La última esperanza
Capítulo 21
Rose esperó, aterrada, delante de una puerta cerrada desde la que se escuchaban voces jaleando. Ignoró qué había al otro lado, pero la incertidumbre y los gritos hicieron que sintiera un miedo atroz.
Llevaba allí ni sabía cuántos días, encerrada en una celda mugrienta. Estaba ya resignada a no salir de aquel horrible lugar, aunque se resistía a pensar que sus amigos, en especial Finn, la habían dejado tirada. Fue siempre consciente de que el Monasterio resultaba bastante inexpugnable.
Fueron al planeta para conseguir armas y combustible, sin embargo una escaramuza con aquella asquerosa babosa gigante, el Hutt, y sus hombres, hicieron que todo saliera mal, cuando había sido él quién los había contactado para ofrecerles su ayuda contra la Primera Orden.
A ella la apresaron y no supo más.
Las puertas se abrieron de pronto, y empujaron a la muchacha para que saliera. Confusa, Rose miró su entorno; un coliseo lleno de gente chillando como loca y lanzando todo tipo de objetos, o comida.
Otra puerta se abrió y apareció Finn, en iguales circunstancias e idénticamente fuera de lugar. La miró e intentó ir hacia ella, pero los guardias lo agarraron con fuerza, arrastrándolo.
—¡Rose! —chilló Finn, a pleno pulmón.
—¡Finn!
Los esposaron el uno al otro y se retiraron, dejándolos solos y confusos. El hombre abrazó a la joven con fuerza.
—¡Creí que no te volvería a ver con vida, Rose!
—Ni yo a ti…
Él la miró con intensidad y la joven enrojeció.
—¿Qué ha pasado?
—Vine a buscarte, pero también me cogieron, junto a C3PO. Los demás consiguieron escapar. O eso quiero creer…
El chirrido de una descomunal puerta les hizo girarse hacia ella, con el corazón en un puño.
—¡No puede ser! —exclamó Finn.
El enorme Rancor salió a la arena y el coliseo se vino abajo con los chillidos de los presentes. Estaban entusiasmados.
—¡Qué es eso! —chilló Rose, aterrorizada.
—Un Rancor. ¡Nos va a despedazar!
Finn corrió en dirección opuesta al animal, arrastrando a con él. Llegaron hasta una puerta de tamaño humano y se puso a suplicar.
—¡Dejadnos salir de aquí!
Obviamente eso no pasó.
—No podemos dejar de movernos, Rose. ¡Vamos!
El pánico se apoderó de la joven al mirar al Rancor.
Debía de medir unos 8 metros fácilmente. Era de color amarronado, grotesco con brazos descomunales y zarpas enormes, además de dientes torcidos.
Los miró con sus ojos oscuros y fue hacia la pareja, que intentaba evitarlo todo lo posible.
—¡Esos malnacidos ni siquiera nos han dado un arma con la cual defendernos! —chilló ella.
—Da igual, los bláster les hacen cosquillas.
El Rancor fue directo hacia ellos, pero sin prisas; no eran una raza de poca inteligencia. Le gustaba ser un asesino de humanos. Primero jugaría con ellos.
Los estuvo persiguiendo por pura diversión por todo el foso, para divertimento de los presentes. El espectáculo debía durar lo suficiente.
Finn y Rose no pudieron apenas ya correr, muertos de cansancio. Él cayó al suelo aparatosamente, y ella también.
Ambos se abrazaron con las extremidades superiores libres, y se cogieron de las manos esposadas.
—Te amo, Rose. Perdóname por no conseguir salvarte, y por no habértelo dicho antes y dudar tanto. Soy imbécil —Finn se echó a llorar al sentir el Rancor sobre ellos.
—Yo también te amo —le sonrió ella con lágrimas en los ojos.
La enorme bestia los cogió, a cada uno con una zarpa. Tanto Finn como Rose cerraron los ojos con fuerza, preparados para morir. Aquel ser empezó a estirar hacia fuera, tanto que a Rose se le dislocó el brazo, gritando de puro dolor.
De pronto cayeron aparatosamente sobre el duro y arenoso suelo. El Rancor emitió un exabrupto que resonó por todo el lugar, y se tambaleó durante unos segundos.
El gentío se quedó mudo ante lo que acababa de presenciar, pues no se esperaban aquello ni en un billón de años.
Una figura vestida de negro y con capa, había saltado al foso y, sin dudar ni un instante, había encendido su extraña arma láser y herido con ella una de las piernas del Rancor, produciéndole un buen tajo sangrante.
Finn enseguida levantó a Rose para alejarse ambos de allí todo lo posible. La joven se sujetó el brazo dislocado.
—¡Es un caballero de Ren! —dijo Finn, aunque no reconoció la máscara.
Efectivamente lo era, y su arma nunca se había visto antes. En la base del láser salía un color rojo sangre que se degradaba hasta alcanzar un azul muy puro en la punta. De pronto, el sable láser se convirtió en una lanza doble. El caballero se puso en posición de defensa, una que conocía muy bien Finn.
—Rey… No puede ser…
El joven estaba atónito.
Tras haberla dejado en Jakku, no habían vuelto a saber de ella, y ahora estaba allí, haciendo frente a un Rancor enfurecido que se dispuso a atacarla de un zarpado, enfadado.
Kylo no pudo evitar que Rey se lanzara de cabeza a salvar a sus amigos en el momento más intenso. La había estado reteniendo con la Fuerza, en silencio, pero ella era tan testaruda que se resistió hasta que la tuvo que dejar hacer, ante la sorpresa de los demás caballeros y del Hutt.
La joven usó la fuerza con pericia para no estamparse contra la arena, pues la altura era tremenda. Cayó y rodó durante unos segundos. Kylo se asomó al borde, con el corazón en un puño. Su mujer estaba completamente loca.
—¡Maldita sea! —chilló, enfadado.
—¡Vaya con esa caballero de Ren! —exclamó la babosa—. Ya la quisiera en mi corte —se relamió.
Kylo lo miró con ganas de matarlo. Luego volvió a fijarse en lo que se sucedía en la arena.
Rey corrió directa al Rancor, que le daba la espalda, encendió su lanza por un solo lado, pues la habían modificado entre ambos, y derrapó hasta dañar la pierna de la bestia, que aulló dolorida.
Pero el caballero se quedó sin palabras al ver los colores en el láser.
¿En qué momento había dejado Rey la absoluta pureza de un Jedi? Ya no era solamente azul, sino que el rojo también estaba presente. Y eso jamás había pasado así con ningún Jedi seducido al lado Oscuro, ni con un Sith redimido. Ambos colores proyectados por el cristal Kyber.
—Líder Supremo, su lanza láser. ¿Qué le pasa? —preguntó Shyla, asombrada también.
—No lo sé…
Rey, por su lado, continuó atacando al Rancor, que la intentó apartar a zarpazos sin éxito. Se quitó el casco en un momento, pues le molestaba para combatir, y lo lanzó lejos.
—Qué hermosa —rio el Hutt, que miraba con unos prismáticos—. Tan joven y tierna. ¡Aunque tiene coraje!
Las enguantadas manos de Kylo apretaron la barandilla.
—¡Oh! ¡Es Rey! —exclamó C3PO, que estaba también presente.
—¿De qué la conoces? —indagó la babosa.
—Ella es…
—¡Cállate, C3PO! —bramó Kylo, girándose hacia el droide.
—Sí, señor.
—¿Por dónde se baja a la arena? —demandó tajantemente.
—Acompañad al Líder Supremo —ordenó a unos cuantos guardias.
—Vosotros quedaos aquí —dijo el moreno a sus caballeros.
Shyla no le hizo caso y fue tras él, preocupada. Kylo era capaz de perder la vida por la maldita chatarrera y eso no lo iba a permitir. Puede que odiara la relación que ellos mantenían, pero no deseaba perder al objeto de su deseo, sino que entrara en razón en algún momento y abandonara a esa mujer.
—¡No me sigas, Shyla Ren!
Kylo echó a correr cuanto le permitieron las interminables escaleras de bajada y los largos pasillos circulares. Empujó con la Fuerza todo el que se puso en su camino, hasta salir a la arena, corriendo hacia Rey y el Rancor, que seguían en su lucha.
—¡Rey! —chilló para llamar su atención.
Pero esta estaba como enajenada y no hizo caso.
Finn y Rose alucinaron al ver aparecer a Kylo Ren, espada láser en mano.
Shyla salió detrás y también encendió su espada, roja como la sangre, corriendo tras su Líder.
El gentío chillaba descontrolado, disfrutando de aquel singular espectáculo.
El Hutt miró con sus prismáticos, satisfecho. Hizo un gesto a dos guardias, que se fueron.
—¡Droide! ¿Quién es la Caballero de Ren de la lanza láser extraña?
—Yo… no…
Un guardia lo amenazó con arrancarle las extremidades y C3PO tembló.
—La… la última Jedi de la Galaxia…
—Interesante dato…
Rey solo sintió que debía salvar a sus amigos de aquella bestia repugnante. Que, si no lo hacía, por mucho que Kylo se enfadara, ella nunca se lo perdonaría a sí misma. Sin pensar demasiado, y al ver que el final de sus vidas era inminente, se lanzó desde casi 15 metros de altura. Con el uso de la Fuerza suavizó su propia caída y rodó aparatosamente. Pero aquello no la detuvo y corrió como una loca hacia el Rancor, justo antes de que despedazara a Rose y Finn. Detuvo al monstruoso ser a tiempo, pero su piel era tan dura que ni su lanza láser pudo cercenarle el miembro, por lo que el Rancor siguió en pie y se dispuso a atacarla.
Escuchó la voz de Kylo al fondo, haciendo caso omiso. Odiaba al ser que quería acabar con sus amigos, su familia. Tenía que matarlo sin piedad, constara lo que costara.
Kylo se colocó a su lado, con la roja espada entre las manos enguantadas.
—¡Estás loca, Rey! ¡Podrías haberte matado en esa caída!
—¡Tú no lo puedes entender! ¡No tienes ya familia, ni amigos!
A Kylo le sentó fatal aquel comentario cruel.
—¡Y qué crees que hago aquí, maldita chatarrera!
El Rancor les pegó un zarpazo tras otro, que fueron evitando y contrarrestando con estocadas que dañaban al ser.
Shyla Rey también los ayudó cuanto pudo.
—¡Shyla! ¡Llévate a los prisioneros! —le ordenó él, y ella tuvo que ceder.
Pero otra compuerta se abrió y un par de Rancors, algo más pequeños, aparecieron para ayudar a su congénere.
Rey y Kylo se vieron rodeados de pronto por tres enormes bestias con sed de venganza.
—Maldita sea, Rey.
Esta pegó un grito de guerra de los suyos y fue a por uno cualquiera, siempre atacando los pies y buscando la forma de tumbarlo.
Kylo se las apañó perfectamente con los otros dos. El más grande ya estaba bastante herido y se tambaleó perdiendo sangre, así que se concentró en el que estaba fresco. Este se le abalanzó para aplastarlo, así el moreno levantó la mano para detenerlo con la Fuerza. Hizo un tremendo esfuerzo para detener semejante embiste y peso. Poco a poco movió la mano hacia la derecha y bramó dándolo todo, haciendo caer al Rancor. Aprovechando la confusión de este, se fue abalanzó sobre él y clavó su ardiente espada láser en las fauces abiertas, atravesándole el cerebro.
El Rancor murió en el acto.
El público se vino arriba, con gran entusiasmo, y solo se escucharon sus voces vitoreando a Kylo.
Este se giró hacia donde estaba Rey, luchando sola contra dos bestias. Justo cuando una de ella la iba a empujar con fuerza, Kylo se interpuso y recibió el tremendo embiste, acabando tirado a varios metros.
—¡Ben! —chilló Rey.
Shyla también lo presenció, pero cumplió las órdenes, protegiendo a los dos insurgentes, que estaban realmente anonadados ante los acontecimientos.
—Vamos —les dijo con la voz distorsionada por el casco.
Los condujo fuera de la arena, a salvo tras una de las puertas.
—Sigo órdenes del Líder Supremo. Pero si os movéis, os mato —los amenazó para tenerlos controlados.
En el foso la lucha de Rey continuó, y Kylo no volvió en sí hasta pasados unos segundos. Se levantó con algo de mareo, no el suficiente para detenerlo.
—¡Rey! —Corrió hacia ella y ambos se leyeron la mente, porque la joven hincó la rodilla, juntó las manos por delante y sintió la bota de Kylo apoyarse en sus palmas, así que lo ayudó a impulsarse.
El caballero acabó sobre la cabeza del Rancor más grande y clavó la espada en su nuca. Apagó la espada y saltó al suelo cuando la bestia comenzó a caer muerta.
El monstruo que quedaba atacó a Rey, hiriéndole un brazo. Casi soltó su lanza al sentir el dolor, así que la asió con la otra mano y volvió a defenderse de las terribles uñas.
—¡En la cabeza! —bramó Kylo mientras lo atacaba también intentando que cayese —¡Ahora!
Él usó de nuevo la Fuerza para hacerlo caer. Entre ambos acabaron de rematarlo del todo.
La gente estaba entusiasmada. Quién les hubiera dicho que iban a ver la lucha de dos caballeros contra 3 Rancors enormes.
Rey y Kylo se miraron, como en la sala de Snoke.
—¿Estás bien? —él se le acercó para examinar la herida.
—Sí, solo es un rasguño sin importancia.
—Salgamos de aquí.
—¿Dónde están Finn y…?
—Con Shyla Ren. Tranquila.
Rey miró entonces su lanza láser y se percató de los colores. La apagó, asustada, y miró a Kylo de forma interrogante. Pero el no supo darle una explicación.
Había estado tan absorbida por la lucha y el intenso sentimiento de odio, que ni siquiera se percató del extraño suceso con su lanza láser y el cristal Kyber.
El Hutt, satisfecho con semejante espectáculo, pasó al siguiente plan:
—Es la hora —dijo bien alto y claro.
Y los cinco Caballeros de Ren que quedaban, dejaron de mirar a la arena y bajaron a ella.
