Ladybug seguía inmóvil en la habitación de Adrien. Aún no podía creer que después de todo, Adrien la reconociera. Quizás en el fondo todo era su culpa, por haberle pedido que la busqué, que la encuentre.
—No puedo creer lo cerca que estuviste todo este tiempo, y lo distante que te sentía —la voz de Adrien la hizo darse la vuelta.
Él la estaba viendo con ojos de admiración, y ella solo pudo pensar en una palabra: decepción. Seguramente intentaba esconder la decepción que sentía.
—¿Cómo me descubriste? —optó por preguntar.
Adrien sonrió y soltó el agarre que mantenía en la muñeca de la heroína. Ladybug se dejó caer al suelo, sentía que habían sido demasiadas emociones para un día. Adrien se sentó frente a ella.
—La verdad es que me centre en el parecido físico, el cabello, el peinado. Pero también noté las similitudes en el comportamiento de ambas. Siendo Marinette sigues siendo justiciera, valiente y buena —respondió Adrien.
—¿Valiente y buena? Querrás decir torpe y sin gracia.
—¿Por qué dices eso? Con o sin disfraz eres igual de valiente, eres única.
Adrien sintió el impulso de tomar la mano de su amada, pero se contuvo.
—Ladybug y Marinette son distintas. Ladybug tiene la responsabilidad de ser una heroína, Marinette es todo lo contrario, una chica torpe —explicó ella. Adrien no estaba de acuerdo, para él ambas eran geniales —. Agradezco las notas y lo que hiciste, pero creo que necesito tomar aire.
Ladybug se levantó rápidamente y con la ayuda de su yoyo salió de la habitación del muchacho. Solo quería llegar a casa y pensar en lo ocurrido, no se sentía del todo bien.
Adrien se recosto en su cama y pensó en lo sucedido.
—Esa chica tiene un serio problema de confianza —opinó Plagg.
—O simplemente tiene una mala opinión sobre ella misma. Solo necesita que alguien la ayude a sentirse mejor.
—¿Y tú tienes un plan?
—No deberías preguntar lo obvio.
Adrien comenzó a escribir un montón de notas, también compró un peluche de un perrito que tenía un corazón entre sus patitas.
Mañana llevaría todo eso al colegio, junto a un nuevo conjunto. Iría vestido con un pantalón ajustado negro, y en la parte de arriba, una camisa roja.
—¿Por qué quieres cambiar de estilo? Los adolescentes me hacen sentir enfermo con todos sus cambios.
Plagg trago todo un camembert. Adrien rodó sus ojos.
—A mí me hace enfermar el olor del camembert, pero nunca digo nada.
—¡No te metas con mi precioso! —Plagg abrazó su queso y floto lo más lejos posible del rubio.
Marinette llegó al colegio y recibió un mensaje en donde Adrien le pedía que se vieran en la biblioteca.
Ella subió, aunque no muy convencida. Aún no se sentía del todo bien con que Adrien conociera su secreto, era raro.
—Adrien, si...
Detuvo sus palabras al ver que la mesa de la biblioteca se encontraba llena de tarjetas.
"Eres fuerte", "Eres valiente", "eres hermosa", "eres única", "no importa si eres una u otra, para mí eres la mejor".
—Entiendo que sientas algo de inseguridad hacia tú persona. Pero debes saber que tú torpeza es adorable, es parte de la esencia de Marinette —le dijo Adrien, acercándose —. Y la seguridad y valentía son parte de Ladybug. Pero Marinette también las posee.
Marinette se sintió emocionada, estaba segura de que iba a llorar, pero intentó controlarse con todas sus fuerzas.
—Y te traje este perrito, no es la gran cosa, pero él quiere que seas feliz.
La azabache recibió al peluche y le dio un abrazo. Adrien sonrió ante la tierna escena.
—¿Y esa ropa? ¿intentas parecerte a Ladybug? —bromeó ella.
—Sería un Lord en ese caso. Pero no. Sentí que podríamos combinar, para darte un poco de confianza.
—Pero en éste momento no soy Ladybug.
Adrien la tomó por los hombros, acercándose un poco más a ella.
—¿Es que no lo entiendes? Con o sin la máscara, siempre serás Ladybug. Para mí, estar vestido así realmente combina contigo.
