Maes corría a casa muy emocionado aquella tarde, dando brincos de alegría mientras atravesaba las interminables calles hasta su hogar, sintiéndose como el hombre más feliz del mundo y sin que nada pudiera hacerlo enojar. Definitivamente todo era perfecto y nada lo haría cambiar de parecer al respecto, ni siquiera la expresión de enojo de su mejor amigo y entonces coronel Mustang, quien prácticamente debió echarlo de su oficina porque interrumpía su trabajo con todos sus gritos.
Maes: -entra a una florería- Deme un ramo de sus mejores rosas blancas por favor
La mujer que atendía aquella humilde tienda le dio a aquel hombre lo que pidió, sonriendo también al verlo a él así de feliz. Una vez entregado, olió sus delicados pétalos y se fue tras dejar el dinero en el mostrador y emitir un alegre "guarde el cambio" a la vendedora.
Ahora debió correr un poco más lento para no estropear el regalo que llevaba para su amada, pero de todos modos no perdió el tiempo, y una vez que estuvo en la puerta de su casa entró apresurado por la puerta, y vio a su adorada esposa en la cocina preparando la cena para cuando él llegara, aunque al verlo se sorprendió, ya que no esperaba verlo en casa tan temprano, pero de todos modos le sonrió con amor.
Gracia: Querido, llegas temprano, no te esperaba en casa hasta la noche
Maes: -la abraza- Olvida eso, toma, un regalo para la mujer más maravillosa del mundo –le da las flores-
Gracia: -las toma- ¿Eh? Pero querido, no es nuestro aniversario, tampoco mi cumpleaños, ¿qué celebramos?
Maes: -la toma en sus brazos- Que una vez más me harás el hombre más feliz del mundo. Me llamó tu doctor y me contó la gran noticia
Gracia (sonrojada): ¿De verdad? Es una lástima, esperaba decírtelo yo misma esta noche
Maes: No importa, es lo más maravilloso que pudieron haberme dicho hoy, ¿ya sabes cuánto tienes de embarazo? –la baja-
Gracia: -pone las flores en agua- Pues el doctor dice que debo tener entre cuatro y seis semanas
Maes: Es genial, eso me da unos ocho meses completos para poder mimarte y cuidarte como te mereces, de hecho, ¿por qué no me dejas hacer la cena por ti?
Gracia: -se ríe- Aún recuerdo lo que pasó la última vez que cocinaste
Maes: Vamos, dame una oportunidad, solo lo mejor para mi esposa y nuestro bebé por nacer. Iré a cambiarme y vuelvo de inmediato –se va-
Lo último que Maes oyó antes de ir a la habitación de ambos fue la risa divertida de su esposa, la cual era para él el sonido más hermoso y dulce del mundo, y una de las cosas que más amaba de ella. Aunque lo haya dicho un millón de veces ya, no podía evitar sentirse como el hombre más afortunado del mundo cuando ambos estaban juntos, compartiendo algo tan simple como una cena los dos solos… y en menos de un año ya no estarían solo ellos dos. Un nuevo integrante se sumaría a su pequeña familia, y él ya no podía esperar por verlo llegar.
A eso de las siete ambos comieron a la luz de las velas en una velada muy romántica y especial, ¿y cómo no iban a tener motivos para celebrar? El futuro se veía prometedor y brillante para ambos y nada les iba a poder robar aquella felicidad que sentían… ni siquiera la comida quemada que Maes había preparado.
Maes: Oh, por cierto querida, tengo otro regalo para ti además de las flores –busca en su bolsillo-
Gracia: -rie de nuevo- Espero que no vayas a decirme que quieres preparar también el desayuno
Maes: Mucho mejor que eso –saca una caja rectangular de su chaqueta- Toma, es para ti –se lo entrega-
Gracia: ¿Y qué es?
Maes: Debes abrirlo para saber
Al quitar la tapa, Gracia se encontró con el collar de plata más hermoso del mundo, el cual tenía un hermoso colgante con algunas joyas rojas incrustadas. Al tomarlo, no supo qué decir.
Gracia (sorprendida): Querido… es bellísimo, pero… ¿no crees que es demasiado? Realmente no tenías que hacerlo
Maes: No solo es hermoso, sino que muy útil, ábrelo
Al abrir el colgante que venía con el collar, vio que éste tenía dentro una fotografía pequeña, donde posaban ellos dos el día de su boda, cuando acababan de salir de la iglesia como recién casados. Había un espacio vacío junto a ésta, donde cabía una segunda foto.
Maes: -acaricia sus manos- La primera foto es para que siempre recuerdes el día más feliz de nuestra vida, y cuando nazca nuestro bebé pondremos otra en donde posemos los tres juntos
Gracia (llorando): -lo abraza- Es lo más hermoso que me hayas dado… gracias mi amor
Maes: -la abraza de vuelta- No hay porqué
El homúnculo ya no soportaba esas horribles jaquecas. Los recuerdos le llegaban a la mente uno tras otro y con tal nitidez que sentía que en cualquier momento acabaría volviéndose loco. Tuvo que sostener su cabeza para tratar de aguantar un poco el dolor, pero no tenía caso, y a cada paso que retrocedía, Edward avanzaba otros dos, demostrando que estaba más que dispuesto a acabar con él.
Las cosas no se veían nada bien, pero no iba a dejarse vencer por un simple humano, no sin dar pelea.
Maes (con una mueca de dolor): ¿Crees que esa baratija es suficiente para aniquilarme Edward?
Elicia: -va con él- ¡No vamos a permitir que sigas viviendo! ¡Ya has causado suficiente daño!
Maes: -cae de rodillas al suelo- Elicia… cariño… ¿cómo puedes decir una cosa así? Soy tu padre… y te amo
La chica sintió una punzada de culpa llegarle directo al corazón cuando escuchó eso, pero se apoyó en su maestro y en todo lo que éste le había dicho antes, y no se dejó manipular por aquel monstruo.
Elicia (furiosa): ¡Tú no eres mi padre! ¡Mi padre… él murió hace muchos años y te creé para poder verlo de nuevo! Pero hace mucho entendí que eso es imposible… no hay modo de traer de vuelta a la vida a alguien que ha muerto –le cae una lágrima y voltea la mirada-
Maes: -se pone de pie- Pero nada te impide intentarlo cariño, y de hecho ya lo hiciste… yo soy el resultado de tus más fuertes deseos, de volver a tener una familia como la de antes, de poder ver destruido al ejército que te quitó a tu padre, de hacer que todo volviera a ser como siempre debió ser... ¿Por qué no me das una oportunidad?
El homúnculo miraba a Elicia con una sonrisa insana mientras decía todo eso, pero era inútil tratar de engañarla a ella o a sus maestros, quienes se aseguraron de protegerla para que esa cosa no se le acercara, mientras que Edward sostenía con fuerza el relicario de plata en su mano, tratando de no hacer ningún movimiento brusco.
La chica ya estaba harta de todo eso, de los engaños, de las mentiras, de todo ese sufrimiento por el que su país estaba pasando, y todo por su propia culpa y por culpa de esa cosa de la cual ella había sido responsable de traer al mundo. Su enojo fue tan grande y sentía tanto asco de que el homúnculo aún intentara manipularla que simplemente le quitó el relicario de su madre a Edward y se lo lanzó directo a la cara al monstruo delante de ella, todo mientras sus dos maestros miraban la escena atónitos.
La cadena de plata del relicario se enredó en una de sus muñecas, mientras que el compartimiento se abrió, dejando ver ambas fotografías y dejando caer el mechón de cabello negro que estaba en su interior. El efecto no tardó mucho en aparecer, y el homúnculo comenzó a sentirse realmente mal, se agarró la garganta mientras hacía una mueca horrible y desencajada de puro sufrimiento, para luego jalarse de su propio cabello y comenzar a convulsionar violentamente.
Edward: Elicia, no mires –la abraza contra él-
La chica se aferró a su maestro y no levantó la vista por nada del mundo, esperando a que todo terminara de una vez. Pudo escuchar sin embargo cómo aquella criatura parecía estar vomitando, cosa que ambos hermanos pudieron ver. De su boca salían una tras otra una enorme cantidad de piedras rojas, mismas que fueron responsables de darle su aspecto humano, y que ahora simplemente se deshacían, dejando un enorme charco de agua parecida a la sangre por todos lados, mientras que el homúnculo de a poco recuperaba su forma original, dejando atrás el rostro y la voz de Maes Hughes y volviendo a ser la criatura deforme y horrible que Elicia vio nacer.
Ella finalmente no pudo resistir más la duda y abrió de nuevo los ojos, encontrándose con la imagen más horrible que hubiera visto en su vida, pero de cualquier modo no volvió a cerrarlos, debido a la impresión que sentía, y porque necesitaba terminar finalmente de convencerse de que aquella criatura no era su padre, que jamás lo había sido, y que eso era en verdad lo que ella había traido al mundo.
El homúnculo mostró de nuevo aquel rostro y cuerpo deformes, con extremidades tan malformadas que no fue capaz de seguir erguido, lo que lo hizo terminar en el suelo otra vez. Su voz era de nuevo solo sonidos guturales incomprensibles que difícilmente eran humanos, y no tardó mucho más para que su sistema completo finalmente colapsara, derritiéndose y dejando tras de sí un charco de esa agua roja, mezclada con restos de su cuerpo, que en poco tiempo ya no serían más que polvo.
Cuando todo acabó, el lugar quedó en silencio otra vez. El peligro finalmente había pasado y todos ahí pudieron volver a respirar tranquilos, aunque realmente aterrados luego de lo que habían tenido que ver. El guardia herido que aún permanecía conciente incluso había olvidado su dolor por un momento al ver el valor que ambos hermanos y la chica habían mostrado al hacerle frente a aquel monstruo.
Elicia se separó de Edward por un momento y fue hasta donde el homúnculo había estado de pie míseros minutos atrás, no pudieron creer que finalmente éste había sido aniquilado, dejando entre sus restos el relicario de plata que su padre, su verdadero padre, le había entregado a su madre hacía tantos años. Lo tomó con cuidado y lo limpió, pudiendo ver de nuevo aquellas fotografías familiares que significaban tanto para ella. El mechón de cabello de Maes por fortuna no había tocado aquella horrible sustancia roja, así que lo tomó y volvió a colocarlo dentro del colgante, cerrándolo y poniéndolo contra su pecho de manera nostálgica, sin sonreír, pero a la vez sin llorar, solo queriendo tener a su padre con ella de una forma que pudiera atesorar siempre, dándole las gracias por haberle dado la fuerza para enfrentar a ese monstruo, y por no haberle permitido que se rindiera aun cuando las cosas parecían ponerse cada vez peor y más trágicas.
Pero aún había mucho por hacer, y eso lo recordó una vez que sintió la mano de su maestro sobre su hombro, avisándole que ya debían irse, puesto que debían salir de ahí y ayudar a ambos militares heridos.
Guardia: Yo puedo caminar, por favor ayuden a mi compañero
Alphonse y Edward cargaron al hombre de uniforme y así los cinco finalmente salieron de ahí. Una vez afuera, los mismos soldados que los habían recibido vieron llegar a ambos compañeros heridos y no tardaron en auxiliarlos, les dieron las gracias y se dispusieron a llevarlos a la enfermería, pero antes el alquimista de acero debía decirles algo importante.
Edward: Infórmenle al Führer Mustang que el homúnculo está muerto, pero está vez definitivamente
Ambos hombres de uniforme negro no podían creer lo que escuchaban, así que mientras uno de ellos prestaba ayuda a sus compañeros heridos el otro se encargó de llamar por radio al Führer.
Mustang, quien aún se encontraba en el mismo lugar guiando a los hombres que vigilaban el perímetro que habían establecido alrededor del cuartel, se detuvo al escuchar sonar el radio de comunicación que habían llevado con ellos. Se acercó al aparato y contestó de inmediato, suponiendo que se trataba de que tenía que oír.
Roy (con los audífonos): Aquí Mustang, más le vale que sea importante, no necesito perder más tiempo y hay mucho que…
Soldado (inquieto): Perdone que lo interrumpa señor, pero me encuentro con el alquimista de acero
Roy: ¿Ocurrió algo? ¿La hija de Hughes está bien? ¡Hable ya maldición!
Soldado: Es el homúnculo señor… está muerto… los Elric lo lograron señor
Roy (sorprendido): ¿Qué? ¿Están completamente seguros?
El hombre del otro lado de la línea quiso responderle, pero hubo un sonido parecido a un forcejeo que duró unos segundos y lo que parecía ser la voz de Edward diciendo algo como "dame eso idiota", para luego comenzar a hablar él.
Edward: Más te vale creerlo, así que ponme en el altavoz, quiero gritárselo a todo el mundo ahora mismo
Roy hizo lo que el alquimista le pidió, puso el altavoz a todo volumen y acercó a la teniente y a varios de sus hombres para que escucharan la noticia, ya que aún no podían creerlo.
Edward: El homúnculo ha muerto, el país está a salvo de nuevo
La disciplina y el orden se fueron completamente al diablo al momento de escuchar eso. Se podían escuchar gritos de alegría inundar el ambiente mientras los soldados tiraban sus armas y sus boinas al aire en señal de celebración. El mismo Führer no podía creer lo que acababa de oír, su mente pareció desconectarse del mundo real por un segundo antes de volver a funcionar, pero una vez asimilada la noticia le dio las gracias a Edward y cortó la comunicación otra vez. Se sentó y comenzó a secarse el sudor de la cara, mientras sus hombres continuaban celebrando, y entonces fue consciente del desorden a su alrededor.
Roy: -se pone de pie- ¡Atención!
Los soldados se congelaron al momento de escuchar aquello, dejando la celebración a un lado y retomando su papel como miembros del ejército, aunque más de alguno no lograba disimular del todo su sonrisa.
Roy: No es momento para alegrarse ni mucho menos para actuar de manera tan indisciplinada, la amenaza del homúnculo podrá haber sido erradicada, pero aún queda mucho por hacer y tenemos que ponernos a trabajar. Los quiero a todos en la entrada del cuartel lo antes posible, si es verdad que esa cosa finalmente está muerta quiero pruebas de ello, tráiganme evidencia que puedan encontrar, tomen fotografías y preséntenmelas en no más de una hora. ¿Está claro? ¡Ahora largo de aquí!
Los hombres no perdieron más tiempo y fueron directo hasta donde su Führer les ordenó, y una vez solo otra vez, pudo hablar tranquilamente con la teniente.
Roy: No puedo creer que finalmente haya acabado todo
Riza: No del todo señor –mira al frente-, ese monstruo dejó mucha destrucción a su paso, muchos inocentes perdieron la vida y el país podría tardar mucho en recuperarse
Roy: No hablo de eso teniente
Riza: -lo piensa un momento, luego sonríe- Lo suponía señor
Roy: Sin embargo, pensé en lo que me dijo… tiene razón, permití que mis emociones me controlaran y no pensé con claridad, debí haber hecho lo que fuera necesario para acabar yo mismo con ese monstruo, en vez de haber puesto en peligro a más gente
Riza: -hace una pausa- No debe seguir culpándose por eso señor, el país lo necesita ahora más que nunca y debe ser fuerte. ¿Ya sabe qué es lo que hará ahora?
El Führer lo meditó seriamente, lo próximo a hacer era remover de la escena los restos del homúnculo, los cuales quedarían almacenados en un sitio confidencial, para evitar que fueran robados por gente morbosa o incluso por enemigos de Amestris para intentar traerlo de vuelta a la vida. El calabozo del cuartel fue cerrado por todos lados, no permitiendo que entrara ninguna persona ajena al ejército sin presentar una identificación. Los hermanos Elric y Elicia en tanto, iban a ser escoltados de regreso a la ciudad, para que la chica pudiera tratar sus heridas en el hospital, las cuales no habían tenido tiempo de sanar debido a todo lo ocurrido, además necesitaba descanso y comer bien si es que quería recuperarse como era debido.
Sin embargo, antes de poder siquiera llegar a destino, Roy se encontró con los tres tras haber llegado en auto hasta el lugar, ordenando a sus soldados que no los dejaran irse todavía. Su semblante era muy serio, más de lo usual, y eso alertó a ambos hermanos.
Edward: Mustang, ¿qué ocurre? No era necesario que vinieras, ya todo está controlado aquí
Roy: Ya lo sé Acero, eso no es lo que me trae por aquí. Ahora que se encargaron del homúnculo hay un asunto que necesito tratar con Elicia Hughes
Alphonse: Roy… es decir Führer… disculpe pero Elicia no se encuentra bien y debemos llevárnosla para que pueda descansar
Roy: Lo entiendo, por eso debo pedirles que ustedes regresen solos, Elicia vendrá conmigo
Edward: ¿Qué? ¿Por qué?
El Führer no dijo más, simplemente hizo sonar sus dedos, y en cosa de un segundo tres soldados de uniforme negro rodearon a la chica, alejándola de sus maestros y esposándola, muy para horror de ambos Elric y de ella, quienes no pudieron decir nada para evitar eso.
Roy: Elicia Hughes, quedas bajo arresto por haber practicado una transmutación humana, por la destrucción casi completa de la ciudad y por la muerte de docenas de inocentes tanto civiles como militares
Edward (furioso): ¡¿Qué demonios creen que hacen?! –los golpea- ¡Mustang, más te vale tener una explicación para esto!
Roy: ¡No te metas en esto Acero, o haré que te arresten a ti también!
Edward: -intenta golpearlo- ¡No dejaré que encarceles a mi alumna!
Roy: ¡Deténganlo!
Otros dos soldados prácticamente se lanzaron sobre Edward para evitar que impidiera el arresto, para luego tener que hacer lo mismo con Alphonse, quien intentó defender a su hermano, pero sin éxito. Elicia entonces vio cómo sus maestros intentaron salvarla, y decidió no luchar, simplemente permitió que los uniformados se la llevaran sin decir más. Estaba cansada, completamente exhausta, y no quería causar más problemas que aquellos de los que ya era culpable.
Elicia (siendo llevada por los soldados): ¡Ed, Al! ¡No se preocupen por mí, estaré bien!
Edward: ¡No! ¡Elicia!
Una vez que la chica estuvo fuera de la vista de sus maestros, el mayor de ambos pareció querer dejar completamente de luchar, y al ver esto los soldados lo soltaron, viendo cómo caía al suelo con el rostro pálido. Su hermano menor fue en su ayuda, intentando consolarlo, aun cuando él se sentía igualmente mal que Edward.
Para cuando el auto se alejó hasta finalmente desaparecer, Edward se lanzó contra Roy, queriendo golpearlo, hacerlo trizas, incluso matarlo. Sus hombres intentaron detenerlo otra vez, pero el Führer les hizo una señal para que no hicieran nada, simplemente sujetó al alquimista con fuerza para evadir sus golpes y esperó porque se tranquilizara.
Edward: ¡Desgraciado! ¡No se suponía que harías esto! –le lanza un puñetazo-
Roy: -detiene el golpe- ¡Acero, ya basta! Escucha bien, yo jamás dije que no iba a arrestar a Elicia, lo que hizo sigue siendo un crimen, y lo que es peor, causó la pérdida de muchas vidas y un daño casi irreparable al país entero, como alquimista estatal no estás para cuestionar lo que dicen tus superiores, estás para obedecer y para usar tu alquimia para el bien de Amestris
Edward: -se suelta- Pues si ese es el caso… -le da su reloj- Renuncio a ese estúpido título, me niego a seguir siendo un perro de los militares… ¡anda, tómalo!
Alphonse: Hermano detente por favor…
Roy: -lo toma- Estás cometiendo un terrible error Acero
Edward: No me importa lo que digas Mustang, debí haber dejado de obedecerte hace mucho tiempo, y quieras o no, pienso salvar a mi alumna
Roy: ¿Para qué? ¿Para que vuelva a cometer una locura como esta otra vez? Soy el Führer, y no voy a dejar que ella o tú pongan en peligro al país de nuevo… lo que me recuerda, ya que renunciaste a ser un alquimista estatal, eso te convierte otra vez en civil, y levantarle la voz al Führer es un delito muy serio –truena los dedos de nuevo- Sáquenlo de mi vista
Los mismos hombres de antes sujetaron fuertemente a Edward para llevárselo de ahí, todo mientras lanzaba patadas y golpes hacia todos lados, intentando soltarse, pero no había caso, todo mientras Alphonse gritaba desesperado, queriendo ir tras su hermano.
Roy: -lo detiene- Ni siquiera lo intentes Alphonse, si impides que se lo lleven podemos arrestarte también, te lo estoy advirtiendo
Alphonse (enojado): ¡Roy, esto ya fue suficiente!
Roy: ¿Te atreves a contradecirme?
Alphonse: ¡Sí! Escucha, tienes que saber que fueron Elicia y Edward los que destruyeron al homúnculo, sin ellos esa cosa seguiría suelta destruyéndolo todo
Roy: Tal vez, pero eso no quita que haya sido ella quien lo creó, y no podrá escapar a un serio castigo
Alphonse (asustado): -hace una pausa- ¿Qué… qué van a hacer con Elicia?
Roy: Eso tiene que determinarlo la corte, pero te aseguro que tiene pocas posibilidades de salir en libertad, eso si es que no la ejecutan
Alphonse (pálido): ¡¿Qué?! ¡No pueden hacer eso, todavía es menor de edad!
Roy: ¡Eso no impidió que cometiera un acto tan irresponsable como lo que hizo, mucho menos lo ocurrió luego, así que no me vengas con excusas! –mira al resto de sus hombres- Hora de irnos, hay mucho que hacer y debemos informar a la gente sobre la situación actual, así que andando
El Führer se fue de ahí, escoltado por varios soldados hasta su auto, dejando al menor de los Elric solo y lleno de incertidumbre sobre lo que pasaría de ahora en adelante.
La situación de la nada se había puesto aun peor de lo que debería, y lo peor de todo era que Alphonse no tenía idea de qué era lo que le iba a decir a Gracia al respecto. Se sentía completamente atrapado en ese momento.
CONTINUARÁ…
