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Cerca del final.
A una semana de la primavera.
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-… Debe ser ella, finalmente puedo verla… pero…-
Con los ojos cerrados por la inminente jaqueca trató de aclarar la imagen traslucida en su mente, en efecto, la misma poni que Blueblood había exhibido frente a Northfesta hacía ya tanto tiempo se hallaba al fin lejos de su siniestro alcance. La changelling descubrió que la oscura protección arcana que brindaba la montaña se había debilitado y en su lugar, podía notar a una muy tranquila Blessed recuperándose de lo que obviamente fue un terrible encierro. Ahora, solo necesitaba una señal, un indicio del lugar exacto en el que se hallaba e ir a rescatarla.
-Pero… es raro, ¿cómo pudo escapar?-
Fue más profundo, expandiendo su conciencia al punto en que creía que su alma terminaría por separarse de su cuerpo, pero debía hacerlo, debía estar segura de que todo saldría bien, que todo…
Algo presionó en su conciencia cual lanza atravesando sus defensas mentales, sus pensamientos y emociones estallaron en cientos y miles de coloridos fragmentos, algo sumamente poderoso que se deslizó en su corazón y la llenó de remordimiento. Ese remordimiento, supo entonces, terminaría por matarla, jamas podría huir de ese sentimiento anegado en sus entrañas, jamas podría escapar de aquella voz sumisa que le rogaba por misericordia, todo, absolutamente todo a partir de ese momento estaría empañado por los crímenes del pasado.
Vortex vio la cabaña en las montañas y la ruta ideal para alcanzarla, el camino libre de trampas y oculto de las fuerzas de Blueblood, era perfecto, podría llegar en un día si partía temprano y entonces…
-¿Vortex?, por Celestia, ¿qué te ocurre?-
El trance acabó de forma estrepitosa porque de un momento a otro estaba revolcándose en el suelo mientras que de sus labios brotaba espuma, todo esto lo contemplaba desde afuera de su propio cuerpo en una suerte de estado de consciencia alterada, tal como si aquella que se hallaba entre los brazos del dragón fuese una changelling completamente diferente.
-Maldición, !ayuda¡, !que alguien me ayude!-
Spike tuvo que sujetarla porque seguía tratando de azotar su cabeza contra el piso, sus alas se sacudían tratando de alzar el vuelo raspando las alfombras que cubrían el suelo.
De poder seguir partiría su propio cuerno, de poder seguir…
-¿Qué ocurre?, acaso…-
Los murmullos se hacían cada vez menos comprensibles para Vortex, ¿o era acaso Mirror?, quería decirle a Spike donde hallar a su sobrina, entonces ambos podrían rescatar a la pequeña y la poni a la que había asesinado podría al fin cobrar venganza.
-… Se quedó inconsciente, vamos Spike, necesito que la cargues a mi consultorio, hay que… por Celestia, ni siquiera sé por donde comenzar-
Volvió a su cuerpo lentamente, detrás de ella, de forma casi imperceptible un lazo negro conectada una de sus patas a un poder corrupto que brotaba desde los bosques, similar a aquello que vivía en las montañas pero a la vez, teñido de una inconfundible nostalgia que comenzaba a destrozarla. La changelling abandonó toda pretensión de ser una poni, su pelaje blando fue mudado por la cubierta negruzca y lisa de aquellos de su especie, los caídos en desgracia junto a la gran Reina Chrysallys en su fallida campaña por tomar el reino de los ponis, a su alrededor, los pocos sobrevivientes se sobresaltaron al descubrirla tal y como era, la criatura desdichada que pasaba sus días oculta entre los enemigos.
Solo que allí, a los pies de la montaña y en las entrañas de los bosques ella ya no era un enemigo de los ponis, sino otro sacrificio esperando por su turno.
-Spike-, murmuró cansada, –sé dónde esta-
En cuanto recuperó su carne y sangre, descubrió que casi toda su magia se había agotado, algo en la lejanía la había drenado.
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Tardó un par de días en despertar, supo que afuera, en las cercanías de Northfesta, Guts y un grupo de voluntarios se habían entregado a la tarea de escarbar el suelo en búsqueda de bulbos, raices y zetas, muchas de las cuales soportaban las bajas temperaturas enterradas bajo la nieve aguardando por los primeros rayos del sol de primavera para renacer. Escuchó afuera el canto de los cuervos que anunciaba el cambio de estaciones, y a Spike roncando a su lado, sosteniendo con una garra una lanza de madera cuya punta había sido templada al fuego.
Era un mal presagio, de seguro se estaban quedando sin armas para defenderse.
Al notar que Vortex había despertado, Spike se hincó a su lado sosteniendo sus cascos delanteros entre sus garras.
-Fumes dice que no hay problema si me quedo contigo, pensé… pensé que querrías a alguien a tu lado al despertar-, le dijo, –¿tienes frío?, ¿sed?, ¿quieres comer algo?-
La changelling trató de ponerse de levantarse, pero en cuanto logró incorporarse la habitación comenzó a girar a su alrededor, Spike la forzó a descansar su cabeza sobre una mullida almohada.
-Spike…-, murmuró la changelling cansada, -¿qué fue lo que me pasó?-
-No te muevas-, pidió el dragón, -Te encontré en nuestra habitación tirada sobre el suelo, estabas muy mal… Fumes me dijo que necesitarías algo de tiempo para recuperarte-
Vortex asintió despacio para controlar sus nauseas, Spike la alcanzó un pitcher lleno de agua y la ayudó a beber para aliviar su garganta, la changelling logró al fin ordenar sus ideas al recuperar en parte la magia empleada en la búsqueda de Blessed.
-Sé donde la tienen Spike, logré verla-
La temperatura bajo en cuanto pronunció estas palabras, pues se quedaban sin tiempo y era el animo general del campamento el que la princesa ya había sido ejecutada, por ello, el saber que seguía viva cambiaba las cosas y para Spike, era una nueva fuente de convicción para renovar fuerzas y luchar. Sin embargo, sabía que el atacar a ciegas sería un error, con Vortex en ese estado y tan pocos suministros estaban básicamente raspando el fondo del barril para mantenerse con vida y aún así, el tiempo apremiaba, pues conforme más tardase en actuar más difícil sería rescatar a su sobrina.
La changelling logró al fin levantarse del lecho, sus patas temblaron al emprender el trote hasta afuera del refugio, directo sobre la nieve.
-Sé donde la tienen, tenemos que ir-, sentenció con firmeza, -debemos partir de inmediato-
Spike la siguió hasta afuera, apoyó la lanza contra el piso y contempló a la nada, buscando aquello que Vortex podía ver gracias a su magia.
-Pero estas herida-, protestó él, –Si partimos ahora, te pondrás en peligro-
Vortex respiró profundamente y extendió sus negras alas, su cuerno se iluminó, desprendiendo luz y quemando la fría ventisca que arrastraba los copos de nieve, con una orden, hizo que su abrigo invernal volase hasta ella, se lo puso sobre el lomo y cerró el broche plateado que unía ambas piezas.
Finalmente, llamó a su lanza plateada y la apuntó con certeza a algo que de otro modo hubiese pasado desapercibido, un solo punto gris perdido en la blancura el cual se prolongaba hacía las nubes, mezclando el aroma de las fogatas del campamento las cuales siempre se mantenían encendidas con el aroma ya vago de un estofado de verduras.
-Alguien me espera Spike-, bramó la changelling, respondiendo así al desafío de aquella oscura presencia que había venido por ella.
El dragón resopló una llamarada verde por sus fosas nasales, impresionado por el bravado de su compañera que hasta hace poco se halla convaleciente en cama.
Vortex lo supo entonces, las garras de aquel demonio se extendían mucho más lejos de lo que pudiese haber imaginado y ella, Blueblood, Flash Sentry, y quizás cuantos más no eran sino piezas de un tablero de ajedrez, habían sido utilizados sin que siquiera lo notaran, mas, no permitiría que nadie ni nada la siguiese utilizando, menos ahora que un fragmento de su pasado venía a por ella.
En las pocas y vagas leyendas repartidas por todos los reinos de la tierra muy de vez en cuando se hacía mención a esas criaturas, aquellas que habían sido levantadas de entre los muertos y aquellas que utilizaban la carne como un lienzo, los que controlaban la barrera entre un mundo y el otro. Vortex jamas imaginó que en su vida se toparía con una de ellas, una hechicera cuyo potencial destructivo era legendario, no por el poder bruto que poseían, sino por la naturaleza insidiosa que acarreaban sus hechizos, una suerte de enfermedad que se apoderaba del alma y la consumía, la clase de terror que paralizaba incluso a los héroes.
Se acercaba un nigromante, y tanto ella como Spike tendrían que estar preparados.
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La búsqueda de comida había dado buenos resultados, entre él y Guts habían logrado hallar varios hongos apetitosos y algunos tubérculos que si bien estaban escarchados seguían sirviendo para llenar sus barrigas, aparte de eso, se las habían arreglado para conseguir suficiente leña para no tener que cortar más hasta la llegada de la primavera y como premio, tuvieron la fortuna de encontrar una colmena abandonada, la idea de tener miel y cera ciertamente sonaba fantástica para el pegaso pues era una oportunidad de emular en algo la normalidad de la que gozaban otros ponis.
Decidió que para celebrar, sería él el encargado del reunir el agua, tan solo buscaría nieve en los alrededores de Northfesta, preferentemente cerca de un río cercano el cual se había congelado al inicio de la temporada y con algo de suerte quizás hallaría algunas hierbas útiles enterradas por allí además de una que otra piedra para sacar filo a sus armas. Voló hasta allá desafiando la ventisca, cargando consigo una cubeta de madera, el viaje de regreso sería igual de complicado, pero el gasto extra de calorías se justificaba en no beber agua contaminada, pues con todos los cadáveres y desperdicios desperdigados por los alrededores sería cuestión de un descuido para que cualquiera de ellos terminase enfermo, y con pocos recursos incluso un catarro podía transformarse en una sentencia de muerte.
Descendió entre dos rocas que marcaban lo que solía ser una cascada, los restos de un dique construido por castores habían bloqueado parte del flujo, dejando a su disposición un lago cristalino del que poder abastecerse. Comenzó a picar el hielo usando un pico de hierro tomado de uno de los soldados no muertos que invadían regularmente a Northfesta, la herramienta, desinfectada con una botella de licor fuerte y las flamas de Spike se enterró en la superficie quieta del lago haciendo volar cristales de hielo en su lenta procesión al fondo, en cuanto Torn hubo asegurado un buen trozo, lo cargó en la cubeta y se dedicó a recorrer los alrededores, aprovechando la cada vez más escasa luz del sol que dentro de unas pocas desaparecería.
Mientras escarbaba en la rivera una sombra pasó a su lado, Torn no dejó de enfocarse en su trabajo, a pesar de que sus orejas estaban prestas ante cualquier amenaza, por ello, en cuanto esa sombra llegó acompañada de sonido y olor, no le costó demasiado el encontrar su ubicación.
Era justo detrás de él, sosteniendo una espada corta contra su garganta.
El pegaso sonrió lacónicamente y pretendió relajarse, a pesar de que sus alas estaban listas para desplegar más de una docena de afiladas cuchillas en contra de su asaltante.
-Que curioso hallarte aquí-, mencionó tranquilamente, mientras que el filo de la espada marcaba la piel bajo su pelaje.
-¿Es necesario que hagas eso?-, preguntó, -La violencia no te queda cariño-
La espada desapareció de golpe solo para que el pomo, grueso y macizo se encontrase con sus costillas. Torn cayó hacía adelante sosteniendo su costado derecho, escupiendo mientras que trataba de recuperar el aliento.
-Eres afortunado de que te necesite con vida-
Llevaba años sin verla, y a pesar de eso no había duda sobre quien era esa poni, Torn la hubiese reconocido en cualquier lugar y bajo cualquier condición, sencillamente estaban compenetrados de manera intima al grado de que por un buen tiempo entre los dos parecía no existir distancia alguna.
Pero eso era en el pasado, pues de seguro ella no había aparecido con tal de ayudarles.
Torn maldijo su mala suerte, de todas las ponis que pudieron haber terminado involucradas en eso justo tenía que ser ella...
-Sea lo que sea, no me interesa amor-, replicó tranquilo, guardando la distancia con ella.
Silver Dagger se irguió para intimidarlo, blandiendo la espada corta como si fuese una extensión de si misma, -Tú me debes Torn-, le dijo, –Tú… ¡no puedes huir de tus obligaciones!, no lo permitiré...-
El pegaso resopló cansado y dio media vuelta, -No te debo nada-, fue su respuesta, –Ve a pedirle ayuda a tu amigo el príncipe Blueblood, de seguro estará encantado de verte-
La unicornio trotó veloz y le cortó el paso, plantándose frente a su anterior prometido.
-Esa yegua, Silver Vortex, ¿no has notado algo peculiar en ella?-, preguntó en tono suspicaz.
Torn sacudió la cabeza y pasó al lado de Silver Dagger, murmurando su respuesta.
-¿Qué hay que notar?, es otra de las raras "amistades" de Flash Sentry, deberías saberlo mejor que nadie, después de todo tu familia y la suya se mueven en los mismos círculos-
Estaba a punto de emprender el vuelo, pensando en la manera de perderle el rastro a su anterior prometida para que no lo siguiese a Northfesta, incluso si tal esfuerzo bien podría resultar inutil. Torn conocía bien a esa yegua y sabía lo lista que era realmente, un rasgo familiar que ella y los suyos llevaban siglos explotando para mantener una posición privilegiada en Canterlot, influyendo en todo y siendo parte de nada.
Debió de haberse dado cuenta de que ella no vendría a hablar por hablar.
-Crin plateada, pelaje pálido como la nieve, incluso sus ojos… dime que no te causa curiosidad Torn, dime que no te recuerda a alguien-
El pegaso golpeó un casco firme contra la superficie del pago, claro que recordaba eso, jamas podría borrar la imagen de esa pobre yegua sollozando frente a él, imaginando las peores cosas y todo por culpa de uno de los planes de su hermano, el príncipe. Torn jamas olvidaría la cacería emprendida en su contra, los interminables días en el calabozo esperando por su sentencia, creyendo que en cualquier instante un par de guardias vendrían por él, lo arrastrarían hasta un patíbulo y lo colgarían de cuello hasta que muriera.
Y eso era uno de los finales menos violentos en los que podía pensar, con esa familia no había garantías de salir con vida.
Torn sabía lo afortunado que era de haber salido bien librado, el perder un título que nunca tuvo y una posición que creyó jamas merecer palidecían como castigo frente a todo lo que pudo haberle sucedido.
Por ello, se negaba a creer que incluso en esos desolados parajes una porción más de su pasado se atreviese a seguirlo, no solo porque la perdida de su madre seguía siendo una herida fresca, sino porque había llegado a confiar en sus nuevos aliados y no quería perder esa única seguridad.
-Es una coincidencia-, farfulló fingiendo indiferencia, –Siempre has sido muy inteligente, pero tienes una molesta tendencia a sacar conclusiones erróneas-
Silver Dagger saltó sobre él, clavando la espada contra el hielo, justo al lado izquierdo del cuello del pegaso, -!No es una coincidencia!-, gritó, –No lo es-
-Ella no es tu hermana-, replicó el pegaso, sintiéndose cada vez peor.
–No es tu hermana-insistió, –Ella murió Silver Dagger, se fue, y nada podrá hacer que regrese-
Odiaba ser cruel con ella, pero no le quedaba otra opción, Silver Dagger llevaba tantos años persiguiendo sombras que el verla allí le dejaba un mal sabor en los labios.
-Sé que no es mi hermana-, contestó ella bruscamente, –Esa… impostora se robó su apariencia, lo sé Torn, ¡lo sé!, no puedes negar lo mucho que se parecen y además yo la vi transformarse ante mis ojos-
La unicornio sacudió la cabeza, sus lagrimas cayeron empaparon el pelaje de Torn, pequeñas gemas claras sobre el manto negro de su ser.
Silver Dagger no podía controlarse, ansiaba hallar las respuestas al deceso de su hermana y tener al fin un cierre, debía de hacer pagar a ese monstruo y el único poni que podía ayudarla estaba actuando como un tarado.
-Sé que tampoco es una unicornio- siguió esta vez más firme, –Sé, mi querido Torn, la clase de monstruo que en realidad es-
El pegaso no pudo contestar, obviamente sabía que esa poni era en realidad una changelling, todos en Northfesta lo sabían y ya sea por un asunto de supervivencia o verdadera camaradería lo aceptaban, ¿qué otra opción tenían?, esa changelling había llegado a ayudarlos y no pasaba un día sin que hiciese algo por proteger al pueblo.
Pero Silver no sabía eso, para ella, el tiempo se había detenido después de la muerte de su hermana.
-Dejaré contigo un mapa para que puedas encontrarme, tú, esa ramera y su dragón podrán hallarme con facilidad-
Con eso, arrojó un trozo de pergamino enrollado y sellado con cera, Torn lo recogió y lo guardó con el resto de sus cosas.
Silver Dagger estaba presta a irse, mas, se detuvo al sentir la mirada penetrante del pegaso.
-Y entonces podrás asesinarnos, tendrás tu venganza y saldrás impune, ella no aprobaría esto-, le dijo bastante serio.
Silver Dagger negó con la cabeza, -No, no será así, lo que quiero es negociar, tengo a la princesa Blessed conmigo y he decidido sacarla de aquí, necesito de tu ayuda para eso, pero no será gratis-, le advirtió.
El pegaso, ya habiéndose levantado trotó hacia ella.
-Ya no te reconozco-, murmuró.
La unicornio imitó a su viejo amante, paseándose lentamente alrededor de Torn, ignorando el viento y la escarcha que comenzaba a morder asentarse en su pelaje, su pequeña excursión estaba tomando más de la cuenta y muy a su pesar, parte de ella ansiaba creer las palabras del pegaso, lamentablemente, el resto de su ser no estaba dispuesto a tal concesión pues el echar pie atrás sería renunciar a la justicia que su hermana merecía y ella, habiendo fracasado ya en protegerla no podía hacer otra cosa que salvaguardar su memoria.
No era una simple venganza para Silver Dagger, más que una vendetta, se trataba de un asunto de honor y lealtad.
-Deberías sentirte honrado por tener la oportunidad de enmendar tus errores, mi hermana… ella también creía en ti-, le recordó al pegaso en un intento por avivar en aquel viejo cariño que reservaba para la menor de las hermanas Silver.
Torn, que siempre se preocupó por las dos pensó larga y detenidamente en lo que debía hacer. Quería, al igual que Silver, el vengar la muerte de Silver Leaves, mas, eso significaría traicionar a sus nuevos aliados y si se equivocaba, si acaso había más en el fallecimiento de la hermana menor de Silver Dagger entonces él tendría que saberlo.
Y a pesar de todo eso, no podía hallar justificación para herir a otros ponis siendo que Leaves odiaba la violencia.
-Ella no querría esto y lo sabes, detestaba el conflicto, no le gustaría verte así, consumida por tus deseos de venganza-
La unicornio se detuvo frente al pegaso y lo observó largamente.
-Estaré esperando junto a Blessed y será mejor que se den prisa-, le dijo con finalidad, -Esa cosa a la que se enfrentan va a manifestarse dentro de poco, en cuanto la nieve deje de caer-
Con ello desapareció de forma tan misteriosa como había llegado, torn emprendió el viaje de regreso, pensando en qué decirle a Vortex y a Spike.
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La princesa de la noche descendió sobre un parche desierto en medio de los árboles, a su alrededor, las ramas congeladas creaban una pantomima de colores que creyó al principio eran una ilusión, pero conforme les prestaba más atención, se hizo evidente la magia involucrada allí, en su recibimiento.
Luna descubrió que cada copo de nieve a su alrededor había sido transformado en azúcar al mismo tiempo que, de la nada, una familiar garra de león levantaba la cubierta plateada de una bandeja. Recibió aquella singular ofrenda con mucho gusto, y supuso que por la hora, Discord tenía pensado el desayunar con ella. Luna disfrutó de sus panques azucarados con miel junto al señor del caos el cual, en un raro desplante de amabilidad se había enroscado alrededor de la princesa para protegerla del los elementos. Sobre ellos, un parche de estrellas se hizo presente entre las nubes, tintineando cada una de ellas al unisono.
-Necesitaba hablarte-
Luna supuso que debía de ser algo serio para que Discord buscase su atención lejos del palacio, la fecha límite se acercaba y el progreso con la barrera era tal que dentro de muy poco serían capaces de transportar tropas directamente al corazón del campo de batalla, sin embargo, esto no aliviaba en nada la enorme tensión que quejaba a los gobernantes de Equestria.
Algo más los esperaba, y salvo Discord, ninguno sabía que esperar.
-Discord, has estado actuando de manera muy extraña últimamente, hay algo… ¿hay algo que debas decirme?-, preguntó Luna.
El espíritu del caos permaneció en silencio, una sonrisa de autocomplacencia agració sus labios lo cual comenzó a impacientar a la alicornio.
–Detesto cuando me ocultas las cosas-, le recriminó la princesa, –sabes que así empezó la última vez-
Bastó eso para que Discord dejase de lado la idea de burlarse de Luna, claro que recordaba a lo que los habían llevado sus juegos la última vez, a una tumba viviente de piedra para uno y un horrendo exilio fuera del planeta para la otra.
–Arruine muchas cosas entonces-, admitió Discord después de un rato, –aun me cuesta creer que hayas podido perdonarme-
Luna terminó de degustar sus panques y recargó su cabeza sobre el lomo del draconecus, –Supongo que algo de ti sigue asombrándome viejo tonto y como a mi hermana, me gustan los dulces-, le dijo, –Así que ya dime, ¿qué es lo que te molesta?-
Discord suspiró profundamente y enfocó la vista en la negra espesura del bosque, como uno de los pocos momentos en los que demostraba algo de seriedad se avocó por completo a la princesa.
-Me gusta creer que casi todo lo que nos ha ocurrido hasta ahora es producto de la casualidad, incluso con una que otra profecía no hay forma de determinar el destino de alguien por completo, pero… las coincidencias son perturbadoras Luna, y me temo que lo nuestro le sucederá también a ellos-
-Twilight y Spike tienen poco en común con nosotros-, le rebatió Luna, –No todo tiene que terminar en una tragedia Discord-
–Pero es que ese es el problema mi querida princesa, una tragedia se avecina...-
Luna sacudió la cabeza y le dio un leve golpe con su casco izquierdo, –Pensé que no creías en el destino-, se burló.
Discord resopló por la nariz, quizás estaba siendo ridículo y viendo problemas en donde no los había, imaginó que todo eso se debía a su reciente encuentro con ese viejo enemigo al que creyó haber destruido en su juventud, sin embargo, no dudó de que lo mejor sería ser precavido, pues estaba seguro de que existía un plan allí que nadie más notaba.
–Tengo una corazonada, recuerda cariño, soy un experto en metajuegos y sé reconocer ciertas cosas-, le aseguró a la alicornio.
Luna entrecerró los ojos y se acurrucó en el cuerpo largo y sinuoso de su amante, dentro de poco, su hermana tendría que despertar para encargarse de alzar el astro solar y ella podría volver a dormir, aunque estando tan cómoda allí, bien podría ignorar su propia habitación para descansar en medio de la naturaleza.
Sus ojos estaban a punto de cerrarse cuando se dio cuenta de que Discord seguía inquieto, haciendo amago de sus últimas fuerzas, desvaneció del cielo a su anterior prisión y dio con ello inicio a un nuevo día, confiando en que su hermana ya estuviese despierta, luego, concentró su atención en el draconecus.
-Eso no es lo único que te molesta, ¿verdad?-
Vio como su mandíbula se tensaba, y si bien era cierto que Discord trataba de convencerse a si mismo de que lo que sentía no era sino un mal presentimiento seguía estando inquieto.
–Juega con nosotros-, farfulló molesto, –ese espectáculo que ha montado… sabe que no puede ganar-
Luna pensó en esto detenidamente, según lo que entendía, aquella magia se retiraba cada día un poco más, y desde que Trixie enfrentase a ese misterioso nigromante el retroceso de la niebla se volvió más pronunciado.
-Ahora que lo mencionas, nuestra magia ya puede afectar esa zona sin problemas-
Discord asintió grave, –Su magia es endeble frente a la nuestra, puede ser descabelladamente resistente pero aparte de eso no es nada especial-
Chasqueando sus garras, Discord dibujó en el aire una caricatura de un dragón púrpura armado con una espada de madera y lo hizo caminar en medio de un paraje nevado. Tal como si fuese un cuento, comenzó a narrar lo ocurrido desde que Spike fuese desterrado de Equestria.
–Spike ha sobrevivido a cada uno de sus encuentros con apenas una banda de guerreros y unas pocas provisiones-, dijo el draconecus, añadiendo al dragón un particular grupo de aventureros, un pegaso negro con una capa, un lobo hecho de ramas atadas con lianas y una poni que parecía ser una alicornio, pero sus alas y cuerno eran negros como el basalto, los cuatro bastante orgullosos y alegres, venciendo sin problemas a las huestes enemigas que asolaban la frontera, –no es mera casualidad entonces que nuestro enemigo haya asegurado una mejor presa con Blessed, la pregunta es qué hará ahora, que cinco dioses vayan a su encuentro-
Al decir eso, la escena cambió, los cuatro aventureros desaparecieron tras un velo de sombras mientras que la imagen de la hija de Cadence aparecía ante Luna, encerrada en una jaula, rodeada por los miembros deformes de incontables criaturas que rozaban los barrotes en un torpe intento por alcanzarla. Luna contuvo su espanto ante esa escena, y en su horror, comprendió lo que Discord ya presentía.
–No piensa luchar-, dijo la princesa en un hilo de voz, –buscará otra manera de vencernos, va a usarla a ella para llegar a nosotros-
Discord asintió y con eso, comenzó a soplar sobre la ilusión que se desvaneció en la nada.
–Ya sabemos que puede pasar oculto por siglos, e incluso sobrevivió a mi magia por lo que pelear no es una opción que vaya a tomar a la ligera. No, en vez de eso intentará repetir con Equestria lo que hizo con los habitantes de esa ciudad en la selva y que de seguro lleva repitiendo desde el inicio-
–Planea infiltrarse-, concluyó Luna, –Va a usarla para dispersarse y nos consumirá desde adentro-
Discord procuró que su se pelaje se tornase más suave y mullido, su parte de león comenzó a ronronear al sentir que la princesa bostezaba mientras que se acomodaba para dormir.
–No creí que fuese tan malo-, murmuró Luna, –Tendremos que ser más cuidadosos… de ahora en adelante-
El draconecus escuchó complacido la respiración suave y calmada de la alicornio, seguro de que no despertaría, comenzó a musitar con completa libertad sus apreciaciones sobre aquel adversario.
-Es… inteligente de su parte, mediocre si lo comparas con uno de mis planes pero no se queda sin merito, quizás para la siguiente utilice el mismo enfoque-
Con una sonrisa siniestra, pensó en lo sencillo que hubiese sido conquistar Equestria de haber sido un estratega algo más sutil, estaba convencido de que hubiese sobrepasado a la reina changelling y a muchos otros de haberse movido en las sombras en lugar de emplear sus habituales tácticas de confusión, sin embargo, reconocía que tal estratagema se hubiese vuelto inaguantable para él después de un tiempo pues sencillamente amaba los trucos, y la idea de verse privado de jugar con su presa antes de devorarla le parecía insatisfactoria.
Para el espíritu del caos, el crear un escenario confuso en el que él era maestro de ceremonias era una estrategia única, pues siempre se las arreglaba para hacer que sus enemigos danzaran al ritmo que él ordenase…
Se preguntó entonces si Luna también danzaría para él o si acaso, ella lo haría danzar.
-Serías una estupenda emperatriz del caos querida, más gloriosa y terrible de lo que cualquiera pudiese imaginar-
-Creí que ya era tu emperatriz del caos-, murmuró Luna medio dormida, –Ahora calla y vuelve a ser pachoncito-
El draconecus rió suavemente, invocando un manto de azul oscuro para cubrirse él y su princesa, velando en silencio por el sueño de esa pequeña poni a la que tanto amaba.
Con un último ademan de sus garras volvió a invocar aquella caricatura de Spike, lo dejaría encargarse de ese monstruo, de seguro, se dijo a si mismo, sería un gran desafío para el dragón si es que algún día planeaba regresar a Ponyville.
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–Ya queda poco princesa, ¿estas lista para volver a casa?-
Blessed comprobó que el broche de su capa no fuese a soltarse durante el trayecto, apenas tendrían un par de días para realizar el peligroso descenso al pequeño valle desde el cual podrían internarse en el bosque. Hasta ese momento la pequeña poni confiaba en que su guía y salvadora, Silver Dagger, la llevaría con Spike y que así podrían escapar todos de vuelta a Ponyville, en donde Twilight los mantendría a salvo.
Obviamente ese plan tenía unas cuantas fallas, como por ejemplo, el que Spike siguiese siendo un criminal para Equestria, pero ella estaba más que convencida de que le perdonarían todo al verlos llegar juntos, pues podría convencer al resto de los ponis que todo se trataba de un enorme malentendido y que ya no había necesidad de castigar a Spike. Sí, Blessed estaba segura de que eso resultaría y que dentro de poco las cosas retornarían a la normalidad.
Lo que la pequeña no esperaba, era la ventisca que salió de la nada, barriendo la ruta de escape que tenían planeada desde el inicio, curiosamente, la pequeña poni notó que las ansias de Dagger por abandonar la cabaña crecieron al darse cuenta de que pronto acabaría el invierno, no entendía del todo el motivo de su apuro, pues según ella, bien podrían haber resistido unos días más antes de descender de la montaña y así no tener que enfrentar el mal clima.
Sin embargo no estaba en posición de discutir, no después de todo lo que habían hecho por ella.
–Tienes que quedarte a mi lado en todo momento-
Asintió presurosa, sus mejillas coloradas por pasar tanto tiempo cerca del hogar encendido de la cabaña se veían llenas de vida, a diferencia de su aspecto en los días de cautiverio, algo temerosa, se preguntó si acaso ese tonto de Blueblood seguía allí afuera.
De la nada, un solitario silbido se impuso a la arremetida inexorable de los vientos y Silver Dagger, con una espada corta se plantó frente a la puerta.
Con una imperceptible mirada de soslayo de parte de Dagger, Blessed supo que debía esconderse, saltó a la cama de paja y se ocultó en ella, apenas dejando afuera parte de su hocico para respirar.
Silver Dagger se acercó a la puerta, lista para arremeter a la menor señal.
–¿Quién es?-
Desde el otro lado una voz dulce y a la vez eterea penetró la firme puerta de roble.
–Abre y averigualo-
Blessed observó atónita como Silver Dagger volvía a envainar su espalda para luego girar la cerradura de hierro y dar paso a la ventisca.
–No puede ser...-, murmuró la poni adulta, contemplando a alguien que ya no debería de existir.
Era tal y como la recordaba, el pelaje blanco inmaculado, los cascos negros decorados con detalles plateados, la crin elegantemente atada en una trenza larga descendiendo por el lado izquierdo de su cuello, era ella en vida, incluso si eso era imposible… sin embargo, en su presencia algo anti natura la hizo retroceder, aquel detalle en apariencia ínfimo y a la vez, cruelmente evidente saltaba a la vista, un solitario trazo sobre la piel, uniendo dos mitades en aparente armonía, un lazo de plata atando piel y carne, emanando la inconfundible esencia de la magia negra.
–¿Lo estabas esperando a él?, porque lo vi mientras subía la montaña-
Dagger volvió de su estupor y se plantó entre la princesa y la poni recién llegada.
–Deja de usar la apariencia de mi hermana-, ordenó, –enfrentame de una buena vez escoria changelling-
Silver Leaves sonrió dulcemente y entró en la cabaña, comenzó a pasearse alrededor de su hermana, franqueando lentamente su espacio personal, acercándose al lecho de paja con deliberada curiosidad.
Solo se detuvo al sentir el filo de una espada contra su cuello, y al notar el leve temblor de la paja que presagiaba el éxito de su misión.
–Soy yo hermanita, mira-, le indicó Silver Leaves a Silver Dagger, –esto de aquí, este hilo plateado es lo que me mueve-
El hilo, tan misterioso como insignificante resplandeció mientras se movía por el pelaje de la poni, el punto en que su ojo, rodeado por la extraña hebra se unía al resto de su cuerpo pulsó con vida propia, obligando a Silver Leaves a dejar huir su aliento.
Silver Dagger supo que no podía tratarse de la changelling, esa magia que estaba presenciando no se parecía para nada a la de esa especie.
–¿Qué clase de magia es esta?-, preguntó consternada, apenas atreviéndose a tocar a su fallecida hermana.
–Una muy antigua y poderosa-, respondió Silver Leaves, –Una magia prohibida en Equestria y cualquier otro rincón del mundo, la clase de magia que ni siquiera las princesas se atreven a utilizar-
Silver Dagger sintió como sus ojos se llenaban de lagrimas, toda su misión, ¡su venganza!, todo dejó de tener sentido.
–Debe ser una ilusión. Yo vi tu cuerpo, te sepulté-, susurró la poni, sintiéndose cada vez más somnolienta.
Silver Leaves se acercó a su hermana y la empujó suavemente a la cama, –Debes estar exhausta-, le dijo, –duerme y repone tus fuerzas, yo me encargaré de todo a partir de ahora-
Silver Dagger subió a la cama y se quedó dormida en un instante, a partir de allí, Blessed quedó a merced de la nigromante.
–Hola princesa-, la saludó, tirando de la capa de Blessed para sacarla de su refugio, la pequeña poni apenas pudo luchar contra el firme agarre de Silver Leaves.
La pequeña princesa logró en un momento tomar la suficiente velocidad para girar en el aire y plantar una firme patada con sus cascos traseros en el rostro de su captora, Blessed pensó en utilizar esa oportunidad para despertar a Silver Leaves y huir con ella, pero esa otra poni no se lo dejaría tan fácil.
Vio con horror como su extraño ojo izquierdo escapó de su cuenca, deteniéndose a medio camino del piso y rotando lentamente para verla de frente.
–¡Oh!, esa torpe unicornio con el ridículo sombrero lograron cortar uno de los hilos, supongo que no me veo tan hermosa como de costumbre-, bromeó la nigromante, –afortunadamente, para ti, es algo que puedo reparar-
Blessed siguió luchando, trató de darle otra patada pero Silver Leaves ya estaba preparada y en cuestión de segundos tenía a la princesa fuera de combate, atada desde sus cascos hasta la crin con ese mismo hilo plateado.
–¿Quién eres?, ¿qué hiciste con Silver Dagger?-, logró decir Blessed antes de que Leaves la amordazara.
–Mi nombre es Silver Leaves, y Dagger es mi hermana mayor-, le explicó, –no tienes nada que temer princesa, siempre que no opongas resistencia prometo no hacerte daño-
Luego, se inclinó hasta quedar a altura de la joven poni y susurró en su oreja.
–Nosotras tres huiremos de este condenado lugar, en cuanto cumplas tu propósito, princesa...-
Blessed no supo mucho después de eso, salvo por el hecho de que se hallaba afuera al igual que Silver Dagger y que algo o alguien las había puesto sobre una carreta, durante los breves momentos en que estuvo consciente logró escuchar trozos de conversación, aquella extraña poni que había aparecido de la nada hablaba con alguien a quien nunca antes había escuchado, discutían sobre cosas que no entendía, pero algo en especial llamó su atención, supo que no la llevarían de regreso a la caverna en la que la tuvieron encerrada, supo que volvería pronto a casa pero antes, algo harían con ella, algo que ni siquiera podía imaginar.
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Y con la llegada de la primera, viene la conclusión de todo.
