Capítulo 21:

Los dos casos que tenían entre manos, el del soplón de la secta, como lo llamaban entre ellos y el de la chica del parque, les estaban dando más de un quebradero de cabeza. No tenían muchas pistas, solo que el laboratorio les confirmó que las telas de las túnicas eran exactamente iguales, probablemente de la misma pieza. Seguían investigando, pero no paraban de dar palos de ciego.

Identificaron a la chica. La última vez que sus padres la vieron con vida, fue una semana antes de aparecer el cuerpo, fue una tarde a estudiar a la biblioteca y no volvió a casa, los padres llamaron a la policía, pero ésta no empezó a actuar hasta cumplidas 24 horas de la desaparición. En personas desaparecidas no tuvieron noticias hasta que llamaron desde homicidios para informarse si había alguna denuncia de una chica desaparecida.

Llevaban toda la semana intentando sacar algo en claro, pero de momento no encontraron nada nuevo.

Hasta ellos estaban afectados, Castle llevaba varios días mosqueado con Alexis, mejor dicho, su hija enfadada con él. Le había restringido las salidas y ella estaba frenética pues no podía estar con Ashley el tiempo que quería. Su padre se mostraba inflexible, todavía estaba aterrado por el asesinato de la chica e intentaba proteger a su hija de la mejor manera que sabía.

Aquella tarde que Kate estaba en el loft, Alexis pidió permiso a su padre para ir al cine, alegando que no volvería muy tarde, él le dijo que no tajantemente. La chica no se aguantó más, discutió con él, le dijo que era un tirano y terminó gritándole que lo odiaba.

A Rick se le cambió el color cuando su hija le dijo eso, casi no pudo reaccionar. Miró a Kate con tal cara de pena, que a ella se le partió el corazón.

-¡Me odia!, mi niña me odia.

-No te odia, solo está enfadada – le dijo ella – cuéntale lo que ha pasado.

-¿Cómo le voy a contar semejante atrocidad? – respondió exaltado.

-Porque tu hija no es tonta, y tiene que entender el porqué de tu actitud de estos últimos días. ¿Quieres que hable con ella?

Rick la miró con cara de "Si, por favor, hazlo" y ella se levantó y se dirigió arriba. Llamó a la puerta, desde dentro Alexis le gritó entre sollozos.

-¡Vete, no quiero ver a nadie!

-Soy yo, Kate, ¿puedo pasar?

Se abrió la puerta dejándola entrar. Alexis se volvió a sentar en la cama. Era obvio que estaba llorando.

-¿Te manda papá?

-No, he venido porque no estoy de acuerdo con tu padre y creo que tienes que saber porque se comporta así contigo.

Durante un rato, le cuenta a la horrorizada chiquilla todo lo que ha ocurrido los últimos días.

-Pero no lo entiendo, papá no me puede encerrar cada vez que ocurre algo.

-Es la forma en que intenta protegerte, no es la adecuada, pero es lo único que se le ocurre. Sé que es difícil de entender Alexis, pero tu padre me contó que cuando vio el cadáver, solo te vio a ti.

-¡Oh, pobre papá! Voy a tener que prohibirle que te ayude Kate – dijo la niña – que después no me duerme y tiene pesadillas – terminó esbozando una sonrisa.

-¿Por qué no bajas a hablar con él?, se ha quedado muy triste.

-Gracias Kate – mientras le daba un abrazo – menos mal que por lo menos tú, me tratas como una adulta. Voy a hablar con él.

-Bajó al salón, donde un compungido Rick permanecía sentado en el sofá. Su hija se sentó a su lado y antes de que pudiera decirle algo a su padre este le preguntó.

-¿De verdad que me odias?

-Claro que no, solo estoy enfadada contigo, ¿Por qué no me contaste la verdad?

-Porque la verdad es fea, y yo solo quiero protegerte y apartarte de las cosas feas.

-Ya no soy una niña, papá, y gracias por querer protegerme, pero no me puedes tener encerrada en una torre de cristal, tienes que dejarme salir y hacer mi vida.

-Lo sé mi pequeña Rapunzel – dijo mientras la abrazaba – pero tenerte en una torre de cristal para que nada te dañe es lo que quieren los padres para sus hijas.

-Te quiero papá.

-Y yo a ti.

-Entonces, ¿puedo ir al cine?

-De acuerdo, pero se muy juiciosa.

-Ya sabes que sí. Voy a arreglarme.

Y subió corriendo las escaleras, desde donde Kate los miraba conmovida. Le encantaban estas escenas entre padre e hija. Rick era tan tierno. Se sentó a su lado.

-Es duro verlos crecer ¿no?

-Si – suspiró – cuesta acostumbrarse. Gracias por hablar con ella.

-Ha sido un placer.

Se abrazaron y ella le propuso salir a comer algo, a lo que él aceptó encantado.


Por la mañana se encontraron todos en la cocina. Martha fue la primera en levantarse, luego llegó Alexis y mientras la abuela preparaba el desayuno, Kate y Rick bajaron juntos. Martha al verlos sonrió feliz.

-Buenos días madre, anoche ni siquiera te vimos. ¡Vaya y esa sonrisa feliz!, ¿A qué se debe?

-No seas mal pensado, me encanta veros juntos, es por eso que sonrío.

-¿Y no tendrá algo que ver que llegas todas las noches a las tantas? No nos has contado porque llegas tan tarde. ¿Tiene algún nombre esa tardanza?

-No te he contado antes porque tardaba, porque no sabía si te gustaría saberlo.

-Ya eres mayorcita y puedes ir donde quieras y con quien quieras. ¿Cómo se llama? – preguntó sonriente su hijo – ¿le conozco?

-Si le conoces. Alexander volvió a la ciudad hace unos días. Vino a verme al teatro y luego fuimos a tomar algo y estuvimos hablando mucho.

-Vosotros ¿estáis saliendo juntos o algo así? – preguntó Rick curioso.

-No hijo, solo nos hemos estado poniendo al día. Me contó que fue el abogado el que lo tramó todo, y los dos caímos como unos ingenuos.

-Menudo elemento – intervino Kate – hay gente a la que no le pesa la conciencia.

-Richard, Alexander me dijo que le gustaría verte alguna vez y hablar contigo y que su hija, está deseando conocer a su hermano, pero solo si tú quieres.

-La verdad es que no sé, ahora que sabemos que no nos abandonó conscientemente, quizás debería darle una oportunidad – comentó dudoso.

-Él me preguntó sobre ti, creo que le ha impactado mucho saber que tiene un hijo a estas alturas y siente curiosidad por conocerte – siguió comentando Martha – le hablé de tu trabajo y tu colaboración con la policía y también le hablé de Alexis, espero que no te importe. Se alegró de ser…

-Abuelo – continuó Richard – al fin y al cabo es mi padre y el abuelo de Alexis.

-¿Puedo ir contigo cuando hables con él? – preguntó interesada Alexis – me muero de la curiosidad por conocer la parte de la familia que me falta.

-A Alexis siempre le ha preocupado mucho el desconocimiento de parte de su familia – informó Rick a Kate – y me parece que vamos a tener que organizar una entretenida comida familiar para conocernos todos – dijo con cierto tono de sarcasmo.

-No sería mala idea – dijo Martha – habrá que comportarse como personas civilizadas. Y no lo digas así, hijo, no sé si te gustará lo que voy a decirte, pero te pareces muchísimo a tu padre. Ahora que he vuelto a verlo, me he dado cuenta de la cantidad de rasgos que tienes como él y la de gestos iguales que hacéis los dos.

Terminaron de desayunar y cada uno tomó su camino. Kate dejó a Richard en la editorial, pues tenía unos asuntos que tratar allí.

Ella se fue a hablar con Lanie, tenía nueva información sobre el asesinato de la chica. Una vez analizado los restos de semen, comprobó que pertenecían a diferentes hombres. Encontró hasta cinco tipos distintos, estaba comprobando el ADN, con las fichas de la policía, pero de momento no había coincidencias. La cusa de la muerte como supuso, era por estrangulamiento.

Kate estaba asqueada, ese caso era realmente desagradable, esperaba no tener que volver a pasar por eso. Del hombre mutilado tampoco sabían mucho más.

-Bueno, ¿Qué me cuentas de tu chico escritor? ¿Se recuperó de lo del otro día?

-Si, ya está mejor. Le impactó ver a la chica.

-No me extraña, todos los que la vimos recordamos a Alexis.

Lanie le dijo que si la esperaba un poco iba con ella a comisaría que tenía que llevar unos informes.

Por su parte Richard, una vez que terminó en la editorial se fue a comisaría, estaba llegando y se encontraron los tres en la puerta.

-¡Hola chico escritor! – saludó alegremente Lanie.

-Doctora Parish – respondió cortésmente y estuvo a punto de decirle una cursilada a Kate pero lo pensó mejor y solo le dijo muy serio – inspectora.

-¡Ay chicos! Delante de mí no tenéis que disimular, con las ganas que tengo de veros en actitud cariñosa.

-Mira que a mí me apetece lo mismo contigo y Esposito – respondió Kate.

En ese momento sonó el teléfono de Castle, era Martha. Se alejó un poco, su madre le insistía para que celebraran la cena familiar que habían comentado esa mañana, ya que había surgido un problema y Lillian tenía que volverse a San Francisco.

Desde donde estaban Kate y Lanie, lo veían dar vueltas mientras hablaba, y que aunque no gritaba parecía un poco alterado.

Terminó la conversación y se acercó a ellas.

-¿Ocurre algo? – preguntó Kate preocupada.

-Mi queridísima madre que se empeña en tener hoy la cena familiar.

-¡Ay qué bonito! – interrumpió Lanie risueña – ¡vaya Kate, que metidita en familia!

-¿No le has contado a tu amiga lo de mi nueva situación familiar? – preguntó él.

-Pues no, no sabía si te molestaría.

-No me molesta, puedes ponerla al día si quieres.

-¿Qué ha pasado?, me estáis preocupando.

-Pues que papá Castle ha aparecido en mi vida.

-¿Tu padre?, pero si tu…. – y mirando el reloj – nos da tiempo, venga os invito a un café y así me empapáis de todo.

Y en la cafetería de la esquina, Lanie se enteró de toda la historia familiar de Castle.

-Joder chica – dijo mientras le daba un codazo a su amiga – te has ligado a todo un heredero – perdona Castle – dijo sonriente – pero una tiene que mirar por el bienestar de sus amigas.

-Lanie, que cosas dices – dijo Kate, que no quería molestarlo.

-No, si tiene razón, ahora todavía soy mejor partido. He ofrecido mi casa para la cena, mi madre se va a encargar de prepararlo todo, así que esta noche ponte muy guapa, que quiero que conozcan a mi preciosa novia.

Kate le sonrió. Sonó su teléfono y enseguida el de Lanie. Ambas contestaron y pusieron una cara muy seria.

-Han encontrado otra chica en el parque – dijo Kate – tenemos que ir,

-Bueno, espero que no sea tan desagradable.

Se dirigieron al parque. La víctima era otra adolescente, pero esta vez de cabello corto y oscuro. Por lo que vieron, presentaba las mismas características de la otra, incluso la misma túnica como vestimenta, solo quedaba llevarla a la morgue y esperar a la autopsia.

Volvieron a la comisaría donde pasaron el resto de la tarde intentando averiguar algo, sobre alguno de los dos casos.


Una vez terminada su jornada se dirigieron primero a casa de ella, para cambiarse y coger ropa y luego al loft de él. Ella seguía mostrándose indecisa, por un lado pensaba que ya era hora de reconocer que estaba con Castle, había pensado en organizar una cena con sus compañeros para anunciarlo, pero con los últimos acontecimientos no encontraba el momento propicio y como él no se quejaba lo iba dejando pasar y por otro, aún no había decidido mudarse a su casa, aunque pasaba mucho tiempo allí.

Cuando llegaron, todavía no habían llegado los invitados, pero si estaban Alexis y Martha organizando la cena que habían encargado. Mientras Castle subía a arreglarse, Kate se dispuso a ayudar a las dos mujeres a prepararlo todo.

Justo cuando Rick bajaba las escaleras, llamaron a la puerta.

Abrió y allí estaba Alexander con una bonita chica de cabellos rubios y chispeantes ojos azules, que sin ni siquiera haber sido presentada se le echó al cuello, dándole dos sonoros besos en las mejillas y diciéndole alegremente que era una gran fan suya y que estaba encantada de que fueran hermanos.

Pasaron adentro y después de las presentaciones se dispusieron a cenar, fue una velada muy agradable, padre e hija eran encantadores y tanto Richard como Lillian, comprobaron la buena pareja que hacían sus padres, no solo en lo bien que se llevaban, sino porque parecía que la chispa del amor había vuelto a resurgir entre ellos.

CONTINUARÁ…