Sakura entró al día siguiente, viernes, con una sonrisa de oreja a oreja en el 'Vogue'. Tomoyo le había dicho que no la esperase, ya que iba a cenar con Eriol antes de empezar a trabajar. Mientras su hermano comenzaba a prepararlo todo en la puerta principal, Sakura se dirigió tarareando hacia el camerino que compartía con su mejor amiga. Sin embargo, antes de poder girar el pomo de la puerta, un brazo le rodeó la cintura y la pegó a la pared, provocándole un duro golpe en la cabeza. Sakura ahogó un grito al sentir que le faltaba el aire y enfocó como pudo los ojos en la oscuridad. El rostro de su jefe apareció ante ella, apestando a colonia barata.

-Muy buenas noches, pequeña Sakura-murmuró el jefe con voz ronca.

Sus ojos destilaban una aparente calma. Sakura debía tener mucho cuidado con lo que decía.

-Buenas noches, señor Reed-saludó Sakura tratando de mantenerse firme.

-Veo que vienes hoy la mar de contenta. ¿A qué se debe, si puede saberse?

Sakura inspiró con fuerza, aunque estuvo a punto de toser debido a la pestilencia del aliento de Reed.

-Me han regalado un pastel por mi cumpleaños-fue la única excusa que se le ocurrió, aunque era en parte verdad; aquel viernes era uno de abril, cumplía veintitrés años.

-Vaya-sonrió Reed, mostrando unos dientes amarillos, llenos de sarro y placa-. Qué detalle tan bonito. Por causalidad, no te lo habrá regalado uno de mis nuevos clientes, ¿verdad?

Sakura se tensó por dentro. Lo del pastel era mentira, a pesar de que Shaoran había insistido en prepararle uno al enterarse qué día era. Sakura había sido feliz simplemente al verle colgado de nuevo de la rama del árbol esa misma tarde.

-No, claro que no-repuso Sakura, sonriendo a su vez-. Jamás aceptaría nada de ninguno de sus clientes, señor Reed.

La mano derecha del jefe apretó con demasiada fuerza la cintura de Sakura, que profirió un quejido al notar sus largas uñas hincándose en su piel.

-Claro que no, princesa Sakura-coincidió Reed, acercándose más a ella-. Porque sabes cuáles serían las consecuencias si lo hicieras, ¿verdad?

Sakura asintió con la cabeza, empezando a temer que la tensión y el miedo hicieran presa de ella por completo y la tumbaran en el suelo cual alfombra.

-Eso está muy bien, pequeña Sakura.

Reed retiró los dedos de su cintura y la dejó libre. Sakura cogió aire por la nariz y por la boca al sentir que la soltaba y se alejaba de ella un poco.

-Recuérdalo siempre, princesa-prosiguió Reed perdiéndose en la estrechez del pasillo camino de su despacho-. Tú eres mía.

Ella no fue capaz de decir ni una sola palabra. Reed se alejó riendo, dejando a Sakura hecha un trapo. Se dejó caer por la pared hasta llegar al suelo y, allí, se hizo una bolita, abrazando sus rodillas con los brazos y enterrando su rostro en entre ellos. Sollozó. Apenas había vivido un día como novia de Shaoran y ya estaba recibiendo amenazas que la incitaban a pensar que su jefe sabía algo. El pánico cundió en ella. ¿Y si descubría que sí que había un cliente especialmente interesado en ella? ¿Y si se daba cuenta de que ese mismo cliente la había acosado, besado, llevado de viaje y seducido hasta conseguir que se quedara con él? ¿Y si averiguaba que se había enamorado de ella y ella, de él?

Sakura se llevó una mano a la boca para contener un grito de histeria. Sabía que no debería haber aceptado la propuesta de Shaoran y, aun así, se veía incapaz de romper su recién estrenada relación. Se aferró a la idea de que Tomoyo la ayudaría y de que Shaoran la protegería. Se lo había prometido. Sí. No le pasaría nada mientras Shaoran estuviera con ella.

Alzó un poco la cabeza, sintiéndose más decidida que hacía unos minutos. Se pegó a la pared y se apoyó en ella para ponerse en pie y sostenerse. Estaba cansada de que Clow Reed la mantuviera controlada por medio del miedo. Odiaba que la utilizara y la amenazara con destruir todo cuanto amaba si no hacía lo que él quería. Había pagado un precio demasiado alto por entrar a trabajar allí y, en lugar de obtener simplemente un puesto de trabajo, había conseguido tener pesadillas, temer a los hombres y rezar por no hacer nada que pusiera en peligro las vidas de aquellos a quienes amaba.

Tenía que resolver aquella situación. Su vida no podía depender de lo que otro mandara. Estaba harta, enfadada y dispuesta. Un fuego oscuro se apoderaba de ella y le daba fuerza y valor. Estaba a punto de encaminarse hacia el despacho de su jefe cuando Tomoyo apareció al otro lado del pasillo. Su amiga se acercó a ella y abrió mucho los ojos al verla. El pelo se le había revuelto a causa del golpe, tenía los ojos rojos por las lágrimas y se acariciaba casi sin pretenderlo la zona dañada por las uñas de Reed.

-¿Qué te ha pasado, Sakura?-la interrogó de inmediato Tomoyo, agarrándola por los hombros.

Sakura miró a ambos lados del pasillo por el rabillo del ojo y murmuró:

-Reed.

Tomoyo asintió, comprendiendo, aún con el miedo pintado en el rostro.

-Vamos-empujó a Sakura hacia el interior del camerino-, tenemos que arreglarnos.

-Reed me ha…-comenzó Sakura en susurros en cuanto Tomoyo cerró la puerta tras ella.

La morena negó con la cabeza y se llevó un dedo a los labios, indicando que guardara silencio. Sakura calló y dejó que Tomoyo la examinara con los dedos. Cuando ella llegó a su cintura, contuvo un grito. Reed le había dejado las uñas bien marcadas en el lado izquierdo de su cuerpo, como si hubiera tenido clavados pequeños y finos cuchillos de plata. Alguno de los arañazos incluso sangraba un poco. Tomoyo fue rápida y buscó el botiquín.

-No podemos dejar que te siga marcando de esta manera, Sakura-masculló Tomoyo mientras se afanaba en limpiar sus heridas con agua oxigenada-. Está abusando de ti.

-Lo sé-asintió Sakura, conforme con lo que decía su amiga-. Iba a plantarle cara cuando has llegado.

-¡No!-exclamó Tomoyo por lo bajo, tapando el bote de agua oxigenada y colocando las gasas y todo lo demás de nuevo en su sitio- Ahora no es un buen momento.

-Sospecha de alguien, Tomoyo-prosiguió Sakura con un hilo de voz-. Sospecha que un cliente va detrás de mí. No sabe que es Shaoran quien me ha estado persiguiendo, pero lo intuye.

Tomoyo se puso en pie y la miró a los ojos, tomándola de las manos.

-Debes decírselo.

-No puedo-negó Sakura, acongojada-. Si Shaoran se entera de todo esto me odiará. Pensará que soy una…

-No va a pensar nada de eso, Sakura-la cortó la morena, sacudiendo la cabeza.

Sakura suspiró.

-En el mejor de los casos, Shaoran querrá cortarle la cabeza a ese parásito de Reed-musitó la rubia, dejando caer la cabeza-. Y eso es algo que no puedo permitir. No puedo dejar que Reed sufra ningún daño.

Tomoyo frunció el ceño, confusa. Buscó su mirada y lo que encontró en los ojos verdes de Sakura le paralizó el corazón.

-Sakura… ¿Qué estás intentando decirme?

Ella cogió aire y miró con decisión a su amiga.

-Reed sabe cómo puedo encontrar a mi padre.