorrían el cuerpo entero y hacía que se retorciese de dolor. Dejarse llevar por la negrura era tan tentador...pero no, no podía, debía seguir luchando.

Charles Adams estaba revisando a Lucius. El mayor de los Malfoy no presentaba ningún tipo de problemas. El monitor cardiaco decía que todo estaba en orden, los latidos estaban normales, su corazón no estaba en peligro. En la última semana había ganado varios kilos gracias a que lo alimentaban con sopas sustanciosas y puré. El suero le proveía de todas las vitaminas y proteínas que necesitaba. Los medicamentos que le susministraba cumplían su función a cabalidad, y las pociones resultaban de gran ayuda.

Defunitivamente, si al hombre no le faltara el alma, estaría saludable. Había tenido un progreso fantástico en las últimas dos semanas. Él no era el problema, enseguida se lo hizo saber a Snape.

Luego de unos cuantos minutos, Narcissa sintió como su mente se despejaba y tenía la cabeza más ligera. La oscuridad ya no le caía encima. Reguló la respiración y trató de hablar. "Lu..cius" Fue todo lo que pudo decir, mirando fijamente a Snape, quien estaba inclinado sobre ella.

"Él está bien, no tiene nada, Cissy" Le dijo Severus. Y Narcissa lo entendió, no era que esta vez su esposo estuviera en peligro, era su alma quien reclamaba reunirse con la de Lucius.

Snape, Hermione y Draco se miraron entre ellos. Más les valía apurarse con la poción, Narcissa no aguantaría mucho tiempo más.

Harry asomaba la cabeza por la puerta de la cocina, sin animarse a entrar y a encararla. Desde que había sucedido lo de Ginny, unas semanas atrás, habían estado muy separados, justo cuando él descubría sus sentimientos hacia ella.

"¿Necesitas algo, Harry?" Preguntó Luna desde la cocina.

El moreno ahogó un gemido de frustración y se adentró a la cocina. "Eh..Hola Luna" Saludó. "¿Cómo sabías que estaba ahí?"

La pequeña rubia volteó, se encontraba preparando un pastel de chocolate para Hermione, quien había tenido un antojo inesperado. "Te siento" Dijo con sencillez.

Harry se llevó una mano al cabello, despeinándolo. "Oh...eh..bueno...yo.."

"¿Quieres invitarme a salir?" Preguntó Luna con una media sonrisa que el chico desconocía y le pareció el gesto más seductor que podía existir.

"Sí, no, digo... Siesquequierespodríamossalir" Dijo de corrido y sin respirar.

Luna rió. "Claro, déjame arreglarme. Siempre es agradable dar un paseo por el campo con algún amigo" Dijo la rubia, con toda la intención.

A Harry le supo amarga la palabra, y le entristeció de una manera antes desconocida. ¡Él no quería ser su amigo!

Unos minutos después se aparecían cerca de la casa de la chica, quien había insistido en que lo acompañase a buscar el ungüento mágico para Snape junto a su padre.

Xenophilus los recibió con toda la algarabía del mundo en su casa recién construida y a Harry le pareció que ya había olvidado cuando quiso entregarlo a los del Ministerio. Luego recordó que Hermione le había lanzado un obliviate justamente para que lo olvidara y sintió lástima por el hombre.

No se quedaron mucho tiempo. Luna lo arrastró colina abajo para llegar hasta un lago, y pescar pimplys. Harry se dejó hacer, feliz de poder compartir una tarde con la chica.

Ginny Weasley se encontraba bastante aburrida, buscaba gnomos en su jardían mientras insultaba mentalmente a su madre por haber permitido que Charlie volviera a Rumania. Cuando estaba lanzando a un pequeño gnomo fue que dos figuras que corrían bajando la colina le llamaron la atención.

Extrañamente se le hacían conocidos. Con un "Accio binoculares de los gemelos" se hizo del aparatito y observó bien a la pareja. El corazón le dió un vuelco cuando divisó a un sonriente Harry Potter -su Harry Potter- bajar de la mano con Luna Lovegood, en dirección al lago.

Esperó a que los chicos llegasen a la orilla del lago. Vió como sacaban dos cañas de pescar y se sentaban uno al lado del otro. Harry movía los labios y Luna sonreía ante lo que el ojiverde le decía, el muchacho se despeinaba el cabello sin parar, tal como cuando estaba nervioso.

La pelirroja montó una de las barredoras de sus hermanos y voló hacia ellos, acercándose por detrás y volando sobre el árbol que les servía de sombra. Descendió silenciosamente sobre una de las ramas, todos los pájaros volaron y ella se mordió la lengua para no llamarse idiota a sí misma, pero se tranquilizó cuando se dió cuenta que ninguno de los dos lo notaron. Agudizó el oído para poder escuchar mejor de qué hablaban, cuando recordó que tenía orejas extensibles en sus bolsillos, no dudó en usarlas.

"Y eso, que estaba confundido, pensaba que estaba enamorado cuando en realidad no era más que admiración" Escuchó que dijo el moreno.

"Me alegro que hayas puesto en orden tus sentimientos, Harry" Le contestó Luna sin mirarlo.

"Sí, bueno, Ginny también es un caso cerrado" «¿¡Qué?!» pensó la pelirroja al escucharlo.

"Es bueno de oír" Dijo la rubia.

"Sí...Digamos que seguí tus consejos" Murmuró Harry.

"¿Cuáles consejos?" Preguntó Luna con interés. «Sí, cuáles consejos?» Quiso saber Ginny.

"Cuando me dijiste que no deje que los pumpikofitos me impidieran ver que la persona correcta tal vez está frente a mis ojos" Y la miró directamente. Ginny frunció el ceño.

Luna sonrió tímidamente y sus mejillas enrojecieron de manera adorable. Harry se inclinó hacia ella. Luna atajó la respiración esperando un beso en los labios, Ginny hizo lo mismo. En cambio el moreno la besó en la mejilla y siguió pescando como si nada. Luna dejó escapar una leve risita y la pelirroja hubiera echado chispas si pudiera.

"Háblame de los pimplys" Pidió el moreno. Luna sonrió abiertamente por el interés del muchacho en el mundo que solo ella conocía y se puso a relatarle con pelos y señales todo sobre las míticas criaturas.

Ginny mientras tanto ideaba un plan que dejaría sin oportunidad a la sucia traidora de la lunática y a Harry en un jaque del cual no podría salir. Despegó nuevamente en completo silencio y voló hacia la Madriguera con un propósito en mente: Llamar a Michael Corner y proponerle un encuentro.

Volvieron a casa antes del anochecer, pues Harry había prometido a Hermione acompañarla al loco y descabellado encuentro de la castaña. Él estaba en contra de los planes de su amiga, pero por más que le advirtió de los posibles problemas ella no cedió, entonces al moreno no le quedó de otra que acompañarla para asegurarse que estuviera a salvo.

"¿Malfoy no se enterará que saliste?" Le preguntó mientras caminaban del brazo por la oscura Tottenham Court Road.

"Cissy se encarga de mantenerlo ocupado. Están con cuidando a Ara, se supone que estoy contigo hablando de temas de la Orden" Contestó ella.

El moreno asintió. "Esta calle me trae malos recuerdos" Murmuró.

"A mí también" Contestó ella pegándose más a su amigo. "Y decir que venimos al mismo lugar".

"A encontrarnos con el enemigo" Susurró el-niño-que-vivió mientras entraban a una pequeña y cochambrosa cafetería, el Luccino.

Los dos amigos tuvieron como un flash-back de los sucesos acontecidos en el mismo lugar, y llevaron instintivamente la mano a las varitas, mirando hacia atrás y asegurándose que ni Dolohov ni Rowle los seguían.

"Podríais haber traído aurores también" Les saludó una sedosa voz masculina cuando llegaron a una de las mesas en donde ya les estaban esperando.

"Buenas noches" Saludó Hermione con desconfianza. "No es por vosotros, solamente que el lugar no es el más apropiado, al ménos para nosotros".

"Rowle y Dolohov, ahora muertos, ironías del destino" Les dijo otra persona de hablar calmado y suave. "Ironías de las buenas"

"Buenas noches, Granger, Potter" Saludó una tercera voz, esta vez femenina. "Disculpen lo maleducados que son estos dos, ya no tienen remedio. ¿Por qué no se sientan?"

Los chicos tomaron asiento frente a los otros tres y Hermione fue directa al grano.

"Narcissa me dijo que ya lo saben". Los tres asintieron. "¿Y?" Preguntó casi con desesperación.

"¿Qué quieres Granger? ¿Que nos pongamos a bailar la congAUCH!" Chilló el de la voz calmada cuando recibió un golpe en la cabeza de la mujer que los acompañaba.

"Puedo hablar por los tres cuando digo que solo queremos la felicidad de Draco. No te preocupes, cuentas con nuestro apoyo..." Dijo la voz femenina.

"Y nuestra bendición. A propósito, ya os habéis acostAUCH!" Dijo el otro hombre al recibir un manotazo de la mujer.

"Como te decía, Granger, cuentas con nosotros".

La castaña asintió con una sonrisa. Era todo lo que necesitaba saber. "Gracias. Ya sabéis qué hacer" Les dijo levantándose y entregándoles una pequeña tarjeta. Se despidió con un movimiento de cabeza, acompañada del moreno.

"¡Adiós guapa! ¡Adiós guapetón! ¡Saludos a mi DraquiAUCH!" Un nuevo manotazo de la mujer.

"¿Crees que siempre sean así?" Preguntó Harry aguantándose la risa al salir del café.

"No lo sé, pero conocerlos será bastante interesante" Murmuró entre risas la castaña.

Caminaron hasta un callejón y se desaparecieron, yendo de vuelta a Grimmauld. Hermione fue a ver a su esposo y a su hija con una sonrisa en los labios, todo estaba listo, la sorpresa de Draco sería estupenda. Mañana a esta misma hora el rubio tendría que estar muy feliz, si todo salía bien.

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¡Hola! Aquí una nueva entrega. Espero que la disfruten :)

Quiero comentarles que subí un nuevo fic llamado "Siempre tú", un Dramione con una trama diferente. Si queréis podéis daros una vuelta por mi perfil y echarle un vistazo a la historia ;)

No se preocupen por la continuidad de éste, no lo abandonaré ni si me lanzan un Avada.

¡Muchas gracias por todos sus comentarios! Me hacen muy muy muy feliz.

Como siempre, soy pesada y les pido que me dejen reviews para estar siempre informada de sus opiniones.

¡Un beso grande! Ana :)