CAPÍTULO XXI
-¿Un…alquimista? – repetí. – Debes estar de broma… - le dije con los labios fruncidos.
-¿Entonces es broma que yo sea alquimista, y mucho más realista que ese novio tuyo sea un hanyou? – preguntó Akihiko molesto.
-No es mí… Eso no es problema tuyo. ¡¿Cómo es que sabes que él es un hanyou? – vociferé exigiéndo una respuesta.
Akihiko suspiró y desvió su mirada a través de las puertas de vidrio de la sala.
-Lo supe apenas lo vi rondar mi casa, la noche del día en que salvé tu cabeza de estrellarse contra el suelo… Me costó muchísimo creer que alguien como él aún existiera en ésta época… Así qué investigué un poco y fui entonces cuando descubrí el portal del tiempo que escondes en ese viejo templo.
Seguí su mirada, y noté que sus ojos estaban posados más allá del árbol sagrado, justo donde estaba el pozo.
-¿Qué…? ¡¿Qué derecho crees que tienes tú para decir esas cosas?...- tartamudeé intentando disfrazar un poco el asunto.
-No te hagas la tonta Kagome, que tú tampoco eres nada normal…. –me señaló.- Al pasar más tiempo contigo también pude descubrir lo que con tanto ahínco escondes.
-¡¿Qué quieres decir? ¡Yo si soy normal! – prorrumpí, sintiéndome ofendida.
-Bruja… - murmuró entre dientes con una sonrisa segura, cerca de mí.
-¡No soy ninguna bruja! ¡Soy una sacerdotisa!... – me defendí con dignidad, abandonando el mueble a mis espaldas y acercándome más a él encolerizada, sin importarme que nuestras narices estuviesen a casi un palmo de distancia.
-Ya ves… es lo mismo pero con distintos nombres. – concluyó, encongiéndose de hombros y dándome la espalda con las manos metidas en los bolsillos.
Me quedé furiosa plantada en el sitio. Yo no era ninguna bruja… ¿Y cómo rayos él se había enterado de todo? Me molestó el hecho de que me lo hubiese ocultado.
-Así que todo este tiempo lo supiste…. ¡lo sabías y nunca me dijiste nada!
-No soy quién para hacerlo… Ese secreto te pertenece sólo a ti, y no a mí… Quería esperar hasta que confiases lo suficiente en mí para que estuvieses dispuesta a contármelo… Pero después de verte así… Supe que no podía continuar esperando a que depositaras toda tu confianza en mí.
Pasé nuevamente de la furia a la tristeza.
-Pensé que si te lo diría…me catalogarías de loca…
-Loca… -bufó él. - ¿Acaso no te he demostrado que no necesito saber de tus secretos para ayudarte? ¿Para estar junto a ti y cuidarte? – Se volteó hacia mí y en sus ojos vi que sentía dolido.
-Yo…tienes razón- acepté, recordando todas las veces que él había estado ahí para mí sin hacerme ni una sola pregunta. Él siempre había sido comprensivo y muy atento conmigo. – Lo siento…
-Está bien, no tienes nada de que disculparte.- suspiró, apartando el comentario con un movimiento de su mano. – Eso no importa… lo que importa ahora… es que seas sincera conmigo, y me digas que clase de demonio envenenó a…InuYasha.
Arrugué el ceño al ver que le había costado un poco pronunciar su nombre.
-Hakurisha… Lo mordió una serpiente hakurisha…
-Ya veo… - comprendió él con seriedad. – Tendremos que ir a mi casa y actuar con rapidez, si quieres que sobreviva.
Asentí angustiada con la cabeza, y tomé mi abrigo que guindaba del perchero, poniéndomelo rápidamente.
-Estoy lista…- le dije esperando al lado de la puerta.
-Bien…- volvió a suspirar, y salimos juntos de la casa. Su auto de color negro nos esperaba fuera, contrastando ampliamente con el panorama de invierno.
Ambos entramos y me puse el cinturón mientras él lo encendía. Entonces le eché un vistazo por el rabillo del ojo sintiéndome un poco nerviosa. No sé cómo no había notado antes lo comprometedor que se sentía estar juntos en un espacio tan reducido. Y pensar que habíamos estado así durante un plazo de alrededor de tres horas… Solté un bufido preguntándome que había estado pensando. Podía haber sido muy peligroso si Akihiko hubiese resultado ser una mala persona, ¿no? Eso sin contar el hecho de que había pasado por desapercibido el ligero detalle de que él poseía poderes sobrenaturales…
-De verdad podías habérmelo contado, ¿sabes?...- resoplé por lo bajo.
Él me miró por un par de segundos y me dedicó la sonrisa de un niño travieso.
-¿Aún sigues con eso? – preguntó.
-Ya verás…- le dejé caer mi mejor promesa de venganza.
-¿Es eso una amenaza?-alzó una ceja divertido.
-¿Tú qué crees? – respondí con otra pregunta, achicándole los ojos.
Akihiko soltó una carcajada y no dijo más nada. Yo me le quedé viendo más molesta todavía. Ni siquiera mis amenazas se tomaba en serio el muy sabelotodo…
Llegamos a su casa en cuestión de unos pocos minutos. Apenas lo hicimos, Akihiko me pidió que esperara en la sala mientras él se ausentaba a hacer o buscar lo que yo suponía era el antídoto… No quería retrasarlo pues me interesaba obtener el remedio lo más rápido posible, así que me quedé obedientemente cerca del sofá.
Me dediqué a estudiar el sitio mientras tanto. La arquitectura del lugar no dejaba de sorprenderme. Mitad de las paredes que daban al exterior eran de vidrio, lo que permitía que la luz y la naturaleza alrededor fuesen los elementos primarios de la decoración. Las habitaciones eran amplias y casi sin paredes divisorias. El techo altísimo, era sostenido por diversas columnas que asemejaban el color y la forma de troncos de árboles. Me quedé mirando uno con fijeza, preguntándome si no serían en realidad troncos de verdad.
-Tengo gran inclinación por el diseño sostenible…- me comentó Akihiko apareciendo de repente desde la cocina, entregándome una hermosa taza de té humeante.
-El concepto verde, ¿huh?...- murmuré distraída, aceptando la taza de cerámica entre mis manos.
-Precisamente- se sonrió.
-Akihiko… te agradezco mucho que estés haciendo esto por nosotros… -le dije con la más pura sinceridad.
Él fijó su mirada en mí, y apretó los labios en una fina línea, como queriendo corregirme en algo.
-No es nada…- se limitó a responder. –Y… ¿desde hace cuánto tiempo lo conoces?
Lo miré comprendiendo que se refería a InuYasha.
-Pues… Un par de años, creo…- le dije llevándome el dedo a la mejilla tratando sin éxito de recordar la fecha exacta.
-¿Crees? Vaya… esperaba una mejor percepción del tiempo de una bruja, para serte sincero. – me dijo con una sonrisa socarrona, tomando un sorbo de té.
-¡Oye, que ya te dije que no soy bruja! – exclamé sulfurándome. Parecía que disfrutaba hacerme molestar.
-Oh, claro. "Sacerdotisa"
-No deberías burlarte – hice un mohín.
-No lo hago. – respondió con una suave sonrisa.
Se hizo un pequeño silencio, en el que solo nos miramos. Noté que sus ojos habían regresado a su color dorado original, aunque aún podía detallar algunos leves reflejos de marrón. Y en su frente sólo quedaba una leve sombra de la estrella.
-… ¿Cuál es tu verdadera forma? – quise saber.
-Lo que tienes ante ti…- respondió él, aún sin quitar sus ojos de los míos.
Su cabello azabache, caía sedoso sobre sus hombros, y su rostro permanecía sereno, iluminado con suavidad por la luz blanca que entraba a plenitud. Sus cejas oscuras enmarcaban con elegancia sus ojos, de los cuales pendían unas pestañas tupidas y largas, resultaban el perfecto marco para destacar sus ojos de color oro fundido. Los miré, indagando en ellos. Otra vez sentía que me perdía sin remedio… Sus ojos se desviaron de los míos y bajaron hacia mi boca, que se entreabría dulce y dócil. Ahora más que nunca era consciente de mis sentidos. Incapaz de pensar, sólo percibía mi respiración que se había acelerado ligeramente, y el calor de la taza de té entre mis manos. ¿O era mi cuerpo entero el qué había aumentado unos grados?
-Hermano… - susurró una vocecilla a nuestras espaldas.
Miré a Akihiko alertada, y él se dio la vuelta imperturbable. Casi como si lo hubiese previsto.
-Kristen – la saludó él con un tono alegre.
Yo cerré con fuerza los ojos procurándome llenarme los pulmones de tanto aire como fuese posible. ¿Qué había sido eso? Él siempre hacía parecer todo cómo si fuese de lo más natural, cómo si en realidad nunca hubiese intentado nada, y todo se hubiese generado en mi cabeza…"No puedo seguir haciendo esto," me reprendí a mi misma
-¿Quién es ella? – escuché que preguntaba de pronto la pequeña, refiriéndose a mí. Me acerqué con la mejor sonrisa que pude y me presenté.
-Hola Kristen, mi nombre es Kagome.
-Hola Kagome. – respondió ella extendiéndome su mano. La miré con sorpresa y me apresure a apretarla con la mía.
Escuché una risita provenir de Akihiko, y lo acusé con la mirada.
-Klaus le enseñó eso – se explicó.
-Ah, ya veo…
Parecía que desde pequeña ya estuviesen entrenando a esta niña tan dulce para los negocios. Arrugué el ceño en desacuerdo, ella debía disfrutar de su niñez sin preocuparse por crecer tan rápido.
-¿Y qué hacías hasta hace poco? – le pregunté a Kristen, buscando saber un poco mas de ella.
-Practicaba el violín – contestó encogiéndose de hombros.
Enseguida miré a Akihiko reprochándole un poco con la mirada.
-Hmm… ¿Y qué te parece si un día de estos te llevo al cine y disfrutamos de una película rosa? Ya sabes, una salida solo de chicas – le guiñé el ojo, dejando a Akihiko obviamente por fuera.
Ella se sonrió y me dejó deslumbrada con su hermosura. Su sonrisa era segura y guardaba cierto aire de picardía, igual que la de su hermano. Y a pesar de que su cabello caía en una cascada de rizos rubios, sus facciones se asemejaban a las de Akihiko.
-Me parece… que primero deberías pedirle permiso a alguien – argumentó Akihiko.
-Supongo que estará bien – aceptó ella alegre, obviando su comentario. – Mi hermano me ha hablado sobre ti, me gustaría saber si las cosas que dice son ciertas.
-Oye tú, quien te ha dado permiso para comentar sobre esas cosas. – le reprimió Akihiko, pero sin consternarse mucho por ello.
Kristen me sonrió, y se alejó saltarina hacia otra habitación.
-Nos vemos, Kagome.- se despidió.
-Nos vemos…- repetí algo anonadada, teniendo la impresión de que la pequeña no sólo era hermosa, sino también inteligente. ¿Serían todos en esta familia así de iguales?
-La medicina debería estar ya casi lista. Iré por ella – me anunció Akihiko echándole un vistazo a su reloj.
-Bien…- contesté, observando su figura a través de las paredes de cristal, perderse por un pasillo lateral a la casa.
Se escapó un pesado suspiro, y sorbí un poco más de té. Ya no recordaba en qué momento ni cómo me había metido en esta clase de lío, y me pregunté si algún día tendría fin. Probablemente no.
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-¿Seguro que quieres hacer esto? – le pregunté a Akihiko, que ya tenía una pierna puesta sobre el pozo, dispuesto a saltar en él.
-Ya te dije que nadie más podría administrarle la medicina aparte de mí. Se necesita un conjuro especial para que haga efecto. –
-Podrías enseñármelo…- insistí. No quería exponer Akihiko a ningún tipo de peligro, en especial a aquél de la era Feudal.
-No creo que lo puedas aprender tan rápido, bruja. Se requieren años de experiencia. – me dijo con una sonrisa de suficiencia, saltando dentro del pozo sin darme tiempo a responderle.
¿Acaso otra vez me había llamado bruja? Ya le haría saber yo de lo que era capaz una "bruja" a ese bueno para nada. Así que me lancé justo detrás de él, internándome en la negrura del pozo.
Cuando llegué al otro lado del pozo, escuché la voz de Akihiko. –Así que así es como el mundo de verdad debería lucir… El aire aquí es tan limpio, y la tierra tan pura…
Trepé por las ramas que crecían dentro del pozo para poder salir al aire libre junto a él. Akihiko me tendió su mano para ayudarme a salir.
-Sí… Yo también me sorprendí un poco la primera vez – estuve de acuerdo. Era impresionante la diferencia entre ambas eras, y cómo la naturaleza se había deteriorado a medida del tiempo. Aunque nunca le había dado a esto mayor importancia. Quizás InuYasha, los fragmentos y todos aquellos problemas no dejaban lugar en mi cabeza para nada más.
Él se alejó un poco más, y observé curiosa como se detenía en medio del claro del bosque. Me acerqué un poco y alcancé ver que cerraba sus ojos. De repente sentí que su aura cambiaba nuevamente y se volvía más intensa. Parecía haber algún tipo de conexión entre los elementos naturales y él.
-Akihiko…- lo llamé.
-Sí... - respondió, sonriéndome con suavidad. –Necesitaba sintonizarme con este nuevo ambiente.
-Ah…Comprendo…Bueno, es por aquí… - le señalé un sendero entre los árboles, sin dejar de percatarme de la leve estrella que se había alcanzado a dibujar en su frente.
Él ajustó la bolsa negra que llevaba sobre su hombro, y comenzamos a seguir el camino.
Akihiko iba callado a mi lado, en su rostro no detectaba emoción alguna. Muchas veces envidiaba su estoicismo y su templanza. Aunque intentase controlar mi carácter, casi siempre se me escapaba de las manos y terminaba siendo un poco ruidosa.
-Eh… Akihiko… Antes de que lleguemos a la cabaña de Kaede, me gustaría que supieses que aparte de InuYasha, probablemente encontraremos también al monje Miroku, Sango y a Shippo, a quién viste esta mañana. Lo más seguro es que ellos se sorprendan un poco ya que…- me callé sin saber cómo explicarle bien la posibilidad de la reencarnación.
-Desconocen mi parecido con InuYasha – aceptó él conciso. – No te preocupes Kagome, todo saldrá bien. –
Yo continué mirando el suelo insegura. Algo me decía que no era muy buena idea mezclar mis dos mundos. Tan distintos, y a la vez tan personales, tan míos. InuYasha y Akihiko.
-Oye… - me llamó Akihiko suavemente, deteniendo el paso de ambos. Se giró hacia mí y me tomó el mentón con delicadeza, obligándome a mirarlo. – InuYasha se recuperará, te lo prometo. Yo mismo me encargaré de eso. Ahora tranquilízate…ya te dije que todo estará bien.
-Yo…- quise argumentar, pero vi resolución en sus ojos y de algún modo estos me calmaron. – Está bien. Gracias Akihiko…-
-No me agradezcas todavía.- dijo sonriendo. Le devolví la sonrisa, y miré hacia el frente. La aldea se abría a nuestros pies. Y noté con un poco de nervios que la cabaña nos esperaba a unos pocos metros, al final de la colina.
-Está bien, vamos entonces.– suspiré resignada. No había alternativa. Así debía ser si quería salvar a InuYasha. Sentí un nudo en la garganta al recordar la herida ensangrentada con la que le había visto por última vez. Miré con determinación la cabaña, y emprendí nuevamente el camino hacia a ella, consciente de los pasos seguros de Akihiko tras de mí.
Continuará...
Muy bien, aquí otro capítulo. Gracias por sus comentarios y sugerencias! Me alegra saber que les gusta la historia, y que muchas terminaron casi al borde de la silla con el último capítulo hehe. Díganme que fue lo que mas les gustó o impresionó de este, y que tal llevan el fic hasta ahora. Besos, nos vemos en el próximo!
Eli.
