Vamíritas, lobitas, híbridas, magas, humanas... a todas las que se pasean por esta locura mía, muchas gracias. Gracias por su tiempo para darme un review, gracias por dejarme entre sus favoritos, en fi, mil gracias.

Aquí les dejo un nuevo capitulo, beteado por mi super beta Paly Paly, y dedicado a todas vosotras.

Abrazos a todas!

Cata


Cara a cara

-¿Te encuentras bien Jane?- hizo Edward la pregunta, cuando la pequeña Jane entró al coche con los ojos hinchados de tanto llorar. La respuesta a la pregunta de Edward entonces, era más que obvia. Pero ella no lo asumió.

-No sé Edward…- respondió ella sin ánimo en su voz

-Jane, necesito que me expliques eso de ese tipo…- intentó sonar tranquilo, pero más bien estaba inquieto por la incertidumbre de no saber qué sucedía.

-Jacob Black fue el hombre a quien más daño le ha hecho Isabella, y quien más daño le ha hecho a ella. Fueron novios en la universidad, pero ejercían el uno al otro una hiriente atracción. Lo confundieron con amor. Nada que pueda dañar puede ser amor. ..- explicó ella, con la vista perdida en algún lugar. Pero Edward no tenía ni tiempo ni paciencia para oír detalles. Quería saber con exactitud qué significaba todo eso

-Jane, concretamente, qué pasa con ese tipo…-

- Bella ejercía control absoluto sobre él, asfixiándolo. Pero él se dejaba controlar, no sé por qué… un día encontró a una mujer de quien en verdad se enamoró y engañó a Bella. Ella los descubrió y desde ese día comenzó a hacerle la vida imposible, a ambos. Hizo cosas aterradoras para destruirlo por haberla dejado. Hasta que él escapo…- dijo, agachando la cabeza, llena de vergüenza

-¿Jane?- Edward estaba en verdad confundido. La explicación rápida de Jane sobre la historia, le estaba dejando nada más que aún más preguntas

-Yo ayudé a Jacob a escapar. Le di dinero y le dije que se largara. Dimos pistas falsas sobre a dónde iría. El odio que Isabella sentía por Jacob, aquel día se duplicó, jurando que tarde o temprano se vengaría de él, de la mujer con quien la reemplazó, y con quien le ayudó a huir. O sea yo-

-Pero… ella estaba actuando sin mesura, sin control… - decía él, tratando de sacar conclusiones

-Es como ella lo hacía, siempre. Para ella, era todo o nada. Se lo entregabas todo o nada, así de simple… y ahora él regresó no sé a qué…- dijo ella en un susurro

-¿Ella te dijo que regresó?-

-No fue necesario que me lo dijera. Saqué conclusiones, y vi el odio en sus ojos Edward. Vi su odio en contra de Jacob… y en mi contra… ella ahora me odia porque la traicioné. Ayudé a que su "presidiario" se escapara- explicó

-Esto no es normal…- pensativo, Edward sacaba conclusiones sobre lo que Jane le contaba. Estaba tratando de entender esta historia del pasado, que por lo visto, había vuelto a remover el presente.

-Rescátala Edward. Lo hiciste una vez, lo puedes volver a hacer. Eres el único que puede hacerla entrar en razón…- pidió ella con apremio, mirándolo con ojos suplicantes. Ella le estaba pidiendo por Bella, ni siquiera le estaba pidiendo porque abogara por ella, sino que rescatara a Bella de las garras del odio de un pasado que tendría que estar enterrado y olvidado. Eso, a Edward, le pareció un acto de generosidad hermoso. Y aunque ella no se lo había pedido, la respaldaría.

-No contesta mis llamadas Jane, no sé dónde está- asumió con desespero Edward después que escuchara la petición de Jane

-Se refugia en su casa cuando quiere estar a solas, o a caminar por el puente que da a la bahía. Ve por ella y hazla entrar en razón…- dijo ella finalmente, echándose a llorar en los brazos de Edward, quien intentó consolarla

-Ok Jane, cálmate. Ahora vete a casa y descansa, háblale a James…-

-¡No! No quiero preocuparlo. Tenía un juicio importante hoy, lo distraeré con mis cosas, y…-

-Jane, será peor si no le dices. Anda, vamos a que te lleve a tu casa. Luego iré por Bella, y si tenemos suerte, será ella misma quien te llame para pedirte disculpas. Ya verás- dijo él, intentando sonar optimista.

Después de dejar a Jane en su casa, corrió a en su Volvo a toda velocidad hasta el Puente de Londres. Lo recorrió de punta a cabo y no la encontró. Seguía intentando comunicarse con ella por el teléfono, pero nada. Así que decidió partir a su casa.

-¿Señor Edward?- preguntó una de las empleadas que ya conocía a Edward, cuando le vio en el umbral de la puerta

-Necesito ver a Isabella…-

-Ella… ejem… ella no está…- mintió muy nerviosa, después que la señorita Swan le advirtiera que si alguien preguntaba por ella, debía decirle que no estaba. Y no había excluido a nadie.

-No me mienta, por favor…-

-Señor, yo…-

-Permiso- dijo él, adentrándose en su casa, dispuesto a recorrer una a una las habitaciones de esa mansión, hasta encontrarle. Hasta que dio con ella, en un cuarto oscuro, ornamentado como para una niña de quince. A simple vista parecía que nadie había entrado allí en mucho tiempo. ¿De quién sería el cuarto?

-¡Dije que no quería ver a nadie!- espetó ella, sentada en el piso del cuarto, abraza a sus rodillas, con la cabeza sobre estas.

-No me voy de aquí, hasta que me expliques qué sucede Isabella- al oír la voz de Edward, Isabella dio un respingo y su corazón se estrujó con amargura. Su venenoso pasado había regresado, y no quería que la hermosura integral de Edward se ensuciara con ella y su mierda. Lo quería lejos de todo eso.

-Edward, por favor…- rogó, escondiendo aún más su cabeza entre sus rodillas, apretando sus ojos con fuerza para detener las lágrimas que estaban cayendo por sus mejillas

-¡Nada de por favor Bella! ¡Dime qué demonios sucede! ¡Quién demonios es ese Jacob que te tiene así!- dijo Edward con algo de frustración, dando lentos pasos hacia Bella, quien insistía en esconderse de él

-Déjame sola con esto, te lo suplico Edward…-

-¡No!- negó enérgicamente, acercándose hasta ella, tomando con determinación el rostro de ella entre sus manos y obligándole a mirarle. Ella había estado llorando, asustada por ese pasado que estaba echando por la borda lo poquito que había logrado construir en ese tiempo. La llegada de Jacob no traía consigo el odio y la amargura que aun pesaba en su corazón y en su conciencia. ¿Odio por Jacob? También, aunque principalmente, el odio que ella sentía era por sí misma. Entonces, volvió a pesar en su conciencia las palabras de Esme Cullen y Tanya Denali, cuando dijeron que "ella no era mujer para Edward". Quizás tenían razón.

Ella trataba de esconder su rostro de Edward, pero él insistía en que ella lo mirase. Odiaba verla así.

-¡Mírame! ¡Háblame! ¡No te escondas de mí!- le dijo él enérgicamente, chocando la nariz suya con la de Bella. Y ella se rindió. Sus ojos con un dolor profundo miraron las orbes verdes de su amado, y buscó consuelo en ellos

-Tengo tanto miedo Edward…- dijo eso, y se echó a llorar abrazada al cuerpo de Edward, que la recibió con un posesivo y cálido abrazo, mientras besaba el tope de su cabeza, apartando los mechones de cabello que cubrían su rostro

-¿De qué tienes miedo?¿Ese maldito te amenazó?¿Te hizo algo? Háblame amor…-

-No tengo miedo de él… tengo miedo de mi misma, de lo que soy capaz de hacer… para mí, Jacob fue todo lo que una mujer deseaba cuando veía imposible que alguien la amara o amar a alguien, cuando todos en verdad se acercaban a mi por interés. ..-

-¿Sientes algo por él aún Isabella? Dime la verdad…-

-¡No! ¡Claro que no! Tú eres mi amor ahora, pero él es parte del pasado que me atormenta Edward… quizás volvió a vengarse, quizás viene a destruirme… como yo lo hice con él hace tiempo…-

-Bella, creo que la mujer que conozco, de la que me enamoré, es la verdadera Isabella Swan, no aquella chica universitaria que usaba las influencias de su familia para lastimar a quien no estaba sometido a su control. Deja ir a esa mujer del pasado Bella. Si dices que no sientes nada por él, te creo, pero no hablo sólo del sentimiento de amor, hablo de otros sentimientos tan poderosos como ese, como el odio o el rencor, pero que a diferencia del amor, destruyen todo a su paso. No caigas en eso de nuevo. Enfréntalo, perdona y pide perdón, y sigue emergiendo con la belleza de tu alma que insistes en esconder… no dejes que ese pasado te arrebate lo que has construido hasta ahora, Bella…-

-El recuerdo de Jacob me descontrola… me hace perder la cabeza… me recuerda que en cualquier momento lo que creo amar, desaparecerá…-

-¡Yo te amo, y no desapareceré! ¡Has de enfrentar a Jacob conmigo a tu lado! Y si ese maldito viene con la intención de dañarte, tendrá que pasar por sobre mi cadáver antes. No estás sola, y él se enterará de eso- la determinación de aquellas palabras de Edward, hicieron que Isabella pudiese encontrar algo de paz y seguridad.

-Oh, Edward…- dijo ella, hundiendo su cara en el pecho de su hombre, aspirando su tranquilizador perfume. Él estaba junto a ella. Edward seguía arrullándola en sus brazos, pero la inquietante imagen de Jane prácticamente desecha, recordó que ella también era parte de todo este altercado, daño colateral.

-Ahora dime una cosa, por qué cosa exactamente fue tu altercado con Jane…- quiso saber Edward. En ese instante, ella se apartó de Edward, levantándose del piso. Se dirigió a las ventanas que estaban cubiertas por las gruesas cortinas, y las separó, dejando entrar la claridad del medio día. Y allí se quedó, observando el gran jardín, mientras secaba el rastro de lágrimas que aún quedaban en sus ojos. Edward la contempló un momento aun sentado en el piso. Sabía que debía darle tiempo, él sabía que Bella se sentía traicionada por Jane, pero quería que ella misma se lo dijera, para que fuese ella misma la que callera en cuenta de su error.

-Este cuarto fue mío, hasta que entré a la universidad. Aquí está encerrada mi infancia triste y solitaria. La infancia de una niña que no tenía amiguitos, no porque no quisiera, sino porque los niños rehuían de ella. Una niña que pensaba que su madre no la quería, porque de los siete días de la semana, ella sólo la veía una hora… una niña que tuvo que recibir de parte de su vieja ama de casa las explicaciones de por qué a los doce años corría sangre por entre sus piernas, y las instrucciones sobre cómo llevar eso. Eso forjó mi carácter tan… mmm… "independiente", ¿creo que alguna vez te lo conté, no?-

-Sí, lo recuerdo- dijo Edward, con tono serio, mientras se levantaba del piso, acercándose a la luz de la ventana, junto a Isabella, quien seguía con el relato, sin despegar la vista de la frondosidad de los árboles que albergaba su jardín

-Aquí no hay muñecas, ¿te has dado cuenta?. Eso es porque hubo un momento en que a falta de amigas, estaban las muñecas y a falta de padres, estaba la servidumbre. Cuando caí en eso, les arranqué la cabeza a todas las muñecas y comencé a establecer distancia entre las personas que trabajan en casa y yo. No necesitaba de más gente para ser alguien, amigos ni familia. Mi refugio era el silencio, y la lectura. No me gustaba oír música, creo que eso también lo sabes-

-Lo sé-

-Doce años, quince años y yo pensaba como una chica madura de veinte. Quince años y yo perdí mi virginidad con el jardinero que debía tener unos veinticuatro años, ¿sórdido, no? Pasaron los años y el momento de entrar a la universidad llegó. Mi objetivo era uno: graduarme en economía para heredar el puesto de mi padre en la empresa familiar. Él siempre me lo repetía, quizás actuó una suerte de mensaje subliminar sobre mí, que terminé convenciéndome de ello, de que mi vida sería para ello, y para nada más. La soledad seguía siendo mi compañía en la universidad, hasta que un día, por algún instinto que no sé de donde salió, vi como un maldito intentaba burlarse de una tímida chiquilla, y yo, como leona, salté sobre ellos, apartando a la jauría de hienas del asustado conejito. Un instinto de protección potente nació en mí por esa niña, una relación de amistad y hermandad que siguió con el tiempo. Ella había sido la única persona que había permanecido junto a mí, pese a mi vida. La única persona en la que yo confié, la única persona que no me traicionó… eso pensaba yo…-

-Estás siendo injusta con ella…-

-¿Injusta? No Edward, no se trata del hecho, se trata de la intención. Probablemente si ella me hubiese explicado su actuar, quizás me hubiese enfadado pero finalmente la hubiese entendido. Pero ella nunca me lo dijo, lo tuve que venir a saber por ese otro maldito hijo de… él se regocijó en mi cara cuando me lanzó esa bomba. Él sabía lo que causaría en mí, al saber lo que Jane había hecho. ¡Claro! Ahora lo entiendo: ese fue el primer golpe de Jacob Black…- dijo Bella, sacando como conclusión el actuar de Jacob Black. "Primer ataque, muy bien dado, Black…"

-¿No crees que ella se merece un voto de confianza? ¿No crees que ella se merece darte una explicación de por qué lo hizo?- preguntó Edward con tranquilidad. Tranquilidad que no decoró la respuesta de Bella, muy por el contrario.

-¡Y lo tuvo!- le espetó, con descontrol -Tuvo mi confianza, tuvo mi comprensión… Edward, yo hubiese deseado mil veces que ella misma me lo dijera en su momento, o después, cuando fuese. Que ella misma me explicase lo que hizo, cómo y por qué… pero nunca lo hizo-

-Quizás lo olvidó…-

-¡Edward, por favor, no me creas ilusa! Ella me traicionó, y dudo que alguna vez pueda perdonarle. Ella estuvo presente, ella sabe mi historia, mi pasado, es parte de él.¡Vio las veces que la maldita vida me patio el culo, a mí, a la hija del todopoderoso Charles Swan, dueño de la imponente compañía automotriz! Ella fue testigo de la traición del infame, ella fue testigo que yo intenté amar a su lado, que le entregué mi corazón, quizás de una forma herrada, ¡pero estaba aprendiendo, maldita sea! Nunca había amado a nadie, ni siquiera a alguien de mi familia… Jacob fue el primero a quien le dije que lo amaba… pero él nunca me dijo que estábamos haciendo las cosas mal, nunca me enseñó otra forma de amar como lo hiciste tú. Nunca-

-Bella, estoy tratando de entender cómo te sientes frente a lo que ocurrió con Jane, pero por lo mismo que me dices, dale la oportunidad de que te explique, ella estaba muerta de miedo. Tuvo que sacar conclusiones acerca de cómo te enteraste… por todo eso que dices que ella significó y significa para ti, dale esa oportunidad Bella, y no dejes que Jacob termine regocijándose de esto…-

-Dame tiempo para eso Edward…-

-Ella está sufriendo-

-Probablemente como yo. Solo dame tiempo para pensar… Esto es algo que no puedo dejar pasar, así como así… toda mi vida he desconfiado de la gente que me rodea. Me ha costado mucho conceder ese beneficio, y eres testigo de eso… con esto, nada más concluyo que debo seguir sintiendo recelo de las demás personas. La confianza nos hace bajar la guardia Edward, y yo con las únicas personas con quien mantengo la guardia baja es contigo…. y con ella. Así que dame tiempo- pidió. Edward no soportó más la distancia, y la acercó hasta él, arropándola con sus brazos. Brazos que Isabella agradeció haber encontrado, pues sin ellos, probablemente estaría sumergida en la ira, buscando alguna estrategia para hundir y herir al infame de Jacob Black. Y probablemente también a Jane O'Connor.

Después de estar con ella hasta cerca de las tres de la tarde, cerciorarse de que comiera y convencerla que era mejor que se quedara en casa el resto de la tarde, Edward se fue rumbo a sus ensayos con una sensación extraña. De uno u otro modo, sabía que era cuestión de tiempo que Bella arreglara las cosas con Jane, pero la presencia de ese tal Jacob Black era lo que lo tenía intranquilo. ¿Sabía Jacob Black de la presencia de Edward en la vida de Isabella?

-Pues si no lo sabe, es tiempo de que se entere. Ese tipo no le hará daño. Ni él ni nadie, no voy a permitirlo- dijo, acelerando su coche por las calles de Londres, rumbo a la sinfónica donde sus alumnos lo esperaban para comenzar los ensayos.

-Todo está saliendo como lo planeé…-

-¡No! Nada está saliendo como lo planeamos Jacob- refutó ella

-Leah, tranquilízate…todo será para mejor…-

-¡Me juraste que nunca más nos toparíamos con esa mujer, y de un momento a otro decides ir por ella para cobrar venganza, Jacob! Eso no fue lo que planeamos, suficiente difícil fue para ambos retomar una vida normal, ¿olvidas lo que nos hizo?-

-No lo olvido, y es por eso que estoy aquí. Voy a acercarme a ella poco a poco, y cuando tenga su confianza otra vez…-

-¡Cuando tengas su confianza otra vez querrás meterte en su cama!-

-¡Basta Leah! Esto lo estoy haciendo por los dos…-

-¿Y por qué no dejaste que fuera contigo, eh?¿Por qué maldita razón yo aún estoy aquí en Canadá…?-

-No te moverás de Canadá hasta que las cosas se afirmen aquí, hasta que tenga todo bajo control…-

-Jacob, llevábamos una vida tranquila hasta que se te cruzó esa desquiciante idea de enfrentarte a esa mujer otra vez, qué sucedió Jacob… estábamos bien…-

-Leah, suficiente con que me estés cuestionando. Mejor hablamos mañana cuando estés más tranquila…-

-Quizás mañana no quiera hablar, quizás mañana ya no me encuentres..-

-¡No te atrevas a dejarme, a escaparte de mí!-

-Estás hablando igual que esa mujer Jacob, quizás tú y ella sean el uno para el otro finalmente, y yo no sea más que un estorbo-

-¡Leah!- gritó airado Jacob desde el otro lado de la línea telefónica

-Buenas noches Jacob- dijo ella y colgó, con una amargura en su interior, pues sabía que a partir de aquel viaje de Jacob a Londres, las cosas entre ellos cambiarían, como ya lo venían haciendo hace ya meses atrás, cuando Jacob comenzó con aquel deseo de venganza tardía por Isabella Swan.

Y es que, pese a los esfuerzos que Jacob puso en salir adelante por sus propios medios, todo lo que había logrado conseguir no eran más que trabajos insignificantes, pese a que él había puesto su esfuerzo dejar a Isabella y todo lo que tuviese que ver con ella atrás, y seguir adelante con su vida junto a Leah. Pero nada estaba resultando como él esperaba. Le pesaba el hecho de que Isabella hubiese urdido un plan para que lo expulsaran de la universidad, y aunque había seguido estudios de especialización en Estados Unidos y Canadá, no había logrado situarse donde él siempre ambicionó: en la cima. Y la culpable de eso era Isabella Swan. ¡Claro, ella y su maldito dinero en la cima, mientras que él pasaba penurias! ¡No es justo, maldita sea!

Él había regresado con un objetivo claro: venganza. Cuando la noche anterior llegó hasta la mansión de los Swan a hacerle guardia a la heredera de aquella lujosa propiedad, observó a su alrededor todo el lujo y supo que ese era el lugar donde él pertenecía, y que si las cosas salían bien, pronto ocuparía el lugar que siempre anhelo.

Cuando vio a Isabella, una sensación de lujuria lo invadió. No podía negarlo, esa hembra estaba hermosamente sexi y apetecible. Según lo que él había averiguado por los medios de prensa, Isabella no tenía más que "acompañantes ocasionales", personajes también del mundo empresarial, tan o más acaudalados que ella. "Maldita perra…" pensó él. Pero eso acabaría, seguramente muy pronto él sería el "flamante novio" de la hermosa y millonaria Isabella Swan. Carcajeó ante esa idea. ¿Pero Leah? Leah era mujer conformista que últimamente lo estaba agotando. No podía negarlo, esa mujer lo había acompañado en el peor momento de su vida, era una buena chica que había sufrido por su culpa y de quien sintió estar enamorado alguna vez, pero definitivamente ella no tenía las mismas ambiciones que él. Ella era conformista, y eso le reventaba a Jacob. Odiaba a la gente que no aspirase a más. por eso, entre otras razones, se propuso buscar a Isabella.

Por supuesto, Jacob no contaba ni en sueños con la presencia de Edward Cullen, ni lo que él significaba para Isabella.

Probablemente pronto lo sabría.

-¡¿Jane?¡¿Jane? ¿Mi ángel, que ocurrió, por qué has estado llorando? Cuéntame cielo…- preguntó James al llegar a su apartamento a eso de las cinco de la tarde, y ver a su angelito recostado en el sillón. Una sonrisa lo iluminó, pero cuando vio el semblante de su chica, la sonrisa desapareció y un semblante de preocupación lo inundó. Corrió hasta ella y la abrazó con desespero, mientras le besaba los labios, los ojos, la frente, el tope de su cabeza

-James… estoy tan triste…. Siento tanta culpa…-

-De qué podría sentir culpa un angelito como tú mi cielo… dime que ocurrió, por favor…-

-Isabella me odia…- alcanzó a decir ella antes de largarse a llorar con total desconsuelo en los brazos de su amado, quien con profunda preocupación la acogió e intentó consolarla, sin entender lo que pasaba.

Sin darse cuenta James, su pequeño ángel se durmió en sus brazos después de tanto llorar, por lo que no alcanzó a contarle qué había ocurrido. Sutilmente la levantó y la llevó hasta su cuarto, para dejarla sobre su cama y para que descansara. Salió con cuidado para no despertarla, e inmediatamente sacó su móvil y le marcó a Edward:

-¡¿Qué mierda ocurrió Cullen?-

-Supongo que ya viste a Jane-

-Sí, pero sólo alcanzó a decir que Isabella la odia, ¿qué jodida cosa ocurrió Edward?-

-Jane me llamó esta mañana para contarme sobre un altercado con Isabella…-

-¡Y por qué maldita razón no me llamaste al instante para decirme la mierda que pasaba!-

-Porque Jane me hizo prometerle que no lo haría James. Mira, confórmate con saber que hablé con Isabella y probablemente mañana las cosas se arreglen entre ellas, pero debemos estar al pendientes James…-

-¿Por qué?-

-Un personaje llamado Jacob Black regresó desde el pasado de Bella y Jane, y supongo que para nada bueno…-

-Sí él tiene que ver con que mi mujer esté llorando, me conocerá furioso Edward. ¿Tú dónde estás ahora?-

-Aun en la sinfónica, tengo aquí para dos horas más. Luego pretendo ir a casa de Bella para ver qué tal está-

-¿Ella… ella está bien?-

-No lo sé James, no lo sé-

-Explícame algo rápido Cullen, ¿por qué Jane dijo que Bella la odiaba?-

-Tiene que ver con ese tipo, Isabella se sintió traicionada por Jane, pues ella lo ayudó a "escapar"… James, es largo de explicar ahora, deja que Jane sea quien te lo cuente…-

-Ok, mantenme al tanto de cualquier cosa Cullen-

-Lo haré. Ah, y dile a Jane que hablé con ella, y que las cosas se solucionarán, que no se preocupe más por eso-

-Se lo diré Cullen…- dijo James finalmente antes de colgar, un poco más tranquilo después de hablar con Edward, pero seguía intrigado por toda esa historia, y sobre todo, en su interior comenzaba a crecer una especie de recelo que iba en aumento por ese tal Jacob Black.

Edward, como le había dicho a James, llegó ya de noche a casa de Isabella, con quien había hablado durante el transcurso de la tarde. Se notaba más tranquila, pero cansada: "Primero Tanya, después tu madre, ahora Jacob y Jane… estoy agotada Edward…" le había dicho ella. Él sabía que su chica era una mujer fuerte, y que seguro sería capaz de superar esto, además él estaría junto a ella. ¿Pero cuánto más tendrían que soportar? Mary, una de las empleadas, le dijo a Edward que Bella había vomitado un par de veces, y que se veía algo cansada. Eso no estaba bien. Seguro es por la presión, pensó Edward.

Se detuvo en la entrada de la gran casa dentro de su Volvo con el motor aún en marcha, esperando que desde adentro abrieran las rejas de la entrada, cuando unos golpes en el vidrio del lado del copiloto lo pillaron desprevenido. Un tipo le hizo señas para que bajase el vidrio y poder hablar. Edward, con el comando automático, lo descendió sólo un par de centímetros para escuchar al hombre:

-Disculpa, ¿tú vienes como visita a casa de los Swan?-

-Si…- respondió Edward con desconfianza

-Bueno, soy amigo de la familia también, y creo que el intercomunicador no funciona. Estoy desde hace un rato tocando y no me contestan, ¿crees que podría entrar contigo?-

-¿Amigo de la familia?¿Qué amigo?-

-Oh, disculpa, no me he presentado: mi nombre es Jacob Black- dijo, sonriendo. Edward lo observó desde el coche por unos instantes, sonriendo, aunque por dentro, cuando oyó el nombre de Jacob Black, la irá en él explotó. Bajó del coche, rodeándolo, hasta quedar frente a Jacob. Allí, sin previo aviso, lo agarró de las solapas de su abrigo y lo acorraló, empujándolo contra los barrotes de las rejas que rodeaban la casa

-¿Amigo de la familia, Jacob Black? Para tu sorpresa, sé quién eres e intuyo a lo que has venido- hablaba ahora entre dientes, intentando controlarse para no seguir su impulso de romperle la cara a ese maldito -Y quiero que sepas una cosa, Jacob Black, si tienes la sola intención de dañar a Isabella, date por muerto. Yo estoy con ella, protegiéndola de malditos tipos como tú, así que vete con cuidado, y aléjate de una vez, antes que te arrepientas, ¿me oyes?-

- Tú no conoces a esa mujer, tú no sabes lo que mujeres como Isabella Swan son capaces de hacer. ¿Eres el amante de turno?-

-¡Mucho cuidado como tratas a mi mujer! No te quiero cerca de ella, y si sé que estás cerca de ella, ya sabes, te arrepentirás Jacob-

-El que se arrepentirá de estar con una mujer como era, eres tú- le dijo con tono desafiante, antes que Edward lo empujara hacia un lado, haciéndolo tambalear y caer. Subió a su coche, furioso, y entró en la casa.

Jacob se levantó, limpiando su abrigo de los atisbos de nieve, mirando el coche de ese tipo entrar en la casona de los Swan

-¿Y este maldito, quien rayos es?... - cuestionó furioso, pues la presencia de ese hombre que defendió a Isabella con tanto ahínco, venía a ser un estorbo para sus planes. "Pero ni él ni nadie me impedirá cumplir con mi objetivo" concluyó Jacob en su pensamiento, dando media vuelta para alejarse de allí.

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Cara a cara

Capítulos 1. Isabella Swan2. Te presento a Edward Cullen3. Decisiones, decisiones, deciciones4. Tonta Jane5. Paradojas6. Clase n° 1: extrañas sensaciones, extrañas reacciones7. Ensueños, recuerdos y lecciones8. Clase n° 2: ansiedad y atrevimiento9. VisitasSobre negociaciones y fortuitos encuentrosEl poder de la palabraExperiencias de vidaClase n°3: simbolismos, reacciones y juramentosLa fiesta de Renée, primera parteLa fiesta de Renée, segunda parteDesde el futuroCuriosidad / Invitaciones (Capitulo doble)Despedida de solteroInfierno, purgatorio y paraiso... y de regreso al infiernoCulpa y escapatoriaEnlace Cullen DenaliInicio y finAsumiendoRetornoLos polos opuestos se atraenCharlas pendientesNo es suficienteBienvenido Santa ClausEstrategias de guerraAmantesFeliz año nuevo mi amorEXTRA: Outtake: Jane y JamesEnfrentamientosDemonios del pasadoCara a caraPoco habitualConfesiones de inviernoAcción y reacciónOuttake 2, primera parte: Emmett Cullen, y como es que una noche de enero le rompieron el corazón.Outtake 2, segunda parte: Rosalie Hale, y su peligroso juego de doble filo.

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"Si no canto lo que siento, me voy a morir por dentro, he de gritarle a los vientos hasta reventar, aunque sólo quede tiempo en mi lugar..." (Barro tal vez)