** BLANCO, NEGRO; MAL, BIEN; ¿QUIÉN DECIDE LO QUE ES CORRECTO O LO QUE NO? ¿LA DUALIDAD ES LA EXPLICACIÓN DEL MUNDO? TODO VIENE EN PAREJA, PERO NO SIEMPRE SE MANTIENE ASÍ **
Se podía decir que después de ese episodio de "depresión", ahora estaba en un estado, o mejor dicho, efecto "montaña rusa". Lo alentaba el pensar que su sueño fue un recuerdo, uno muy feliz, o algo que algunos llamarían premoniciones. Lo hundía el desconocer la verdad y las ganas de saber; ya que apenas comenzaba a reconstruir su mundo y pensar que había construido un "castillo en el aire" lo golpeaba duramente.
No halló otra forma de combatir este duelo interno que distraerse con los quehaceres. Limpiar, sacudir, barrer, pulir, cocinar, lavar… se esmeró tanto en su trabajo que acabó más rápido de lo imaginado y con ello tuvo más tiempo de revolverse en sus pensamientos.
«Franco parece estar enojado por algo, no es como al inicio. Antes no me dejaba prácticamente mover ni un dedo y ahora me pide que haga los quehaceres. Y luego está Blaine…», detuvo el pensamiento.
El ver la imagen mental de Blaine, le hizo sentir diferente. De repente la iluminación de la habitación era más intensa, se sentía más ligero incluso prácticamente como si flotara, una sensación de calor comenzó a expandirsele desde el pecho hacia el resto del cuerpo. A la par que se había transportado a un lugar donde no sabía si estaba lleno o vacío; si existía o no; era como ser jalado de un lado a otro tan rápido que no se supiese si había calor o frio, luz u obscuridad, llanto o risas… Luego de superar el mareo y desconcierto inicial, sintió que al pensar, o simplemente creer que existían esperanzas, lo llevaba irrevocablemente al camino del dolor, donde la decepción sería la única meta.
Las ideas no dejaron de fluir, ni siquiera cuando la cabeza le comenzó a doler, se hacía gigante y pequeña en un parpadeo, así lo sentía. Era como si fuese una maquina trabajando en exceso y que de seguir así, pronto tendría algún tipo de avería.
Fue en ese momento de presión y estrés, algo le llegó a la mente. Era un recuerdo, casi tan sólido como el dolor de cabeza.
Percibió cierto temor. Y como al alejarse de Blaine, esa sensación se veía disminuida. Era relajante estar lejos de Blaine. Pero también vino una sensación desconocida, por Franco.
Se sintió débil, como si algo lo absorbiera, pudo haber sido paz o cansancio, pero él no podía ni quería intentar combatir.
• • •
Iba de prisa, se había levantado tarde. Ni siquiera pensó en desayunar. Todo hubiese sido borroso a su rauda visión, de no ser porque sabía dónde estaba cada cosa en el departamento. Solamente cuando los ojos color avellana se posaron en un marco plateado, el reloj pareció detenerse.
Detrás del cristal se podía ver a una pareja de hombres. Estaban en una especie de parque lleno de flores, Blaine estaba con el cabello revuelto; una playera azul rey, que estaba mojada y la hacía ver más obscura. A su lado estaba Kurt, con una camisa blanca, igualmente mojado, lo que la hacía casi traslucida; el cabello castaño parecía haber sido secado y le daba un efecto esponjado. Blaine estaba detrás de Kurt, se abrazaban, mientras se veían uno al otro directamente a los ojos con amplias sonrisas. De la fotografía parecía emanar una especie de luz y obviamente las emociones que daba y mostraba en sus modelos.
De repente se rompió la concentración debido a los todos de la ciudad. Pero no dejó la foto, se la llevó consigo al trabajo.
Por más prisas que tuviese el tráfico le hizo avanzar morosamente. Para cuando llegó al hospital ya eran las diez en punto.
—Buen día doctor —saludó la enfermera al momento en que se paró frente a la recepción.
—Querrás decir tardes — dijo esbozando una sonrisa.
Aunque no vio a la enfermera por estar firmando la hoja de registro, ella lo miró con confusión, hacía ya bastantes días que Blaine no sonreía de esa forma, al menos no con esa chispa contagiosa, con esa alegría. Después de ello, se fue directo al consultorio.
—Buen día África —saludó a la enfermera que fungía como secretaria y ayudante.
—Buen día doctor, aquí tiene sus expedientes —le ofreció un par de carpetas color beige bastante gordas.
Blaine las tomó y se fue directo al interior del consultorio.
Mientras África dio un ligero suspiro. Ya habían pasado varias semanas desde que tuvo para ella esos labios, ese aroma, a "su hombre". Claro que no permitía que Blaine la viese en ese estado, deseaba lanzarse de nuevo al ataque y, de ser necesario, obligarlo a aceptar sus sentimientos; pero sabía que esa estrategia ya no le funcionaría.
Pero no todos sus pensamientos eran de ese tipo, también tenía ira, rencor y ansiedad. El estúpido tipo, que la podría ayudar a lograr las metas que anhelaba, no le había llamado y tampoco lo volvió a ver. Y desconocía de alguien que le pudiese dar información, aparte de Blaine.
Tanta fue la furia que le exteriorizo rompiendo por la mitad el lápiz que tenía en la mano derecha, simplemente sintió la presión que habían ejercido sus dedos; pero al ver su mano se dio cuenta que un par de astillas estaban por enterrarse en su dedo índice. Soltó el lápiz y, aunque movió el dedo con cuidado, las astillas terminaron enterrándosele. Entre el dolor y frustración, no dejo de pensar en su beneficio.
«Blaine ayudó a ese tipo cuando rompió los marcos, y ahora yo también estoy lastimada», pensó maliciosamente.
Aun lastimada no desaprovechó el tiempo ni la oportunidad, se maquilló, sin importarle el dolor y que enterrase más las astillas por el movimiento. Sin más demora buscó algún documento que pudiese llevar, presionó fuertemente el dedo para que saliese más sangre y se dirigió al consultorio.
Toc. Toc. Llamó a la puerta, y luego de un momento entró.
—¡Oh! Disculpe, se han traspapelado estos expedientes y se los he traído —dijo dejando al mejor ángulo la herida.
Blaine vio directamente a la herida, sin tomar en cuenta lo que África dijo. Se puso de pie y dijo:
—Me permites tu mano —pidió, extendiendo el brazo.
La emoción subió como espuma en África. Y pretendía gozar al máximo ese momento.
—Disculpe —dijo ingenua, con un tono de voz que daba a entender que estaba enferma.
—Tu mano —dijo Blaine y se acercó a ella, para tomarle la mano.
Gracias a que Blaine estaba muy concentrado en la herida, no vio como las mejillas de África se tornaron de un ligero carmesí. Al sentir ese cálido contacto, lo terso de la mano, la delicada forma en que la tocaba.
Sin levantar la vista y sintiendo que era una posición incómoda para realizar la curación—. Vamos, siéntate —la invitó a pasar al sillón.
Ella hizo lo que se le pidió, haciendo dote de una exagerada y nada creíble expresión de confusión y agonía. Cuando iban de camino fingió tropezar, lo cual hizo que Blaine la tomase de la cintura para poder sostenerla y, aprovechando la cercanía, África se apoyó en los hombros del doctor para aumentar la cercanía. Pero Blaine no hizo nada con respecto a eso, estaba más preocupado por la herida.
Al llegar a sentarse, mientras Blaine fue a buscar los utensilios para la curación, ella se pasó la herida cerca de los labios, manchándola con algo de sangre.
—Permíteme, voy a quitar las astillas, puede que duela —le informó al comenzar a trabajar.
Pero, justo en ese momento llamaron a la puerta.
Blaine tuvo que dejar las cosas en la mesa y abrir la puerta. Era otra enfermera.
—Disculpe doctor, buscaba a África, pero no está —la mujer no se asomó al interior.
«Maldita. ¡Lárgate!» pensó con rabia África.
—Si, en seguida voy —respondió ahora con la voz claramente cargada de un segundo mensaje implícito en el tono y la enfermera lo captó fácilmente.
—¡Oh! Sí, yo volveré más tarde —dijo saliendo presurosamente.
Blaine se quedó confuso por un instante ante la situación, pero al recordar a África volvió a su labor.
Por cada astilla que le quitaba expresaba, la enfermera, un pequeño quejido. Lo cual hacia que Blaine lo hiciese pausadamente y con más delicadeza. Al terminar continuó con la limpieza y desinfección, y colocó un pequeño vendaje.
Observándose la mano con tanto devoción, debido a que todavía podía sentir el gentil toque del doctor Anderson, con voz vacilante alcanzó a decir—. Gracias doctor —a simple vista parecía que estaba convaleciente.
—No te preocupes —le informó sonriendo y levantando la mirada.
Vio claramente la mancha de sangre en el rostro de África. Tomó otra gasa humedecida con alcohol y limpió cuidadosamente la mancha, pero por la presión que ejerció una gota de alcohol se formó y corrió dejando rastro a su paso, por lo cual con el dedo índice limpió dicho rastro, haciendo que África se estremeciese.
—Ya puedes salir, simplemente no hagas muchas presión, porque puede volver a sangrar —le recomendó poniéndose de pie.
África tardó en reaccionar, pero se puso de pie y siguiendo con el rol de "convalecencia" salió lenta y pausadamente del consultorio. Al cerrar la puerta se dirigió más vertiginosamente hacia el escritorio. Sentía que no podría ser capaz de contener la emoción, pero debía hacerlo.
Ya habiendo pasado la mañana, o mejor dicho lo que restaba de la misma, llegó la hora de la comida. Y Mau arribó al hospital como ya era costumbre, para comer junto con Blaine. En esta ocasión simplemente ordenaron algo de la cafetería y se quedaron en el consultorio a comer.
De la nada Mau abrió la boca para decir—. ¿De verdad crees que Kurt quiera volver? —soltó Mau—. Que… ¿él haya cambiado?
Blaine se quedó pensativo, es cierto que hubo un tiempo en el que las dudas le habían estado rondando la mente, pero así como comenzó, las expulsó de su ser y ahora, quizás no estaba seguro de los resultados, pero sí de querer luchar por saber si existía la posibilidad.
—No sé si quiera volver; pero quiero intentarlo. Él no ha cambiado, siempre fue así, tan sólo que era un poco reservado —respondió seguro de cada palabra.
Una sonrisa comenzó a asomar en el rostro de Mau. No era una risa maniaca no descontrolada, si embargo dejaba ver que la pequeña risa mostrada sobre su rostro era simplemente una pequeña parte de la felicidad que sentía.
Por lo que Blaine lo miró con confusión.
Ladeó la cabeza sin apartar la mirada de Mau—. ¿Cuál es el chiste? —inquirió.
Negando efusivamente con la cabeza, logró pronunciar—. No me rio de un chiste, sino que tu respuesta me hace feliz —estaba conteniendo con esfuerzos la risa que todavía pugnaba por salir.
Luego de que lograra relajarse y dejar de reír, dijo:
—Me alegra ver que he cumplido mi misión en este lugar y que me iré con esa satisfacción —la ligereza y naturalidad de esas palabras hacían pensar que no se trataba de nada importante el que se fuera.
Tragando forzosamente el bocado, se aclaró la garganta—. ¿Te vas? —la incredulidad era bastante notable.
Mau asintió ya que no podía responder debido a que estaba mascando un bocado.
Habiendo soltado los cubiertos y poniéndose de pie—. ¿Cuándo?
Bajó la mirada a la comida—. Hoy en la noche —respondió ahora más reservado.
Continuaron comiendo hablando de cualquier cosa, menos de la partida de esa noche.
• • •
Con el brazo izquierdo acalambrado se comenzó a levantar, se talló los ojos para lograr abrirlos poco a poco. No sabía si era tarde, noche o ya se había despertado al siguiente día. Se incorporó poco a poco y así mientras la conciencia le llegaba, de la misma manera apareció una conclusión.
«Quizás no sé quién soy. Y tal vez tampoco quiero saberlo, pero al menos quiero confirmar lo que siento en estos momentos. Iré a visitar a Blaine», la determinación de esa idea fue tan repentina, pero él la sentía tan necesaria.
Como pudo se logró incorporar y conforme pasaba el tiempo tuvo las fuerzas para preparar todo antes de la llegada de Franco. Quien al llegar entró abruptamente asustando a Kurt.
—Ya está lista la comida —informó.
Él tan sólo se dirigió a la mesa y se sentó, esperando a que le sirviese.
Con los nervios alterados, comenzó a servir la comida, lo cual casi fue un desastre cuando un plato se le tambaleo amenazando con caerse, pero lo logró salvar. No le pasó desapercibida la mirada de odio que le brindo Franco.
Dado que Kurt no era bueno para disimular sus emociones, al menos no cuando quería de verdad ocultarlas, sus dedos comenzaron a dar golpecitos sobre la mesa, haciendo que Franco se diera cuenta.
Bajando los cubiertos y dejando el bocado de nuevo en el plato—. ¿Qué pasa? —preguntó con fastidio.
La repentina comunicación verbal lo tomó por sorpresa—. Bueno… yo creo que… —vaciló por un momento pensando en dejar las cosas tal cual, pero por más esfuerzos que hizo no lo logró—. CreoquedeberíairaveraBlaine —soltó amontonando las palabras.
Sin embargo Franco captó claramente la expresión del castaño.
—¿Y para que quieres verlo? —dijo sin siquiera voltear a verlo.
A Kurt le sorprendió que le hubiese entendido, pero ahora tomar valor de donde no existía para continuar.
—Yo creo que he recordado algo… de mi pasado —comentó mirando a Franco, que continuaba comiendo.
Rápidamente deglutió el bocado—. ¿Algo relacionado con las cuentas de banco? —preguntó, sin demostrar ilusión alguna, ya que sabía que no era posible. Pero luego le vino otra idea a la mente—. ¿Qué recordaste? —interrogó aprensivamente.
«Pudo recordar que me ama, y así comenzaremos un romance, y luego lo convenceré de que le quite su dinero a Blaine y así tendré todo. TODO», su mente comenzó a fantasear, viendo al doctor vencido y a él con Kurt como trofeo.
—No sé qué es, por eso quiero ir a ver a Blaine y de paso puedo podría preguntarle lo del banco —la voz sonaba como si estuviese siendo contenida, quería gritar decir que él no necesitaba permiso de nadie, pero no sabía porque querría hacer eso.
La emoción que lo embargó en ese momento colmó todo su ser. Ésas ganas de gritar y reclamar, exigir la libertad de hacer lo que quisiera... pero, fue tan sólo por un instante, y le alegaba que hubiera sido así ya que hasta cierto punto le asustó lo que sintió.
—Pues ve. Pero yo no te voy a estar dando dinero para que vayas con ese ese tipo —sentenció levándose de la mesa y dejando que Kurt asease todo.
Sabía que no debía dudar, pero no podía evitar sentirse nervioso, emocionado y temeroso del mañana.
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