CAPÍTULO 21
Candy estaba sentada en uno de sus muebles Azules, con las rodillas juntas y su espalda muy recta. Una venda rodeaba en sus sienes, y llevaba el cabello rubio rojo recogido a medio lado en una trenza que le caía hasta el pecho, tenía esa sonrisa que la conocía también, y ese brillo en su mirada.
Cerró sus ojos en un quejido suave, llevándose la mano al pecho, y se recostó a la pared más próxima. Estaba en medio de otra pesadilla.
--¿Terry? --escuchó. Tenía grabada esa voz que era capaz de reproducirse en su mente y en su sueños con exactitud, no sé atrevía a abrir los ojos.
--Cálmate --se dijo pronto todo pasará y despertarás en tu cama y sólo.
--Terry, mi amor...
--No --gimió Terry--. Por favor... --pero entonces sintió el toque de sus manos sobre sus mejillas ásperas, y tuvo que abrir los ojos.
Allí estaba ella, con rostro preocupado buscando su mirada.
—Soy yo —dijo ella con su voz suave—. Estoy aquí. Él no dijo nada, su respiración estaba agitada, y los ojos se le llenaron de lágrimas. Lágrimas que pronto rodaron por sus mejillas. Siempre sucedía en sus sueños, siempre terminaba llorando como un niño sin vergüenza alguna, por su pérdida, por su enorme soledad, y también por lo Injusto que le parecía todo...
Todo lo que había sucedido con Candice, y Por ende con él. Pero algo insólito ocurrió.
Algo que nunca ocurría. Ella empinó sus pies, para alcanzar su rostro, y barrer con sus labios sus lágrimas, y luego besar sus ojos humedecidos.
Candy no se volvía Candice, ni se desvanecía; nada más sucedía, y el calor de su cuerpo junto al suyo empezaba a ser demasiado real. Demasiado reconfortable.
--Parece que te convenciste a ti mismo de que jamás volvería --Terry siguió en silencio, pasando saliva y sin querer quitarle los ojos de encima--. Pero volví. Alguien ha sido muy bueno, y me ha permitido estar aquí, otra vez contigo. Ella tomó su barbilla, entre sus dedos y depositó un beso en la comisura de sus labios--. Estoy aquí para quedarme --siguió diciendo. Y volvió a besarlo esta vez en la otra comisura--. Seré Candy, hasta que este cuerpo envejezca y muera--. Ahora beso el sitio en el que su garganta y su mandíbula se unían, con un beso
La separó de él, para mirarla. Era Candy no había duda, Pero no era Candy la verdadera, porque ésta no conocía la dirección de su loft, ni tenía una llave.
Y sólo había una persona en el mundo con la que él se había bromeado acerca del monstruo del armario.
Pero tenía miedo de creer, y que luego esa verdad se desvaneciera cómo se desvanecía en sus pesadillas Así que sólo la observó por otro rato. Ella lo miraba paciente.
--No estoy soñando --dijo él y no fue una pregunta.
--No --contestó ella sonriendo.
--No estoy muerto tampoco --eso la hizo reír.
--No. Sé lo que se siente y tú definitivamente estás muy vivo--. Terry volvió a cerrar sus ojos
--Dime los nombres de mis abuelos--.Candy alzo sus cejas, él definitivamente quería pruebas antes de permitirse creer.
--Terrunce y Susana --y luego añadió--. Terruce fue mi primer amor, el chico al que le di mi primer beso, me habría casado con él pero...
--Ya, ya no tienes que decir tanto -- Ella volvió a sonreír sabiendo que él, en el fondo siempre había sentido una pizca de celos por su abuelo. Se quedó muy quieta cuando el al fin la rodeó con sus brazos
Había hablado con los médicos y salió del hospital Aquella tarde prometiéndoles mil y una veces que se cuidaría, había firmado una serie de documentos donde se hacía responsable de sí misma, Pues estaba saliendo de su hospitalización antes de tiempo, y en contra de la voluntad de los médicos, pero era que simplemente que no podía dejar de pensar en Terry. Tal como Tess se lo había descrito, sólo, triste. Así que había convencido a su madre de que le prestara su auto y a Jonh para ir a su casa, y buscar entre sus cosas la llave del loft de Terry, que le habia dado unos dias antes de que pasara todo lo de la muerte de su antiguo yo. Saber que él sufría, le hacía sufrir también, y no entendía como algunas personas se regodeaban con el conocimiento de que su pareja estaba sufriendo de amor por ellas, y estiraban la tortura hasta ser lo insostenible. Terry no se merecía esto, su dolor y su pérdida eran reales. Así que por eso se había escabullido aquí.
Cuándo sintió el brazo de Terry, tan diferente a cómo se lo imagino. Pues esperaba Euforia, y quizá algo de violencia, pero él estaba haciendo suave, delicado, solo pudo sonreír, él estaba cuidando de ella, aún cuando no terminaba de salir del shock.
--Cómo... cómo... -- intentó preguntar él ahora con los ojos secos y muy abiertos.
--No lo sé, pero tengo mucho que contarte --él volvió a separarla un poco esta vez, para estudiarla completo, tocó en su sien la venda blanca con mucha delicadeza.
--Tuve tanto, tanto, miedo, terror diría.
--Lo siento, vine en cuanto me fue posible. Quería verte cuanto antes.
--Oh, ¡Candice! --ésta vez la abrazó más fuerte, estrujandola un poco entre sus brazos--. Candice, Candice.
Era increíble. Había perdido el amor, Se había quedado solo para siempre, y de repente, ese para siempre era totalmente distinto. Le habían devuelto a su Candice, a la mujer que lo había cautivado con su sonrisa, su bondad, su ternura, su tenacidad, su amor. La abrazó tan fuerte que casi la funde con su propio cuerpo, y su propio calor. La abrazó tan fuerte que el universo se hizo más anciano, sirviendo simplemente de testigo al encuentro de estas dos almas que se habían perdido la una a la otra.
Terry siguió llamándola por su antiguo nombre, mientras, la mesía entre sus brazos, sin otras palabras, sin gritos, ni danzas, ni más llanto, y no quiso, corregirlo, decirle, como a Tess, que debía empezar a acostumbrarse a llamarla Candy. Antes de asumir del todo su cambio de vida, quería ser amada por última vez como Candice White, y nadie tan perfecto para ello que el hombre que ella también amaba.
Terry aún no se lo creía. Tal vez aquello era un sueño, no una pesadilla. Un sueño hermoso, donde recuperaba el amor de su vida, y todo era perfecto.
Pensó entonces que si aquello era un sueño, lo viviría al máximo, tal como había hecho Candice, cuando despertó en el cuerpo joven de Candy. Sonrío al pensar eso.
Beso suavemente sus mejillas y buscó su boca para adueñarse de ella. Lamió sus labios con delicadeza, y el beso poco a poco fue cobrando fuerza. Eran dos semanas sin sus besos, dos eternas semanas. Quiso enredar su mano en sus cabellos, como solía hacer, pero entonces sintió la venda, y todo su cuerpo se enfrió súbitamente. Su novia estaba herida por esta vez, tendría que contenerse.
Se separó de ella, le tomó de la mano, y tomando la chaqueta y la llaves, la condujo hacía la puerta.
--¿Que haces?
--Tú estás herida. No creo que te hayan dado de alta.
--Pero... pero quiero estar aquí contigo --dijo ella haciendo un puchero con los labios.
--Ah, mi amor, yo me muero por estar contigo también, pero tengo que cuidar de ti. Es mi trabajo, ¿no?
--¿Me llevarás de nuevo al hospital?
-- Exacto --quiso protestar, pero entonces él la volvió a besar. ¿Así quien protestaba? --Déjame cuidar de ti, --le pidió--. Recupérate completamente, y entonces te haré de nuevo el amor y con todas mis fuerzas, ganas, y etcétera. -- Eso la hizo reír.
--Está bien.
De inmediato salieron del edificio en su auto, Terry la llevó hasta el hospital. Candy lo miraba de reojo sonriendo. Si bien él tenía razón y la herida en su cabeza no había sanado del todo, lo que quería era pasar la noche entre sus brazos.
Las enfermeras se mostraron aliviadas cuando vieron a Candy volver. Reacia a soltar la mano de su novio, camino junto a él hasta su antigua habitación.
Justo cuando la soltó para vestirse de nuevo con la bata del hospital. Candy vio a Terry apoyarse en la pared, para no caer al suelo y apretar la mandíbula con los ojos fuertemente cerrados, como si estuviera sufriendo. Angustiada, y con un grito corrió a él. Estaba frío y cambiaba de colores como un camaleón.
--Ay, Dios, ¡no me digas que estás enfermo! ¡Terry! ¡Háblame!--gritó ella y tomándole el rostro entre sus manos. Terry se escurrió en la pared hasta caer al suelo, estaba sudado y frío. Candy empezó a llorar llena de miedo. Nunca lo había visto así; Terry nunca se quejaba de nada, nunca le dolía nada, siempre tenía una salud formidable. Una de las enfermeras apartó a Candy de él a la fuerza, quien no se quería desprender de él y otra le tomó el pulso a Terry.
--Estoy bien --protestó
--Primero que lo examine un doctor; luego que él haya dicho lo mismo que yo pienso, lo internara y le pondremos líquidos y electrólitos intravenosos, para que recupere fuerzas. Depende de lo mal que esté, serán las horas que tenga que estar aquí.
--Cariño, déjate atender -- ante esas palabras Terry no pudo volver a negarse ella lo estaba mirando casi suplicante.
--Dime, muchacho, ¿has estado alimentandote y durmiendo bien estos días?--Terry no respondió. Candy miró a la mujer uniformada de blanco con la esperanza de que aquellos sólo fuera un desmayo por agotamiento--. Tendrás que pasar tú también la noche aquí para asegurarnos.
A regañadientes acepto y se dejó conducir para ser revisado y analizado debidamente. Mientras, Candy se volvia a vestir con la bata de hospital y se acostaba en su habitación privada. Sonrío por la situación. Lo que debía ser una noche de loca y desenfrenada pasión, se había vuelto una de intravenosas y hospitales.
--¿Dónde está él? -- le preguntó Candy a la enfermera que la ayuda.
--A dos habitaciones de aquí, no se preocupe, está muy bien atendido.
--No, eso no lo dudo --dijo y espero a que la enfermera saliera y apagará la luz para salir. Si bien iban a pasar la noche en un hospital. No tenían por qué estar separados.
Camino descalza por los pasillos cuidando que nadie la viera, y abrió una puerta sin llamar. Encontró a Terry mirando enfurruñado el lado interior de su codo, donde estaba inyectada la aguja como ordenándole con la mente a líquido para que entrara rápido a su cuerpo. Al ver a Candy su ceño se suavizó un poco, pero no desapareció. Terry la miró de arriba abajo.
Cuando Candy ya estuvo junto a su camilla
--Qué bata más sexy --eso la hizo reír y mientras se fue acurrucándose a su lado Terry no dejaba de decirle palabras bonitas.
--Te amo Candice. Estoy tan feliz de que estés aquí conmigo de nuevo.
--También te amo, pero ya no podrás seguir llamándome Candice.
--¿Ah, no?
--Soy Candy cariño y seré Candy siempre, empieza a acostumbrarte--. Terry torció el gesto, pero no dijo nada.
-- Cuando tengamos una niña -- dijo él un momento después--, le pondremos Candice.
-- Me parece bien -- acepto Candy sonriendo y por fin pudo acomodarse a su lado, para rodear su pecho con su brazo tal como antes lo habían hecho.
--Es increíble, has vuelto de la muerte dos veces --siguió él con voz perezosa. Candy movió su cabeza para mirar a Terry que cada vez tenía los ojos más cerrados, mientras iba quedándose dormido. Realmente estaba agotado, y no le gustaba mucho la palidez de su piel, lo que acentuaba sus ojeras.
Sus caminos los de Terry y ella no estaban cruzados, eran más bien paralelos. Ahora podrían andar el uno al otro del otro, por lo que les resta de vida y deseaba fuertemente que está fuera larga.
Candy cerró sus ojos y respiró profundo.
-- Quiero la luna de miel en París --dijo mientras, se iba sumiendo en un sueño tranquilo.
Una enfermera entró cuando ya era hora de retirarle a Terry la intervenosa, pero lo que encontró la sorprendió y la enterneció a partes iguales. Terry y Candy dormían en la misma camilla, abrazados y agotados. Él tenía cuidado de no lastimarla y ella de no obstruir con su brazo el paso de la intervenosa. Entró sigilosamente y sin hacer mucho ruido, aprovechó para ponerle la otra bolsa de suero a Terry, qué te haber estado despierto, se habría opuesto.
Luego buscó una sábana y los cubrió con ella. No era muy ordoxo que dos durmieran sobre una camilla, pero por una noche no estaba mal, además, sabía que sería difícil separarlos, y aquellos sólo conseguiría interrumpir su descanso, que tanto necesitaban Apagó la luz y salió dejándolos tranquilos. Había muchas formas para recuperarse bien.
--De veras creen que podrían llevar esto hasta el final --dijo la voz de alguien. Candy Terry despertaron para mirar a un médico observando los con rostro severo.
--Dios, querido -- susurro Candy escondiendo su rostro en el pecho de Terry quién se echó a reír.
--Sí, sí seguro -- se burló el médico--. Usted señor grandchester ya puede irse a su casa, recuerde dormir las horas habituales y comer saludablemente. Y usted señorita Andry tiene unos exámenes de rutina en unos minutos. Cuando el médico terminó de hablar tanto Candy y Terry habían bajado de la cama. Terry la ayudaba para que se apoyará en su brazo así devolviendo la su habitación.
La mañana se fue rápida para los dos, Terry fue a su casa, se dio una ducha y se cambió de ropa con el mismo ánimo volvió al hospital. Georgina se dio cuenta de que ahora sí estaba pendiente de de su hija, y estaba atento de cada solicitud suya, y aunque lo miraba con desconfianza, no podría dejar de intuir que su preocupación de ahora era auténtica.
Así se fueron pasando los días. Tess llevó a los niños para que Candy pudiera verlos, y habían conversado hasta perder la noción del tiempo, y Terry estaba con ella siempre que no tenía nada urgente que hacer en la oficina. Aplazó su viaje a Londres para dedicarse a ella, y Richard estaba más que aliviado porque su hijo estaba otra vez de buen ánimo, no deprimido como hacía unos días.
Llegó el momento en que Candy por fin fue dada de alta, y en vez de pasar aquella noche en su casa, se fue a loft de Terry. Aquella noche quería estar a su lado, y volver a hacer el amor con él, y así fue. Terry la alzó en sus brazos y subió con ella las escaleras que llegaban al segundo nivel, donde se hallaba la cama. Con mucho cuidado Terry la dejó sobre la cama, y luego se apoyó sobre el colchón y la miró a los ojos largo rato.
--Me siento bendecido --susurró el--. Tenerte es un regalo divino. A veces creo estar viviendo un sueño--. Candy sonrío, preguntándose si alguna otra mujer en el mundo escuchaba a menudo palabras como esa. Sabía que si habia, al igual que no. Ella había sido una de esas personas, tan carentes de afecto, de mimos, de amor. ahora lo tenía todo en abundancia.
--Yo también me siento así --contestó ella, y con el pulgar, acarició uno de los pezones chatos de su pecho--, y eso sólo me hace querer atesorarte--. Terry sonrió, y se inclino más a ella para besar sus labios.
-- Así que soy tu tesoro.
--Si, así como yo soy el tuyo --respondió ella, recibiendo los besos que Terry iba dejando en la piel de su cuello. Inmediatamente su cuerpo empezó a responder a la invitación que Terry muy sutilmente estaba tejiendo con sus besos y caricias. Cerró sus ojos con absoluto placer, y con sus manos fue retirando la tela de la camisa que obstruía su toque. Terry se enderezó para terminar de quitársela, lo que lo dejó con el torso desnudo, y Candy se relamió los labios al verlo.
Aún sentía que no se acostumbraba a aquello; ser tan feliz, y ahora ser feliz hasta siempre.
Muchas personas unían sus vidas con la incertidumbre de que si aquello duraría, o si a la vuelta de unos años, todo acabaría en nada. Otros con la idea de que día a día tendrían una nueva lucha para mantenerse Unidos, por alguna razón, con tal de no separarse.
Ella agradecía esta tranquilidad que se le sumaba puntos a su felicidad. Sabía que Terry y ella estarían bien, juntos, felices. No sabía exactamente de dónde nacía esa seguridad. Tal vez, era por las cosas tan extrañas y sobrenaturales que les había ocurrido, o por la certeza que ambos tenían de ser amados por el otro; todo se reducía a una verdad ; este era su lugar en el mundo, los brazos de Terry. Y el lugar de Terry era ella. Exactamente allí donde estaba, intentando entrar en su cuerpo que extrañamente estaba muy estrecho y...
--¡¡¡Ahhhh!!! --exclamó Candy en un grito no de placer, sino de dolor. Terry se quedó quieto de inmediato. Se miraron a los ojos por un segundo--. No puede ser --dijo ella ante su silenciosa pregunta, y él se retiró poco a poco para mirarla.
-- Sí, sí puede ser --aseguro él y se echó a reír. En la cama había unas gotitas de sangre.
--¡NO! --se quejó ella--. ¿Virgen yo? ¡NO!... ¿qué sentido tiene? --ante esa pregunta Terry se encogió de hombros.
--¿Quién ha dicho algo del sentido? ¿Tiene sentido que tú hayas pasado del cuerpo de una anciana al de una mujer joven? ¿Qué hayas experimentado la muerte dos veces y vuelto sana y salva?
--Pero creí que me libraría de esto --siguió Candy, poniéndose su antebrazo sobre sus ojos, y con los labios fruncidos.
--Igual sólo será una vez en la vida. Tal vez erá necesario que supieras lo que se siente.
--No es justo --siguió ella--. Apuesto que lo de la menopausia no me lo van a quitar. ¡Tendré que vivirla dos veces! -- Terry soltó la carcajada--. No te burles.
-- No me burlo -- y al decir esto se fue acomodando de nuevo sobre ella y volvió a besar sus labios.
El cuerpo de Candy se había relajado un poco, así que fue capaz de aceptarlo cuán largo era de nuevo en su interior. Dolor y placer no sabía por cuál decantarse.
--Te amo tanto --susurro Terry entre besos, entre suaves enbates, sabiendo que le hacía daño, pero incapaz de detenerse.
Candy cerró sus ojos, lo sentía pleno dentro de ella, y las palabras que Terry le decía actuaban como un bálsamo y un afrodisiaco al tiempo. Poco a poco se relajando, y si bien la incomodidad no pasó del todo, pudo darle pasó al placer.
La noche que había sido para sexo desenfrenado, tuvo que ser invertida en risas, bromas, conversaciones, y más tarde comida.
Afortunadamente, estaban Juntos por mucho más que el sexo. Así que esos espacios no necesitaban ser rellenados, así también estaban bien.
Continuará...
¡Hola! les prometí el final en este capiítulo, pero creo que será el próximo, ofrezco una disculpa por los errores de los últimos capítulos he tratado de corregirlos.
Feliz fin de semana y Buenas Noches. JillValentine
