CAPÍTULO 21 – LUJURIA

-NARRA NICK-

-¿Qué pasa con la película? –me preguntó April, al cabo de un rato.

Después de estar jugando por la arena, besándonos y abrazándonos, nos habíamos quedado sentados mirando al mar, o al reflejo de la luz en el agua. Empezaba a hacerse tarde, pero ninguno tenía prisa. Me giré para mirarla.

-La película… bueno, la haremos –contesté, componiendo una sonrisa. Ella me miró fijamente.

-¿Y luego qué? –insistió. Me quedé callado un momento, sin poder dejar de mirarla.

-Estoy perdidamente enamorado de ti, ¿lo sabías? –solté, como si una fuerza extraña me obligara a hacerlo.

-Creo que sí –contestó April, sonriendo –; pero siempre es bueno que me lo repitas.

Se acercó para darme un beso, mientras que yo la rodeaba con mis brazos. Podía quedarme así para siempre, sin importarme nada más que ella.

-Ahora es cuando tú me dices que… -murmuré, dándole pie. Se rió, apartándose de manera que nuestras narices se rozaban.

-Ahora te digo que yo también estoy enamorada de ti –me dijo –pero creía que ya lo sabías. ¿No es obvio?

-Puede. Pero siempre es bueno que me lo repitas –contesté, burlón.

Fingiendo estar molesta, April me dio un pequeño empujón, levantándose del suelo mientras se reía. Luego, me tendió la mano.

-Vamos a dar un paseo –me dijo. Sin pensármelo, agarré su mano y de un salto me puse a su lado, sacudiéndome la arena de los pantalones.

Caminamos un rato en silencio, cogidos de la mano. Las olas mojaban nuestros pies, pero a nosotros no nos importaba. Era como si el mundo se hubiera parado y el resto de personas hubieran desaparecido de la faz de la Tierra, solos ella y yo. En algún momento llegamos debajo del muelle, donde las olas rompían con mayor fuerza.

-Ten cuidado –murmuré, cogiéndole de la mano más fuerte, para ayudarla a cruzar ese tramo.

Después de trepar un trozo, ambos nos paramos para recuperar el aliento. April se puso delante de mí, con el pecho subiendo y bajando agitado.

-Hemos dejado a tu guitarra y a tu libreta allí tiradas –susurró en mi oído. Como si fuera una descarga, un escalofrío recorrió mi espalda, haciendo que me encogiera.

-No me importa –respondí, en voz baja.

¿Era grave que sólo me apeteciera arrancarle el vestido de forma nada caballerosa y abrazarla hasta que formáramos uno sólo? Ella se dio cuenta de mi estado, conteniendo unas risitas.

-Nicholas, vas a tener que mirarte eso –me dijo, con tono burlón, señalando a mis pantalones –no puedes estar todo el día con ganas de dale que te pego.

-Sólo cuando te tengo cerca… -contesté, algo avergonzado. Era obvio que se había dado cuenta.

-Entonces tendré que mantenerme alejada –me dijo, separándose dolorosamente de mí.

Como un niño al que le quitan el caramelo, así me quedé. April me miraba con cara divertida y a la vez insinuante, aún sin acercarse a mí.

-Venga, te quiero aquí ya –ordené, tendiéndole la mano. Ella negó con la cabeza, echando a andar hacia la playa que había al otro lado.

-Primero tendrás que atraparme –exclamó.

De repente, echó a correr, obligándome a seguirla hasta que de repente, soltó un gritito y desapareció de mi vista. Estaba todo tan oscuro que no la veía…

-¿April? –grité, buscándola a tientas. La luz de la puñetera Luna casi no iluminaba nada.

-Joder, he tropezado con algo –la escuché decir. Conteniéndome las ganas de reírme, me acerqué hacia donde la había oído hablar.

-¿Estás bien? –pregunté, aún sin encontrarla. Lo siguiente que oí fue como un murmullo nervioso y un gritito.

-Joe… mierda, Joe –dijo una chica.

Recordé que siempre llevaba conmigo una linterna, y que casualmente la tenía en el bolsillo, así que rebusqué en ellos para sacarla. Casi habría sido mejor que no lo hubiera hecho.

-¡Apaga esa luz, pervertido! –gritó el chico. El chico… que era Joseph, mi hermano mayor… desnudo… en la arena…

-¿¿JOSEPH?? –exclamé, alarmado.

-¿¿GALLETA?? –gritó April, completamente en shock –¡¿he tropezado con vosotros?!

-Sh, baja la voz –murmuró Liz, desde el suelo. Aparté la luz enseguida, al darme cuenta de que estaba desnuda e intentaba taparse como podía con la ropa que habían dejado a un lado.

-¿Qué narices estabais haciendo ahí tirados? –preguntó April, aún escandalizada.

-Construir castillos de arena –murmuró Joe, poniéndose rápidamente sus bóxers. Decidí dejar de iluminar.

-Está bien, cuando todos estemos visibles, volveré a encender la luz –anuncié, mientras que April se acercaba a mi lado, cogiéndome de la mano.

-Deberías girarte, pervertido –me susurró al oído –hay una Galleta desnuda y no me apetece mucho que la veas…

-Lo mismo te digo. Es mi hermano el que está en bóxers –le dije, obligándola a girarse a la vez que lo hacía yo. Ambos nos reímos en voz baja.

-Menudo plan –me susurró al oído, mientras que Joe y Liz se vestían a toda prisa a nuestras espaldas.

-Ellos ahí, pasándoselo genial y nosotros sin poder hacer nada –me quejé. April me dio un codazo, riéndose por mi comentario.

-¿Por qué habéis tenido que venir a interrumpir…? –murmuró entre dientes Joe, abrochándose la cremallera del pantalón. Liz había vuelto a ponerse su vestido, que por alguna razón parecía mojado.

-¿Interrumpir? –pregunté –¡estabais haciéndolo en un sitio público!

-Y vosotros deberíais hacerlo también –se defendió él. Galleta seguía callada, agarrada al brazo de Joe e intentando esconderse tras de él.

-¿Y tú, señorita? ¿No tienes un poco de sentido moral? –espetó April, mirando acusadora a Liz. La acusada se declaró culpable, bajando la cabeza avergonzada.

-No es por nada, April, pero tu novio tiene el paquete un poco abultado –soltó de repente, mientras que Joe explotaba en carcajadas. La cara me ardía.

-Eh… esto… es… los pantalones son muy ajustados –me defendí, nefastamente.

-Ah, sí claro –murmuró Liz, incrédula –seguro que si no hubierais tropezado con nosotros, ya estaríais revolcándoos por la arena.

¿Podía abrirse un agujero en la arena y tragarnos? April apretó su mano contra la mía.

-Aún así, os seguimos ganando –atacó April. Me giré para mirarla, sorprendido de su lado competitivo. Empecé a echar cuentas mentalmente.

-Imposible –negó Joe, completamente seguro –en el coche, Liz y yo fueron tres… ¿fueron 3, Galleta? –le preguntó a ella.

-No-no lo sé, Joe –tartamudeó ella, nerviosa.

-Sí, fueron tres. Más el de ahora… -añadió Joe, contando con los dedos.

-¿Podemos dejar de hablar de eso, por favor? –preguntó April, asqueada –ya tengo bastante con haber visto al hermano de mi novio rebozado en arena.

-¿Perdona? –espetó Liz, celosa –¿te has fijado mucho en mi novio?

-Eso, April –intervine yo –¿qué has visto?

-Nada que tú no tengas mejor –aclaró ella, dándome un beso. Sonreí, porque ella sabía cómo hacerme quedar bien.

-¿Qué? –saltó Joe, a la defensiva –eso es porque estamos a oscuras…

-Joseph, cállate –ordenó Liz. Él obedeció, mientras que yo le miraba burlón.

Siempre nos había gustado competir, y en eso no iba a ser menos. Joe se quedó enfurruñado un rato, mientras que un silencio incómodo se apoderó del ambiente.

-En fin, creo que nos vamos a ir para dejaros acabar la faena –murmuró April, tirando de mi hacia donde habíamos venido.

-¡Eso! Y a ver si tú puedes hacer algo por tu novio –exclamó Liz, refiriéndose a mi pequeño problema.

-Tranquila, lo haré –le contestó April, sonriéndome significativamente.

Cuando ya nos estábamos alejando, escuchamos unos murmullos, seguidos de los gritos de Joe para que nos paráramos.

-¡Esperad! –nos dijo –vamos con vosotros.

-¿Qué? –espeté, fulminándole con la mirada. Lástima que fuera de noche.

-Sí, que vamos con vosotros –repitió Joe –no puedo dejar que avancéis puestos en la batalla.

-Exacto; vamos a convertirnos en vuestras sombras a partir de ahora –dijo Liz, cogiendo a April de la mano y tirando de ella hacia delante, dejándonos a Joe y a mí detrás. April se giró para mirarme, con cara de disculpa.

-Así que saboteando mis planes, ¿eh, enano? –me dijo Joe, pasando su brazo alrededor de mis hombros. Le aparté de un manotazo, asqueado.

-¿Te has lavado las manos? No. Pues entonces, no me toques –espeté. Él se rió, corriendo hacia la orilla para frotarse los brazos. Me alcanzó al cabo de unos segundos.

-Ahora sí –volvió a apoyarse –¿cómo es que os habéis encontrado April y tú?

-Ni idea, ella simplemente apareció hace unas horas en la zona de la playa donde estaba yo –murmuré, acordándome de cuando se sentó a mi lado, por sorpresa.

-Vaya casualidad –dijo Joe. Ambos nos quedamos un rato callados, mirando a Liz y a April, que caminaban por delante nuestro, hablando despreocupadamente y riéndose.

-Hemos tenido suerte, ¿verdad? –le dije, refiriéndome a ellas. Joe sonrió.

-Mucha, hermanito –contestó –aún no sé cómo darte las gracias.

-¿A mí? –pregunté, confundido.

-Tú fuiste el primero en llegar a ellas –explicó –bueno, en llegar a April. ¿Te acuerdas de todo lo que pasó en Disney?

-Claro que sí –le dije. Imágenes sueltas me pasaron por la cabeza, acordándome de aquella ven en que April se quedó a dormir conmigo, cuando le dejé mis bóxers verdes, cuando mi madre nos pilló en la misma cama… Sonreí.

-No estaría mal repetirlo, ¿verdad? –dijo Joe.

-Nada mal. Pero de momento es imposible: tenemos que hacer esa película, no podemos irnos así como así –le dije, frustrado. Joe asintió.

-¿Sabes lo que pasará cuando ellas salgan en esa película? –me preguntó. Le miré, expectante –se harán famosas, Nicky.

La idea de April siendo famosa y con gente reconociéndola por la calle me inquietó.

-¿Crees que eso las cambiará? –murmuré. Joe se encogió de hombros.

-Espero que no –contestó.

***

-NARRA KEVIN-

Cuando salimos de la ducha, la situación aún estaba al rojo vivo pero nada había pasado aún. Es decir, seguíamos siendo tan puros como el día en que nacimos. Habría sido algo incómodo que la primera vez fuera en la ducha, ¿no?

Sin esperar un momento, cogí de la mano a Anne, tirando de ella hacia fuera. Ella se resistía.

-Kev… que estoy empapada –dijo, alarmada –voy a mojar toda la casa… espera a que me ponga una toalla, por lo menos.

Negando con la cabeza, la cogí en brazos, mientras que ella se reía y se quejaba a la vez.

-Venga, que no importa. Ya lo fregaremos mañana… si nos quedan fuerzas –contesté.

Sin embargo, lo que no me esperaba era encontrarme en ese estado mi habitación. Petrificado, dejé a Anne en el suelo, antes de que se me cayera por el impacto. Ella se quedó mirando el panorama, conteniéndose la risa: alguien se había llevado el colchón de mi cama, dejando simplemente los barrotes. Gruñendo en voz baja, me acerqué para recoger una pequeña nota.

"No necesitamos otro jugador contra el que competir. Podéis ver un DVD si queréis –Joe & Nick"

-Los mato –murmuré, arrugando la nota. Anne se acercó para quitarme el papel y leerlo también. Estalló en carcajadas.

-Venga, Kev –me dijo, acariciándome los hombros –que esto no significa nada.

-No tengo cama, Anne –respondí, cabreado. Hizo un esfuerzo visible por no reírse.

-¿Sabes lo mejor de todo? –murmuró –que ahora puedes ganarles en su propio territorio.

La miré, confundido. Sin esperar un momento más, me cogió de la mano para tirar de mi hacia el pasillo, dirigiéndose hacia la siguiente puerta.

-No… no, esta no –contesté, cuando me di cuenta de lo que iba a hacer –esta es la habitación de Frankie.

-Ups –se disculpó ella, volviendo a cerrarla. Ahora ya sabía dónde teníamos que ir.

Tiré de ella hacia la de Joe, encontrando su cama perfectamente hecha.

-Según mis últimas noticias, ni siquiera ellos las han usado aún –le dije, dejando al Kevin retorcido salir a flote. Anne me dio un beso, empujándome sobre el colchón.

-Entonces, nuestra primera víctima será Joseph –murmuró, colocándose encima de mí.

¿Primera? La noche iba a ser muy larga.

***

-NARRA APRIL-

Con Liz y Joe pegados a nosotros, poca cosa íbamos a poder hacer. ¿Dónde quedaba el "encuentro" de reconciliación? Los cuatro nos dirigimos a la hoguera de Nick, dónde aún estaban su guitarra y su bloc de notas. Sin embargo, el fuego había empezado a apagarse.

-No os preocupéis, yo la enciendo de nuevo –dijo Joe, dispuesto a arreglar la situación.

-¿Por qué no mejor te vas a casa? –gruñó Nick, lanzándole una mirada fulminante. Joe le ignoró, aún concentrado en su labor de enciende fuegos.

-Venga, Nick –le dijo Liz –no querrás que piense que sólo quieres a mi amiga para jugar con ella, ¿verdad?

-¿Y si te digo yo que a mí no me importaría si fuera así? –contesté, apartándola.

Joe consiguió que la hoguera reviviera, así que soltó un gritito triunfante y se sentó, obligando a Nick a que se sentara a su lado. Luego, pasó su brazo alrededor de él.

-Podríamos cantar, como hacíamos cuando éramos pequeños –propuso. Liz se sentó también, enfrente de ellos, tirando de mí para que la acompañara. Estábamos justo enfrente de ellos.

Nick me lanzó una mirada de disculpa, mientras que yo le devolví una divertida. La ocasión estaba siendo rara pero graciosa a la vez. En eso, Nick me guiñó un ojo.

-Está bien, cantemos –murmuró el pequeño –pero esperad un momento.

Dejándonos a todos en ascuas, alcanzó su bloc y escribió rápidamente algo. Luego, me pasó el papel rápidamente. Joe y Liz se le quedaron mirando, interrogadores.

-Sólo es para que me apunte qué canciones quiere que cantemos –dijo Nick, encogiéndose de hombros.

Sin embargo, no era eso. En su nota ponía: "¿Qué canción hará que Joe y Liz se pongan nerviosos y necesiten irse a algún lugar a solas?"

Conteniéndome la risa, garabateé en un momento la respuesta, recordando todo lo que Liz me había contado sobre su primera vez con Joe. Luego, se la pasé a Nick, que sonrió antes de coger su guitarra y empezar a tocar los primeros acordes de la canción.

Como por arte de magia, Liz se quedó tensa a mi lado, mientras que Joe miraba a su hermano escandalizado. Luego, ambos me miraron amenazantes.

-¿Qué pasa? –murmuré, intentando parecer inocente –"Warning Sign" es una de mis favoritas…

-Sabías que esa era la canción –susurró Liz entre dientes. Nick seguía tocando, evitando reírse de la situación.

-Ups, es cierto –dije, fingiendo estar sorprendida. Joe empezó a ponerse nervioso, sin saber adónde mirar.

-¿No podrías cantar otra, Nicholas? –le dijo a su hermano. Él negó con la cabeza.

-Es una petición especial –murmuró él, parando de tocar durante unos segundos. Luego, me guió un ojo, al parecer contento porque su plan estaba funcionando.

-Fue con esta canción con la que te acarició de esa manera, ¿no? –le susurré a Liz, haciendo que se pusiera más nerviosa aún.

-Te odio –gruñó, fingiendo que no me oía. Sonreí, echando un vistazo a Joe, que luchaba por ocultar lo evidente.

-Lizzie, creo que tu novio tiene un problema en sus pantalones –le dije. Ella miró a lo que me refería, sonriendo levemente.

-Eres una pécora –murmuró mientras se levantaba. Casi al segundo, Joe la imitó. Ambos echaron a correr hacia el muelle, mientras que Nick paraba de cantar y se giraba para mirarlos.

-¿Cuánto crees que tardarán en volver? –le dije, intentando aprovechar el tiempo lo mejor posible. Él se acercó hacia donde yo estaba, para dejarme tumbada sobre la arena, quedándose encima.

-Media hora, una como mucho –murmuró, dándome un beso rápidamente –menos mal que se te ha ocurrido esa canción.

-Menos mal que se te ha ocurrido preguntármela –contesté, devolviéndole el beso, buscando con ansia los botones de su camisa. Paré un segundo, apartándolo para que me mirara –a partir de ahora, te voy a obligar a ir desnudo.

Nick se rió, ayudándome con su camisa. Aún no había acabado, porque quedaba una capa más: su camiseta blanca de manga corta, siempre presente. Sonreí, con el corazón acelerado.

-¿Tampoco quieres que lleve mi camiseta blanca? –me dijo –si sé que te encanta.

-Ahí me has pillado –murmuré, colando mis manos por debajo de la camiseta, acariciando su espalda.

Casi de repente, la luz de unos faros de coche nos deslumbraron. Le aparté de un empujón, haciendo que se quedara a mi lado. Inmediatamente, Nick cogió su guitarra, que además le ayudó a taparse las vergüenzas, y se puso a tocarla, nervioso. Una camioneta paró cerca de nosotros, de la cual bajó un hombre mayor.

-Eh, vosotros –nos dijo. Ambos nos giramos –¿qué hacéis aquí?

-Nada, estamos de acampada –contesté. Él nos miró.

-No veo ninguna tienda de campaña –dijo, mirando alrededor. Tuve que contenerme la risa, porque estuve a punto de contestarle "pues mire debajo de la guitarra de mi novio y verá el palo".

-Es que hace buen tiempo para tienda de campaña –le dijo Nick, aplicando toda su buena voluntad.

-¿Va a echarnos? –puse cara triste. El hombre nos miró, algo confundido. Nick tomó el mando, levantándose sin dejar de sostener la guitarra delante suya.

-Verá, esta es mi prima de Alaska, y nunca había visto el mar –le dijo al hombre, intentando ser discreto. El vigilante me miró apenado –no querrá que piense que los Californianos somos poco hospitalarios, ¿verdad?

El hombre asintió. Me extrañó que no reconociera a Nick… sin embargo, era mejor así.

-Está bien. Tened cuidado con el agua y no os bañéis de noche, puede ser peligroso –dijo antes de irse. Subió a la camioneta y salió de allí, veloz. Suspiré tranquila.

-¿Los californianos? –repetí, confundida –¡pero si tú eres de New Jersey!

Nick se rió, dejándose caer a mi lado.

-Algo tenía que decirle –se defendió. Sacudiendo la cabeza, me eché encima de él.

-Está bien –le di un beso, para luego apartarme –¿qué se siente al ser besado por tu prima de Alaska?

-Ganas de salir corriendo –respondió. Le miré confundida, mientras me apartaba con cuidado y se levantaba –salir corriendo de aquí. No quiero más sorpresitas.

Me tendió la mano, para ayudarme a levantarme. Aún más perpleja, me puse de pie.

-Pero-pero… creía que íbamos… creía que estabas… -balbuceé.

-No te preocupes por eso –me dijo, acercándome impetuosamente hacia sí –; no te vas a escapar esta noche. Sólo nos vamos a un sitio más tranquilo.

***

-NARRA LIZ-

-Joe… Joe –murmuré, cuando llegamos a la parte de debajo del muelle. Él estaba demasiado ocupado dándome besos por el cuello, impaciente. Soltó un sonidito, como preguntándome qué pasaba –Joe… aquí no deberíamos…

-Venga, ¿qué tiene de malo? –preguntó, mirándome a los ojos durante un momento.

-Pues que la marea va a subir de un momento a otro –dije. Él asintió, dándome la razón.

-No había caído en eso… -se disculpó –es que haces que me olvide de todo, Liz.

-Calla, que aún no te perdono que me hayas tirado al mar con la ropa puesta –le dije, mirando significativamente mi vestido mojado. Joe se rió.

-Sabes que en el fondo te lo has pasado bien –me dijo.

-Claro que me lo he pasado bien –contesté. Joe me dio un beso.

-No te quiero sólo por esto, ¿lo sabes, no? –dijo él de repente. Me quedé fuera de combate.

-¿A qué te refieres? –pregunté. Él me acarició la cara, apartándome el flequillo.

-A que no sólo te quiero por… por el sexo, sino porque eres perfecta para mí –explicó. Ahora sí que me iba a dar un desmayo o algo así.

-Joe, eso ya lo sabía –murmuré.

-Bueno, pensaba que debería repetirlo –me dijo –. No me importaría si no hiciéramos nada durante mucho tiempo, te querría igual.

-Ahora que ambos hemos descubierto cómo va esto, nos va a ser difícil mantenernos alejados el uno del otro –le dije, sonriendo.

-¿Quieres decir que lo vamos a hacer como conejos? –espetó Joe, divertido.

-¿Quieres que lo hagamos como conejos? –propuse, insinuante. Ambos nos echamos a reír.

-Venga, es tarde –dijo, dándome un beso rápido –vayamos a casa.

-Querrás decir a tu casa –contesté, mientras él me ayudaba a salir de allí, en dirección al parking.

-Mi casa es la tuya, así que me has oído bien: nuestra casa.

-¿Eso quiere decir que tu habitación es la mía? –pregunté, burlona. Él asintió –entonces tu ducha es la mía también…

-No sigas por ahí, Galleta –dijo Joe –estoy haciendo un gran esfuerzo por no parar y revolcarme aquí contigo…

Me reí en voz alta, pero no dije nada más. Él era capaz de hacerlo.

Llegamos al coche en poco tiempo, demasiado poco. Supuse que ambos teníamos ganas de salir de allí antes de que hiciéramos algo más, pero el coche tampoco era un lugar seguro.

-Joseph, estaba pensando… no creo que fueras capaz de mantenerte alejado de mi durante más de dos días –le dije, refiriéndose a lo que había dicho antes.

-¿Quieres decir que no puedo vivir sin sexo? –espetó, metiendo las llaves en el contacto.

-Ahora, no –contesté, riéndome.

-¿Por qué piensas eso? –me preguntó, escandalizado.

-Porque eres un chico, y los chicos piensan en sexo cada 20 segundos –expliqué. Él alzó la cabeza.

-¿Me estás diciendo que tú podrías ser capaz de estar conmigo y no querer arrancarme la camiseta cada dos minutos? –atacó. Me puse roja, porque en parte tenía razón…

-Claro que podría –respondí, altanera.

-Entonces, vamos a hacer un juego: a ver quién es el primero en ceder ante la lujuria –dijo Joe, mirándome. Le encantaba apostar…

-Vale, entonces tendremos que poner reglas –le dije. Él asintió –el primero que caiga… tendrá que hacer todo lo que el otro le diga durante una semana.

-Cuando gane, vas a tener que pasearte desnuda por ahí durante una semana –me dijo Joe, arrancando el coche. Me puse nerviosa.

-¿Quién te ha dicho que vayas a ganar? –murmuré.

-Ya he ganado –se giró para mirarme, poniéndome más nerviosa aún.

No, Galleta. Control. Necesitaba control. No podía dejarle ganar, porque eso significaría flojera. Y yo no era floja, ¿verdad? Cuando hablábamos de él… bueno, era capaz de ponerme nerviosa y eso, pero yo sabía cómo controlarme.

Hola, duchas frías. Me llamo Liz y a partir de ahora vais a ser mis mejores amigas.


¿por qué estos chicos siempre están apostando? se les va la vida en ello, ¿eh? :D

os recuerdo a todas que hay algo pendiente con Kate, que le envió un sms a una Galleta despistada. Tranquilas.
sé que me ha quedado más corto que los anteriores, pero hay que ir cortando a trozos.

Jojo, viento en popa y con el mar en calma (?) sé que no es así, pero bueeeno. No tengo intención de acabar el fic, al menos no de momento. Me gusta escribirlo, y por lo que se ve a vosotras os gusta leerlo. Así que nada de agobiaros pensando en que se va a acabar. (hasta que os avise)

A todas las que aún no se hayan descargado "Warning Sign" de Coldplay... HACEDLO! es mortalosa.

Esto es todo. Gracias por seguir conmigo!!!

-Vicky.