N/A: ¡Hola! ¿Cómo están? Ha pasado demasiado tiempo desde el último capítulo que subí. Lamento mucho esto, es que sinceramente he tenido por un lado unas semanas de locura, como algunas sabrán, soy una apasionada de las mascotas, y en menos de 15 días he perdido dos. Por otro lado, tengo la dicha de haber conocido a alguien muy especial en mi vida, así que, entre el trabajo; el estudio; las dificultades diarias y las no tan diarias; y en compartir tiempo con la persona que amas, pues, me queda muy poco para escribir. Eso no quiere decir que deje de hacerlo, no me lo perdonaría nunca no terminar una historia y menos no escribir más. Es parte de mi ser. Así que nuevamente gracias a todos aquellos que me apoyan, especialmente a Themis, Escribana y Amelia. Muchas gracias.
CAPÍTULO 21. FAMA.
J. R. ofreció el brazo a Sarah aún antes de salir al exterior, ante la presencia de Robert. Una vez cruzado el dintel de la puerta de calle, esta se cerró tras ellos con cierto contenido estruendo. Ambos lo ignoraron y siguieron avanzando muy felices hacia el automóvil.
—Él está espiando como una viejecita por la mirilla —se mofó J. y ella rió por lo bajo.
—Eres malo.
—Yo soy como debo ser. Soy un rey —la espió de reojo antes de abrir la puerta para que ella se sentara.
—Y uno muy cruel —ella se ubicó en el asiento.
—Pero, te gusta —llevó su mano a sus labios con galanura.
—Sí, me gusta —reconoció satisfecha, ante la atrevida sonrisa del mismo.
—¿Tú ves? —dijo antes de asegurar la portezuela haciéndola reír. Y caminó con autosuficiencia hacia el sitio del conductor cuando vio a dos ancianas cuchicheando y viendo hacia ellos.
J., lejos de fastidiarse o amedrentarse, enfrentó a las dos mujeres y les saludó con una leve inclinación de su cabeza y un elegante movimiento de su mano. Las mujeres quedaron sorprendidas y encantadas ante este joven tan fino y caballeroso y tras responderle el saludo rieron como si fueran adolescentes.
—Él es muy educado —comentó la primera.
—Y buen mozo —agregó la otra con picardía—. Bien por la muchacha Williams.
—¿Has visto qué porte?
—Ya no hay jóvenes como este hoy día —aseguró con gravedad.
—No, no hay —pareció lamentarse la otra.
—Tal parece que las has cautivado —Sarah comentó divertida una vez que él tomó su sitio frente al volante.
—¿Celosa de unas ancianitas, mi cosa preciosa? —cuestionó con maldad.
—Bueno, si tuvieran unos cincuenta o setenta años menos, quizás —fue su irónica respuesta que brotó la risa de su acompañante.
—Lo tendré presente. Ahora, abróchate el cinturón —le indicó antes de ponerse en marcha y tocó la bocina en saludo a aquel que no se dejaba ver y estaba atento.
—¡Jareth! —lo reprendió su novia, mas, este sólo rió con más ganas.
—¡Oh! ¿Y ahora qué haremos? —Sarah suspiró agobiada al ver que ya estaban esos buitres aguardando a que ella descendiera del automóvil para tomarle una fotografía o cosas por el estilo.
—Bueno, mi cosa preciosa, tal parece no has prestado atención a lo que Jeremy y tu madre hacen ante este tipo de circunstancias.
—Ellos son actores.
—Y nosotros somos de la aristocracia y, por ende, más importantes.
Sarah le vio con jocosidad.
—Tú eres de la aristocracia, yo aún no lo soy.
—Aún no eres Reina, pero, eres Lady. ¿Por qué crees que el viejo Didymus, más allá de que esté algo chiflado, te llamara así?
—¿Desde cuándo lo soy? —indagó sorprendida.
—Desde que traspasaste el umbral hacia el Underground. Al hacerlo aceptaste mi trato y a mí como tu rey —sonrió para sí pagado de sí mismo.
—¡Tú pequeño tramposo…! —se quejó y él le brindó un casto y rápido beso en los labios con la más traviesas de sus sonrisas.
—¿Mi amor, no irás a enojarte por ello ahora, no?
—Tramposo —volvió a rezongar por lo bajo haciendo divertir al Rey Goblin, en su papel de J. R. Gwydion, que ahora descendía para ayudarla a ella a hacer igual. Con una firme mano en la cintura de la joven, entregó la llave del vehículo y cincuenta dólares al valet.
—Cuídalo, muchacho, si al salir le encuentro en perfectas condiciones, tendrás una propina igual a esa.
—¡Seguro, señor! —El joven aseguró emocionado ante la idea de hacer solamente cien dólares con un solo sujeto en una noche.
Sarah advirtió cuán cómodo se mostraba ante los flashes, como si toda su vida hubiera estado bajo esa presión y fuera parte de su aire. Entonces recordó que como rey, para él seguramente esto no era nada más que la crema del plato, especialmente con lo engreído que era. Ella rió y comenzó a sonreír a las cámaras.
—¡Señorita Williams! ¡Señorita Williams! ¿Dónde conoció al señor Gwydion?
—¡Señor Gwydion! Existe el rumor de que tiene pensado comprar la casa de los Brunello. ¿Es cierto?
—¿Esa casa? —comentó despectivo—. ¡Por supuesto que no! Yo sólo adquiero mansiones con buen gusto. No necesito una casa tan… apagada y con mala fama. Además, una joven tan bella e inteligente como Sarah merece algo mejor, ¿no cree usted?
Los periodistas anotaban ávidos y divertidos las palabras de aquel adinerado. Si Brunello se creía dueño del pueblo, pues, este joven podía ser el del mundo. Su empresa era una de las más prestigiosas y seguía creciendo agigantadamente. Su futuro era brillante y su pasado intachable.
—¿No tiene pensado vivir aquí? —cuestionó una aguda mujer de unos cuarenta años llevándose el lápiz a los labios.
—¿Usted siendo tan joven y agraciada no se mudaría de aquí? —él rebatió con otra pregunta y todos volvieron a festejarle.
—Definitivamente, en especial si alguien como usted viniera a por mí —aseguró con una franca sonrisa en sus labios—. Apuesto a que su padre está feliz con su noviazgo, señorita Williams.
—Eso supongo —ella respondió con una gran actuación de su parte. Su padre había sido claro en cuanto a J. y pese a todo ella temía porque hiciera algo o buscara un pretexto para prohibirle verlo—. Pero, lo importante es que yo lo estoy —le vio a los ojos encandilada y él le correspondió con una seductora y cálida sonrisa—, y mucho.
Varios integrantes femeninos del grupo periodístico suspiraron en resignación.
—Bueno, señores, ahora si nos permiten, nuestra cena nos espera. No querrán que se nos enfríe, ¿no? —interrumpió J. sin dejar de brindar protección y amparo a su joven acompañante.
El grupo de reporteros les dejaron paso no sin dejar de sacarles fotos, en tanto, ellos avanzaban por el pasillo rumbo al ingreso del restaurante, donde fueron recibidos con todo protocolo.
Sarah apenas podía creer que J., es decir, Jareth se manejara en el Aboveground con la misma actitud que en el Underground. Cuando se lo comentó, él sólo hizo una media sonrisa.
—Bueno, quizás podría llevarme algún que otro lacayo. Son más eficientes que mis pequeños y atolondrados goblins.
—Eres malo —ella opinó risueña y con camadería. Él atinó a elevar la ceja sugestivamente.
—¿Me estás coqueteando?
Sarah liberó su risa ante lo irritante que podía resultar este hombre frente a ella. Y sin embargo, tan perfecto.
—Recuerda que debes regresarme antes de las once.
—Si quieres te regreso antes de las diez. Cuanto antes te regrese más pronto estaremos…
—J. —murmuró sonrojándose—. No seas atrevido —J. R. rió por lo bajo.
En una casa de tantas en el pueblo, Karen, junto a su hermana e hijo, apenas podía dar crédito a lo que sus ojos veían.
—¡Oh, cielos! ¡¿Has visto eso?! ¡¿Has visto lo bien que se ven juntos?! —exclamaba extasiada.
—Ella es preciosa… —decía la más joven— y él… ¡Wow! No hay palabras para describirle… ¡Es… sexy!
—¡Sadah! ¡Sadah! —Toby extendía su mano hacia la pantalla y se incorporó como pudo.
—Sí, hijito. Es tu hermana, Sarah.
—¡Danza magi! ¡Danza magi! —bamboleaba su cuerpecito ante las mujeres que reían inocentes de lo que el niño estaba relacionando.
—¿De dónde sacó eso? —indagó su tía.
—No tengo idea —su madre rió—. Pero, es obvio que extraña a su hermana.
—Karen, ni siquiera se te ocurra en regresar a los brazos de ese bufón.
—¡Oye…! —protestó.
—¿Qué? Es lo que es. Un tonto con un título pegado en su trasero.
—¿Dónde aprendiste a hablar así? —Karen se escandalizó sin dejar de sonreír.
—En la universidad.
—Oh.
—¡Jeremy, ven a ver esto! ¡¿Oh, no es ella toda una belleza?! —cuestionó la actriz sentada en el sofá, con una bata y una mascarilla verde en su rostro.
El actor apareció secándose el cabello y tan sólo vestido con su pantalón pijama de seda.
—¡Pero, mira nada más qué tipo se ha conseguido! ¡Ella no sólo ha heredado tu gancho derecho si no el buen gusto!
—¡Oh, tonto! —le arrojó un almohadón que él esquivó riendo.
—Y tu hermosura —aseguró viéndola con aprecio.
—¿Aún con esta máscara de pepinos?
—Adoro el pepino —le sonrió y se sentó junto a ella para besarla con ternura en los labios—. Ahora, pensemos en este J. que ha conquistado a nuestra pequeña Sarah. ¿Le invitamos a pasar las vacaciones a ambos?
—¿No te molestará que un hombre atractivo ronde cerca de mí? —se burló ella.
—Ése apenas es un polluelo. Todavía debe aprender a cantar —y la vio con cariño y se puso serio —. Será bienvenido si hace feliz a Sarah, de otro modo, me encargaré de que ya no se vea atractivo si no más bien como un embutido mal envasado.
—Yo los veo bien juntos.
—Así parece. Robert debe estar comiéndose los zapatos de la rabia.
Ambos rieron ante la imagen del hombre no pudiendo salirse con la suya.
—Al menos, teniendo un hombre a su lado, ese tonto de Brunello se mantendrá a raya.
—¿Tú crees?
—Pues, sí. Sólo míralo, ¿cómo va a competir? ¿Tú no conociste a los Brunello?
—No recuerdo…
—¿Aquella cena en la que tuvimos el primer éxito?
—¿Aquella en la que me rechazaste?
Linda rió por lo bajo. Jeremy era un hombre muy tenaz y aquella negación no le había hecho bajar los brazos.
—La misma.
—¿El tonto que se jactaba de sus propiedades, su esposa y su hijo bobalicón?
—El mismo.
—¡Oh, por Dios! ¡¿En verdad Robert pretendía liarla con esa gentuza?! —habló asqueado. Ella le afirmó con un movimiento de cabeza—. ¡Son de la más baja… clase de gente que hay! ¿Recuerdas cómo esa mujer me flirteaba sin cuidado alguno?
—Y tú te refugiabas en mí —rió ella.
—Bueno, era una buena excusa… —sonrió ladino haciendo que ella echara la cabeza sobre el respaldo para reír.
N/A: Espero les haya gustado, todavía no sé cómo será el próximo capi, espero poder seguir satisfaciéndolas. Un abrazo, AmaterazuHime.
