Los personajes de este fan-fic son propiedad de Rumiko Takahashi, utilizados solamente para el fin del entretenimiento… Mena123
Capítulo 20: Lo prometo… Oto-san
Esto sucedía en Una Simple Doncella…
En la pequeña cabaña, la dulce Mei abría sus ojos…
– ¿Mami? –La hanyou se tallaba los ojos en un intento de quitarse el sueño de encima mientras se sentaba en la paja que le había servido de un suave colchón durante la noche –¿Mami dónde estás? –la hanyou se levantó y comenzó a buscar con la mirada a su progenitora pero no fue hasta que salió afuera de su humilde cabaña que la vio.
Kaori de espaldas a su hija, el bosque que rodeaba su hogar, podía sentir como el poder que había mantenido intacta la muralla contra el Reino del Oeste, se estaba desvaneciendo lentamente y eso solo le confirmaba algo –Lo logro, Kazuo… –sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas al sentir que lo que tanto había anhelado por años se había vuelto realidad
"…Kaori, volveré con la libertad para nuestra cachorra, mientras tanto mantente a salvo…"
–Kazuo… - Sus manos fueron a parar a su pecho mientras cerraba sus ojos, rezándole a kami que trajera a su compañero sano y salvo.
–¿Mami porque lloras? –pregunto la niña preocupada
–Pequeña –sin poder contenerse Kaori abrazo se agacho y abrazo con fuerza a su hija –Mami, no llores ¿Extrañas a Oto-san, verdad? ¡No te preocupes Oka-san él va a venir, siempre lo hace! –dijo convencida la hanyou, provocando una sonrisa en la mujer, después de todo su papi ¡Era muy fuerte! capaz de pelear con los monstros, al igual que el perrito del cuento.
–Son lágrimas de felicidad mi niña –Explico la Miko mientras acomodo con ternura los cabellos traviesos de su hija –Tu padre nos llevara con El Lord Sesshomaru –la hanyou abrió sus ojos asombrada ante tal revelación
–Conoceré al Lord Tetomaru ¿Mami? –Kaori no se pudo contener y comenzó a reírse al ver como a su pequeña no le salía el nombre de tan poderoso guerrero –¡Mami! ¿Conoceré al angelito y él bebe del cuento?! –pregunto cada vez más ansiosa la ojiazul exigiendo una respuesta por parte de la Miko que no podía dejar de reir
–Si mi pequeña, los conocerás –respondió con dulzura la mujer
–¡Siiii! –la hanyou se tiro nuevamente con fuerza a los brazos de su madre que la recibió sin dejar de sonreír
–¡Seremos libres Mei! –grito Kaori abrazando con gran fuerza a su niña mientras se paraban y daban vuelta –Al fin seremos libres… mi niña
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Mientras tanto en el Reino del Oeste…
–Me cuesta creer que lo que me dices es cierto Kitsuni –dijo Sesshomaru fríamente después de escuchar el enfrentamiento que tuvo el demonio contra el general de las tierras del Norte. El mismo presencio hace algunos milenios atrás cuando esta fue levantada para asegurar la protección de su hijo recién nacido y su esposa, después de la guerra llevada a cabo entre el Norte y su reino.
–Muchos hombre han venido haciéndose pasar por habitantes del Norte en busca de mi protección ¿Cómo puedo confiar en que tus palabras son verdad y no una vil mentira para que tu Lord se haga poseedor de mis tierras ?–exigió saber
–¡Eso jamás mi señor ! Todo lo que le digo es cierto –respondió Kazuo con firmeza –He visto ante mis ojos morir familias completas, que anhelaban la misma libertad que yo conseguí –la imagen de la pobre sacerdotisa le vino a su cabeza –Lo veneraban a usted, aun sabiendo que podrían morir, por tan solo mencionar su nombre o el de la señora.
El kitsuni cerró sus ojos con fuerza como si con eso pudiera deshacerse de los gritos de agonía que cada noche se veía obligado a escuchar en esas pútridas tierras.
–No puedo explicarle lo que pasa ahí, pero sí puedo decirle lo que significa usted para nosotros
Ni una expresión perturbo la frialdad en el rostro del Lord del Oeste, este se mantenía impávido ante las palabras que escapaban de los labios del hombre enfrente suyo.
Kazuo se disponía a volver a hablar en un intento de converse a Sesshomaru cuando, un suave aroma a rosas comenzó a acercarse lentamente hacia ellos.
La puerta del gran estudio se abrió y con eso una mujer de gran belleza hizo acto de presencia dejando sin habla al habitante del Norte.
–Mi señora…
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Mientras tanto la familia del maestro kitsuni se preparaba…
Kaori entro a su cabaña y comenzó a agarrar todo lo necesario, sabía que los riesgos para su niña no habían hecho más que aumentar , al estar la barrera destruida la furia en el Lord seria implacable y ella tendría que estar preparada para lo peor.
– ¿Oka-san? –la hanyou miraba sin entender demasiado lo que sucedía ¿No era mejor esperar a que viniera Oto-san para ir con el angelito?
Centrada más en lo que necesitaba que en lo que dijera su hija, la Miko se colgó las flechas al hombro junto con su arco y entre sus ropas oculto su pequeño cuaderno de hechizos. No fue sino hasta que se dio vuelta y vio Mei sujetando su pequeña muñeca de trapo contra su pecho y sus ojitos llenos de dudas que se dispuso a hablar.
–Mei… pequeña –¿Cómo podía explicarle a su hijita el riesgo que corrían por el solo hecho de permanecer ahí? Estaba segura que Takemaru habría mandado a todas sus tropas a impedir que los habitantes huyeran al Oeste, además que de poco serviría la barrera que ponía alrededor de su hogar, ese demonio no había poder capaz de detenerlo.
Agachándose trato de explicarle de la misma suave y dulce manera que lo hacía cuando le contaba el cuento de la Lady cada noche
–Tenemos que irnos Mei, tu padre ya cruzo hacia el Oeste, ahora mismo debe estar hablando con el perrito bueno para que nosotras podamos quedarnos ahí, por eso debemos apurarnos o acaso ¿No queres conocer al Angelito? –pregunto mientras acariciaba con suavidad los mechones de cabello violeta de la niña
–¡Si Mami! Mei quiere ver al ángel –respondió con seguridad la kitsuni provocando una sonrisa en la joven mujer.
–Entonces trae tu capa mi niña, ya nos vamos –la hanyou asintió y rápidamente tomo la tela marrón que yacía entre la paja –Mei … ¿Qué sucede? –la niña detuvo su paso de repente sus ojos se fijaron en la capa entre sus manos
–Oka-san… ¿Mei tendrá que seguir ocultándose cuando vea al perrito bueno? –Kaori quedo unos segundos sin ser capaz de alejar sus ojos de los azules de su hija que brillaban con una mezcla de tristeza y anhelo.
Armándose de fuerza trato de disuadir el nudo que se le había formado en la garganta y parándose respondió –Claro que no mi niña, no tendrás que ocultarte nunca más, Oka-san te lo promete.
Y con esa promesa ambas mujeres dejaron atrás las paredes que le habían servido de refugio por tanto tiempo.
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Kazuo delineaba cada rasgo perteneciente de la mujer a la que solo historias llenas de valentía y honor habían llegado a sus oídos. La humana que volvió de la muerte y conquisto el corazón del más frio y sanguinario guerrero de toda la historia, se mostraba con dulzura enfrente suyo al igual que…
–Un Ángel…
Sesshomaru frunció el ceño al escuchar las palabras que dijo el demonio, estas habían salido con un volumen tan bajo que de no ser por sus desarrollados sentidos jamás lo hubiese escuchado.
–Disculpen, ¿Interrumpo? –Pregunto Rin mirando a su marido para luego dirigir su atención en el invitado.
Kazuo sonrió y se dispuso a acercarse a la mujer sino fuera porque un celoso y sobreprotector inugami se colocó como barrera entre él y la humana, mas eso no fue impedimento alguno para que el maestro se arrodillara e hiciera aparecer entre sus manos una hermosa rosa blanca.
Esperanza y cariño se veía reflejado entre los suaves pétalos de esa humilde flor, la misma que años después una sirvienta del castillo le daría a su Ama en eterna lealtad.
–Es un honor para mí estar enfrente de usted Mi Lady, no hay belleza que pueda compararse con la suya, pero permítame darle este humilde obsequio como ofrenda de respeto
Rin se ruborizo al escuchar tales palabras, quiso acercarse al guerrero y corresponder el gesto pero la voz autoritaria de su compañero la detuvo.
–Deja de una vez tus halagos kitsuni y dime que es lo que quieres –ordeno fríamente el ojidorado, su escasa paciencia ya había llegado al límite –Si todo lo que me dices es cierto ¿Qué esperas que haga? No comenzare una guerra por unos débiles demonio que no fueron capaces de defenderse
El kitsuni se paró lentamente, su ceño se frunció al escuchar tal desinterés por la vida ajena, y olvidándose por completo a quien se dirigía hablo.
–No son débiles mi señor, no le permito que diga eso. Hombres de honor han caído ante las tropas del Lord Takemaru, porque su poder no basto para detener al monstruo. Solo existió un guerrero que fue capaz de hacerle frente y me está mirando ahora mismo
Sesshomaru endureció aún más su mirada ante tal contestación
–Quiero su permiso para que mi familia pueda vivir en estas tierras –solicito –Desde el momento en que la barrera fue levantada, ese hombre no ha hecho más que esparcir sufrimiento y muerte a su paso.
–¿Por qué Takemaru tendría tal interés en desperdiciar su tiempo con unos simples demonios? –la pregunta provoco que una ironía sonrisa se formara en los labios del maestro
–No somos simples demonios mi señor… Jamás los seremos –El kitsuni se llevó la mano a la boca dejando que una pequeña llama se posara en su palma y cerrando sus ojos permitió que una visión se mostrara antes los Señores
En la imagen se lograba divisar una joven mujer humana poseedora de una larga cabellera castaña y ojos verdes. Por su inusual vestimenta no fue difícil que se trataba de una sacerdotisa.
Mas el asombro invadió el rostro de los Lores al observar una pequeña niña correr y tirarse a los brazos de la mujer
–Una hibrida –dijo Sseshomaru al reconocer los rasgos en la niña
El hijo del General miro al hombre esperando alguna respuesta por su parte pero, este se mantenía con la mirada fija en la escena.
–Mami ¿Conoceré al Lord Tetomaru? –Kaori no pudo evitar reírse al ver como a su pequeña no lograba salirle el nombre de tan poderoso guerrero –¡Mami! ¿Conoceré al angelito y él bebe del cuento?! –exigió saber la ojiazul, cada vez más ansiosa.
–Si mi pequeña, los conocerás –respondió con dulzura
–¡Siiii! –la hanyou se tiro nuevamente con fuerza a los brazos de su madre que la recibió sin dejar de sonreír
–¡Seremos libres Mei! –grito Kaori abrazándola con fuerza –Al fin seremos libres… mi niña
La imagen fue desapareciendo lentamente ante ellos, Kazuo sonrió con ternura a su hija antes de darse vuelta y encarar al dueño de las Tierras del Oeste.
–Mi mujer Kaori es una humana, luego de que la guerra terminara y la barrera fuera impuesta, nos vimos obligados a vivir ocultos. El Lord Takemaru comenzó lo que se conoce como "El gran muro". Puede que usted haya logrado derrotarlo esa vez pero el jamás se olvidó y su odio hacia los seres impuros no hizo más que aumentar –explicaba el demonio –La noticia de un nuevo heredero al trono llego hasta el Norte y el Lord enloqueció, sabía que le sería imposible acercarse al príncipe, por eso mismo alimenta su ira hasta el día de hoy quitándole la vida a familias como la mía.
–Que atroz –dijo Rin al sentir como su rostro perdía color en tan solo pensar en lo que sucedía en aquellas tierras
–No iniciare una guerra
El kitsuni miro al Lord, este al presentir la protesta por parte del demonio hablo elevando su tono.
–¡No pondré en riesgo a mi familia kitsuni!
–Sessh –Rin miro a su marido entre impresiona y entristecida, entendía a su compañero pero también ese pobre kitsuni
–¡Guardias! –enseguida el estudio se vio invadido por soldados que sujetaron de los brazos al incrédulo demonio
–Lord –Kazuo miro al hombre que se dirija a la salida, tomando a su compañera del brazo
–Devuélvanlo a sus tierras, y encárguense de buscar a la Miko para se vuelva a restaurar la barrera –ordeno fríamente a sus hombre
–Mi Señor –acaso ese hombre en el que tanto le habían depositado la esperanza ¡Acaso el Lord Sesshomaru le daría la espalda!
–No voy a arriesgar la vida de mi familia por la tuya Kitsuni –la barrera se había puesto con un propósito, proteger a su compañera, y eso era mucho más importante para él que las vidas que se perdían en el camino
–No…No, se vaya ¡Mi Lord, se lo ruego! –el hijo del General salió del estudio sin ni siquiera mirar atrás.
Rin observo al hombre tan solo unos segundos hasta que su compañero la ínsito que caminara pero ni el tiempo mismo sería capaz de borrar de su memoria, ese par de ojos azules desesperados, que luchaban por soltarse.
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– ¡Quédate quieto kitsuni! –Exigió uno de los hombre que lo sostenían o mejor dicho que trataban de sostenerlo – ¡Detente! –El soldado apretó maliciosamente la herida en el brazo del maestro haciendo que este se detuviera al instante y un gemido de agudo dolor escapara de sus labios.
–Vámonos –enseguida los soldados comenzaron a caminar por los pasillos del castillo arrastrando al prisionero con ellos.
No podía ser cierto ¡Esto no podía ser verdad! Todo lo que había pasado para llegar hasta ahí… Había sido en vano. El demonio del que tanto había escuchado, no era más que un cobarde ¡Un farsante! Pero el moriría en ese mismo instante antes de que lo devolvieran y obligaran a que se arrodillara ante ese monstro.
Juntando las pocas fuerzas que le quedaban aprovecho un descuido de los guerreros y se esfumo en el aire dejando a los hombres sin palabras… Al igual que como años después lo haría una mujer cuyo rostro permanecía cubierto con una máscara, volviendo el reino del Oeste y cierto hanyou, loco.
Como lo supuso la fuerza que poseía en su cuerpo era poca y solo logro llegar al salón principal en donde la pareja se mantenía caminando.
Sesshomaru alerto la presencia del prisionero pero antes de que pudiera ponerse enfrente de su mujer, Kazuo…
–Sesshomaru –susurro Rin asustada al sentir el filo frio de la espada del demonio contra su cuello
–Ni lo piense, Mi Lord –dijo de forma amenazante el demonio al ver como Sesshomaru sacaba su espada. –No me iré sin que me asegure que mi familia podrá cruzar sus tierras, mi familia merece su libertad y si no me entiende, ¡Me encargare de demostrarle lo que yo tengo que pasar todas las noches! –gritaba descontrolado
Ya nada le importaba, la razón se había esfumado de él en el precioso momento en que el hombre al quien había depositaba su confianza, le dio la espalda.
Miro a la mujer que mantenía prisionera, jamás sería capaz de lastimar a La Lady, pero si solo así lograba que ese hombre lo entendiera ¡Si lo escuchara! … Lo haría, porque como él demonio le dijo, nada es más importante que mi familia.
–Dígame que haría si fuera yo ¡Dígamelo maldita sea! ¿Qué haría si ve a la mujer que ama llorar cada vez que usted se va a las fronteras y no sabe si volverá con vida? ¡Respóndeme Mi Lord! –exigió pero ni una palabra salía de la boca del demonio
Los presentes miraban con cierto dolor y pena al Kitsuni, sin atreverse a siquiera moverse por temor de que este infligiera dolor en su Ama.
Kazuo miro por primera vez al niño de ojos dorados, seguramente un reflejo del Lord en su niñez, se mantenía serio al lado de su padre a pesar de la situación, Masshiro no parecía reaccionar.
– ¿Dígame como haría para mirar a su hijo todos los días a los ojos y decirle que merece la muerte por nacer con la maldición en la sangre? –Susurro para luego volver mirar a Sesshomaru mientras ejercía más fuerza en el agarre de la humana – ¡Es una hibrida! ¡Sí! Y estoy orgulloso de eso, porque es mi hija ¡Si tuviera que volver a elegir a mi esposa lo haría, sin importar lo demás! Porque ese amor que siento por ellas, eso nadie me lo robara jamás ¡¿Oyó? Nadie!
–Ocho años tiene mi hija, es solo una niña… — susurro cabizbajo con tristeza , sentía como todo lo que había tratado de mantener oculto de su familia estallaba, el dolor, la bronca, el miedo y el odio salían de sus ojos en formas de lágrimas, que caían por su rostro mojando la lujosa tela de la Lady.
–Cada noche mi niña se duerme deseando algún día conocerlo ¡Conocer al valiente demonio que enfrento al mundo entero por su compañera! Ella no hizo nada ¡Maldita sea! Mi pequeña… Mi Mei –la voz del guerrero comenzó a salir quebrada producto de la angustia que ya no era capaz de retener.
–Señor… –lagrimas nublaron la visión de La Lady al escuchar el dolor tan crudo y real quebrar al guerrero
– ¡Mírela! Véala a los ojos como yo lo hice y explíquele porque la llamaron repugnante ¡Dígale porque tiene que esconderse! Hágalo y sentirá lo que yo siento, usted fue al mismísimo infierno por su humana, yo… ¡Yo soy capaz de morir aquí mismo si con eso consigo la libertad de mi familia!
–Señor –el kitsuni dirigió sus ojos por primera vez a los de Rin
–Lo siento… mi señora –dijo sinceramente para luego dejar entre ver una pequeña sonrisa rota en su rostro, mirando al techo saco fuerzas y le hablo a su niña como si ella fuera capaz de escucharlo –Mei… ¡Mi princesa de las flores vi a tu Ángel mi niña, es mucho más hermosa de lo que te cuenta mama, la veras y abrazaras como deseas! Papa te lo promete… lo prometo, princesa.
La Lady ahogo un sollozo, ¿Cuánto dolor cargaba ese pobre hombre en sus hombros?
El agarre se fue aflojando lentamente, Rin miro asombrada como este guerrero tomaba la rosa que tenía ella en su mano y se la colocaba dulcemente en su pelo.
–Señor…
–Lo siento Ángel…
Jamás podría lastimar a esa mujer ¡Nunca lastimaría gente inocente! Él no era así, pero la situación lo había desbordado de tal manera que sacaba a la luz lo peor de él.
La humana sonrió dulcemente mientras asentía con los ojos llenos de lágrimas, nadie mejor que ella podía sentir lo que el guerrero pasaba, estaba segura que si la vida de su pequeño Masshiro estuviera en peligro ella hubiese reaccionado igual.
El demonio deshizo por completo el agarre dejando libre a la humana, sus ojos mostraban la agonía que estaba pasando, su espada cayó al piso y antes de que pudiera reaccionar varios hombres lo había agarrado poniéndolo bruscamente de rodillas al piso
–Mi Señor se lo ruego, el no –trato de convencer Rin a su marido pero este la interrumpió.
–Hazte un lado Rin, vienes a mi reino, me insultas y osas tomar a mi reina como tu prisionera –cada palabra que salía de sus labios iban impregnado del desdén y odio que recorría su cuerpo en este preciso momento –La muerte es poco castigo para ti Kitsuni
–Lo sé, pero si la muerte viene acompañada de su espada, moriré con honor –respondió sin bajar la mirada en ningún momento
–¿A qué se debe tanta lealtad hacia mí?
Una sonrisa cargada de confianza y hasta cierto sarcasmo apareció en ojiazul
–No es a usted –Kazuo miro con extrema ternura a la humana que abría sus ojos asombrada. –No lo debe recordar mi señora, pero usted salvo a mi niña una vez.
El recuerdo de milenios atrás llego su cabeza, su niña cuando era aún más pequeña se había logrado escurrir de los brazos de su madre y como cualquier infante curiosa, se perdió. Desesperados ambos salieron a buscarla, llegaron hasta el pueblo que rodeaba el castillo y atemorizados observaron a Mei cubierta con una capa y siendo sostenida por los brazos de la señora del Oeste. Sin perder tiempo Kazuo se puso enfrente de la humana, que le sonrió y susurrándole algo al oído, calmo la preocupación de los padres al instante.
"Tranquilo señor, su aroma ha sido modificado de forma temporal por unas hierbas que le di, la encontré en los límites del bosque y supe que sus padres vendrían por ella al pueblo"
Palabras dichas con extrema dulzura demostrándole la bondad que guardaba el corazón de La Lady, casi sin poder demostrar su agradecimiento debido al asombro, toma a su niña y se retiro.
Los años pasaron y aunque Mei no recordaba lo sucedido, ninguno de ellos lo olvido.
–Les estaremos eternamente agradecidos mi señora, solo kami sabe lo que le hubiese deparado a mi pequeña si los soldados del Norte la encontraban
Rin sonrió con ternura y dejando cualquier titulado de lado se agacho, y sacando una pequeña tela blanca de su kimono, le dijo
–¿Cuál es su nombre señor?
Extrañado por la pregunta y más aún por el ofrecimiento de la mujer, toma la tela y respondió.
–Kazuo, mi señora
–Bien Kazuo-san, jura lealtad a mi marido y la libertad para tu familia será concedida
Las palabras de la humana dejaron a todos estupefactos en el salón
–Señora
¿Acaso había oído mal? Esa mujer le otorgaba la libertad después de que él había osado atentar contra su vida, poniendo tan solo como condición que se arrodillara y jurara eterna lealtad a él demonio de ojos dorados.
– Rin
Ella sabía que pensaba su marido con tan solo verlo a los ojos y esta vez no fue la excepción, levantándose se acerca hasta él y mirando a su pequeño, le responde.
–Las vidas que se pierden son mi responsabilidad Sesshomaru
–No lo son
–Si lo son
–¡No tienes nada que ver con esto Rin! Esas personas son… –gruño pero el grito de la señora del castillo lo dejo estático
–¡Esas personas son hibridas como tu hijo, Sesshomaru! Soy humana y eso no existe título que lo cambie –las lágrimas volvían a hacerse presente en la pálida piel de la humana –Las muertes de esta pobre gente es una de las tantas consecuencias por permanecer a tu lado.
–Rin
–Las sabia y acepte desde el instante en que tome mi lugar pero… Pero no me pidas que mire hacia otro lado, por favor
–Rin…
–¿Qué harías si fuera Masshiro, el que estuviera en peligro? –susurro viendo como el ceño de Sesshomaru se fruncía de sobre manera y sus puños eran apretados con fuerza.
No tenía que escuchar su respuesta para saberlo, mataría sin dudar a quien osara siquiera acercarse a ella o su cachorro, los protegería con su vida
–Déjalo mi señor, se lo ruego, la única culpable de que esto suceda soy yo
Se arrodillaba hacia el como si ella no representara más que una simple campesina ¡Su mujer se humillaba ante él pidiendo piedad por ese guerrero, era inaceptable! Tomándola del brazo la paro colocándola a su lugar, no iba a permitir que olvidara el lugar que el mismo le había otorgado.
–Mi Lord… –los ojos dorados se fijaron en ella de tal forma que era casi imposible no notar el descontento en su esposo.
–Sos mi reina y mi mujer ¡Jamás! Se arrodilla ante mí suplicando… Tu pedido será cumplido
–Mi lord, ¡Gracias! Le juro que no se arrepentirá — expreso Kazuo atónico
Sesshomaru sin prestar atención a las alabanzas y agradecimientos del guerrero, miro a su mujer que le sonreía agradecida.
–Pasa a buscar los papeles a mi estudio y luego iras por tu familia
Kazuo asintió y emocionado trata de pararse pero el dolor en su brazo junto con el cansancio lo hizo caer nuevamente de rodillas, enseguida la ex protegida lo socorre
–Kazuo-san, necesita descansar
–Pero Mi Lady
–Le dire a Jaken-sama que vaya por sus papales –al ver que el guerrero deseaba oponerse nuevamente, le dijo –Al menos deje que le curemos las heridas, no podemos permitir que el veneno avance aún más…
Sin mayor alternativa el maestro acepto y se dejó llevar por unos soldados a una de las tantas habitaciones del castillo.
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El fuego comenzaba a abrirse paso, entre lo que había sido un reconfortante hogar, para la pequeña Mei, que veía paralizada como su madre arremetía contra esos hombres, tirando flechas y sacando a relucir sus poderes.
Con las insistencias de su madre se había vuelto a su casa a tomar con rapidez sus escasas pertenencias pero ni puedo salir cuando la sacerdotisa entro rápido y cerró la puerta, para luego tomar su arco
–¡Mei escóndete! –los soldados a las órdenes de Takemaru, los habían encontrado, la energía de su barrera ahora lograba percibirse con más claridad. Al ver que su marido había logrado destruir el "muro" su protección ya no se mezclaba con el enorme poder espiritual de la anterior. Ahora esta quedaba expuesta y aunque no era ni una milésima de lo grande y fuerte de la que dividía los reinos, era detectable.
–Mami ¿Qué pasa?
La mujer tiraba agua pero eso no parecía ser suficiente para apagar la llama que se acrecentaba, sin dar explicación alguna, toma a su pequeña entre sus brazos y sale rápido de su hogar, segundos antes que este se derrumbara.
– ¡Tsuki! –grito al ver como su amada muñeca quedaba prisionera del derrumbe
–Sacerdotisa ya sabemos lo de tu detestable esposo ¡Entréganos a tu engendro si valoras tu vida! –exigió uno de los soldados.
Las habían hallado, su campo de protección ya ni existía y ahora esos hombres rodeaban su hogar
Kaori apretó con más fuerza a su pequeña contra suyo y mirando determinada al guerrero respondió sin titubear.
–¡Antes muerta que entregarte a mi hija! –No podía esperar menos de la mujer de ese imbécil Kaori se dio vuelta con rapidez, para ver como las llamas dejaban a la vista a un hombre de por mas horrendo, la mitad de su rostro se encontraba completamente deformado y sus ojos destilaban un odio profundo.
–General Shan, se niega a entregarnos a la hanyou –informo uno de los tanto soldados El hombre fue acortando la distancia entre la humana, hasta que pudo sentir claramente el aroma a rosas junto con hierbas medicinales que la identificaba. Por milésimas de segundos observo el bulto que mantenía cubierto y agarrado con fuerza entre sus brazos
–Es una lástima sabes –expreso pasando una de sus garras por la mejilla de Kaori –Eres muy bella seguro serias una buena puta
Ni bien termino la oración la saliva de la mujer llego a su rostro ¡Lo había escupido! Esa humana
–Antes muerta que revolcarme con un monstruo como tu –respondió sin bajar la vista en ningún momento del guerrero, que en vez de enfurecerse ante sus palabras, una tétrica sonrisa se asomo entre sus labios.
–Un monstruo ¡Un monstruo es en lo que me convirtió ese detestable kitsuni con el que te revuelcas! –expreso furioso mientras tomaba con fuerza el mentón de la humana para que viera todo lo que el veneno había hecho –Esto será poco comparado con lo que le pasara a tu cachorra, humana
El instinto protector de la mujer salió a la luz y sin dudarlo se soltó del agarre y con una habilidad asombrosa tomo sus flechas. Mei sin alternativa se vio obligada a bajarse de los brazo de su madre y ocultarse tras sus piernas.
–Eso no sucederá –dijo sin apartar la vista de los hombres delante suyo
–Acaben con ella y tráiganme a la hibrida
Los soldados sacaron sus espadas y con actitud burlesca desafiaron a la mujer
–Belleza porque no te olvidas de ese ser repugnante y te diviertes con nosotros –podía verse la lujuria en la mirada ese puerco que recorría sin descaro su cuerpo, pero Kaori no se dejo amedrentar y sin darle oportunidad de que volviera a hablar lanzo una flecha
– ¡Maldita perra! –grito furioso al sentir el ardor del poder espiritual en su brazo.
–¡Mei corre! –grito mientras se mantenía lanzando flechas, pero su niña no reaccionaba, se había quedado paralizada al ver como esos hombres se acercaban cada vez más a ellas.
No tenía el suficiente poder para acabar con todos, si su marido no volvía pronto no lograrían salir de aquí. Pero estaba decidida y el solo hecho de pensar en que a su niña le hicieran algo la llenaba de una rabia tan fuerte, que ni le importaba que sucediera con ella.
–Vamos perra fiera, ya me estoy cansando de juegos –Kaori intento disimular el temblor que recorrió su cuerpo al ver como el hombre se relamía los labios, mientras que partía sus flechas con un solo movimiento de su espada, entonces hizo lo primero que se le paso por la cabeza.
Lanzo su última flecha, para luego decir unas palabras que llenaron el lugar de una espesa niebla blanca.
Dándose vuelta tomo con rapidez a su hija y ¡Corrió! avanzo lo más lejos que podía sintiendo claramente los soldados iban tras de ella y como la energía empleada en sus ataques la había vuelto más débil, pero aun así no se detuvo.
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–Avíseme si le hago daño Kazuo-san
Otra vez su mujer había logrado convencerlo, y ahora debía ver, como su reina curaba las heridas del guerrero, con una delicadeza y cariño que tan solo tenía permitido usar con él.
–Muchas gracias Mi Lady, no debió de molestarse –expreso el maestro sintiendo claramente, como un puñal se clavaba en su espalda, ante la incesante mirada del Lord
–No se preocupe, solía ayudar a muchas personas en la aldea donde vivía, curar heridas no es algo nuevo para mí –dijo Rin con una pequeña sonrisa, mientras cubría el brazo del kitsuni con una venda blanca, procurando que las hierbas medicinales quedaran bien sujetas entre ellas.
–Aun su historia me sigue asombrando –soltó de repente Kazuo haciendo que Rin parara su trabajo–Y eso que mi esposa se la cuenta a mi princesa cada noche; la mujer que conquisto el corazón del mas frio demonio –el rostro de la humana se ruborizo mientras esquivaba la mirada del guerrero que sonreía con ternura –La humana que volvió dos veces de la muerte –tomando su mentón con delicadeza obligo a esta que lo mirara a los ojos –Idiotas son los que la juzgan o se atreven a poner en duda su valentía, Ángel
–Kazuo-san –el hombre sonrió hechizando por milésimas de segundos a la mujer que sentía hundirse en esos bellos ojos azules
–Le agradecería Mi Lord que deje su espada, el que no lo vea no quiere decir que no sepa lo que está pasando por su cabeza
– ¿Qué? –pregunto extrañada Rin mientras volteaba la cabeza para ver a su esposo con cara de pocos amigos y su mano sostener su espada con fuerza
–Le aseguro que no poseo tal interés en la Lady, aunque si la hubiese conocido antes que mi bella Kaori –expreso divertido –Tal vez hubiese tenido un contrincante, Lord Sseshomaru
–¡Kazuo-san! –el rostro de la Lady claramente podía compararse con el de un tomate
–Insolente kitsuni debí matarte cuando tuve la oportunidad –gruño el ojidorado, provocando que la sonrisa del maestro se agrandara aun más, divertido con la situación
–Yo no me preocuparía Mi Lord, la rosa que le di a La Lady muestra claramente mi intención –dijo seguro mientras se paraba
–¿La rosa?
–Las flores hablan mi señora –Rin toma la flor que yacía en su cabello y la miro curiosa
–Amor, confianza, lealtad, un sentimiento verdadero aguarda en sus pétalos y solo pueden ofrecerse a la persona que realmente lo merece –el hombre miro los pétalos blancos y tomando la mano de la Lady con la suya dijo –Lealtad y confianza eterna, mi señora… Eso es lo que dice su rosa
Una sonrisa se asomos en el rostro de la humana, que apretó con fuerza contra su pecho, el efímero obsequio.
–Gracias Kazuo-san
El hombre se disponía a responder cuando algo dentro de él lo paralizo
– ¡¿Kazuo-san está bien?! –pregunto alarmada Rin, al ver como las facciones del demonio se endurecían, e inconscientemente se llevaba la mano al pecho.
Algo malo sucedía, podía sentir claramente como su instinto se inquietaba en su interior, como si tratara de hacerle llegar un mensaje urgente.
–Mi lady –quiso responder que nada pasaba, pero su voz se fue y una pequeña cicatriz en su muñeca comenzó a arder con fuerza.
Centrando sus ojos, miro la marca que le había hecho su mujer el día que se entregaron por primera vez, y eso fue más que suficiente para hacerle saber que algo terrible estaba sucediendo. Sin perder más tiempo dejo que una pequeña llama se posara en la palma de su mano secamente dijo…
–Muéstrame a mi familia
El corazón se le detuvo por cuestión de segundos, ante la imagen que comenzaba a formarse ante sus ojos.
Su hogar ahora tan solo eran llamas incontrolables, que destruía cada resquicio de lo que había sido su refugio tantos años.
–Es una lástima sabes
La voz del general se hizo presente, haciendo que sus puños se apretaran hasta el punto que podía sentir claramente su propia sangre. Las habían encontrado
–Kaori
Su esposa sostenía de manera protectora a su hija entre sus brazos, con esa mirada cargada de valentía y determinación, que lo había enamorado desde el primer instante que la vio, hacia frente al demonio con el que horas atrás había luchado tan voraz mente
–Eres muy bella, seguro serias una buena puta
Un gruñido escapo de sus labios con impotencia al no poder estar ahí, tan solo era capaz de contemplar como un mero espectador, como ese monstruo las amenazaba e insultaba a las mujeres que amaba.
Las escenas pasaron, desde como su esposa tomaba sus flechas, hasta el preciso instante que comenzó a gritar el nombre de su hija para que huyera.
–Mei…
El pánico impregnado en cada rasgo de su niña, cuando Kaori la tomo en brazos y comenzaron a correr, deshizo cualquier rastro de cordura que haya tenido hasta ese momento. Sentía como bestia interior insistía en salir y por primera vez en su vida, se lo permitió
–Señor Kazuo –el hombre había comenzado a caminar a la salida del palacio, sin dejar que ni una palabra saliera de sus labios –¡Kazuo-san por favor no vaya solo! –rogo Rin, tomándolo del brazo, al descubrir sus intenciones –Permita que unos soldados lo acompañen
–El Oeste no tiene permitido entrar a esas tierras –respondió Kazuo con voz cortante – Si ese pacto se rompe, una guerra vendrá, y mucha gente inocente morirá
No iba a permitir que más sangre inocente sea vertida en esas pútridas tierras. Solo una vida que sobraba en este mundo y él se encargaría de exterminarla ¡Aun si tuviera que entregar su propia existencia al inframundo, se llevaría al general Shan con él!
–Pero… –cualquier palabra para detenerlo se quedo atorada en su garganta, al encontrarse con esos ojos que le habían resultado tan cálidos, ahora ser reemplazados por un inconfundible rojo, inundado de odio y rencor
–Kazuo-san
El hombre tomo los papeles y mirando unos segundos al Lord, dijo las palabras que por tanto tiempo le fueron prohibidas, y que aquella sacerdotisa en su lecho de muerte grito
–¡Larga vida al Lores del Oeste!
Un juramento que salió desde las profundidades de su pecho en un rugido voraz, dando como resultado la aparición de su bestia.
Un hermoso zorro de nueve colar y pelaje marrón, hizo acto de presencia y a los cielos del Oeste este se elevo, rodeado de unas suaves llamas azules.
"Kaori, ya voy por ustedes"
_O_O_O_
–Oka-san –la mujer miro con ternura a su pequeña mientras la obligaba a que se escondiera en una pequeña cueva, que seguramente meses atrás hubiese servido como hogar para algún animal y sus crías recién nacidas.
–No llores mi niña –le hablo con voz suave
Tenía que ser fuerte hasta que volviera su esposo. Acariciando con extrema ternura las mejillas de su hija, disipo cualquier rastro de lágrimas.
–Quiero ir contigo Oka-san –insistía la infante – ¡Vamos a buscar a Oto-san! El acabara con el hombre malo –decía convencida mientras se abrazaba a su madre con la mayor fuerza que le permitía su pequeño cuerpo.
Intentado contener las lagrimas Kaori saco fuerza y la aparto bruscamente de ella.
–Escúchame Mei, debes prometerme algo –pidió mirándola a los ojos
– ¡No quiero! Oka-san no me dejes –expreso desesperada
La niña luchaba con todas sus fuerzas para volver a abrazar a su madre pero esta la sostenía de sus hombros deteniéndola
–Escúchame –sentía que la voz se le quebraba
– ¡No! –Grito para luego mirar a su madre con sus ojitos llenos de lagrimas –Ustedes no quieren más a Mei porque es depugnante –aun a su corta edad esa palabra que tanto había oído no era capaz de siquiera pronunciarla bien.
La mano de la sacerdotisa se levanto al instante que esas palabras salieron de la boca de su pequeña, pero no fue capaz de pegarle sino que la atrajo hacia su pecho con una desesperación inigualable, mientras sentían como la tristeza y desesperación ganaban la batalla.
–Jamás quiero volverte a decir eso ¡¿Entendiste, Mei!? ¡Jamás!
–Oka-san –nunca había escuchado a su madre tan furiosa
Kaori miro a su pequeña y acariciando con ternura, esos preciosos cabellos violeta, hablo.
–Jamás permitas que alguien te llame así ¡¿Oíste?! Eres lo más bello y especial que la vida pudo haberme dado –su voz sonó totalmente invadida por la angustia, ya no era capaz de siquiera retener sus lagrimas, pero escuchar a su pequeña decir eso la destruyo. No quería que ella volviera a siquiera sentirse ofendida ante esa maldita palabra –Escúchame Mei, debes prometerme que sin importar lo que escuches…
–Oka-san yo no… –la mujer junto su frente de forma cariñosa con la de su niña, impidiendo que esta continuara.
–Promételo, Mei ¡Por favor! –rogo de tal manera a que hija no le quedo otra que responder lo que ansiaba escuchar
–Mei lo pomete, Oka-san
–Esa es mi niña, se fuerte ¿Si? Ya todo pasara –dijo tratando de regalarle una sonrisa que por mas rota que estuviera, ansiaba calmar su angustia.
Ambas lo sabían, su esposo no volvía y esos hombres no tardarían mucho, tendría que enfrentarlos ella sola. Sin más que sus poderes y un pequeño cuchillo, las posibilidades de salir victoriosas eran escasas. Pero no le interesaba, no le importaba que le pasara a ella mientras su pequeña estuviera a salvo.
–Eres el angelito de Papi y Mami, Mei… Nunca lo olvides –con delicadeza seco las lagrimas de su hija para luego llevar sus manos al cuello y desprender un collar que por tanto tiempo la había ayudado.
–Mi pequeña este collar, no solo desaparece tu aroma sino que si algo muy malo llega a suceder, te cuidara –la pequeña cadena se deslizo con cuidado en el cuello de la infante, que miraba entristecida el dije con forma de flor.
–Oka-san –Kaori coloco uno de sus dedos en los labios de su hija y regalándole una de sus más hermosas sonrisas, le dijo…
–Todo estará bien, lo prometo
Mei asintió mientras hacía toda la fuerza posible para no llorar, al ver como su madre comenzaba a alejarse hasta no poder verla con claridad.
Inconscientemente sus manos fueron a parar al collar que apretó con fuerza sobre su pecho mientras imploraba a Kami que todo esto terminara pronto.
_O_O_O_
–Miren a quien tenemos aquí –dijo con tono burlón un soldado, a ver a la sacerdotisa aparecer abruptamente, de entre los arboles – ¿Te cansaste de jugar, perra?
La burla, el sadismo y una lujuria repugnante, destilaban de los ojos de esos cinco soldados que la rodeaban, impidiendo cualquier escape posible. Estaba indefensa, sus flechas se habían agotado y su poder no sería lo suficientemente fuerte para acabar con todos. Aun así se mantuvo firme, sin bajar la mirada en ningún momento, motivada por el odio que les sentía, al ser la causa de sus problemas.
Monstruos guiados por ese demonio al que tenía que referirse como un Lord, jamás permitiría rebajarse ante él, seria creer en sus palabras ¡Desearle la muerte a su hija! Y eso jamás pasaría.
Un pequeño cuchillo salió de entre las mangas de su traje de Miko, era consciente de la desventaja que tenia, pero no iba a darse por vencida tan fácilmente.
El demonio enfrente suyo dejo salir una risa de la forma más grotesca, deleitándose al verla una presa fácil. Intento contradecir eso pero le fue imposible, no tuvo ni oportunidad de defenderse que el soldado acertó un golpe en su mejilla tan fuerte que la derribo.
Tirada en la tierra trato de levantarse lo más rápido que pudo, pero ese monstruo la aplasto. Ambas muñecas le fueron agarradas con tal fuerza que tuvo que apretar sus labios para no dejar salir una queja de dolor.
–Eres toda una fiera, ahora entiendo que vio en vos ese inepto del kitsuni –le susurro al iodo, para luego pasar su nariz por el pálido cuello de la mujer, que se retorcía bajo suyo tratando de librase. –Te voy a demostrar cómo se siente tener un hombre de verdad dentro tuyo, perra –aquellas palabras paralizaron por completo a la Miko, que sentía como ese nefasto ser lamia su cuello
–Por favor, no –su voz sonó casi sin fuerza
–Eso es perra ruega, lo hará más divertido –respondió el soldado, para luego de forma abrupta desgarrar parte de la ropa de la joven, que ahogo un grito mientras sentía las lagrimas asomarse en sus ojos. Parte de su escote quedo a la vista del monstruo, que era invadido por la excitación que le provocaba aquel acto tan horrendo.
Kaori cerró los ojos mientras volvía a revolcarse tratando de soltarse, pero era inútil, ese hombre tenía la fortaleza de un muro. Cerró sus ojos resignándose, mientras susurraba el nombre de su esposo.
Pasaron segundos y nada… No sucedió nada, sorprendida abre los ojos para encontrarse con un sangriento escenario. Un zorro mágico descuartizaba sin descaro alguno a esos hombres, que ni llegaban a defenderse.
–Kazuo –El zorro volvió a tomar su forma humanoide, dejando a la vista a su esposo que miraba fríamente al soldado que se mantenía encima de ella.
De un movimiento rápido el soldado la paro colocándole el filo de su espada en su cuello, mientras la sujetaba con fuerza.
–Tú debes ser el kitsuni –dijo con arrogancia el soldado, pero Kazuo ni lo escucho, sus amenazas y burlas no eran de importancia para él.
Sus ojos delineaban a su mujer, cada sentido suyo estaba abocado por completo, en la joven que lo miraba aterrada.
Su cabello despeinado, la sangre que se asomaba en su labio, la marca del golpe de su mejilla, su exquisito aroma profanado por ese imbécil, cada detalle fue escudriñado aumentando la furia en su interior. Pero nada se comparo con ver las ropas desgarradas, dejando a la vista el escote que solo el tenia derecho de llenar con suaves besos.
–Me canse de tus palabras –hablo por primera vez Kazuo, de manera tan fría que nadie pensaría que era el mismo hombre dulce y cariñoso estuvo con La Lady.
El soldado sonrió con sorna para luego decir unas palabras que definirían su sentencia de muerte.
–¿A cuánto me la vendes? –Kaori abrió los ojos asombradas, mientras el soldado mantenía una sádica sonrisa en su rostro –Podría entretenerme con ella en las noches ¿No es así, maldita ramera? –le cuestiono para luego dirigir una de sus manos con la clara intención de adentrarla entre sus ropas.
–No está en venta –no fue ni capaz de acariciar esa pálida piel siquiera, cuando los ojos del maestro se tornaron rojos y se abalanzo sin piedad sobre ese insecto que había ofendido a su mujer.
Su parte demoniaca salía a relucirse, su ansia de sangre y su enojo se manifestaba en cada golpe que le daba al soldado. Su mujer cayo aun costado al fin libre, mientras él le otorgaba a ese monstruo la más dolorosas de las muertes.
Con el rostro destruido a causa de los golpes, Kazuo miro serio a su mujer y le dijo
–Cierra tus ojos
La Miko sin objetar se dio vuelta mientras se llevaba las manos a los oídos en un intento de escapar de lo que le producía el grito de agonía de ese hombre. Fueron cuestión de segundos para que se diera vuelta y observara el cuerpo sin vida del demonio con un enorme hueco en el pecho y su esposo con la mano ensangrentada.
–Kazuo –esos ojos rojos se dirigieron a ella y por primera vez en su vida temió de su esposo, nunca lo había visto en ese estado que la causa no fuera la noches de pasión entre ambos. Ahí no había placer sino sed de sangre.
Tambaleante se para y se acerco a su marido, que no dudo en sacarse la parte de arriba de su ropa para cubrir el daño en la de ella.
–Kaori –su voz sonó algo ronca, dándole a entender a la mujer que no era su esposo el que le hablaba, sino que la bestia en su interior, había tomado parte del control.
–Tenía miedo Kazuo –susurro mientras apretaba las ropas de su esposo con fuerza, solo ahora era capaz de pensar lo que le podría haber pasado si su esposo no hubiese llegado.
El demonio seco con delicadeza las lagrimas que caían involuntariamente por el rostro de su humana. Sus ojos volvieron a tornarse azules al verla en ese estado, sin pensarlo la rodeo entre sus brazos, proporcionándole la seguridad que necesitaba y con voz suave le dijo…
–Me permitió ingresar a sus tierras, Kaori… Ya todo termino.
Sus ojos esmeraldas se fijaron en su marido, incrédula de sus palabras las lágrimas comenzaron a aparecer devuelta pero esta vez inundada de alivio y felicidad, juntando de forma abrupta sus labios con los de su esposo, le hizo sentir todo los sentimientos que corrían por su cuerpo. El kitsuni gustoso devolvió el gesto mientras le propinaba una suave caricia a la mejilla lastimada.
–Hay que buscar a Mei –le dijo Kaori feliz, pero cualquier bello momento de ambos se vio cortada por la voz del General.
–Que linda escena, lástima que aun no estás en el Oeste, kitsuni –dijo de forma irónica mientras se hacia un lado dejando que la pareja viera lo que mantenían sus soldados cautivo.
–¡Mei! –grito aterrada Kaori pero antes de que pudiera siquiera acercase el brazo de su esposo la detuvo impidiendo que hiciera una locura.
–Tks, tks, deberías cuidar tus formas humana, o sino mi espada atravesara el cuello de tu asquerosa hija –amenazo Shan.
–¡Maldito!
– ¡Oka-san! ¡Suéltenme! –la niña gritaba mientras luchaba con todas sus fuerzas para desprenderse de ese agarre e ir corriendo a los brazos de sus padres.
Había olido las lágrimas de su madre y eso fue motivo más que suficiente para romper la promesa y salir de su escondite. Pero cuando se dirigía a ayudarla, estos hombres aparecieron de la nada y la agarraron.
–Princesa, todo saldrá bien –le grito con seguridad Kazuo a su pequeña, que detuvo el forcejeo para verlo.
–Oto-san
–No deberías mentirle a tu hija, kitsuni –dijo Shan fijando sus ojos en los del maestro –Dile la verdad ¡Es su culpa que esto pase! La sangre sucia e inmunda que posee este asqueroso ser, que ustedes se dignan a llamar hija, ¡No tiene derecho a respirar en estas sagradas tierras! –Gruño el general para luego mirar a la niña y dejar entrever una sonrisa en su deformado rostro –Hoy tus padres morirán pequeña, pero no te preocupes, yo mismo me encargare de que vos les sigas su camino pronto.
Ya todo estaba dicho, la espada que yacía en la cintura del general fue desvainada con una tensa lentitud y antes de que algunos de los presentes pudieran siquiera respirar, el acero de las armas chocó.
Kazuo mantuvo su espada con firmeza contra la de su enemigo, ninguno apartaba la vista del otro, declarándose la muerte sin necesidad de palabras.
El mensaje era claro y solo uno terminaría de pie, en este valle.
El poder de ambos se repelo mandando a cada uno en una dirección contraria.
– ¡No saldrás vivo de estas tierras kitsuni! Pagaras con tu sangre lo que me has provocado –grito el demonio al mismo tiempo que sentía como su poder aumentaba y sus ojos se tornaban de un profundo verde, característico de su especie.
– ¡Ya todo acabo! Así muera no serán capaces de detener lo que he comenzado –le respondió Kazuo.
– ¡Inepto! –Su voz sos ronca demostrando como la bestia tomaba su lugar –¡Matare a quien siquiera se atreve a cruzar al Oeste y llevare tu cabeza ante mi Lord! Nadie se atreverá a poner en duda su poder ¡Jamás!
Kazuo abrazo con fuerza a su mujer, al ver como el poder de ese demonio comenzaba a manifestarse de forma violenta. Un aura verde lo rodeo por completo y a los segundos un gruñido voraz se escucho, dejando ver a una enorme serpiente.
El animal se abalanzo, enseñando de forma agresiva sus colmillos impregnados de veneno, hacia Kazuo que con una rapidez envidiable tomo a su mujer en brazos y lo esquivo.
Al instante que coloco a la joven Miko en la seguridad que le proporcionaba uno de los arboles, salto hacia la bestia dejando atrás su forma humanoide.
Despiadada era la pelea que se daba entre estos dos seres, lamentos de ambas partes llegaban hacia los oídos de los presentes, cuando el veneno o el fuego los tocaba.
Kaori miro a los hombres que mantenían prisionera a su niña, aprovechando que su esposo se mantenía en combate. Bajo de la seguridad del árbol y se apuro a acercarse a su niña, sin que los soldados la vieran.
Un gruñido salió del zorro al sentir los colmillos del animal desgarrar su lomo, por distraerse en buscar con la vista a su mujer.
Kaori con tan solo sus poderes como defensa, se mantuvo detrás de unos árboles a la espera de una oportunidad para atacar.
–¡Maldita hibrida! –los incesantes forcejeos de la niña al ver como su padre era lastimado, saco de quicio a sus captores, que no dudaron en acertarle un fuerte golpe en el estomago, que le hizo perder el aire y caer de rodillas al piso.
Escuchar los sollozos de su hija y como esos monstruos le pegaban, destruyo cualquier razonamiento posible en Kaori dejando paso a la locura ¡Una locura motivada por el amor de una madre a su hija! Con una fuerza que no sabía que poseía, se abalanzo hacia uno de los soldados y le robo su espada, mientras gritaba enloquecida al otro demonio, exigiéndole que soltara a su hija.
– ¡Oka-san! –lloraba la pequeña
– ¡Suéltala demonio! –gritaba mientras amenazaba al hombre con su espada.
Sentía su poder arder en su interior acompañado de una furia incontrolable, cegando cualquier temor, su paciencia llego al límite y sin darle previo aviso a ese hombre, clavo su espada con toda la fuerza posible, en su pecho. Su poder espiritual se traspasaba por el filo de la espada sacándole un grito agudo de dolor a la bestia, que sentía como su cuerpo completo era purificado.
La espada fue arrancada del cuerpo marchito, de forma abrupta, para luego dejando salir un grito, pelear con el otro soldado que había tenido a su hija prisionera.
Un aura rosa comenzó a cubrirla y su poder se manifestó con una fortaleza jamás imaginada. Ver a su pequeña en peligro saco lo peor de Koari, tan solo cuando observo como la piel de la bestia se desmembraba ante el constante roce de su espada y el caía de rodillas sin vida. Soltó el arma y corrió desesperada hacia su niña
– ¡Mami! –Mei con lágrimas en los ojos abrazo con fuerza a su madre que gritaba su nombre aliviada de al fin tenerla sana y salva, en sus brazos
– ¡Mi pequeña! Mei –repetía la mujer esparciendo besos en todo el rostro de la ojiazul
–¡Mami! –la pequeña cerraba sus ojos feliz ante los besos suaves de su madre. A pesar del espantoso escenario se sentía segura.
Kaori miro los ojos de su niña y se disponía a tomarla en brazos y sacarla de ahí cuando un grito seguido del gruñido de su marido la hizo caer de rodilla.
–¡OKA-SAAAAN!
Kaori bajo la vista incrédula a su torso, dos enormes colmillos lo habían traspasado con una fuerza admirable. Sintiendo como el aire d se le escapaba de sus pulmones, miro a su hija.
–M…mei –Quería decirle que corriera, que huyera, quería mirar a su esposo decirle que lo amaba, besarlo una última vez, conocer a la mujer que salvo a su niña. Deseaba tantas cosas pero ninguna iba a suceder, su cuerpo se derrumbo aun con sus hija en brazos. Podía oír como si se tratara de un grito lejano, la voz de su compañero gritar su nombre, pero no fue capaz de contestarle ni a él ni a su pequeña, que lloraba amargamente mientras la abrazaba pidiéndole que se levantara.
Todo sucedió en cámara lenta para la hanyou que veía como la vida de su madre se escapaba enfrente suyo, sin poder hacer nada más que verla.
–Oka-san levántate –pidió entre lagrimas mientras tomaba las manos de su madre con las suyas –¡Oka-san no te mueras! Pometo ser una buena niña, no me dejes ¡OKA-SAN! –El grito y la desesperación con la que la abrazo era indescriptible, en su inocencia no entendía lo que sucedía pero si sabía algo… Su madre se iba para no volver jamás.
Su pequeño kimono se manchaba de la misma sangre de su progenitora que trataba inútilmente de respirar.
Kazuo adopto su forma humanoide conmocionado por lo que sucedía.
–Kaori –sentía que el mundo se le venía abajo al ver el charco de sangre que cubría a su esposa y como su hija le imploraba que no la abandonara.
Shan volvió a su forma natural, disfrutando cada resquicio del sufrimiento que se manifestaba en los rasgos del guerrero. Lamiendo con sadismo sus labios ahora manchados de sangre a causa del ataque que implemento contra esa insolente, hablo…
–Esa perra tiene lo que se merece, le pasa por revolcarse con un demonio –Kazuo miro al causante de todo esto y su locura exploto. Gritando el nombre de su mujer se abalanzo hacia el general.
La furia descontrolada dominaba cada maniobra que realizaba con su espada, sus ojos se tornaron de un azul intento y las llamas se formaron rodeando por completo el arma que sujetaba.
El maestro kitsuni había aparecido, y esta vez no había invocado a un zorro ancestral, sino que el mismo llevaba la fuerza de sus ancestros, en su cuerpo. La inmensidad de su poder, se abrió al ver a la mujer que amaba morir.
Fue tanto el poder desmedido que salía de Kazuo, que hasta su mismo cuerpo se veía dañado, sus heridas aun sin sanar, empeoraban y sus vendas, salían volando mientras arremetía contra Shan.
Nunca había sido testigo de un poder semejante, trato de transformase pero le fue inútil, Kazuo no le daba ni un segundo, apenas era capaz de cubrirse, y el dar un ataque era impensado, cualquiera que lanzara era rápidamente esquivado por el zorro y devuelto a él en su contra. Fue solo minutos después que se vio de rodillas en el piso con el zorro enfrente suyo.
Su espada quedo pérdida entre los árboles, siendo consciente del inminente final que le deparaba, sonrió con burla y con voz entre cortada dijo
–Yo moriré pero tu mujer, se irá conmigo.
Apretando con gran fuerza su espada Kazuo libro un grito de guerra que podría haberle puesto la piel de gallina hasta al mismo Lord Sseshomaru y con un odio inmenso corto por la mitad el cuerpo al hombre que le había arrebatado el amor de su vida.
La sangre de su enemigo salpico su rostro que parecía nulo de alguna emoción, arrastrando su pies fue hasta su pequeña, que le imploraba desesperada que sanara a su madre moribunda
–No puede hacerse nada –lo susurro mas para él mismo que para su hija.
–¡Eso no es cierto! –le contradijo la pequeña –El lord tetomaru traerá a mama, como en el cuento ¡Hará lo mismo que hizo con su angelito!
–Mei… – ¿Cómo explicarle que ese demonio que tanto admiraba, no era tan bueno? ¿Cómo decirle que tal vez el Lord se negara?
La niña estallo contra su padre, parándose fue hasta él y le pego un fuerte golpe en el estomago, lo más alto a donde ella llegaba con su pequeña estatura.
–¡Me lo pometiste! ¡Me dijiste que llevarías a Oka-san al Oeste y que Mei no debía ocultarse! –Gritaba la pequeña sin dejar de golpear a su padre que mantenía la vista baja –¡Mentiste!
–Princesa
– ¡Los dos mintieron a Mei! –La pequeña cayó de rodillas –Yo no soy un Ángel ¡Soy un monstruo por eso mamase va a morir–grito lo más alto que podía, pero un fuerte golpe fue a parar a su mejilla.
–Oto-san –anonada levanta la vista para ver a su padre con la palma para arriba ¿Le había pegado?
–Puedes decirme que te defraude… Puedes decir ¡Que no fui capaz de cuidarte a ti y tu madre! –gruño el demonio mientras se acercaba a su mujer y se agachaba para abrazarla con fuerza contra su pecho –Pero jamás, ¡Jamás vuelvas a decir esa palabra!
–Papi –sin aguantar más la niña estallo en llanto mientras iba a acurrucarse contra su padre que se mantenía inmóvil, envolviendo a la joven con sus brazos como si esto fuera capaz de traerla a la vida.
–Mi amor –su mano sostuvo la de la Miko viendo como la calidez que la caracterizaba se iba disipando, la estaba perdiendo y por su culpa
Su mujer lo miro con cariño sin siquiera ser capaz de hablar, sentía su poder tratar de luchar contra el veneno que la invadía sin demasiado éxito. A pesar de saber que su final estaba cerca le sonrió a los dos seres que más amaba en el mundo.
Intuía lo que venía y aun así no sabía que decirle, sus palabras quedaron atoradas al ver como su amada aun en ese estado trataba de tranquilizarlo, con una bella sonrisa.
–Yo…
Iba a decirle que la amaba, cuando un aroma lo puso en alerta, sin dudarlo se paro y tomo su espada.
Varios soldados se abrían paso entre los árboles, pero a diferencia de las anteriores veces que cruzo su espada con esos hombres, hoy su líder daba la cara. El Lord Takemaru lideraba a sus hombres que lo rodeaban a él y a su familia sin darle vía de escape.
Con la elegancia y la frialdad que lo caracterizaba, miro a su más leal lacayo totalmente descuartizado sin vida en la tierra.
–Al parecer te subestime kitsuni –hablo fijando sus ojos verdes en los del guerrero. –Igualmente después de acabar con mi barrera, terminar con la vida de ese inepto debió ser sencillo para ti. –Kazuo no respondió ni bajo la guardia en ningún momento, detallando al hombre causante de todo esto.
Takemaru se mostraba impasible y hasta desinteresado en las vidas perdidas de sus soldados. Tan solo eran simple peones en su juego de ajedrez, no le importaba cuántos de esos ineptos murieran, si decían se lo merecían por no ser suficientemente fuerte.
–Pero vengo solidaria –dijo mostrando una pequeña sonrisa de lo mas escalofriante –Arrodíllate ante mí y jura lealtad a mi reino y tus delitos serán perdonados –ordeno fríamente, pero la respuesta para Kazuo era clara, el solo alababa un Lord y ese no era el que estaba enfrente suyo.
–Yo no venero cobardes, ni mucho menos usurpadores de tronos –las facciones del Lord se endurecieron ante la insolencia del demonio, humillado le responde.
–Entonces tu vida llego a su fin
Los soldados enseguida se abalanzaron hacia él pero Kazuo se defendía con gran maestría, su espada junto con el fuego mágico que sacaba a relucir, acabo con más de uno, pero no esperaba un detalle… Al Lord no le gusta perder
Contra todo pronóstico y para sombro de los soldados, el Lord Takemaru intervino en la batalla. Ambos se disputaban no solo la vida, sino como se gobernaría el Reino del Norte.
En Kazuo estaban las esperanza de la gente, que por tanto tiempo se vio a obligada a convivir con el maltrato y terror constante de perder a un ser amado.
Mientras que Takemaru era la imagen del diablo, la fobia que había instalado había no solo conseguido que tuviera gente que lo odiara sino, que también había demonios que compartían su ideal de la sangre pura.
Aunque las habilidades de Kazuo eran impresionantes había algo que diferenciaba a él de Takemaru, y era que su única debilidad quedaba expuesta. Solo hizo falta que unos hombres agarraran a su pequeña, para que él se viera obligado a soltar su espada y ponerse de rodillas.
Takemaru paso su dedo por su labio mirando maravillado la sangre que brotaba de él, sin duda no debía subestimar a ese hombre, era casi tan bueno peleando como su más grande enemigo… El Lord Sseshomaru.
–Te felicito kitsuni, podrías haber sido mi general sin inconveniente
–Antes muerto que servirlo, mi Lord –respondió con firmeza, para luego dejar salir lo último con ironía, enfureciendo aun más al hombre.
Pero este en vez de demostrar su odio, tan solo sonrió con sadismo.
– ¿Entonces porque esperar, no te parece? –le pregunto mientras sus garras eran inundadas de un color verdoso. –Quiero que veas a ese repugnante ser cuando te quiete la vida ¡Mírala! –aparto a sus soldados y el mismo tomo el rostro del maestro obligando a que mirara a su pequeña por última vez.
–¡Oto-san! –grito desesperada Mei no solo perdía a su madre, sino que su padre también tendría el mismo desenlace por su culpa.
–Princesa –La había amado con toda su alma, desde el instante que se entero, de que vendría al mundo, no podía pedirle algo más bello y perfecto a la vida. Su princesa lo era todo para él, aun recordaba su aspecto en luna nueva, idéntica a su madre.
Le hubiese gustado tanto llevarla ante su Ángel, que ella misma fuera testigo de la dulzura que poseía esa mujer. Pero no iba a ser posible, aceptaría su destino mil veces si con eso su niña se salvaba, había jurado protegerla y hoy lo haría, pero no sin antes hacerle saber al mundo entero lo orgulloso que se sentía de ella.
–Princesa no llores mi niña, se fuerte ¿Si?
–¡Oto-san! No –No podía perderlo, no a él. Grito, lloro con todas sus fuerzas, pero esos hombres eran implacables
–Conocí a tu Ángel , Mei , está ansiosa por verte –le hablo con dulzura –Dale una rosa blanca, y sabrá que eres tú.
– ¡No!... ¡Iremos juntos Oto-san, Oka-san vendrá con nosotros y el Lord tetomaru la curara! –vociferaba la niña, provocando que la sonrisa de Takemaru se agrandara aun mas, deleitándose ante tan melancólico escenario
–Se una buena niña, mi princesa de las flores
Kazuo sonrió con tristeza y mirando a su mujer, movió sus labios pronunciando las tan ansiadas palabras, sin necesidad de que ningún sonido escape de sus labios, para hacerse entender.
"Te amo y gracias por ella"
Kaori agonizando, miro a su esposo y con lágrimas en los ojos, le susurro las mismas palabras.
–Suficiente kitsuni, te permití demasiado tiempo, estas demostraciones de afecto me dan asco –expreso con repugnancia Takemaru provocando la sonrisa en su prisionero.
–Llegara el día en que el niño se convierta en hombre y tu reinado de terror acabara entonces… –centrando sus ojos sin miedo alguno en los del Lord, grito –¡Entonces mi hija caminara como un igual entre tus tierras! –y con una fuerza increíble logro librar una de sus manos y hacer lo que le era más valioso que su propia salvación… La seguridad de Mei
–¡Zorro ancestral! –un zorro apareció frente a su amo, y sin que este dijera nada el animal se abalanzo hacia los soldados y libro a la pequeña, montándola en su lomo.
El lord enfurecido se dispuso a matar al kitsuni pero este forcejando logro sujetar su propia espada y sin dudarlo se la clavo en el pecho, poniéndole fin a su vida.
"Si muero, será solamente por el filo de mi propia espada"
–¡Atrápenla! –grito el Lord a sus hombre, al ver como la niña escapaba
Kaori sonrió y con las ultimas fuerza que había estado reuniendo desde que vio al Lord aparecer, miro a su hija y susurro sus últimas palabras.
–Luz… de vida –el collar en el cuello de la infante comenzó a brillar y sin que ella lo entendiera, una barrera se formo el tiempo suficiente para que el zorro se elevara en los cielos y desapareciera con lo más preciado para esta pareja.
–¡Noooo! –la niña se esfumo junto con la bestia, dejando al Lord no solo humillado sino enfurecido.
Mirando el cuerpo del kitsuni, clavo sus garras impregnadas de veneno sin ni siquiera recibir un temblor por parte de este hombre, que se notaba que su vida se había ido de este mundo.
Fue ahí que los cuerpos como testigos, juro que sin importar cuánto le llevara acabara con esa niña… La hibrida del Norte.
_O_O_O_
–¡Nooooo!
Un grito desgarrador corto cualquier calma antes habida en el claro.
Masshiro miraba asombrado a la mujer que se despertaba en sus brazos, con los ojos llenos de lágrimas.
Antes de que pudiera siquiera detenerla, Ángel se levantó y su poder salió a relucir de forma descontrolada contra los árboles.
Víctimas de las llamas azules, enormes pinos caían alrededor de los jóvenes.
Palabras incoherente producto de la angustia salía de los labios de Mei, que sentía como el dolor de su infancia retornaba nuevamente, desquiciándola.
–¡Oka-san, Oto-san! ¡¿POR QUÉ?!
Los ataques no se detenían evidenciando lo que ella hubiera querido hacer, pero la inocencia y pureza de su niñez no le permitieron. Tan sólo pudo mirar, observo el preciso instante en el que el caliente hierro de esa espada atravesaba el pecho de su padre y como su madre moría desangrada en el piso.
Había sido todo su culpa, la sangre que recorría sus venas atándola a este mundo, se encontraba maldita. Cada respiro que daba, cada latido suyo era impuro, algo que no debía existir... Un monstruo. Si tan sólo hubiese sido más fuerte, si no hubiese actuado de forma imprudente cuando su madre le pidió que se escondiera, tal vez ella no hubiese sido atacada por protegerla y habrían logrado escapar.
Pero no fue así, los perdió de la forma más sádica y terrible. El último mensaje de su padre quedaría eternamente grabado en su cabeza.
Unos brazos la detuvieron de repente impidiendo que otro ataque fuera expulsado.
–Suéltame maldito ¡Déjame, fue mi culpa, mi culpa!
Ni siquiera reparó a quien le hablaba, ni mucho menos en como las marcas rojas que se asomaban en sus brazos al insistir en escaparse de ese agarre, adornaban su piel.
No fue sino hasta que Masshiro de un movimiento brusco la dio vuelta, logrando que se vieran a los ojos que pareció reaccionar.
Hechizado ante esos témpanos de hielo, que ahora los inundaba el desconcierto y preocupación, estalló en un llanto sin fin.
Se dejó abrazar buscando consuelo en el hombre, que en sueños la salvaba una y otra vez de ese monstruo.
–Fue él... él me los robo y yo... yo –decía con voz entrecortada.
–Shh no digas nada
No era momento de respuestas, no cuando tenía a la mujer que amaba tan destruida en sus brazos. Tratando de dejar de lado las preguntas ante lo sucedido, se mantuvo acariciando con delicadeza esa larga cabellera violeta.
Fueron segundos que le parecieron años a la ojiazul que se dejaba ver vulnerable por primera vez ante el príncipe, ya ni siquiera siendo ángel sino sólo Mei.
La misma hermosa medio demonio que cargaba en sus hombros un pasado lleno de tristezas y golpes ocultos bajo una sonrisa.
Más calmada levanta su rostro pero sin atreverse a desaparecer la distancia entre ellos, temerosa de que la valentía reunida para decirle todo se esfumara.
–Quiero que me acompañe a un lugar –susurro no muy alto pero lo suficiente para que el hanyou escuchará
–Llévame –y tomándose ambos de la mano se esfumaron en cuestión de segundos
_O_O_O_
El viento azotó sus rostros como si se tratará de una suave brisa.
Masshiro examinaba el bosque en donde se encontraban, en busca de alguna amenaza, pero nada. Sólo el silencio mismo y una peculiar energía, habitaba aquella tierra. Si no estuviera tan confundido por todo lo sucedido, estaría seguro que aquellas tierras quedaban vestigios de energía espiritual... Una sacerdotisa.
–Dijo que quería saber –susurro para luego darse vuelta y encarar al príncipe –¿Realmente quiere saber todo? No es una historia muy bonita, príncipe Masshiro
–Ya basta de mentiras, Ángel
La mujer dejó ver una pequeña sonrisa en sus labios para luego enfocar su vista hacia el frente.
–Mei, mi nombre es Mei, joven príncipe.
–Mei –repitió Masshiro.
Una ola de calidez rodeó el corazón de la joven al escuchar finalmente su nombre dicho por esa voz tan cálida y fría a la vez. Y por unos segundos, se olvidó de lo que ese lugar donde estaban, representaba. Como deseaba que las circunstancias fueran diferentes pero nada podía cambiarse además, ella también estaba cansada de mentir.
–Puede sentirlo ¿verdad? La energía espiritual.
–Un campo de protección –respondió con seguridad el ojidorado.
–Aquí mismo fue el hogar de una pequeña familia, la madre era una sacerdotisa y por las noches cuando su pequeña hija dormía, salía y levantaba una barrera para detener al monstruo que los amenazaba.
–¿A qué te refieres? ¿Qué monstruo?
Pero Meo ni se molesto en responder las preguntas del heredero y continuó contando, siendo invadida por los recuerdos de sus progenitores.
–El padre se iba a los límites de las tierras del Norte, ahí existía una barrera que dividía este reino con el Oeste, se decía que esa barrera fue puesta por el Lord Sesshomaru al momento en que su primogénito nació y así resguardar de cualquier riesgo a su familia -Mei se da vuelta y mira al hanyou fijamente -Lo que el Lord no sabía es que al alzar esa barrera el infierno se desataria para millones de familias, que como él, tenían hijos hanyou.
–Angel
La mujer cerró sus ojos un momento permitiendo que una suave luz adornada sus manos y con estas, tocó con delicadeza lo que parecía una pared transparente, permitiendo que está se esfumara dejando a la vista los escombros de lo que parecía una pequeña cabaña.
El olfato de Masshiro fue invadido por el característico aroma a madera quemada, haciendo evidente la causa del derrumbe. Sus ojos examinaron el lugar hasta recaer en algo que se mantenía protegido entre las maderas, agachándose toma entre sus manos una pequeña muñeca de trapo.
Mei mira con ternura al objeto y continúa.
–Una sacerdotisa y un kitsuni se enamoraron profundamente y años después dieron a luz a su única hija, una hanyou –Mei acerca hasta el príncipe y con cuidado de no romperla toma su muñeca de las manos del joven
–El Lord Takemaru enloqueció al ver que no sería capaz de acercase al nuevo heredero del Oeste y hacerse poseedor de esas tierras por eso sacio su odio contra ellos. -acaricia la tela entre sus manos en un intento de darse valor para continuar –Miles fueron las familias que decayeron ante él tratando de pasar la barrera y buscar la ayuda de su padre. Pero esa barrera era inquebrantable, además siempre estaba vigilada
–No entiendo, esa barrera ya no está ¿Si dices que es tan poderosa, quien la destruyó? -cuestiono confuso mientras la mujer le devolvía la muñeca.
–Increíble lo que en uno puede provocar el amor ¿No lo cree príncipe? –el joven no respondió, atento a cada palabra que salía de los labios de esa mujer –El nombre del guerrero era Kazuo, el dejaba a su esposa e hija acá y por meses vigilo la barrera tratándole de encontrar una salida para el otro lado.
–Dijiste que era un Kitsuni ¿No? Entonces porque no se transportó como vos
–No iba a dejar a su familia, la barrera lo repelaría y los soldados lo verían
Había escuchado la historia de su padre infinidad de veces, el cómo destruyo la barrera se convirtió en una leyenda para todos los habitantes de los cuatro reinos. Sólo así y con cosas que le fue diciendo la Lady fue capaz de entender todo lo que le habían ocultado sus padres intentando protegerla.
–Llego el día y se enfrentó al general del Lord, dicen que no soltó su espada en ningún momento y a pesar de que el demonio invocó una serpiente, él continuo luchando por... –trato de que no se le quebrada la voz pero le fue imposible al momento de decir lo último –Por su familia
–Angel...
–Cuentan que en un descuido del general, Kazuo-san arremetió contra la barrera pero el poder era tanto que trato de purificarlo y obtuvo heridas tan grandes que no se puede creer que no se haya desmayado y entonces...
–¿Entonces? -pregunto al ver que los segundos pasaban y la mujer no respondía
–Grito el nombre de su hija –sintió como las lágrimas se asomaban en sus ojos
–¡Grito su nombre tan fuerte que dicen que llegó a escucharse en todo el reino y obtuvo la fuerza la necesaria para destruirla! Por ella... por ella soporto el dolor
–¿Cómo se llamaba? ¿La niña como se llamaba? –algo le decía que la respuesta estaba enfrente suyo pero necesitaba oírlo de ella.
Mei dejo ver una pequeña sonrisa en su rostro y dándose vuelta mira al hombre dejando en evidencia en como las lágrimas se deslizaban por su máscara –No puedo mentir ¿Verdad?... No a ellos, no acá –dijo tratando de sonreír sin éxito.
Quería consolarla, deseaba abrazarla y decirle que permaneciendo a su lado nada le pasaría jamás, él la cuidaría pero, no podía salvarla de sus recuerdos
–Mei, esa niña
–Me encontraste perrito, al fin me encontraste
Continuara…
Hola mis queridos lectores, soy mena y he venido a ustedes con un nuevo capítulo de "Una simple doncella".
Hola mis queridos lectores, ¿Como la han pasado? Me alegro volver a ustedes con un nuevo capítulo de esta hermosa novela.
Les digo que este capítulo me costó horrores, eran las tres de la mañana y yo estaba sin bañarme, contracturada y llorando, movía mis manos por el teclado de la computadora. No es para nada bello matar a tus personajes, pero en esta novela era de vital importancia ya que marcaba una nueva vida en Mei, haciéndola la que hoy conocemos.
Y llegamos a una etapa importante hasta yo estoy saltando de la alegría, ¡Mei dijo la verdad! O mejor dicho dijo casi toda la verdad, recuerden que nuestro amado perrito no sabe que ella es una sirvienta a las órdenes de su madre.
Bueno estoy ansiosa por saber sus opiniones, así que no escribo mas y les cedo el poder a ustedes, mis amadas lectoras.
AGRADECIMIENTOS ENORMES A…
Alambrita
Perls01
Laura
Elizabeth
Lirio… (Mi querida lirio no vas a creerme lo que sucedió, encontré una usuaria en Facebook con tu mismo nombre, al parecer hay varios lirios en el jardín XD, le termine hablando para sacarme la duda y a la chica luego de decirme que me equivocaba en mi busquedad, termino leyendo mi historias)
Y a todos los lectores fantasmitas que disfrutan de esta humilde historia tanto como yo.
¡Sorpresa!
Si mis queridos lectores por haber tardado no solo hice un capitulo que resulto tan largo como el primero (para compensar el tiempo perdido) sino que también escribí un pequeño cuento en "Esta soy yo, una novata escritora" en donde nuestras nos mostraran una nueva faceta en ellos ;)
Saludos, nos leemos pronto… Mena
PD=Si me olvido algún nombre en los agradecimientos, háganmelo saber para que en siguiente capítulo les de agradezca como se deben
Contacto= Mena123, fanfiction – MenaJ Wattpad – Condesa, Amino – Mena en facebook integrante del grupo Elixir Plateado.
