Epílogo

Estaremos Juntos por Siempre

Una potente luz blanca intentaba colarse por mis párpados. Abrí los ojos y me encontré en un sitio totalmente blanco. Flotando en el aire podía verse el código binario del Mundo Digital. Aunque sentía el suelo bajo mi cuerpo, era imposible ver dónde terminaban las paredes o dónde estaba el techo. Me incorporé, todo mi cuerpo dolía demasiado. Busqué mi Xros Loader y me llevé la peor sorpresa de la vida al ver que la pantalla se había roto en dos. Intenté recargar a Cheepmon pero fue inútil.

Había muerto, Kiyoshi me había asesinado.

Angustiada y aterrada, me levanté tan rápido como mis piernas temblorosas me lo permitieron. Mi espalda era la parte de mi cuerpo que más resentía la batalla acontecida en los Firewalls. Miré en todas direcciones intentando encontrar una forma de salir de aquél sitio. Un camino, una puerta, un portal. Cualquier cosa.

Comencé a caminar sin rumbo, llevaba aún mi Xros Loader en la mano aunque ya había dejado de funcionar. Mis pasos resonaban en todo el sitio con un molesto eco. Era ese el único sonido que me acompañaba además de mi agitada respiración. No quería creer que realmente estaba pasando, que realmente había perdido el juego sádico de Satanmon y me encontraba yo sola en aquél sitio mientras Kiyoshi seguramente estaba ya en casa. ¿Su Digimon habría sobrevivido? ¿Y qué había pasado con Cheepmon?

—Umiko…

Me giré al escuchar esa voz pero no había nadie a mis espaldas. Supuse que no era más que una ilusión que mi subconsciente había creado. Tenía que convencerme a mí misma de que jamás volvería a escuchar su voz aguda. Sentí entonces el nudo formarse en mi garganta y caí de bruces abrazándome a mí misma. De pronto me encontré llorando desconsoladamente, mis lágrimas caían sobre el suelo y resbalaban por mis mejillas.

Jamás me habría imaginado que morir se sentiría de esa manera.

Mi cuerpo seguía aullando de dolor, mi corazón seguía herido tras descubrir que Kai había sido el responsable de aquella masacre. Abrí entonces los ojos y frente a mí, a medio kilómetro de distancia, apareció él.

Kiyoshi se materializó, estaba inconsciente y su Xros Loader yacía a pocos metros de él.

Me levanté de nuevo y me acerqué con pasos torpes. Tuve que hacer un gran esfuerzo para dejar de llorar aunque me era casi imposible. Al menos me sentía contenta al saber que también él había muerto.

Rogué para mis adentros que no tuviéramos que volver a pelear en ese nuevo escenario.

Casi como si sintiera mi presencia, Kiyoshi emitió un quejido y se incorporó lentamente.

Me detuve en seco y nos miramos fijamente por un segundo. El silencio sepulcral que nos rodeaba me hacía sentir asfixiada.

— ¿Se terminó? —me preguntó y yo me limité a asentir aunque realmente no estaba convencida.

Tenía que terminar, ya no teníamos ningún Digimon para pelear uno contra otro. Lo vi intentar controlarse antes de romper en llanto de la misma forma que yo había hecho. Todavía tenía marcados en la mejilla los tres profundos rasguños que yo le había causado.

—Umiko…

Volví a escuchar su voz. Me congelé cuando vi la expresión de horror que Kiyoshi esbozaba. Miraba a un punto detrás de mí y retrocedía con torpeza hasta que cayó de espaldas y comenzó a arrastrarse.

—Vete… —le suplicaba a lo que fuera que estuviera viendo—. Vete…

Me giré y por fin pude verla.

Baja estatura, cabello castaño, ojos marrones anegados en lágrimas, la inocencia en su más pura expresión, una profunda herida sangrante en el estómago.

Mirai Minamoto.

No me atreví a acercarme a ella y parecía que Mirai también tenía miedo de nosotros. Se abrazaba a sí misma y miraba a Kiyoshi con el mismo temor que una hija le tendría a un padre violento. La vi retroceder un paso cuando Kiyoshi consiguió levantarse. Una lágrima cayó en el suelo y ella sollozó.

—Mirai —dije para llamar su atención.

Me miró y esbozó una triste sonrisa antes de lanzarse sobre mí para envolverme en un fuerte abrazo. Respondí su gesto y la estrujé con fuerza, ella ahogaba sus sollozos contra mi pecho. Al pasar mis manos por su espalda pude ver que se manchaban se sangre fresca.

Así había muerto, una de las púas la había atravesado.

Sentí entonces una punzada de dolor en el lado izquierdo de mi cabeza y comprendí que eso era lo que me había matado a mí. ¿Se vería muy mal? ¿Mi cráneo conservaba aún su forma?

—Umiko… —decía Mirai con voz trémula. Se separó de mí y me miró aún más angustiada—. Tu corazón… Tu corazón no late…

Pues claro que no latía. Estaba muerta después de todo. Mirai se horrorizó cuando vio la sangre en el lado izquierdo de mi cabeza y retrocedió un paso. Miró entonces a Kiyoshi y la vi con intenciones de salir corriendo para escapar.

—Nuestros corazones se detuvieron tras la última explosión —me explicó Kiyoshi, supe que intentaba hacer todo lo posible para no mirar a Mirai—. Tú ya estabas casi inconsciente, de repente comenzaste a retorcerte y dejaste de moverte. Yo sufrí un ataque poco después.

Así que por eso no latía mi corazón. Esa había sido la causa de mi muerte. Asentí y de pronto sentí tanto frío que tuve que volver a abrazarme a mí misma.

—Supongo que ninguno podrá volver a casa —dijo entonces Mirai y volvió a romper en llanto—. No quiero quedarme aquí… —sollozaba—. Estuve sola todo éste tiempo…

Volví a abrazarla y ella volvió a hundir el rostro en mi pecho. Sentía sus lágrimas mojar la tela de mi camiseta roja.

—Me duele mucho… —decía Mirai y supe que se refería a su profunda herida—. Umiko, me dolía mucho… Y tú no fuiste por mí…

Me partió el corazón escuchar aquello. Miré a Kiyoshi, él también lloraba silenciosamente. Era una fiesta de llanto.

— ¿Porqué no fuiste por mí…? —Me preguntó Mirai—. ¿Por qué no detuviste a Nagiza…?

Fue entonces que la culpa había sido mía por no haberla defendido mejor. Me limité a abrazarla con más fuerza. Sentí sus pequeñas manos estrujando mi adolorida espalda. Kiyoshi se acercó a nosotras y como si yo fuera invisible, se dirigió únicamente a Mirai diciendo con su voz quebradiza:

—Lo lamento… Minamoto… Yo no quería lastimarte…

Mirai se separó de mí y lo miró con esos ojos marrones que seguían destilando lágrimas sin parar. Creí que lo golpearía pero no fue así. Estiró una de sus pequeñas manos para estrechar la mano de Kiyoshi y le dedicó una triste sonrisa. Kiyoshi estalló en un sollozo y Mirai volvió a abrazarme. Me pareció de lo más tierno que lo hubiera perdonado luego de provocarle tanto dolor. Sus heridas seguían destilando sangre. En ese momento deseé que ella hubiera ganado el juego.

—No quiero quedarme sola —dijo contra mi pecho, su llanto iba menguando y no soltaba la mano de Kiyoshi—. Tengo miedo de quedarme sola.

—No temas —le dijo Kiyoshi y enjugó sus lágrimas con su mano libre—. Vamos a buscar a los demás y estaremos bien —propuso.

Mirai me miró como si esperara que yo le explicara lo que Kiyoshi quería decir. Asentí y sentí una última lágrima recorrer mi mejilla.

—Estaremos juntos, Mirai —le aseguré—. Juntos para siempre.

FIN