Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fic es sin fines de lucro, solo lo hago para mí y vuestro disfrute personal.

Pareja principal:

-Gaara/Hinata

Advertencias de este capítulo:

-Lenguaje vulgar y soez

Gracias por adelantado por los reviews.

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La nevada se había cernido sobre la cuidad desde aquella silenciosa tormenta hace dos noches, como no cabía esperar, una nueva y brillante capa de blanca y espesa nieve había cobijado la cuidad.

Era impresionante, por no decir, increíble, ver tanta nieve en tan poca estación de invierno. Recordaba haber ido a pasar algunos inviernos con su primo Neji y su tío en la casa familiar de campo, un lugar donde la nieve siempre era fija por su altura a nivel del mar, pero nunca, jamás que ella recordara, había visto nevar tanto.

Aunque claro, no le molestaba, siempre le gustó la nieve, y cualquier estación. Siempre le habían dicho que era una chica muy sencilla y que cualquier cosa conseguía hacerle surgir una sonrisa.

Además, le gustaba ver algo de blanco viendo el resto del año todo colorido, para variar estaba bien.

El sonido del intermitente rompió la calma para señalizar que tomaría un giro para ir a su casa. Echó marcha atrás y metió el coche en la cochera mientras saludaba con la mano ala vecina al pasar por delante en la acera.

Tras todo el día de ayer confinada en casa hasta que el quitanieves no pasara para despejar su calle, lo que fue prácticamente todo el día, pudo ir a comprar con su querido coche comida para un ejército y no tener que salir por lo menos hasta el mes que viene. Que le gustara la nieve no significaba que si conducir con ella. Ni hablar, le aterraba.

Dejó la última bolsa sobre la mesa de la cocina y suspiró frotándose las manos en busca de calor, el cual tomó rápido cuando se acercó al termostato. Notando poco a poco mientras colocaba las cosas, como la temperatura aumentaba hasta hacerle sentir las mejillas calientes por el rubor.

Se dejó caer al sillón cerrando los ojos, el invierno, no sabía por qué, la cansaba con más facilidad a pesar de que lo que hacía era algo sencillo y cotidiano. A pesar de que dormía últimamente muy bien, muy tranquila y con la extrañamente reconfortante sensación de seguridad.

Muchos dirían que sentirse vigilada sería una cosa terrible y espantosa, y así era, pero no para ella, no al menos estas muchas noches que le habían seguido desde a mediados de mes. Al contrario de lo que la gente pudiera pensar, podía dormir a con total claridad, con más seguridad que la que recordaba brindarle su primo Neji cuando eran niños y había tormenta o tenía alguna pesadilla para que éste la dejara dormir con él.

Se sentía tan bien, como si un cálido arrullo la ayudara a conciliar mejor el sueño, una reverencia convertida en un dulce cariño a su cabello que la relajaba a niveles insospechados, toques acogedores en su rostro y cuello.

Era la misma sensación que Tenten le decía que obtenía de Neji cuando estaba acurrucada junto a él. El mismo sentimiento de cariño y adulación en cada caricia. Y era extraño que ella sintiera eso estando sola en su cuarto.

Pero bueno, bienvenida fuera toda sensación que la relajara de tal manera. Nunca había dormido con tanta seguridad.

-Gaara-. Sus mejillas adquirieron color cuando el nombre del pelirrojo se escapó sin querer de sus labios.

Le avergonzaba saber que muchas noches sus sueños estaban plagados de él, que era el pelirrojo quien le otorgaba tales caricias imaginarias en sus horas de inconsciencia nocturna. Ese hombre había comenzado a plagar sus pensamientos despacio, pero sin pausa, desde que apareció aquella noche por sorpresa en su casa. De tal manera que ahora era extraño el día en el que no pensara en el Sabaku una vez al día por lo menos.

Con su cita interrumpida pero encantadora, el precioso detalle que tuvo con ella con aquella bufanda que ahora prácticamente era la única que utilizaba. El tranquilo paseo de regreso tras su plato degustación, fue una de las caminatas más agradables que en su vida hubiera tenido, a pesar de que no hablaron nada, ni siquiera cuando la dejó en la puerta.

Simplemente él se dio media vuelta cuando ella metió la llave en la cerradura. Ni un pequeño adiós.

Pero no se lo tomó a mal, viendo el comportamiento del pelirrojo, lo que le extrañaba es que le hubiera dicho algo.

No pudo evitar sonreír ante su pensamiento, pero le parecía algo gracioso de él, un detalle que le llamaba la atención de manera graciosa.

-Neji tiene razón, encuentro la gracia donde no la hay-. Rodó poniéndose de lado en el sofá y abrazando un cojín como siempre había hecho cuando era más joven-. Tengo gustos extraños.

Eso no se podía cambiarlo, aunque prefería verlo con el punto de visto como su tío le solía decir, un detallito divertido de ella.

Y es que no podía evitarlo, como ya había dicho una vez anterior, Gaara intimidaba, y mucho, no había que ser un lumbreras para saberlo, no hacía falta más que tenerlo cerca y sentir su penetrante y poderosa presencia. Hasta su último tramo de pálida piel podía hacer sentir pequeño e indefenso a cualquiera.

Era un hombre joven con el que nadie querría llegar a meterse. Se notaba también que era fuerte, su cuerpo lo dejaba en claro.

Empero, a pesar de todo ello, era imposible no admirar su rostro hermoso, tan perfecto, sus facciones pulcramente correctas y magnificas, ni un modelo se le podía comparar. Sus ojos aguamarina, aunque fríos, eran los más bonitos que había visto, un color único, su boca en una siempre línea melocotón y deseable. Y puede que esto la dejara como una mujer indecorosa, pero para único faltaba decir todo el resto de él.

Jesús bendito, no era un hombre con un cuerpo musculoso como veía a otros hombres trabajar sus músculos con intensidad y cierta obsesión, era más bien atlético, los músculos justos como a ella le gustaban, en los sitios exactos.

Simplemente perfecto, no había mejor manera de describirlo.

Sí él supiera como había fantaseado con tocar su torso aquella noche en la cocina del establecimiento, no había podido evitarlo en aquel momento. Tenerlo tan cerca, tan disponible, le habían vuelto el pensamiento espeso. No había resistido la tentación al tenerlo tan pegado a ella, al final sus manos habían ido solas hacía el pelirrojo, sobre sus pectorales.

Un nuevo nivel de rubor llegó a su cara, había sido sin quererlo, una depravada, si no la hubiera detenido Ino con su llegada, se habría mordido los labios y metido las manos dentro de su apretada camisa de cuello alto.

-No, no más recuerdos de eso…- No sabía por cuanta vez ya había recordado como se sintió, lo mucho que llegó a disfrutarlo-. Soy una pervertida.

Miró el reloj viendo que la hora de la cena se acercaba, así que, con pereza, se levantó del sofá encendiendo la televisión para cocinar mientras escuchaba las noticias como entretenimiento.

Estamos aquí, en directo desde el bosque Shikkôtsu informándoos de una espantosa noticia. Se han encontrados tres cuerpos de origen caucásico en condiciones nefastas, los forenses e investigadores no han dado demasiada información, pero han nombrado que los cuerpo eran de jóvenes de entre los 20 y 30 años. Mostraban graves signos de tortura y en todos ellos faltaban trozos de cuerpo, como si hubieran sido devorados. La autoridades se niegan a dar más información que esta que ya conocemos, pero intentaremos mantenerles al día sobre este nefasta tragedia que se ha cernido sobre la cuidad.

-Qué horror, espero que encuentren pronto al culpable de tal calamidad-. Troceó unas cuantas verduras y negó un par de veces la cabeza para ahuyentar la reciente noticia oída de su cabeza-. Es como una película de terror.

Pensamientos oscuros invadieron su mente, quitando el canibalismo de por medio, ¿Si Neji no hubiera detenido a su padre, realmente habría terminado como esos jóvenes? ¿Muerta y olvidada por ello del mundo? Era un pensamiento que aún la aterrorizaba, olvidar esa vivencia era difícil, por no decir imposible porque siempre estaría presente en su vida.

Lo bueno por supuesto es que estaba llevándolo bastante bien, las pesadillas ya habían desaparecido casi por completo, y las esporádicas visitas de sus nuevos amigos la ayudaban mejor a olvidar por unas cuantas horas todo aquello.

Su cuerpo saltó desprevenido cuando su teléfono móvil comenzó a sonar en el salón, apagó el fuego de la vitrocerámica y bajó el volumen del televisor cuando tomó el teléfono y vio un número desconocido.

La recibió temerosa, temiendo quien podría ser.

-¿S-sí?

-¿Hinata Hyûga?- La voz al otro lado fue femenina, algo familiar.

-Soy yo.

-¡Ah que bien! Soy Ino Yamanaka, la dueña y propietaria de Gatita Traviesa.

Ahora ya sabía a qué se debía su familiaridad con su voz, estuvo hace unas cuantas noches en su establecimiento hablando con ella mientras cocinaba.

Lo que ahora le preocupaba era el motivo de su llamada, dos cosas podrían ser, la buena, que estuviera contratada y lo cual está rogando porque así fuera, y luego, por otro lado, que la llamara para darle las gracias por su entusiasmo, pero que no requerían de su servicio porque ya tenían a alguien contratado.

Solo le quedaba esperar, impaciente claro, la respuesta.

-T-te recuerdo, ¿a qué se debe tu llamada?

-Solo quería decirte que estoy orgullosa de decir, bienvenida a Gatita traviesa, eres una de nuestras cocineras.

Solo unos cuantos segundos bastaron para hacerla saltar infantilmente sobre la alfombra, emocionada e inmensamente feliz ¡Tenía trabajo! Al fin tenía un empleo, y en algo que le gustaba tenía que decir.

Se acercó de nuevo a la cocina para apuntar en un papel los horarios que tendría. Pegó con un imán la hojita en la nevera y volvió al salón para sentarse en sofá antes de que el entusiasmo le provocara algo con tantos nervios.

-Gra-gracias por elegirme, necesitaba este trabajo.

-No me lo agradezcas a mí, sino a Gaara.

Silenció apareció unos cuantos segundos, sopesando las palabras recibidas.

-¿Ga-gaara?

Escuchó a Ino reír al otro lado de la línea con diversión, como si le hubieran contado alguna anécdota entretenida o recordado algún recuerdo gracioso, cosa que la extrañó aún más.

-Oh sí, después de que él se comiera el plato que le hiciste y el de degustación después, le pregunté si debería de contratarte, que qué le pareció tu comida-. Guardó mutismo esperando que terminara de hablarle, sintiendo una extraña emoción en su estómago, una pequeña esperanza de un algo que por ahora no podía dar nombre-. Me respondió simplemente que solo alguien idiota no te contrataría.

-Eso dijo-. Sintió el rostro arder y el corazón palpitar apresurado. Fue otro detalle encantador de su parte. Otra cosa que lo hacía ver con otros ojos. Ya no había tanto miedo, ya se atrevía a llamarlo amigo.

-Pues sí, ya puedes darle unas buenas gracias a tu novio por defenderte así.

-Qu-que no es mi novio.

Aunque eso no quería decir que en alguna que otra noche no lo hubiera soñado. Y deseado.

.

.

Nunca en su hasta ahora larga vida había odiado tanto el sol, doce putas horas confinado en aquel lugar. Mirando constantemente el reloj para ver con frustración que solo unos pocos minutos habían pasado desde la última vez que miró la hora.

Aunque la suerte era que ya había pasado casi todas las horas solares en su habitación pasando el tiempo como buenamente pudo; entrenando en el gimnasio de la fortaleza, duchándose tras trabajarse como si no hubiera un mañana por el aburrimiento, leyendo un libro de los de su biblioteca personal y ahora, a treinta minutos del toque de puertas, esperando ansioso a que sonara la sirena notificando que ya era de noche y abrirían las puertas.

Su teléfono móvil vibró sobre las rojas sábanas de la cama, y sabiendo que seguramente sería su hermana, como había hecho desde aquella noche, ignoró la llamada hasta que esta dejó de sonar y en efecto, al mirar el número de la llamada perdida vio que se trataba de Temari.

Su hermana había querido hablar con él desde su huida de su casa, debería de estar preocupada, seguro porque la conocía suficientemente bien. Pero no quería hablarlo con ella, ni con nadie.

Estaba intentando por sus propios medios entenderlo todo, era difícil para él aceptar todo aquello. Y lo único que se le ocurría para atar todos los cabos sueltos era yendo a ella.

Invadiendo su habitación cada noche y contemplar su sueño. Y hoy no iba a ser diferente. Esa noche tenía previsto ir de nuevo a casa de Hinata, y aprovechando que el jefe se había entero por quien sabrá, que le había destrozado una cita, le había dado vía libre esa noche para recuperarla.

Era lo bueno de tener un buen jefe como lo era Jiraiya, aunque también fuera un condenado mujeriego y pervertido. Que si le había dado el día libre era para que, palabras textuales, desarmaran la cama esa noche como consuelo de la cita perdida.

Y pensó para sí mismo que ojalá así pudiera ser.

La tan esperada sirena retumbó por todo el enorme edificio, con el primer toque de la campana por los altavoces su cuerpo ya estaba saliendo por la puerta tras haber echado la llave a la habitación.

Fue una rápida ráfaga de rojo y negro mientras bajaba por las escaleras, siendo el primero en aquel lugar en salir de las habitaciones y llegar a la primera planta, no quería encontrarse con los otros y tener que dar explicaciones sobre a donde iba a ir en su día libre.

Pero no fue su día de suerte, Kiba estaba entrando por la puerta con un paquete en brazos cuando llegó al último escalón. Y si lo conocía bien, que lo hacía, le retendría de alguna manera unos cuantos minutos hablando.

-Hombre, Gaara, precisamente había venido aquí a buscarte.

-¿Qué quieres? – Tenía prisa, quería marcharse ya antes de que el escandaloso de Naruto y el cabrón de Sasuke bajaran de sus habitaciones.

-Tengo que pedirte un favor, uno grande al decir verdad.

Las voces del Uzumaki ya se escuchaban en las escaleras, desgraciadamente su plan de irse desapercibido se fue al garete sin más. La suerte no estaba mucho de su parte. Y lo supo cuando la fuerte mano de su mejor amigo cayó sobre su hombro en forma de saludo.

-Suertudo, sin trabajo hoy, con lo a tope que estará el club al ser fiesta en la cuidad, ¡Que suerte tienes!

-Supongo.

-Solo tú no te alegrarías de tener una noche libre, pero dejando eso de lado, ¿ qué vas a hacer hoy?

Y ahí estaba la tan dichosa pregunta que se esperaba venir de Naruto, no obstante, el castaño le libró de tener que inventarse algo para que el rubio no se riera de sus intenciones originales.

Internamente le estaba agradecido.

-Pues va a hacerme el favor de llevarle este delicado paquete a Hinata.

Miró fijamente al Inuzuka con los ojos clavados en él sin parpadear apenas, pensando qué demonios quería regalarle a ella, con qué intenciones y que buscaba con ello.

Se obligó a pensar diferente de Kiba, recordando cómo más de una vez éste había dicho que solo la veía ella como una igual, como si fuera la hermana pequeña y tierna que siempre quiso haber tenido.

Los enervantes deseos que le invadieron y estuvieron a punto de hacerle saltar encima con sus manos en su garganta se fueron aliviando poco a poco, normalizando su cuerpo y relajando los músculos.

Vio por el rabillo del ojo la sonrisa burlesca del Uchiha, y los deseos de antes volvieron. Queriendo meterle un derechazo directo en aquel rostro de engreído que tenía. Era un maldito y un asqueroso, podría haberle dicho lo que le declaró su hermana sobre sus emociones.

Decidió ignorarlo para el bien de todo aquel lugar y todo al que viviera allí.

Recibió el cuadrado paquete que delicadamente le había dejado el castaño en sus brazos. Supo al instante que era algo frágil donde tenía que tener cuidado. Sim embargo, eso no evitó que recibiera el típico discurso que siempre se solía dar.

-Ten mucho cuidado, su contenido es frágil, así que nada de movimientos bruscos y lanzarlo al suelo sin más. No te haré decirme que lo has entendido porque no eres como el lelo de Naruto.

Asintió y se marchó de allí antes de que la pelea entre esos dos diera lugar.

Salió de los muros de la fortaleza con aquel ligero paquete en sus brazos y sin creerse la suerte que sin esperarlo había llegado con la aparición de Kiba en el recibidor.

Ya tenía un verdadero motivo para ir a su casa, para presentarse allí y poder simplemente hablar un poco e intentar, tal cual le recomendó Naruto hace un tiempo, conseguir la segunda cita.

Mordió su labio un poco, viendo la tercera quedada, y lo que supuestamente esta traía consigo cada vez más cerca. Aunque ahora la idea de imaginarla en su cama, abrazada a él buscando su protección, era una idea tan atractiva.

Tardó más de lo que tenía pensado en llegar, pero no podía correr a su pleno antojo por el paquete, así que llegó con un ligero trote a su despejada entrada, viendo la luz del salón encendida y escuchando con su bien oído que estaba hablando con alguien por teléfono.

El timbre sonó cuando dejó el paquete en el suelo con cuidado y su dedo presionó aquel pequeño botón negro.

Esperó unos cuantos segundos mientras escuchaba sus calmadas pisadas acercarse, la luz del porche se encendió y tras segundos después la puerta se abrió con velocidad.

Le pilló total y absolutamente desprevenido que ella le sonriera de al manera cuando su figura apareció tras el umbral, pero más lo dejó perplejo sentir sus brazos, estilizados y femeninos rodear su cintura y espalda en un abrazo entusiasta. Como el cuerpo de ella colisionó con un impulso y sus curvas se acoplaron a las suyas. El calor de Hinata impregnar su piel.

-Gracias, gracias, gracias-. Alzó la cabeza de su esternón y miró su rostro de piedra con infinita gratitud en sus ojos. Provocando ese deseo de rodear igualmente sus brazos entorno a ella. Se controló al impulso desesperando y la apartó tranquilamente de él. La peliazul pareció procesar lo que había hecho cuando su rostro por completo adquirió un alarmante tono rojo-. Oh, l-lo siento, me emocioné al verte.

Él también lo hacía, puede que no lo pareciera, pero si supiera lo alterado que había estado todo el santo día, o lo mucho que a pesar de la sorpresa del abrazo lo había disfrutado con gozo, lo delatarían sin problemas.

-¿Por qué la emoción?

-I-ino, la dueña del hostal de la otra noche me acaba de llamar para informarme de que me ha contratado. Y todo gracias a ti, así que por eso te estoy agradecida-. Solo le dijo a aquella hembra rubia la verdad, pero no cambiaría por nada lo que había dicho por haber recibido semejante bienvenida-. ¿Qu-qué es eso?

Bajó la mirada al paquete en la entrada que ella miraba con cierta curiosidad.

-Es para ti, de Kiba.

-Oh, pasa entonces por favor, hace frío fuera, ¿has cenado ya?

-No-. Había estado más pendiente de ella que de comer en todo el día. Pero ahora que lo decía y se lo recordaba, sentía un agujero en el estómago que pedía ser saciado.

-¿Qui-quieres quedarte a cenar?

Esa pregunta debió haberle costado hacerla, su carácter tímido e inseguro no le hacía sencillo tener esos arrebatos de valor para poder preguntar algo así. No se equivocó por supuesto, se estaba animando a si misma por haber sido capaz de preguntarle aquello al pelirrojo.

Asintió viendo la incertidumbre en sus facciones, en su labio deliciosamente tembloroso. Tomó el paquete de nuevo y entró a la casa sintiendo enseguida el calor de la calefacción en su dermis. El más que siempre delirante perfume de ella invadir sus sentidos. Jamás se acostumbraría a su aroma, siempre lo volvería loco.

Dejó sobre la alfombra aquella ligera carga y se quitó el largo abrigo dejándolo en el respaldo del sofá.

Ella ya estaba en la cocina encendiendo de nuevo el fuego y echando las verduras en la olla cuando giró a mirarla. Sintió sus ojos en su cuerpo mientras removía los ingrediente y le miró con una tímida sonrisa en los labios.

-Vo-voy a hacer pisto de verduras con garbanzos, ¿te gusta?

-No soy delicado.

Encontró graciosa su respuesta, rió divertida para volver su mirada a la olla y seguir preparando la comida. Cena para poder repetir si él quería otro plato y para poder congelar para otro día.

-N-no tardaré demasiado, pon lo que quieras en la televisión.

-Puedo ayudarte-. Respingó al sentir su aliento en su nuca, al mirar sobre su hombro lo encontró junto a ella. Cerca, muy cerca. Recuerdos de la otra noche la invadieron, avergonzándola por regocijarse de ello-. ¿Qué te hago?

-Pu-puedes echarme una mano en la mesa, ¿E-en el salón o aquí?

-El salón, estaremos más cómodos en el sofá.

Dios santo, si ella no supiera que estaban hablando sobre poner la mesa para comer, diría que le estaba hablando sobre sexo. Tenía las orejas encendidas, le cosquilleaba el vientre con solo pensarlo.

Rogaba para que él no se diera cuenta de lo que su mente perversa estaba pensando, no quería que pensara que era una degenerada por reaccionar así. Esperaba que los desenfrenados latidos nerviosos de su pecho no pudieran ser escuchados.

Gaara sonrió internamente, olfateando el olor de su receptividad, el olor de su deseo, por él. Puede que no funcionara su mirada cazadora, la virtud de poder controlar su mente a su antojo, pero sí que parecía atraerle siendo normal y elocuente.

Si lo hacía bien podría tenerla esa misma noche en la cama, comprobar si el resto de su cuerpo era tan suave como su rostro mientras ambos gozaban del oscuro placer de la lujuria.

Iba a hacer su primer movimiento, acercarse a su cuerpo, tomar con firmeza sus caderas y pegar su perfecto trasero a él para seguir provocándole al hablarle en el oído como había estado haciendo antes. Y lo habría hecho si no fuera por el pequeño sonido que llegó del salón.

Al mirar ambos a este vieron el paquete en el suelo, Hinata se llevó la mano a la boca cuando se movió el paquete un poco y escuchó un imperceptible gimoteo del interior.

No dudó en apartarse del pelirrojo y agacharse, con Gaara tras ella mirando con el ceño fruncido sobre su hombro, queriendo saber el motivo de su interrupción.

Desenvolvió el fino papel y encontró una caja de cartón llena de agujeros por los lados y una pegada a la otra intacta. Un animal, ahí dentro había un animal, y al ver la húmeda naricita negra supo que se trataba de un cachorro de algo. Quitó una de las solapas de la caja y vio un folio plegado allí con su nombre.

Hola Hinata, ¿Cómo lo llevas? Hace tiempo que no nos vemos, pero dejando eso de lado, no es de trivialidades el motivo de este estupendo paquete.

Cuando viniste a mi parcela familiar, el criadero, dijiste que te sentías sola en casa sin nadie que te hiciera compañía, y la verdad es que desde que te fuiste ella no para de gimotear y esperar en la puerta por ti. Así que solucionando el problema de ambas se me ocurrió esto. Espero que no te moleste que me haya tomado este atrevimiento de mi parte.

Como ya sabes desde aquella vez, es muy dócil y buena, no te causará problemas algunos, y te protegerá con su vida en el futuro. Así que trátala bien.

Cuidaros las dos.

Dejó la nota ya leída, por Gaara ahora sentado en el sofá junto a su lado también, y desplegó el resto de solapas. Asomó curiosa la cabeza dentro de la caja y su mirada se iluminó al instante.

-Oh, pero si eres tú, ven aquí cosita-. Alzó en brazos a la pequeña cría de lobo albino que se encariñó con ella aquel día en las tierras de la familia de Kiba-. ¿Me harás compañía a partir de ahora preciosa?

Gaara las veía interactuar en silencio, Hinata emocionada y encantada, cada poro de su piel exudaba felicidad, la cachorro no hacía más que mover la cola de manera desesperada. No sabría decir quién era más feliz de las dos.

Ese animal iba a vivir como Dios, si todos los días a partir de ahora iba a ser tratado tal cual lo trató a él siendo un murciélago durante los pocos minutos que lo tuvo en sus manos, serían el animal más querido de todos.

-Te gustan los animales-. No era una pregunta, era una afirmación clara.

Miró su rostro cuando se dirigió a ella, interrumpiendo la tarea de inspeccionar la otra caja, sacando un par de bolsas de comida para crecimiento de cachorros, cepillos para el pelaje con sus respectivos champús, todo lo necesario tal cual dijo por la nota el Inuzuka para cuidar de aquella bolita de pelo blanca.

-S-sí, siempre quise tener alguna mascota cuando era una niña- Su voz se apagó mientras le ponía el negro y brillante collar anti pulgas que había en la caja- pero mi padre nunca me dejó.

Entendió que su padre era un tema tabú para ella, sus ojos caídos y sin brillo, la mirada sin emoción y sentimiento salvo el dolor y el oculto miedo se lo gritaban.

Una idea descabellada surgió en la mente de Gaara al ver tal reacción en la Hyûga, esas marcas en su fino cuello que tanto se esmeraba en ocultar en Noche Buena ¿Podría ser posible que se las hubiera hecho su padre? ¿Tendrían los dos la misma suerte nefasta de tener unos padres tan hijos de puta como para intentar asesinarlos?

Un ardor le recorría por las venas ante esa mera idea, que alguien quisiera, incluso si era de la propia familia de ella, eliminarla del mundo, matarla y quitarla de su vida cuando desde hace nada acababa de entrar en ella.

Buscaría a ese cabronazo asqueroso y lo mataría también como pensaba hacer con el suyo propio si era verdad que el padre de Hinata había intentado asesinarla. Le sacaría los ojos y haría verse a si mismo morir destripado por sus manos.

Oh sí, lo disfrutaría como si fuera un niño con su primer caramelo.

Nadie le pondría un dedo encima a Hinata de ahora en adelante, nada le pasaría, él se encargaría de eso. Ni un solo de su lacio cabello sería removido de su preciosa cabeza.

Era un pensamiento surrealista que lo sorprendía a si mismo por ocurrírsele, pero no podía evitarlo. Era suya, toda ella le pertenecía, toda.

La miró reír cariñosamente mientras la cachorro jugueteaba con ella y su pie al tiempo que servía dos platos humeantes de comida. Como le pasó el mantel para que lo colocara, junto al pan, cubiertos y tomaba asiento a su lado.

Sus mejillas arreboladas, su piel cálida y suave, su maravillosa sonrisa e inocente ingenuidad. Toda ella lo alteraba, le producía un deseo poderoso de atraerla a él, de simplemente tenerla en sus brazos sin hacer nada.

A la mierda el orgullo.

-Eres mía.

Parpadeó anonada creyendo haber escuchado mal. Tomó el agua para tomar un trago y pasar mejor la comida para hablar.

-¿Perdón? N-no te escuché bien.

Quitó el vaso de agua de su mano y la tomó de esta captando por completo su atención, viéndola tensarse nerviosa e inquieta con un encantador color rosado en sus pómulos cuando se inclinó hacia ella.

Ignorando al pequeño animal mordisquear el bajo de una pierna del pantalón juguetonamente al ver la expectación en aquellas iris violetas diluidas y brillantes sostener las suyas, con intensidad.

-Sal conmigo-. La mano libre se acercó a su sien derecha, apartando el cabello a un lado, tras su oreja, para acariciar el costado de su rostro como todas las noches-. Este domingo al anochecer.

Cerró los ojos al sentir la calinosa caricia en su piel, con adulación y ternura, las mismas que invadían sus sueños cada noche desde hace un par de días. Un suspiró tembloroso se escapó sin querer de ella.

Miró con la respiración desigual al pelirrojo, sintiendo el pensamiento espeso por las sensaciones que su grande y cálida mano le proporcionaban. Él cerró los ojos, como reuniendo valor para decir algo que le costara trabajo.

Cuando los abrió de nuevo quedó prendada de su sinceridad en sus piscinas aguamarinas.

-Por favor.

Mutuo palpitar acelerado, excitado por la respuesta y situación. Pasando los veloces segundos con lentitud entre ellos.

Clara respuesta.

-Sí, este domingo.

Y el calor invadió el cuerpo siempre frígido desde el corazón cuando su pequeña mano apretó la suya con confianza y maravillosa suavidad.

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Bosque Shikkôtsu: Nombre de un bosque que aparece en el manga de Naruto, capítulo 579, página 10.

Hola a todos de nuevo, este es, creo, el último capítulo de esta historia por este año, ¡Disfrutadlo entonces queridos lectores!

Ya empieza Gaara (al fin*saltitos envuelta en una manta de pelo*) a ponerse con Hinata en modo ¿cazador romántico sobre protector? xD Sea lo que sea nuestro pelirrojo, ya era hora de ponerse a ello porque, ahora, sí, queridos lectores míos, ¡Ya ha llegado en toda su gloria el tan esperado romance en este fic!

Y bueno, con ahora la tierna aparición de la cría de lobo albino, ¿no os parece una monada? No le pondrá a Gaara las cositas sencillas xD

Contestación a reviews de usuarios sin cuenta:

Liz: Sí, ya iba siendo hora de que el orgullo masculino se hiciera a un lado para que la verdad se mostrara. No lo descubrió, pero estuvo a punto de hacerlo, por suerte Gaara es rápido ;) Espero que hayas disfrutado también de este capítulo.

Gizta: Pues ya lo tienes como ves xb

Poison girl 29: Tengo más cosas que hacer que estar siempre escribiendo, así que lamentablemente los capítulos llegaran cuando tenga que hacerlos. Aun así agradezco el entusiasmo que pones en este fic.

Gaahinaforever: Gracias por los muchos halagos, me animan mucho, ya he dicho muchas veces que me esfuerzo mucho con esta historia.

Hasta el próximo capi. Cuídense. (L) Y dulces mordisquitos.

Publicado el 9 de Diciembre de 2014.