Aviso: Los personajes de Captain Tsubasa fueron creados por Yoichi Takahashi.

Advertencia: Contenido lime.

Destruyendo a Sanae

Por

Y. Honey

Capítulo XXI

La noche antes de la final.

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Sanae lo miró con atención, sonriendo mientras intentaba decidir que podía decirle, ya que no podía pensar en algo que le pareciera adecuado para continuar la plática. ¿Debía preguntarle por qué había regresado a Japón antes? Pero hacer eso tal vez lo haría sentirse incómodo. ¿Quizás si le preguntaba si ya había comido algo? No, eso era algo tonto. ¿O tal vez sobre su vuelo? Pero eso también sería una pregunta ridícula. Nerviosa, finalmente bajó la mirada, sintiéndose un poco apenada por no ser capaz de encontrar un buen tema de conversación al tiempo que intentaba identificar la razón por la que la cercanía de Kojiro la estuviera afectando de esa manera.

—¿Te vi caminar hacia la estación Sendagaya, ibas a… ver a tu familia? —Se arriesgó a preguntar, levantando el rostro y esperando que ese tema no fuera algo inoportuno.

—No, los veré hasta mañana en la final —respondió él, disfrutando poder ver a Sanae de cerca una vez más. No había olvidado lo bonita que ella era, pero ahora que volvía a tenerla de frente le parecía aún más hermosa que antes, y lo único que quería en ese momento era poder seguir hablando con ella y escuchar su voz, sabiendo que toda su atención sería finalmente para él.

—Ya veo… pensé que te quedarías con tu madre y tus hermanos —indicó Sanae, un poco más tranquila al darse cuenta de que este resultó ser el tema indicado para hablar con él.

—En realidad caminaba en esa dirección porque hacia allá queda el hotel —explicó Kojiro—, la verdad no hay lugar en la casa de mi madre, ¿sabes? Ahora que Takeru se graduó de la preparatoria Meiwa y entró a la Universidad Toho, ya no vivirá en Saitama con mis tíos.

—Me di cuenta que tu familia vive arriba del restaurante de tu madre, supongo que el departamento es pequeño.

—No tanto, tiene tres habitaciones —respondió el tigre, que al notar la confusa expresión en el rostro de Sanae, le explicó—. Mi madre ocupa una, Naoko la otra y Masaru y Takeru compartirán la tercera… antes yo podía quedarme con Masaru pero ya no será posible, y créeme, aunque podría dormir en la sala, la verdad es que un hotel es más cómodo.

—Tu madre… me habló un poco de su casa en Saitama; era bastante grande, ¿no es verdad? —preguntó ella a fin de mantener viva la conversación.

—Sí, y por eso la hemos rentado. Con lo que le pagan de renta y lo que consigue en el restaurante… —Kojiro hizo una pausa y se alzó de hombros—, bueno, con ese dinero mi madre ya casi no necesita lo que le deposito en su cuenta. Seguramente ya tiene ahorrada una buena cantidad, y me alegra.

—Sé que siempre es bueno tener algo ahorrado, pero… ¿hay alguna razón en especial?

—Ese dinero es para ayudar con los gastos de mis hermanos o para alguna emergencia médica —dijo él sin poder ocultar un tono de orgullo y satisfacción en su voz.

Sanae simplemente asintió y le sonrió, recordando por una de sus primeras conversaciones con Naoko, que Kojiro siempre había ayudado a su familia por sobre todas las cosas. Escucharlo de sus propios labios hizo que esa realidad finalmente quedara sentada en su pecho, y sintió una fuerte admiración por él al intentar imaginar la clase de sacrificios que siempre tuvo que hacer para poder apoyar a su madre. ¿De cuántas cosas se habría privado para poder ser el pilar de sus hermanos?

"Los quieres tanto que sacrificaste tu niñez por ellos… eso explica tanto de ti, Kojiro," pensó ella sin dejar de mirarlo, comprendiendo, al fin por completo, la razón de su actitud brusca y obstinada cuando ambos eran niños. "Has cargado un mundo sobre tus hombros tú solo desde que eras un niño… con una responsabilidad tan grande a tus espaldas no me sorprende que actuaras así cuando te conocí por primera vez… si tan sólo lo hubiera sabido desde el principio…"

Pensaba esto cuando una mujer rozó su hombro mientras pasaba hacia la estación. Dándose cuenta de que estaban comenzando a estorbar el paso de la gente, Sanae comenzó a andar hacia la avenida en silencio, meditando aún en lo que debió significar para un niño de primaria el tomar un compromiso tan fuerte como lo había hecho Kojiro. El tigre la siguió, y ella se dio cuenta de que había algo más que Hyuga quería decirle, o eso le parecía, así que se mantuvo en silencio, dándole tiempo para que se decidiera a hablarle.

—¿Ya has cenado algo? —preguntó entonces él—. Son casi las siete de la noche, y…

—Todavía no, en realidad pensaba ir al hotel a dejar mis cosas y cambiarme de ropa antes de ir a comprar algo.

—Si te parece bien… —empezó Kojiro—, te acompaño a tu hotel para que no vayas sola, y después podemos ir a cenar los dos. ¿Hacia dónde queda tu hotel?

—También está en aquella dirección, a unos diez minutos de aquí —indicó Sanae sintiendo que un ligero calor le subía por las mejillas ante la idea de ir a cenar con él—. Pero está del otro lado de la avenida… y si no te molesta desviarte un poco, creo que… creo que sí me gustaría ir a cenar contigo.

—No me molesta —le aseguró él, acercándose a ella para poder caminar a su lado—, no me molesta para nada.

—Tampoco a mí —sonrió ella, sintiéndose de repente más cercana a él luego de haber comprendido la razón detrás de su agresivo comportamiento cuando ambos estaban en la escuela. Ahora comprendía que nunca fue porque él era una mala persona, aunque eso ya se lo había demostrado durante los últimos meses, sino porque sus hermanos pequeños contaban con él y nunca quiso decepcionarlos.

"Ahora sé bien porqué tus hermanos te admiran tanto," se dijo, mirándolo en silencio mientras se preparaban para cruzar la calle. "Y no sólo ellos… creo que… creo que yo también."

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El restaurante de la pensión en que se hospedaba el club de volibol de la preparatoria Furano era pequeño, de cuatro mesas y una barra con cinco bancas, aunque su tamaño era bastante adecuado para el lugar, un establecimiento familiar que contaba sólo con dos pisos y quince habitaciones. Esto contrastaba bastante con el hotel, algo más grande y con un poco más de lujo, en el que se hospedaban el equipo y el personal del Colegio Toho, aunque a ninguna de las jugadoras del Furano reunidas en ese momento en el restaurante para cenar juntas, les molestaba ese detalle.

—Apuesto que las niñas ricas del Toho se llevarán una sorpresa cuando las derrotemos mañana — comentó Mariko, que estaba sentada junto a Mayumi y la asistente del club, con tono de broma a fin de animar un poco el ambiente, un poco serio, en el comedor—, seguramente no han pensado que una escuela modesta como el Furano será la que les termine pateando el trasero en este torneo.

—Más vale que no estés de bromista en el partido —la reprendió Asuka, que se sentía bastante nerviosa por tener que enfrentar al Toho, desde el otro lado de la mesa—, si te distraes haciendo chistes nuestro ataque será menos efectivo, y te aseguro que Naoko Hyuga y sus compañeras no van a tenernos ninguna consideración durante el partido.

—Nosotras tampoco la tendremos con ellas —intervino Mayumi entonces—, hemos llegado a la final juntas y nuestro principal objetivo debe ser ganar el partido juntas. Así que no se peleen, muchachas, disfruten la cena y relájense, es importante que estemos al máximo mañana.

—La capitana tiene razón —aceptó Mariko—. No te preocupes, Asuka. Te prometo que me concentraré al máximo durante la final; cuando estemos jugando, haremos todo lo posible por anotar en cada oportunidad.

—Y las demás nos encargaremos de enviarles pases al frente siempre que podamos —prometió Asuka.

—Y en cuanto a la avispa del Toho… —dijo Mayumi, su expresión completamente seria—, me aseguraré de quitarle no sólo el aguijón, sino también las alas… haré todo lo posible por evitar que Naoko Hyuga nos anote, se los prometo.

—¿La señorita Matsuyama? —Llamó entonces la recepcionista del hotel desde la entrada del restaurante—. Tiene visitas en el lobby.

—Soy yo —dijo Mayumi levantándose, preguntándose quién la estaba buscando, aunque si tenía suerte serían sus padres o su primo—. Voy en un momento.

Mayumi no pudo evitar sonreír al encontrarse con Hikaru Matsuyama y Machiko Machida esperándola en el lobby del hotel. Pensaba que los vería hasta el día siguiente antes o después de la final, y verlos allí en ese momento la hizo sentirse bastante feliz, pues gracias a eso se sintió segura de que tendría el apoyo de alguien muy importante para ella durante el partido.

—Hola, prima —dijo Hikaru, levantándose del sofá al verla acercarse a la recepción.

—Mayumi —saludó Machiko, imitando a Hikaru también poniéndose de pie.

—Hikaru… Machiko… no esperaba verlos —dijo la muchacha, sonriendo al acercarse—. ¡Pero me da mucho gusto que hayan venido a verme!

—Tenía que venir a saludarte —le contestó Hikaru, que no podía ocultar el orgullo que lo invadía—, necesitaba felicitarte por llegar a la final, ¡estoy muy contento por ustedes!

—También yo —agregó Machiko mientras sonreía—, ustedes son el primer equipo del Furano que llega a una final nacional… es algo histórico para nuestra escuela, Mayumi, ¡felicidades!

—Gracias… aunque no fui sólo yo, todas nos esforzamos mucho para calificar a la final —dijo con timidez la joven Matsuyama, que se sonrojó un poco y bajó la mirada, presa de una fuerte emoción al ser felicitada por su primo favorito y por Machiko, a quien ya había comenzado a estimar bastante.

—Lo sé, pero tú eres la razón por la que el equipo mejoró tanto en tan poco tiempo —respondió Hikaru, que le sonrió juguetonamente a Mayumi—, y pensar que sólo empezaste a jugar volibol en la preparatoria, antes eras una chica rebelde que sólo pensaba en ser la más ruda de su escuela…

—¡No seas mentiroso! —Se quejó Mayumi mientras le pellizcaba el brazo a su primo—. ¿Qué va a pensar de mi Machi?

—¿A qué se refiere Hikaru? —Preguntó intrigada Machiko—. ¿Nunca habías practicado un deporte?

—Sí, kendo. Yo era la tercera del equipo de kendo en mi otra escuela —dijo Mayumi, tranquilizándose al recordar con un poco de nostalgia sus días entrenando para las competencias de la secundaria—. Como éramos pocos miembros el club era mixto, y yo solía practicar con muchachos, eso me ayudó mucho a desarrollar un estilo defensivo porque era la única manera de competir con ellos.

—Oh… eso explica por qué eres tan buena interceptando el balón —razonó la joven Machida—, el kendo seguramente te afiló los reflejos.

—Y también la fuerza en los brazos —agregó Mayumi mientras levantaba el puño—, detener un golpe de boken no es nada fácil y menos cuando entrenas con hombres y mujeres.

—¿Pero por qué dejaste el club de kendo? —inquirió Machiko, bastante intrigada por la información.

—El club se desbandó en la preparatoria —respondió la joven Matsuyama levantando los hombros—, una amiga me invitó a probar jugando volibol y me terminó gustando… lástima que no pude jugar en el torneo nacional con las chicas de mi vieja escuela.

—No me habías platicado de eso.

—¿Por qué no le cuentas a Machi del accidente? —sugirió Hikaru.

—Fue una tontería… me gustaba ir a nadar a la playa en Katsurahama —inició Mayumi, mirándose la mano izquierda pensativa, pues no le gustaba mucho recordar que se había perdido todo el torneo regional del año anterior debido a su estúpido descuido—. El domingo anterior a que empezara el campeonato local en Kochi decidí ir temprano a la playa con mis amigas, pero…

—No tienes qué contarme si no quieres —ofreció Machiko al notar la expresión de Mayumi.

—Está bien, no tiene nada de malo —suspiró la joven Matsuyama bajando la mirada—. Es… es sólo que ya era hora de regresar, así que íbamos a los vestidores pero… me resbalé en un charco y caí sobre mi mano izquierda… me rompí tres dedos y no pude jugar en el campeonato. Y lo peor es que nuestro primer oponente en el torneo local fue el Colegio Fujimi. Como te podrás imaginar Kozue, Midori y Yumi hicieron pedazos al equipo de mi escuela.

—Ahora entiendo por qué querías jugar contra ella —recordó la joven Machida.

—Me habría gustado mucho enfrentarla —aceptó Mayumi—, pero quizás el próximo año. Mi objetivo ahora… no, el de todo el Furano, es vencer al Toho mañana en la final.

—Nosotros estaremos apoyándote durante el partido, sé que tienen lo necesario para ganar —le animó Hikaru con una sonrisa llena de confianza, apoyando su mano sobre el hombro de la muchacha—. Y no importa qué pase, yo ya estoy muy orgulloso de ti por lo que han conseguido, prima.

—Hikaru… gracias —Mayumi sonrió con calidez—. Te prometo que haremos nuestro mejor esfuerzo mañana… ¡y ya verás que no te decepcionaré!

Horas más tarde, casi a la medianoche…

Mayumi Matsuyama, acostada en su futón cerca de la ventana, no podía conciliar el sueño. Había visto los videos del partido entre el Toho y el Fujimi que les consiguió la asistente y no podía evitar sentirse bastante impresionada. Kozue, como ya lo esperaba, había realizado jugadas extraordinarias, mientras que Naoko demostró que en realidad no podían tomarla a la ligera, su tiro especial era verdaderamente impresionante y no sólo eso, el Toho era en general un equipo muy sólido. El partido del día siguiente sería en realidad muy duro.

"Debo admitir que eres formidable, Naoko Hyuga," pensó Mayumi, mirando hacia el cielo nocturno a través de la ventana abierta de la habitación mientras recordaba la manera en que el Toho logró vencer al Fujimi. "Pero no pienso perder contra ti. Prometí que al fin un Matsuyama vencería a un Hyuga en la cancha y voy a cumplir esa promesa… y también apoyaré a mis compañeras para que podamos ganar la final juntas… ¡el Furano será campeón este año!"

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Habían caminado ya dos calles sin pronunciar palabra y, aunque Sanae estaba comenzando a sentirse un poco nerviosa por la falta de conversación el silencio entre ambos no le resultaba incómodo, pues sentía que podía estar a su lado sin preocupaciones, simplemente disfrutando de su compañía. Pero a pesar de eso, también deseaba hablar con él y escuchar su voz, escucharlo decir su nombre de esa sugerente manera que le hacía temblar el corazón…

—Sanae… —llamó él, sin darse cuenta del efecto que sus palabras tenían en ella—, gracias por lo que hiciste.

—¿Lo que hice? —le preguntó, un poco confundida—. Kojiro, si apenas nos encontramos, no entiendo…

—Le ayudaste a Naoko cuando recibió un golpe en las manos en el partido de cuartos —explicó él, deteniéndose para mirarla de frente—, te lo agradezco mucho. Mi hermana me envió un mensaje y me contó que fue gracias a ti que pudo volver a jugar en el juego contra el colegio Hakuunzan.

—Oh… en realidad sólo estaba cumpliendo esa promesa que hicimos —dijo ella experimentando cierta timidez al estar bajo su mirada—. Pero… para mí fue un placer hacerlo. Tal vez suene tonto pero… creo que Naoko al fin me aceptó como amiga, ¿sabes?

—Me alegra escuchar eso —sonrió él, más tranquilo al saber que su hermana y Sanae ya habían hecho amistad. Kojiro hizo una pausa y entonces agregó—, yo también cumplí mi promesa de venir a ver la final.

—Pero llegaste antes, tigre —le dijo ella pensativa—, te esperábamos hasta mañana.

—Vine antes porque sabía que el Toho llegaría a la final —indicó él, metiendo las manos a los bolsillos de su chamarra.

—¿Y me imagino que por eso fuiste al Gimnasio Metropolitano? —Preguntó Sanae, levantando una ceja al pensar en lo extraño que había sido encontrarlo allí.

—Pues… no. También hay otra razón —respondió Kojiro, acercándose un poco más a Sanae.

—¿Me dirías cuál? —pidió ella en voz baja, levantando el rostro para poder mirarlo de frente, pues Kojiro estaba tan cerca que si lo deseaba, podría recargar sin problemas su frente sobre su pecho, algo en lo que muy para su vergüenza no pudo evitar pensar ni sentirse muy tentada a hacer.

—Pensé que si iba al gimnasio podría verte antes —aceptó el joven Hyuga. El tigre se dio cuenta entonces de que su deseo de tomar a Sanae entre sus brazos no había desaparecido, de hecho se había vuelto más fuerte. Sin poder contenerse más, posó su mano derecha sobre el hombro de Sanae, finalmente convenciéndose al tocarla de que no estaba soñando y que ella estaba verdaderamente frente a él—. Si no me hubieras llamado, Sanae… no nos habríamos visto hasta mañana.

—Kojiro… eso… —Sanae respiró profundamente, disfrutando de un modo que no podía entender el sentir su mano tocándola, pero también muy sorprendida por lo que él acababa de decir. Escucharlo admitir que en realidad quería verla la hacía sentirse… bien—. ¿Es verdad?

—Sí, verte de nuevo era… era algo importante para mí —le dijo él, acariciándole gentilmente el hombro—. Me alegra haberte encontrado esta noche.

—También a mí… —respondió Sanae con un murmullo, bajando el rostro para evitar que Kojiro pudiera mirarla, pues estaba segura que se había sonrojado—. Ya quería verte y… y hablar contigo otra vez.

—Podremos hablar con calma cuando cenemos —le prometió Kojiro—. Vamos, te acompaño a dejar tus cosas a tu hotel.

Un poco después…

Se detuvieron a esperar el cambio de luz antes de cruzar la calle, y Sanae no pudo evitar mirar el edificio de quince pisos ubicado en contra esquina. Era el Hotel Hallmark, el más lujoso de la zona y que se distinguía por su frente y costados, recubiertos de cristal. Se había preguntado si hospedarse allí sería muy caro en más de una ocasión, e incluso había bromeado con Naomi acerca de que la escuela podría haberlas enviado allí en lugar de al Hotel Ryokan un par de calles más adelante, aunque ambas sabían que el costo seguramente sería prohibitivo incluso para un colegio privado tan respetado y con altos recursos como era el Toho.

—¿Ese es tu hotel? —preguntó Kojiro, que notó el interés de Sanae en el edificio al otro lado de la calle.

—No, claro que no, me estoy hospedando en el Ryokan, con el resto del equipo.

—Yo tengo una reservación allí —dijo Kojiro entonces, aunque por su tono de voz era claro que no intentaba presumir al respecto—, en la agencia de viajes me dijeron que era un buen hotel; espero que no me hayan mentido.

—¿Tú… te quedarás allí? —Le preguntó ella, al principio le pareció algo exagerado, pero luego recordó que la señora Matsumoto le había comentado que Kojiro tenía ingresos bastante altos gracias a su trabajo de publicidad, por lo que razonó que el tigre podía pagarse esto e incluso algo más caro.

—Sí, aunque habría preferido algo menos… extravagante —sonrió él—, de cualquier modo haré registro luego de que hayamos ido a cenar, aunque…

—¿Por qué no llegas a registrarte? —Sugirió Sanae—, a fin de cuentas me queda de camino.

—Podría, aunque más bien recordé que según el folleto, el restaurante del hotel debe ser muy bueno. ¿Qué te parece si cenamos allí?

Sanae parpadeó indecisa. Llegar al hotel de Kojiro ya le parecía algo un poco más allá de simplemente cenar con él en algún restaurante de la zona, y no estaba segura si cenar con él aquí era buena idea. ¿Qué tal si esto les causaba algún problema?

"Pero… no creo que este mal," se dijo, mirando al hotel y después a Kojiro, que esperaba su respuesta. "Sólo iríamos a comer algo… no es como si me estuviera invitando a su habitación… además, ¿no había decidido ya salir con él? No habrá problema, es sólo una cita entre amigos, nada más."

Kojiro se entretuvo mirando el ir y venir de los automóviles y la gente mientras Sanae decidía si quería ir a cenar al Hallmark. Habría preferido pasar el tiempo mirándola, pero no quería ponerla nerviosa; ya había notado que le estaba resultando ligeramente difícil mantener una conversación con él, y se preguntaba la razón. No era que él no hubiera intentado iniciar una plática con ella, pero durante varios de esos intentos al final no sabía cómo podría continuar y simplemente terminaba andando en silencio o cambiando el tema, algo que también le había pasado a ella.

"No entiendo por qué es más fácil decirle lo que quiero cuando hablamos por teléfono…" pensó, suspirando con algo de tristeza. "Pero al menos he podido verla otra vez, y quizás podré volver a decirle lo hermosa que es…"

La imagen de Tsubasa bailando con Sanae durante su boda entró en la mente de Kojiro, y no pudo evitar sentir una ola de remordimiento al recordar que la linda mujer a su lado estaba casada. Sabía que no debía seguir adelante, pero ya había llegado muy lejos para detenerse, y además, si lo que había visto en España era la norma, a Tsubasa le interesaba más pasar el tiempo con su amigo Taro que preocupándose por su mujer. Molesto al recordar ese encuentro con su rival, el tigre cerró los ojos y respiró profundamente a fin de sacarse a Tsubasa Ozora de la cabeza. No lo consiguió, en lugar de eso su imaginación conjuró la voz de Ozora recordándole que Sanae era su esposa y que no debería acercársele.

"Tú no la mereces," pensó, finalmente logrando olvidarse de Tsubasa. "Si ella te importara no la habrías alejado de ti."

—Cenemos aquí —dijo entonces Sanae, sacando a Kojiro de sus sombríos pensamientos—. Así puedes aprovechar para registrarte.

—¿Estás segura?

—Sí, lo estoy —afirmó Sanae—, será interesante ver si podemos comer algo sabroso.

Sanae se sentó en uno de los sofás cercanos del Lobby mientras Kojiro iba a recepción a registrarse. Dedicó un momento a mirar el lugar, pues la decoración del hotel le parecía agradable y tuvo que admitir que era de buen gusto aunque se habían pasado un poco del color verde en su opinión. Estaba pensando eso cuando su celular sonó, anunciando que había recibido un mensaje. La muchacha sintió una punzada de miedo y remordimiento, ¿qué tal si era Tsubasa?

—Me pregunto quién es… —murmuró, mirando nerviosa hacia recepción, en donde Kojiro aún seguía ocupado.

Esperando que el mensaje no fuera algo que pudiera interrumpir su cena con Hyuga, sacó su celular de la bolsa y miró quién lo había enviado. Dejó escapar el aliento que había contenido sin darse cuenta y se calmó al ver que no era un mensaje de Tsubasa, ni siquiera era de alguien de su familia.

El mensaje lo había enviado Naomi, y la entrenadora decía lo siguiente:

[Sanae, ¿está todo bien? Ya es un poco tarde y no te he visto por aquí, ¿sigues en el gimnasio?]

[Te recuerdo que mañana tenemos que estar a las diez de la mañana en el gimnasio, así que por favor avísame si pasó algo que te haya retrasado o en caso de que no puedas venir a dormir al hotel.]

Sintiéndose tranquila al saber que no había pasado nada malo con su sobrino o con sus padres, y que Tsubasa tampoco le había enviado nada, Sanae volvió a desviar la mirada a recepción y constató que Kojiro todavía estaba arreglando algo. Se preguntó brevemente qué era lo que lo entretenía, pero al final razonó que estaba bien, pues le daría tiempo de responderle a Naomi.

—Aunque… ¿qué le contesto? —se preguntó en voz baja mientras volvía a leer el mensaje de la entrenadora. No podía decirle en dónde estaba y mucho menos con quien; tampoco podía decirle que estaba con amigos o con compañeros de la universidad. ¿Entonces qué podía decirle?

Sanae consideró varias ideas por unos segundos, hasta que pudo encontrar una que le parecía aceptable. Se sentía un poco mal por mentirle a Naomi, pero era la única manera de poder asegurarse que podría cenar con su tigre en paz. Respirando profundamente para ahogar la sensación de culpa, la joven respondió lo siguiente.

[Hola, Naomi. Estoy bien, no te preocupes.]

[He tenido que venir a ayudar a mi cuñada con mi sobrino, ya que mi hermano salió de la ciudad y regresa mañana; no creo que tenga qué quedarme a dormir aquí, así que estaré en el hotel en unas horas.]

[Sólo espero que no haya pasado nada con las chicas; ¿alguna se siente mal?]

[Por favor avísame si las muchachas están bien, así podré estar más tranquila y mañana iremos todas juntas al gimnasio, te lo prometo.]

Pasó saliva al enviar el mensaje y se recargó en el sofá para intentar relajarse. No solía mentir y haber usado a la familia de su hermano como excusa no le sentaba muy bien; en realidad el remordimiento por inventarse ese cuento sólo para poder cenar a solas con un hombre que no era su marido le resultaba bastante pesado. Quizás podría disculparse con Kojiro y acordar ir a cenar otro día, así podría apresurarse hasta su hotel y evitar mentirle más a Naomi.

"Pero si hago eso rompería nuestra promesa," pensó al darse cuenta de que la idea de alejarse de Kojiro Hyuga le provocaba cierto malestar. "No… todo saldrá bien, sólo cenaremos. No me tardaré mucho y seguramente a las diez ya estaré en el hotel y no habrá ningún problema."

Su celular timbró en ese momento, indicando que había recibido una respuesta. Sin perder tiempo, Sanae se apresuró a leer lo que la entrenadora le había enviado.

[Las muchachas están todas bien.]

[Por cierto, si te entretienes mucho con tu cuñada será mejor si te quedas a dormir allí, no vale la pena que vengas hasta el hotel si ya es tarde, podemos vernos mañana temprano aquí o en el gimnasio.]

[Si te puedo ayudar en algo, estoy a tus órdenes.]

Naomi había aceptado la mentira, y a pesar del fuerte desasosiego que le provocaba el engaño Sanae no pudo evitar sentirse aliviada de que todo hubiera resultado bien. Tranquila al saber que ya nadie la interrumpiría, desvió la mirada hacia recepción. Se encontró con que Kojiro ya había terminado su registro y se dirigía hacia ella; llevaba una tarjeta de plástico blanca entre los dedos, y por su expresión parecía que conseguir habitación le había resultado bastante complicado. Intrigada, se levantó y se acercó a él.

—Te tardaste, ¿pasó algo?

—Hubo un pequeño error en la reservación y ya le habían dado mi habitación a otra persona —explicó él con un tono molesto mientras se guardaba la llave electrónica en el bolsillo trasero del pantalón—, al final pude conseguir que me dieran otra en el quinto piso, y espero que sea agradable. La que yo había pagado era una suite en el décimo que incluía cocina y otras cosas, y me han dado una más pequeña… en fin, al menos me devolvieron la diferencia y no traigo equipaje que haya qué mover, así que supongo que pudo ser peor.

—Lo siento por ti, pero al menos lograste arreglar algo —comentó Sanae, que entonces agregó—, pero si sólo traes esa mochila, ¿entonces no trajiste nada de ropa?

—Tengo más en la casa de mi madre —explicó él, acomodándose la mochila—, aquí sólo traigo un cambio para mañana, no acostumbro llevar muchas cosas cuando salgo de viaje.

Ella asintió, mirándolo mientras se preguntaba qué se pondría al día siguiente. No podía ser nada formal, así que pensaba que sería una camiseta, otros pantalones y algunas otras cosas.

—La entrada al restaurante está detrás de recepción —indicó Kojiro entonces—, ¿qué tal si vamos ya?

—Sí, vamos.

El pasillo que llevaba al restaurante era amplio, limpio y bien iluminado, y también un poco largo, o al menos eso le pareció a Sanae, aunque al notar que había puertas que llevaban al estacionamiento subterráneo, al salón de eventos de la planta baja y a las escaleras, comprendió la razón.

También estaban allí los ascensores del hotel.

Kojiro, por su parte, todavía estaba un poco molesto por el error con su reservación, y eso era lo que mantenía toda su atención, por lo que decidió que al menos tenía que asegurarse de que no le habían dado una habitación desagradable o de lo contrario no podría estar tranquilo mientras cenaba con Sanae.

—Iré a dejar mi mochila en mi cuarto, así aprovecho para revisarlo —comentó él, deteniéndose cuando estuvieron frente de uno de los tres elevadores.

—Oh… ¿Y qué hago yo mientras? —preguntó ella, no muy emocionada ante la idea de quedarse sola.

—Te dejaré primero en el restaurante, allí podrás esperarme —respondió él—, no me tardaré mucho.

—Eso… me resultaría muy incómodo —le contestó cruzándose de brazos. ¿Le había mentido a Naomi para esto? Eso no le agradaba. Ella estaba arriesgando más que él; no era justo que precisamente en ese momento decidiera hacer lo que se le diera en gana—. Digo… ¿para eso me trajiste aquí, para dejarme sola en el restaurante mientras tú haces quien sabe qué cosas en tu habitación?

Kojiro, pensando que era raro que Sanae le estuviera hablando en ese tono, en particular porque al que le habían dado un mal servicio era él, simplemente se inclinó un poco para poder mirarla directo a los ojos. Se sentía un poco irritable por el error del hotel y esta extraña acusación que ella le había lanzado, a la que no le veía razón, no le sentó muy bien. ¿En verdad pensaba ella que la haría esperar mucho tiempo? Ridículo, ¡si lo único que le interesaba era estar con ella!

—Sube conmigo y así podrás ver que sólo pienso dejar la mochila en la cama —le retó él, que a pesar de lo mucho que le gustaba Sanae, no pensaba dejar que lo acusara de esa manera—. Cosas raras… ¿quién crees que soy, un pervertido?

—Claro que no, pero… —Sanae hizo una pausa, sorprendida de que Hyuga no le hubiera obedecido de inmediato. No estaba acostumbrada a este tipo de reacción de un hombre que estuviera cerca de ella.

"En verdad es muy diferente a Tsubasa…" Sanae parpadeó al entender esta nueva diferencia entre los dos. Kojiro no le estaba dando la razón porque consideraba que lo que le decía era injusto… al contrario, se había defendido.

Y eso la intrigaba. La intrigaba mucho.

—¿Subirás conmigo o prefieres que te lleve al restaurante para que me esperes allí? —Insistió el tigre cruzándose de brazos—, porque a mí me da igual.

Sanae, que no pensaba dejarse amedrentar después de haber tenido qué mentirle a su amiga Naomi, terminó tomando el tono de voz de Kojiro, provocativo y seguro, como un desafío personal. Decidiendo que no podía dejarlo pensar que ella era una niña boba y dócil como las insípidas modelos italianas con las que trabajaba en sus comerciales, Sanae caminó resuelta hasta el panel junto al ascensor central y presionó el botón para llamar al elevador.

—Subamos —le respondió con un tono desafiante—. Así ahorraremos tiempo y podremos por fin bajar a cenar.

La joven ya no dijo nada, limitándose a darle a Kojiro la espalda y cuando se abrieron las puertas del ascensor, se aseguró de entrar antes que él.

—¿En qué piso dijiste que estaba tu habitación, Hyuga? —le preguntó, su dedo índice a pocos centímetros de los botones en el tablero.

—En el quinto —contestó él, presionando rápidamente el botón antes que ella. Sabía que era algo tonto, pero si ella quería retarlo, entonces él no se echaría para atrás—. La habitación es la 509.

—Pues vamos entonces —replicó ella, recargándose en la pared del elevador, manteniendo la mirada fija en el tablero. Sanae sabía que estaba haciéndose la difícil y entendía que era algo idiota, pero no podía evitarlo, la aparente necedad de Kojiro la hacía reaccionar así.

"¿Debería irme?" Se preguntó, le parecía que la cita probablemente ya estaba arruinada y seguramente no podrían conversar de nada agradable luego de esta estúpida discusión. "Pero si me voy tal vez no podamos volver a estar solos…"

Kojiro, las manos en los bolsillos, miró de reojo a Sanae y decidió que aún y cuando ella parecía estar a punto de hacer una rabieta por una tontería, eso no había hecho que dejara de considerarla bonita. El muchacho respiró profundamente y logró calmarse, dándose cuenta de que actuar como un chiquillo sólo por lo que de seguro era un malentendido era bastante infantil, y ellos ya no estaban en primaria.

"Supongo que puedo explicarle eso después," se dijo al notar que estaban por llegar al quinto piso.

Sanae sabía que Kojiro la estaba observando, y la manera en que lo hacía hizo que olvidara el ligero enfado que sentía e incluso le ayudó a darse cuenta de lo que acababa de hacer: Con tal de demostrar que no era como las estrafalarias modelos italianas, se había metido de cabeza en una situación que cualquier hombre tomaría como una invitación a saltarle encima. Sintió un poco de miedo, no podía evitarlo, ¿Kojiro sería capaz de intentar algo en el elevador?

Las puertas volvieron a abrirse, pero en esta ocasión Sanae, que miró a Kojiro con cierto recelo, esperó hasta que él saliera del ascensor, limitándose a seguirlo en silencio por el pasillo hasta que doblaron una esquina y llegaron a su destino, la habitación 509.

"Parece que no intentará nada en el pasillo…" suspiró ella, más tranquila al entender que Kojiro no haría nada extraño.

—Espera aquí mientras dejo la mochila, ¿o prefieres entrar para convencerte de que no soy un malvado y pervertido maestro de las artes marciales que se roba la ropa interior de mujeres inocentes? —La retó él de nuevo, aunque en esta ocasión su sonrisa dejaba muy en claro que sólo lo hacía para bromear con ella.

—No seas tonto, ya sé que no lo eres —le contestó ella divertida, pues había entendido la referencia en su broma y no pudo evitar sonreír ya que el comentario le pareció divertido. Se sintió sorprendida por la manera en que Kojiro había logrado hacer que se olvidara de su enfado y su temor de una manera tan sencilla, era algo que no había relacionado con él antes—. Revisa tu cuarto Hyuga. Yo te espero aquí, ¿está bien?

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No mucho antes…

—¿Vas a salir, Naoko? —Preguntó Sayuri al ver que la capitana se separaba del grupo, que apenas acababa de salir del restaurante del hotel Ryokan en donde habían cenado juntas, y en lugar de seguirlas se dirigía hacia recepción.

—Sí, iré a la tienda —explicó la capitana—, ¿quieren que les traiga algo?

—Yo estoy bien —dijo Hanako mientras se estiraba, detrás de ella, el resto de las jugadoras del equipo de volibol del Toho dijo prácticamente lo mismo, indicando que no necesitaban nada.

—En ese caso regreso en un rato —indicó Naoko.

—No tardes, tenemos planeado ver una película juntas más tarde —le recordó Sayuri—. Así podemos distraernos un poco. Luego de la plática que nos dio la entrenadora para darnos la estrategia para el partido de mañana, creemos que necesitamos relajarnos un poco.

—Si es una de esas viejas películas de detectives americanas en blanco y negro que te gustan tanto mejor me iré a dormir a la habitación de la doctora —bromeó la joven Hyuga.

—No, esta vez la eligió Hanako.

—¿Es la nueva de Pretty Cure? —Le preguntó Naoko, recordando que Hanako se había vuelto bastante aficionada a ese anime de chicas mágicas gracias a que solía ver la serie con su hermana menor.

—No, es el nuevo drama de Haruka Fukuhara —dijo Hanako, que entonces agregó divertida—, pero si tanto te interesa podemos ver algunos episodios de Princess Precure…

Naoko rió y negó con un movimiento de cabeza—, gracias pero ese drama estará bien.

—Perfecto, te esperaremos —prometió Sayuri.

La muchacha salió del hotel y se sorprendió al encontrarse con que Naomi Fujimura estaba allí, recargada en el muro mientras miraba algo en su celular. Naoko dudó antes de seguir adelante; ¿acaso la entrenadora había decidido ponerles un toque de queda? Intrigada y esperando no meterse en líos, la joven Hyuga se acercó lentamente a la instructora.

—…Entrenadora Fujimura, ¿qué hace aquí?

—¿Oh?... Ah, señorita Hyuga, sólo salí a respirar un poco —respondió la mujer girándose para poder ver de frente a su jugadora estrella— Disculpe, pero… ¿ha visto a la doctora Nakazawa?

Por un momento Naoko no supo cómo responder, pues sabía que la entrenadora estaba enterada de que Sanae era casada y le pareció extraño que se refiriera a ella por su nombre de soltera. Pensando que seguramente era algo acordado entre los maestros para evitar causarle problemas a la esposa de Tsubasa, la muchacha simplemente decidió ignorar ese detalle.

—Lo lamento entrenadora, no la he visto desde que salimos del gimnasio. ¿Creo que tenía una reunión?

—Sí, pero debió haber terminado hace un par de horas —respondió la instructora mientras volvía a mirar hacia la avenida, esperando ver a Sanae caminando hacia el hotel—. Esto es raro, ella es bastante puntual.

—Si me permite hacerle una sugerencia, ¿por qué no le llama por teléfono o le envía un mensaje? —Dijo Naoko, recordando de repente que Maki le había preguntado dónde podía encontrar a Sanae—. Tal vez la doctora fue a cenar con alguna amiga, o algo así.

—Es posible —aceptó Naomi—. Seguramente no es nada, pero tiene razón, señorita Hyuga, puedo enviarle un mensaje en caso de que la doctora Nakazawa esté ocupada con algo. Le agradezco la idea.

—Por nada… este… entrenadora, iré a comprar algo a la tienda que está a un par de calles de aquí, ¿necesita que le compre alguna cosa? —preguntó la muchacha, esperando que el toque de queda existiera sólo en su imaginación.

—No, gracias —respondió la entrenadora—. Pero no tarde mucho, señorita Hyuga; mañana es la final y prefiero que todas ustedes estén descansadas.

—Lo entiendo, le prometo que volveré rápido.

La tienda a la que se dirigía Naoko estaba justo enfrente del Hotel Hallmark, y si Naoko no hubiera estado distraída mirando un vestido azul en un aparador, habría visto a su hermano mayor y a Sanae Ozora entrar juntos al hotel. Aunque considerando que la joven Hyuga estaba ocupada pensando en comprar ese vestido con sus ahorros para ponérselo la siguiente vez que Ken Wakashimazu estuviera de visita, las posibilidades de que le pusiera atención a otra cosa que no fuera pensar en impresionar a Ken vistiéndose con algo bonito para él eran mínimas.

"Me pregunto si a Ken le gustaría," pensó emocionada cuando por fin pudo cruzar la calle. Deteniéndose antes de entrar a la tienda, Naoko decidió que valía la pena enviarle al portero un mensaje para contarle cómo ganaron la semifinal y que el Furano sería su rival del día siguiente, le mencionó incluso el nombre de Mayumi Matsuyama como algo inesperado. La muchacha envió el mensaje y finalmente entró a comprarse su bebida, considerando entonces si valía la pena llevarle algo al resto del equipo. Al final decidió comprarse una botella de agua sabor sandía y doce latas de jugo de frutos rojos para ella y todo el equipo; lo habían bebido antes y sabía que a todas les agradaba, por lo que estaba segura de que sus compañeras lo aceptarían de buen gusto.

Un poco más tarde, cuando Naoko regresó al hotel, se encontró de nuevo con Naomi; la entrenadora estaba sentada en la salita del lobby, mirando las noticias en el televisor montado en la pared. Sintiendo curiosidad sobre lo que había pasado con Sanae, y sabiendo que era mejor avisar que ya había regresado, la muchacha se acercó a la instructora.

—Ya regrese, entrenadora Fujimura —le avisó—, traté de volver lo más pronto posible.

—Muy bien, señorita Hyuga —respondió la instructora girándose para atender a su alumna—, gracias por avisar.

—Disculpe, ¿logró localizar a la doctora Nakazawa?

—Sí, tuvo que ir con su familia, pero todo está bien —dijo Naomi—. Me prometió que la veremos mañana temprano.

—Me da gusto que todo se resolviera —sonrió Naoko al escuchar eso—, si me disculpa, subiré con mis compañeras. Con su permiso, entrenadora Fujimura.

El teléfono de Naoko timbró una sola vez cuando estaba por salir del ascensor, indicándole que había recibido un mensaje de alguien. Esperando que fuera de Ken, aunque también le agradaría que fuera de su hermano mayor, la muchacha salió al pasillo y dejó las bolsas con las bebidas en el suelo, apresurándose para ver quién le había escrito.

La joven Hyuga no pudo contener una sonrisa al ver que el mensaje era de Ken; el portero le había respondido y le había enviado lo siguiente:

[Hola, Naoko]

[Felicidades por lograr llegar a la final, ¡me da mucho gusto!]

[Me sorprende escuchar que enfrentarán al Furano; los clubes deportivos de esa escuela siempre han sido muy tenaces, y si la capitana de su equipo de volibol es en realidad la prima de Hikaru es muy posible que se tome muy en serio derrotarlas, en especial a ti, así que ten cuidado con ella.]

[Aunque si de algo estoy seguro es de que ustedes podrán ganar; te he visto jugar junto a tu equipo y estoy convencido de que si no se confían el Toho será campeón. ¡Ánimo, Naoko, da tu mejor esfuerzo y nunca te rindas!]

[P.S. Si tengo suerte y el Liverpool me da permiso por unos días, tal vez pueda ir a visitar a mi familia en un par de meses, y quizás entonces podremos ir a ver juntos el trofeo que vas a ganar mañana… Bueno, te dejo, tengo qué entrenar, ¡suerte durante la final!]

La muchacha se recargó en la pared, y si se hubiera visto en un espejo habría descubierto que se había sonrojado bastante, ¿pero cómo podía evitarlo? Ken prácticamente la había invitado a salir con él, porque obviamente luego de ir a ver las vitrinas del Toho tendrían que ir a tomar algo, era lógico.

"Parece que ya tengo otra razón para ganar el partido," se dijo sonriendo al pensar que podría tener una cita con su querido Ken Wakashimazu. "Aunque él tiene razón, no puedo confiarme sólo porque ya vencimos a Kozue… es muy probable que Mayumi y el Furano terminen siendo nuestros oponentes más difíciles, pero si piensan que podrán ganarnos están muy equivocadas, el Toho no es un equipo débil, ¡y se los vamos a demostrar!"

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Kojiro dejó la puerta abierta al entrar a su habitación, permitiéndole a Sanae observar cómo desaparecía al girar a la derecha, en donde se encendió una luz. Quizás estaba mirando el baño, o un clóset. Salió y se adentró más en el cuarto, perdiéndose de vista al entrar a otra estancia. Por lo visto la habitación era más grande de lo que él había esperado.

"Me pregunto si tiene una o dos camas…" pensó ella, aunque esa idea terminó recordándole las candentes fantasías que había tenido en donde imaginaba pasar la noche con Kojiro Hyuga. "Basta, no deberías pensar en eso, tonta. Sólo han venido a cenar, pero… si tienes tanta curiosidad… ¿quizás podrías entrar y mirar un poco?"

Sanae entró en la habitación con pasos lentos y sigilosos. Se repitió que no haría nada, que sólo tenía curiosidad de ver el lugar en el que se hospedaría Kojiro, nada más. Cerró la puerta lenta y silenciosamente, intentando ignorar los fuertes latidos de su corazón. Estaba ahora en territorio prohibido y sabía lo que él podría pensar al ver que lo había seguido, pero a pesar del temor a lo que podría pasar no sentía deseos de retroceder.

"Además no estoy haciendo nada malo, sólo quiero ver el cuarto,," se dijo a fin de convencerse de seguir adelante y, para reforzar su convicción, miró a la derecha, hacia donde Kojiro había entrado primero y se encontró con un baño que tenía una tina lo bastante grande como para dos personas. La imagen que ese detalle conjuró en su mente la hizo respirar profundamente y sonrojarse, ¿seguramente Kojiro no era el tipo de hombre que consideraría hacerlo en una tina…o sí?

Obligándose a seguir adelante se encontró con una cama bastante grande, probablemente tamaño Queen, si tenía que adivinar y más allá había un sofá, un escritorio y una televisión empotrada en la pared. También había un amplio ventanal. Se dio cuenta de que la mochila de Hyuga estaba sobre el escritorio, y que él miraba por la ventana.

—Tu habitación es agradable —dijo ella, quedándose de pie junto a la cama, a varios pasos de él.

Kojiro se tensó al escuchar su voz a sus espaldas. Había decidido recorrer las cortinas para poder mirar un poco la ciudad buscando que la vista nocturna lo ayudara a dejar de pensar en ella como una bella mujer, a olvidar su deseo de besar sus labios y acariciar cada centímetro de su piel… pero no había servido de nada y ahora, al saber que había entrado a su habitación, no supo cómo reaccionar. ¿Qué es lo que estaba pensando Sanae, acaso disfrutaba torturándolo?

—Cerraste la puerta —observó Kojiro, diciendo lo primero que salió de sus labios.

—…Sí —dijo ella bajando el rostro, pues no sabía qué pasaría si miraba a Kojiro directo a los ojos.

—¿Entiendes que estás sola aquí conmigo, Sanae? —agregó él, preguntándose si ella comprendía lo que acababa de hacer.

—Lo entiendo —le respondió, aún sin levantar la mirada.

—La última vez fue cuando me invitaste a tu casa —recordó el tigre sin moverse de la ventana.

—Bueno… estábamos solos cuando veníamos al hotel —sonrió ella, finalmente arriesgándose a mirarlo, evitando pensar en el modo en que la sencilla acción de entrar a su habitación había cambiado las cosas.

—Cierto, pero ahora no hay nadie alrededor… —Kojiro hizo una pausa y no pudo evitar pensar en las advertencias de Takeshi. ¿Ser sólo un amigo de Sanae, cuando ella estaba de pie frente a él, hermosa y tentadora como una ninfa recién salida de los bosques? En ese momento eso le parecía un total imposible.

—Cierto, pero no me molesta tanto como pensé… así podremos hablar más tranquilos, y…

—Ven, Sanae —la interrumpió él, levantando una mano para llamarla, finalmente haciendo a un lado sus dudas. Ya no podía esperar más, quería tenerla junto a él—. Acércate a mí.

—Espera, yo… tengo que… —Sanae, indecisa ante la súbita petición, intentó buscar una excusa para no acercarse a él, y lo único que se lo ocurrió fue desabrochar su chaqueta con lentitud y colocarla en el escritorio, intentando ignorar la manera en que él la estaba mirando y esperando que decidiera invitarla a sentarse en la silla en lugar de mirar por la ventana junto a él—. ¿No tienes calor?

—Estoy bien así. ¿No quieres asomarte por la ventana? Desde aquí se ve el Jardín Nacional.

—Pues… supongo que no tiene nada de malo… —Sanae suspiró y se dio cuenta de que esto a fin de cuentas era su culpa por haber entrado a la habitación para satisfacer su curiosidad. Sin otra salida aparente, caminó hacia él con pasos lentos e indecisos. Respirando profundamente, llegó a su lado y miró por la ventana, concentrándose en la vista de la ciudad a fin de intentar mantener a raya la fuerte atracción que el tigre despertaba sobre ella. Descubrió que la vista era aceptable desde allí, pues a pesar de los muchos edificios podía ver el Gimnasio Metropolitano y, justo como Kojiro había indicado, también el Jardín Nacional Shinjuku Gyoen.

—Me imagino que si te hubieran dado la habitación en el décimo piso la vista sería todavía mejor —le dijo ella en voz baja, su mirada fija en la ciudad. Podía escuchar movimiento detrás de ella, y observando el reflejo en el cristal pudo ver que Kojiro se había quitado la chamarra y la estaba colocando junto a la suya. La mujer no pudo evitar admirar un poco la manera en que sus brazos, anchos hombros y su pecho llenaban su playera. ¿Siempre había tenido Hyuga un cuerpo tan atractivo?

—La vista es bastante agradable desde aquí —respondió él, su atención fija en la figura de Sanae, la cual podía intuirse bajo su blusa, mientras que su falda no ocultaba la atractiva línea de sus caderas—. Muy agradable, en verdad.

Sanae no respondió. Entendía bien a qué se había referido Kojiro y aunque pudo haberle contestado algo, prefirió simplemente disfrutar el halago oculto en sus palabras, sintiéndose bastante satisfecha al saber que le gustaba lo que veía. Perdida en sus pensamientos, apoyó la mano en la ventana y cerró los ojos mientras su traicionera mente le recordaba algo que él le había dicho por teléfono.

"Dijo que había otra mujer que le gustaba…" suspiró con cierto desánimo. "Una mujer en la que no podía dejar de pensar… y a pesar de eso tuve esa llamada con él…"

Kojiro le dedicó un momento más a admirar a la bella mujer frente a él antes de acercársele. Había vuelto a recordar la advertencia de Takeshi, pero no le importó. Ya no podía detenerse, quería estar cerca de ella, abrazarla y poder sentir su cercanía. Dejando atrás sus dudas, se le acercó y apoyó gentilmente sus manos sobre sus hombros, atrayéndola lentamente hasta que su espalda se presionó contra él y ella respondió apoyando su nuca en su pecho.

—Esto… es agradable —le dijo ella en voz baja, descubriendo que sus miedos y dudas se habían extinguido al sentir su firme cuerpo junto al suyo, todas menos una, la cual persistió aún en ese momento.

—Sí, lo es.

—Kojiro… cuando hablamos por teléfono… —Sanae hizo una pequeña pausa para preguntarse si lo que estaba por decirle arruinaría el momento, pero al final decidió continuar, necesitaba saber para así extinguir sus dudas—. Me dijiste que ya tenías una mujer que te gustaba… ¿quién… quién es ella?

Sanae lo sintió apretarle levemente los hombros, como si deseara evitar que se alejara de él cuando le diera su respuesta.

—Tú, Sanae —le murmuró entonces, su aliento acariciando la piel de su cuello—. La mujer que me gusta eres tú.

—Kojiro… —Suspiró ella, sintiendo que su corazón estaba a punto de saltarle del pecho. Le había dicho justo la respuesta que necesitaba escuchar, y el por fin descubrir que lo que había deseado era verdad le causó una ola de cálida felicidad que pensó no podría controlar. Sanae se sintió tan conmovida al saber que ella era la mujer que ocupaba sus pensamientos que no supo cómo responderle.

—Cuando hablamos, me aconsejaste que hiciera algo si volvía a ver a esa mujer… ¿recuerdas ese consejo?

—Sí… te dije que… —Sanae se sonrojó—. Te dije que… la abrazaras como en tu comercial.

—Así es, eso me dijiste —respondió él, bajando sus manos para permitirle moverse—. Mírame, Sanae.

Le obedeció, girándose para poder verlo de frente, incapaz de resistirse a esa voz que la hacía temblar de deseo con sólo pronunciar su nombre, y lo único que pudo hacer ante la intensidad de su mirada fue preguntarle en voz baja—. La mujer que te gusta… ¿En verdad soy yo?

—Eres tú —repitió, tomándola lentamente entre sus brazos, envolviéndola en el abrazo firme y cálido que había imaginado ya por tanto tiempo. Kojiro la oprimió contra su pecho y se permitió disfrutar del aroma de su perfume y del calor de su cuerpo mezclándose con el suyo por un momento antes de acariciar su espalda, sonriendo al sentirla apretarse contra él—. Sanae… yo sé que estás casada con Tsubasa. Pero… eso no me importa, a mí sólo me importas tú.

—Si no te importa entonces… entonces abrázame más fuerte —pidió ella, finalmente rindiéndose a la fuerte emoción que la recorría por completo. ¿Era posible que sólo un abrazo pudiera hacerla sentir de esta manera, segura y a salvo de los rechazos y el abandono de Tsubasa? Aparentemente sí, y Sanae no pudo evitar abandonarse a él y la protección que le ofrecía—. No… no te separes de mí, Kojiro… cuídame… protégeme…

Kojiro la complació, acercándola aún más a él, permitiéndole reposar su cabeza en su pecho hasta el punto en que le parecía que podía respirar su misma esencia. Como en un trance, Sanae movió sus brazos, rodeando la cintura de su tigre, subiendo muy despacio sus manos por su espalda, disfrutando sentir bajo sus dedos su detallada musculatura, su calor y la manera en que un ligero temblor lo recorrió cuando sintió sus caricias.

"Era verdad cuando le dije que ni yo podría resistirme a él si me abrazaba así…" pensó ella, recordando parte de lo que le había dicho por teléfono, entendiendo que si en ese momento él le pedía que lo besara no podría negarse. Como si hubiera leído sus pensamientos, Kojiro llevó una de sus manos a su cuello, y de allí la deslizó hasta su mejilla, dejando un rastro de calor por donde se deslizaron sus dedos hasta que enmarcó su rostro, gentilmente consiguiendo que levantara la mirada.

—Sanae… —llamó él, acercándose de modo que su frente casi tocaba la de ella, al punto en que sólo debía avanzar un poco más poder cerrar la distancia entre sus rostros de la manera en que más lo necesitaba.

—Dime…

Ella no pudo continuar, pues los labios de Kojiro silenciaron sus palabras al posarse sobre los suyos. El contacto de sus labios, sorpresivo al principio pero gentil y suave mientras le permitía acostumbrarse a él, la hizo estremecerse hasta lo más profundo de su ser, desatando una reacción en ella que nunca había experimentado al besar a Tsubasa. ¿Eran estas las emociones que debía despertar un sencillo y tierno beso, algo tan potente que le hacía olvidar cualquier sentimiento de culpa que pudiera tener por no experimentar ningún remordimiento por no hacer esto con su esposo?

"Tsubasa… perdóname pero… lo que Kojiro me hace sentir es…" Sanae ya no pudo continuar, pues luego de una pequeña pausa, como si quisiera asegurarse de que ella no lo rechazaría, Kojiro volvió a besarla y su mente quedó en blanco, incapaz de concentrarse en otra cosa que no fuera el placer que sus labios le entregaban. Su segundo beso inició gentil como el primero, pero poco a poco aumentó en intensidad, hasta que Kojiro mordisqueó cuidadosamente su labio inferior, dándole una señal a la que ella respondió tan sólo por instinto, abriendo su boca y dándole acceso, permitiendo así que el beso se volviera más profundo, penetrante y adulto, un beso como Sanae nunca antes había experimentado.

Y cuando la lengua de Kojiro tocó la suya, dándole a probar una caricia desconocida y tan excitante que le arrancó un gemido de placer, Sanae ya no pudo contenerse y enredó sus dedos en el cabello del tigre, entregándole la misma pasión que él le ofrecía.

"Tu pasión no me causa temor, Kojiro… yo no soy como Maki…" pensó ella, aceptando este nuevo beso, disfrutando el modo en que sus manos le acariciaban la espalda y los costados al tiempo que ella hacía lo mismo por él, sintiéndose satisfecha al descubrir que este placer entre ellos podía ser verdaderamente mutuo. "Yo sí puedo devolver tu pasión con la misma intensidad… yo sí puedo…"

—…Esto es increíble—suspiró él, deteniéndose un momento para recuperar el aliento—. ¿Estoy soñando otra vez?

—Kojiro… ¿sueñas conmigo? —Le preguntó Sanae, deslizando suavemente sus dedos entre su cabello, mirándolo y decidiendo que le resultaba irresistible.

—No sabes cuánto —admitió, dirigiéndose lentamente a la cama hasta poder sentarse en una esquina, atrayéndola hacia él, sonriéndole cuando aceptó reposar sobre sus rodillas.

—Yo… yo también he soñado contigo —le murmuró ella, apretándose sobre su pecho, permitiéndole abrazarla de nuevo—. He soñado contigo tantas veces…

La única respuesta de Kojiro a su confesión fue besarla en la mejilla y deslizar de allí lentamente sus labios hasta su cuello, en dónde se detuvo, aparentemente tranquilo mientras esperaba una señal para poder dejar salir la ardiente pasión que ella le despertaba una vez más.

—Kojiro… me gustas… me gustas mucho… —le reveló en voz baja, ocultando su rostro al presionarlo en su hombro—. Y eso me asusta… porque tal vez podría… creo que podría empezar a quererte de verdad.

—¿Y eso sería tan malo? —Le preguntó él, acariciando su espalda, aceptando la ola de felicidad que esta confesión le provocaba—, ¿quererme?

—No… creo que no lo sería —dijo ella mientras levantaba la mirada y le sonreía—. ¿Y tú podrías llegar a quererme?

—Tal vez ya te quiero —le confesó él, reclamando una vez más sus labios, besándola con un deseo absoluto mientras llevaba su mano derecha hasta sus piernas, explorando sus muslos de una manera que le arrancó a Sanae un gemido de placer que lo invitó a subir, acercándose cada vez más a su centro.

—Espera… —suspiró ella, terminando el beso y tomando su mano cuando estuvo a punto de llegar al nacimiento de sus piernas—. Espera un poco, tigre… déjame tocarte… quiero que sientas mis caricias también…

Sin esperar su respuesta, Sanae deslizó sus manos por debajo de la playera de Kojiro, mordiéndose los labios al sentir su bien definido abdomen y subir, lentamente, hasta su firme y amplio pecho. Sin decirle nada, tomó la camisa y la deslizó hacia arriba, ansiosa por descubrir lo que sus manos acababan de explorar.

—Levanta los brazos — le pidió, procediendo a quitarle la camiseta cuando él hizo lo que le pedía. Le resultó un poco difícil despojar a Kojiro de la estorbosa prenda pero luego de un segundo intento y con la ayuda de él, finalmente pudo verle el pecho desnudo y dedicarle un momento a admirar su bien definida musculatura y su atractiva y bronceada piel. Sin poder contenerse, deslizó la punta de sus dedos desde sus hombros a su cintura, sonriendo al notar la manera en que él se estremeció. Siguiendo un nuevo impulso, Sanae lo besó en el espacio entre el cuello y el hombro y rodeó su cintura con sus brazos, quedándose en esa posición—. Oye, Kojiro…

—¿Qué, sanae?

—Tu corazón está latiendo con tanta fuerza que… —hizo una pausa para acomodar bien su oído sobre el lado izquierdo de su pecho—. Me pone un poco nerviosa… es como si… como si los latidos de tu corazón son lo único que marca el tiempo en esta habitación…

—¿Marcar el tiempo? —le preguntó, no entendiendo a qué era lo que ella se refería.

—Sí, es que… en este momento es como si… —Sanae se detuvo por un instante, buscando la manera de explicar lo que pensaba—. Como si el mundo se hubiera detenido afuera de esta habitación, y que sólo tu corazón me indica que el tiempo sigue adelante.

Kojiro no encontró cómo responderle, y se limitó a acariciarle el abdomen por sobre la blusa, tratando de descubrir cómo desabotonarla y poder tocar la piel de Sanae directamente.

—Hazlo… —le pidió ella, mirándolo directamente a los ojos—. Está bien, puedes hacerlo…

—¿Estás segura de eso?

—Sí, lo estoy —le dijo, tomando una de sus manos y colocándola sobre su seno izquierdo—. Quiero que lo hagas, quiero sentir tus manos sobre mi piel, quiero que me toques.

—Si eso quieres… —comenzó él, besándola una vez más para después volver a intentar desabrocharle la blusa. Al notar que le era imposible, Kojiro simplemente la subió por sobre los hombros de Sanae, sonriendo complacido cuando ella le ayudo a descartar la estorbosa prenda.

—¿Te gusta? —Le preguntó, quedándose quieta, deseando con todas sus fuerzas que él sí aceptara su cuerpo, que él no fuera como Tsubasa, que él…

—Me encanta… —suspiró él, tomándola por las caderas, inclinándose para poder besar su cuello y sus hombros, sus manos comenzando a recorrer su abdomen, acariciándolo con suavidad hasta que se posaron sobre sus senos, apretándolos con gentileza por sobre el sostén, arrancándole a Sanae un suspiro de placer.

—Me alegra —sonrió ella, notando que había vuelto a bajar sus manos y ahora estaba ocupado con el botón y el cierre de su falda. Se levantó entre sus piernas para facilitarle la tarea y, en pocos segundos, su falda ya se había deslizado hasta el suelo.

—Sanae… eres perfecta —suspiró él, dedicando un momento a mirarla, casi desnuda, frente a él. Sus manos se vieron atraídas nuevamente a su cuerpo y la tomó por las caderas, casi no pudiendo creer que el bello cuerpo de la hermosa mujer que tanto había deseado estuviera a punto de ser suyo al fin.

Complacida por sus palabras, Sanae se dejó llevar y se encontró de nuevo entre sus brazos, suspirando al sentirlo acariciar sus muslos, disfrutando el gentil movimiento de sus manos. Esto se repitió durante unos instantes, hasta que ella abrió los ojos sorprendida al sentirlo deslizar sus dedos bajo la tela de su panti y posteriormente apretar sus firmes glúteos con una avaricia y lujuria que la hizo gemir, y sus gemidos sólo aumentaron cuando él combinó sus caricias con gentiles besos que depositó sobre su estómago, en su costado, entre sus senos aún cautivos bajo el sostén…

—Acuéstate a mi lado —dijo él, guiándola al centro de la cama— sigamos aquí… será más cómodo para los dos.

Sin poder pensar en otra cosa que no fuera él, Sanae se tendió lentamente junto al tigre, permitiéndole volver a envolverla en un abrazo que la hizo suspirar—. Bésame otra vez, querido… lo necesito tanto…

Y Kojiro lo hizo, la besó con una pasión que le sorprendió incluso a él, abriendo sus labios para volver a acariciar la lengua de Sanae con la suya, moviéndose sin dejar de besarla hasta que estuvo sobre ella, logrando colocar sus caderas entre sus piernas, bajando su mano derecha para acariciar su pierna y tomarla firmemente, asegurándose así de que ella sintiera su dureza presionándose en su cuerpo.

"Esto es… ¿es su pene?" notó ella al apreciar la presión del miembro de Kojiro sobre la parte baja de su estómago, sintiéndose inmediatamente reivindicada como mujer al sentir la prueba de su deseo. Quizás Tsubasa nunca sería capaz de reaccionar como hombre ante ella, pero ahora le quedaba claro que Kojiro Hyuga sí podía, y a juzgar por lo que podía percibir aún por debajo de su pantalón, su tigre estaba extraordinariamente duro y erecto. "Y es por mi… en realidad me quiere… me desea de verdad…"

Dejándose llevar nuevamente por la lujuria que le hacía arder la piel y las entrañas, Sanae cerró sus piernas sobre la espalda de Kojiro y, besándolo con total abandono, se permitió frotar sus caderas contra las de él, gozando el contacto entre ellos, disfrutando el sentir como su erección se presionaba contra ella, repitiendo el movimiento, formando un erótico ritmo hasta que Kojiro se detuvo y dejó de besarla.

—¿Qué… qué sucede? —le preguntó, su respiración agitada mientras extendía las piernas para darle espacio.

—Espera… estoy casi a punto… si seguimos me harás terminar en los pantalones —le murmuró al oído, respirando profundamente para controlarse—, y eso sería un desperdicio…

—¿De pantalones? —preguntó ella sonriendo, encontrando la situación ligeramente divertida. No pensó que en realidad sería capaz de excitarlo a tal punto sin llegar a la penetración.

Esa última palabra hizo que una idea comenzara a tomar forma en la mente de Sanae, algo que no había considerado en lo absoluto desde que entró a la habitación de Kojiro.

—De todo —dijo él, que tomó la mano de Sanae y la llevó a su entrepierna, posándola sobre su miembro—. ¿Lo puedes sentir?

—Sí… está latiendo tanto —murmuró ella, moviendo su mano un par de veces, trazando la forma de la hombría de Kojiro por encima de su pantalón. Por un momento olvidó esa idea que estaba luchando por abrirse paso en su mente y en cambio de eso se preguntó cómo sería el miembro de Kojiro, y si debía sacarlo de su prisión para poder envolverlo entre sus dedos, pero esas preguntas murieron cuando sintió una potente ola de placer subir desde su entrepierna hasta la punta de sus senos. No necesitaba mirar para saber que Kojiro estaba tocándola allí por encima del panti…

—Veo que ya que estás lo bastante húmeda para recibirme… —le dijo, tomando de nuevo su mano, llevándola hasta el botón de su pantalón, obviamente esperando que ella se lo desabrochara.

—Kojiro… ¿quieres… quieres estar dentro de mí? —Le preguntó, sintiendo repentinamente un poco de miedo.

—Sí… quiero penetrarte, quiero sentir tu orgasmo alrededor mío… —Kojiro hizo una pausa para besarla, y decidió entonces que era mejor decirle lo que verdaderamente deseaba—. Y quiero eyacular adentro de ti, Sanae, quiero hacerte mía… y que no seas de nadie más.

La idea que había comenzado a tomar forma en la mente de la muchacha finalmente se solidificó al escuchar eso. Ella era virgen aún, y su mayor ilusión siempre había sido darle su virginidad al hombre que amaba. Tsubasa le había fallado y Kojiro estaba dispuesto pero… ¿lo amaba lo suficiente para entregarse a él y ser completamente suya?

Sanae no estaba segura de eso. Al menos no aún.

Kojiro Hyuga se hincó en la cama y notó inmediatamente el cambio en la expresión de Sanae, la cual le indicaba que todo había terminado esa noche. El deseo había desaparecido de su mirada y había sido remplazado por miedo e incertidumbre. No entendía qué había pasado, aunque pensaba que se debía a lo último que le había dicho. ¿Acaso había sido muy directo?

—Kojiro, hay algo que debes saber… algo muy importante —comenzó ella luego de sentarse, su voz dejando ver aún trazas de la pasión que había inundado su corazón.

—Te escucho —asintió él, esperando a que ella se sintiera capaz de continuar.

—Yo… Tsubasa y yo… —la mujer bajó la mirada—. Lo que trato de decir es que… él no me ha tocado.

Kojiro parpadeó confundido y trató desesperadamente de entender lo que Sanae le estaba confesando. ¿Le estaba diciendo que ella era virgen? Pero si estaba casada… no le veía ningún sentido y no podía comprenderlo.

—¿Estás jugando conmigo?

—No, Kojiro, no estoy jugando —suspiró Sanae—, Tsubasa y yo nunca hemos hecho el amor, yo… soy virgen.

—Pero… no lo entiendo, tú… —Kojiro miró el lascivo y hermoso cuerpo de Sanae y le resultó imposible pensar en la posibilidad de que Tsubasa no hubiera en ningún momento disfrutado teniendo sexo con ella—. Demonios, Sanae… ¿me estás diciendo que él nunca…?

—Nunca —le dijo ella su voz ahora cargada de angustia—. No me preguntes la razón, pero créeme, jamás hemos estado juntos como marido y mujer.

—¿Entonces es por eso que me buscaste? —Le preguntó recordando que la razón inicial por la que lo invitó a cenar con ella fue para intentar lograr que Tsubasa dejara de llegar tarde a su casa—. Por eso fueron las llamadas por teléfono… los mensajes… ¡lo que estuvimos a punto de hacer!... ¿Me estás usando para vengarte de Ozora?

—¡No, yo no te estoy usando, yo jamás podría hacer eso! —Respondió Sanae, que comenzó a sentir que se le formaba un nudo en la garganta al oírlo acusarla de algo así—. Escúchame, por favor… al principio pensé que podríamos ser sólo amigos pero… terminé sintiéndome muy atraída hacia ti, Kojiro… y no pude evitarlo aunque lo intenté con todas mis fuerzas… ¿lo puedes entender?

—Pues… al parecer nos ha pasado lo mismo —Murmuró él, calmándose al escuchar su explicación y darse cuenta de que ella no lo había utilizado y que la atracción que sentían uno por el otro no tenía nada que ver con Tsubasa Ozora.

—Kojiro… perdóname si te hice sentir mal —murmuró la mujer, esperando que él no decidiera sacarla de su vida, pues estaba segura de que no podría tolerarlo—. Puedes… puedes estar seguro de que mi cuerpo… todo mi ser te necesita… en realidad no puedes imaginar cuánto te deseo, pero…

—Pero…

—El deseo y la pasión no son suficientes —explicó ella, mirándolo de frente—. No para mí… si no hay amor… si no es con la persona que amo… entregarme a él no significaría nada… no quiero que mi primera vez sea sólo… sólo un momento de lujuria… quiero que sea algo memorable… algo que pueda recordar siempre como un momento hermoso.

—Y tú no me amas, tú sólo quieres a Tsubasa —dijo él, sintiendo cómo la depresión comenzaba a invadirlo.

—…Han pasado muchas cosas desde la última vez que nos vimos, Kojiro. Y creo que ya no lo amo —admitió Sanae, bajando la voz hasta que fue casi un murmullo, sintiendo un poco de dolor en su pecho al aceptar una verdad que había mantenido enterrada quizás ya por meses—. Quiero a Tsubasa, pero… ya no como a un esposo… y a ti… a ti te deseo tanto, pero… todavía no te amo.

Kojiro la miró de nuevo, poniendo especial atención a su rostro, al conflicto emocional que se ocultaba detrás de su mirada y a las lágrimas que destellaban aún sin ser derramadas en sus ojos. ¿Qué demonios le había hecho Tsubasa a esta mujer para dañarla tanto?

"Maldición, Ozora… ¿en dónde carajos tienes metida la cabeza?" se dijo él, sintiéndose furioso en contra de su eterno rival por haberle causado esta clase de sufrimiento a Sanae. "Lo tienes todo… un talento inalcanzable, una carrera en ascenso, la admiración de todo el mundo… riquezas y una bella esposa… ¿y aun así te las arreglas para joder las cosas y lastimar a tu mujer a tal grado que casi te fue infiel conmigo?"

—Hyuga…

Kojiro la ignoró mientras consideraba la situación en la que se había metido. No sabía que había hecho Tsubasa y no le interesaba saberlo, pero estaba seguro que debió ser algo terrible para conseguir que Sanae dejara de quererlo. Por otro lado, volver a verla como una amiga sería imposible para él, y menos después de lo que casi había pasado entre ellos esa noche. Para él Sanae Ozora, la mujer de su rival, ya no existía. Para él Sanae era una vez más Sanae Nakazawa, una mujer que lo necesitaba y a la que deseaba hacer suya como a ninguna otra que hubiera conocido. Una mujer a la que quería ayudar a dejar atrás cualquier maltrato que sufrió a manos de Tsubasa. El problema principal, sin embargo, era que no tenía idea de cómo lograr eso sin destruirle la vida. ¿Por qué tenían que haberse complicado tanto las cosas tan rápido? Unos minutos antes estaban a punto de hacer el amor y ahora… ahora ya no sabía qué pensar.

"Y no daré con una solución en este momento… estoy bastante confundido," pensó, entendiendo que lo mejor sería intentar dormir y pensar en una solución al día siguiente, a fin de cuentas era algo que ya había hecho antes.

—Será mejor dormirnos ya —dijo él, acostándose en un extremo de la cama, dándole a Sanae la espalda, pues estaba seguro de que evitar mirar su cuerpo semidesnudo sería lo correcto en esas circunstancias—. Hablaremos de todo esto mañana y así veremos qué hacer, ¿de acuerdo?

—¿Aún quieres que duerma aquí?

—Sí, pero sólo dormir. No haremos nada, Sanae. Después de lo que me contaste sería bastante difícil.

—Es que…

—Mira, sé que es una situación incómoda para ti, así que puedes irte… o puedes quedarte —le respondió él, aún sin mirarla—. Pero sólo si eso es lo que en verdad quieres hacer.

Sanae guardó silencio durante casi un minuto. No entendía a Kojiro Hyuga. Por un momento pensó que la echaría a la calle y que se molestaría con ella por negarse a tener sexo con él pero eso no había pasado, al contrario, le estaba ofreciendo alojamiento esa noche y no sólo eso sino que parecía que… en verdad estaba interesado en apoyarla. Una vez más, a diferencia de aquellos que una vez consideró sus amigos, Kojiro Hyuga era el único que parecía tener algún interés en ayudarla.

—Me… me quedaré —dijo luego de un momento más.

—¿Estás segura de que eso es lo que quieres hacer?

—Sí… quiero quedarme contigo… ¿puedo?

Kojiro se giró para verla de frente y asintió mientras se sentaba—. Sí, está bien. Intenta descansar, Sanae… mañana volveremos a hablar de todo esto y será más fácil, ya lo verás.

Sanae asintió y le ofreció una tímida sonrisa antes de levantar las sábanas y acostarse al otro lado de la cama—. Gracias, Kojiro… descansa.

—Tú igual —le respondió él, levantándose para ir a apagar la luz. Regresó a la cama sin decir palabra y se acostó esperando que ella quisiera seguir conversando, pero luego de unos minutos de silencio el sonido pausado de su respiración le indicó que Sanae se había quedado dormida.

"Supongo que es mejor. Seguramente haber admitido la situación de su matrimonio con Ozora y… todo lo demás que me dijo la dejó hecha un desastre," pensó, decidiendo que era mejor que Sanae descansara. "Y espero que en verdad mañana veamos las cosas más claras, porque no tengo la menor idea de qué hacer para ayudarla."

Intentando pensar en una manera de apoyar a Sanae con sus problemas, Kojiro Hyuga no tardó en dormirse.

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Sanae despertó sintiéndose un poco desorientada, miró a su derecha y vio un reloj digital que indicaba que eran las tres de la madrugada, y esta no era la habitación que compartía con Naomi en el hotel Ryokan… ¿en dónde estaba? Un poco asustada, movió su mano bajo las sábanas y sintió que tocaba algo suave y cálido a su izquierda. Este contacto le ayudo a recordar poco a poco los eventos de horas antes y pudo entender que la persona a su lado era Kojiro Hyuga.

"Kojiro… no puedo creer que estuve a punto de… entregarme a ti," pensó, recorriendo con sus dedos la tibia espalda del hombre a su lado. Sintió un poco de frío, lo cual era entendible pues aún estaba sólo en ropa interior, y decidió que no habría ningún problema si se acercaba a él para compartir un poco de calor. Deslizándose muy despacio, se acercó al tigre y se recargó en su espalda, disfrutando la sensación de seguridad y protección que experimentaba sólo con estar a su lado. "Y ahora ya sabes todo de mí, Kojiro… y aun así me dejaste quedarme a tu lado… tú no me rechazaste… tú no me abandonaste ni me dejaste sola… creo que… creo en verdad que podría enamorarme de ti…"

Con esa idea arraigándose en su corazón, Sanae suspiró y abrazándose a Kojiro, no tardó en volver a dormirse con una pequeña sonrisa adornando su rostro.

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Notas:

Pues… de este capítulo sólo puedo decir que escribir la escena de la habitación en el hotel Hallmark fue bastante difícil (más que nada por ciertas disposiciones de la página), y que tuve que volver a escribirla varias veces para conseguir el efecto deseado. Pero creo que así ha quedado bastante bien y me ha permitido lograr que la relación entre Kojiro y Sanae pudiera avanzar de la manera necesaria.

Les agradezco mucho leerme y espero que hayan disfrutado este capítulo.

Por cierto que este arco argumental ya casi está por terminar, aunque quedan todavía un par de sorpresas más en los que siguen.

¡Nos leemos el siguiente capítulo! :D