Toda la historia peretenece a la increíble Jennifer L. Armentrout. Nombres de los personajes a la maravillosa Sthepenie Meyer.

Capítulo 21

No estaba seguro de si soñaba, pero si lo estaba, no quería despertar. La esencia de Bella me invadía.

Sólo ella olía así de maravilloso, a verano y todas las cosas que podía querer y nunca tener. La longitud de su cuerpo se presionaba contra el mío, con su mano descansando en mi estómago. La constante subida y bajada de su pecho se volvió mi mundo entero, y en este sueño, porque tenía que ser un sueño, sentí mi propio pecho igualar sus respiraciones.

Cada célula en mi cuerpo soltó chispas y se quemó. Si estuviera despierto, de seguro tomaría mi verdadera forma. Mi cuerpo se encontraba en llamas.

Sólo un sueño, pero se sentía real.

No pude resistir deslizar mi pierna sobre la suya, enterrando mi cabeza entre su cuello y hombro, e inhalando profundamente. Divino. Perfecto. Humano. Respirar se volvió más difícil de lo que alguna vez hubiera imaginado. Lujuria se arremolinó a través de mí, embriagadora e incontenible. Probé su piel, un ligero toque de mis labios, y golpe de mi lengua. Se sentía perfecta debajo de mí, suave en todos los lugares en los que yo estaba duro.

Moviéndome sobre ella, contra ella, me encantó el sonido que hizo, un suave y totalmente femenino murmuro que quemó cada pedazo de mí.

—Eres perfecta para mí —susurré en mi propio idioma.

Ella se revolvió debajo de mí, y la soñé respondiendo, queriéndome en lugar de odiarme.

Presioné hacia abajo, deslizando la mano debajo de su blusa. Su piel se sentía como satín debajo de las puntas de mis dedos. Preciosa. Preciada. Si fuera mía, adoraría cada pulgada de ella. Y lo quería. Ahora.

Mi mano so movió arriba, arriba, arriba. Su piel era demasiado delicada, demasiado suave.

Bella jadeó.

La nublosa ensoñación se disipó con el sonido que sentí por todo el camino a través de mí. Cada músculo se tensó. Muy lentamente, abrí los ojos. Su esbelto y elegante cuello se inclinaba frente a mí. Una sección de piel estaba rosa por el rastrojo en mi barbilla…

El reloj en la pared hacía tic tac.

Mierda.

La había manoseado, en mi sueño.

Levanté la cabeza y me le quedé viendo. Bella me observó, sus ojos nublados, maravillosamente brillantes e interrogantes. Doble mierda.

—¿Buenos días? —dijo, su voz todavía ronca por el sueño.

Utilizando el brazo, me empujé hacia arriba e incluso entonces, sabiendo que nada de ello había sido un sueño, no pude alejar la mirada de ella, no quería. Una necesidad infinita estaba ahí, en ella, en mí.

Demandando que me pusiera de rodillas, y quería, maldita sea, de veras que quería.

La única cosa que me persuadió, que disipó las capas de lujuria e idealista estupidez fuera de mi cabeza, fue el rastro brillando a su alrededor. Se veía como la estrella más brillante.

Se hallaba en peligro. Era un peligro para nosotros.

Con una última mirada, me disparé al otro lado de la habitación con una velocidad inhumana, estampando la puerta detrás de mí. Cada paso lejos de esa habitación, de esa cama, era doloroso y difícil. Dando vuelta en la esquina, casi me estrellé con mi hermana.

Alice me estudió, sus ojos entrecerrados.

—Cállate —murmuré, pasándola.

—No dije nada, cara de idiota. —dijo con voz divertida.

—No digas nada —le advertí.

Una vez dentro de mi habitación, me cambié rápidamente a un par de pantalones de deporte y me puse las zapatillas. Toparme con mi hermana enfrió la mayor parte de mí, pero había un crudo borde en mis nervios, y necesitaba estar fuera de esta casa, lejos de ella.

Ni siquiera me molesté en cambiarme la playera, tomé velocidad, lanzándome a través de la casa y fuera de la puerta de entrada. El momento en que mis zapatillas tocaron el pórtico, despegué y entré rápidamente al bosque en un estallido de velocidad. Por encima de los cielos eran grises y deprimentes. El rocío me salpicaba la cara como miles de pequeñas agujas. Le di la bienvenida, empujando y empujando hasta que estuve profundo en el bosque. Luego cambié mi piel humana, tomando mi verdadera forma mientras me lanzaba entre los árboles, moviéndome hasta que no era nada más que un rayo de luz.

Deseaba eso… deseaba a Bella.

Eso no era un pensamiento completamente nuevo ni una nueva comprensión. Desde el momento que vi esas piernas, había imaginado dichas piernas envueltas a mi alrededor, enredadas con las mías, más de una vez o dos. ¿Y luego se había balanceado en ese bikini rojo? Desearla no era nuevo, pero la intensidad de lo que sentí esta mañana sí lo era.

Deseaba a Bella tanto que estaba al borde del dolor físico.

¿Había sido por lo de anoche? ¿Ella salvándome? ¿O había sido antes, viéndola con Jacob y ese vestido? ¿O se había estado construyendo desde el primer día? Nada de eso importaba.

Esto estaba mal.

Piensa en Emmett. Mira lo que le pasó a él. ¿Quería tomar el mismo riesgo? ¿Dejar sola a Alice? Pero incluso ahora podía sentir su piel, saborearla, dulce y azucarada. Escuchar ese maravilloso sonido que hizo una y otra vez, acechando cada kilómetro que ponían entre nosotros.

Una idea empezó a tomar forma, una que Alice odiaría, pero no veía ninguna otra opción. Podría ir con el Departamento de Defensa y solicitar que nos movieran a una de las otras comunidades. Estaríamos renunciando a nuestro hogar, dejando detrás a nuestros amigos y a Anthony, pero sería lo mejor. Era lo correcto. Alice estaría segura.

Porque Alice no podía permanecer lejos de ella, y yo tampoco. Pero sin importar a donde yo fuera, de lo que yo huyera estaría todavía conmigo… Bella. Ella no estaba de vuelta en la casa, en esa cama. Ella se hallaba conmigo ahora, dentro de mí. Y no había vuelta a atrás.

Cuando regresé de mi carrera, todo se sentía bajo control. Tenía un plan, uno que pondría en marcha. Entré en la casa, determinado.

El auto de Alec se estacionaba afuera, y de verdad esperaba que todo el clan no estuviera ya aquí. Luego entonces, sabía que la inevitable confrontación con Anthony y los Denali sucedería rápido.

Alice me esperaba en la sala. Abrió la boca.

—¿Dónde está Bella? —pregunté, y luego me golpeé mentalmente en las bolas. Preguntar por ella inmediatamente no parecía como si tuviera todo bajo control.

Mi hermana levantó una ceja.

—Se fue a su casa hace un rato. Su mamá está en casa, pero va a regresar después de unos minutos. —Tomó una profunda respiración—. Edward…

Eathan salió deambulando de la cocina, con una manzana en su mano.

—Irina y Alec están cabreados.

Levantando el antebrazo, me limpié el sudor que me cubría la frente.

—¿Y eso es diferente de cualquier otro día?

Él sonrió con suficiencia.

—Bueno, no pueden creer que ustedes mantuvieron esto en secreto… todo el asunto de Bella sabiendo de nosotros. Están en camino hacia aquí ahora.

—Con Anthony. —Alice dobló los brazos por la cintura. En sus ojos se notaba la preocupación—. Él tampoco está muy feliz, Edward. Temo que vaya a…

—Él no va a hacer nada. —Sujeté a Eathan con una mirada severa—. ¿Tú no estás cabreado?

—No en realidad. —Levantó un hombro mientras mordía la manzana, masticando pensativamente—. Quiero decir, ella lo ha sabido por un tiempo, ¿cierto? Alice lo hizo sonar como que ha sido así y ella no ha dicho nada todavía, ¿así que por qué lo haría ahora?

—No lo hará —respondimos Alice y yo al mismo tiempo.

Le disparé a mi hermana una mirada irónica cuando sonrió.

—Voy a tomar una ducha. —Me di la vuelta, subiendo las escaleras.

Dando un vistazo a Eathan sobre su hombro, Alice me siguió.

—Bella va a regresar aquí, como en diez minutos.

—De acuerdo.

—Todos los demás están viniendo hacia aquí —añadió.

Estaba a medio camino por las escaleras cuando me golpeó.

Dándome la vuelta, me quedé mirando fijamente a Alice.

—Bella sabe que ellos saben y que están viniendo. Quiere estar aquí, y creo que eso es una buena idea. Bajé un escalón mientras mis cejas se elevaban.

—¿Cómo el tenerla aquí con tres Luxen a quienes no les agrada y no confían en ella es una buena idea? A menos que consideremos que es una buena idea facilitarles que intenten freírla.

—Irina y Alec son un montón de palabrería. Lo sabes —dijo Eathan desde el vestíbulo—. No la lastimarán.

—No se los permitiré.

Los ojos de Alice se ampliaron, y sí, lancé ese justo ahí afuera. De todos modos sólo Dios sabe lo que Alice piensa, especialmente después de esta mañana. Parpadeó.

—De todos modos, creo que es una buena idea que ellos en realidad la vean, que vean que pueden confiar en ella. No estoy preocupada por Irina o Alec. Es Anthony quien necesita ser convencido. Lo sabes.

Eso era cierto. No estaba dispuesto a creer que Irina y Alec eran puras palabras, pero no irían con el Departamento de Defensa o con los Ancianos. Anthony lo haría, pero también era una persona lógica y justa. Si estuviera convencido de que Bella no abriría la boca, entonces retrocedería, y tener a Bella aquí para que ellos vean que puede quedarse callada probablemente era la única manera de convencer a Anthony.

Además, yo estaría aquí para asegurarme que Bella permaneciera segura durante el careo inicial.

—De acuerdo —dije, volviendo a dar la vuelta para tomar una ducha rápida primero. Caminé hacia mi habitación con Alice detrás de mí.

Cerró la puerta y esperó a que la enfrentara.

—¿Qué está pasando entre tú y Bella? —preguntó.

Inmediatamente, pensé en Bella esta mañana, su suave cuerpo metido debajo de mí.

—Nada está pasando, Alice.

Sus ojos se entrecerraron.

—Dormiste con ella anoche. —Casi me ahogué con mi propia saliva mientras que me sacaba las zapatillas.

—No dormí con ella.

—Estabas en la misma cama que ella, así que eso es dormir juntos incluso si no es dormir juntos. —Estrechó los ojos—. Quiero saber qué está pasando.

Parte de mí quería decirle que no era su asunto, pero todo lo que eso haría sería incrementar sus sospechas.

—Mira, ella estaba estresada anoche y asustada. Entre lo que pasó en esa maldita fiesta de campo y luego ir cara a cara con tres Arum, necesitaba a alguien con ella. Yo era ese alguien. Eso es todo. No es la gran cosa.

Alice estaba callada mientras sus pequeños dedos masajeaban su barbilla.

—Es la gran cosa. —Luego sonrió de oreja a oreja mientras yo la fulminaba con la mirada—. Es una muy grande cosa.

Después de una ducha rápida y cambiarme de ropa, me dirigí al piso de abajo. Bella se encontraba ahí brillando como una maldita estrella.

Levantó la mirada cuando entré en la habitación. Su mirada se movió de la mía hacia abajo, muy abajo, y un sonrojo rosado barrió por sus mejillas.

Lo observé extenderse por su garganta y desaparecer debajo de su cuello.

Me pregunté qué tan lejos viajaba ese sonrojo.

Infiernos.

—Están aquí —dijo Eathan, dirigiéndose a la entrada.

Bella se tensó, pero permaneció callada y alerta. Mientras el grupo entraba, me senté en el brazo del reclinable en el que ella se sentaba. Mi posición fue claramente notada por todo el mundo.

Alice sonrió como si acabara de descifrar la clave de la vida.

Cuando Irina y Alec localizaron el rastro de Bella y en dónde me sentaba yo, sus caras se deslizaron a ceños fruncidos tan profundos que me pregunté si se quedarían atascados de esa manera.

Anthony parecía que quería vomitar. Llegó a un alto total en medio de la habitación.

—¿Qué está haciendo ella aquí?

—Está encendida como una maldita bola disco —dijo Irina acusadoramente—. Tal vez podría verla desde Virginia.

Los ojos de Bella se estrecharon.

—Se hallaba conmigo anoche cuando los Arum atacaron —expliqué—, lo saben. Las cosas se pusieron un poco… explosivas. No había forma en que pudiera cubrir lo que pasó.

Anthony pasó una mano por su cabello.

—Edward, de todas las personas, esperaba que tú lo supieras mejor, que fueras más cuidadoso.

Mis cejas se juntaron.

—¿Qué rayos se suponía que hiciera exactamente? ¿Noquearla antes de que el Arum atacara?

Irina levantó una ceja. La mirada en su cara decía que totalmente apoyaba esa idea.

—Bella ha sabido de nosotros desde el inicio de la escuela —dije—, y créanme cuando les digo que hice todo lo posible para evitar que lo supiera.

Alec aspiró una respiración aguda.

—¿Ha sabido todo este tiempo? ¿Cómo pudiste permitir esto, Edward? ¿Todas nuestras vidas han sido puestas en manos de alguna humana?

Alice puso los ojos en blanco.

—Obviamente no ha dicho ni una palabra, Alec. Relájate.

—¿Relajarme? —El ceño fruncido de Alec igualaba el de su hermana—. Es una estúpida…

—Ten cuidado con lo que digas a continuación. —Mi piel empezó a zumbar—. Porque lo que tú no sabes y lo que posiblemente no puedes entender hará que consigas un rayo de luz en el rostro.

Irina tragó con dificultad mientras alejaba la mirada, negando con la cabeza. Un tenso silencio cayó mientras mi mensaje era leído alto y claro.

—Edward —dijo Anthony, dando un paso adelante—. ¿Amenazar a uno de los tuyos por ella? No esperaba esto de ti.

Mis hombros se tensaron.

—No es así.

—No voy a decirle a nadie acerca de ustedes —habló Bella por primera vez—, conozco los riesgos para ustedes y para mí si lo hiciera. No tienen nada de qué preocuparse.

—¿Y quién eres tú para que confiemos en ti? —preguntó Anthony—. No me malinterpretes. Estoy seguro que eres una chica genial. Eres inteligente y pareces tener tu cabeza en orden, pero es de vida o muerte para nosotros. Nuestra libertad. Confiar en una humana no es algo que nos podamos permitir.

No me gustaba hacia donde se dirigía esto.

—Ella me salvó la vida anoche.

Alec se rio.

—Oh, vamos, Edward. El Arum debe haberte noqueado. No hay forma en que una humana pudiera haber salvado a cualquiera de nuestras vidas.

—¿Cuál es tu problema? —Bella soltó de golpe—. Actúas como si fuéramos incapaces de hacer cualquier cosa. Seguro, ustedes sea lo que sea que son, pero eso no quiere decir que nosotros seamos organismos unicelulares.

Una risa ahogada vino de Eathan.

—Ella sí me salvó la vida —repetí, llamando la atención de todos—. Había tres Arum que atacaron, los hermanos del que había matado. Fui capaz de destruir a uno, pero los otros dos me sobrepasaron. Me tenían derribado y ya habían empezado a absorber mis poderes. Era hombre muerto.

—Edward —susurró Alice, palideciendo—. No nos dijiste nada de esto.

La voz de Anthony era dudosa cuando habló.

—No veo cómo pudo ella haberte ayudado. Es humana. Los Arum son poderosos, sin moral, y malvados. ¿Cómo puede una chica hacerles frente?

—Le había dado el cuchillo de obsidiana y le dije que corriera.

—¿Le diste la cuchilla cuando tu podrías haberla utilizado? —Irina sonaba sorprendida—. ¿Por qué? —Sus ojos se dirigieron a Bella—. Ni siquiera te gusta.

Bella frunció el ceño.

—Ese puede ser el caso, pero no la iba a dejar morir solo por el hecho de que no me agrade —le contesté, y las palabras no se sintieron bien conmigo. Este no era el momento para molestar a Irina aún más por no estar de acuerdo. No miré a Bella para ver su respuesta. No quiero saber.

—Pero podías haber sido lastimado —protestó Irina con miedo—. Podías haber sido asesinado porque le diste tu mejor defensa a ella.

Suspiré.

—Tengo otras maneras de defenderme. Ella no. No corrió como le indiqué. En su lugar, volvió y mató al Arum, que estaba a punto de terminarme.

Renuente orgullo brillaba en los ojos de Anthony.

—Eso es... admirable.

—Eso fue mucho más que admirable —intervino Alice, dando vuelta una amplia mirada sobre Bella—. Ella no tenía por qué hacerlo. Eso cuenta por algo más que admirable.

—Es valiente —dijo Eathan en voz baja, mirando la alfombra—. Es algo que cualquiera de nosotros hubiera hecho.

—Pero eso no cambia el hecho de que ella sabe sobre nosotros —espetó Alec, echando a su triplete una mirada desdeñosa—. Y se nos prohíbe decírselo a un ser humano.

—No se lo dijimos —dijo Alice, removiéndose sin cesar—. Solo fue algo que sucedió.

—Oh, como sucedió la última vez. —Alec rodo los ojos cuando se volvió a Anthony—. Esto es increíble.

Anthony negó con la cabeza.

—Después del fin de semana del Día del Trabajo, me dijiste que algo ocurrió, algo de lo cual te habías encargado.

—¿Qué pasó? —exigió Irina—. ¿Están refiriéndose a la primera vez que estaba brillando?

—Me puse frente a un camión —murmuró Bella.

Irina me miró fijamente, con los ojos azules creciendo al tamaño de platillos.

—¿Detuviste el camión?

Asentí.

La ira se lavó lejos de su cara mientras parpadeaba rápidamente.

—Obviamente, eso no podía explicarse. ¿Desde entonces ha sabido?

—Ella no se asustó —dijo Alice—. Nos escuchó, entendió por qué es importante, y eso es todo. Hasta anoche, ni siquiera habíamos tenido un solo problema.

—Pero me mintieron ambos. —Anthony se apoyó contra la pared, entre el televisor y la librería desbordante—. ¿Cómo debo confiar en ustedes nuevamente?

Fuera de las esquinas de mis ojos, vi a Bella levantar dos dedos a su sien.

—Miren, entiendo el riesgo. Más que ninguno de ustedes en la habitación. —Me froté el talón de la palma, donde mi pecho aún dolía en donde el Arum había metido su mano—. Pero lo hecho, hecho está. Tenemos que continuar.

—¿Te refieres a contactar al Departamento de Defensa? —preguntó Alec—. Estoy seguro de que ellos sabrían qué hacer con ella.

Mi voz era baja y tranquila, pero eso no era lo que sentía.

—Me gustaría verte intentarlo, Alec. Realmente me gustaría, porque incluso después de anoche, y todavía no estoy completamente cargado, aun así puedo patearte el culo.

Anthony se aclaró la garganta.

—Edward, las amenazas no son necesarias.

—¿No lo son? —desafié.

Un pesado silencio cayó en la habitación, sólo roto cuando Anthony volvió a hablar.

—No creo que esto sea correcto. No con lo que... con lo que sucedió antes, pero yo no voy a echarte de cabeza. —Él miró a Bella, suspirando pesadamente—. No, a menos que me des una razón para hacerlo. Y tal vez no lo harás. No lo sé. Los seres humanos son... criaturas volubles. Lo que somos, lo que podemos hacer, tiene que ser protegido a toda costa. Creo que entiendes eso. Tú estás a salvo, pero nosotros no.

Alec maldijo entre dientes e Irina parecía a punto de tirar algo, pero fue la decisión de Anthony. Él era como nuestro propio anciano.

Todos sabíamos eso. Un poco de alivio relajó la tensión en mis músculos. Por lo menos yo no iba a tener que luchar en contra de aquellos con los que había crecido y consideré familia.

—¿Dijiste que había quedado un Arum? —preguntó Eathan, cambiando la conversación—. ¿Cuál es el plan? Él sabe que hay Luxens aquí obviamente. Él va a regresar.

—Él no esperara. No son conocidos por tener paciencia. —Anthony se acercó al sofá y se sentó junto a Alice—. Podría avisar a otros Luxen, pero no estoy seguro de sea la decisión más correcta. Nosotros podemos confiar en ella, pero ellos no lo harán.

—Y además está el problema de que ella ahora parece ser una bombilla radioactiva en este momento —añadió Irina, curvando el labio superior—. No importa que no digamos nada. En el momento en que ella vaya a alguna parte en la ciudad, van a saber que algo grande sucedió de nuevo.

—Vale, no sé qué hacer al respecto —respondió Bella.

—¿Tienen algunas ideas o sugerencias? —pregunté—, porque mientras más pronto deje de tener la luz mejor.

—¿A quién le importa? —Alec puso los ojos en blanco—. Tenemos al Arum para preocuparnos. Él la vera, sin importar el lugar donde la pongamos. Todos nosotros, en este momento, estamos en peligro. Cualquiera de nosotros que esté cerca de ella está en riesgo. No podemos esperar. Tenemos que encontrar el último Arum.

Alice negó con la cabeza.

—Si podemos borrar el rastro de ella, entonces ganaremos tiempo para encontrarlo. Deshacernos de su luz debe ser nuestra prioridad.

—Yo digo que la llevemos a un lugar lejos en medio de la nada y dejemos su trasero allí —masculló Alec.

—Gracias. —Bella se frotó las sienes con los dedos—. Estas realmente aportando al tema.

Él le devolvió la sonrisa.

—Oye, sólo estoy ofreciendo mis sugerencias.

—Cállate, Alec —le dije.

Los ojos de Alec rodaron una vez más.

—Una vez que el rastro desaparezca de ella, estará a salvo —insistió Alice mientras se acomodaba los mechones—. Los Arum no se meten con los humanos de verdad, Lauren… ella estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

—Tengo una idea —dijo Eathan. Todo el mundo lo miró—. La luz alrededor de ella es un subproducto de nuestros poderes, ¿verdad? Y nuestros poderes se concentran en la energía. Y nosotros nos debilitamos entre más usamos nuestros poderes y usamos más energía.

La mirada de Anthony despertó con interés.

—Puede funcionar.

—No soy… —murmuró Bella, y mis labios se torcieron.

—Nuestros poderes se desvanecen mientras más los usamos, más energía que ejercemos. —Eathan se volvió hacia mí—. Debería funcionar igual con nuestras huellas, ya que el rastro es sólo energía residual que estamos dejando en alguien. Tenemos que hacer que ella ejerza su propia energía; debería desaparecer lo que hay a su alrededor. Tal vez no del todo, pero conseguir niveles que no van atraer a cada Arum en la Tierra hacia nosotros.

Anthony asintió.

—Debería funcionar.

Me froté el pecho.

—¿Y cómo vamos a conseguir que ejerza su energía?

Alec sonrió desde el otro lado de la habitación.

—Podríamos llevarla a un lugar desierto y perseguirla con nuestros coches. Eso suena divertido.

Bella dejó caer los pies en el suelo.

—Vete a la mier…

Mi risa la interrumpió, ganándome una mirada oscura de una pequeña gatita muy cabreada.

—No creo que esa sea una buena idea. Divertido, pero no una buena idea. Los seres humanos son frágiles.

—¿Ah sí? Tal vez debería meter mi frágil pie en tu trasero —replicó ella, y eso me hizo sonreír... hasta cuando me empujó del brazo de la silla—. Iré a beber algo. Avísenme cuando se les ocurra algo que probablemente no me mate en el proceso.

La vi apresurarse fuera de la habitación, sonriendo débilmente.

Hombre, no era una campista feliz en este momento. No podía culparla.

Reorientándome en la habitación, mi mirada chocó con la de Irina. Yyyyyyy había otra persona que no parecía estar sintiéndose cálida y difusa.

—Esto podría funcionar —dijo Alice, alisando las manos sobre sus piernas—. Acabamos de conseguir que ejerza su energía, y eso no es tan difícil. Correr lo hará. Saltos de tijera. Trotar en el lugar. Abdominales.

—Sexo —suministró Alec.

Todo el mundo lo miró. La última cosa que necesitaba pensar era en las palabras "sexo" y "Bella" en la misma frase.

—¿Qué? —Él se rio entre dientes—. No estoy sugiriendo que alguien tenga sexo con ella.

—Dios mío —murmuró Anthony, pellizcando el puente de su nariz.

—Pero todos ustedes estaban enumerando cosas que queman energía, y el sexo hace eso.

Alice miraba a la alfombra. Eathan se veía extrañamente avergonzado, e Irina se puso de pie y comenzó a caminar.

—Eso es repugnante por una lista de razones que no tienen nada que ver con ella siendo humana. —Se detuvo a mi lado y se quedó con una mirada gélida—. Puedes hacerlo mejor que eso.

—Ella puede hacerlo mejor que nosotros —le contesté sin siquiera pensar, y maldita sea, era verdad.

Completo shock salpicó la cara de Irina, y entonces pasó por delante de mí, en dirección a la cocina. Agarré su brazo y me encontré con su mirada.

—No hagas nada que vaya a hacerme infeliz.

—Todo te hace infeliz —escupió hacia atrás.

—Lo digo en serio, Irina. —Hice caso omiso de su comentario—. Si tengo que entrar ahí y romperte en dos, no te va a gustar.

Sus labios se curvaron.

—¿Qué crees que soy? Caray. —Ella se liberó de mi agarre—. No voy a hacerle daño. Sólo quiero algo de beber.

Una parte de mí se sentía como si debiera seguir a Irina, pero Anthony ya me estaba echando un vistazo a como si estuviera a segundos de hacer bebés con un ser humano, que ni siquiera era algo que estaba seguro podría suceder. No hubo gritos ni gritos de rabia proveniente de la cocina, pero mantuve un oído atento por las dudas mientras la conversación continuó a mí alrededor.

Esto había ido realmente mejor de lo que pensé que sería, casi demasiado fácil. La inquietud brotó como una maleza nociva y continuó creciendo, por lo que me inquieté. Me puse de pie y me acerqué a la ventana. Al tirar de la cortina, me asomé fuera, aunque no estaba seguro de lo que buscaba.

Anthony anunció que iba a hablar con el DOD y la colonia. La destrucción que había causado en la carretera anoche ya habría sido descubierto, y el D0D estaría monitoreando la pantalla de energía ya.

Luxen contra Luxen peleando. Con eso es con lo que íbamos. Mientras que el DOD no supiera exactamente lo que podíamos hacer, todo el peso de nuestros poderes, sabían que teníamos más fuerza que los humanos.

Probablemente comprarían que dos de nosotros podrían haber causado los estragos. Quizás. Si estábamos muy, muy suertudos lo harían.

Bella volvió a la habitación, una botella de agua en la mano. Nuestras miradas se encontraron por un breve momento. Ella apartó la mirada rápidamente, sentándose en el borde del sillón reclinable. Estaba pálida mientras chupaba su labio inferior entre sus dientes, y cuando Irina volvió a aparecer sin nada en sus manos, sólo podía adivinar lo que había dicho a Bella en la cocina.

—¿Podemos hablar un momento? —preguntó Anthony, en voz baja.

Asentí y luego miré a Alice. Ella sonrió, obviamente, captando el mensaje que no necesitaba decir. Mantendría un ojo sobre Bella por mí.

Anthony y yo salimos fuera.

—¿Qué pasa? —Le pregunté a pesar de que ya sabía a dónde se dirigía esta conversación.

—Vamos a dar un paseo —sugirió.

Lo seguí fuera del pórtico y en la dirección opuesta de la casa de Bella. Decidí no irme por las ramas.

—Sé que estás preocupado acerca de Bella, pero ella no va a decir nada —le dije, metiendo las manos en los bolsillos de mis pantalones vaqueros cuando llegamos a los primeros árboles—. Sé que es difícil de creer, pero ha tenido muchas oportunidades de decir algo. ¿Y lo que dije sobre salvarme la vida anoche? No exageraba, Anthony. Pude sacar uno de los Arum, pero dos de ellos me tiraron abajo haciendo equipo. El que ella mató había estado alimentándose de mí.

Anthony succionó una respiración inestable.

—Estuviste demasiado cerca, entonces.

—Lo hice. —Admití en silencio, agachando la cabeza debajo de una rama baja—. No va a suceder de nuevo.

Él no respondió de inmediato, así que seguí adelante.

—Deberías haberla visto, Anthony. Le dije que corriera y se escondiera, pero volvió. Como una maldita ninja —le dije, ladrando una breve carcajada. Todavía podía verla allí de pie—. Apuñalo al Arum con la hoja de obsidiana como si lo hubiera hecho un millón de veces. Era... sí, fue increíble.

—Suena como que lo es. —Caminó junto a mí—. No hay muchos seres humanos que habrían hecho eso. Es una chica valiente.

—Sí. —Sonreí ligeramente—. Sí, lo es.

Los pasos de Anthony desaceleraron hasta detenerse.

—No es por ella que estoy preocupado, Edward.

Con el ceño fruncido, me detuve y lo miré.

—¿No lo estás?

Su expresión era abierta.

—No. Es por ti.

—¿Yo? —Me reí de nuevo—. Hay que añadir un poco más de detalle a esa declaración.

—Todo esto es muy familiar para mí. No, déjame terminar —dijo cuando abrí la boca—. Sé que no eres tu hermano y esta no es la misma situación, pero es obvio que te preocupas por Bella. Ella no es como las otras chicas humanas con las que te has relacionado... Eh. No tenía ni idea de que Anthony mantuvo un ojo cerca de mí.

—Bella es diferente para ti, y tú eres diferente a su alrededor. Nos amenazaste para protegerla, y es toda la evidencia que necesito para saber que esta situación podría empeorar rápidamente. Ninguno de nosotros tuvo mano fuerte con Emmett, y mira donde terminó eso. No puedo permitir que eso te suceda.

Apartando la mirada, poco a poco negué con la cabeza mientras veía un pequeño pájaro marrón saltando de una de las ramas estrechas.

Bella era diferente. No podía negar eso.

—No puedo mantenerla alejada de Alice.

—Alice no es el problema. —Me informó Anthony.

Un músculo comenzó a marcarse en mi mandíbula, y luego me reí de nuevo, por tercera vez.

—Pensaba que tal vez sería inteligente si Alice y yo salimos. Si encontramos otra colonia y nos trasladamos allí. Alice no sería feliz con eso, pero...

—Eso no es lo que quiero escuchar, y espero que no estés tan... metido en esta chica que salir de aquí, dejándonos, es la única opción viable. Eso significa que las cosas ya se han salido de control, y ese no eres tú.

¿Era la única opción? Si lo fuese, entonces, ¿qué decía eso? Negué con la cabeza.

—No lo es.

Anthony sujetó su mano en mi hombro y apretó.

—Eres como un hermano para mí, Edward. Confío en ti con mi vida, y sé que vas a solucionar esta situación. Vas a ayudar a conseguir apagar ese rastro de ella lo más rápido posible, utilizando todos los medios necesarios —dijo, sus ojos negros afilados—. Vas a hacerte cargo de esto y ninguno de nosotros va a tener que preocuparse de que la historia se repita. Vamos a pasar de esto, cuidar del Arum, y entonces todo... todo va a estar bien. ¿Puedes hacer esto? ¿Por Alice? Por todos nosotros, pero lo más importante, por ti y por ella.

—Yo no estoy…

—No es necesario que me mientas, Edward, y ni siquiera es necesario que confirmes o niegues lo que está empezando a pasar entre tú y Bella, pero tú sabes, sabes más que nadie que si continúas por este camino, no sólo tu destino está sellado. El destino de Bella también. —Anthony retiró la mano, con una expresión sombría—. Tú no quieres ser la razón por la que desaparezca o muera. Sé que no. Así que hazte cargo de esto. Pronto.