LO SIENTOOOOOOOOO!!! Siento muchísimo el retraso en actualizar, pero es que desde hace días intentaba entrar a mi cuenta para subir y no me dejaba, al final he descubierto que era cosa del navegador que utlizaba, yo uso el OPERA, y no me dejaba acceder al menú para publicar nuevos capítulos, así que he tenido que cambiar de navegador.
Muchas gracias por los reviews que habéis dejado, aquí os dejo uno nuevo capítulo de este fic y mañana subiré otro, lo prometo!!
I'm sorry nuevamente
Saludos y espero que os guste el capítulo
CAPÍTULO 21
- Temperance, despierta por favor.
Brennan, aún inconsciente, sentía cómo una voz la llamaba, desde el fondo de un túnel. Luego sintió un aroma fuerte en su nariz, y lentamente comenzó a recuperar la consciencia, mientras agitaba la cabeza hacia los lados.
- Parece que ya está volviendo en sí – dijo el dependiente.
- Temperance, ¿puedes oírme? – le preguntaba Booth mientras acariciaba dulcemente su pálido rostro.
Lentamente y aún bastante aturdida, Temperance comenzó a abrir los ojos, y lo primero que distinguió fue el rostro de Booth, muy cerca del suyo. El agente había tenido los reflejos necesarios para coger a su compañera cuando se desmayó, antes de que ésta se diera de bruces contra el suelo, y la sostenía entre sus brazos.
- Gracias a Dios – dijo Booth al verla por fin despierta -. Me has dado un buen susto, Huesos.
- ¿Qué me ha pasado? ¿Estoy muerta? – preguntó sin salir aún de su aturdimiento.
- Claro que no estás muerta Huesos, sólo te has desmayado – le respondió el mientras apretaba una de las manos de ella entre las suyas.
- Mmm… ¿dónde estoy? – preguntó, confusa, al no reconocer aquella estancia.
- Estamos en la tienda de la gasolinera, ¿recuerdas?
En ese momento Temperance ató cabos, recordó todo lo que había pasado y se levantó de un brinco, señalando a Booth, asustada.
- ¿Huesos? – preguntó él también asustado al verla así.
- No, no puede ser, tú estás muerto, ¡estás muerto! – dijo alejándose de él.
- Huesos, es una larga historia…
- Pero yo… ¡yo te vi morir!
- Escúchame Huesos, todo fue un montaje…
¡PLAAASSS!
Antes de que pudiese terminar la frase una fuerte y sonora bofetada cruzó la cara de Booth de improvisto, sin que éste tuviera tiempo a esquivarla.
- ¡Uff! ¡Vaya golpe! – dijo el dependiente, atónito ante la escena que estaba presenciando.
- ¡¿UN MONTAJE?! – preguntó Temperance, llena de rabia e ira.
- Huesos, déjame explicarte por favor…
- ¡ALÉJATE DE MÍ! ¡Todo este tiempo me has hecho creer que habías muerto entre mis brazos, no duermo desde aquel día recordando lo que pasó y ahora resulta que todo es un montaje! – gritó, histérica.
- Escúchame Temperance, no es lo que crees, te lo puedo explicar, sólo escúchame – dijo acercándose a ella.
- ¡SUÉLTAME, NO ME TOQUES!
- Huesos lo siento, sé que te he hecho daño…
- No tienes ni idea – dijo ella con odio.
- Pero he venido a arreglarlo, tan sólo dame la oportunidad de explicarte…
- ¿A arreglarlo? Ya no tienes nada que arreglar, vete de aquí, ¡no quiero volver a verte! – dijo ella con lágrimas en los ojos y salió corriendo hacia su coche.
- Espera Huesos – dijo él corriendo tras ella y la detuvo agarrándola por un brazo -, no puedes irte sin escucharme.
- Sí que puedo y lo voy a hacer, ¡suéltame! – dijo ella sacudiendo el brazo, pero él no la soltaba - ¡QUE ME SUELTES!
- No te voy a soltar hasta que me escuches – dijo él.
- Ah muy bien, tú lo has querido.
¡PLASSSS!
Brennan le pegó otra bofetada con tal fuerza que Booth cayó al suelo, y ella aprovechó la situación para subir a su coche, arrancar el motor y salir corriendo.
- Huesos, ¡espera! – dijo él y se levantó, se subió a su coche y la siguió.
Temperance Brennan conducía su coche como loca por las calles de Laguna Beach, saltándose algunos semáforos en rojo, adelantando coches con maniobras dignas de las mejores películas de acción y provocando los bocinazos de los conductores que dejaba a su paso. Afortunadamente el paseo que había dado un par de horas antes con su padre por el pueblo ahora le ayudaba a orientarse y encontrar el camino hacia su casa.
Varios metros detrás, siguiéndola con una conducción igual de agresiva, iba Seeley Booth, de quien por enésima vez en el día la suerte se volvió a burlar, poniendo en su camino todo tipo de obstáculos que le hicieron perder distancia con su compañera.
En pocos minutos Temperance dio con la casa de su padre, paró el coche justo frente a la entrada y miró por el espejo retrovisor antes de bajar. Respiró un poco aliviada al descubrir que no había rastro del coche de Booth, pero sabía que éste estaría allí en cuestión de segundos, así que rápidamente se bajó del coche y entró corriendo en la casa.
- Ya creía que te habías perdido – dijo su padre desde la cocina - ¿Has conseguido lo que te pedí?
Al no recibir respuesta, Max se asomó al salón y vio a su hija, muy nerviosa, cerrando la puerta a cal y canto.
- ¿Tempi? – preguntó Max un tanto asustado – Cariño, ¿estás bien?
- Viene hacia aquí, papá – dijo ella.
- ¿Qué? ¿De qué hablas? ¿Quién viene hacia aquí, Tempi?
- Booth – dijo ella ahora levantando un poco la cortina y mirando por la ventana -. Lo he visto papá, y me ha seguido.
- Oh – dijo Max ahora más asustado que nunca, su hija parecía haber perdido la razón -. Escucha cariño, sé que estos días han sido muy duros para tí, pero recuerda, Booth está muerto – dijo poniéndole una mano sobre uno de sus hombros, tratando de calmarla.
- No papá, está vivo.
- Lo está hija, y siempre lo estará, pero aquí – dijo poniéndose una mano sobre el pecho -, en nuestros corazones.
- No papá, no lo entiendes, ¡está vivo! Créeme, no me he vuelto loca, está vivo, acabo de encontrarme con él en la gasolinera y me ha seguido.
- ¿Qué? ¡Pero eso no puede ser posible!
- Eso mismo creía yo, pero su muerte fue un montaje, él mismo me lo ha dicho, papá – dijo sin dejar de vigilar por la ventana -. Se ha estado burlando de mí todos estos días. ¡Ahí está! – gritó al ver su coche entrar en la calle.
- ¡Válgame Dios, tenías razón! – exclamó Max al ver a Booth aparcar tras el coche de Temperance.
- Papá, haz que se vaya, ¡no quiero verlo! ¡No quiero oírlo! ¡Dile que lo odio, que se olvide de mí para siempre! – dijo Temperance con lágrimas en los ojos.
- Tranquila cariño, déjamelo a mí – dijo él apretando los puños fuertemente en un intento por controlar su ira.
Max echó un último vistazo por la ventana y vio a Booth saliendo del coche. Max abrió la puerta y salió a la calle justo cuando Booth caminaba hacia allí.
- Hola Max, escucha, sé que Temperance ha hablado contigo y ahora estás enfadado – dijo al ver al hombre, lleno de rabia, avanzando hacia él -, pero necesito hablar con ella, necesito explicarle…
Las palabras de Booth fueron cortadas por un certero derechazo de Max sobre su pómulo izquierdo.
- ¡Nadie le hace daño a mi niña! – gritó Max mientras su puño se estampaba contra la cara del agente.
Brennan, que seguía observando a través de la ventana todo lo que ocurría, salió de inmediato al ver el duro golpe que su padre había asestado a Booth, y a éste último tirado sobre de la entrada.
- ¡PAPÁ! – gritó Temperance al salir a la calle - ¡¿Pero qué has hecho?! – rápidamente se acercó a Booth.
Le estaba enseñando a este mequetrefe que nadie hace daño a mi familia – dijo sacudiendo su mano derecha, con la adrenalina del momento no se había dado cuenta de lo mucho que le dolían los nudillos tras el puñetazo.
- Booth, ¿estás bien? – preguntó Temperance, preocupada al ver que el agente no se movía - ¿Booth? – dándole ligeros golpes en las mejillas para que respondiese.
- Oh tranquila – dijo Max -, sólo se hace la víctima.
- ¡Papá, está inconsciente! – gritó Temperance.
- ¿Es en serio? – dijo él acercándose al agente para comprobarlo.
- ¡Claro que es en serio, papá!
- Oh vaya… creo que se me ha ido un poco la mano.
- Ayúdame, será mejor que lo llevemos adentro – dijo Brennan.
