Ninguno de los personajes conocidos que se mencionan son míos, sino de la autora J. K. Rowling.
Aquella mañana Hogwarts era un auténtico bullicio de niños y adolescentes correteando de acá para allá preparando las últimas cosas para irse de vacaciones a casa.
- ¿Tienes todo listo Mione? – Preguntó Draco desde la puerta mientras esperaban a que la chica acabase de vestirse.
- Sí, ahora voy – respondió Hermione.
La castaña salió de su habitación levitando su baúl ya preparado y observó a sus amigos, que ya tenían todo listo para partir.
- ¿Vamos a desayunar? – Pidió Ginny – me muero de hambre… y de sueño…
- Eso te pasa por levantarte a las cinco para hacer un último entrenamiento de Quidditch – la regañó Hermione.
Salieron del espacio individual de Hermione y se dirigieron hacia el Gran Comedor, en donde tuvieron su último desayuno en Hogwarts hasta dentro de un par de semanas.
La caminata hacia la estación de Hogsmeade se hizo entre alegres charlas, risas y bromas por todos lados. Había competiciones por quién iba a tener las mejores vacaciones, para ver quién iba a ir a los lujares más chulos, para contar con cuantos familiares se iban a ver…
- Mis padres estarán esperándonos en la estación de King Cross – anunció Draco – mi padrino llegará esta noche mediante red flu – le susurró a Hermione.
Se colaron en un compartimento de los grandes, para poder estar los seis juntos, y compraron algunas golosinas a la mujer del carrito.
- ¿Cuánto tenéis que estar vigilando el tren? – Les preguntó Ginny a Draco y Hermione.
- Durante la reunión de prefectos de ayer hicimos un planning. Nos tenemos que ocupar del tramo final – explicó el rubio.
Pasaron el rato charlando y comentando las nuevas noticias.
Por parte de los Weasley, Molly les había enviado una carta explicándoles que Ron ya no viviría más en La Madriguera y, aunque no les dijo donde se iría, todos sabían que acudiría con el rabo entre las piernas a Harry.
Los Malfoy, los Weasley y el padre de Luna habían hablado largo y tendido y los pelirrojos y el rubio soñador irían a pasar el día de Navidad y de Fin de Año a la Mansión Malfoy.
Esto había molestado un poco a Ginny ya que la visita de su familia incluía también a Fleur, quien no es que le cayera muy bien.
Hermione se sintió alegre y triste a la vez. Narcissa y Andrómeda habían arreglado sus diferencias y la anciana iría a pasar la Navidad con ellos, trayendo a Teddy. Se sentía alegre ante la posibilidad de ver al pequeño que tan bien le caía pero por otra parte le daba pena imaginar que Harry no lo vería hasta Fin de Año.
No es que olvidase lo que el moreno les había dicho y hecho, pero no podía alegrarse cuando ella misma había sufrido en carnes propias la muerte de Sirius, Remus y Tonks. Intentaba no hacerlo, pero no podía evitar recordar aquellos momentos en los que ella misma se sentía como Harry: sin familia, sólo en el mundo, intentando llevarlo todo sobre sus hombros.
- ¿Cómo crees que estará Teddy? – Preguntó Ginny.
- Tan travieso como siempre – rio ella – solo espero que se le haya quitado la manía de tirarme del pelo.
- Vamos Mione, Teddy está enamoradísimo de ti – recordó la pelirroja – creo que Snape va a tener un duro contrincante con él.
Hermione rodó los ojos ante las ocurrencias de su amiga, aunque en su mente se formó una imagen que la incomodó un poco: Snape y ella con un bebé en brazos.
No es que la idea no le gustase, pero pensaba que llegaba demasiado pronto. ¡Por Merlín! Apenas hacía tres semanas que estaba saliendo "formalmente" con Severus…
Recordó aquellos días con una sonrisita. Desde entonces se había establecido entre ellos una especie de rutina. Los días eran algo pesados y tenían que disimular pero las tardes-noches…
No es que fuera todas las tardes a su despacho, pero cuando iba hacían diversas cosas: hablar, corregir trabajos de pociones, los deberes… A veces incluso los chicos la acompañaban y se enzarzaban todos en unas curiosísimas charlas. Severus le había dicho más de una vez que ojalá existiesen los animalejos que Luna veía ya que, según sus descripciones, irían de fábula para pociones complicadas.
Y las noches… Las noches eran de lo más variopintas. Unas se quedaban hablando hasta las tantas, otras simplemente se abrazaban y dejaban que Morfeo los levase, algunas habían estado haciendo el amor "como conejos"… Rio mentalmente. ¡Su record era de seis en una noche! Menos mal que era la noche de un sábado y al día siguiente no había clases que si no…
Recordó con melancolía las charlas. Severus se había confiado a ella y le había contado todo lo referente a Lily y su maltrecha infancia. Sintió un escalofrío sólo de imaginarse el ambiente en que se había criado, con un padre maltratador y una madre que no hacía nada.
- Hermione, nos toca – avisó Draco.
Ella y el rubio salieron rumbo al compartimento de prefectos y los anteriores les avisaron de cómo estaba la cosa por ahora.
Pasaron lo que restaba de camino hasta llegar al final del viaje haciendo rondas por todo el tren y ayudando a los más pequeños con sus baúles, para no formar colas cuando tocase salir.
Muchos padres estaban en el andé esperando a sus hijos, pero ellos sólo buscaron a un par de cabelleras rubias.
- ¡Bienvenidos todos! – Exclamó Narcissa intentando abrazarlos a todos a la vez, cosa que ocasionó que acabasen espachurrados.
- Ma-má… aire… aire – dijo a duras penas Draco, intentando sacar la nariz entre la maraña de brazos que le rodeaba.
- Ups – rio la mujer soltándolos.
Lucius fue más consciente que Narcissa y abrazó a todos de forma individual, quedándose al final abrazando a Hermione por la cintura.
- ¿Vamos tirando a nos quedamos? – Preguntó Blaise al ver que todos se ponían a hablar con varios del andén.
- Vamos, vamos – se animó Ginny colgándose de su brazo.
Salieron del barrullo de la estación y caminaron hasta uno de los numerosos puntos de aparición del Londres Mágico. Tras cogerse todos de las manos Lucius y Narcissa se encargaron de realizar la aparición ante la lujosa mansión.
Hermione observó boquiabierta la parte externa del terreno, cosa que no había podido hacer cuando los carroñeros les atacaron.
Una enorme extensión de prado verde se extendía entre los muros que protegían la mansión y estaban frente a una enorme verja negra que daba pie a un ancho camino de piedras que acababa en el porche de la enorme mansión.
Con un toque de varita Lucius abrió la verja y todos caminaron hacia la casa.
Hermione procuraba no pensar en el episodio que había vivido en ella, pero con cada paso su ansiedad parecía crecer, hasta el punto de quedarse congelada en la misma puerta de entrada. Allí Greyback la había acorralado y le había dicho todas las cosas que le iba a hacer… Tragó saliva y sacudió la cabeza para eliminar esos pensamientos.
- ¿Hermione? – Preguntó Lucius con voz preocupada – querida, podemos ir a la mansión de la costa si no…
- Estoy bien – aseguró ella – además, no puedo estar siempre asustada por algo que ya pasó.
El rubio la miró intentando contener la rabia. Una rabia que nacía contra sí mismo al recordar su comportamiento aquel día. Se sentía tan impotente… ¿Cómo había podido estar tan ciego? ¿Cómo no había visto en aquella ocasión lo equivocado que estaba?
Aún tenía que tomar pociones para poder dormir sin recordar los gritos y la imagen de Hermione al ser torturada por Bellatrix. La chica había salido con numerosas secuelas del salón de su casa y aun así… aun así le había perdonado con un simple "lo siento". ¡Cómo si en aquel momento en que lo digo ella lo viera como a algo más que a un desecho de mortífago!
Los primeros días con la chica acudieron a su mente y no pudo evitar un escalofrío. Recordó cómo se comportaba Hermione aquellos días; cómo evitó que los aurores se los llevasen alegando que "no iba a desperdiciar una buena ayuda como ellos, fuesen quienes fuesen"; cómo luchó por ellos en el juicio, obligando incluso a sus amigos a contar la pequeña "traición" de Narcissa, explicándoles a todos lo que "los tres malvados Malfoy" habían hecho al ayudar en la enfermería y con las pociones…
Y recordó exactamente cuando dejó de ser la sangresucia para convertirse en Granger.
Estaban en el laboratorio de Severus elaborando unas pociones de reabastecimiento de sangre. Draco y él cortaban y preparaban los ingredientes mientras "la chica" los cocinaba lentamente.
Miró hacia ella una vez más, tal vez siendo la milésima vez que la miraba en aquel día. La chica era exasperante… La veía intentar concentrarse, intentar evitar preocuparse por los ruidos cada vez más seguidos que hacían sus tripas, ignorar el sueño y el cansancio que seguramente invadían su cuerpo…
Ya no podía pensar en ella como "la sangresucia". Ya no podía verla como a un ser inferior, como a alguien que no merecía la magia… ¡Era imposible! La chica hacía el trabajo de cinco magos juntos, y lo peor es que lo hacía a la perfección. Ni siquiera él podía llegar a ese nivel de trabajo…
Estaba claro que los rumores sobre la voluntad de hierro de la chica eran ciertos.
Tres veces se le había resbalado el cuentagotas a la chica… ¡Tres! Por suerte él había sido rápido y había interceptado las gotas de más que iban a caer dentro de la poción.
- Debería ir a descansar, Granger – aseguró – una voluntaria cansada no sirve, más bien estorba.
La chica le había mirado entornando los ojos y frunciendo el ceño y no pudo evitar ponerse a reír ante lo adorable que se veía.
Instantes después, mientras seguía cortando ingredientes, su mente (más bien la voz de su padre) le reprendía por haber pensado eso. ¡Pero simplemente no podía quitárselo de la cabeza!
Aquel gesto era tan enternecedor… Ya era enternecedor cuando lo hacían otras chicas, pero al habérselo visto a la chica simplemente no pudo evitar notar un calorcito en el pecho…
Escuchó un ruido sordo y giró a ver qué pasaba. Se alarmó, quizá en exageración, al ver a la joven arrodillada frente a la mesa con un cuchillo a punto de caérsele de las manos.
- ¡Ya está bien! – Exclamó acercándose a ella.
La levantó con cuidado pero sin darle oportunidad a resistirse y la llevo hacia los aposentos de Severus.
- Y ahora, o duerme unas horas o le lanzo un Desmaius y dejo que el cansancio acumulado haga el resto – amenazó - y después Draco la acompañará a comer algo y a adecentarse un poco.
La chica intentó reclamarle pero con una mirada y un pequeño gesto con el dedo, dejándoselo a centímetros de la nariz, la calló. ¡Y de repente se sintió de nuevo como cuando Draco era pequeño y le castigaba!
Y recordó también cuando dejó de ser Granger para volverse simplemente Hermione…
Estaba con Narcissa y Granger en el laboratorio, elaborando un conjunto de pociones para que a Severus le quedasen las menores cicatrices posibles.
Llevaban ya varias semanas ayudando a la chica y la situación entre ellos se había vuelto más distendida y calmada, aunque él tenía que seguir ordenando a Narcissa o a Draco para que se llevaban a la castaña a descansar o comer.
¡Maldita cabezota! ¿¡Es que no le entraba en la cabeza que en un estado de cansancio o hambre no era de ayuda!? En ocasiones como aquella no comprendía como podía ser la sabelotodo de Hogwarts… ¡Ella tenía que saber eso y aun así parecía importarle un moco de troll su salud!
Y lo más exasperante del caso es que, tanto él como Narcissa, mantenía siempre un ojo sobre ella. Su mujer bromeaba sobre eso en los momentos en los que descansaban, recordando aquella feliz época en la que Draco era pequeño y tenían que ir detrás de él para que dejase la escoba o la varita y comiese algo.
"Es como volver a tener a un niño pequeño con nosotros… Velar por ella, vigilarla, cuidarla, alimentarla… ¿No crees?".
Al principio pensaba que era algún tipo de indirecta que Narcissa le hacía, como si quisiera decirle que quería otro hijo, pero con el paso de los días (¡Qué días! ¡HORAS!) comprobaba que no era así… Simplemente Granger se había ido ganando algún tipo de sitio en sus mentes y no podían dejar de cuidarla, pese a que ella siempre se empeñaba en que estaba bien y que podía con aquello.
¡Maldita la barrera que se había autoimpuesto! ¡Y malditos esos Potter y Weasley, que con sus chillidos y reclamos lo único que habían hecho es que la pobre se encerrase más aún! No es que no comprendiera que esos dos estuviesen cabreados al ver a su amiga con ellos, trabajando y ayudando a Severus… ¿Pero es que no podían dejar de "regañarla" cada vez que se veían? Cuando la chica venía cabreada al laboratorio no hacía falta ni preguntar el motivo, Potter y Weasley eran la causa.
Unas llamaradas en la chimenea los distrajeron de lo que estaban haciendo. La cabeza y la mano del Ministro aparecieron entre las verdes llamas y Granger se acercó a ellas. No hubo palabras. El Ministro simplemente le tendió una carta a la castaña y desapareció.
Narcissa y él volvieron a sus cosas cuando la chica se acercó al marco hechizado que servía como ventana para leer la nota, pero un chillido les volvió a sacar de sus tareas.
La chica miraba la carta con un semblante pálido y finas lágrimas empezaban a salir de ellos.
- ¿Qué…? – Empezó a preguntar Narcissa, que se hablaba más con la chica, pero Granger salió corriendo sin siquiera mirarlos o responder.
Su mujer le miró claramente preocupada y él se acercó a donde estaba la chica antes, para ver la carta que estaba en el suelo. No es que fuese un chismoso ni nada, pero para que la chica hubiese salido así el mensaje debía de ser grave.
"Señorita Hermione Jane Granger, le informamos que actualmente no existe ningún tipo de poción o conjuro capaz de deshacer el Obliviate que les lanzó a sus progenitores. Tampoco existe posibilidad alguna de volver a cambiarles la memoria, ya que la mente humana es frágil y podría acarrear serios problemas.
Lamentamos informarle de esto sin más medios que esta carta, pero el hospital de San Mungo sigue trabajando en todos los heridos que llegan y tenemos a nuestro cargo y no tenemos tiempo para más.
Dr. Drows Blink.
Departamento de curas intensivas."
Narcissa ahogó un pequeño jadeo. La chica les había contado que había Obliviado a sus padres antes de irse con Potter, pero que estaba segura de que habría forma de deshacer el hechizo. Y ahora…
- Pero esto es mentira – aseguró Narcissa – si se puede…
- Con magia negra muy avanzada y peligrosa – recordó él – unos estúpidos medimagos no se arriesgarán a realizar un contra-conjuro de este tipo ni por los padres de la heroína – espetó con furia. ¿¡Cómo podían decirle aquello con una maldita carta y quedarse tan panchos!?
- Entonces… ¿Está… está sola? – Preguntó su mujer.
- No creo. Los Weasley y Potter están con ella – respondió él – Molly y Arthur Weasley son como sus padres adoptivos.
- Pero con Ronald Weasley las cosas han cambiado – insistió la mujer – ya no va tanto a verlos… Ya sea porque están todos de luto con la muerte del gemelo o por no encontrarse con el comadreja… Y con Potter también ha cambiado…
- ¿Y qué quieres que hagamos nosotros? – Inquirió él – ya nos libraron de Azkaban y de condenas de exilio – recordó – y encima tenemos que darle las gracias a esos dos, que nos desprecian a cada oportunidad – escupió – si tanto nos odian no sé porque nos ayudaron.
- Son Gryffindors, cariño – rio su mujer – aunque odien a alguien, si ha hecho algo bien lo dirán.
Miraron hacia la puerta y estrujó el papel entre sus manos.
- Lucius…
- ¿Qué?
- Bueno… Es que… - tartamudeó su mujer – llevamos ya cerca de un mes trabajando con la chica y bueno, supongo que no soy la única que se ha dado cuenta de lo bondadosa que es – explicó.
- ¿A dónde quieres llegar? – Preguntó él, intentando ir al grano.
- Sé que la chica ya es mayor de edad y que no necesita tutores ni nada pero… Ya sabes que a pesar de eso hasta los 25 en muchos sitios si se tiene la figura del "progenitor o tutor legal" se tiene más fuerza – explicó.
- Sí, lo sé. Sobre todo para temas de estudios o trabajos de alto nivel – recordó él - ¿A qué viene eso?
- Bueno… La joven está sola… Y no creo que acepte a los Weasley, simplemente por cómo se lleva actualmente con el hijo pequeño – aseguró la rubia - ¿Y si nos ofrecemos? Creo que nos llevamos medianamente bien y sería una buena forma de hacerle ver al mundo que… bueno, que hemos cambiado y queremos ayudar aún más.
- Sí – bufó – parece que haber donado voluntariamente la mitad de nuestro patrimonio para las familias y niños que se han quedado sin hogar no es suficiente – espetó - ¿Qué te hace pensar que nos aceptará?
- No lo sé – sonrió tristemente la mujer – pero… es que cuando estoy con ella a solas… es tan extraño… ¿Sabes? Me gusta tenerla con la cabeza en mi regazo y acariciarle el pelo, y según parece a ella también le gusta, siempre se queda dormida – rio – me gustaría seguir sintiendo eso…
No hubo necesidad de más palabras. Salieron del despacho, previo congelar las pociones para que no se pasaran, y empezaron a buscar a la chica por todos los rincones del castillo.
La encontraron en los jardines traseros, en un rincón poco frecuentado, tirada sobre un banco y llorando desconsoladamente.
- No le digamos lo del hechizo – le susurró a su mujer – ninguno de nosotros tiene la capacidad suficiente para realizarlo. Es mejor no darle falsas esperanzas.
Narcissa asintió tristemente y se acercaron.
- Hermione, querida – la llamó la rubia, que ya solía llamarla por su nombre de pila.
La castaña levantó la vista y él sintió como si un cañonazo hubiese impactado en su estómago. Granger tenía la cara roja y totalmente cubierta de lágrimas; los labios hinchados por mordérselos al intentar controlar los sollozos; el pelo estropeado, seguramente por haberse tirado de él mientras se maldecía a si misma…
- Los he perdido – sollozó – ayudo a salvar al Mundo Mágico de un psicópata y no puedo devolverles la memoria a mis padres. ¿Qué me queda ahora?
No pudo evitar lo que pasó. Su cuerpo empezó a moverse sin que él supiese que la orden había sido dada. Se acercó a la chica y la cogió en brazos, sentándose en el banco de piedra y colocándola en su regazo mientras la apretaba contra sí.
- Te quedamos nosotros, si es que quieres… Hermione… - susurró acariciándole el pelo.
Narcissa se sentó junto a ellos y le cogió la mano a la castaña, que los miró confundida.
- Hermione, no sé si lo sabes pero aunque seas mayor de edad puedes tener tutores legales, para que te ayuden en cualquier cosa que necesites – explicó – había pen… habíamos pensado que… bueno… debido a la situación con el pequeño de los Weasley y demás… que bueno… nosotros podríamos… - tartamudeó su mujer – no haría falta que vinieses a la Mansión, ni tendríamos problemas si fueses a ver a los Weasley… Te ayudaríamos con todo lo que necesitases y…
- Sería un honor para mí tenerles como tutores – susurró la castaña intentando mantener la compostura, pero sin poder detener las lágrimas.
La chica hundió la cara en su pecho y comenzó a llorar fuertemente de nuevo, agradeciéndoles entre sollozos su gesto y aceptando de buena gana las palabras y las caricias que los dos le ofrecían.
Un buen rato después se dieron cuenta de que la chica se había quedado dormida en sus brazos, cosa con la que sólo pudieron reír suavemente.
- Una nueva niña en casa – bromeó Narcissa ayudándole a levantarse con Hermione en brazos – y creo que le gustas – rio señalando las manos de la chica, que se cerraban fuertemente atrapando su camisa – creo que es tu colonia, a Draco también le pasaba… ¿Recuerdas?
Asintió mirando a la chica y no pudo resistirse a dejar un beso en su coronilla mientras la sujetaba mejor.
- Creo que vamos a tener que usar nuestro poder de tutores para que coma más, pesa muy poco – aseguró él.
- Es su constitución, Lucius – le rectificó Narcissa – aunque quizá la situación actual la haya colocado varios kilos por debajo de su peso correcto.
Durante su trayecto hacia las habitaciones de la chica captaron las miradas de todos los que había allí. En un principio les miraban como si ellos fuesen los culpables del estado de la chica, pero luego se escuchaban jadeos de sorpresa cuando se fijaban en lo fuerte que Hermione se aferraba a Lucius, tal cual fuese una tabla que evitase que se hundiese en el mar.
Se quedaron con la chica hasta que esta despertó, aunque más bien tendría que decirse que se vieron obligados a quedarse ya que no consiguieron que la chica soltase su camisa.
- No se puede negar que los humanos venimos del mono – rio Narcisa aludiendo al hecho de que los bebés monos no se sueltan de la madre o del padre ni aun estando dormidos.
Él puso una cara que fingía expresar asco, pero su mente no pudo evitar sonreír ante la estampa que ofrecía con la chica en su regazo. Y les entró un ataque de risa cuando, al despertar, la chica casi saltó al suelo y empezó a disculparse por haberse dormido.
Aquella misma tarde acudieron al despacho de Mcgonagall para que ella pusiese en marcha todos los trámites para que los Malfoy se convirtiesen en los tutores de Hermione, para hacer uso de su posición siempre que se necesitara aunque ella fuese ya mayor de edad.
La pequeña mano de Hermione sujetando la suya le hizo volver a la realidad y vio que estaban ya en el vestíbulo.
- ¿Estás bien? – Preguntó la chica.
- Sí, sólo estaba pensando formas para torturar un poquito a Severus – mintió con una gran sonrisa.
- Serás… - rio Hermione negando con la cabeza.
Con un chasquido de dedos Narcissa llamó a los cinco elfos de la casa, los cuales vestían todos curiosas túnicas cortas de colores chillones, y que a su vez estaban también bajo el programa P.E.D.D.O, lo que les hacía tener un buen sueldo, días de fiesta, descansos,…
- Pixy, Mety, Kista, Cappa y yo, Hunna, nos presentamos ante los amos y sus invitados – se presentó una elfina de ojos lilas que llevaba una bonita túnica de manga corta, unos guantes y unos botines de tela acolchados, todos de color lila semichillón.
Hermione se fijó en los elfos y vio que todos llevaban trajes acordes a su color de ojos: Pixy en rojo, Mety en verde, Kista en amarillo y Cappa en azul. No había estado en la Mansión Malfoy tras el ataque, por lo que no había visto nunca a los elfos, pero saber que Lucius y Narcissa habían aceptado en programa P.E.D.D.O era toda una alegría, por no hablar de que se veía lo bien cuidados que estaban los elfos, tan distintos al pobre de Dobby…
- Llevad los baúles de los chicos a las habitaciones que les tenemos preparadas – ordenó Narcissa suavemente.
Los elfos desaparecieron rápidamente con los baúles tras hacer una pequeña reverencia a los invitados.
Entonces pudo fijarse en la decoración de la casa. Estaban en un enorme vestíbulo, con puertas a derecha e izquierda, y con una escalera al fondo. Las paredes estaban decoradas con madera oscura hasta la mitad y en un tono beis hasta arriba, cosa que conjuntaba perfectamente con los suelos de parqué. Frunció el ceño preguntándose porque no había tantos cuadros como recordaba.
- Los quitamos – anunció Lucius – era un incordio escuchar cada día sus sandeces – rio.
Todos siguieron a Lucius y Narcissa por una puerta situada a la derecha del vestíbulo y acabaron en un bonito y acogedor salón.
Instintivamente Hermione miró hacia la puerta que había a la derecha, en donde se supone que estaba el salón en el que la habían torturado y la entrada al sótano.
- Lleva cerrada desde que volvimos – indicó Narcissa colocándose a su lado – nadie puede entrar, ni los elfos.
Hermione asintió y se sentó en un pequeño sofá junto a Ginny y Draco, justo cuando Pixy aparecía y les observaba sonriente.
- Los baúles de los invitados ya están colocados en sus aposentos. La comida estará en un par de horas – anunció antes de desaparecer.
- ¿Queréis ver vuestras habitaciones? – Preguntó Lucius.
Todos asintieron y se dirigieron a la escalera del fondo del vestíbulo para subir al segundo piso.
Una retahíla de puertas se distribuida a derecha e izquierda en el pasillo del segundo piso, y Hermione supuso que cada habitación tendría un hechizo expandible, ya que las puertas estaban a menos de dos metros las unas de las otras.
Una serie de iniciales y símbolos animados, que Hermione reconoció como patronus, se veían colocados en cada puerta, indicando a quien pertenecía. Sonrió al ver en la suya una graciosa nutria nadando en círculos bajo un letrero con el grabado H.J.G.M.
- ¿Con qué Hermione Jane Granger Malfoy? – Preguntó a Lucius.
- Simple papeleo – se excusó el rubio sonrientemente.
Alzó la ceja y miró el resto de habitaciones: Ginny y su caballo, Luna y su liebre, Draco y su hurón, Blaise y su zorro, Theo y su delfín y por último un grabado mostrando a la serpiente de Lucius y al cuervo de Narcissa.
También vio que la puerta que estaba frente a la suya era nada más y nada menos que la de Severus, aunque frunció el ceño al ver que su patronus se mostraba como hebras lumínicas en vez del acostumbrado cierto de Lily.
Había otras puertas sin señales e imaginó que serían para los Weasley, Andrómeda, Teddy y el señor Lovegood, y algún baño general.
- Imagino que estaréis cansados por el viaje – comentó Narcissa – id a descansar hasta la comida.
Y así hicieron, ya que aunque no estaban cansados todos se morían de ganas por ver la decoración de su habitación.
Hermione se encontró en un precioso cuarto todo decorado en tonos rojizos y beis, con una enorme cama de matrimonio en el centro de la estancia, y baño propio.
¡Volví!
Espero que este cap os haya gustado. A mí me ha parecido muy tierna la escena de Lucius - Ains, pobre rubito :3
¿Qué maldades estará pensando Lucius contra Severus? Esperemos que no sea muy cruel jajaja
¿Y por qué será que en la puerta de Snape no hay representación animal de patronus? ¿Será que la cierva de Lily se ha ido de fiesta?
¡Espero que os haya gustado y lo demostréis con muchas reviews! ¡Hasta dentro de dos semanas!
P.D: publico hoy sábado porque mañana tengo un día suuuper ajetreado y me será imposible publicar nada.
Mama Shmi: jijijiji, a mí también me gustó escribir el cap :3
tercy-S-Scloe: jajajaja, siiii, soy una pervertiiiiida XDD Bueno, lo del polvo sobre el escritorio con Sev… me temo que ya hay cola XDD
phoenix1993: ¡Gracias!
YazminSnape: Draco tiene a Astoria (por ahora, esperemos que no la lie XD).
SALESIA: ains, cualquiera se mete en una habitación con esos cinco sueltos jajajaja
Bueno, sobre la travesura en principio el hechizo es para evitar ser visto, sentido u oído… Y si Severus lo usaba para espiar imagino que será bastante potente jajaja
