Holas! Hehe, odienme si quieren , sé que tarde siglos. Tengo excusas, y es que este es el capítulo más largo de la historia de YE. Y... muchas cosas pasan.... creo que el final me salió algo inesperado y apresurado, pero prometí sacar el 21 hoy, y lo prometido es deuda. ¡Los amo a todos! Aun si algunos puede que no me vayan a amar tanto a mi!


Disclaimer: Si yo tuviera Naruto... sería Kishimoto. Si fuera Kishimoto.... ¡esto sería un SasuNaru!


Your embrace.

Capítulo 21

Lluvias. ¿Qué asunto tienen las lluvias en Febrero? Ninguno. Ni es Julio, ni es Agosto, ni es temporada y sin embargo durante tres días enteros el cielo conspiró conmigo y estuvo tan gris como mi estado de ánimo y tan lloroso como mis ojos blancos, lloviendo como si no hubiera un mañana. Llovió tanto y con tal intensidad que prácticamente me sentía tentada a empezar a construir mi arca. Pero hoy, hoy no hay lluvia, hoy el sol es tan brillante como Ino y Naruto, tan azul como sus brillantes ojos turquesa, tan vibrante como sus cabellos dorados y tan deslumbrante como sus sonrisas centelleantes.

Es como si alguien hubiera cambiado el clima con el mensaje subliminal de que yo también debo cambiar de gris a algún color vibrante. Como si yo tuviera que ser feliz porque si, aun si hay un dolor entre mis piernas que en realidad no está ahí, aun si podría llorar por siempre aunque los cielos solo puedan llorar por tres días, aun si los ojos de Sasuke me dan tanto miedo como parece que siempre me han dado, aun si yo sé que erase una vez no me daban miedo en absoluto. Aun si él está con ella y entre nosotros eso es todo.

¿Eso es todo? ¿En serio? Sé que no hay sentido en buscar nada más.

Ni si quiera yo le hayo sentido a buscar nada más en donde solo hay miedo, confusión y ya. Esto es lo que se supone debe ser 'el final', pero yo no quiero un final. Pero no importa lo que yo quiera, no importa si no es lo que yo quiero. Tarea de Yamato: hablar con Sasuke de lo que pasó, no cumplida. Y ahora voy en el camión, camino a la próxima cita a decirle que Sasuke no está dispuesto a escucharme, y que aunque lo estuviera, yo no sabría cómo explicarlo. Ni si quiera podría verlo a los ojos, por más que lo quiera. Simplemente no soy yo así, simplemente soy demasiado cobarde.

¿Buscar fuerza en algún lado? ¿Buscar donde? No hay nada en mí en donde buscar. Solo hay un infinito valle gris, donde estoy yo y un montón de nieve tan blanca como mis ojos y tan fría que me congela los pies. Solo hay nieve, nieve y más nieve. ¿Sacar fuerza de la nieve? ¿Sacar fuerza de donde? ¿De Kiba, que está enojado conmigo? ¿De Shino, que está tan lejos? ¿De Naruto, qué lo único que quiere saber es que está mal conmigo? ¿Y qué le voy a decir? 'Si, Naruto-kun, ¿te acuerdas del tío de Sasuke? Pues intentó violarme'. Y él tan fresco, claro me va a creer, no es como si el sujeto no fuese la misma persona que lo deja dormir en su casa siempre que se le da la gana y al que conoce desde hace años.

¿Quién te va a creer?

Es mi palabra contra la de él, un adulto, presidente de empresas Uchiha, una de las más influyentes del país. Y yo estaba en su casa. Lo primero que me va a preguntar un juez es que hacía en su casa. Y entonces yo tan fresca, respondería que me estaba follando a su sobrino, y entonces todo el mundo me creería, seguro. Mucho más cuando vean que su sobrino anda con una chava pellirroja, con cuerpazo de modelo y facciones finas, y entonces, ¿Quién va a creer que Uchiha Sasuke anduvo conmigo?

¿Y testigos? ¿Quién serviría de testigo? ¿Me apoyaría Sasuke en contra de su tío? Después de todo es su única familia. Después de todo es como si yo fuera nada.

-B-buenas tardes, Yamato-san-saludo yo, después de bajar del camión, recorrer la media cuadra desde la parada hasta el edificio de mi psicólogo.

-Hinata-chan-saluda él-, pasa por favor.

Yo hago lo que él dice, y de nuevo estoy sentada en el mullido sillón de cuero y mirando al estúpido pisapapeles en forma de un león.

-Parece que no has dormido muy bien últimamente-comenta él.

Es difícil empezar la sesión. Una, porque sigue siendo muy difícil para mí hablar con él, dos, porque parece ser que en lugar de atacarme con preguntas, él insiste en esperar a que yo quiera hablar. Y yo siempre quiero hablar, pero nunca sé por dónde empezar. ¿Qué decir primero? ¿Qué Sasuke me rechazó? ¿Qué Kiba está enojado porque 'no confío en él'? ¿Qué Naruto-kun fue suspendido por intentar ayudarme y que Ino está celosa? ¿Quiere él en verdad escuchar mis estupideces?

-N-No mucho-digo yo, sin saber muy bien que decir-. No es muy fácil conciliar el sueño, u-últimamente.

-¿Por qué?

¿Por qué? Por qué no, sería la pregunta más adecuada. Es como si en el momento en que me acuesto sobre la cama todo se me viniera encima de repente. Como si los pensamientos de todo quisieran ser escuchados de repente, y yo no tengo la fuerza de voluntad para oírles. Todas las voces, todas las cosas que pasaron, siempre vuelven. Yamato dijo que no volverían. Dijo que si lo contaba todo, no volverían. Tal vez vuelven porque, porque no pude. Pero lo intenté, de verdad lo intente, ¿no vale eso para nada?

Eso, es lo que le dije.

-Hinata-chan, en casos como este, no, intentar no vale para nada. No puedes intentar a medias, tienes que esforzarte y lograrlo.

-¡P-pero de verdad lo estoy intentado!-susurro yo, desesperada.

Desesperada por todo, desesperada por nada. ¿Se cansará también Yamato de mí? Parece que todos se cansan. Kiba se cansa, Naruto se cansa. Incluso Sai está cada vez menos tiempo en la casa. ¿Se están cansando todos de mi? ¿Así como Hiashi, también van a dejarme sola? Tal vez incluso Yamato se canse, de mí, lo que sería de lo más patético porque le pago para escucharme. Siento a Yamato abrazarme, y sé que le estoy mojando la camisa. ¿Tengo que llorar por todo?

-No está mal tener miedo-susurra él.

¿Miedo? Muchísimo.

-Él… él no quiere escucharme.

-Entonces hazlo de manera diferente. Escribe un diario, organiza tus ideas. Cuéntamelo a mi. Pero necesito que hables de eso, cada detalle, necesito que lo digas. No puedes huir de lo que pasó.

-¡A él no le interesa!-exclamo en un susurro desesperado.

-¿Y a ti?-pregunto él, rompiendo su regla y haciendo preguntas.

-Yo…

Yo no lo sé. ¿Me interesa? No lo sé. Últimamente todo parece perder su encanto, como si el ramen oliera cada vez menos rico y el chocolate fuera cada vez menos dulce. Nada parece ser divertido tampoco. Salir a correr, ver una película, nadar, cocinar, nada de las cosas que me gustaban me gustan ya. Es como si en lugar de mi hubiera un fantasma de mi vagando por ahí, como si las cosas solidas estuvieran ahí, intocables. Como si no importara, porque francamente tampoco me interesaría tocarlas.

Lo único real y solido son las pesadillas, los recuerdos, los gritos de mi padre. ¿Por qué es que todas las cosas malas tienen más volumen que las buenas? ¿Por qué a él no le interesa? No, no es él, soy yo, es todo, es todo lo que ya no tiene el sentido que tenía, la vida que anhelaba que parece inalcanzable, la felicidad que una vez busque y hoy se me escapa de las manos. Tampoco los miedos viejos son reales, solo los nuevos, más fuertes y terribles, más intensos, más todo. Mi cuerpo temblando cuando alguien se me acerca por la espalda, las ganas de llorar cuando me tocan, el miedo que impide que me mueva cuando sus ojos y su pelo negro están cerca.

Y a él nada de eso le interesa.

-… no lo sé.

Yamato me dedica una mirada de lastima.

-Hinata-chan, ven.

Solo las palabras me pusieron a la defensiva, y él lo nota.

-Prometo no hacerte nada, tengo algo que mostrarte.

Decido que a lo mejor vale la pena a hacerle caso, así que me acerco, pero no demasiado. Él saco algo del cajón, un bonito objeto circular lleno de tallados en forma de enredadera.

-Ahora gíralo-dice él, y yo hago lo que él dijo. Es un espejo, uno muy bonito, por cierto-. ¿Hace cuanto que no te veías en un espejo?

¿Cuánto? Muchísimo. Tanto que la del espejo no soy yo. No puedo ser. Los ojos blancos inyectados en sangre, los pómulos destacando como si fuera un gato hambriento, los labios resecos, y cabello corto, mal cortado, reseco. Si hay que buscar palabras para decir que soy yo… me describiría como una planta sin regar. Y esa planta sin regar, soy yo.

-M-mucho t-tiempo-respondo, tartamudeando por la conmoción de ver algo que soy yo y al mismo tiempo no puedo ser.

-¿Y qué ves?

-A mi-contesto.

O a una mala copia de mi. ¿Quién soy yo al final? ¿Este cuerpo manoseado? ¿Este cabello seco, esta cara descuidada? ¿Un ratón asustado? O tal vez nada, tal vez no soy nada y todo esto es solo una capa para engañarme, un maniquí con una falsa conciencia, una muñequita que alguien más maneja desde algún lado. Tal vez soy una muñeca lo suficientemente útil para brindar entretenimiento al cerdo tío de Sasuke, pero no para ser tomada en serio. Un objeto, algo que tocar cuando se te da la gana para demostrar que los Uchiha son compartidos.

Tal vez no soy nada más que una mala heredera, una buena para nada sin fuerza de voluntad que nunca piensa en ella misma. Tal vez soy nada, el objeto de diversión de nadie, el maniquí de pruebas de Hana, alguien que le gustan los perros. Tal vez solo soy nada.

-Descríbete.

¿Describirme? ¿Qué describir? ¿Lo mal que me huele la boca después de vomitar el desayuno? ¿Lo mucho que duele la cabeza tras otra noche sin sueño? ¿Lo bien que descansé sentada en una silla solo porque Sasuke estaba a unos metros? ¿La mirada preocupada de Kiba? ¿Qué me describe más? Tal vez pueda hablar del sonido de las gotas de agua chocando contra el azulejo en el piso de la regadera, lo negro que llega a ser el techo por las noches, los comentarios maliciosos de Sai o los ojos brillantes de Naruto.

O tal vez, lo que me describe más que una palabra, más que mi imagen en el espejo, sean mis ojos blancos aterrorizados del negro. Tal vez lo que más me describa sea el miedo, la desesperación, mi cobardía. Las mismas características que parecen dejarme cada vez más vacía, la razón que me sienta como un arlequín, que me duela todo, el dolor entre mis piernas, mi piel vacía, tal vez esas características que parecen llevarse todo.

-Estoy… asustada.

Asustada y vacía, sedienta como una planta en el desierto. Marchita, fea, seca. Seca, seca, seca...

-Especifica.

-Asustada de… todo-susurro. Después de pensarlo, agrego-. Supongo. Kiba no me da miedo y Naruto tampoco.

-¿Y a Sai?

-A veces. Es extraño, porque vivo con él. Pero… se parecen tanto. Y tiene esos ojos… que ni son grises ni son negros, pero me dan muchísimo miedo, en especial cuando me despierta en las noches-reflexiono en voz alta. Me sorprende. No es fácil hablar de esto con nadie que no sea yo misma-. Es un problema que ni está aquí, ni está allá. Estando aquí sé más o menos que es, pero de repente… todo parece perder sentido, y entonces… no entiendo nada y reacciono por mi cuenta. Sin querer.

Odio llorar en público, y si tuviera que hacer una lista de las cosas que odio hacer, una sería llorar. El problema es que tal vez soy así, muy chillona, muy tonta y muy simple. Muy sentimental, muy impulsiva. Y siempre, siempre mi impulso es llorar. Tal vez por eso Hiashi siempre me odió. Tal vez por eso soy una mala heredera, por ser una llorona. Mamá no creía eso, ¿o sí? No sé, no me acuerdo. Es mi mamá, pero no me acuerdo de nada, de nada de ella, la extraño y la quiero, se supone que la extraño y la quiero, pero hay veces que ni si quiera me puedo acordar de su rostro. ¿Qué tan patético es eso? Ni si quiera recordar el rostro de mi madre…

Y también eso me hace llorar, como tantas otras cosas. Todo parece hacerme llorar, todo, cualquier cosa. Y a mí me parece tonto, ¿a que soy una tonta? Ridícula, débil, cobarde. Demasiado poca cosa. ¿Qué soy si no un manojo de miedos y de temores que no entiendo? Miedo a los hombres, al cabello oscuro, a los ojos negros, a Hiashi, miedo a la oscuridad y a las alturas, miedo a mi reflejo en el espejo, miedo a todo y miedo a la nada.

Es curioso, llorar frente a alguien y que no se te acerquen a consolarte. Como que hasta dan ganas de llorar más.

-Y sobre todo con Sasuke. Lo que me contaste el otro día…

-N-nada. S-Sasuke no hi-hizo nada-susurro yo, interrumpiéndolo. Sasuke no, él no…-. Él… no hizo nada.

¿Sasuke? Sasuke no hizo nada, jamás lo ha hecho. Solo no le interesa, solo está con ella, solo… solo me dejó sola. Pero no es su culpa, ¿no? No es su culpa haber salido en la mañana, no es su culpa haberme dejado sola, en la cama, desnuda. No es su culpa, ¿cómo se iba él a imaginar lo que iba a hacer su tío? ¿Cómo él iba a pensar que él me iba a hacer eso? Su familia, su tío, su tutor, la persona que lo cuida. No es su culpa dejarme sola, es mi culpa por ser tan débil, tan penosa, una vergüenza para los Hyuuga.

Mi culpa por miedosa, por no defenderme más. Mi culpa por ser una idiota, por andar en shorts pequeños, es mi culpa por todo, mi culpa por huir, mi culpa por querer que todo estuviera en secreto. ¿Él como iba a saber que tenía una buena para nada de novia? ¿Cómo imaginarse que yo, que siempre corro, iba a tardar tanto en correr cuando más lo necesitaba? Debí haber corrido desde que se me acercó en el cuarto de lavado, debí haber corrido cuando me acarició la mejilla, debí haberlo golpeado cuando me tapo la boca.

No debí haber esperado, debí haber corrido, debí haberle pegado, debí de haberme defendido más.

Y ahora, ahora no debería correr, ahora no debería desviar la mirada. No debería correr, pero corro y ahora a él no le interesa. Él, que me importa tanto, yo no le importo nada. ¿Y qué importa que me importe si no puedo demostrar nada? ¿Qué importa si de todas maneras aunque a él le interesara yo me iría a otro lado? Idiota, eso es lo que soy, idiota por no enfrentarlo, idiota por no explicarle que aunque a él no le interesara a mi sí, que quería, que necesitaba explicarle.

-F-fue su t-tío-susurro.

-¿El tío de Sasuke?-cuestiona él, sorprendido.

-¿N-n-no me va a creer?-digo, esta vez alzando la voz-Él… él dijo que nadie me iba a c-creer. Por supuesto, u-usted m-menos. ¿Quién me va a creer?

¿Quién te va a creer?

Y la respuesta es nadie, ¿quién me va a creer? Nadie. ¿Quién va a querer nada con una niña idiota buena para nada, cuando pueden hacer caso a él? Al jefe de empresas Uchiha, un hombre adulto, un hombre respetable. Y yo, nadie, a quien corrieron de su casa, desheredada, viviendo con un chico, una nadie. Una completa doña nadie.

-Claro que te creo.

¿Me cree? Mi mirada parece decirle que no lo creo, que no me trago su cuento.

-Por supuesto que sí. Nadie, nadie podría verte ahorita y llamarte mentirosa.

Nadie…

No estaba lloviendo, pero bien podría haberlo estado. Ayudaría al efecto dramático del momento, o al menos a mi me parecía dramático. En mi opinión era dramático, como ese cambio que sucede de repente para que luego todo se ponga bien, como en las películas. Como en las películas que pasa algo y de repente todo se arregla, todo empieza a marchar mejor. Este debía ser mi momento, pero debería estar lloviendo. Bastante significaba estar ahí sin cita, frente a la oficina de Yamato-san, que también es mi psicólogo. Pero la lluvia hubiera ayudado a dar dramatismo.

-Buenas tardes, Yamato-san.

De alguna manera, abrir la boca hacía que se perdiera el efecto dramático. Tal vez llorar ayudaría, pero yo no tenía lágrimas. Creo que gaste todas en la mañana, llorando del dolor y del coraje. Motivos no faltaban para llorar de coraje. Después de besarla, frente a mí, ¡frente a mí! Como si no valiera nada, como si todo ese tiempo juntos, esas horas, los 'te quiero' y el 'te amo' no valieran para nada, como si no hubiéramos estado juntos, y como si nada de eso importara en lo absoluto. Y después de eso, después de besar a otra frente a mí, casi a propósito, como si quisiera que yo lo viera, después de hacer eso, implica que yo era su propiedad.

Que yo era suya, para compartir o regalar, a Kiba a Sai, a Naruto o a quien fuera, aun si quien fuera fuese su tío. Y decirlo como si nada, soltarlo como si yo, y todas esas horas fuésemos nada. Y tal vez lo éramos, tal vez fuimos nada, y no le interesa en lo absoluto. ¿No es eso suficiente para llorar por siglos, llorar ríos, llorar mare? ¿Y qué si es solo un amor correspondido? ¿Y qué si 'solo' fue un intento de violación? Pueden no significar nada, tal vez no para él, pero sí para mí. Y él no tenía derecho a entregar todo eso, no a Naruto y no a nadie.

Lo peor no es haber llorado toda la mañana del coraje, no es eso, lo peor es haber llorado de la desesperación de querer explicar, de querer 'corresponder' ese 'explícame' con algo. De querer contarle, de querer que él me consuele entre sus brazos y en cambio verlo todo el día como zorro en celo con la prostituta maldita de cabello rojo.

-¿P-puedo pasar?-tartamudeé porque de pronto no estaba segura de tener ganas de hablar.

O tal vez tenía ganas de hablar, muchísimas, solo no las palabras con las cuales hablar. Sería eso, sería no saber cómo contar lo que quiero contar, como decir lo que quiero decir, lo que necesito decir, lo que debo decir. Sería la certeza de tener algo que decir pero no las palabras para decirlo, ni las palabras, ni el valor, ni nada. Solo me tenía a mi misma, de nuevo sentada en la oficina que parecía congelar mi lengua.

-Por supuesto, siéntate.

-Y-yo tengo algo q-que decir.

Y de pronto fue como diarrea verbal. Yo lavando la ropa, la mirada de deseo que yo reconocía pero que decidí ignorar, el saludo inocente. Le expliqué las nauseas, ese desprecio que me provocaba su mera presencia y que se multiplicó por mil cuando me tocó. Le expliqué como mi cuerpo temblaba desde antes que pasara nada, como desde antes de que me tocara yo ya sentía la desesperación de saber que no me iba a poder defender, que gritar no valía de nada en el apartamento que coronaba el edificio.

-Porque no había nadie-sollozaba, y Yamato asentía, yo sabía que él sabía que yo estaba desesperada, porque se me acercó y acarició mi cabeza, como si fuera un perrito, o un bebé-. ¿Quién me iba a escuchar?

Y él tenía los ojos rojos, le digo, y no sé si me crea, pero me parece verlos de nuevo, totalmente rojos, y entre más me acuerdo más me desesperan. Más tiemblo. Golpeo a Yamato, y él retrocede, pero no me interrumpe. Incluso me pide que continúe. Y yo sigo, explicando que no podía hacer nada, que él estaba sobre mí y me manoseaba y yo corría y él me volvía a atrapar, y que su mirada era tan intensa que casi lastimaba, y que aun así dijo que no había nada especial en mí.

Que él me tocaba y yo me acordaba que nada había sido así con Sasuke, y tal vez así lo decía y tal vez no, tal vez él no entendía nada, pero igual yo quería explicar. ¿Entiende él que mientras ese cerdo me tocaba yo gritaba para que viniera Sasuke? Pero Sasuke no aparecía, nadie aparecía, aunque gritara y pidiera ayuda, nadie venía, y entre ese nadie, mucho menos Sasuke. Y lloro más mientras le digo que yo lloraba, y él solo se reía, y sonreía, y casi parecía disfrutar con que yo llorara.

Y yo gritaba, rasguñaba, mordía, pateaba y todo era en vano, totalmente en vano. Tan en vano que le rogué, me quede quieta, volvi a patear, volví a rogar, y él solo sonrió. ¿Entiende él lo desesperante que es tener a un cerdo encima de ti, desnudándote, lamiéndote, atrapándote? Y yo sin poder hacer nada, intentando, escuchando sus estupideces, sintiendo sus dedos en el lugar más intimo y privado de mi persona, sentir sus uñas ponzoñosas, sentirlo prácticamente desgarrándome, el ardor, el asco, la desesperación.

Yamato no vuelve a intentar acercarse, pero sé que quiere. Una parte de mi sabe que quiere consolarme, otra piensa que si pone su mano encima de mi cuerpo lo mataría. Una tercera me dice que estoy totalmente indefensa y que tal vez esta vez no podría salir corriendo. Y una cuarta sigue hablando.

-Y corrí.

Y ahora, le creo. Le creo que me cree. Es curioso confiar tanto en una persona a la que le pagas porque te escuche. Tal vez por eso confío en él, porque le pago. Tal vez en cualquier momento se harte de mi, pero entonces podría pagarle porque me escuche más, y entonces él se tendría que aguantar y recibir mi dinero. Y eso es, extrañamente, un alivio. No es un alivio incondicional, pero mientras tenga un trabajo, también se que está ahí.

Y si no…

-¿Entonces te interesa o no?

Alzo la mirada sin entender muy bien, pero viendo sus ojos (cafés, como los de Kiba, como la tierra y como el chocolate agrio), capto su idea, en especial por el brillo travieso de su mirada. Si, tal vez a él, a Sasuke, no le interesa. ¿Y qué si no le interesa? Le interesa a Yamato, aunque le pague por su interés. Le interesa a Kiba, aunque esté enojado conmigo. Está enojado por eso, porque le interesa lo suficiente para desesperarse porque a mí no, le interesa a Sai, y a Naruto-kun.

Y aunque no les interesara, no es importante, porque me interesa a mí.

-S-sí.

Me deja una nueva tarea. Sasuke no importa, pero necesito hablar con mis amigos. Necesito su apoyo, que rectifiquen mi punto de vista. Porque lo voy a denunciar. ¿Se puede denunciar si no me penetró? Se puede denunciar dice Yamato, y yo confío en él. ¿Por qué confiar? No sé… Pero debería confiar. En mi misma, en mis amigos. Él dice que no importa, no importa que no haya ido completo, que la palabra violación implica haberme hecho algo en contra de mi voluntad y que lo que hizo es suficiente. Pero no hay pruebas digo yo. No hay testigos, no hay nada.

Pero sí hay testigos… Naruto acababa de salir, él había dormido ahí. Tsunade puede rectificar que me miraba extraño desde que entré a esa casa. Kiba puede rectificar que yo estaba totalmente desnuda, la ginecóloga que estaba desgarrada, Tsunade que tenía golpes, Hana que estaba alterada. El portero también me vió, alguien debió haberme visto salir del apartamento. Y aun más que eso: debe haber más. Yamato dice que si intento violarme tan fresco, quiere decir que es algo que se ha repetido, y que tengo que buscar a más víctimas.

Y también necesito a mis amigos, y un abogado, y voy a mandar a ese pendejo a la cárcel, le cueste a quien le cueste, y que Sasuke y su putirroja se pierdan en el infierno, a mi me vale madres lo que él piense. De veras.

Y tal vez el cielo ayuda. Tal vez el sol amarillo y brillante como Naruto, y el cielo azul como sus ojos ayuda. Tal vez no lo quiera, tal vez solo lo admiro. ¿Qué importa? Siempre, siempre quise ser como él, sonreírle a la vida, caerme y levantarme con la frente en alto. Siempre quise ser así, como Naruto, y ser menos como yo, una cobarde. Tal vez es hora de hacerlo así. Tal vez la determinación no basta, pero con algo se empieza.

Saco el celular, el Sony Ericsson que ya no lleva una foto de Naruto, sino de Sasuke y yo besándonos (cortesía de Ino) como fondo de pantalla. No necesito una foto, no necesito verlo. Si no le interesa, si no le intereso, entonces… a mi tampoco. Cambio el fondo de pantalla por otra foto. Neji, Hanabi, Kiba, Sai, Naruto y yo el día de la cena. Lástima, no sale Lee porque se fue temprano. El celular se ve bien sin Sasuke. ¿Debería regresárselo a Sasuke? ¿No se regresan todos los regalos que se obtuvieron durante una relación?

Igual y si, pero él no me ha regresado todo. Y este celular es mío, el me lo debía porque aplasto el mío. Puede ser un recuerdo… superar no significa olvidar. Puede ser solo eso, un lindo recuerdo de algo que ya pasó… aunque duela que ya haya pasado. Eso es, un recuerdo. Pero ya estoy vacilando. Lo mejor es empezar a hacer lo que hay que hacer. Abro la carpeta de mensajes. Ramen en la casa a las 6. Tq! ^u^. Destinatarios: Kiba, Naruto, Sai, Sakura. Estado: enviado. Suspiro. ¿Sakura?

-¿Sakura-chan?

Es ella, en la puerta de mi apartamento, con su cabello rosa y sus ojos verdes y su linda sonrisa y su bella persona. Yo me sorprendo porque hace rato que no nos hablamos, igual la recibo con una sonrisa. Ella la devuelve, tensa.

-¡Hinata-chan! Yo quería hablar contigo…-saluda ella, interrumpiéndose con el sonido de su celular.

No me mires, no me mires, déjalo ya…

Susurra una disculpa y lo abre, sonriendo brillantemente. Comenta que el mensaje es mío, y que está alegre de que la haya invitado y que quiera estar con ella. Yo omito mencionar que mande el mismo mensaje a tres personas más, no vaya a ser que hiera sus sentimientos…

-Está… está bien-le respondo yo, y nerviosa, abro la puerta. Es solo Sakura, pero, ¡me hace tan feliz que esté aquí después de tener pleito tras pleito!-. Puedes pasar.

Por un segundo, ella no dice nada. ¡Y hay tanto que decir! Podría decirle que la odio, que no la quiero ver, que me equivoqué y puse un destinatario de más, y que en realidad no quería enviarle ningun mensaje. Pero sería una mentira, y yo lo sé, y ella lo sabe. ¿Lo sabe? ¿Sabrá lo mucho que me dolió que me diese la espalda y se pusiera de lado de Sasuke sin escucharme si quiera? Aunque igual no tenía nada que decirle, no podía, ¿cómo podría?

Entonces no podía… y ahora… ahora no lo sé. ¿Puedo?

-Me porte terrible-dice ella, susurrando y yo no digo nada porque se que quiere continuar-. No sé porque, pero, es que, cuando es Sasuke, simplemente no soy yo. No sé porque, no pienso bien cuando él está cerca… Yo…

-¿Todavía estás enamorada de él?-pregunto, confundida. ¿Y Kiba?

-¿Qué? No, claro que no, es solo que… es Sasuke. Sasuke siempre será Sasuke-dice ella-. Y tú… él te quiere, tienes que saber que te quiere, pero andas por ahí con Sai, Kiba y Naruto pegados, y él te quiere. ¿qué más necesitas? Si tú lo quieres, ¿verdad que si?

Él me quiere. Él me quería. El dijo que me quería, dijo que me amaba. Él lo dijo, ¿pero cómo se supone que lo crea? ¿Qué se supone que pasó, qué es mentira y qué es verdad?

-Claro que no. Yo… es tuyo, si quieres.

¿Qué no lo quiero? ¿Es una broma? Claro que lo quiero. Pero, ¿puedo decirle eso a ella? ¿Puedo confiarle algo o eso se acabó? Ella me mira escéptica, yo le devuelvo mi mirada más terca. Tras un segundo, lo deja por la paz, y cambia de tema, poniendo un rostro aun más serio.

-Hina, ¿por qué te fuiste de su casa ese día?-pregunta ella, llamando mi atención- No eras tú misma, estabas histérica. Algo pasó mientras Sasuke no estaba, ¿verdad? ¿Te hizo algo Itachi?

-¿Itachi?-cuestiono yo, confundida.

¿Itachi? ¿El simpático, bromista, agradable, amigable, comprensivo, cuidadoso, inteligente hermano de Sasuke? Itachi no lastimaría a una mosca, no haría nada nunca malo. A menos que la mosca estuviera molestando su hermanito. Itachi haría cualquier cosa por su hermano, Itachi no tocaría a su novia. Itachi no es el tipo d persona que se metería con una chica indefensa solo porque está ahí, solo porque puede y está al alcance.

-El hermano de Sasuke-dice ella suavemente-. ¿Te dijo algo? Es muy sobreprotector con él…

-N-no… Itachi no estaba-digo yo y ella asiente. ¿Considerará al tío de Sasuke? ¿Qué piensa?-. Sakura… ¿puedo confiar en ti? Yo…

¿Puedo confiar? ¿En quién sí y en quien no? Yo… no lo sé. Tal vez no sea prudente confiar, pero yo se que quiero confiar en ella. Es algo en su presencia, que me da seguridad. Tal vez es más fácil hablar porque es chica, o por esa firme seguridad en ella misma. Todo en Sakura es seguridad, aunque ella no se dé cuenta.

-Hina-chan, sé que no soy la mejor amiga del mundo-dice ella, yo intento contradecirla-. Soy egoísta, soy algo lenta, puedo ser tremendamente desconsiderada y soy… soy un desastre. Y Sasuke… Sasuke fue mi primer amor, mi primer beso, mi primera vez. No te imaginas cuanto lo quería, cuanto lo amaba, cuanto lo aprecio. Y por eso la idea de… tú y él… Fue demasiado para mí.

-¿T-tu primera vez?

Sasuke y Sakura… ¿tuvieron sexo? Claro, no soy tonta. Sabía que esa no era la primera vez de Sasuke, pero hasta ahora, su 'pasado' no tenía rostro. Y ahora está Sakura plantada ahí, Sakura y Karin. Sakura se sonroja visiblemente, pero continua un momento.

-Sí. Por eso me lo tomé tan mal, por eso fui tan perra y tan maldita. Sé que me porte mal pero…- continúa ella. Es curioso verla sonrojada-Pero no es así ahora, porque… porque con Kiba es diferente.

Yo solo pienso en ella, Sakura, con él, Sasuke, besándose. Besándose, abrazados, haciendo algo más, escondiéndose como él y yo en los armarios, y en su cama, y en la habitación de visitas, y en el gimnasio… Y peor aun que eso, peor aun que imaginarse un pasado lejano con Sasuke y Sakura, está cambiar el rostro de Sakura por el rostro de ella, la pelirroja, la chica de gafas, a Karin, y los celos son casi insoportables. Dan ganas de golpear a alguien, destrozar un cojín, ponerme a gritar y a llorar. En este mismo momento, ellos podrían estar en el apartamento dos pisos abajo haciendo cualquier cosa. Podrían, podrían, podrían.

Podrían estar haciendo lo que quisieran y a mí no debería importarme…

-Y-yo… entiendo-y es verdad. Es verdad que la entiendo, es verdad que comprendo que sea tan defensiva de Sasuke, que haga tanto por agradarle.

Todo en Sakura es seguridad, pero, muy en el fondo, tal vez, Sakura esté tan asustada como yo. Sé que suena cruel, pero dejar de ver a Sakura como un ente perfecto es agradable. Saber que también ella sufre y tiene inseguridades y esa infinita necesidad de ser aceptada y querida, saber que somos tan parecidas como diferentes, me hace sonreír. Porque además, tiene a su lado al chico perfecto para entender todo eso.

-Pero… no te perdonaré nunca si lastimas a Kiba-kun.

Ella se ríe, y yo la imito. Claro que no quiero que lastime a Kiba, pero siendo sinceras, es muchísimo más probable que sea mi amigo quién la lastime a ella. Y es que Kiba es todo, menos un buen novio. Es buen amigo, es comprensivo, amigable, vivaz, alegre, cálido, confiable, todo, todo menos amoroso. Como prueba de su falta de interés en sus relaciones amorosas hay más de veinte chicas dispuestas a golpearme en la escuela y una Tenten que no deja de hacerme la vida de cuadritos. Y a juzgar por su sonrojo en las mejillas y el brillo en sus ojos al hablar de él, Sakura ya lleva rato que paso de la etapa 'galán y galana' para querer ser pareja.

Ella me pregunta por el ramen, yo le digo que lo voy a preparar y ella decide que lo prepararemos juntas. Los ingredientes están en el refrigerador, algunas cazuelas en la alacena. Cocinar siempre ha sido divertido, pero cocinar mientras te ríes y vuela la pasta y el caldo enredándose entre cabellos negros y rosados es un mundo de diversión que ayuda a escaparse hasta de los recuerdos. Estar con Sakura, reir y hablar de cosas de mujeres me recuerda los viejos tiempos, cuando empecé a salir con Sasuke, cuando gracias a todos los comentarios de Sakura aprendí a diferenciar entre admiración y amor, cuando el perfume de Sasuke me intoxicaba y me impedía pensar, cuando entre risas y jugueteos nos escondíamos en cualquier lugar, cuando Sasuke me besó bajo el arco de flores…

¿Qué tan idiota es acordarse de cada detalle? Tocar mis labios con las puntas de los dedos y recordar el cosquilleo, las mariposas, el agradable escalofrío en la espina dorsal. ¿Qué tan patético es aspirar en mi memoria su aroma a menta y a limón y a hierbabuena? Fue como un sueño, que me tomara de la cintura y me atrajera hasta él, que acariciara mi mejilla y se apartara luego con una sonrisa arrogante y satisfecha. Puedo sentir agradable el cosquilleo en mis labios por un segundo más, un precioso segundo antes de que el recuerdo de otras manos grandes en mis mejillas y otros ojos negros en mi cuerpo regresen a mí y me ataquen con un escalofrío que es todo menos agradable…

Tengo que enterrarlo y hacerlo un lado. Enfrentarlo y hacerlo un lado. Enfrentarlo y hacerlo un lado. Me defendí, lo hice a un lado, corrí. Me defendí, lo hice a un lado, corrí. Enfrentarlo y hacerlo a un lado… Ese es mi mantra. El que por más que repita no logro aplicar.

Sakura me mira un segundo preocupada, porque solo un segundo dura el tiempo en que me decido a soltarle la bomba. Yo entiendo… de verdad que sí. Entiendo lo que ella siente por Sasuke y la manera en que lidia con sus sentimientos. Entiendo que quiera agradarle y que le haya apoyado en un momento de confusión. Incluso entiendo que quizá Sasuke lo necesitara, quizá no. ¿Me entenderá ella?

-Fue su tío. Él intentó violarme-le digo lo más rápido que puedo, casi escupo las palabras, rápido porque si no me voy a poner a llorar-. Y yo… yo intente, pero fue difícil, y lo quite, y salí corriendo y…

Y ya estoy llorando de nuevo, y ya otra vez no sé lo que estoy diciendo, otra vez no sé si logro decir lo que quiero decir. Pero Sakura es más rápida que mis palabras, y sin seguir la técnica cautelosa de Yamato, que consiste en acercarse con cautela y asegurarse de que no reaccione de manera violenta, Sakura simplemente me abraza, atrayéndome hasta ella y acariciando mi espalda. Y su técnica es mil veces mejor que la de Yamato, es mil veces mejor así… solo sentir el calor de alguien y saber que no va a intentar hacerte daño de ninguna forma…

-Oh, Hinata-chan… Yo lo siento tanto…

-Yo solo… tenía miedo.

Y es que no puede ser. Si yo tuviera que leer mi historia, desesperación sería un adjetivo corto para expresar lo que sentiría por una niña cobarde y chillona e indecisa e idiota. Así que llorar de nuevo no puede ser. Y ella dice que está bien, que está bien llorar, y es extraño que se lo crea más a ella que a mi psicólogo. Todo parece más creíble, más plausible, más real cuando lo dice Sakura con su suave voz y sus suaves caricias en mi cabello que son como tener de nuevo a mamá. Es como recuperar un recuerdo muy, muy viejo, como ver de nuevo esos ojos blancos y su sonrisa, su cabello negro y largo, sus manos suaves… escuchar su suave voz, oírla cantar una nana para ayudarme a dormir.

Es mamá, es su voz, es ese el recuerdo que recupero con la cercanía de Sakura, y es solo uno de los muchos recuerdos perdidos, solo uno de esos recuerdos que son tan viejos s que tal vez nunca recupere, pero pensar en mamá me llena de alivio.

Sakura dice que todo estará bien, y yo le creo, le digo que le creo. Ella dice que puedo contarle lo que quiera y que puedo callarme lo que quiera. Y yo le creo, le creo y le cuento, le explico, le digo. Ella dice que lo denunciaremos, que encontraremos más testigos, que ni si quiera Sasuke puede negarse a testificar a mi favor, que no hay manera de que se pongan en mi contra. Yo le creo y le cuento un poco más, incluso de la noche en que dormí con Sasuke, la noche en que no hicimos más que dormir. Le cuento de la escenita en la azotea, del día del beso, de mi furia, de mi miedo, de mi desesperación.

Le digo lo que pasó en la enfermería, esa primera vez hace tantos meses y le digo lo que paso hoy. Le cuento que a él no le interesa, de cómo lo vi dormir, de sus ojeras, de lo enfermo que parece. Como si algo le atormentara, como si algo estuviera mal. Le digo lo que pasó en la enfermería, esa primera vez hace tantos meses y le digo lo que paso hoy. Le cuento que a él no le interesa, de cómo lo vi dormir, de sus ojeras, de lo enfermo que parece. Como si algo le atormentara, como si algo estuviera mal. También Sakura está preocupada por él, dice, también ella está furiosa por sus demostraciones públicas de afecto con la pelirroja, también ella cree que hay algo mal con Sasuke.

Pero también dice que es obvio que él aun me quiere, que él no es del tipo que olvida tan fácil… y a mi esas palabras me parecen tan tiernas, y a mi el llanto ya me cansó tanto, que me quedo dormida en el sofá, sobre el hombro de mi ahora recuperada mejor amiga.

Pero no es lo mismo. Dormir solo y dormir acompañada son dos caras opuestas de la moneda. Abrí los ojos y estaba sola en la cama. Qué extraño, estar sola en un cuarto y una cama que no es mía. Sonreí estúpidamente, aun sin moverme de mi lugar. No llevaba ropa, pero era normal, después de lo de anoche. Me sonrojé estúpidamente, felizmente, alegremente. ¿A qué es bonito estar enamorada? Si, era bonito y por eso sonreía, porque me encantaba quererle tanto, aun si no estuviera en la habitación por el momento.

Me sonrojé de nuevo. ¿Cómo verlo después de lo que había pasado la noche anterior? ¿Cómo reaccionar? Esto me ponía mucho más nerviosa que el día en que me besó por primera vez, era mucho más difícil saber qué hacer. Amor. Dicen que idiotiza, hay idiotas que dan la vida, la dignidad, todo por amor. Yo me sentía una de esas idiotas, estaba en mi mundo, en mi luna, en mi mundo de unicornios y mariposas, en un mundo donde nada importaba, donde todo era amor y besos en el gimnasio, un mundo mío donde acababa de tener sexo por vez primera y donde todo era como el paraíso.

Y de pronto… en el paraíso había tormenta. Todo era gris y negro, humo, niebla, confusión y la sensación de no poder moverme ni para salvar mi vida, y en medio de todo, estaba él. De pie, con sus ojos negros, con su sonrisa de lado, su cabello negro, su piel pálida y sus grandes manos, su poderoso porte. Era él… y de pronto no era él, y la sonrisa arrogante se fusionaba con la sonrisa maniaca, los ojos cálidos y los ojos sedientos eran una misma cosa…

-Hinata-chan.

Me giré, ¿ayuda? Ayuda era lo que necesitaba, porque mis pies no daban ya para correr más, estaban congelados del frío y del miedo. Y la nieve estaba en todos lados, tan fría que quemaba, y era como pegamento, que me retenía, que no me dejaba correr, la nieve me congelaba.

-Hinata-chan.

¿Sakura? Ayuda…

-¡Hinata-chan!

Me quejo un poco al tiempo en que despierto, desperezándome. ¿Soy yo o la luz está muy intensa? Sakura está a mi lado, y yo sigo recargada en ella. Sus preciosos ojos verdes están dilatados por la sorpresa, bella aun con una mueca de horror en el rostro. ¿Horror? No, pero si miedo, preocupación, confusión. La confusión conmigo nunca es poca, y después de lo que le conté menos. Debería acostumbrarse, aunque es difícil, extraño. ¿Cómo reaccionar ante semejante declaración? Es como si te entregaran una bomba y te pidieran que te encargaras de no dejarla explotar.

Que pinche miedo.

-G-gomen. ¿Te golpee?-le pregunto.

Ella no responde, en realidad, parece que no tiene ganas de decir nada, pero ella no ocupa decir algo para que yo sepa que la golpee. De hecho, siempre golpeo a Kiba cuando duerme cerca. O lo araño. Normalmente es culpa de él, que intenta restringirme el movimiento durante las luchas a muerte en las que caigo al dormir. O tal vez es mi culpa por no decirle a que se enfrenta… Pero a partir de hoy eso cambia, hoy es 'el momento' de la película en que todo mejora.

-¿Siempre tienes pesadillas?-pregunta al fin Sakura, sus líneas de expresión acomodándose para mostrar preocupación.

Yo le sonrío lo más amablemente posible, intentando que no se preocupe, intentando que de alguna manera vea que no hay nada mal aquí. El problema es que es imposible mostrar eso cuando hay algo mal de verdad, cuando estás tan jodida que nada más ya no puedes pretender…

-Solo a veces.

No es una mentira, pero tampoco es la verdad. Es más sencilla una verdad a medias, aunque no necesariamente mejor por ello. ¿Cómo dice esa canción? 'La mitad de una mentira no es la verdad…' ¿O no decía así? Hay cosas que se confían de principio a fin, y hay cosas que se confían a medias, porque simplemente son demasiado pesadas, aterrorizantes, preocupantes. ¿Cómo hablarle de las pesadillas, de la falta de apetito, del vomito, de los escalofríos, del miedo?

Y yo siempre tengo pesadillas, siempre hay alguien que me persigue, siempre hay algo que me aterra en mis sueños, en mi vida, siempre tengo miedo de algo. Pero al menos en mis sueños puedo pretender que peleo, pretender que evito que todo crezca. En la vida real no hay eso, hay lo que sucedió y lo que me asusta. Y lo que impedí… o tal vez solo fue un sueño, como en una película, solo me defendí del recuerdo y ni si quiera se si soy yo o no. Tal vez nada de esto pasó, tal vez todo es un sueño y estoy en mi cama, a salvo en la mansión Hyuuga mientras mamá me canta una nana.

-¿Qué hora es?-le pregunto, confiada en que si todo está jodido lo mejor es cambiar el tema-Los chicos van a llegar en cualquier momento…

-¿Los chicos?

Pregunta Sakura, confundida. Yo sonrío, omití contarle que le iba a contar todo a los chicos, que era 'mi tarea' con el psicólogo. Decido contárselo, y no voy ni a la mitad cuando suena un grito que me sorprende casi tanto como me alegra. La sonrisa de Sakura, tierna y enamorada, se hace presente al instante. ¿Es normal sentir celos?

-¡Hinata!-suena el timbre.

O más bien el grito de Kiba, porque no tenemos timbre.

-¿Vas o voy?-cuestiona Sakura.

-Voy-le respondo, poniéndome de pie y caminando hacia la puerta.

Una vez ahí la abro, encontrándome con una maraña de pelos que es Kiba, él me besa en la frente y se pasa.

-Eah, eah, que no se permiten perros-le digo, bromeando.

-¿Planeas sacarnos a los dos, entonces?-pregunta Sakura.

Kiba solo la mira un segundo, sorprendido de que esté ella aquí. Después de todo, él sabe mejor que nadie acerca de la 'pelea' entre su novia y yo. Después de un segundo, sin preguntas, la saluda y se dirige a la cocina, ignorando los comentarios de ambas.

-¿Hablaste, hime?-pregunta, tomando una manzana del frutero que me costó media quincena llenar.

Suspiro, estar contando cuánto cuesta cada uva, cada manzana y cada mandarina no debería ser mi estilo. Jamás pensé que sería tan coda. Precavida con el dinero. Que son lo mismo pero la segunda suena más bonito. Antes de que le conteste algo a Kiba, entra Sai, con una sonrisa en el rostro y un papel largo en la mano. Parece un cheque, pero tal vez no debería prestarle atención por el momento. Sobre todo porque el ramen empieza a desbordarse de su cazuela.

En un movimiento rápido, al menos para mí, llego hasta ella y la apago. La temperatura baja al instante y la ebullición también. Debe llevar rato listo. Y el ramen listo es como una llamada de emergencia a…

-¡Naruto!-exclama Sakura, cruzada de brazos y lista a golpearlo.

-¡Naruto-kun!-exclamo yo, intentando prevenir el golpe.

Y si, Naruto esquiva a Sakura y me abraza a mi, sonriente. Y pensar que hace solo unos meses, era totalmente incapaz de articular una oración completa frente a él…

-Dijiste ramen, ¿no?-pregunta él, yo asiento y él sonríe- ¡Hinata tú preparas el mejor ramen de Konoha!

-Empiezo a creer que solo me quieres por el ramen-susurro yo, haciéndome la sentida.

Él murmura algo como 'tonta' y me revuelve el cabello. Lo curioso de Kiba y Naruto, es que no viven aquí, pero actúan como si lo hicieran. Naruto está ya buscando su plato para el ramen, mientras que Kiba ya está echado en el sillón, jugando con su Nintendo DS. Sakura me mira con una sonrisa tímida y comprensiva. ¿Cómo decirle a estos bestias lo que les iba a decir?

-¿Boxers de corazoncitos? No me sorprende que tengas el pene tan chiquito. Debes ser niña-comenta Sai a Naruto con una sonrisa falsa y brillante.

Ya veo la catástrofe venir.

-¿Q-que demonios?

Naruto se gira, jalando de alguna manera con él la cazuela. Y mi ramen, mi precioso ramen, en el que gastamos tanto tiempo y dinero, está todo por los suelos. Ya veía una catástrofe venir… solo no esta.

-¡ERES UN IDIOTA NARUTO!-grita Sakura, golpeándolo con fuerza en la cabeza, sin que mi aturdimiento me deje hacer nada para evitarlo.

-Awwe, Sakura-chaan.

Yo no se ni que hacer. Quisiera golpearlo, golpearlos a todos. Yo les hablo por algo importante, y ellos llegan a hacer su desmadre a mi casa. Pero además… el ambiente está tan alegre, aunque pretenda estar enojada, y aunque ellos son tan idiotas, estamos todos tan… a gusto… ¿por qué arruinarlo todo con mis malas noticias? Si es una carga para mí… y si ya vi todo el peso que le cayó encima a Sakura con 'mi confesión', ¿Cómo decírselo a los demás? Además…

Nadie te va a creer.

-Ahora tendremos que recoger este desastre-suspiro yo, Sai y Naruto emiten un quejido.

-Que lo hagan ellos, ellos son los del desastre-se encoge de hombros Kiba, acomodando un cojín en su cabeza y poniendo los pies sobre la mesita de la sala, una vez acomodado agrega-. Caray… y esperando el ramen no comí nada…

-Estoy con Kiba, que recojan ellos-dice Sakura-. Y podemos ir a comer a Tiana's.

-O al Ichiraku-comenta Naruto.

-Ya lo hago yo, si ustedes recogen lo que va a quedar es un desastre mayor-digo, quitando el trapero y la escoba de las manos de Sai-. Y kiba, baja los pies de esa mesita, sabes que es un regalo de Shino y nunca te voy a perdonar si la arruinas.

Naruto se ríe un poco, divertido por 'mi faceta de ama de casa' y se ofrece a lavar entonces los trastes y limpiar los muebles salpicados, como siempre, deseoso de ayudar y con una sonrisa en el rostro. ¿Qué tanto puede desaparecer esa sonrisa con la bomba que planeo soltar? Y también Kiba… está sentado ahí como si nada, pero ayer me dijo a gritos que no estaba dispuesto a esperar a que yo me jodiera sola, y que si quiera él se merecía la verdad.

¿Pero cuánto pesa la verdad?

Y Naruto… que lleva dos días sin ir a la escuela por pelearse con Sasuke para 'defenderme a mi'. ¿Qué va a pasar ahora? Se que tengo que decirlo todo, soltar la verdad, exigir que Madara reciba lo que merece. Porque lo merece, merece estar en la cárcel, podrirse ahí, morirse. Quiero que esté lejos, lejos, lejos, tan lejos que nunca más pueda yo tenerle miedo, tan lejos que ni si quiera su recuerdo me alcance. Quiero borrarlo de la faz de la tierra, meterlo en una cajita y aplastarlo, desaparecerlo para siempre.

Y Sasuke…

-¿Hina? ¿Sigues con nosotros?

-¿Eh?

Una carcajada general y Naruto comenta que 'eso responde su pregunta'. Sakura también se ríe un poco, pero la veo mirarme, preocupada.

-Decíamos que debe haber una razón por la que decidiste reunirnos en tu casa.

-Oh…

-Claro, Hinata tiene algo que decirles.

-¿Siempre sí estás embarazada?-pregunta Kiba, con el ceño fruncido después de oír el tono de seriedad en la voz de Sakura.

Silencio y cuatro miradas fijas en mi. Yo exprimo el trapero y lo pongo en su lugar, el pequeñísimo closet 'de limpieza' cerca de la cocina. ¿Este es el ambiente necesario para decir lo que hay que decir? Supongo que si… la hora de la verdad es ahorita y solo ahorita.

-¿Eh? No… no estoy embarazada… es algo…-¿Cómo decirlo?- peor.

Kiba alza la mirada, y me encuentro con sus ojos, cafes y tranquilizadores. Le sonrío levemente, intentando decirle con la mirada que estoy bien, pero el problema es que no lo estoy, y Kiba es mi mejor amigo, sabe leerme como a un libro. Y sin decir nada… se que el mismo peso que carga Sakura, estoy por dárselo a él. Tal vez por separado… compartida por más de uno, tal vez entre todos… el problema pese menos.

-Yamato… ehrm… ¿les dije que tengo citas con él?

-¿Quién demonios es Yamato? ¿Tienes novio?-pregunta Naruto, con la ceja alzada.

-Calma Naruto-kun. Yamato-san es mi tutor, y es el psicólogo de Hina-chan-dice Sai, con esa sonrisa hipócrita en el rostro y la voz siempre calmada. Yo asiento, dándole la razón a Sai-kun-. ¿Decías Hina-chan?

-Bueno… llevo rato yendo con él porque Tsunade pensó que tenía… problemas-cuento yo, no muy segura de cómo decir la verdad, pero prefiriendo empezar por la parte menos dolorosa-. Y Yamato-san dijo que lo mejor para mi era… compartir lo que sentía con las personas que más quiero.

-Que por supuesto somos nosotros, ¿no?-dice Naruto, sonriendo- Si te escuchara el teme…

-Sasuke-le corrijo yo al instante, sin pensar muy bien en nada.

-Ese-dice Kiba rechinando los dientes.

-Yamato-san le dejo a Hinata de tarea que nos contara lo que pasó ese día para que saliera de casa de Sasuke.

Y eso es como el inicio de la bomba. Las miradas de los tres se encuentran con la mía. ¿Cómo definir los sentimientos mezclados en los rostros de mis amigos? Preocupación, curiosidad, ansiedad. No puedes intentar a medias, tienes que esforzarte y lograrlo. Yo sé que eso es lo que hay que hacer, lo sé y por eso mismo, como con Sakura, decido que hay que dejar caer la bomba… hay que decir la verdad… y solo esperar que ellos… que ellos entiendan.

Nadie te va a creer.

Pero él… él no sabe nada de mi. Fue lo suficientemente idiota para pensar que podía someterme, pensó que me quedaría callada, que podía mancillarme y jugar conmigo, pensó que yo era cualquier idiota, que yo sería una más entre muchas. Pero yo no soy así, yo… yo soy más que solo 'una Hyuuga', más que solo Hinata, más que solo una cobarde. Él puede pensar lo que quiera… pero no por eso va a ser verdad… y si quiero hacerlo pagar… entonces necesito a mis amigos, se que los necesito, y se que si los necesito, ellos allí estarán.

-Ustedes se fueron…-dije yo, mirando a Naruto.

-A comprarte algo de desayunar porque yo había acabado con la cocina-interrumpió Naruto.

Yo asiento para darle a entender que lo escuché, pero continúo al instante. No por miedo a no continuar, sino porque simplemente necesito decirlo ya.

-Y cuando yo me desperté estaba sola… yo… pensé que a lo mejor habían tenido que salir, pero había algo… embarazoso en las sábanas, así que me puse una playera de Sasuke y las llevé al cuarto de servicio para lavarlas-continúo. Naruto tiene ganas de decir más, pero en el ultimo momento cierra la boca para seguir escuchando-. Y cuando lo hice me encontré al tío de Sasuke…

-¿Madara?

-M-Madara… y él… él-¡Fuck!-… él intento violarme.

La explosión de rabia y enojo no se hizo esperar. Y yo… jamás me había sentido tan feliz, y solo necesite tres palabras para deshacerme de ese hijo de puta.

-¿Intentó?

-Hinata-chan le dio una patada en los huevos cuando iba a… hacer lo que quería y se largó corriendo.

-¿Hasta mi casa?

Yo asiento. ¿Que qué es lo más sorprendente de tener amigos? Los abrazos grupales. Eso es lo que yo creo, y aplastada de manera que me duelen hasta los huesos entre los cuerpos de Sakura, Naruto, Sai y Kiba, extrañamente, de toda la rabia, la frustración, la ansiedad y el miedo que he sentido desde el primero de Enero… no queda nada.

No queda nada de todo eso y por eso quiero reír, y porque quiero reír, empiezo a reír como loca, acompañada de mis amigos. ¿Entienden el chiste? Tal vez no lo entiendan, pero hay algo que seguro entienden, y es que no se les puede escapar que por primera vez en mucho, mucho tiempo… me siento segura… y tras un rugido de mi estómago, se que también me siento hambrienta. Esto es a lo que me refería con 'el mejor momento de la película', cuando tomas 'la decisión' y todo mejora, cuando las cosas simplemente va bien.

-Al parecer no soy el único hambriento, aquí, ¿verdad?-bromea Naruto, desacomodando mi cabello.

-No, al parecer no-río yo.

-Tendremos que ir entonces al Ichiraku a calmar el hambre de Hime-sama y su Ouji-dice Sai, con su cara seria al extremo-. Y a acabar con esta conversación.

Miro los rostros de los otros, incluyendo el de Naruto. Están felices de que sea capaz de reír con ellos, pero, en el fondo de cada uno de esos ojos, ojos grises, cafés, verdes y azules, hay un solo sentimiento: enojo. ¿Contra Madara? Y por mi bien. Están enojados porque me quieren, y sé que no debería ser feliz por esto, pero estoy feliz de que me apoyen, y me quieran como para llenar de odio sus corazones hacia el hijo de puta que me hizo daño. Al que juro voy a hacer pagar a pesar de todo… a pesar de Sasuke.

-Entonces yo invito-anuncia feliz Naruto.

Claro que él invita, el muy afortunado tiene descuento de cliente preferente. Nadie más que él sería capaz de soportar una dieta a base de puro Ramen lo suficiente como para asegurar a los dueños de que no perderían dinero dándole un descuento. Eso y el hecho de que Ayame y Takeuchi-san lo aman como si fuera de su familia. ¿Y cómo no adorarlo? Si tiene esa brillante sonrisa y esa capacidad de hacerte creer en tu mismo y de hacerte sentir más fuerte de lo que jamás pensaste podrías ser?

Tome mi chaqueta verde, y mi morral, y juntos salimos los cinco del apartamento, bajamos por las escaleras haciendo nuestro escándalo que no sé cómo no se quejó ningún vecino y caminamos hasta el Ichiraku, que está a unas cuadras del edificio en el que vivimos. Y aun feliz de estar con mis amigos… no puedo evitar ver el piso donde se están los nuevos amigos de Sasuke y su nueva novia. ¿Estará él ahí? ¿Pensará en mi tanto como pienso yo en él?

Debi estar enamorada desde entonces. Su mirada me cohibía, y por extraño que suene, su mirada estaba en mi siempre, en todas las clases. Sasuke Uchiha, el chico más guapo del salón, el amor de prácticamente todas, ídolo escolar, prácticamente. ¿Quién jugaba fútbol mejor que él? ¿Quién era más alto, más guapo, más atractivo? ¿Quién practicaba Karate, jugaba basquetbol, beisbol, atletismo y tenía las mejores notas? Solo el chico del que yo, yo y nadie más estaba enamorada, Naruto Uzumaki, quién era su mejor amigo.

De quién yo creía estar enamorada. La verdad es que era un chico excelente, bueno en los deportes, amigable, sonriente, animoso, gracioso, con grandes ojos azules y desordenados cabellos rubios. Y observándolo a él fue como me distraje de mi mensaje escrito para Shino, y fui golpeada, de manera bastante grosera, por un chico que ni si quiera pidió perdón. Fue ese golpe el que logró que el celular cayera de mi mano y golpeará el piso, y fueron los pies y las pisadas fuertes de un chico de cabellos oscuros los que aplastaron mi celular, desprendiendo la impecable pantalla del teclado.

-¡Sasuke! ¡Aplastaste su celular!-exclamó Naruto, el chico de mis sueños- Ehm… ¡juro que te lo va a pagar! ¡Sasuke, espérame!

El maldito ni si quiera se giró, pero podía sentir su sonrisa arrogante al verlo caminar… no es que odie al chico Uchiha. Claro, es un bastardo maleducado y desconsiderado, pero jamás me ha hecho nada a mi. Si tan solo no me hubiera tropezado y él no hubiera aplastado mi celular…

-¿Hyuuga?-dijo Sasuke, que se había regresado- Lo siento.

…entonces, tal vez me podría caer bien.

Tal vez no estaba enamorada, pero yo se que la atracción ya estaba ahí. Las mariposas, todo estaba ahí desde entonces, y si no lo veía era porque estaba muy ocupada pretendiendo buscarle un nombre diferente a toda la admiración que sentía por Naruto. Naruto, que hoy es uno de mis mejores amigos, Naruto que ama el ramen, que es tan alegre y tan distraído, Naruto que es todo, todo menos lo que en verdad me hacía feliz de Sasuke.

De Sasuke…

-¿En verdad tienes tanta hambre?

Yo me sonrojo al extremo después de un nuevo gruñido de mi estómago y de las risas de Naruto y Sakura. Y es que no es mi culpa, simplemente anoche no tenía apetito y después de la plática con Yamato, la llegada inesperada de Sakura y el ramen tirado… El resultado es que llevo más de un día sin comer. Y no es que ayer haya comido mucho… ni anteayer. Ni desde hace bastante tiempo, ahora que lo pienso. El ramen es como caído del cielo. Lo que no es precisamente agradable es ver a Karin y a Sasuke sentados en el lugar, comiendo ramen juntos y platicando en voz baja, como si no quisieran que nadie más los escuchara…

-Sí, muchísima-río, ignorándolos y colgándome del brazo de Sakura, quien les dedica una mirada asesina y me jala con ella, sentándonos a espaldas de ellos.

Los otros se sientan también, Naruto a lado mío, Sakura del otro lado, Kiba en frente y Sai a lado de Kiba, tapándole la salida para que no vaya a salir con querer golpear al hijo de puta de Sasuke y a su maldita novia de cabello rojo y facciones mil veces más finas que las mías, labios más gruesos y ojos más expresivos. ¿Por qué demonios tiene que ser tan bonita?

-Solo ignóralo, Hina-susurra Sakura.

-¡Eso hago!-le digo.

Eso hago, pero es difícil ignorarlo cuando ellos están todos listos a echársele encima a Sasuke, y tienen una cara que indica que me esperan que me ponga a llorar en cualquier momento. Pero yo creo que ya lloré suficiente. Este es mi momento, el mejor de la película y ni si quiera el bueno para nada de mi coprotagonista e interés romántico me lo va a arruinar.

-Un Shōyu ramen y té helado, por favor-le digo a Ayame-san, interrumpiendo sus miradas de histeria y haciendo caso a la chica, que lleva unos segundos aquí de pie.

-Haz eso dos Shōyus y dos tés-dice Sakura.

-Y un Miso Ramen-dice Naruto, sonriente-, Ayame-chan.

-Y un Tonkotsu-agrega Sai-, por favor.

-Dos-completa Kiba.

-¿Para beber nada, chicos?

-¿Refresco?-dice Naruto, sonriendo.

Kiba dice que nada, Sai niega con la cabeza y Naruto se decide por una Fresca.

-Hinata, lo vas a denunciar, ¿verdad?-dice Sai seriamente en cuanto se va Ayame, cambiando el tema y bajando la voz.

Yo asiento. No sé cómo me vean ellos, pero de algo estoy segura, es que, si el miedo se fue, es por una razón, una razón que es casi tan fuerte como el apoyo de mis amigos: la rabia. Y sé que toda esa furia y ese enojo tienen que estar en mis ojos, todas, todas las ganas de que el maldito se pudra en el infierno tienen que ser expresadas de alguna manera en mis líneas faciales, en mi voz o en mis ojos.

-Ese motherfucker va a pagar, Sai.

-¿Cómo?-pregunta Sai, quien es el que tiene la mente más fría de los cinco.

Yo les explico, en voz baja, lo que me dijo Yamato. Necesito testigos, necesito que me apoyen, tengo que prepararme para los contratiempos, para que duden de mi, y para toda la presión que va a ejercer Madara. Tengo que buscar más víctimas, y necesito los testimonios de Kiba, Naruto y Sakura, quiénes me vieron después de lo que pasó. También, si lo logro, necesito el apoyo del portero del edificio y de Sasuke, aun si él… está… con otra.

Todos guardamos silencio cuando llega el ramen desde las manos de Ayame-san, calientito y delicioso, y casi puedo escuchar a mi estómago rugir de nuevo ante tan esplendorosa visión. Con los palillos en mano, lo devoro tan rápido que estoy segura de que soy la primera en acabarlo. Aunque, como siempre pasa, estoy equivocada, pues cuando me giro para ver a Naruto, veo su plato vacío y su mano llamando a Ayamae-san, para poder pedir otra orden. Yo me siento bastante satisfecha, pero no puedo evitar darle una mirada envidiosa al ramen de Sai, que está medio lleno.

-¿Quieres un poco, Hime?-pregunta él, sonriente.

Yo asiento, susurrando 'solo un poco'. Sai se adelanta, tomando ramen con ambos palillos y alimentándome en la boca. Yo me sonrojo un poco, y susurro un 'gracias', pequeñito.

-¡Tienes que estar loco, Sasuke!-grita Karin, tan alto, que incluso me giro para ver qué demonios sucede.

Tengo que ser masoquista para girarme y verlos. Sasuke le dice de manera firme (y más bien amable) que se siente, y la toma de la muñeca. Empieza a hablar en voz baja de nuevo, aun tocándola. Sakura me gira y se enfoca en llamar mi atención. Ojalá pudiera…

-¡Tienes que estar loco, Sasuke!

Él ha roto muchísimas cosas en el pasado. Rompió el corazón de Sakura, repetidamente, mi celular, los boletos para el cine, mis bromas, pisó una de mis tareas, mi resolución, y si todo seguía así… mi amistad con Sakura. La primera vez que me besó, bajo el arco de flores me sentía… como en la cima del mundo. No, más que eso, más allá, lejos, tan y tan arriba que Konoha, el mundo eran un puntito en la nada. Me sentía tan bien, que ni las posibles lágrimas de Sakura, ni lo mucho que me regañaría mi papá, ni lo que el mundo pensara importaban.

Con un solo beso, Sasuke Uchiha hizo un mundo en el que solo importábamos él y yo…

-Hinata…

Y con un segundo beso, escondidos en un armario… el universo entero podía caerse en el vacío, y a mi me habría importado un pepino. Como si un solo beso pudiera compensar por todo lo que se podría romper por eso.

Pero ni un beso, ni una mirada compensan nada. Puedo perder un mundo entero por estar con él, y al final acabaré extrañando el mundo. Y perdiéndolo a él por mi mundo… definitivamente acabo siempre extrañándolo a él. Mientes… es lo que dice la canción puesta en la radio, mientes… ¿Quién miente? ¿Él? ¿Yo? ¿Ambos? ¿Y porque me duele tanto el estómago?

-¿Te sientes bien Hina?

-No… es… na-empiezo a decir, pero hay algo más.

Desesperada, hago a un lado a Naruto, y al ver mi cara, él se mueve con la rapidez suficiente para dejarme vomitar en el pasillo.

-Yo lo sien-quiero disculparme, pero siento una nueva arcada en la garganta y corro hacia el baño, decidida a no hacer más desastre aquí.

¿Me habrá visto Sasuke? Y si me vió… ¿Qué pensará de mi? Nada… ¿No es esa siempre mi respuesta? Él no piensa nada de mi, no piensa en mi, no le importa, no le intereso… yo a él… no le intereso nada. ¿Debería doler tanto? Si es mi culpa, pero solo es mi culpa a medias. Si él me hubiera querido en verdad, si me hubiera amado, ¿me hubiera dejado tan rápidamente atrás? ¿En verdad le importé alguna vez? Tal vez era todo solo un estúpido juego de mi mente, pensar que, de todas las chicas tras él en el instituto… se iba a fijar en la más insignificante.

Y solo la idea me causa más nauseas, por lo que logro arrojar el resto de mi 'desayuno' en el inodoro. Y ya escucho los pasos de Sakura, preocupada y siendo la única capaz de entrara aquí.

-¿Estás bien Hyuuga?

-¿S-Sasuke?

¡Qué vergüenza! De verdad, de verdad no quiero que me vea así… Pero está aquí. Está aquí, frente a mi, y yo, que según yo, ya no tengo miedo, no puedo verlo de nuevo a la cara, por más que lo intento… tal vez si voy de poco a poco… sus labios, sus mejillas, su nariz… y tal vez nunca llegue a ver sus ojos de nuevo.

-Te hice una pregunta-dice él.

¿En verdad tiene que ser tan frío? Y después de cómo me hablo la última vez… ¿Qué hace aquí de todas maneras? Se supone que tiene una novia, de cuerpo envidiable y cabellos rojos sentada ahí afuera, esperándolo para besuquearse con él. No tiene nada que hacer aquí… en el sanitario de chicas, conmigo, y sin embargo… aquí está…

-Supongo que hoy no te duele la cabeza-suelto de repente, en lugar de responderle nada.

-Vomitaste-dijo él, encogiéndose de hombros. ¡Gracias maestro de lo obvio! Y yo que no me había dado cuenta…-. ¿Estás embarazada?

Así que eso era… por supuesto que no estaba interesado en si estaba bien de verdad, solo le interesaba verdad que tanto podía afectar lo que me sucediera. Y ese maldito tono de voz… simplemente me enloquece… dan ganas de matarlo, de golpearlo. ¿Qué tiene Sasuke Uchiha que puedo desear clavarle un cuchillo en el abdomen y besarlo hasta la locura al mismo tiempo?

-No estoy segura de que te interese escuchar la respuesta-le digo, lo más fríamente posible.

-Hinata… ¿ahora eres tú la indignada?

No respondo nada, decidiendo en su lugar lavarme un poco la boca y limpiar las manchas de vomito en mi ropa. Sasuke sigue ahí de pie, con el semblante molesto, y, creo yo, sin saber muy bien que hacer. Yo tampoco se que hacer, la verdad que no lo sé. ¿Besarlo? ¿Decirle la verdad? ¿Y si no me escucha? Aprovecho el agua para mojar también mi cabello, solo un poco, pero cuando estoy a punto de tallarlo, Sasuke me toma de la muñeca obligándome, de alguna manera a alzar la cara.

-No me obligues a preguntarte si estás embarazada de nuevo.

-¿Eso es todo lo que te importa?-le pregunto, él no dice nada, solo me mira. ¿Intrigado, interesado, sorprendido, aburrido, entretenido?- No, no estoy embarazada, haz el favor de soltarme.

Él lo hace, y yo salgo del baño corriendo.

-¿Hinata?

-¿Qué le hiciste ahora bastardo?

Yo los esquivo a todos, incluyendo a la pelirroja y salgo del establecimiento corriendo. Escucho a todos gritar a Sasuke y a Sai decir que él se encarga de todo, lo que provoca que se peleen. Después de un primer vistazo hacia atrás decido que no quiero ver nada. ¿Qué me pasa ahora? ¿No era este el mejor momento de la película? Lo era… pero parece que yo soy la protagonista más inútil de todos los tiempos a la hora de arreglar las cosas. ¡Carajo, carajo, carajo! Me detengo en mi carrera apoyándome de espaldas en la esquina del pequeño callejón frente al departamento.

Y de repente… todo está aquí de nuevo, las manos de él sobre mi boca, jalándome y encargándose de que no pueda gritar, pero esta vez, no es él, son ellos. Y sin embargo… no importa que tan segura esté de que no va a llegar ayuda, esta vez es diferente…

-¡Hime!

Intento decir su nombre, gritar. Sai, que viene por mi… Sai… que podría ayudarme si no hubiese golpeado a uno de ellos, que tan rápido como me tomo a mi, saca una pistola del bolsillo y le da a Sai directo en el estómago. ¿El mejor momento de la película?

Ni si quiera se a quien se le ocurrió esa absurda idea…


Gracias por leer. ^^

Larguísimo, para un final cortititito. En fin.... Espero les haya gustado porque me exprimí los sesos y con falta de inspiración fue lo único que salió. u,u.

Lilamedusa

-¡No me interesa escucharte!-exclamo, alzando la voz.

-T-tú dijiste…-se detuvo a ella misma, dudando, me miró un momento, deteniendo sus ojos en mis labios y luego en mis ojos.

Me mira un microsegundo, porque el miedo se dibuja de inmediato y aparta la vista.

-¡Dije que no me interesa escucharte!-grito, ya molesto por sus miradas tontas, su tartamudeo, su miedo-¿Crees que me importa tu puto problema? ¡Te largaste y eso es todo! No te ves esquelética ni nada, así que estás bien, no estás muerta, y como no me has dicho nada, no estás embarazada. No me interesa saber nada más de tu existencia, tengo cosas más importantes que hacer. Largo de aquí, que me duele la cabeza.