*Se dibuja una diana en la frente* Tiros aquí, por favor. (?)

No, en serio, sé, SÉ LO QUE HE HECHO. He pasado un mes sin actualizar. Un mes, y dije que serían dos semanas. Sé que ha estado muy feo por mi parte y no voy a entreteneros relatando los líos que se me han montado. Aún así, he tenido que sufrir un conjunto de circunstancias que me han dejado anímicamente maltrecha. Y claro, todos sabemos que la inspiración procede del ánimo. Y sin ánimo, pues no hay inspiración. Comencé este capítulo cuando debía, pero lo fui dejando por falta de tiempo y ganas -en serio, es que escribir sin ganas es el mal hecho cosa-. Prefiero que me riñáis y me apuñaléis por tardar en actualizar que subir un capítulo con el que no esté contenta.

En cualquier caso, espero que el trozo de hoy os valga la pena (?) Una brazo enorme para todas las que me enviaron MP's preguntándome si se me había tragado un agujero negro o algo así, y también a toda esa gente que tiene paciencia infinita y ha sabido esperar. De verdad, intentaré no volver a quedarme colgada tanto tiempo, o por lo menos avisaré si tiene que volver a suceder -esperemos que no-. Pese a todo, ya os advierto que hay Summerhill para cansar y aburrir. Hasta aquí solo he subido un 25% de lo que es toda la historia -toda la que tengo pensada, al menos-, así que tenemos para un par de siglos de lectura. Con esto quiero decir que no me voy a cansar de seguir escribiendo y subiendo, así que por eso no os preocupéis.

Y en fin, solo me queda daros las gracias por los reviews. Me encanta leeros y saber que hay gente al otro lado. Es reconfortante.


Thor dio un par de vueltas mas por su habitación. Llevaba un buen rato caminando de aquella forma, andando en círculos en el espacio que había entre el armario y la cama. Sabía que era estúpido, pero es que se sentía totalmente incapaz de no moverse de un lado para otro. Estaba tan nervioso que la idea de sentarse y permanecer quieto aunque fueran cinco minutos se le antojaba imposible. ¿Y cómo no iba a estar de los nervios, a ver? Como si el hecho de descubrir que Loki sabía que había estado mirándolo en el río no fuera ya suficiente, acababa de pasar uno de los ratos más incómodos de su vida.

Durante la cena, aquél condenado no había dejado de alzar los ojos del plato para dedicarle significativas miradas y pequeñas sonrisas burlonas que transmitían un claro "¿Menuda pillada, eh, Thor? Y tú pensando que yo no sabía nada." Y lo peor es que él ni siquiera había sido capaz de sostenérselas, sino que lo único que pudo hacer fue desviar la vista y esforzarse para no atragantarse con cada maldito bocado de comida que se llevaba a la boca. Resultaba evidente que Loki estaba disfrutando al máximo de la situación, que se volvía incluso más incómoda después de que Thor hubiera reconocido para sus adentros que aquél demonio de ojos verdes le volvía loco.

Pero no se saldría con la suya. No, porque ahora mismo iba a ir a su habitación y a explicarle que él no tenía ninguna intención de espiarle, sino que solo quería seguirle durante un tramo del camino para asegurarse de que no le pasaba nada malo, porque estaba bajo su responsabilidad y tenía que hacer aquél tipo de cosas, le gustara o no.

Sí, eso es lo que haría.

Thor inspiró profundamente y salió precipitadamente de su habitación, sin querer darse tiempo a arrepentirse. Recorrió el pequeño tramo de pasillo que lo separaba de Loki y llamó a su puerta un par de veces. Si hubiera sido por él se habría limitado a abrir e irrumpir en el cuarto sin más, pero sabía que el hijo de Farba se habría quejado por eso. Y esta vez era él el que había ido allí para quejarse.

–¡Pasa! –sonó la voz de Loki desde el otro lado.

El apretó los labios y entró en el cuarto tras recibir el permiso. Cerró la puerta a sus espaldas y buscó a Loki con la mirada. Lo encontró a un lado de la habitación, haciendo equilibrios sobre una silla para intentar colgar un póster en uno de los escasos espacios de la pared que aún quedaban libres.

–¿Qué estás haciendo? –preguntó Thor avanzando un poco hacia él, preparándose de forma casi instintiva para ayudarlo por si se caía.

–¿A ti que te parece? –Loki le dedicó una mirada de soslayo mientras esbozaba una sonrisa cargada de sorna–. Patinaje artístico, está claro.

Thor puso los ojos en blanco por la ironía de aquellas palabras, pero luego sonrió y extendió los brazos hacia Loki.

–¿Te ayudo?

–No, Thor –respondió el otro mientras sujetaba el póster en la pared con una mano y rebuscaba con la otra en su bolsillo. Sacó de él una chincheta que había preparado previamente y luego se estiró para clavarla en una de las esquinas superiores del cartel, fijándolo a la pared–. Aunque te parezca imposible, soy muy capaz de hacer las cosas por mi mismo.

–Ya... –Thor bajó los brazos, sin saber muy bien qué hacer con ellos, y decidió esperar a Loki sentado en alguna parte. Su primera opción fue la cama, pero al final decidió que lo más prudente sería escoger la silla del escritorio. Así pues, dio unos cuantos pasos para alcanzarla y se dejó caer sobre ella, haciéndola girar ligeramente.

Mientras Loki continuaba con su tarea, Thor guardó silencio y dejó que su mirada vagara sobre las cosas que había en el escritorio. Leyó el título de algunos libros que había reposados en la superficie, y luego se entretuvo haciendo rodar un par de lápices de distintos colores. Fue entonces cuando se percató de la esquina de papel que asomaba bajo el montón de libros de historia. Su curiosidad fue más rápida que su raciocinio y, sin ni siquiera plantearse su propio gesto, ya había alargado una mano hacia el papel para tirar de él y descubrir qué era.

–¡Thor!

La inesperada y exaltada llamada de Loki hizo que el rubio diera un respingo y dejara la mano quieta en el aire.

–¿Qué? –respondió, olvidándose del papel para fijar la mirada en el otro, que lo observaba con una expresión algo alarmada. No sabía lo cerca que había estado de descubrir su propio retrato.

–Que... –Loki parpadeó e intentó buscar una excusa que argumentara el haberlo llamado–. No puedo soltar el póster porque se caerá –dijo, y apoyó las dos manos sobre el póster en la pared, como si se esforzara en mantenerlo contra ella–. ¿Puedes pasarme tú la última chincheta?

–Claro –Thor sonrió, feliz por poder resultar al fin de alguna ayuda, y se levantó de la silla–. ¿Dónde está?

–En mi bolsillo derecho –respondió Loki, y apartó la mirada del rubio para fijarla en la pared, sobre el póster a medio colgar.

–Oh... vale –el rubio apretó los labios un segundo, pero luego se acercó a Loki y se puso detrás de él dispuesto a echarle una mano... literalmente, claro, ya que tuvo que deslizar los dedos por la cintura de Loki hasta localizar la obertura de su bolsillo.

El hijo de Farba apretó los labios cuando la mano de Thor se hundió por su ropa en busca de la chincheta. Y, mientras palpaba el interior del bolsillo intentando localizarla, el rubio maldijo aquellos pantalones, que eran tan ajustados que incluso le impedían meter la mano para buscar con soltura. No obstante no hizo ningún comentario al respecto y continuó palpando como si nada mientras se esforzaba en no pensar que, de hecho, estaba sobando a Loki, que estaba deslizando los dedos sobre uno de aquellos pálidos muslos que se había dedicado a admirar el día del río.

Un repentino pinchazo en el dedo corazón apartó a Thor de aquella línea de pensamientos que, sin duda alguna, no lo habrían conducido a nada bueno. Tras soltar un pequeño siseo, atrapó la escurridiza chincheta y sacó la mano del bolsillo de Loki.

–¿Dónde la clavo?

Loki tardó un par de segundos en responder. Un par de segundos que permitieron que Thor se diera cuenta de que tal vez -solo tal vez- sus palabras habían sido demasiado ambiguas.

–En la esquina de arriba –indicó el otro por fin.

El rubio ni siquiera se molestó en comprobar si alcanzaba aquél punto de la pared estirando el brazo. Estaba demasiado alto.

–Pues hazme sitio –dijo y, antes de que el otro pudiera quejarse, se había encaramado en la silla colocándose justo detrás de él.

–Nos vamos a matar –gruñó Loki. Aún así no le pidió a Thor que bajara, sino que se hizo un poco hacia delante para dejarle espacio, manteniendo las manos sobre el póster y pegando el pecho a la pared.

–Solo será un momento –le aseguró Thor, que alzaba las manos para alcanzar la esquina superior del póster. Apoyó una mano en la pared, junto a las de Loki, para ganar estabilidad, y luego presionó la chincheta sobre el papel, sirviéndose del pulgar para hundirla en la capa de yeso.

–Clávala fuerte –le pidió Loki, y Thor no sabría decir si era porque últimamente tenía las hormonas disparadas o simplemente porque lo hacía adrede, pero aquellas palabras también le parecieron algo ambiguas. Sobretodo teniendo en cuenta que estaba justo detrás de Loki, con el pecho prácticamente pegado a su espalda.

–La estoy clavando lo más fuerte que puedo –murmuró como respuesta, y el otro cerró los ojos al sentir su aliento contra la nuca.

Loki pensó que podría haber ideado alguna otra cosa para evitar que Thor descubriera el dibujo que había oculto bajo los libros de su escritorio. Otra cosa que no implicara tener que acorralarse a si mismo entre la pared y el increíblemente cincelado pecho del rubio. Otra cosa que no tuviera que acelerarle el pulso de aquella forma. Otra cosa que no provocara que se le secara la garganta. No obstante, ya era demasiado tarde para castigarse a si mismo, así que se limitó a morderse el labio inferior y a aguardar pacientemente a que Thor terminara.

En cuanto el póster quedó fijado a la pared y la silla emitió su primer crujido para quejarse del peso de más que le estaba tocando cargar, Thor bajó al suelo de un pequeño salto. Loki le siguió un instante después y, mientras este se encargaba de dejar la silla en su sitio, el rubio se alejó unos pasos y examinó el póster que acababan de colgar. Desde la enorme imagen, una mujer de cabellos cenizos y ropajes azules le devolvió la mirada. Thor podría haberla identificado aún sin fijarse en los tres huevos de dragón que sostenía en los brazos o sin necesidad de leer el "Fire and blood" que coronaba el póster.

–Bueno –la voz de Loki hizo que Thor apartara la mirada de la pared y la dirigiera hacia él–: ¿Has venido por algo en especial o es que le has cogido gusto a eso de venir a mi habitación por la noche?

El rubio chasqueó la lengua y negó con la cabeza, evitando que los recuerdos de la noche anterior asolaran su mente de nuevo. Con tanto ajetreo casi había olvidado el asunto que lo había llevado hasta allí.

–Quería hablar contigo –dijo, intentando retomar la fuerza y la confianza con la que había entrado en el cuarto hacía unos minutos–. Explicarte por qué te seguí al río.

Loki entornó los ojos, se cruzó de brazos y apoyó la cadera en el escritorio.

–Ahórrate la explicación, Thor –murmuró observándolo fijamente–. Ya sé lo que hacías en el río.

–Ah... Oh –el rubio se removió algo inquieto en su posición, preguntándose una vez más cuánto sabía Loki sobre lo ocurrido aquél día. Tuvo que inspirar profundamente y liberar un pequeño carraspeo antes de ser capaz de decir algo coherente–: ¿Lo... lo sabes?

Loki asintió despacio y esbozó una pequeña sonrisa.

–¿No es evidente? –preguntó, manteniendo los brazos cruzados.

Thor, que imaginó que Loki ya sabía que había estado tocándose mientras lo espiaba, se sintió repentinamente invadido por la vergüenza. Tuvo que bajar la mirada hacia el suelo para poder afrontar la situación sin darse la vuelta y salir huyendo del cuarto, pero aún así no se sintió capaz de decir nada. ¿Qué demonios podía decir? No podía negar lo evidente, y tampoco podía poner ninguna excusa a sus actos. Y la idea de explicarle a Loki que si había hecho aquello era porque le parecía la criatura más atractiva y sensual con la que se había encontrado en su vida le parecía demasiado extraña.

–Thor, salgo al bosque desde que era un niño y nunca he necesitado tener una niñera que me siga a todas partes para comprobar que estoy bien... –Loki decidió continuar hablando ante el repentino silencio de Thor– así que deja de preocuparte tanto por mi.

Aquellas palabras hicieron que el rubio alzara de nuevo la mirada. Tuvo que esforzarse por no sonreír de puro alivio al concluir que, en realidad, Loki solo sabía la mitad de lo que había pasado. Por un lado le parecía perfecto porque así podría continuar guardando su propio secreto, pero por otra se sintió mal, porque no confesar algo así era un equivalente a mentir vilmente.

–Entonces... –el rubio se llevó una mano a la nuca y se la rascó de forma inquieta– ¿No estás enfadado?

–Al principio quería arrancarte la cabeza –admitió Loki esbozando una pequeña sonrisa–. Pero no sé, supongo que ahora puedo comprender tu punto de vista. Además, después de lo que pasó anoche... –las palabras se quedaron un segundo en el aire, pero tras apretar los labios un segundo, terminó–: ha quedado muy claro que mi comportamiento tampoco es precisamente ejemplar, ¿hm?

Thor esbozó una amplia sonrisa y asintió, satisfecho con la forma en la que se había solucionado el tema. Tendría que continuar lidiando con su propio remordimiento, pero por lo menos no tendría que enfrentarse a la ira de Loki.

–La verdad es que... me costó un poco seguirte el ritmo –confesó el rubio sin dejar de sonreír– te perdí un par de veces entre tanto árbol.

Tras alzar una de sus finas cejas, Loki se apartó del escritorio con una sonrisa divertida.

–Ya –dijo sin más, creyendo que no era conveniente confesar que, en realidad, Thor se había perdido porque él lo había querido así–. Pues a mi no me costó nada saber que me estabas siguiendo –Loki dio unos cuantos pasos distraídos por la habitación, aunque no despegó la mirada del rubio ni un segundo. Su sonrisa divertida se transformó en una más ladina y maliciosa–. Es que eres muy ruidoso, ¿lo sabías?

Esta vez fue Thor el que chasqueó la lengua, aunque prefirió no replicar nada. Sabía que Loki solo estaba intentando pincharle, así que seguirle el juego y caer en la trampa era lo peor que podía hacer. Aún así, se aseguró de sostenerle la mirada de forma orgullosa, demostrándole que no le importaba que le dijera aquél tipo de cosas.

–De hecho, creo que eres la persona más indiscreta y menos sigilosa que he conocido –continuó Loki sin dejar de acercarse a él. Thor no sabría decir por qué, pero de pronto se sintió algo acechado. Pese a ello, continuó sin responder a las provocaciones y se limitó a cruzarse de brazos, haciendo que sus músculos se tensaran ligeramente bajo la camiseta de manga corta que vestía–. Creo que todo el bosque te escuchó caminar detrás de mi, Thor.

Bueno, puede que al rubio comenzaran a incordiarle un poco las pullas que le lanzaba Loki. ¿Y qué pasaba si él no sabía ser tan sigiloso? Tampoco era para restregárselo en la cara de aquella forma tan gratuita.

–Eres tan torpe... –Loki bajó un poco su tono de voz cuando llegó por fin a su lado. Thor entornó los ojos y tensó la mandíbula, realmente picado por sus burlas–. Y tan escandaloso...

Loki le dedicó una sonrisa cargada de sorna y continuó caminando, andando a su alrededor. Thor frunció los labios en una mueca de exasperación y se recordó que no debía seguirle el juego. En cuanto viera que no le hacía caso, dejaría de meterse con él.

–Supongo que el sigilo no es algo que un jugador de primera línea necesite, ¿hm? –aquellas palabras fueron un ronroneo cargado de malicia que sonó prácticamente contra la nuca del rubio. En aquél momento, Loki podía haber echado mano de su prudencia y detenerse. Sin embargo, le resultaba tan divertido ver como Thor recibía sus golpes esforzándose en fingir indiferencia, que le resultó imposible no continuar provocándolo–. Imagino que tú prefieres correr por el campo de juego mientras gritas como un bárbaro...

Y aquello fue el fin, el punto que traspasó la ya de por si escasa paciencia de Thor. Sin poder contenerse más, el rubio se dio la vuelta y encaró a Loki, cuyos labios se curvaron en una sonrisa de triunfo. Se sintió orgulloso de haber conseguido, al fin, que el rubio reaccionara. No obstante, si hubiera sabido lo que vendría a continuación, se habría arrepentido de ello.

–¿Ah, sí? –murmuró Thor, planteándole cara al otro–. Pues tú tampoco eres tan sigiloso como te crees –le espetó, y se permitió sonreír también con algo de malicia–. Puede que sepas caminar por el bosque sin romper ni una rama, pero eres bastante escandaloso en otras situaciones.

Sorprendido e intrigado por aquellas palabras, Loki entornó los ojos de forma cautelosa y le sostuvo la mirada al rubio, aceptando el desafío.

–Vaya, ¿de verdad? –susurró sin apartarse ni un centímetro, totalmente convencido de que aquello no era más que un burdo farol que Thor le había lanzado para intentar compensar su orgullo herido–. Creo que te equivocas.

–Te aseguro que no –respondió rápidamente el rubio, su voz sonando un poco más grave de lo habitual.

Los ojos verdes de Loki lo examinaron a conciencia, intentando encontrar un titubeo en su firmeza. Sin embargo, Thor parecía estar muy seguro de lo que decía. Aún así, no podía permitirse el lujo de flaquear ahora. Si lo hacía, el rubio se pensaría que había ganado la batalla. Y aquello no era algo que estuviera dispuesto a permitir. Así pues, esbozó una amplia y burlona sonrisa antes de encogerse de hombros.

–No hace falta que te pongas así –le dijo a Thor con una suficiencia irritante–. No hay nada malo en ser un...

–Gemiste –murmuró de pronto el rubio con una rotundidad capaz de cortar las palabras de Loki, que parpadeó de forma confusa antes de entornar los ojos.

–¿Q-qué dices...?

–Gemiste –repitió Thor, esta vez incluso de forma más rotunda y firme que antes–. En la fiesta. En el armario –concretó, y se regocijó en el éxito al ver como los ojos de Loki se abrían en una expresión afectada–. Gemiste, y si no hubieras estado besándome te habrían escuchado en toda la casa.

Los labios de Loki se separaron en una mueca indignada. Intentó apresurarse en encontrar una respuesta rápida e ingeniosa, lo suficientemente tenaz como para aplacar el inesperado comentario de Thor, pero fue incapaz de pronunciar una sola palabra. De hecho ni siquiera fue capaz de moverse. Lo único que pudo hacer fue quedarse allí, quieto, contemplando la estúpida y triunfal sonrisa del rubio mientras sentía un incómodo calor arremolinándose en sus mejillas. ¿Cómo se había atrevido a decirle algo así? No solo había sacado un tema que había quedado zanjado para siempre, sino que además tenía la cara de usarlo en su contra en una situación en la que no venía a cuento.

–Eres imbécil –dijo al fin, incapaz de recurrir a nada más elocuente que aquello. No sabía si se sentía más molesto que avergonzado, pero tenía muy claro que habría estrangulado a Thor en aquél mismo instante si hubiera sido capaz de moverse–. Para comenzar, yo no te estaba besando. Fuiste tú quien lo hizo –le aseguró dedicándole una mirada fulminante y, antes de que el otro pudiera replicar, continuó en un murmullo iracundo–: Y además, que te quede muy, muy claro: yo no gemí.

–Claro que sí –la respuesta de Thor llegó de forma rápida y contundente, acompañada de un fruncido de cejas. Podría haber dejado pasar cualquier cosa, pero no aquella. Si de algo estaba seguro -y también orgulloso- era de que Loki había gemido mientras estaban en el armario. De hecho, aún podía saborear aquél gemido perdiéndose en su boca. Su orgullo no iba a permitir que le negaran algo como aquello.

Contrariado por la insistencia de Thor, Loki puso los ojos en blanco y dejó escapar un bufido. Aún sentía las mejillas enrojecidas, pero por lo menos había recuperado la iniciativa necesaria como para continuar replicando:

–Ya te gustaría a ti, Thor –siseó alzando la barbilla en aquél gesto tan orgulloso que lo caracterizaba–. No besas tan bien como para hacerme gemir, ni de lejos.

Los labios del rubio se tensaron durante el segundo en el que Loki hizo flaquear su confianza. Sin embargo, luego volvieron a curvarse en una sonrisa.

–¿De verdad? –inquirió, inclinándose un poco para intimidar al otro con el profundo azul de sus ojos–. Pues la forma en la que me agarrabas dice lo contrario –su sonrisa se ensanchó al recordar los brazos de Loki rodeando su cuello y sus manos perdiéndose en su melena. Thor era capaz de admitir que él había tenido la culpa de aquél beso, que había sido él el que lo había buscado con una desesperación que no supo entender en aquél momento. No obstante, aquello no quitaba que el hijo de Farba le hubiera correspondido con la misma entrega–. Y tu cara también –el rubio se inclinó un poco más, esperando a que Loki apartara la mirada en cualquier momento–. Puedes negarlo, pero sabes perfectamente que tengo razón.

Loki tragó saliva y apretó los puños. Estaba furioso, pero no sabía si se debía a lo irritante que era Thor o a que, en el fondo, era consciente de que sí, de que tenía razón en todo.

–No gemí –repitió sin embargo, dispuesto a negarlo hasta el final. No iba a admitir que aquél beso, el mismo que el rubio había calificado como un error, le había hecho gemir y llegar hasta el cielo aunque fuera solo durante unos segundos–. No me hiciste gemir con aquél beso, ni me harás gemir con ningún otro.

–¿Qué apostamos? –Thor dio un pequeño paso al frente, pero Loki se negó a retroceder.

–Lo que quieras –respondió. Una voz en su interior le advirtió que el asunto se les estaba yendo de las manos -otra vez-, pero él no la escuchó. Si era un reto lo que Thor buscaba, no sería él quien se echara atrás.

Las rubias pestañas de Thor se agitaron en un efímero parpadeo de desconcierto. No había esperado que Loki le siguiera el juego que aquella forma, pero saber que había conseguido llevárselo detrás con sus provocaciones le proporcionó una satisfacción increíble que lo impulsó a rodear al otro con los brazos y a tirar suavemente de él, terminando así de pegarlo a su cuerpo. Para cuando inclinó la cabeza dispuesto a besar a Loki, este ya había alzado la barbilla preparado para recibirlo con los labios.

Las bocas de ambos, alentadas por el desafío, se encontraron de forma ansiosa, casi agresiva. A penas hacía tres días que se habían besado por primera vez, pero parecía que hubieran transcurrido siglos enteros desde aquél instante en el armario; siglos en los cuales habían acumulado y sufrido una sed que ahora se encontraba, por fin, saciada.

En cuanto Thor pudo volver a saborear los labios ajenos se percató de lo tremendamente estúpido que había sido. "Yo no quería hacerlo", le había dicho a Loki hacía un par de días, intentando excusar el primer beso que compartieron con el exceso de alcohol y la agitación de la fiesta. Y ahora se percataba de la auténtica magnitud de aquella mentira. ¿Cómo no iba a querer algo así? ¿Cómo iba a darle la espalda a las emociones que Loki despertaba en él? Cada vez que rozaba los labios con los suyos, su estómago se prendía con pequeñas chispas que terminaron convirtiéndose en un constante y agradable cosquilleo. Y cuando sus lenguas comenzaron por fin a jugar, a buscarse de forma casi desesperada, se sintió sacudido por una pequeña oleada de éxtasis que atravesó su columna de arriba a abajo. Sin poder evitarlo, ciñó los brazos en torno a la cintura del otro, apretándolo contra su propio cuerpo como si temiera que pudiera apartarse y romper la intensidad del momento.

No obstante, Loki estaba muy lejos de pretender aquello. Estaba literalmente lejos, en algún remoto lugar perdido ente el tacto áspero que la incipiente barba de Thor marcaba contra su piel y la suavidad del interior de su boca. Apartarse era lo último que deseaba, aún cuando eso contradecía todas las mentiras que había estado contándose a si mismo durante los últimos días. No importaba lo mucho que se empeñara en intentar convencerse de que no sentía nada por aquél estúpido de cabello rubio, porque las palabras se convertían en nada ante las reacciones de su propio cuerpo. No podía continuar negándolo, no mientras el corazón se le desbocara hasta casi atravesarle el pecho y sus manos viajaran de forma casi instintiva por el torso de Thor, acariciándolo de forma ascendente hasta llegar a su cuello.

El beso se rompió cuando les resultó imposible continuar conteniendo el aliento. Y aún así, mantuvieron sus bocas tan próximas que los jadeos que dejaban escapar pudieron perderse sobre los labios del otro.

Thor esbozó una sonrisa, sintiéndose casi drogado por el néctar que encontró en los labios de Loki, quien abrió los ojos aún cuando ni siquiera recordaba haberlos cerrado para perderse en el azul de los del otro. Compartieron así una intensa mirada que se prolongó durante varios segundos en los que no hubo necesidad de comunicarse con palabras.

El agarre que los brazos de Thor mantenían alrededor de Loki se suavizó ligeramente. Sus manos viajaron entonces por la espalda ajena, acariciándola de arriba a abajo varias veces. Aquél gesto bastó para que Loki esbozara también una sonrisa justo antes de que tirara de la nuca del rubio, reclamando un nuevo beso que le fue entregado con gusto.

Esta vez, sus labios se encontraron de forma más lenta y pausada. Saciada el ansia inicial, ahora cabía explorar con más calma para conocer y memorizar cada recodo de la boca ajena. Tras dejar caer los párpados, Thor se concedió la licencia de deslizar la lengua sobre de la de Loki, buscando adentrarse en él todo lo que le fuera posible. El hijo de Farba ladeó la cabeza para permitir que el beso se profundizara, y sus dedos estrecharon la camiseta del rubio para contener un estremecimiento de puro placer. Dejó que Thor poseyera sus boca como quisiera mientras él se derretía entre sus brazos, bajo las caricias que continuaban recorriendo su espalda.

Aquél beso fue largo, lento y tan candente que consiguió prenderlos a ambos. Cuando volvieron a separarse lo hicieron solo durante un fugaz instante, lo justo para recuperar el aliento que aquél juego les estaba robando. El contacto se volvió paulatinamente más demandante y agitado, aumentando su intensidad a medida que la conciencia de ambos se ahogaba en su propia marea de emociones. No se separaron ni un solo centímetro, y los besos comenzaron a alternarse con jadeos húmedos y ansiosos que solo incrementaron la intimidad del momento. Luego llegaron los lametones, iniciados por la lasciva línea que la lengua de Loki dibujó sobre el labio inferior del rubio, arrancándole así un ronco gruñido.

Los mordiscos, no obstante, fueron cortesía de Thor. Aprovechando uno de aquellos momentos en los que el beso se volvía más profundo, el rubio buscó la lengua ajena y la atrapó entre los dientes, dándole así un pequeño mordisco que provocó que Loki se arqueara y gimiera contra él. Si su capacidad de pensar no hubiera quedado anulada hacía ya un rato, Thor podría haberle echado en cara aquella reacción. No obstante, lo único que pudo hacer a aquellas alturas fue dejarse dominar por ella, permitir que terminara de cegar el poco raciocinio que le quedaba y que liberara todo el deseo que Loki despertaba en él.

Con un nuevo y excitado gruñido, Thor se inclinó más hacia Loki para poseer sus labios de forma más hambrienta y brusca, extinguiendo ya totalmente la calma con la que habían iniciado aquél beso. Ante aquél súbito arranque de pasión, el hijo de Farba frunció el ceño y estrechó con más fuerza la camiseta del otro. El deseo con el que Thor buscaba su boca estuvo a punto de arrastrarlo a la demencia, pero aún así pudo sobreponerse y corresponder del mismo modo, dejando a un lado la suavidad para enredar sus lenguas sin ningún cuidado.

Los brazos de Loki se alzaron sobre los hombros de Thor, rodeando así si cuello mientras la agresiva sucesión de besos y mordiscos se prolongaba. Luego se puso de puntillas para alcanzar la boca ajena con más facilidad, y el rubio ayudó llevando las manos a la parte más baja de su trasero y tirando de él hacia arriba. Loki volvió a gemir, y lo hizo varias veces mientras Thor se dedicaba a mordisquear sus labios y a sobar sus nalgas con un descaro que lo prendió en llamas. Ya no le importaba que lo tocara; de hecho, quería sentir sus manos por todas partes, recorriendo cada centímetro de su piel.

Thor estrechó las nalgas de Loki sintiendo que sus rápidas palpitaciones liberaban un fogoso torrente de adrenalina que se adueñó de todo su cuerpo. El cosquilleo que se inició en su estómago hacía un rato no tardó en extenderse, conquistando también su pecho y su vientre. Los gemidos que el otro ahogaba contra sus labios lo aturdían, anegaban su mente, disparaban su lívido. La forma en la que Loki se entregaba a él con cada beso y cada caricia bastaron para que endureciera bajo la ropa, que comenzó a ejercer una tortuosa presión sobre su entrepierna.

Los dedos de Loki se enredaban entre los dorados mechones del cabello del otro, despeinándolo de forma salvaje. Le encantaba hacer eso casi del mismo modo que le encantaba mezclar su aliento con el de Thor y sentir como los músculos de su pecho se tensaban contra él. Y, sobretodo, le encantaba sentirse tan cerca del rubio, tan unido a él, tan deseado. Por eso, en cuanto sintió aquella dureza que ocultaban los pantalones ajenos y se le clavaba a la altura del vientre, no pudo hacer más que sonreír con satisfacción.

Loki atrapó el labio inferior de Thor entre los dientes, tiró ligeramente de él y luego lo soltó para terminar así con el eterno beso que habían estado regalándose. El rubio abrió los ojos, y el centelleo excitado que liberaron sus pupilas dilatadas estuvo a punto de hacer que Loki gimiera de nuevo. No obstante, logró contenerse y concentrarse en su propósito. Sin mediar palabra, se removió entre los brazos de Thor, flexionando ligeramente las rodillas para ponerse de nuevo en puntillas inmediatamente después, acompañando el movimiento con un ligero contoneo que provocó que su cadera se restregara intencionadamente con la del otro, atrapando su erección entre ambos cuerpos.

–Loki... –susurró Thor, aunque la palabra se asemejó más a un suspiro de placer.

Thor reafirmó el agarre en las nalgas de Loki y, cuando este volvió a contonearse contra él, se aseguró de acompañar sus movimientos. Jadeó ruidosamente al sentir como su miembro era deliciosamente apresado bajo los pantalones, presionado contra el vientre ajeno. Las acciones de Loki eran tan insinuantes y desvergonzadas que durante un momento llegó a dudar de que aquél chico que tenía entre los brazos, con la lujuria brillando en sus ojos verdes, fuera el mismo que le había pedido que no lo tocara hacía unos días. Pero lo era, por supuesto que lo era. Continuaba siendo Loki, aquél maldito demonio que le había arrebatado la razón y había dejado su heterosexualidad a la altura del betún.

Aquella vez fue Thor quien movió la cadera, restregándose de forma brusca contra Loki, que reaccionó lamiéndose los labios. Sentía la erección del rubio cada vez más dura y necesitada contra su cuerpo, y saber que había sido él quien le había puesto así le proporcionaba un orgullo casi retorcido. No obstante, también lo hacía responsable. Y, como responsable, su deber sería proporcionarle algún tipo de alivio.

–Ven aquí –susurró contra los labios de Thor, y luego deslizó las manos por su cuello, por sus hombros y por sus brazos hasta alcanzar sus manos. Entrelazó los dedos con él y comenzó a caminar de espaldas arrastrándolo suavemente.

Thor sonrió una vez más, ligeramente aturdido por la excitación. Se dejó conducir dócilmente por Loki, sin preguntar ni decir nada, totalmente hipnotizado por la intensa mirada que el otro le dedicaba a cada paso, y se detuvo cuando se lo indicó.

Loki los había conducido hasta la pared. Apoyó la espalda contra ella, recostándose ligeramente, y soltó a Thor para poder conducir las manos hasta su pecho, donde aferró a su camiseta para darle un brusco tirón, aproximándolo así a él todo lo que le fue posible. Satisfecho por su nueva cercanía, el rubio apoyó una mano en la pared y se inclinó para volver a devorar los labios de Loki, incapaz de saciarse del sabor que los impregnaba. Aquél beso fue tan intenso como los anteriores, pero el hijo de Farba pudo experimentar la deliciosa sensación de estar totalmente apresado entre el muro y el cálido cuerpo de Thor.

Cuando volvieron a separarse, Loki ladeó la cabeza y comenzó a dejar pequeños besos sobre la mejilla de Thor, acariciándole la piel con los labios húmedos. El rubio gruñó, satisfecho con las atenciones pero demandante de otras más intensas. Pese a todo, no pronunció ni una sola queja mientras la boca de Loki continuaba moviéndose sobre su rostro, dejando atrás su mejilla para acercarse a su oído a un ritmo premeditadamente lento.

–Rózate –susurró una vez llegó hasta su oreja, y acompañó la palabra con un pequeño lametón con el que repasó su contorno.

Thor jadeó un par de veces y cerró los ojos, sintiéndose caer entre unas redes de las sabía que no podría -ni querría- escapar.

–¿Estas...? –comenzó, pero tuvo que tragar saliva para suavizar el tono ronco de su voz–. ¿Estás seguro...?

Loki se separó un poco de él, lo suficiente como para poder mirarlo con aquella intensidad que solo él podía añadirle a sus ojos. Curvó los labios en una sonrisa maliciosa y frunció ligeramente el ceño.

–No me hagas repetírtelo –murmuró y, de nuevo, contoneó la cadera buscando la erección de Thor con ella–. Venga.


Hala, a rozarse todo el mundo, que ya era hora (?)

Pasad una buena semana y nos leemos en la próxima!