POV Edward
Llevarla de nuevo a su casa fue de lo más difícil, pero ya había pasado bastante tiempo fuera y su padre ya debía estar preocupado… Además no quería darle motivos para que pensara mal de mí y terminara odiándome. Tener al jefe de policía como enemigo declarado no debe ser nada divertido.
Durante el camino era difícil mantener la vista en la carretera y no en ella, y en esa hermosa sonrisa que dibujaban sus labios.
Hasta éste momento no podía comprender porqué temía tanto enamorarme, y mucho menos cómo era que había vivido tanto tiempo sin ella… ahora todo tenía luz y color simplemente porque Bella estaba a mi lado, porque sabía que también me quería.
Guardaría el recuerdo de ésta tarde en mi prado, ahora "nuestro" prado, para siempre. La emoción de estar viviendo lo que tantas noches había soñado, y entender ahora tantas cosas que en aquel entonces no tenían sentido para mí era de lo más placentero; sentía que el destino se había convertido en mi mejor aliado, mi más leal amigo.
Después de no sé cuantos minutos de más de los que hubiese gastado normalmente en llegar hasta allí, llegamos a su casa.
No quería irme de ahí… habría dado lo que fuera con tal de poder saltar hasta su ventana y quedarme allí a cuidar su sueño… pero bueno, ésas eran cosas de súper héroes y yo no soy más que un simple mortal. Eso sí, el mortal más afortunado del universo. La mujer de mis sueños le pertenecía a mi realidad. Y quizás no podría saltar ventanas, ni volar, ni tener visión láser, ni fuerza sobrenatural, pero estaba seguro que entregaría mi propia vida con tal hacerla feliz.
Al bajarnos del auto nos fundimos en un silencioso abrazo que se prolongó varios segundos. Comprendí que ella tampoco quería irse de mi lado, y eso me bastó para marcharme feliz.
Me pregunté si ella alguna vez habría soñado conmigo, claro, después de habernos conocido, era imposible que le hubiese pasado algo parecido a mi extraña situación.
Finalmente nos separamos en contra de nuestra voluntad, cuando escuchamos correr los cerrojos de la puerta. Su padre. No era la mejor escena para que él tuviera como primera impresión.
La puerta se abrió lentamente. tal vez pretendía tomarnos por sorpresa.
- Hola papá – dijo Bella en tono casual, rompiendo el hielo- ¿encontraste tu cena?
El Jefe Swan me miró detenidamente, sin inmutar el gesto de su rostro. Supongo que para una persona como él era casi costumbre esconder sus emociones, era el pan de cada día en su trabajo.
- Hola Bells. Sí, gracias, todo estaba delicioso. ¿Y no me vas a presentar a tu… amigo?
Bella inmediatamente enrojeció. Trató de contener una sonrisa que amenazaba por escapársele de los labios. Me miró como disculpándose por no aclarar el término que había usado su padre para mencionarme y yo le respondí también con una suave mirada… esperaba que pudiera captar mi mensaje, que supiera que yo entendía la situación y que no me sentía ofendido de ninguna manera.
- Claro. Papá, él es mi amigo Edward Cullen- dijo el calificativo y mi nombre mientras me miraba, intentando sonar despreocupada. Por supuesto cuando dijo "mi amigo" su voz tembló ligeramente. Definitivamente no sabía mentir, sin embargo estaba haciendo su mejor esfuerzo.
- Buenas noches Jefe Swan- Dije sin saber bien qué mas podría decir. De cierta forma él me intimidaba.
- Buenas noches muchacho. Pero no hace falta tanta formalidad, o bueno, no mientras esté fuera del ejercicio de mi labor. Puedes llamarme Charlie, no hay problema. Los amigos de mi hija son bienvenidos en ésta casa
Asentí y me relajé un poco después de que me dijo aquello. Con suerte él y yo nos llevaríamos bien, claro, no tanto como Bella con mi familia. Todos habían quedado fascinados con ella. Y no era para menos… ella era demasiado especial para pasar desapercibida.
- Bueno, espero verte pronto por acá, para que podamos charlar un rato.
Bella, no tardes en entrar, ya está un poco tarde.- Dijo en tono de "obligación sugerida" mientras daba media vuelta y cerraba la puerta.
No quería que pasara todo un día antes de volver a verla en el instituto, entonces recordé que Alice me había dicho que para el fin de semana comenzaba el festival de Arte y Cultura organizada año tras año. Había ido pocas veces y solo, pero éste año sería diferente.
- ¿Mañana tienes algo importante qué hacer?- le pregunté sin darle más vueltas al asunto.
- ¿Mañana?- me miró extrañada- Pero si mañana es Domingo… prácticamente no hay nada que hacer en todo Forks… porqué me lo preguntas?
Yo sonreí… obviamente no tenía ni idea del festival. Mejor aún…
- Sí, mañana, es que quiero que me acompañes a hacer algo en el centro del pueblo en la mañana. ¿Podrías?
Lo pensó un par de segundos, y luego me devolvió la sonrisa.
- Supongo que no hay problema. ¿A que hora estaríamos de regreso?
- Antes de las 5 de la tarde, lo prometo.
- Está bien. Nos vemos entonces. Que descanses… - Dejó la frase en el aire, y me fue inevitable acercarme a ella y despedirme adecuadamente, rogando al cielo que su padre no estuviera espiándonos desde alguna ventana
Tomé su cara entre mis manos y le dije – Sólo podré descansar si una partecita de ti se va conmigo- Y le dí un beso suave pero profundo, como si unas pocas horas fueran mucho tiempo para volver a verla. Me olvidé por un instante de dónde nos encontrábamos, fue ella quien me trajo de regreso a la sensatez.
- Creo que te llevas mucho más que eso- Dijo, mirándome con ternura. Se safó de mi la cadena que formaban mis brazos a su alrededor, y se marchó.
Necesitaba descansar, mañana sería un día largo, pero ni por asomo imaginaba cuán largo sería, y menos todo lo que aprendería de mí mismo…
