-¿Qué te ha dicho mi madre?- Preguntó entonces la rubia mirando fijamente a sus ojos después de comprobar que David había entrado en la casa.

-Nada.- dijo Regina que no quería general un conflicto madre e hija.

-Regina… aunque no te lo creas comienzo a conocerte y sé que eso no es verdad.- Dijo la rubia entonces.

-Vale, me ha dicho que acepta nuestra relación o lo que sea esto.- Dijo señalándolas a ambas.- Que puede ser bueno para ambas.

-¿Relación?- Preguntó Emma sonriendo.- Me gusta eso pero quiero una segunda cita y una petición formal.- Bromeo Emma pero Regina se enfado bastante.

-¿Todo es un juego para ti?- Preguntó pero no esperó respuesta, se alejó de Emma y entró en la casa del cumpleaños.

Emma se había quedado estática, tenía que aprender la lección. Tenía que tener cuidado con el tipo de bromas que le gastaba a la morena de momento no parecía muy receptiva. Fue entonces cuando puso dirección también hacía la casa. Al llegar se presentó como la madre de David y Regina como una amiga de la familia, pues al llegar antes que Emma no dio opción a nada más.

David se divertía con sus compañeros mientras que Regina fingía interesarse por la conversación de algunas madres aunque realmente buscaba la mirada de la rubia de vez en cuando dándose cuenta de que esta tampoco paraba de mirarla.

-Regina.- Dijo entonces Emma acercándose a la morena para sacarla de allí un segundo- ¿Podemos hablar?-

-Estoy hablando con…- Iba a decir Regina pero fueron interrumpidas.

-No se preocupe por nosotras.- Dijeron y se alejaron un poco para dejarlas solas.

-Regina, era una broma.- Soltó Emma sin más.- Cada persona canaliza el miedo y la inseguridad de una manera distinta, yo lo hago a través del humor.- Explicó entonces más tranquila.

-¿Miedo e inseguridad?- Preguntó Regina.

-Dios, me aterra lo que siento y lo que puede suponer. Esto no es un juego para mi, Regina.- Aseguró Emma entonces.

-Vale, lo siento.- Dijo Regina sabiendo que había metido la pata.- Tampoco es un juego para mí, pero es difícil.- Aseguró también la morena.

-Bien, me gusta esto.- Dijo y vio a Regina elevar una ceja a modo de pregunta.- Solucionar las cosas hablando como dos adultas.- Explicó Emma.- Digamos que los tíos con los que he estado antes no era demasiado adultos.- Soltó sin pensarlo.

-No quiero saber más.- Dijo Regina notando una pisca de celos al pensar que Emma había estado con otras personas.

-Vale, lo siento. ¿Quieres algo de tomar?- Preguntó para relajarse un poco.

-Un refresco.- Contestó Regina que noto como la mano de Emma acariciaba la suya de manera disimulada.

Emma se alejó entonces para dirigirse hacia la mesa con la comida. Mientras Regina se sentó en unas de las butacas para observar a los niños jugar, David parecía feliz y siempre buscaba la mirada de una u otra.

-Aquí tienes.- Dijo Emma acercándose a la morena y dándole el vaso.

-Gracias. David parece muy feliz.- Aseguró Regina mirándola dulcemente.

-Lo está y es gracias a ti.- Dijo Emma sentándose a su lado.

-Claro que no.- Soltó Regina sin más.

-Tú has pagado su colegio.- Espetó Emma como si fuese lógico.

-Tú lo estabas pagando antes de que yo hiciese nada, simplemente decidí que merecías otra oportunidad.- Explicó Regina bebiendo un poco.

-Aún te debo mucho dinero.- Reflexionó entonces la rubia bajando un poco la cabeza.

-Hagamos una cosa.- Dijo Regina mirando a la rubia.- Empezamos de cero, si queremos que esto, que no sé lo que es de momento, funcione tú no me debes nada. El colegio de David fue pagado por una beca.- Habló Regina en voz baja para que nadie pudiese escucharla.

-Eso no es justo…, es decir, claro que quiero que funcione pero ese dinero…- Emma no sabía cómo continuar, los ojos de la morena la desarmaban.

-Tómalo como un regalo para tu hijo, por favor.- Dijo entonces Regina y fijando su mirada en la de la morena.

-Vale.- Soltó Emma sonriendo.- Eres convincente cuando te lo propones.

-Estamos en paz, entonces.- Dijo Regina sonriendo ligeramente.

-Me muero por ver esa sonrisa completa.- Aseguró Emma levantándose para ir a ver a su hijo que la estaba llamando.

Dos horas después David estaba exhausto y el cumpleaños estaba a punto de terminar por lo que las dos mujeres decidieron marcharse. Regina llevaba al niño en brazos que se había empeñado en que fuese la morena quién lo cogiese. Emma iba un poco por delante hablando tranquilamente mientras que Regina iba con David hablando de todo lo que habían hecho.

-¿Tú quieres a mama?- Preguntó entonces al oído de la morena.

-¿Por qué preguntas eso?- Preguntó entonces Regina que estaba sumamente sorprendida por esa pregunta.

-Porque Ruby y Bella se besan también y es porque se quieren.- Reflexionó el niño que no había olvidad ese suceso.

-David, yo…- Regina se quedó parada durante unos segundos, no sabía que contestarle pues no sabía cómo Emma pensaba abordar el tema.

-Por mí está bien. Yo quiero a mama feliz.- Soltó sin más.- Mi papa era malo y la hizo sufrir.- Dijo entonces el niño pues había escuchado algunas veces a su madre llorar y a su abuela intentando consolarla.

-¿Qué pasa por ahí atrás?- Preguntó Emma girándose al darse cuenta que ellos no hacía caso a lo que iba hablando.

-¿Tú quieres a Regina?- Soltó David sorprendido a ambas de nuevo.

-¿Por qué?- Preguntó Emma al igual que lo había hecho la morena.

-Os besasteis.- Dijo ahora más sencillamente.

-Eso es cierto.- Soltó Emma enrojeciendo.- ¿Te enfadarías si Regina y yo fuésemos novias?- Preguntó la rubia poniendo esas palabras en su boca a pesar del miedo.

-No, desde que yo nací nunca has tenido novios.- Explicó entonces el niño.

Regina se había quedado totalmente en blanco, no se creía que estuvieran teniendo esa conversación tan surrealista y mucho menos que la estuvieran teniendo en mitad de la calle aunque también tenía que reconocer que David no podía evitar su curiosidad.

-¿Entonces no te importaría que yo bese a Regina?- Preguntó Emma siendo más directa viendo como Regina la miraba fijamente a los ojos.

-No, pero es un poco asqueroso.- Esas palabras provocaron una carcajada en la rubia y la morena sonrió ligeramente.

-Eres un niño adorable y muy maduro.- Dijo Emma dejándole un beso en la frente a él y uno en la mejilla a la morena.- Tenemos su aprobación.- Le murmuró al oído.

Los tres siguieron entonces caminando en silencio. David se había dormido y Emma y Regina sólo cruzaban las miradas de vez en cuando. El corazón se les aceleraba cuando hacían eso, cuando sin quererlo su conexión se hacía cada vez más fuerte y atrayente.

-¿Quieres que te ayude?- Preguntó Emma.- Pesa bastante debes estar cansada.

-No te preocupes.- Dijo Regina tranquilamente.

-Siento la encerrona que nos ha hecho.- Soltó entonces Emma colocándose a su lado.

-Es normal, el niño es inteligente nos pilla besándonos como adolescentes, resultado pregunta sobre el tema.- Dijo Regina sonriendo brevemente.

-Me voy a acostumbrar a eso.- Soltó Emma señalando sus labios.- Realmente me alegra que lo acepte, no podría continuar con esto si él no lo desea.

-Lo entiendo. Es normal que tu hijo sea lo primero en tu vida.- Dijo la morena.

-Lo es pero creo que necesito algo más y puede ser que tú seas ese algo o ese alguien.- Soltó con calma.

Regina no contestó, simplemente asintió y siguieron el camino en silencio. Pocos minutos después llegaron al apartamento de la rubia. Emma abrió lentamente para darle tiempo a su madre a darse cuenta de que llegaba pero al entrar se encontró que no había nadie. Regina entró dentro del cuarto del niño para dejarlo dormir un poco más mientras que Emma cogía la nota que había sobre la mesa y en la que ponía que había salido al cine con James. La rubia simplemente sonrió.

-¿Por qué te ríes?- Preguntó Regina volviendo a la sala.

-Mi madre ha dado el siguiente paso.- Dijo meciendo la nota en sus manos.

-¿Siguiente paso?- Preguntó curiosa la morena.

-Primera cita y en el cine.- Soltó riendo e invitando a la morena a sentarse a su lado.- ¿Quieres tomar algo?- Preguntó y Regina simplemente negó con la cabeza.

-¿Ese es el siguiente paso?- Preguntó Regina con curiosidad.

-Estas tan oxidada como yo en esto.- Soltó Emma sonriendo.- Perdona… no quería sonar insensible ni nada.- Dijo al darse cuenta que esas palabras podrían haber herido a la morena.

-No te preocupes pero sí, tienes razón.- Aseguró Regina.- Ya no sé cortejar a una mujer.

-Me alegra entonces, eso significa que no tengo motivos para preocuparme.- Soltó sonriendo.

-¿Tengo que preocuparme yo?- Preguntó Regina que había aceptado seguirle el juego a la rubia.

-¿Te cuento un secreto?- Preguntó Emma aunque conocía muy bien la respuesta de la morena que sólo asintió.- No he estado con un hombre desde que me entere que estaba embarazada de David.- Confesó bajando la cabeza.

-No tienes que avergonzarte.- Dijo Regina acercándose a ella y pasando su manos por el muslo de la rubia.- Yo no he dejado que una mujer me volviese a tocar desde que perdí a mi hijo.- Hablo bajando la voz también.

-¿Qué quiere decir eso?- Preguntó la rubia sin entender demasiado bien.

-He tenido a varias mujeres en mi cama pero nunca las he dejado tocarme.- Explicó entonces Regina sin entrar en detalles.

Emma no habló más, entendía muy bien lo que Regina quería decir y sabía que eso era mucho tiempo, mucho más del que había pasado ella pero ahora no le importaba, quería cerrar esas heridas. Entrelazo sus dedos con los de la morena y se quedaron en silencio, simplemente mirándose a los ojos.

-Ambas tenemos muchos fantasma que derrotar.- Aseguró Emma.- Creó que podremos hacerlo juntas.

Emma se acercó un poco a Regina y esta unió sus labios. La rubia paso sus manos por las mejillas de la morena y esta colocó sus manos sobre los muslos de la otra. Ambas se besaban pausadamente, disfrutando del momento y de la fuerte sensación de bienestar que a ambas sentían.

-Me gusta sentir esto.- Dijo Emma con simpleza.

Regina no dijo nada simplemente volvió a unir sus labios con los de Emma. La rubia respondió contenta a ese gesto, le gustaba ver a esa Regina que se dejaba llevar por sus sentimientos que dejaba su lógica a un lado para simplemente hacer lo que sentía. Sus labios danzaban a un ritmo tranquilo, ninguna de las dos tenía prisa ni quería acelerar sus movimientos.

-Creo que deberíamos parar.- Dijo Regina separándose para coger un poco de aire.

-¿Por qué?- Preguntó Emma acercando su cuerpo un poco más a la morena y volviendo a besar suavemente sus labios.

-Porque tu madre podría volver en cualquier momento o tu hijo despertarse.- Soltó entonces sonriendo al ver que Emma seguía sin separarse de ella y que buscaba sus labios cada vez que podía.

-No pasa nada, según la nota a mi madre le quedan al menos una hora y David está durmiendo profundamente.- Dijo Emma entonces.- Tengo que recuperar la práctica, después de tanto tiempo.- Bromeo volviendo a besar sus labios.

-Le puedo asegurar que no ha perdido la práctica.- Dijo entonces Regina respondiendo al beso.

-Pero podemos perfeccionar la técnica.- Aseguró entonces Emma bajando sus manos hacía la cadera de la morena para acercarla un poco más a ella.

-¿Tienes excusas para todo?- Preguntó Regina acariciando los muslos de la rubia.

-Sí, es que nunca había probado unos labios que me provocasen tantas cosas.- Aseguró Emma avergonzándose por sus palabras.

-Yo hacía muchos años que no sentía esto.- Dijo señalando su pecho.

-Eso es bueno.- Aseguró Emma tirando del labio inferior de la morena haciendo que esta soltase un gemido.

-Tengo miedo, Emma.- Le dijo entonces Regina.

-Lo sé, pero sólo te pido una cosa.- Hablo Emma esperando la aprobación de Regina para continuar.- No levantes el muro, no conmigo. Cuando tengas algún problema, cuando estés enfadada, cualquier cosa, la hablamos y lo solucionamos pero no vuelvas a eso. No lo soportaría.- Se confesó la rubia.

-Te lo prometo.- Regina sabía que esa promesa significaba mucho pero estaba dispuesta a intentarlo, ahora se daba cuenta de que no podía ni quería huir de esos sentimientos.

Emma sintió su corazón saltase un latido al darse cuenta que Regina por fin había aceptado todo eso, que ahora sí estaba dispuesta a luchar con ella y no contra ella como había hecho hasta ahora. La rubia dejó caer una lágrima por sus mejillas y la morena no tardó ni un segundo en limpiarla, no quería verla así.

-¿Por qué lloras?- Preguntó Regina que se sentía superada por la situación.

-Supongo que de alegría.- Soltó entonces Emma que tampoco entendía eso.

-Me gustan más tus sonrisas.- Confesó entonces la morena mordiendo el labio de Emma.

Emma abrazó fuertemente a la morena, ambas se sentían cómodas y no tenían pensado moverse de esa postura. Las dos disfrutaban el calor que el cuerpo de la otra emanaba, las hacía sentirse seguras y en paz.

Ese gesto no duró mucho pues escucharon unas risas y la puerta del apartamento abrirse, fue Regina la que se separó un poco y se sentó correctamente mientras que Emma se giraba para mirar hacia la puerta donde podía ver a su madre sonriendo al hombre que la acompañaba.

Ninguna de los dos hizo ningún ruido pero Regina notó la mano de Emma llamándola e invitándola a girarse para ver como el hombre se acercaba lentamente y dejaba un suave beso sobre los labios de su madre. Emma se tapó los ojos inocentemente provocando que Regina sonriese.

-¿Qué ha sido eso?- Preguntó Emma al ver que la puerta se había cerrado.

-¡Qué susto!- Dijo Mary Margaret entonces mirándolas a ambas.

-Contéstame, Mary Margaret Swan.- Soltó Emma fingiendo estar molesta.

-¿Te lo tengo que explicar?- Preguntó Mary Margaret alzando una ceja.- ¿Acaso tú te has pintado los labios esta tarde?- Preguntó mirándola fijamente con una sonrisa pícara en los labios.

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