A partir de ahora podre darle rienda suelta a lo que tenía propuesto. Como... Levi bailando sensualmente. Eren siendo un completo psicópata sin corazón...(todo esto es un capitulo próximo adaptado en nuestra época)
Solo tengo algo más que aclarar.
Va a ser cruel.
Łųcıøƪε (Luciérnagas) / Cεŋdrε (Cenizas) / Vøtrε ąuǥεŋ (Tus ojos)
DISCLAIMER: Los personajes de shingueki no kyojin no me pertenecen, su autor es Hajime
TIPO: Romance/drama/sobrenatural/fantasía/misterio/horror/lenguaje vulgar
Las dos murallas habían caído.
Aquel sueño que los humanos protegían estaba deshecho, años y años de una mente cerrada a más no poder se estaba destruyendo. Desde que vieron el exterior, ellos querían salir.
Sin importar cuantos peligros pudieran ver afuera.
Querían ser libres.
Porque el hombre nació para buscar la libertad.
Maria y Rose ya no existían. Pero si la última muralla era destruida entonces dejarían de existir, porque ese tiempo que malgastaron llenándose e prejuicios en contra de cada quien, durante ese tiempo, las cosas que vivían afuera terminaron odiándolos. Esperando el momento en que esos bloques cayeran para poder atacar y matar a la raza inferior.
—¿En verdad Eren ordeno esto? —preguntó Ilse con algo de impaciencia por estar sentada tomando el té junto a los demás, en lugar de salir y calmar a los wandering que parecían estar alborotados y con ganas de derribar la última muralla.
—Si —se limitó a decir Farlan— solo debemos esperar
Isabel y Marco todavía estaban parados en una posición de guardia, por si acaso alguno de ellos quería salir y buscar a Eren o a Levi.
—La coronación salió bien —murmuró Bertholdt sujetando fuertemente la mano de Reiner— ahora todos aceptan a Levi como el esposo de nuestro rey
—Tienes razón —Isabel rememoró los anteriores días cuando Ilse sacó la tiara de oro y perlas de un cofre, esa joya que alguna vez le había pertenecido a Carla y ahora era exclusivamente de Levi— mi hermano lucia muy bien ese día.
Un fuerte ruido los distrajo atrayéndolos hacia la ventana del segundo piso, era el puente que separaba Sina del bosque.
—Están muy impacientes —observó Annie— quieren invadir Sina a como dé lugar.
—Entonces deberíamos defenderla —sugirió Reiner
—Nadie saldrá de aquí hasta que esos dos no hayan regresado a salvo —amenazó Farlan— aun si se convierten en titanes y tratan de escapar, yo mismo los detendré.
Todavía no confiaban en él, Annie y Reiner lo miraron con rencor. Y cada uno tenía sus propias razones.
No todos los días tienes que convivir con personas tan peligrosas como ellos, personas que sirven a la muerte.
—¡Volvieron! —gritó Isabel asomándose a la ventana para divisar mejor esa sombra que caminaba tambaleante que se acercaba hacia la mansión.
Levi sonrió para sí mismo la ver la cabellera rojiza de Isabel ondeando con el viento, al parecer ya estaban cerca. Solo un poco más y podría convertirse en la persona más despreciable de la tierra.
Así era su vida.
Se preocupaba por su familia, se preocupaba por Eren y por la familia de Eren.
Le daba vergüenza demostrarlo, por eso nunca nadie lo notaria.
Tenía miedo, un miedo que nadie reconocería.
Se preocupaba por ellos, pero nunca lo diría en voz alta.
"Nunca te encariñes con la gente" le decía su madre "porque siempre se van, siempre te dejan"
Avanzó con dificultad hacia la entrada. Annie fue la primera en recibirlo pero no se atrevió a tocarlo. Su mirada plateada lo decía todo, cualquiera que se acercara iba a morir.
Con cuidad, el pelinegro dejo caer a Eren de sus hombros. Lo había cargado todo el camino y algunos trozos de espada todavía sobresalían de los brazos del ojiverde.
—¿Y la bebé? —interrogó Isabel bastante preocupada
—Agradece que Eren está vivo —dijo el pelinegro— ustedes —señalo a los amigos del ojiverde— deberían curarlo antes de que se muera.
Annie lo miró con odio, en toda su vida nunca había sentido tantas ganas por levantar la voz y desquitarse a gritos con alguien.
Pero se contuvo. Se contuvo para no matar el oculto amor que todavía sentía por Eren.
—¿Quieres decir algo? —amenazó Isabel mirándola con sus ojos carmesí— mientras Eren duerma mi hermano es el que manda aquí.
—Déjala —Levi caminó hacia la puerta del ascensor subterráneo donde estaba el sótano de los Jaeger, ahí habían ocultado todos los tesoros que su naturaleza de dragones les obligaba a coleccionar. Solo dos personas tenían la llave y él era uno de ellos.
Así era él.
Podía ser la persona más egocéntrica del universo, podía fingir que nada le importaba. Y lo seguiría haciendo delante de esas personas. Solo Eren conocía su verdadero interior y no le importaba lo que los demás creyeran, mientras Eren confiara en él, nada importaba.
Atraídos como moscas, Reiner, Bert y Annie lo siguieron bastante indignados por cómo se comportaba con el castaño.
—Sigue siendo el rey —bufó Annie— no merece que lo trates de esa forma.
Estaban bajando los escalones hacia el sótano que era un enorme salón con todas las joyas y piedras preciosas que nadie nunca vio. Cada cosa estaba acomodada en perfecto orden sobre los enormes estantes que eran las mismas paredes, en medio había una especie de mesa de mármol y detrás de ella, ocho plataformas bajas de piedra la rodeaban pero solo una estaba puesta de forma que quien se parara en ella podría vigilar a la persona que se acostara en la cama de mármol.
Faltaba poco.
—Lo trató como quiero —objetó el azabache acariciando con un dedo la fría dureza del mármol.
—De la forma en que lo haces —intervino Reiner— no parece que lo ames tanto como él lo dice.
—No es algo que tenga que contarles —le indicó a Reiner que subiera a una de las plataformas de la izquierda siendo obedecido inmediatamente— y créanme que voy a lamentar el no haber ganado su confianza, pero eso tampoco me interesa.
Se paró delante de rubio mirando hacia arriba a causa de la diferencia de estatura, estudio cada uno de sus rasgos antes de hacer aquello que tenía planeado.
Unas protuberancias se dejaron notar en la para alta de su espalda y dejo que esas alas negras se liberarán de una vez por todas. Alas negras como la noche, como las de un cuervo.
—L-levi —tartamudeó Reiner dejándose llevar por esa filosa mirada y esos ojos plateados que se veían a través de los mechones negros de cabellos que el pelinegro aparto de su rostro con cierta gracia.
—¡Déjalo! —gritó el callado de Bertholdt, pero fue reprimido rápidamente por Farlan.
—Bésame —pronunció el pelinegro, hipnotizando al más alto por completo. Lo único que Reiner podía ver eran los labios de Levi que aprecian pedir a gritos ser devorados.
Y lo hizo.
Perdió la cordura.
Besó a su rey.
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ
...
.
Un músculo de la frente de Eren se contrajo cuando Ilse terminó de curar la última herida.
El ojiverde todavía no despertaba.
En cambió en el sótano todos estaban en shock al ver como Reiner no dudó ni un segundo en hacer suya esa boca, el pelinegro volteó el rostro con molestia pidiendo a todas las deidades del cielo que todo acabara de una vez por todas.
— je t'aime —dijo en voz alta luego de separarse de la plataforma antes de que algo parecido al cristal fuera envolviendo a Reiner como si fuera una enorme oruga a punto de ser engullida en su propio capullo.
—¡Reiner! —gritó Bert empujando a Marco lo más lejos posible, no llegó a tiempo. La figura del rubio parecía flotar dentro de un frasco de agua. Con los ojos cerrados, sin poder decir ni una palabra, congelado.
—El siguiente —pidió Levi con mucha satisfacción al ver el fino diamante transparente en donde había encerrado al rubio.
Annie y Bert trataron de sacar sus armas pero no las encontraban en ninguna parte.
Farlan se las mostró con orgullo, estaban en sus manos y el ojimiel jugueteaba con ellas satisfecho por haberlas robado a tiempo. Nadie podía ser tan rápido como el, podría dejar desnuda a una persona y está recién se daría cuenta minutos después.
Levi le agradeció amablemente con la mirada, luego se puso frente a Bertholdt y este sintió como su cuerpo se volvía flácido y respondía al beso que le daba el pelinegro con un hambre que nunca antes había sentido.
Luego le siguió Annie que se negó a besar al azabache pero al final tuvo que ceder.
— je t'aime —repitió Levi viendo como ella cerraba los ojos y se dejaba cristalizar dócilmente.
Isabel y Farlan se posicionaron al lado derecho sabiendo lo que les esperaba.
Levi hacia eso para protegerlos.
Para no perderlos.
—A mí no tienes que hechizarme —dijo el ojimiel ofreciendo su rostro— no dejes que nadie te quite las alas Levi, no dejes de luchar jamás —cerró los ojos tomando con una mano la barbilla del pelinegro antes de depositar un suave beso sobre sus labios— ese rey a quien amas, todavía te necesita.
La sonrisa del ojimiel quedó grabada en el cristal a modo de consuelo.
—Que sea rápido —pidió Isabel con algo de timidez— no quiero que me avergüences frente a Marco —apretó los ojos ofreciéndole los labios al pelinegro pero este solo le dio un pellizco en la mejilla antes de hacerlo.
—Creo que soy el último —le dijo el pecoso viendo como la pelirroja se dejaba envolver.
—Todavía te falta algo por terminar —respondió Levi— deberías despedirte de una vez por todas...de Kirstein.
—Lo haré
—Pero esta vez tiene que ser para siempre
—No sabía que usted era tan amable, después de todo ya me había acostumbrado... —diciendo eso le dedicó una última mirada a Isabel y salieron del sótano.
El ojigris sabia perfectamente que sin ellos habría muerto solo y en silencio el día que lo abandonaron en el bosque.
Sin las sonrisas y bromas de Isabel no hubiera podido continuar.
Sin la forma en la que Farlan lo obligaba a salir de la cabaña y ver que allá afuera había todo un mundo por conocer, sin eso...sin ellos...
—¿Dónde están los demás? —pregunto Ilse secándose las manos en una toalla vieja, la sangre de Eren al parecer ya había parado de fluir.
No sería tan fácil hipnotizarla.
Menos tratar de forzarla.
—Fueron a Sina —mintió el pelinegro— debemos ir allá —le indicó al pecoso que se adelantará
—¿Por qué? —Ilse miró con desconfianza a Marco
—Para destruirlos, a los humanos.
—No lo haré
—Soy tu rey, obedéceme.
Como bien dice el dicho, a buen entendedor pocas palabras. Ilse se puso nerviosa al ver la fría mirada del pelinegro y accedió a su petición.
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ
...
.
—¿Dónde estamos? —preguntó el ojiverde abriendo los ojos con cuidado a causa de la luz del sol que lo cegaba.
—¿Dónde crees que estamos? —sintió la mano de Levi acariciándole el cabello, sintió la dureza del muro de Sina sobre su espalda y las blandas rodillas de su esposo.
—Acostados en el muro —contemplo el horizonte del atardecer con entusiasmo— estamos en Sina. Sobrevivimos.
—Eren...
—¿Si? —se dejó llevar por la calidez de esos dedos que lo tocaban con ternura
—Conviértete
—¿Qué?
—Conviértete en titán —ordenó Levi, enseñándole con la vista aquel infierno bajo sus pies— ¿No quieres verlos muertos Eren? ¿No crees que deberíamos matarlos? ¿Harías eso por mí?
Demasiado.
Levi estaba hablando demasiado.
Considerando que era alguien que solo decía "si" no" y no me importa" algo raro le sucedía.
—No puedo —el ojiverde fijó su vista en la multitud que miraba hacia arriba, hacia ellos. Hombres, mujeres, niños... todos con los ojos pegados en cada movimiento que hacían. Solo entonces se dio cuenta de que Levi había sacado sus alas y ellos no eran humanos.
Por eso mismo los miraban.
Porque no eran normales.
—Míralos Eren —sintieron los pasos de soldados de la guardia acercándose— piensan que somos animales. Nos quiere enjaular, nos quieren exterminar.
—¿Dónde están los demás?
Levi lo ignoró.
—Detenlos Eren
—...donde están
—Solo conviértete
—Levi, dime donde están los demás.
—Donde crees
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ
...
A todos nos ocurren cosas que nos marcan la vida.
Todos tenemos pesadillas.
Todos vamos a morir algún día.
¿Por qué no hoy?
Marco estaba consciente de que esta sería su última oportunidad para verlo, evito a la multitud que rodeaba el muro para ver al ángel negro y al rey del exterior como si fueran mascotas de circo y caminó en línea recta hasta llegar a la comisaria.
—No tenemos tiempo —le dijo un guardia— ¡no ve que esos monstruos ya no respetan los límites de nuestro mundo! ¡Estamos ocupados!
"Soy uno de ellos, pero antes era humano." Pensó Marco "solía llamarlos monstruos, y ahora soy uno de ellos"
Se arregló el parche negro que le cubría un ojo y decidió quedarse a esperar.
Los soldados corrían de un lado a otro organizando sus equipos de lucha, esa era una madriguera de gas y cuchillas así que Jean tendría que pasar alguna vez por ahí. Aunque sea para verlo.
Las detonaciones no se dejaron esperar afuera.
Ahora nadie miraba al muro.
Nadie miraba a los monstruos.
"tiene que venir", "tiene que venir", "tiene que venir"
Lo repitió con tanto fervor que algunos pensaron que estaba rezando y lo imitaron por un momento hasta que les tocaba el turno de salir a pelear con esas cosas.
Esta vez no eran titanes, sino unas extrañas cosas que subían por las paredes y chorreaban su cuerpo dentro de las ciudades hasta lograr poner una parte de sí mismas dentro de ese lugar.
Luego solo pensaban en matar.
—phobos, deimos —repitió el pecoso tratando de calmarse y olvidar el griterío que comenzaba a fuera.
Siempre era igual.
Miras algo NUEVO, algo PELIGROSO y NUEVO, luego te acercas, miras, sigues mirando y si te ataca, escapas. Pero cuando crees que estas a cierta distancia, miras hacia atrás. Como si esa mísera distancia te protegiera de lo desconocido.
—¡Kirstein! ¡no te salgas de la formación! —ese grito lo distrajó, levantó el rostro para ver quien estaba parado delante suyo.
Si, ese era Jean.
La caída de un cañón hizo que el techo de paja estuviera a punto de desplomarse sobre ellos.
Como esa vez...hace tanto...tanto tiempo..
..
—Cara de caballo —gruño Eren sin importarle que su superior estuviera observándolos
—Maldito suicida —le respondió el aludido sabiendo que ese ojiverde era un campo minado
Los dos amigos enemigos, así les decían. ¿Cierto? Siempre peleando entre ellos pero al fin y al cabo se protegían la espalda con eficacia.
Marco siempre les tuvo envidia. Esa cercanía siempre le produjo celos.
—¿Comiste? —solía preguntar Sasha— Si no vas a comer ¿puedo comerme tu porción?
—Luces cansado —entonces la capitana les reparta un pedazo de azúcar a cada uno— no debemos desaprovechar la oportunidad de comer algo dulce —el pecoso tomaba la pequeña barra entre sus manos y se la metía a la boca disfrutando el sabor.
—¿Como te fue,? Marco —Jean siempre era buen con él.
Siempre...
..
—¿Qué haces aquí? —la dulce voz del ojimiel del pasado se distorsiono cuando le puso la espada cerca del cuello
—Una visita —sonrió Marco
—Kirstein, déjalo. Es un refugiado
—No, él es uno de ellos —con cada palabra Marco sentía como esos recuerdos del pasado se iban encerrando dentro de un espejo y se rompían dolorosamente— es un...
—Monstruo —completo con un nudo en la garganta— las cosas no cambiaron ¿verdad? Jeambo —el usar ese apodo le produjo un profundo punzón en el corazón al ojimiel— la última vez que vi a tu madre me dijo que no te veía hace tiempo, y quería verte.
—Cállate
—La dejaste morir
—¡Basta!
—Pero
—¡Cierra la boca! ¡MONSTRUO!
La calidez de la sangre manchando su cuello lo devolvió a la realidad.
Fue un corte intermedio, nada profundo.
—También me gusto reencontrarme contigo, Jean
"Somos ustedes.
Somos la locura que está encerrada en todos ustedes
rogando por libertad en cada momento de su vida
desde lo más profundo de su mente animal.
Somos aquello de lo que te escondes en tu cama todas las noches.
Somos lo que duermes
y silencias
y paralizas
cuando te vas a tu cielo nocturno,
donde no te podemos alcanzar…
(frase de El experimento ruso del sueño)
POV LEVI
Dicen que las decisiones que tomes ahora, serán los triunfos y derrotas que logres en el futuro.
Supongo que es verdad.
Engañe a Eren, le destroce el alma. Saque a ese monstruo que siempre escondió, desperté a la bestia.
Cuando despertó de su sueño solo pudo mirarme con esos ojos verdes como dos esmeraldas de agua, con sus ojos inocentes.
—Mátalos —le repito con toda la frialdad que me es posible, él está en shock. No sabe que escoger, a quien escoger.
—No puedo controlarme tanto tiempo
Esa es su excusa.
Pero no sabe que yo tampoco soy perfecto. Voy a equivocarme, si, voy a lamentarlo. No.
Solo tengo miedo de perderlo como perdimos a Faith.
—Si me amas —si lo pierdo...— me protegerás como prometiste —...sería capaz de morirme.
Ahora sus ojos están oscuros.
Va a hacerlo.
Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, y eso es lo que realmente somos.
Dentro de Eren hay algo oscuro que a veces puedo sentir, cada vez que se convierte en titán su personalidad se convierte en dos.
El Eren de verdad, el bueno, el que daría su vida por todos; ese Eren se queda dormido soñando con los días del pasado que fueron mejores.
En cambio "el otro" Eren, aquel que toma posesión del titán, está completamente loco.
Una vez los vi.
Cuando corte la nuca del titán pude ver la mitad del cuerpo de Eren envuelto en esa capa muscular, toda su cabeza estaba rodeada al igual que sus brazos y piernas. Como si lo hubiera encadenado a la fuerza.
Pero su mandíbula seguía libre, desde el cuello hasta la nariz por donde podía sentir como respiraba.
Al instante me di cuenta.
Ese no era mi Eren.
Su espalda, libre de toda atadura muscular, se movió al advertir mi presencia.
Entonces esa cosa, lo que sea que estuviera dominándolo en ese momento.
Me sonrió.
No era una sonrisa de alegría, sino de burla.
No podía ver sus ojos.
No podía decir si era mi Eren o "el otro".
Y por primera vez en mi vida, tuve un miedo bastante notorio.
..
—Sálvame si me convierto en mis demonios —me susurró Eren poniéndose de pie.
Los soldados de Sina nos rodeaban con bastante confianza. Creían que solo éramos dos.
No.
Yo soy la muerte y el demonio que se ocultaba dentro de mí se sacrificó para salvarme.
Eren es la esperanza y el horror que se esconde en él, sigue con vida.
Pero pienso matarlo, voy a matar a ese horror. Se lo prometí a Eren. Le prometí que seriamos libres, que nunca me arrepentiría.
—Te lo juró —le dije.
Esta vez es me toca prometerle algo a él.
Me toca protegerlo.
...
Lo último que veo es la molesta luz que me ciega la vista y Eren ya no está.
Tengo que elevarme unos metros con ayuda de esas alas que apenas puedo controlar, quisiera arrancarlas pero las necesito.
Los oigo gritar.
Los veo morirse.
Ilse está cumpliendo su parte. Al menos ella esta consiente de lo que voy a hacer, porque me acerco con rapidez y la tomo del brazo para hacerla girar hasta que quede frente a mí.
Lo siento Eren.
Perdóname por traicionarte.
Los labios de su prima chocan con los míos y veo como la vida cierra los ojos dejándose llevar por la hipnosis, un frio nos invade pero puedo sentir el cristal que la envuelve.
Marco se encargara de llevársela al sótano.
Por el momento tengo que alejarlos de este infierno, mientras Eren me mira con sus enormes ojos de titán alejándose con lentitud. Dos soldaos saltan sobre él y su enorme mano los detiene en el aire, aplastándolos.
Este ya no es Eren, este es el otro.
Al que le gusta la sangre.
El que no se controla y solo puede dejarse llevar por su instinto.
No distingue entre amigos o enemigos.
Sigue corriendo y aplastando todo hasta perforar el muro con sus propias manos, los wandering ya tienen vía libre para entrar.
Es el fin.
—Eren... —esta saliendo demasiado humo de su cuerpo— detente, ya acabo.
No me hace caso.
—Eren déjalos.
Sé que no me hará caso.
"Sálvame...sálvanos..."
—Eren, ya acabo —solo tengo que lanzarme sobre su cuerpo evitando los golpes que quieren matarme— te prometo que todo acabo —solo tengo que abrirle la nuca para rescatarlo —Eren... —solo tengo que rogar a los cielos para no ver al otro en lugar de mi Eren.
—No soy Eren —su respuesta me deja helado, entonces su cabeza se libera y puedo ver como esta despegándose del titán como un chicle se despega de un zapato. Esos ojos y la mirada asesina, la sonrisa de burla, los ojos brillantes como la sangre.
—¿Dónde está él?
—Donde crees que este
Mi misma respuesta.
—Durmiendo —su brazo izquierdo se libera y me sujeta con una fuerza endemoniada.
—Y no lo dejare despertar.
La cara de lobo hambriento que tiene me produce asco. Los ojos rojo ardientes me producen escalofríos.
Y solo entonces sé que el momento ha llegado.
Sea Eren o no, tengo una forma de dominarlo.
—Bésame
—No, a mí no puedes hechizarme —clava sus garras en mi brazo hasta hacerme sangrar— solo eres una perra divertida, su juguete más preciado —me obliga a caer dentro del hoyo de sangre— mira lo que hicimos juntos, míralos morir —esta vez sujeta mi cara apretándome la con fuerza para que abra los ojos ose que te gusta
—Voy a darte todo lo que quieras
Sus labios se curvan formando otra macabra sonrisa.
Lego siento como todo se vuelve oscuro.
No importa, estuve preparando a Eren para este momento todo lo que pude, para que al final no se sienta culpable cuando "el otro" me lastime.
Una mordida en el cuello me despierta, siento algo frio recorriendo mi espalda y se lo que es.
La cama de mármol
—Es el lugar perfecto ¿no crees? —ronronea en mi oído— no sé cómo lograste hacerle eso a los amigos de ese chico pero son los mejores adornos que alguna vez haya visto.
Solo Ilse lograba mantener a raya al otro. Ahora que no está, nadie va a obligarlo para que me devuelva a Eren.
A esta otra entidad no le importa si me duele o si o lo disfruto, enseguida noto las mordidas de mi cuerpo y como un sabor metálico se mezcla con mi saliva.
—Me mordiste el labio —le reprocho— no lo hagas
—No me ordenes nada, a mí no me importaría matarte —su cuerpo esta sobre el mío y me sujeta las muñecas con una mano magullando toda mi piel sin darse cuenta— no me importaría quitarle la fé (Faith) al mundo
Esas palabras me sacan de quicio.
Olvido el plan al intentar soltarme recibo un fuerte golpe en el vientre.
Cuando obligue a Eren a que me pegara no fue tan doloroso, debí de haberme preparado más. Creo que voy a arrepentirme.
—Me lastimas —le digo entre dientes
—Tampoco me interesa —al instante, siento como su fuerza sobre humana comienza a forcejear conmigo.
Estamos dentro del sótano, sobre la cama de mármol. Afuera no hay nadie. Afuera está el infierno.
Me limitó a obedecerle para no salir lastimado y solo siento asco.
Es el cuerpo de Eren quien me toca pero no es él.
Son sus manos, es su boca, su lengua, sus dedos... pero no es él.
El verdadero infierno está aquí adentro.
Me permito gritar cuando que soy atravesado en dos y el otro no deja que mi cuerpo se acostumbre, si no lo hago ahora volveré a fallar.
Con las pocas fuerzas que me quedan cambio de posición sentándome sobre sus caderas para dejarlo hacer lo que quiera, no siento placer alguno. Aquí no intervienen los sentimientos, solo la búsqueda del dolor.
—Cuando el dolor esta en nuestro corazón hay que seguir... —un jadeo escapa de sus labios y me mira con una cara de interrogación, odio los ojos de este extraño, son tan rojos como la maldad que lleva dentro — hay que formar el camino que nosotros hacemos...
...
—Voy a serte fiel toda mi vida. Seremos libres y nos iremos lejos, muy lejos.
—Eres demasiado hablador
—Porque te amo, y contigo no me siento solo.
—Las personas se van Eren, te dejan.
—Yo nunca lo haré. Nunca te dejaré.
...
Los recuerdos me hacen titubear un segundo, pero la determinación de salvarlo vuelve con más fuerza.
—Hay que perdonar... —el otro se muerde el labio inferior al sentir como voy subiendo y bajando sobre sus caderas hasta dejarlo alucinar por el placer, no está escuchándome. No lo hará— ...hay que soltar lo que no es nuestro...
Antes de terminar mi frase levanto la pequeña espada con aleación de oro que Marco dejo cerca de la cama a propósito, la apunto hacia su corazón y atravieso su pecho sin darle oportunidad de protegerse.
Murió al instante.
Sus asquerosos ojos rojos se debilitaron por la sorpresa y pude ver como volvían a ser verdes y puros. Abrió la boca mirando hacia uno y otro lado y luego haciendo una mueca de vergüenza al sentir que estaba dentro de mí y que me había lastimado.
La espada también lo mataría.
Pero estaba libre, era libre por fin.
"El otro" ya no lo atormentaría nunca más.
...
"Busquémosla juntos"
...
No, Eren. Dejemos que sea fuerte por sí misma y que nos recuerde hasta que esté lista para reencontrarse con nosotros. Mientras tanto...
—Déjame protegerte
—Tengo miedo —susurró
—Yo también —le dije la verdad.
—Levi, me duele —su boca se abrió en un ruego patético y cerró los ojos. Solo entonces solté la empuñadura de la espada, me vestí con otras ropas y contemple las ocho plataformas donde estaban cristalizados sus amigos y mi familia.
Estaban a salvo.
Y Eren era la bella durmiente sobre la cama de mármol, lo vestí como a un príncipe cuidando de no tocar su pecho clavado y le di un beso de despedida.
La esperanza va a dormir.
La vida está encerrada.
Y yo, y la muerte, es hora de que ella le demuestre al mundo lo que es el verdadero horror de la soledad, de la guerra, de pelear unos con otros y que liberen los demonios que llevamos en nuestras almas.
PROXIMO CAPITULO
Extra: Las palabras que nunca te diré
Bajo el mismo cielo, soñando el mismo sueño.
