Capítulo 20: La Reconquista I

KONOHA: Ajuste de cuentas

21 de Noviembre, 2011 19.50h

Valle Encantado, Lago del Dragón

El ciclo de luz había llegado a su fin. La noche, fría y húmeda, bañaba el Valle del clan Ikari. Y allí seguían ellas. Frente a frente. Cara a cara. Sus miradas ya se habían cruzado, pero nadie pasó a la acción. Ambas se miraban fijamente sin perder ni un ápice de su atención, como grandes felinos al acecho de su presa. El mínimo amago de huir, y el zarpazo acabaría con su escapada. Sakura sabía que este no sería un combate más. Sabía que en él se dejaría más que la piel. Aquella mujer la atacaba por algo más que por ser ella misma. No era un encuentro fortuito, era venganza. Sin embargo, la joven Haruno no tenía muy claro los motivos de su odio. Tal vez la envidiaba por ir con Sen, pues ella también era un dragón y a lo mejor, deseaba estar a su lado. No obstante, encontraba que ese argumento era meramente superficial e infantil. Sea como fuere, esa mujer la quería ver muerta y no era precisamente su rival más débil.

Kanu restaba aún en el agua. El chakra que había concentrado para elevarse sobre éstas, comenzó a conformar un remolino bajo sus pies. Sakura no podía verlo por la oscuridad que había en el lugar, pero si alcanzaba a escucharlo. La gran masa de agua no cesaba de girar y empezaba a elevarse por encima del nivel del lago. La Luna, que tímida había asomado entre las cordilleras del Valle, se reflejaba en las olas que provocaba el remolino, y con ellas, bailaba continuamente, llenando el agua de luces blancas hipnotizadoras. Un segundo. Un solo momento en que Sakura apartó la mirada de sus ojos, y el combate se desencadenó.

Del remolino salió una manga de agua que chocó directamente contra el suelo que pisaba la joven Haruno. Ella sabía que no había fallado, no le quería atacar directamente. Había provocado que el agua inundase el suelo que pisaban, pues eso le daba ventaja en el combate. Era un dragón de agua y donde ésta estuviese, sus técnicas se desarrollarían mucho mejor. Sakura retrocedió y concentró todo el chakra que pudo en sus manos. Recordaba que Kanu en las distancias cortas no se defendía nada bien. Sin embargo, todo el alcance de su lanza podía provocar heridas mortales. La mujer no abandonaba el agua y comenzaba a mutar en mitad dragón. Sus piernas se convertían en una gran cola azul de escamas, que la ayudarían a deslizarse más veloz sobre las aguas del lago. Estaba claro que la única manera de alcanzarla, sería caminando sobre el agua, pero no podía arriesgarse a entrometerse en la guarida del dragón, pues Kanu le tendería una trampa, de la cual, no podría salir tan fácilmente.

Súbitamente, Kanu desplegó toda su artillería. El agua bajo los pies de Sakura comenzó a solidificarse. Una fina capa de hielo se conformó y poco a poco se engrosaba, congelando a su paso, plantas, arbustos y árboles. Pronto, las piernas de la joven Sakura quedaron atrapadas y sus posibilidades de huir, reducidas a cero. Una nueva manga de agua chocó de pleno contra las piernas de Sakura y un bloque de hielo las petrificó. Médicamente, aún estaba a tiempo para romper el hielo. La hipotermia no se había apoderado de su sangre y sus músculos conservaban algo de calor. Con sus puños apretados y concentrado una parte de su chakra en sus músculos (para así protegerlos del impacto), golpeó, sin dudarlo, el hielo que rodeaban sus extremidades inferiores. Una masa de agua sólida se esparció por el suelo, golpeando contra la placa de hielo que lo recubría. Instantáneamente, Kanu avanzó veloz hacia Sakura, y con una gran ola de agua, la golpeó. Ésta salió despedida contra los árboles del bosque y quedó aturdida. El hielo la perseguía, congelándolo todo a su paso. Haruno se irguió, aún desconcertada, y golpeó el suelo fuertemente para cortar el avance del agua. En ese mismo instante, Kanu detuvo el avance del hielo. Una ola de vapor se sucedió sobre el agua helada y, seguidamente, una manta de niebla cubrió el bosque. No se alzaba más de un metro, pero era imposible caminar sin chocar con los obstáculos del terreno. La visión de Sakura se veía reducida a la mitad, y así su defensa corporal. Ajena a lo que sucedía bajo la niebla, se incorporó, recuperada del golpe que había recibido y se dispuso para atacar. Mientras, Kanu había convertido la masa de hielo en agua que fluía hacia su contrincante, inundando así la brecha que ésta había abierto, y superando las barreras naturales. Pronto el bosque se convirtió en un pantano.

Sakura notó el frío del agua en sus pies y se retiró a la rama del árbol más cercano. La oscuridad de la noche, unida a la niebla, hacía el combate imposible. Intentaba planificar un ataque eficaz, pero su desventaja era clara. El dragón de agua se decidió a contraatacar una vez más. Una sutil brisa comenzó a agitar las ramas de los árboles y la niebla se elevó poco a poco. Una nube gris se desdibujo sobre el cielo y al instante la condensación la hizo descargar toda su agua. La lluvia lo impregnaba todo, incluido el cuerpo de Sakura, quien debía atacar ahora o nunca. Las dos mujeres se decidieron a la vez. Saltaron a cielo abierto y chocaron sus armas en el aire, provocando un chasquido. Ambas retrocedieron, cayendo al suelo, y sin dar tiempo a su respiración, se precipitaron una vez más. El dragón atacaba con su lanza, evitando ser alcanzada en un radio de dos metros, mientras Haruno intentaba penetrar su defensa. Los golpes se sucedían constantemente y ésta se defendía con las únicas armas que portaba. Kanu movía, cual extremidad de su cuerpo, magistralmente su lanza. Poco a poco iba ganando terreno, combinando sus cortes, con golpes de agua sobre el cuerpo de Sakura. El combate se estaba decidiendo a su favor. Pero fue entonces cuando un pequeño haz de luz, se vislumbró entre los matojos que rodeaban el lago. Las dos mujeres se detuvieron y prestaron atención. La luz se elevaba paulatinamente hacia los árboles y avanzaba hacia el centro del lago. A medida que lo hacía, su diámetro aumentaba y la intensidad de su luz también. Finalmente se desdibujó una silueta que extendía sus brazos horizontalmente, hasta que se situaron en línea recta y un flash de luz inundó el bosque. Repentinamente, cientos de puntos blancos flotaban en el aire, iluminando, cual luciérnagas, toda su extensión. Casi se veía con la misma claridad que podías ver durante el día, lo que permitió a Sakura recuperarse del combate. Ella no sabía quien o que era aquella silueta, pero tenía el presentimiento de que quería ayudarle. Tal vez las Futaba lo habían enviado; del mismo modo que minutos atrás, Kanu había hecho con ella, ahora Sakura aprovecharía su momento de despista para atacarla. Golpeó la lanza del dragón de agua con todo su chakra y ésta comenzó a agitarse sutilmente. El movimiento comenzó a expandirse, moviéndose veloz y dando fuertes sacudidas que se traspasaban a las manos de Kanu. Finalmente el dolor era insoportable y ésta tuvo que dejarla caer contra el suelo. Sabía que estaba perdida y que si no regresaba al lago, donde podría mutar a dragón, el combate estaría decidido. Pero el haz de luz le impedía regresar. Sakura se abalanzó sobre ella y el combate cuerpo a cuerpo se desencadenó. Era una gran experta en las artes del taijutsu, pero sus años con Sen la habían hecho mejorar considerablemente, casi al nivel de alguno de los mejores maestros. Sakura golpeó varias veces a su adversaria, haciéndole perder el equilibrio. Las técnicas de agua ya eran inútiles. Hasta que el último golpe de Sakura fue decisivo. El brazo de Kanu cedió y sus huesos se quebraron.

En el mismo momento que Kanu profería un alarido de dolor, del lago surgían cinco dragones. Se elevaban sobre la superficie del agua y rodeaban la luz blanca que los había invocado. Kanu retrocedió para recoger su lanza, pero uno de los dragones, el de color rojo, rugió una estela de fuego dorado que evito que se acercase:

- Ya me marchaba, sólo quiero recoger mi arma – dijo Kanu, casi suplicando

- Cógela. Márchate y no regreses nunca a este Valle. No eres bien recibida aquí – respondió el dragón rojo.

- No he hecho nada, sólo…

- Cállate. Atacar al Dragón Imperial es suficiente. ¡Márchate ahora! – replicó, cortando sus inútiles explicaciones.

Vacilante, Kanu recogió su arma y partió hacia las profundidades del bosque, donde se perdió su pista.

Sakura analizaba la situación, intentando entender que había pasado. Los cinco dragones se sumergieron una vez más en el agua y el cuerpo celeste avanzó hasta la orilla, recuperando su forma natural. Sakura quedó atónita. Aquel haz de luz era la niña que habían rescatado del pantano: Akemi. Se acercó corriendo hacia Sakura y, como si nada hubiese sucedido, se abrazó a su cintura temblorosa.

- Estaba muy asustada – dijo la niña mirando hacia el lago.

Sakura no sabía que decir. Pero la sorpresa no se había terminado. Del agua comenzaron a emerger cinco cuerpos de mujer, desnudos, avanzando hacia la orilla. Eran idénticas: esbeltas, hermosas y ante todo, inhumanas. Eran sin duda alguna, las hermanas Sahori.

- Bienvenida al Valle del Clan Ikari – habló la mayor de las hermanas, Mei.

- "Aiya Meldor" ¿Son ustedes las hermanas Sahori? – preguntó Sakura tímidamente.

- Así es. Tú debes ser la acompañante del Dragón Imperial. Veo que te has curtido de nuestra cultura. Incluso conoces nuestro lenguaje.

- Sí, soy Sakura Haruno, disculpad por no presentarme – añadió nerviosamente.

- No es problema. Nostras somos en orden de menor a mayor, Dei, Fei, Hei, Kei y yo, Mei. La señorita Futaba nos ha llamado para ayudarte – le respondió amablemente la joven Sahori, mientras Akemi, discretamente, intentaba cortar la conversación.

- Sí, nosotras las estábamos buscando para ayudar a Sen. Parece que está atrapado en el Valle de las Futaba – los ojos de Akemi miraban incesantes a Sakura, mientras pronunciaba aquellas palabras agitada.

- Sen no está en peligro con ellas. Ellas le cuidan, tú lo sabes muy bien. Por algo nos has llamado, ¿no? – replicó la más pequeña de las Sahori, Dei.

- Realmente no estamos seguras de que Sen esté bien. A nosotras no nos dejaron entrar en el panteón y sin más, nos expulsaron del Valle. No quiero ser mal pensada, pero he oído que las Futaba se apropian de los Ikari, pues son a los únicos dragones a los que se entregan en cuerpo y alma, y no los quieren dejar escapar – explicó Sakura muy educada. Sin embargo no pudo evitar provocar una gran carcajada entre las cinco hermanas.

- ¿No creeréis en serio que las Futaba secuestrarían a un Ikari para ciertos fines? Cualquier mujer humana tiene peores intenciones hacia ellos que una Futaba. Podéis estar tranquilas. Tarde o temprano estará fuera del Valle – dijo la mediana, Hei, entre risas.

Aunque a decir verdad, las hermanas Sahori estaban equivocadas. No sabían lo posesivas que podían llegar a ser las Futaba, y eso era algo que Akemi sabía muy bien. Por ello las temía y deseaba sacar a Sen lo antes posible del Valle. De un modo u otro no podían hacer nada, pues ninguna de las mujeres presentes tenían acceso al panteón de las diosas de los dragones y no tendrían más remedio que esperar; para su suerte, Sen no se encandilaba con los cantos de sirena y había huido a tiempo del lugar.

21 de Noviembre, 2011 18.50h

Barrio Uchiha, solares cercanos

Los dos hombres restaban inmóviles ante el descampado. Los miembros de Akatsuki, Deidara y Sasori, les habían echado el alto y era imposible huir. Ahora sólo les quedaba la opción de luchar.

- Tenemos órdenes, sí, os llevaremos con nosotros, sí – dijo el rubio de coleta, Deidara.

- No iré contigo más lejos de este solar, así que acércate aquí si te atreves – contestó colérico Naruto.

Sasuke asintió con la cabeza las palabras de su compañero; el tipo de la coleta parecía un personaje un tanto inestable, irritable y poco cuerdo. Sin embargo, el compañero, con la apariencia de un escorpión, era el más místico y excéntrico de los dos. Ansioso por atacar, miró a Sasori, buscando su aprobación y con una mirada de desafío pasó a la acción. Desplegó sus explosivos, lanzando una amplia carga hacia su adversario, rodeándole y persiguiéndole, hasta explosionar. Naruto los intentó esquivar como pudo, pero era difícil. Mientras, su oponente aprovechaba para aventajar su posición, sobrevolando con su ave la tierra que pisaba el zorro. Naruto, ingeniosamente, se benefició del polvo que los explosivos habían generado, y ocultó diversas copias en los alrededores del bosque. El combate se desarrollaba frenéticamente, pues Deidara no estaba dispuesto a darle ni un respiro. En cambio, para Sasuke y Sasori reinaba la tranquilidad. Ambos se miraban fijamente, esperando poder evitar un nuevo combate, pues los dos sabían que les esperaba sendos largos caminos por recorrer, aunque en direcciones distintas.

En un descuido de estos, Deidara y Naruto desaparecieron del lugar, y continuaron su enfrascada batalla lejos de su alcance. Seguían envistiéndose con ataques explosivos, que evitaban los diversos kunais que Naruto le enviaba. La paciencia del zorro empezaba a mermar y tarde o temprano saltaría sobre los lomos del ave y atacaría sin remordimientos al miembro de Akatsuki. Algunas heridas habían comenzado a aflorar en su cuerpo, pero con la misma facilidad, desaparecían. Fue entonces cuando Deidara se percató de que el combate sería más difícil de lo que había esperado. Voló en círculos sobre la cabeza de Naruto, dejando caer, poco a poco, pequeñas minas que al contactar con el suelo explotaban. Intentaba crear un redil para que no pudiese escapar y, finalmente, cuando lo tuvo a su alcance, empleó una de sus mejores bombas contra él. Sin embargo, se había equivocado. Aquel no era el verdadero Naruto, si no una perfecta copia. El verdadero se alzaba tras él, a lomos del gran Gamabunta, quien se impulsó sobre sus grandes ancas para que el zorro pudiese alcanzar el ave de Deidara. Saltó sobre ésta y se desencadenó un nuevo combate cuerpo a cuerpo que sería el fin de la historia. Los ninjas de Konoha tenían especial facilidad para las artes del Taijustu, así que de la misma manera que Sakura había derrotado a Kanu, ahora lo haría Naruto con el Akatsuki. Le golpeó diversas veces, hasta que tuvo su gran oportunidad. Una gran esfera zafiro, brillaba y giraba sin cesar sobre la palma del rubio: "— Rasengan – gritó Naruto." Y el cuerpo de Deidara salió despedido del ave, aún inconsciente, golpeando contra los árboles hasta tocar tierra, donde chocó hostilmente contra una roca. El cuerpo yacía inerte, rodeado de un amplio charco de sangre.

Ajeno a los ojos de los presentes, Zetsu apareció entre los árboles y retiró el anillo de Deidara de su mano.

En la explanada, Naruto se reunió con Sasuke:

-No me ha durado ni dos telediarios – dijo el joven rubio entre risas.

- ¿Qué dices? ¿Quién te ha enseñado esas frases? Habla bien que me da vergüenza escucharte – replicó Sasuke sin quitar ojo a Sasori – además, esto no se ha acabado – añadió, señalando con la cabeza al hombre marioneta.

- No creo que quiera más medicina – repuso Naruto una vez más en un tono burlesco.

Sasuke comenzaba a sospechar de las respuestas del zorro. No eran unas palabras propias de él y además, no usaba su tono habitual. Había algo extraño en el ambiente. El combate fue de lo más lamentable y como mucho, no había durado más de cinco minutos. Su adversario, aparentemente fuerte, había resultado ser un fiasco. Y en última instancia, estaba Sasori, quien no se había inmutado ni un ápice al ver a su compañero caer desde el cielo mal herido, y morir probablemente contra el suelo. Y eso por no hablar del hombre planta que había aparecido de la nada y discretamente había robado el anillo de éste, y había huido sin ayudarle o sin recoger su cadáver. Miles de preguntas se sucedían en la mente del Uchiha, cuando llegó la primera respuesta:

-Mírame, aquí estoy – dijo una voz tenue y sibilina.

La cabeza le comenzaba a dar vueltas, el aire se hacía denso y pesado. El calor se apoderaba de su cuerpo y, poco a poco, la noche se hacía día. Las siluetas de su entorno cambiaban furtivamente, transformándose. Pudo desdibujar el cuerpo de Naruto, y más allá el del rubio de coleta, y mucho más allá una gran sombra armada. Finalmente, cuando pudo abrir sus ojos y controlar su equilibrio, vio su verdadero rival. Donde se había postrado el viejo hombre marioneta, Sasori, ahora estaba él. Su mayor enemigo.

- Hermano, ¿te encuentras bien?

21 de Noviembre, 2011 18.50h

Montañas del Shodai, inmediaciones del Barrio Uchiha

Oculta tras un matorral, el Hokage planeaba su entrada en Konoha. La muerte de Danzo haría que las tropas abandonasen la Villa, pero si llegaba Sai antes que ella, podría proclamarse un nuevo líder y continuaría con la posesión.

Entrar en la Villa ahora sería complicado, pues desconocía todos los puestos de mando y no había recibido noticias de los Yamanaka. Probablemente ocurría algo grave y no descartaba que tuviese relación con la niebla que se extendía en los vastos campos de Konoha. Sin embargo, tenía algo de ventaja: se conocía todos los rincones de la Villa y podía recorrerla con los ojos cerrados, si fuese necesario. Se podía infiltrar por alguno de los pasadizos y contactar con el clan Hyuuga o Yamanaka. Seguiría las cuevas del río Subterráneo, alcanzaría el refugio de la montaña de los Hokages, contactaría con la red de desagües y se arrastraría hasta el Hospital Central. Allí podría tomar las cuevas de los ríos Yin y Yang, y contactar con la red de pasillos de los clanes. El plan estaba claro. Se colocó bien el traje, recogió su bolsa, puso la carta a buen recaudo y se dispuso a inspeccionar el lugar. Empezaba un trabajo de espeleología.

Repentinamente, Pain y Konan se presentaron en el lugar.

- ¡Mira quien anda aquí! Si te dábamos por muerta – dijo sarcástica la mujer, mientras Tsunade se apartaba de ellos.

- ¡Ah! Pero si es el pésimo Hokage de la patética Villa de la Hoja. ¿Qué te trae por aquí? ¿Ocultándote del Viejo?

- ¿Qué queréis? – preguntó Tsunade lacónicamente.

- En primer lugar, verte muerta – respondió Konan –. No sé qué haces aún viva. Mira que especifiqué claramente que quería ver tu cadáver, pero está claro que no se pueden dejar las misiones más simples a los ninjas más incompetentes, creen que se hacen solas.

- Konan, ya está. No seas tan dura, la estas aterrorizando – dijo Pain mirando a Tsunade y añadió – ¿No habrás visto al Viejo traidor?

Tsunade se pensó la respuesta. Si les decía que sí, probablemente les daría igual, no sería una gran pérdida y seguirían atosigándole. Pero tal vez, si respondía que no, que no sabía nada, a lo mejor irían en su búsqueda y evitaría enfrentarse a ellos sola, pues tendría las de perder claramente.

- No, no le he visto.

- ¿Por qué lo piensas tanto? ¿Tramas algo? En fin, da igual. No eres más que una mosca pesada – siseó Konan.

- ¿Has visto al Uchiha? Al pequeño de los Uchiha. Tal vez, si nos lo dices, hagamos la vista gorda y nos marchemos.

La paciencia del Hokage se agotaba. La conversación era de lo más impertinente y si tenía que afrontar un enfrentamiento, lo acataría con todo el honor y valor posible.

- Ni sabiéndolo te lo diría. Antes tendrás que pasar por encima de mi cadáver, y para entonces ya no podría responderte nada.

- No te pongas tan gallito, bonita, que tu Villa está abandonada, conquistada por el enemigo y tus fieles ninjas, o muertos o padeciendo. Y tú, mírate, aquí escondida como un cobarde – le contestó Konan metiendo el dedo en la yaga.

Aunque la vieja Tsunade era consciente de que no había abandonado la Villa, la sensación que ofrecía no era precisamente esa. Sin embargo, era su deber refugiarse y mantenerse con vida en el exilio. Los ninjas necesitaban al Hokage, dentro o fuera de Konoha, pero necesitaba un líder que diese unas órdenes y ante todo, una esperanza por la cual seguir luchando. Además, nunca había perdido el contacto con ellos, mantenía un salvo conducto con los Yamanaka a través de sus águilas mensajeras. Llevaba un año en el exilio, dando consejos, órdenes y recuperando antiguas zonas perdidas, de la mano de sus más fieles ninjas.

- No tienes ni idea de lo que hago o dejo de hacer en la Villa, así que no te molestes en opinar con tu lengua viperina. Si quieres luchar conmigo, aquí me tienes – respondió, finalmente, Tsunade a las dolorosas palabras de Konan, con rabia y lágrimas en los ojos.

Pain y Konan se miraron. Se hizo el silencio durante unos segundos y después una amplia carcajada sonó, al tiempo que sus cuerpos se desvanecían.

Aunque no le gustase admitirlo, la realidad era que se acababa de librar de una buena guerra. Si aquellos Akatsuki hubiesen querido luchar, hubiese sido una batalla muy difícil y de la que, muy probablemente, no hubiese podido salir con vida; sin más preámbulos, y aún pensando en lo sucedido, continuó su camino para llegar lo antes posible a Konoha, pues cada vez la situación sería más complicada.

21 de Noviembre, 2011 20.00h

Castillo Clan Ikari

Surcaba el cielo libre, atravesando las nubes que lo cubrían. Le quedaba poco tiempo de libertad, pues no se había recuperado del todo y necesitaba gran cantidad de chakra para poder volar como dragón.

Aterrizó ante la puerta del Castillo del clan y se transformó en su cuerpo humano. Recordaba que al salir del bosque, habían tenido un encuentro fortuito con un espectro que había dado pistas sobre un objeto. Debía recoger el cofre del libro de leyendas y dirigirse a Konoha. Lo que haría después de recogerlo sería buscar a su compañera Sakura para poder ir juntos hasta la Villa.

Dio dos pasos hacia la puerta y un fuerte haz de luz le deslumbró:

"La silueta de una mujer encapuchada, caminaba hacia la puerta del Castillo. Esbelta y grácil, subía las escaleras hasta llegar al pomo de entrada. Allí quieta, se giró y retiró su capucha, colmando el Valle de una intensa luz blanca. Su cuerpo se desvaneció entre grandes llamaradas y la puerta quedó abierta de par en par."

Sen abrió los ojos. Ahora sabía que aquella mujer que siempre le abría la puerta a casa, era la misma hermosa dama desnuda que le guió en su camino. Desconocía su identidad, pero tenía el presentimiento de que si indagaba siguiendo las pistas que ella misma le había dejado, daría con ella.

Entró en el Castillo, recogió el Cofre dorado, con el auténtico Libro de Leyendas en su interior, y se marchó cerrando la puerta tras él. Debía reunirse con Sakura lo antes posible y dirigirse a Konoha. Caminó a paso ligero por los jardines del Castillo y se dirigió al Río del Dragón para retomar el camino a la Villa. Allí podría preguntar a alguien se había visto a su compañera, tal vez a las ocultas Sahori. Anduvo durante más de cuarenta minutos, hasta que dio con una gran llanura. Era bastante oscuro, pero sus ojos no se equivocaban. Con los ojos del dragón podía ver más allá del contorno aparente e incluso tenía una buena visión nocturna. Activo la técnica del Hirovugan, la técnica ocular del dragón, y sus ojos cambiaron tomando un color amarillo intenso, dibujando en su interior una gran espiral que no cesaba de girar. Entonces pudo verlo claramente: en el suelo había dos hombres tendidos. Yacían inertes, tal vez muertos o sólo malheridos. No podía saberlo con total seguridad. Analizó los alrededores, buscando algún resquicio de chakra oculto, intentado evitar cualquier posible trampa, y cuando estuvo seguro de que no había nadie, se acercó a los hombres. Sus rostros le eran familiares, se había topado con ellos anteriormente. Se agachó a su lado y les examinó los cuerpos superficialmente. No parecían heridos, simplemente dormidos, pero era bastante extraño. Nadie se echa a dormir en mitad del camino o en una llanura desierta. Tendió sus manos sobre ambos y busco posibles heridas internas, venenos u otro tipo de síntomas que hubiese provocado su estancia en el lugar. Y entonces obtuvo respuesta. Habían sido atacados por una técnica ocular. Estaban inmersos en un Genjutsu, atrapados y sin salida. No estaban malheridos, ni muertos, sólo restaban inconscientes. Decidió que era el momento de ayudarles. Les golpeó con un "ki" de ensueño y los despertó. Los dos chicos estaban aturdidos, entumecidos por el frío y algo desorientados. Pronto se percataron de la presencia de Sen y se pusieron en guardia:

- ¿Quién eres? – preguntó uno de ellos.

- Hola, no os asustéis. No quiero haceros daño, sólo os estaba ayudando. Me presento. Soy Sen Ikari – respondió amablemente, alzando sus manos en son de paz.

Ambos se miraron con gran asombro y prosiguieron:

- Gracias por tu ayuda. ¿Los has matado tú o han huido? – preguntó una vez más el mismo

- ¿Quiénes? Aquí no había nadie, sólo vosotros dos – le repuso Sen con sorpresa. – ¿Yo os he visto antes, no?

- Sí, así es. Y debemos disculparnos por lo ocurrido. Yo soy Naruto Uzumaki y el es Sasuke Uchiha. En realidad nos conocemos de hace mucho tiempo, pero apenas te acordarás de nosotros.

- Sois los chicos de la villa, los compañeros de Sakura.

- ¡Ah! En ese caso, si que te acuerdas de nosotros. Aunque la última vez que nos vimos, íbamos acompañados de Kanu.

- Sí, lo recuerdo. La mujer dragón… – terminó la frase en un tono condescendiente y después se limitó a mirar a los lados.

- Discúlpanos. No pensamos que te atacaría. Sólo buscamos tu ayuda – repuso Sasuke –. Estamos buscando a un hombre, el mismo que nos ha atacado.

- Yo también estoy buscando a alguien. He perdido a Sakura.

- ¿Qué? – voceó Naruto. Sasuke le miró de soslayo y éste se calmó – ¿Cómo ha ocurrido?

- Pues no estoy seguro. Estaba en el Valle de las Futaba y cuando desperté, Sakura ya no estaba.

- Iremos contigo en su búsqueda – dijo Sasuke – si a cambio, tú nos ayudas a buscar al hombre que nos atacó.

- No quiero hacer tratos con nadie. Sólo quiero encontrar a Sakura – replicó Sen lacónico.

Naruto y Sasuke se miraron un momento en silencio. Naruto le hizo dos gestos y Sasuke asintió.

- Está bien. Sólo iremos contigo – dijo el zorro.

- De acuerdo. Había pensado preguntar al clan Sahori si la habían visto.

- Próxima parada: Casa del clan Sahori – dijo Naruto con energía y se puso en camino.

Los otros dos hombres le siguieron el paso. Sen seguía pensando en las palabras de aquellos dos tipos. Parecían de lo más extraño, necesitaban ayuda y aún sin tenerla, habían decido unirse a él. No se fiaba de ellos totalmente, pero serían de gran ayuda para encontrar lo antes posible a Sakura. Ella siempre le había hablado de ellos. Durante los años que habían estado en el bosque, Sakura le explicó toda la historia que les envolvía a los tres: le habló de Sasuke y sus problemas, de su hermano Itachi y de lo mucho que había luchado Naruto por encontrarle. Sabía que no eran malas personas, pero se comportaban de una forma muy extraña; Sasuke, por otro lado, estaba abstraído en sus pensamientos. Había encontrado a su hermano cara a cara, pero esta vez no había sido como la última vez. No le había atacado y paradójicamente, se había dirigido a él como si no ocurriese nada. La ira recorría las venas de Sasuke y Sen lo había comenzado a notar. Se detuvo en seco y dijo:

- Alto ahí. No dé ni un paso más.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Naruto.

- Este hombre no está en sus cabales – dijo Sen, mientras señalaba a Sasuke.

- ¿Qué dices ahora? – replicó el rubio.

- Puedo notar su chakra y su ira. Noto las presencias de las personas, su aura. Puedo leer sus pensamientos y no hay nada bueno en él.

- Oye, no te pases. Es Sasuke, es mi amigo, no pasa nada. Tranquilízate – repuso una vez más el joven zorro.

- No soy yo quien se tiene que tranquilizar, si no él. Este hombre es un peligro público.

- ¿Pero qué dices?

- Ya vale Naruto, déjalo estar. Tiene razón. No puedo dejar de pensar en lo sucedido.

- ¿Qué pasa? – preguntó una vez más

- No entiendo porqué ese hombre ha hablado de esa manera. Porqué se ha dirigido a mí como si fuese un día cualquiera. Porqué se ha ido sin más, sin el Kyubi, sin matarme. El corazón se me pudre lentamente, la herida de Orochimaru no sana y pensar en mi hermano me consume poco a poco. Pronto no quedará de mí más que odio – explicaba Sasuke pacientemente, acercándose a una gran roca, y dejando resbalar su cuerpo hasta el suelo.

- Puedo ayudarte si me dejas. Pero no aquí, ni ahora. Ayúdame a encontrar a Sakura. Debo llegar a Konoha y cumplir una misión. Entonces te ayudaré a sanar esas heridas. Pero para entonces, debes resistir y apartar de tu mente ese rencor, o no puedes acompañarme. Si tu alma está corrompida, mi dragón te desterrará de esta tierra y no podré hacer nada para impedírselo – dijo Sen, mientras Naruto le miraba sorprendido por su explicación.

- No quiero saber a qué te refieres, toda esta historia suena muy chunga, pero si os decidís, seguimos con nuestro camino y encontramos a Sakura – finalizó Naruto, a lo que ambos chicos asintieron con sus cabezas y se pusieron en camino.

Tras una larga caminata, finalmente dieron con la Casa del clan Sahori. El lugar estaba en calma total. Ni una sola luz salía del interior de la casa. Sin embargo, probaron de llamar a la puerta. Tocaron una vez, pero no hubo respuesta. Naruto insistió hasta cinco veces, pero la cosa seguía igual. Finalmente decidieron marchar y cuando se habían alejado unos metros, una mujer dragón se postró ante ellos. Iluminada de chakra, brillaba en la oscuridad del bosque. Con la mano les indicó que la siguiesen. Caminó hacia la puerta de la casa y allí se perdió su rastro. Sen no tuvo duda alguna en seguirla, pero los otros dos tuvieron más reparos.

- Vamos, entrad – dijo Sen desde el interior de la casa. Naruto y Sasuke se miraron, y al final, se decidieron.

- Cuinfinuvaz or tavol bir dron Sahori – dijo una voz tenue y femenina.

- ¿Qué ha dicho? – Preguntó alarmado Naruto.

- "Bienvenidos al hogar del Clan Sahori" – le respondió Sen y añadió – Vloduor mal unfuholnaz o Gracias por invitarnos, ¿eh, Naruto?

- Póngase cómodos – y súbitamente la sala donde se encontraban se iluminó. En el centro aparecieron tres sofás y una pequeña mesa – ¿Qué les trae por aquí?

- Sólo estamos de paso, no se preocupen. Estamos buscando a una mujer – respondió Sen

- ¡Oh! No es una molestia tener al Imperial y a sus amigos en casa. ¿De quién se trata? – replicó la mujer Sahori entre risas.

- Sakura Haruno.

Repentinamente, del piso superior de la casa se escucharon unos pasos en carrera y una voz que gritaba. Por las escaleras aparecía corriendo una mujer, vestida con una sábana y voceando:

- ¡Sen! ¡Sen! ¡Sen! ¡Gracias Sen!

- ¡Sakura! ¿Qué llevas puesto? – dijo Sen entre risas, mientras se acercaba a ella y la recogía en brazos para abrazarla – ¿Estás bien?

- ¡Sí! ¡Sen no vuelvas a marcharte! – dijo Sakura sonrojada, abrazada a su cuello y besándole las mejillas. La respiración del joven se notaba contenida, pues se había dejado llevar por la situación y emocionado al verla, después del miedo de haberla perdido, la había cogido en brazos y la tenía abrazada por la cintura, apretada contra su cuerpo, mientras ella le besaba. Estaba totalmente ruborizado y no sabía cómo deshacerse de la situación sin ofenderla.

- Pero si yo no me marché. Desperté en aquel lugar y ya no estabas. No recuerdo nada de lo que pasó. La verdad es que he sentido bastante miedo al ver que no estabas. Llevo más de una hora buscándote – y discretamente la dejó en el suelo – ¿Por qué llevas una sábana atada al cuerpo?

- Es una larga historia – dijo sonriéndole, lo que provocó una vez más que se sonrojase.

Sakura se dispuso a explicarle todo lo que había ocurrido, desde que le llevaron al Valle, hasta el enfrentamiento con Kanu y el motivo por el cual llevaba una sábana atada y no ropa normal, pero antes de poder explicarle algo a ciencia cierta, descubrió que Naruto y Sasuke estaban en la sala también.

- ¿Sakurita-chan? – dijo Naruto con una sonrisa de oreja a oreja.

- Naruto, Sa…sa…sas…

- Sasuke – terminó el mismo Uchiha.

Los ojos de Sakura estaban en trance. No sabía si debía llorar y si lo hacía, no estaba segura de porqué lo hacía. Su corazón ahora mismo era un tsunami de sentimientos. Su mente estaba llena de recuerdos, de sensaciones, de preguntas, miles de ellas y todas sin respuesta. Finalmente no pudo contener los sentimientos y arrancó a llorar sin saber el motivo, sólo un fuerte vacío y tristeza se apoderaban de ella.

- ¿Qué ocurre Sakurita-chan? – preguntó el zorro preocupado.

La joven se retiró por las escaleras y volvió al piso superior; Sen notaba su malestar. Tenía el poder de captar las auras de las personas, sus sentimientos, sus remordimientos, sus pensamientos. Notaba la tensión en el ambiente, lo cargada de energía negativa que estaba la casa en ese momento. Pero sobretodo, lo que más le preocupaba, era el triste vacío y la desolación que sentía el corazón de Sakura. Lo podía sentir como si fuese de él mismo. El dragón comenzaba a contagiarse de su dolor y daba los primeros síntomas. La piel de Sen se había tornado más blanca de lo normal y su Hirovugan se había activado solo. Las Sahori le analizaron con detenimiento, viendo que aún era un ejemplar muy joven y apenas tenía experiencia para controlar sus propios y peligrosos poderes.

- ¿Tienes problemas para controlar tus sentimientos? ¿Te contagias de los demás? – preguntó la mayor de las Sahori, Mei.

- Eso parece. Aún estoy experimentando muchos cambios. Es el primer día que estamos fuera del Bosque Milenario.

- ¿Nunca has puesto en práctica tus poderes? – insistió Mei

- No. Hace unas horas, Kanu, el dragón de agua, me atacó con la daga sagrada del clan Hikari, pero la verdad es que no he podido hacer mucho.

- ¿Qué edad tienes?

- ¿Humana? – replicó Sen y Mei asintió con la cabeza – pues dieciséis años de la era humana.

- ¿Acaso tienes otra edad? – preguntó Naruto

- Los dragones y las Futaba tienen otra medida de tiempo. No pertenecen a este mundo y su vida transcurre respecto a los humanos, mucho más lenta. No sabríamos especificar una medida de conversión, pero créeme, para lo que vivís los humanos, un dragón os puede parecer eterno; Sen, Sakura no está ahora mismo en condiciones para marchar, eres consciente de ello. Sabemos que debes ir a la Villa lo antes posible, pero también debes contemplar tus posibilidades. Es de noche y eso no implica un problema para ti, pero si para tus acompañantes. Sin embargo, tu falta de experiencia en combate puede ser un lastre para tu misión. Te ofrezco un trato – dijo Mei Sahori mirando a los suyos.

- No me gustan los tratos, ni los pactos, ni las promesas, ni nada relacionado con deber algo a alguien – replicó Sen lacónico.

- Está bien. Sin la palabra trato de por medio. Esta noche te entrenas con nosotras y a cambio, dejas a Sakura descansar. Mañana por la mañana, con la primera luz del día, partís a Konoha y nosotras te acompañamos. Ese era el trato, pero sin decir trato. ¿Te gusta más así?

- ¿Entrenar? ¿Y venir con nosotros? – preguntó el Imperial.

- Necesitas entrenarte en las técnicas relacionadas con el clan. Durante estos cuatro años has podido practicar con Sakura todo tipo de técnicas ninja, pero las que refieren a tu clan a nivel ninjutsu y todos tus poderes mágicos están sin prácticas reales. Sólo los has utilizado en el Bosque Milenario y contra muñecas de trapo. Lucha contra nosotras, desata tus poderes, muestra tu magia. Somos dragones como tú, podemos defendernos sin problemas. Y de paso, te acompañaremos, no sólo para ayudarte si lo necesitas, si no porque Konoha también es nuestro hogar.

- ¿Y nosotros dos? – preguntó Naruto señalando a Sasuke

- ¿Queréis entrenar? Vosotros debéis descansar. Sólo eso – respondió Mei, señalando a la más pequeña de las hermanas que los acompañase a una habitación. Naruto no estaba muy satisfecho, pero al ver que Sasuke no replicaba, siguió sus pasos.

Las Sahori, al contrario de lo que contaban todas las historias, para Sen habían sido sus grandes salvadoras. No sólo eran las encargadas de ocuparse de Sakura y mantenerla a salvo, sino que además le ayudarían con su preparación para el combate. Eran unas mujeres muy sensatas y estaban dispuestas a ayudarle en lo que fuese necesario, así que él acataría las decisiones que tomasen durante la noche; antes de iniciar su entrenamiento, una última mujer apareció en la sala.

- Buenas noches. Soy Akemi ¿me recuerdas?

- Hola, sí, creo. ¿Eres la niña del pantano, no? – le preguntó Sen enarcando una ceja.

- Sí. Yo misma. Yo te lleve al Valle de las Futaba para que te curasen.

- ¡Ah! Lo había olvidado. Al final Sakura no me ha explicado que ocurrió y porqué iba vestida de esa manera.

- ¿No lo sabes? Es muy gracioso. Como las Sahori no se visten nunca, no tienen ropa en casa, así que no han tenido más remedio que dejarle una sábana para que se tape. Después de combatir con Kanu, la ropa se ha roto por completo. Yo le estoy cosiendo un traje nuevo con las sábanas – respondió la niña sonriente.

- ¿Combatir con Kanu? – exclamó Sen.

- Sí, yo te lo explico todo.

Y la niña Akemi se dispuso a darle todo tipo de detalles de lo sucedido. Con su característico egocentrismo, fue pincelando la historia, hasta quedar como la heroína del cuento. Evidentemente, Sen no se trago de la misa ni la mitad, pero asentía orgulloso y sorprendido ante las hazañas que contaba la cría. Finalmente, las cinco hermanas Sahori se presentaron en la sala. Estaban listas para combatir y se dirigían hacia Sen:

- ¿Preparado? Es hora de practicar para recuperar los viejos tiempos de la Villa – dijo la mayor de las hermanas y desaparecieron por la puerta, acompañadas de Sen.

21 de Noviembre, 2011 22.00h

Lago Ziva, Barrio Uchiha

La noche se cernía por completo en la Villa Oculta de la Hoja. Hacía tiempo que el alumbrado eléctrico de las calles se había deshabilitado, así que la oscuridad se adueñaba de los recovecos del lugar, sólo iluminado por la luna, en las noches que no se ocultaba tímida tras el sol. Hoy no era precisamente ese día, por lo que la oscuridad era la dueña de las calles. Sólo compartía su espacio con los cantos de los grillos y búhos que vivían en las inmediaciones. En la fría y húmeda noche, la niebla se hacía invisible y traidora. Engañaba a los viandantes, haciendo creer que ya no existía. Pero ahí seguía, acechante, a la espera de poder cobrar una nueva alma.

Shikamaru la notaba. Notaba su frío tacto rozando por su piel. Le envolvía el cuerpo, abrazándole tediosa, esperando poder cobrarse su bendita alma. Y sucia y traicionera, jugó su mejor baza:

Por las calles del fantasmagórico Barrio Uchiha, un farolillo andrajoso comenzó a parpadear. Su intensa luz roja y blanca, atraía a las mariposas y los mosquitos, anhelantes de un foco de calor en la densa y fría noche. Shikamaru no pudo evitar mirar su luz entre el recoveco de dos edificios. Su mirada estaba perdida en su incesante parpadeo, cuando algo se cruzó bajo el farol. Sí, alguien había cruzado la calle. Lo había podido ver. Y no era alguien cualquiera. Pudo ver perfectamente una melena rubia, dorada, blanquecina. Era una larga y lacia melena clara. Lo había visto entre los sutiles e inconstantes parpadeos del farolillo. No podía resistir la tentación de ir a ver, pues la sombra había desaparecido más allá del edificio que tapaba el farol. Debía ir. ¿Y si era quien él creía? No lo dudo ni un segundo más. Se levantó tembloroso, pues la noche era considerablemente helada, y avanzó dubitativo hacia las calles oscuras del Barrio Uchiha, siguiendo la intensa luz del farol. Al llegar a la esquina de la calle, entre los dos edificios, se detuvo contra la pared. Desde allí podía ver claramente la luz y era un farol de un puesto de comidas preparadas. Quería sacar su cabeza y mirar a los lados, pero no se atrevía. Sus piernas comenzaron a sacudirse y, súbitamente, la luz se extinguió. Entonces se escucho un suave lamento. El susurro de una mujer plañidera, desconsolada y sola. Un lamento frágil y lejano que se perdía en la densa e invisible niebla de la noche. La respiración de Shikamaru se agitó e intentó contenerla, para poder escuchar con detenimiento la voz de aquella mujer. Poco a poco el sonido ululaba más próximo, más cercano, más acechante. Los dientes de Nara traquetearon, chiscando en la noche, delatando su posición. Apretó su mandíbula fuerte, cerró sus ojos y encogió sus hombros, cuando la sibilina voz, susurro al doblar la calle:

- Quiero irme a casa…llévame a casa…

El corazón de Shikamaru se paró en seco. Aquella voz anhelante y plañidera era completamente familiar. No tuvo lugar a dudas. Giró la cara, asomó su cabeza y, al mismo tiempo que abría los ojos, el farolillo volvió a dar luz. Una espeluznante imagen se dibujo ante Shikamaru, quien no pudo evitar exclamar:

- ¡Ino!

Ante su desencajada mirada se encontraba la cabeza de Ino rebanada, flotando, sujeta por la mano de su mayor rival. Su boca estaba cerrada, pues se había molestado en cosérsela con hilo y burlescamente, imitaba la voz de una mujer desdichada:

- "Quiero irme a casa…llévame a casa…" – y una carcajada retumbó en la barriada –. Te lo dije, "esa zorra no vivirá". Tómala – Y lanzando la cabeza contra Shikamaru, desapareció entre las sombras.

El último parpadeo del farolillo abandonó la noche, tras un grito ahogado de dolor del joven y desgraciado Nara.